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Tema: Rusia y España

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  1. #1
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    Re: Rusia y España


    miércoles, 15 de agosto de 2012


    Toreros rusos

    La Fiesta en sí misma es una caja de sorpresas capaz de acoger en su interior a todo tipo de personajes procedentes de las más diversas naciones: Todos suman. Hace días conocimos los singulares aportes de personas procedentes de Norteamérica. Hoy queremos centrarnos en Rusia, país con menor bagaje tauromáquico pero que no ha dejado el casillero a cero. Su representante más señero ha sido Román Karpoukhine "Finito de Moscú", nacido en Jarkov (Ucrania) en 1967 y residente en Tarrasa (Barcelona).




    "Finito" debutó de luces en la tarde del 16 de abril de 2000, en La Monumental de Barcelona, con reses de Rogelio Martín Albalat junto a Raúl Cuadrado, Omar Guerra, López Díaz, Serafín Marín y Enrique Guillén, sin mucha suerte para el ruso. A partir de ahí la carrera fue corta: Olot, Yecla y poco más, hasta desaparecer del panorama en 2004.
    Tan singular personaje se decidió a ser torero en 1995, tras una estancia en Albacete en casa de la familia del matador Manuel Amador. Este ex-oficial de las Fuerzas Aéreas rusas y luego profesor de bailes de salón, conoció el mundo del toro y aquí se quedó. Se hizo socio de la peña Taurina de Sabadell y alumno de la primera escuela taurina oficial creada en Cataluña. Tras su debut en Barcelona, el responsable del libro de los récords de Rusia viajó hasta la Ciudad Condal para registrarlo como el primer torero ruso, aunque ya en 1952 hubo en Amposta (Tarragona) una novillada en la que lidiaron el español Joselito Alvarez, el boliviano Abel Fernández y el también ruso Igor Sonsonoff, de quien nada se sabe.






    Dentro del exiguo panorama ruso habría que incluir a la rejoneadora Lidia Artamonova, que llegó a actuar en cosos de España, Francia y Portugal y fracasó rotundamente al querer organizar un festejo en Moscú en el año 2001, de la cual apenas tenemos datos de su trayectoria profesional.

    Esto ha sido todo. La fría Rusia no tiene cerca una cálida Méjico y por tanto la influencia del toro no les afecta en demasía, eso es una evidencia.



    Fuente:

    Los toros con Paco Martínez: Toreros rusos

  2. #2
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    Re: Rusia y España


    1. ENIGMAS DE LA HISTORIA 2004-03-05

    ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II?

    César Vidal




    Durante la Primera guerra mundial, el monarca español Alfonso XIII fue responsable de la salvación de miles de vidas humanas. Sin embargo, fracasó en uno de sus proyectos más queridos, el de salvar la vida del derrocado zar de Rusia y de la familia imperial. ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II?




    A pesar de que las presiones ejercidas sobre España para que entrara en la Primera guerra mundial fueron numerosas y a pesar de que existían relaciones de parentesco con ambos bandos —la madre del rey estaba emparentada con soberanos de las Potencias centrales y la esposa era pariente de la reina Victoria de Inglaterra— lo cierto es que Alfonso XIII optó por mantener a la nación en una situación de estricta neutralidad. Ni siquiera el comportamiento, completamente contra derecho, de los submarinos alemanes le llevó a cambiar esa posición avanzado ya el conflicto. Sin embargo, la política de neutralidad no fue un equivalente —ni mucho menos— de la indiferencia frente a la guerra.

    Al inicio de la misma, una lavandera francesa escribió a Alfonso XIII para indicarle que su esposo había desaparecido en combate y rogarle que hiciera lo posible para descubrir su paradero. El monarca español atendió las súplicas de la mujer y así logró averiguar que seguía vivo y se encontraba internado en un campo de prisioneros en Alemania. El episodio fue publicado por la prensa francesa y, de manera lógica, llegó hasta las manos de Alfonso XIII un verdadero aluvión de solicitudes de personas que estaban interesadas en conocer el destino de sus seres queridos. La consecuencia inmediata de esta circunstancia fue la creación de una oficina costeada por el presupuesto del rey y compuesta por cuarenta empleados cuya finalidad era localizar a los desaparecidos en el curso del conflicto, hacerles llegar ayuda material e incluso interceder por ellos. La labor llevada a cabo por esta oficina fue realmente extraordinaria —por ello resulta aún más incomprensible el desconocimiento de su labor humanitaria— hasta el punto de que ayudó a repatriar a unos setenta mil civiles y a veintiún mil soldados. Además intervino a favor de 136.000 prisioneros de guerra y llevó a cabo cuatro mil visitas de inspección a campamentos de prisioneros. La mayoría de esos casos fueron de gente anónima pero, ocasionalmente, estuvieron referidos a celebridades como el artista Nizhinsky, que salvó la vida en un campo de concentración gracias a la intervención personal del rey, o a la enfermera Edith Cavell, fusilada finalmente por los alemanes por ayudar a soldados aliados fugitivos. En ese contexto, puede entenderse perfectamente la preocupación que Alfonso XIII manifestó por el zar Nicolás II desde febrero de 1917.

    En esa fecha, una revolución obligó al zar a abdicar quedando el futuro de éste y el de su familia más cercana sujeto a la voluntad de los que parecían nuevos dueños de Rusia. Alfonso XIII había estado a punto de morir varias veces a manos de terroristas de izquierdas —una de ellas el mismo día de su boda— y, quizá por ello, fue consciente desde el principio de los peligros que podían cernirse sobre la familia imperial. En la primavera de 1917, visitó España Nekliudov en representación del nuevo gobierno provisional ruso. En la ceremonia de entrega de credenciales como embajador, Nekliudov agradeció a Alfonso XIII el papel extraordinario que había realizado ocupándose de la suerte de numerosos soldados rusos. Aprovechó esa circunstancia el monarca para, una vez concluida la intervención de Nekliudov, levantarse del trono y acercarse al nuevo embajador. Alfonso XIII le comentó entonces que agradecía la mención a la ayuda que había prestado a los prisioneros de guerra rusos. Ahora deseaba interesarse por otros presos, el zar y su familia, y le rogó que comunicara al nuevo gobierno su petición de que se les pusiera en libertad.

    La solicitud de Alfonso XIII en puridad debía de haber contado con paralelos en otras casas reales europeas pero, lamentablemente, no fue así. De hecho, cuando el monarca español se dirigió a Jorge V de Inglaterra —pariente del zar— para que apoyara una iniciativa encaminada a liberar a los Romanov, sólo recibió una respuesta por vía diplomática —el día de los Tontos de abril, equivalente a nuestros Santos Inocentes— comunicándole que debía perder cuidado. No tardó Alfonso XIII en percatarse de que la seguridad que había intentado transmitirle el embajador británico en España no se sustentaba sobre bases sólidas. Así, en cuanto que el gobierno británico se planteó con seriedad la posibilidad de dar asilo al zar y a su familia, fue el propio Jorge V el que se opuso a ella. A lo largo de dos semanas que resultaron decisivas, Jorge V se esforzó por convencer al gobierno británico de que no era conveniente recibir al zar y a su familia. Las razones fundamentalmente se reducían al deseo de Jorge V de no tener problemas con la opinión pública y, muy especialmente, con el partido laborista. Desde su perspectiva, el pueblo acogería mal que se recibiera a la zarina Alejandra, una princesa alemana a fin de cuentas, en Gran Bretaña. Por añadidura, era posible que los laboristas sintieran veleidades republicanas tras lo sucedido en Rusia. No convenía, por lo tanto, incomodarlos proporcionando refugio al derrocado zar.

    El 13 de abril de 1917, el primer ministro británico se vio obligado a ceder a las presiones regias y se limitó a comentar en una reunión de su gabinete que España sería un lugar mejor para acoger al zar y a su familia. Al cabo de unas horas, el proyecto de solicitar la liberación del zar fue abandonado por el gobierno británico. Para colmo de males, en octubre, los bolcheviques dieron un golpe de Estado derribando al gobierno provisional e implantaron un gobierno que, según palabras del propio Lenin, aplicaría el “terror de masas” para mantenerse en el poder.

    A esas alturas, Alfonso XIII se había percatado sobradamente de lo sucedido en Gran Bretaña y entonces decidió intentar que otras monarquías europeas se sumaran a su proyecto de liberar al zar. Propuso así a los reyes de Suecia y de Noruega el envío de un navío de guerra español a un puerto escandinavo para recoger allí al zar, a la zarina y a sus cinco hijos. Lo único que pedía de las monarquías nórdicas era que mediaran ante el gobierno soviético. Unos meses antes —en junio de 1917— Gustavo de Suecia había intentado salvar al zar pidiendo ayuda para ello al gobierno británico que había rechazado su plan como “rebuscado” e “impracticable”. La solicitud de Alfonso XIII llegaba, por lo tanto, en un momento en que ni Suecia ni Noruega tenían ya esperanzas de salvar a Nicolás II.

    Tampoco cabía esperar nada del káiser. A pesar de su relación de parentesco con Nicolás II, Guillermo II no dio ningún paso efectivo para salvar al zar. Lo más grave es que Alemania había entrado ya en negociaciones con el poder soviético para firmar una paz por separado y contaba con esa baza para presionar sobre los bolcheviques. Sin embargo, no lo hizo. Por el contrario, sí aceptó, por ejemplo, poner en libertad al socialista Liebnekht para complacer a Lenin.

    Ciertamente, a mediados de 1918, las circunstancias no se presentaban en absoluto favorables para lograr la liberación del zar y de su familia. Sin embargo, Alfonso XIII no estaba dispuesto a arrojar la toalla y decidió continuar sus gestiones en solitario ya que no podía contar con el respaldo de otras potencias. Lamentablemente, sus esfuerzos no iban a llegar a buen puerto.

    La próxima semana terminaremos de desvelar el ENIGMA sobre los intentos de Alfonso XIII para salvar al zar Nicolás II.




    Fuente:

    César Vidal - ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II? - Libertad Digital

  3. #3
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    Re: Rusia y España

    Y 2. ENIGMAS DE LA HISTORIA 2004-03-12

    ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II?

    César Vidal



    Durante la noche del 16 al 17 de julio de 1918, el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, el zarevich Alexis y las grandes duquesas Anastasia, Olga, María y Tatiana fueron asesinados por un pelotón bolchevique en la casa Ipatiev en Yekaterimburg. El asesinato había contado con la autorización expresa de Lenin y del gobierno soviético.




    En el curso de la reunión que decidió la matanza no se hallaba Trotsky pero cuando a éste se le informó algún tiempo después, el conocido dirigente manifestó que la decisión había sido acertada. Quizá lo único que lamentó fue que el asesinato le privó de llevar a cabo uno de sus sueños más acariciados, el de ser el fiscal en un gran proceso público contra Nicolás II.

    El destino del zar y de su familia había quedado zanjado a mediados de julio de 1918 pero semejante circunstancia era ignorada por Alfonso XIII, que siguió insistiendo en su empeño de salvarlos. El 2 de agosto, documentos del ministerio francés de Asuntos Exteriores indican que estaban al corriente de las gestiones que en esos momentos realizaba el monarca español para salvar al zar. Al día siguiente, Alfonso XIII incluso podía enviar un telegrama a Victoria, hermana de la zarina, para informarle de que seguían las gestiones para salvar a Alejandra y a sus hijas. “Al parecer el zarevich ha muerto”, señalaba en ese mismo texto Alfonso XIII. En apariencia, había razones para la esperanza y el 8 de agosto, el ABC anunciaba que el gobierno bolchevique accedía a que la familia del zar viniera a España.

    Posiblemente animado por esas buenas perspectivas —totalmente ficticias como sabemos—, Alfonso XIII volvió a cablegrafiar a Jorge V y el 13 de agosto, al káiser. El telegrama dirigido al emperador alemán hacía referencia a la “desventurada familia del zar” e incluía la promesa de que los miembros de la casa real rusa se mantendrían al margen de la política hasta el final de la guerra. Tres días después, Alfonso XIII recibió un mensaje en clave de Berlín donde se indicaba que el gobierno del káiser no tenía inconveniente en que España recibiera a la familia del zar.

    El resto del mes de agosto estuvo caracterizado por una cierta euforia a la que se sumó el propio papa Benedicto XV, que estaba convencido del éxito de las gestiones españolas. El 25 de ese mes incluso llegó a anunciarse que el asunto había quedado resuelto con el gobierno soviético.

    La verdad es que todavía el 1 y el 5 de septiembre, Fernando Gómez Contreras, en representación del gobierno español, mantuvo sendas entrevistas en Petrogrado con el bolchevique Chicherin, uno de los ministros de Lenin. Las entrevistas —de las que informó puntualmente a sus superiores españoles— fueron un tenso tira y afloja en el que Chicherin afirmó que el gobierno leninista estaba dispuesto a poner en libertad a la familia del zar siempre que España lo reconociera como gobierno legítimo. Para aderezar las negociaciones, Chicherin se quejó incluso de lo mal que habían tratado las autoridades a Trotsky a su paso por España. Todavía el 15 de septiembre de 1918, Gómez Contreras envió una comunicación a España indicando que las conversaciones iban por buen camino.

    Sin embargo, no tardó en descubrirse la falacia. En septiembre aparecieron distintas noticias sobre el asesinato de la casa real y, lógicamente, se llegó a la conclusión de que los bolcheviques tan sólo estaban jugando con sus interlocutores para obtener alguna ventaja. En octubre de 1918, la Santa Sede se puso en contacto con el gobierno soviético a través del cónsul austro-húngaro en Moscú para saber qué había sido de la familia del zar. La respuesta fue que la zarina y sus hijas estaban en Ucrania —a la sazón libre del dominio bolchevique— y que, por lo tanto, ignoraban dónde se encontraban. Semejante versión volvería a ser utilizada a inicios de 1919 pero ya sin credibilidad alguna. Los blancos habían entrado en Yekaterimburg, habían buscado —infructuosamente— los cuerpos de la familia imperial y habían recogido testimonios más que suficientes del asesinato. El gobierno soviético no realizaría declaración oficial alguna sobre el tema pero para cualquiera éste había quedado trágicamente zanjado.

    Llegados a este punto, hay que preguntarse por qué las gestiones —verdaderamente incansables— de Alfonso XIII resultaron fallidas. La primera razón, obviamente, fue la indiferencia de las potencias mundiales en relación con la suerte de la familia imperial rusa. La republicana Francia decidió no mover un dedo para salvar al zar, y lo mismo sucedió con Estados Unidos, cuya opinión pública por otra parte era muy sensible desde hacía años a la propaganda anti-zarista que acusaba a Nicolás II de anti-semita. Sin embargo, no reaccionaron mejor las potencias monárquicas. Ni Guillermo II ni Jorge V hicieron esfuerzos por salvar a su pariente Nicolás II, una circunstancia aún peor en el caso del monarca británico, ya que Rusia podía haber firmado una paz por separado en 1916 y no lo hizo por la lealtad inquebrantable del zar hacia sus aliados. Finalmente, países pequeños como Dinamarca o Suecia hubieran deseado colaborar en esa tarea pero sólo recibieron frías respuestas de Gran Bretaña. Al fin y a la postre, sólo Alfonso XIII mantuvo sus gestiones hasta el último momento.

    Si éstas fracasaron, finalmente, fue porque los bolcheviques actuaron deslealmente con el gobierno español. De ellos había partido la orden de asesinar a los Romanov pero, aún así, no sólo ocultaron el hecho sino que además pretendieron usarlo para obtener concesiones de España. Sólo cuando las noticias sobre la matanza de Yekaterimburg se difundieron resultó imposible ocultar la realidad y continuar las negociaciones.

    Una última cuestión que debería analizarse es hasta qué punto el ejemplo de lo padecido por el zar influyó en la salida de Alfonso XIII de España en abril de 1931. Los motivos de su abdicación fueron varios y, ciertamente, los republicanos los aprovecharon hábilmente para, sin ninguna legitimidad, forzar la caída de la monarquía parlamentaria. Entre ellos, muy posiblemente, pudo pesar en el ánimo de Alfonso XIII el recuerdo de lo que había sucedido con Nicolás II y su familia. Ninguna potencia había movido un dedo para salvarlos, ni siquiera las monárquicas emparentadas con los Romanov. Esa pasividad se había traducido no sólo en los horribles asesinatos de la casa Ipatiev sino en el exterminio buscado y sistemático de buena parte de los familiares del zar derrocado. Difícilmente podía esperar más apoyo Alfonso XIII —a pesar de su labor humanitaria durante la guerra— y su familia si los republicanos españoles los encarcelaban.





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    César Vidal - ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II? - Libertad Digital

  4. #4
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    Re: Rusia y España

    Revista Eslavia 1(2015)


    EL MISTERIO HISPANO-RUSO

    Antonio Moreno Ruiz

    Historiador y escritor

    ANTONIO MORENO RUIZ





    Desde hace mucho tiempo albergo una intuición que a muchos les podrá sonar extraña, mas el tiempo y el conocimiento me han ido llevando a presentarla y defenderla con formas muy tangibles: Existe un gran paralelismo entre el mundo hispánico y el eslavo-oriental, entre las Españas y las Rusias; y todavía es un misterio por desvelar.

    Mi curiosidad sobre la cultura rusa me llevó a nutrirme de aspectos que veía desde muy niño a través del cine y la literatura. No sé exactamente por qué, pero creo que el gusto de mis padres por la película “Doctor Zhivago”, con aquella mítica banda sonora de Maurice Jarre comenzó a empujar mi curiosidad. Parte de esa película está rodada en España, y yo me preguntaba cómo era posible recrear un paisaje ruso en nuestra Piel de Toro… Claro que eran tiempos de la Unión Soviética, donde en Moscú no gustaban demasiado ciertas “expresiones artísticas”… Y sin embargo, mientras que en la URSS miles de artistas eran arrojados a la prisión o a la muerte, en la Europa liberal-capitalista el ser comunista constituía una especie de garantía cultural y superioridad moral. A los años, vemos cómo el progresismo, esto es, ese sofrito de marxismo cultural y Escuela de Frankfurt (1), ha calado mucho más en la Europa occidental que en los países que estuvieron bajo el telón de acero.

    En fin, muy pronto me toparía con la literatura del gran país del Este. Alguna imagen conocía gracias al libro Piotr, escrito por el holandés Jan Terlouw, el cual crea su personaje en el ambiente de una granja al sur de Moscú. Fue uno de los muchos libros que leí de la editorial El Barco de Vapor, una editorial que acaso nos marcó a todos aquellos que pasamos nuestra infancia a caballo entre los 80 y los 90 del pasado y malhadado siglo XX. Y en la adolescencia, ya comencé con Dostoyevski, viendo en su enorme capacidad descriptiva y psicológica paralelismos considerables con el estilo realista español que se desarrolló entre los siglos XIX y XX, cuyo máximo precursor fue José María de Pereda, al que admiraba, entre otros, el muy conocido Benito Pérez Galdós. Como escritor, reconozco que he seguido bastante este estilo, siendo de hecho una de mis escuelas, yendo también hacia el realismo mágico hispanoamericano, que a su vez, entronca con el esperpento de Ramón del Valle-Inclán. Conforme leía a Dostoyevski también leía a Tolstoi, siendo que me gustaba mucho más el primero que el segundo; con todo, también veía paralelismos en Tolstoi, sobre todo en su modo de narrar, en sus muchos detalles descriptivos, en sus ansias costumbristas… Era raro, pero aquella intuición me quería decir algo. Y aquella intuición se desarrolló mientras descubría picoteos de Gogol, Chejov, Soloiev y Berdiaev. Con todo, aquella pequeña intuición que fue naciendo en base a elucubraciones más o menos literarias se hizo carne al sumergirme de lleno en la figura de Alexander Isayevich Solzhenitsyn. En aquellos universitarios años, asimismo, conocí el Strannik, el libro del peregrino ruso, una especie de camino de Santiago eslavo. Con Solzhenitsyn, empero, fui hacia el Archipiélago Gulag, la enorme colección de historias de los campos de concentración comunistas, de los que él formó parte como represaliado de aquella tiranía, pero también hacia Un día en la vida de Iván Denisovich, La casa de Matriona, Pabellón de cáncer, Lenin en Zurich, El error de Occidente y algunos otros que me dejo en el camino. Y todos ellos me fueron dibujando con trazos cada vez más realistas los curiosísimos paralelismos sociales, culturales, históricos e incluso espirituales entre ambos mundos a priori tan lejanos. Empero, los que mejor me presentaron lo que empezaba a ser “mi teoría” fueron sus ensayos contemporáneos: El “problema ruso” al final del siglo XX , Cómo reorganizar Rusia y Rusia bajo los escombros. En esta tríada de ensayos, Solzhenitsyn habla del pasado y el presente, así como de las propuestas de futuro basadas en lo mejor de la tradición rusa que él cree olvidada y vilipendiada por un sistema sin escrúpulos y por la confusión y ansias que genera ese “nuevo mundo” para buena parte de un pueblo ruso, castigado y humillado ad nauseam. Y ahí ya me convencí del todo que lo que yo iba pensando y defendiendo iba más allá de una mera intuición, porque las coincidencias históricas se veían muy nítidas en el delineamiento de aquel gran matemático, físico e historiador que, lejos de quedarse en una mera crítica anticomunista, analizó con dura perspicacia todos los errores de la modernidad que de hecho nos están consumiendo. Así las cosas, el leer a Solzhenitsyn supuso también el dar un nuevo enfoque intelectual no sólo en general, sino también a la visión española en particular y del mundo hispánico en general. Fue él quien, como Juan Vázquez de Mella, el gran tribuno del tradicionalismo español, me hizo ver que la tradición es un concepto dinámico, que la tradición no significa anclarse en el pasado, sino recoger lo mejor de él para construir mejor un futuro que no pierda su identidad, su esencia; y que, en definitiva, sin tradición no hay progreso.

    Del pasado al futuro, Solzhenitsyn como digo fue, una gran confirmación entre los paralelismos que yo avistaba para con lo español y con lo ruso. Paralelismos que ya habían sido avistados y defendidos antes por personalidades tan diferentes como el mentado Tolstoi y Miguel de Unamuno.

    Y así, conforme iba tomando cuerpo mi idea, un buen día, hablando de este tema con un amigo argentino, me dijo que él también pensaba lo mismo, y que luego de que leyera Europa y el alma del Oriente del germano Walter Schubart (2), mi visión se acrecentaría aún más. Y así fue. Schubart, que fue profesor de sociología y filosofía de la universidad de Riga (Letonia), aunque germánico, escribe enteramente como un oriental. Leerlo fue como tener ante mis ojos a un profeta del Oriente hablando a un Occidente sordo, ciego y mudo (tal era la sensación cuando leía a Solzhenitsyn), en un lenguaje espiritual como ya no se entiende en el Viejo Continente.Y en este libro hay un apartado especial a las comparaciones entre rusos y españoles, a los pueblos de la periferia del Viejo Mundo, cuyas puertas fueron primero cerradas al enemigo islámico, y luego abiertas para extender la cruz gracias a ellos; y sin embargo, tanto España como Rusia sufren una leyenda negra tan injusta como embustera en no pocos países de ese continente que no existiría como tal sin haber sido salvaguardado por sus extremos geográficos. Y sin embargo, tanto rusos como españoles hemos recibido la acusación de “poco europeos”, o incluso rusos de “asiáticos” y españoles de “africanos”… ¡¡Encima!! Y bueno: Dice el refranero español que de bien nacidos es ser agradecidos, así que ya sabemos el calificativo que hay que emplear en estos casos…

    Asimismo, fue el mismo amigo argentino que me proporcionó la lectura de Schubart quien me hizo notar algo interesante: (Siendo nieto de españoles) En sus viajes por España, percibió mucha impaciencia en los caracteres, y dizque "frustración". Tanto él como otros nietos de españoles en el Nuevo Continente me dicen que los españoles de ahora son muy distintos de los de antes: Que el español de antes era mucho más humilde, sufrido y aguerrido, entre otros. Y todo eso es verdad, y la palabra clave es la frustración. No en vano, tengo para mí que los problemas de España van mucho más allá de la economía. Es algo muy psicológico, si se quiere. Especialmente desde el siglo XVIII nos encanta compararnos con Francia, Inglaterra Alemania... Pues bien: Nos guste más o nos guste menos, somos de tierra de frontera, somos de la tierra y del mar, somos continente e islas adyacentes, y si hay algún paralelismo que nos podría servir, no es el de allende los Pirineos ipso facto, sino el mundo eslavo oriental; un mundo paralelo, casi tan paralelo como lo es nuestra América. Y eso lo supo ver a las mil maravillas el mentado Schubart, quien terminó de abrirme los ojos, indicándome cuál es el plano a trazar. Porque el mundo eslavo oriental nos podrá ayudar a comprender muchas cosas. Si lo conociéramos e investigáramos más, otros gallos nos cantarían. En cambio otros mundos, añadiendo la mentalidad de nuevos ricos progres (¡encima!), no nos precipitarán sino al abismo, al abismo de sempiternos adolescentes malcriados y frustrados, que eso es lo que parecemos y somos, dentro de una irritante frustración propia del complejo de inferioridad y de la incomprensión alarmante. De donde no hay, no se puede sacar. Tenemos que ir a nuestras raíces, tenemos que acudir a nuestros intereses. A estas alturas de la película, lo demás es música ratonera. Las Rusias y las Españas en teoría son polos opuestos, ¿pero acaso no es ley que éstos se atraigan? Además, no es nada nuevo, porque mal que bien, hay un trasvase importantísimo entre ambos pueblos: La influencia bizantina, la continuación del Oriente Romano por todo el Mediterráneo. Desde el siglo VI al VIII, desde las islas Baleares a Ceuta estuvieron en manos bizantinas, no sin potentes incursiones sobre el sur peninsular. Y no olvidemos que Bizancio significa la continuidad histórica, política y hasta espiritual del mundo romano sobre las nuevas improntas germanas y eslavas. Como bien corrobora el historiador bizantinista argentino G. Martín (3): " Influencia bizantina en España? El Reino de los Visigodos en la península Ibérica fue algo así como una sucursal de Bizancio, lo cual se manifestaba sobre todo en las compilaciones en el Liber Iudicum, en la administración del reino, en la mismísima Iglesia visigótica tras Recaredo (una copia de la bizantina, a través de Isidoro de Sevilla). De entre todos los reinos que surgieron tras el hundimiento de la sección occidental del Imperio Romano, el de los visigodos fue el que mejor copió las tradiciones romano-bizantinas." Asimismo, el historiador español Daniel Gómez Aragonés (4) dice que “la influencia debemos buscarla, particularmente, en cuestiones políticas, ideológicas, artísticas y religiosas. No podemos entender el Reino Visigodo de Toledo sin comprender la dimensión del Imperio Romano de Oriente, Bizancio. Debemos tener presente que los grandes faros de dicha época eran en un extremo Constantinopla y en el otro Toledo. Una vez más, el Mediterráneo fue ese canal de interacción que hizo fluir las relaciones. Es muy importante conocer el influjo de Roma y posteriormente de Bizancio sobre nuestra cultura. La liturgia hispanogoda es uno de nuestros mayores tesoros.”

    Tanto en España como en Rusia se van a reunir pueblos dispersos (a veces, todavía paganos) en torno a ese ideal universal romano perfeccionado en la cruz; pueblos dispersos que tienen que sacudirse la embestida del islam y cuya fortaleza servirá para que Europa quede tranquila y alejada de este problema. La victoria acaudillada por Don Pelayo en Covadonga, en el siglo VIII, irá creando entre galaicos, astures, cántabros y vascones y mozárabes (los cristianos hispanos que se habían quedado en territorio dominado por el islam) una conciencia de la “España perdida” cuya recuperación había que poner en marcha. En el otro extremo del continente, en el siglo X, el príncipe Vladimiro I de Kiev se convierte al cristianismo y va a comenzar una nueva historia política que enlaza con la espiritualidad y la liturgia bizantina. El mesianismo ruso de ser la Tercera Roma tiene este punto de partida. Y no en vano, el polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo definió a España como “la espada de Roma”. Tanto en Rusia como en España estamos ante un Medioevo prolongado durante siglos en la lucha y en la cultura de frontera. Todo este mundo está vertido en la comunión de geniales creaciones épicas, cantadas en Rusia por los guslares y forjadas en España por los Cantares de Gesta. Esta prolongación espiritual, cultural y política hará decir al muy atento pensador alemán Oswald Spengler que “el espíritu español quebrantó el Renacimiento”.

    Hablábamos de pueblos dispersos que acaban reunidos; un hecho que es más notorio en Rusia, pues en España, a pesar de las diferencias, en contra de lo que pensaron muchos, mejores o peores intencionados, existen unas ligazones étnicas muy fuertes; primero, porque no se explica la consolidación del reino de León -tras la incipiente monarquía astur- sin la repoblación mozárabe, y asimismo, no se explica el avance de la Reconquista sin la interacción entre los mozárabes y los repobladores del norte que llegaron de Despeñaperros para abajo. Aparte, la extensión continental rusa no es tampoco comparable a la ibérica. Con todo, sí hay un factor fundamental de unidad entrambas patrias: La confirmación de la fe y la corona. En España, primero fue Recaredo I, luego, Don Pelayo; en la Rus, Vladimiro I de Kiev, a posteriori, Iván el Terrible. España (como Portugal) tenía su irredentismo en su costa norteafricana, prolongando la Cristiandad que quedó truncada tras la invasión islámico-arábiga; sin embargo, en 1492, cuando castellanos, aragoneses y portugueses ya tenían una presencia firme en África, es el mismo año que Colón arriba a Guanahaní, siendo que toda una geopolítica cambia, en pro de una geopolítica universal y providencial: A partir de la Península Ibérica, las Baleares, las Canarias; del norte de África al continente americano va a irradiar la misional civilización hispánica. España y Rusia están “sobre Europa”, y si bien España tiene su talón de Aquiles entre África y América, Rusia lo empezará a tener en el siglo XVI primero ante la inmensidad asiática, con el papel cosaco en la conquista y poblamiento de Siberia, y a posteriori al cruzar el Estrecho de Bering, se convertirá, como en España, en una nación “tricontinental”, y líbrenos Dios de paralelismos con términos actuales.

    Empero, ¿quedan Rusia y España cerradas y cercadas hacia ambientes lejanos? De ninguna manera, y resulta que esta historia paralela va a converger en la aparición de un nuevo enemigo común en el Mediterráneo: El turco. El mismo enemigo que acabó con Bizancio, el mismo enemigo que cuasi finiquitó el mundo romano del que, por un lado y por otro, las Españas y las Rusias son herederas. El mismo enemigo que no podrá desbordar el continente europeo al encontrarse estos dos diques al Oriente y al Occidente. Y el mismo enemigo con el que continuamente coquetearán las potencias que conformarán lo que conoceremos como la Europa más moderna.

    Con todo, convenimos en que ni el mundo ruso ni el mundo hispánico estuvieron aislados. Por más que su idiosincrasia fuera resistente a la nueva configuración que experimentaba el continente, ambas entraron en el mundo ilustrado. En España vino de mano de los Borbones, pero no fue sólo su exclusividad, puesto que no había Borbones en Portugal y sin embargo el marqués de Pombal demarcó una política tan absolutista o más que al otro lado del Guadiana. Lo mismo sucedía en la muy idealizada Austria con el josefismo, ejemplo de absolutismo asfixiante. El siglo XVIII supuso un punto de inflexión importantísimo, pues no era sino confirmar la Paz de Westfalia, el tratado que en 1648 selló las ideas de los futuros estados-nación. De Westfalia a Utrecht, donde el imperio británico confirmó su rapiña de Gibraltar, tanto España como Rusia se enmarcarán en una dificilísima política europea seguidas muy de cerca tanto por Francia como por Inglaterra. En España, como decimos, Felipe de Anjou fue el rey legítimo designado por su tío Carlos II; sin embargo, el archiduque Carlos de Austria, irrespetando estos términos, no tuvo mejor idea que invadir España aliado de nuestros peores enemigos: Holandeses y británicos. Parecía que media Europa se tomaba la Piel de Toro como un botín. Y los británicos tomaron el mayor punto estratégico del planeta: Gibraltar; la unión del Mediterráneo y el Atlántico, la llave de Europa y África, y el paso obligado hacia América. Para confirmar su dominio talasocrático, y para humillar al que Cromwell consideraba el enemigo providencial, no podían haber escogido momento y punto mejores. Inglaterra, sabiendo de la proyección universal hispánica, acuñó en el siglo XVIII que “a España hay que vencerla en América y no en Europa”. En este siglo trazará su plan para humillar a España y sin embargo, recibirá las derrotas más humillantes de su historia, desde Cartagena de Indias por mano del vascongado Blas de Lezo a la América del Norte con el andaluz Bernardo de Gálvez cerrando desde el Caribe al Mississipi. Blas de Lezo que, por cierto, había luchado años antes con uñas y dientes por Felipe V, quien mimó especialmente a vascongados y navarros por el ardor en defender su causa.

    El siglo XVIII es clave para entender la política de Francia e Inglaterra y sus ojos puestos sobre España y Rusia, potencias que manejaban grandes cantidades de territorio. Sin embargo, a pesar de gran resistencia popular, tanto en la propia corona como en determinadas oligarquías, las ideas de la Ilustración van a calar y de una forma muy exagerada. En Rusia el paradigma es Pedro el Grande, quien quiso obligar a los rusos a afeitarse y llegó a trasladar la capital de Moscú a una ciudad nueva: San Petersburgo. Lo de obligar a los rusos a afeitarse, a día de hoy, puede sonarnos a coña marinera, pero en aquella época tenía un significado cuasi religioso, pues tradicionalmente, muchos rusos se dejaban las barbas con la intención de parecerse a Jesucristo. No contento con eso, imitando el modelo protestante del rey-papa, su actitud llegó a crear un rupturismo dentro de la iglesia ortodoxa rusa que todavía colea a día de hoy, debido a las intromisiones estatales. Entre los tiempos de Carlos III y Carlos IV, las políticas regalistas fueron también asfixiantes, llegando en la época del ministro Pablo de Olavide (criollo limeño, para más señas) a meterse en el seno de las cofradías, intentando hasta suprimir hábitos de penitencia, lo que provocó gran revuelo en Sevilla.

    Sin embargo, en el siglo XIX, con la invasión napoleónica, sucede que su primera derrota militar es en Bailén, un hecho histórico que dio muchísimos ánimos a los resistentes patriotas rusos que, con Kutuzov y el general invierno, lograron derrotar a la Grande Armée. Napoleón, como los turcos, no pudo extender su tiranía acribillado en sus extremos de Occidente y Oriente. Sin embargo, las ideas de Napoleón habían penetrado con mucha fuerza en ambos mundos, y si bien el dictador corso fue derrotado con las armas, no lo fue con el pensamiento, porque desde las mismas élites, acomplejadas y culturalmente extranjerizadas, que veían a su pueblo como atrasado e inferior, inyectaron un extraño corpus ideológico ante el que los pueblos desarrollaron de una forma muy exagerada, al alimón de las mixtificaciones propias del romanticismo. A pesar de poseer hispanos y eslavos orientales una espiritualidad latente y vigorosa, la Europa que teníamos entre medio acababa por absorbernos. Y el mundo hispánico acababa por descomponerse en una sucesión de interminables guerras civiles, de la Península al Nuevo Mundo, donde todos contra todos se acaban matando, siendo que toda una geopolítica se viene abajo en unas guerras que duran hasta décadas, con una parte importantísima de la población, tanto ibérica (la que luego cristaliza en el carlismo) como ultramarina, y donde el mayor beneficiado fue el que había sido derrotado durante todo el siglo XVIII: El imperio británico; el mismo que, aplicando el clásico “divide y vencerás” se convierte en árbitro y señor de todo el continente, y que no muy tarde se reconciliará con los Estados Unidos para formar un bloque compacto ya en el siglo XX. Un bloque que todavía tiene como eje sagrado a la reina de Inglaterra, que no se olvide este “detalle”.

    Rusia, empero, no va a desintegrarse de esta manera tan atronadora. Sigue siendo una potencia continental, una potencia de tierra. Y es la misma potencia, directora de la Santa Alianza, la que pregunta por la posibilidad de ayudar a España ante el separatismo en América. El británico Wellington, cuya ayuda contra Napoleón fue más venenosa que otra cosa, decía solidarizarse con España mientras le mandaba oficiales a todos los próceres separatistas, a los que tenía absolutamente conchabados. Y justo es en esta época cuando Rusia deja de ser “Terra Incognita” para España, porque algunos diplomáticos de Fernando VII van a querer establecer una sólida alianza con los Romanov. La posible alianza militar nunca fraguada también tuvo su punto en España, porque gracias al diplomático Tatischev se compraron unos buques de guerra para ayudar a los realistas americanos; buques de guerra que a la hora de la verdad, estaban podridos y no podían zarpar. Entonces, se formó una pequeña comunidad rusa en España que tenía hasta su propia iglesia ortodoxa, de la que a posteriori, quedaría poco rastro.

    “Terra incognita”: Eso era el Oriente eslavo para muchos españoles hasta el siglo XIX. Y al contrario también lo mismo: España para los rusos significaba lo desconocido. Tanto rusos como españoles teníamos a lo francés como ejemplo de refinamiento y nuestras élites (así como las élites criollo-mestizas americanas) gustaban hasta de hablar francés entre ellos como símbolo de distinción. Nuestros pueblos mantenían paralelismos espirituales pero no se conocían. La brevedad de la legación diplomática rusa en Madrid y el escabroso y corrupto asunto de los buques de Tatischev tampoco sirvió para un mayor conocimiento entrambos. A posteriori, Rusia apoyaría los derechos del rey Carlos V frente a la usurpación liberal-isabelina, pero el triste triunfo de esta facción golpista, propiciado entre otros, por el imperio británico y la Francia orleanista, también servirán para alejar posiciones en el siglo XIX. El XIX, el siglo del desguace de las Españas, es también el siglo del intervencionismo franco-británico en Crimea, coqueteando con los turcos frente a un imperio ruso que se iba afianzando desde la Europa central a los confines del Extremo Oriente.

    Por desgracia, las bases rupturistas al respecto de la esencia tanto hispánica como rusa habían quedado ya asentadas, y si bien el mundo eslavo oriental no estalló en divisiones, como el mundo hispánico, se vería conmocionado de arriba a abajo con el estallido de la Revolución Rusa en el Año de Nuestro Señor de 1917. Lejos de haber una hambruna asoladora, lejos de haber un “Antiguo Régimen” sempiterno, y lejos de haber un clamor popular unificado, que son los tópicos insuflados por la propaganda comunista que de tan buena gana se ha acogido en el liberalismo occidental; lo cierto es que, como el mentado y admirado Solzhenitsyn, entre otros, lo que sucedió fue una explosión desordenada de muchos “partidos” y con mucho desorden, formándose algo más parecido a los conflictos post-napoleónicos del mundo hispánico que otra cosa. El zar Nicolás II, que había hecho bastantes reformas y tenía prestigio internacional, y todavía una aura cuasi religiosa en buena parte de su pueblo; sin embargo, se vio acorralado al entrar en la Gran Guerra; Gran Guerra en la que, entre otros, le había hecho la jugada su pariente el kaiser... ¡Y entró aliado de Francia e Inglaterra, y por intereses paneslavistas! Y eso con el todavía reciente fracaso de la Guerra Ruso-Japonesa, que tanto descontento creó y que tanto aprovecharían los revolucionarios (como en España aprovecharían los conflictos ultramarinos, de Filipinas a Marruecos, pasando por Cuba)… Otrosí, Inglaterra, a pesar del parentesco de Jorge V con Nicolás II, lo dejó en la estacada y sólo España intentó salvarle la vida de verdad, sin éxito. El imperio británico fue el que sacó mayor tajada del paneslavismo, para así anular al imperio austrohúngaro; mientras que en Rusia, aprovechando los desastres militares, la desazón en determinados sectores, y la falta de un gobierno contundente, el partido bolchevique, minoritario pero bien pertrechado e ideológicamente fanático, con un Lenin que había sido financiado por Prusia a través de Suiza, lideró el terrible proceso. Los alemanes volvieron a cometer el mismo error que en Francia: Creyeron que, financiando y aupando la Revolución, obtendrían grandes réditos territoriales. Y en ambos casos, París y Moscú se les volvieron en contra, aun de diferentes maneras. Buena parte de Europa creyó que Rusia sería su botín, tal y como lo creyeron algunos para con la España de principios del XVIII; sin embargo, no entendieron una cosa que sí entiende nuestro nombrado y reivindicado Schubart: La pervivencia del hombre mesiánico. Como dice el profesor Manuel Fernández Espinosa, director de nuestra revista, tanto el ruso como el español se hacen comunistas no por indiferentismo religioso, ni tampoco por un mero “odio”: El ruso, como el español, se hace rojo porque sustituye el Evangelio por Marx. Ni el español ni el ruso pueden pasar por una iglesia como si nada: O se arrodillan con fervor o quieren quemarla para implantar algo nuevo, una fe nueva. Es un pensamiento de conjunto que, asimismo, no se contenta con quedarse en su terruño, sino que se le queda el mundo chico una vez que ha superado su cultura de frontera. La amplia visión geográfica se refleja en los más variados modos de “comportamiento”; pero mientras el francés y el alemán viven rodeados de vecinos, el ibérico tiene la inmensidad de África y el mar, y el ruso, la estepa… No hay medias tintas ni maquiavelismos posibles en la constitución histórica de estos pueblos.

    Con todo, Lenin no tuvo ningún reparo en regalar territorio ruso, y así se lo hizo saber a los alemanes. Mas por avatares del destino, y sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, el aparato represor fundado por Lenin y luego continuado por Stalin, y el inmenso botín, hizo que la Unión Soviética se confirmara como imperio, sustituyendo la estrella sangrienta a las cruces de los zares; y buscando extenderse por América y África. No porque en el comunismo estuviera subyacente el espíritu ruso, pues el comunismo ruso fue tan contrario a la historia y esencia de su patria como el alemán o el español; sino porque Stalin, en la Segunda Guerra Mundial, aun teniendo el estado leninista heredado, tuvo que crear una mística paralela para echar a pelear a un pueblo que en mucho caso veía a los alemanes como libertadores. No existe, en verdad, un “patriotismo soviético”, como no existió un “patriotismo tricolor” en España; aunque los republicanos rojos tomaran lemas de la guerra contra Napoleón, como “el no pasarán”. Ambos intentaron crear una mística paralela, acudiendo a antiguos “mitos” patrios que ellos habían desechado virulentamente, hasta que todo se le fue de las manos, y vieron que con la “dictadura del proletariado” y similares no movilizaban al pueblo. Y ese es otro punto de encuentro, y acaso el más importante para con nuestra historia contemporánea, porque en esta coyuntura es cuando definitivamente dejaremos rusos y españoles de ser “Terra Incognita”, porque los marxistas españoles tendrán en Rusia a su Vaticano rojo. Tanto así que el “¡Viva Rusia!” se convierte en un grito revolucionario de socialistas y comunistas. Antes de la Guerra Civil, Largo Caballero, notorio dirigente del Partido Socialista Obrero Español (5), ya se hace llamar “el Lenin español”. Los retratos de Lenin y Stalin pululan por Madrid. En aquella dolorosa Guerra que duró de 1936 a 1939, muchos gritaban antes “¡viva Rusia!” que incluso “¡viva la República!” y por supuesto “¡viva España!” El seguimiento hacia el Moscú de Stalin fue total: El Partido Obrero de Unificación Marxista fue eliminado por trotskista bajo la atenta mirada de la burocracia soviética. Andreu Nin, líder de esta facción, fue asesinado por el Frente Popular, la gran coalición de revolucionarios rojos que ya se habían hecho notar en 1934 cuando la derecha ganó las elecciones y organizaron un golpe de estado desde Asturias que fracasó; sin embargo, no parece merecer homenaje por una esquizoide ley dizque de “Memoria Histórica” suscrita hoy desde el liberalismo a la extrema izquierda.

    Y bueno, no dejamos de ser “Terra Incognita” sólo en un bando: Resulta que ya en la época de la Dictadura del general Primo de Rivera (de 1923 a 1930), el barón de Wrangel se le había ofrecido para combatir a Abd-El-Krim, el caudillo secesionista rifeño que si bien de joven sirvió a España, luego se aprestó a traicionarla; a lo que el general se negó por mor no de internacionalizar el conflicto. Pocos años después, y ya formada una nutrida colonia de rusos blancos en Francia, aquellos mismos que habían combatido la Revolución en Rusia, cuando vieron a unos soldados que vestían uniforme caqui y boina roja, con la mosca detrás de la oreja creyendo ahí afección comunista, sin embargo le dijeron que no, que era el Requeté, la fuerza militar de la Comunión Tradicionalista, cuyo lema era Dios, Patria y Rey; y aquellos rusos dijeron que querían alistarse en esa bandera, puesto que ellos en Rusia habían luchado por la Fe, el Zar y la Patria (6). Tanto en el Requeté como en la Legión se alistó un respetable número de rusos que, con el cristianismo a flor de piel y el ardor anticomunista, como mandan los cánones de quien admira la mística monástica que se retira del mundo y quien en absoluto teme a la muerte, regaron con su sangre el suelo español en una de sus horas más trágicas. Emilio Herrera Alonso, militar carlista, en su libro Los mil días del Tercio Navarra (7), detalla cómo su camarada el voluntario ruso Vladimir Kovalewsky opinaba que españoles y rusos eran pueblos que tenían muchas características comunes: Nobles, sentimentales, caritativos, afectivos, y cargados de tradiciones. Pero que a diferencia de los rusos, a los que él veía vocación de esclavos, los españoles la tenían de señores, lo cual les daba en muchos casos una altivez exagerada, sobre todo en el norte peninsular.

    Empero, veamos que a pesar de la notable diferencia, los paralelismos que Kovalewsky señaló a Herrera ya habían sido señalados por Schubart, aquel germano afincado en Letonia e imbuido de Oriente cristiano.

    Como vemos, Evangelio y Antievangelio se enzarzaban con furia en la Piel de Toro entre españoles y rusos, y en ambos bandos latían corazones similares. Y Solzhenitsyn (8) defendía que en España había triunfado, por encima de otras consideraciones, el concepto cristiano de la vida. Cuando vino a España en 1976, fue objeto de una gran cantidad de críticas. Él dijo que si querían ver una dictadura de verdad (Franco había muerto en 1975), que se fueran a la Unión Soviética; porque en España se vendía prensa extranjera, se podían hacer fotocopias y viajar libremente por el país sin permiso, así como se podía emigrar y regresar tan normal; y nada de eso se podía hacer bajo la hoz y el martillo. En cambio Solzhenitsyn recibió un aluvión de críticas y no necesariamente por parte de los marxistas, sino de los que luego se despejarían como “demócratas de toda la vida” mas no habían tenido problemas bajo el régimen de Franco. El escritor Juan Benet llegó a justificar en varias ocasiones los campos de concentración y especialmente para él; Camilo José Cela, del mismo gremio, le llamó “pajarraco de mal agüero”… En cambio, más allá de la literatura (y y…), ¿qué quedó de Benet o de Cela? ¿Y qué ha quedado de Solzhenitsyn? Ahí todo se responde…

    En fin, llegados a este punto, pareciera que el águila bicéfala se ha hecho para nosotros: Oriente y Occidente. Aunque la situación de rusos y españoles es muy diferente. Rusia, mal que bien, está luchando por mantenerse como una potencia. Ahora mismo en Ucrania pasa lo que pasó hace dos siglos en la América virreinal: Gente de muy diversa adscripción se enfrentan en trincheras diferentes. Y por más que haya “ideologías” que pretendan adobar, hay cosas que son de sentido común. Por más felón e inútil que fuera Fernando VII, separar las Españas, y más de esa manera, era un error que encima beneficaba a potencias muy concretas. Pues en Rusia pasa lo mismo: No se puede pretender ir de anticomunista por la vida, derribando estatuas de Lenin, a la par que se defienden las fronteras artificiales que éste creó, luego mantenidas por Stalin y por Jruschev. Además, la Rusia de ahora no es comunista, y es algo que va mucho más allá del gobierno de Putin, que sería harina de otro costal; por más que algunos no lo quieran entender. Los hermanos tienen que estar unidos y más en los momentos difíciles. Y la Historia, la sangre, la cultura, el espíritu, y el mismo sentido común que tanto nos falta, al final nos acaba reuniendo, por más que queramos tirarnos los trastos a la cabeza. Tanto España como Rusia tienen experiencia en saber que los tiempos de Dios no son los de los hombres, y que conseguir esa reunión de hermanos no es cuestión de un día para otro; empero, hay momentos donde hay que poner toda la carne en el asador.

    Rusia es nuestro hinterland oriental, España es el hinterland occidental. El Viejo Continente nada puede hacer sin nosotros, y por más que España esté absolutamente descompuesta e incluso en alocado suicidio, a nadie en verdad conviene que desaparezca del mapa. Rusos y españoles, de la “Terra Incognita” nos hemos encontrado, tanto en el continente como en América; donde hubo litigio fronterizo en el Pacífico, ante la inmensidad de Alaska, que estuvo a punto de desencadenar una guerra en el siglo XVIII. Luego, entre el XIX y el XX, no es nada desdeñable la emigración eslava oriental a la Argentina; Argentina que es la patria del gran filósofo Alberto Buela, el mismo que viene defendiendo desde hace años el legado hispánico y los cauces de entendimiento entre nuestros pueblos; el mismo filósofo que asimismo también sabe sobre los “misteriosos” paralelismos hispano-rusos y que desde hace tiempo ha iniciado una colaboración interesante, aun manteniendo cada cual sus puntos de vista, con el politólogo ruso Alexander Duguin. En Argentina tenemos a Buela y en España al escritor Juan Manuel de Prada, un valiente intelectual con muchas conexiones en Argentina (admirador del padre Castellani y otros grandes pensadores del país rioplatense), quien amén de defender los paralelismos hispano-ruso, aboga por acercarse a Rusia como justicia ante la hegemonía occidental-liberal. Nosotros, desde nuestras posibilidades, tratamos de desarrollar este misterio y de aproximarnos a Rusia al fundar la Sociedad Cultural Hispano-Rusa (9), donde nuestras publicaciones culturales manan de la amplitud cultural y espiritual como germen reivindicativo de nuestros plausibles lazos. En otros proyectos como en las revistas Raigambre y La Razón Histórica (10), también hemos reivindicado este legado, haciendo nuestras las palabras de Schubart, pues según el insigne profesor, “entre rusos y españoles no existen tan sólo semejanzas sorprendentes en la periferia de la vida, sino coincidencias en el centro del alma [...] Misión de ambos es pregonar la realidad de Dios en el mundo de lo inconsistente. Por esto hubieron de hacer penitencia ante todos los pueblos de la tierra, mediante una múltiple miseria. Cuando quede cancelada la culpa, se levantarán en el nuevo eón a una nueva grandeza y renovarán la fe en la primacía del espíritu sobre el poder, en la primacía del alma sobre la cosa".Y sí, creemos que tenemos una misión, pues nuestro mundo hispánico sigue cercado y descompuesto, gracias, entre otros, a la misma potencia que quiere desmembrar y debilitar Rusia; la misma que creyó que todo el monte era orégano cuando cayó la Unión Soviética y que podría manejar el Este como maneja a la burocracia de Bruselas. Ante el desafío de la globalización, creemos que podemos aprovechar nuestra vocación universal. Nuestra tradición constituye siempre una novedad, pues nuestras gentes, en muchos casos influenciadas por nefastas “élites”, se acogen a un colonialismo cultural anglo-degradante y desconocen sus posibilidades porque desconocen su historia, llena de levantamientos en momentos difíciles, y con una experiencia político-filósofica encomiable. Muchos, que encima van de “rompedores”, saben nombrar autores exóticos pero desconocen los más ilustres nombres que hicieron posible la epopeya que va desde los godos a las Antillas, los Andes y las Filipinas; un mundo que forjó cultura e instituciones, y que se pudo mantener con cierta autarquía hasta que se confirmaron nuestras peores desgracias. Pues bien: Al día de hoy, Rusia nos da el ejemplo. No perfecto, por supuesto, ¿pues quién lo es? Pero sin duda, un ejemplo de fe y voluntad, de recuperación de emblemas y causas tradicionales, de orgullo, coraje y fuerza para levantar una vitalidad orgullosa ante un mundo en ruinas. Ahora bien: Sin cohesión comunal, sin conciencia de sociedad, historia e identidad, sin el conocimiento de nuestras tradiciones en todos sus ámbitos, y sin ganas de querer cambiar realmente las cosas y estar preparados tanto para lo peor como para lo mejor, desechando la comodidad burguesa; no habrá nada. Porque nuestro tiempo es el de sociedades andantes, el de pueblos que tienen que defenderse a la fuerza. Sea, pues, la revelación del misterio hispano-ruso el gran acicate para la operativa y renovadora transformación que anhelamos, con el pasado en marcha como bandera hacia un futuro mejor.




    (1) Sobre la Escuela de Frankfurt, véase:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_de_Fr%C3%A1ncfort
    Diccionario CrÃ*tico de Ciencias Sociales | Escuela de Frankfurt: Primera Generación


    (2) Véase:
    RAIGAMBRE: RUSOS Y ESPAÑOLES: EL "EÓN JOÁNICO" Y EL "HOMBRE MESIÁNICO"


    (3) Recomendamos encarecidamente que visiten el blog de G. Martín:
    http://imperiobizantino.wordpress.com/

    Otros enlaces relacionados:
    SOCIEDAD CULTURAL HISPANO-RUSA: ¿INFLUENCIA BIZANTINA EN HISPANIA?
    ANTONIO MORENO RUIZ: UNA AVENTURA HISTÓRICO-CULTURAL: EL IMPERIO BIZANTINO (4): EN LIMA.


    (4) Sobre Daniel Gómez Aragonés:
    RAIGAMBRE: ENTREVISTA AL HISTORIADOR DANIEL GÓMEZ ARAGONÉS


    (5) Sobre Largo Caballero:
    http://es.wikiquote.org/wiki/Francisco_Largo_Caballero https://qbitacora.wordpress.com/2009...rracivilistas/


    (6) Sobre los rusos blancos en España:
    Сruz conmemorativa « â€* Parroquia de Santa MarÃ*a Magdalena â€*
    Rusos Blancos
    Premín de Iruña: Los requetés rusos
    Premín de Iruña: Los sanfermines de 1939, primeros tras la guerra, los rusos y ¿el último encierro del aitacho?


    (7) Véase:
    ANTONIO MORENO RUIZ: MIS LECTURAS: "LOS MIL DÍAS DEL TERCIO NAVARRA", DE EMILIO HERRERA ALONSO.


    (8) Sobre Solzhenitsyn:
    ANTONIO MORENO RUIZ: "APOLOGÍA DE SOLZHENITSYN" - "DIGNIDAD DIGITAL".
    ANTONIO MORENO RUIZ: MIS LECTURAS: "EL PRIMER CÍRCULO", DE ALEXANDER SOLZHENITSYN
    ANTONIO MORENO RUIZ: "DE DOSTOYEVSKI A SOLZHENITSYN" - "EL CONTEMPORÁNEO"


    (9) Sobre la Sociedad Cultural Hispano-Rusa:
    SOCIEDAD CULTURAL HISPANO-RUSA
    https://www.facebook.com/pages/Socie...37247349843185


    (10) Revista Raigambre:
    RAIGAMBRE

    Revista La Razón Histórica:
    Revista digital de Historia - Revista La razón histórica


    (11) Sobre Arlindo Veiga Dos Santos:
    Cristianismo, Patriotismo e Nacionalismo: Arlindo Veiga dos Santos, arauto e poeta de uma Pátria-Nova



    Fuente:

    1.3 - Página web de fororusia
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    Re: Rusia y España

    Repetido
    Última edición por ReynoDeGranada; 31/10/2015 a las 15:40
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Rusia y España

    Apuntes hispánicos para Alexander Duguin


    por Antonio Moreno Ruiz – Es una actitud muy conservadora eso de decir “hijo, tú no te destaques, no te signifiques”; o “no te metas en política”. Y es que los conservadores no se enteran que, por mucho que uno esconda la cabeza como el avestruz, las cosas acaban afectando, y que “política” viene de “polis”, y que esta actitud miedosa e individualista no hace sino favorecer a quien al menos quiere creer en algo, al contrario que ellos, que no creen en nada. El hecho de que suban la luz y el agua ya es política, y lo que le pase a tu vecino, mañana te puede pasar a ti. ¿O es que uno se quedaría igual por “no significarse” si se enterase que su hermana ha sido violada? Con eso de “no te metas, no te destaques”, se pierde completamente la noción de la importancia y de la realidad. Hay que coger el toro por los cuernos, y comienza a estar muy en boga en nuestro tiempo eso de la Cuarta Teoría Política que viene siendo trabajada por el profesor ruso Alexander Duguin, el cual parece no pasar indiferente ante tirios y troyanos: O bien halla adhesiones fulgurantes, o bien se cruza ante odios fulminantes. Y comoquiera que muchos hechos acaban siendo globales a la fuerza, a pesar de que España ni está ni se le espera más allá de la confusión y el surrealismo, creemos que debemos estar atentos ante corrientes que, gusten más o gusten menos, se acaban sucediendo por nuestro entorno, y que si no hallan observaciones y respuestas, quedarán a la absoluta merced de los frutos que recojan otros, tal y como ha pasado en muchos episodios de nuestra desgraciada historia reciente, donde no se ha preparado una respuesta intelectual y cultural adecuada a muchos desafíos que han pasado delante de nuestras narices, máxime en épocas cruciales para nuestro devenir.Con todo, vemos que por desgracia, es común que cuando literatos rusos se han referido a España, lo han hecho adoleciendo de conocimientos sobre nuestra verdadera historia, sobre nuestro verdadero ser. Hasta un grande como Dostoyevski cayó en ciertos tópicos sobre la Leyenda Negra. No es exactamente el caso de Duguin, viajero infatigable y conocedor de nuestro idioma y de algunos aspectos de nuestra cultura (1). Mas, porque nos interesa muchísimo lo que pasa en Rusia y porque estamos desarrollando eso en el “misterio hispano-ruso” (2), creemos de recibo aportar apuntes hispánicos ante esta corriente que irrumpe con fuerza.Como diría Jack el destripador, vamos por partes;

    Concretando en la Cuarta Teoría Política
    Sobre la Cuarta Teoría Política poco podemos añadir a lo que dice el propio Alexander Duguin. No obstante, le reconocemos cierta honradez y humildad, pues según el propio autor, no es algo que esté terminado, sino que constituye una hipótesis de trabajo abierta a constantes aportaciones. Por tanto, reiteramos que sobre la Cuarta Teoría Política, más praxis que teoría, en todo caso hay que ir siguiéndola según la boca del propio autor y del llamado Movimiento Euroasiático.Yo personalmente pienso que como españoles, poca Cuarta Teoría Política nos falta. Ahora bien, es posible que en Hispanoamérica, una praxis de este sentido sea conveniente en tanto y en cuanto a modelo de trabajo, no como fin absoluto. Y decimos esto porque, al contrario de lo que ocurre en la Europa occidental, en buena parte del complicado mundo, no existen unos clichés ideológicos que en seguida forman estereotipos. Al contrario, si por algo siempre se ha caracterizado la política, y más en el caso de las relaciones internacionales, ha sido por la transversalidad. Y es de cuestionarse en este mundo postmoderno que avanza hacia una hegemonía económica liberal-capitalista de progresismo “cultural” si realmente están sirviendo los bloques ideológicos tal y como se entendían hasta la Guerra Fría. O más aún: Es cuestión de si sirvieron realmente alguna vez.Por ello, creemos que la Cuarta Teoría Política puede dar mucho juego, sobre todo en determinadas zonas. Mas como no hay nada definitivo en ello, lo dejamos como apunte interesante, siempre a revisar, siempre en lo que poder aportar.

    Tradicionalismo
    En cuanto al término “tradicionalista”; ya señaló cierta problemática en su día nuestro insigne polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo en tanto y en cuanto que, allende los Pirineos, “tradicionalista” había virado a otras consideraciones muy distintas de lo que podemos entender por tradición en el mundo hispánico. Y es que en España, el tradicionalismo (3), en puridad, es cristiano y aparece con el carlismo bajo el trilema Dios, Patria y Rey, unificando los valores tradicionales y la justicia social frente al liberalismo usurpador y golpista -ayudado principalmente por el imperio británico- desde 1833 como genuino movimiento contrarrevolucionario del Viejo Mundo; referente para legitimistas de toda Europa. Como dato curioso, valga reseñar que Rusia fue acaso la nación europea que más apoyó la causa carlista. A principios del siglo XX, D. Jaime de Borbón, Jaime III de España como rey legítimo, al ser vetado en el imperio austrohúngaro, pudo sin embargo hacer carrera militar como húsar del zar Nicolás II, participando, entre otros, en la Guerra de los Boxers, y llevando el uniforme de húsar con orgullo durante toda su vida. Fue el rey más completo de la dinastía legítima: Religioso, tradicionalista, patriota y abanderado de la justicia social; antiliberal integral, respetuoso de la diversidad regional pero fiero antiseparatista; conocedor de varios idiomas y de muchos países; tan aventurero como serio; siempre llevando sus largos años en Rusia en el corazón. Otrosí, en la Guerra Civil Española, un nutrido contingente de voluntarios rusos blancos ingresó en el Requeté, la milicia de la Comunión Tradicionalista, llevando sus banderas y sus popes al frente. Dizque entraron por Francia y cuando vieron a españoles con boina roja, pensaron que eran comunistas; pero le dijeron que no, que eran soldados que luchaban por Dios, la Patria y el Rey. Y en seguida pidieron alistarse, porque su lema en Rusia había sido Fe, Zar y Patria. Y no hace mucho, conmemorando a aquellos voluntarios, se levantó una cruz rusa en el Cerro del Contadero, en Guadalajara, como conmemoración de aquellos heroicos voluntarios; oficiando el padre Kordochkin, responsable de la parroquia rusa de Santa María Magdalena, en Madrid (4).Creemos que a muchos patriotas rusos de buena voluntad les gustaría indagar en esta entrañable hermandad tradicionalista ibero-eslava, de la cual no se sabe mucho a priori, pero que constituye toda una digna epopeya que literariamente bien podría recrear algún Miguel Strogoff tradicionalista.Por otra parte, en España hay gente que se ha acercado al tradicionalismo y ha coincido mucho doctrinalmente aun sin ser carlista, como han sido los casos de Donoso Cortés o Menéndez Pelayo. Empero, no creo que en España, teniendo este maderamen, nos interesen mucho “otros tradicionalismos”, ni “otras vías” para una tradición que en verdad está muy clara. Nuestra patria se reafirmó desde la lengua y el Derecho de Roma al Reino Visigodo de Toledo, y fue la invasión berberisco-musulmana la que truncó la confirmación de la incipiente nación hispánica; empero, el levantamiento de Don Pelayo en Asturias comenzó la batalla por recuperar la España perdida, con la cruz de la victoria como máximo símbolo. Fue la cruz, nuestro temperamento indígena (5) y el complemento romano-visigótico lo que nos hizo recuperarnos como identidad, y si bien no volvimos a reproducir el pasado reino visigodo en la exactitud del pasado, fue la vuelta a la Cristiandad lo que nos unió. Pero eso: La vuelta a la Cristiandad (que no al paganismo ni al esoterismo) la defensa de la Cristiandad frente al islam, además, como baluarte del Viejo Continente. Nosotros en Occidente, Rusia en Oriente.Con respecto a “otros tradicionalismos”, no nos compete entrar aquí en un pormenorizado estudio sobre Evola y Guénon, de los cuales Duguin se declara discípulos. Otrosí, ni Evola ni Guénon eran cristianos, y creemos que hay confusiones y errores importantes en su doctrina que pueden desembocar en tragicomedias en la práctica tal y como fue la conversión al islam de Guénon.De todas formas, dado el desconocimiento abismal que el español medio tiene sobre su herencia filosófica, política y cultural, más creemos que le valdría ponerse al día con lo suyo antes que meterse en ciertos exotismos que, reiteramos, no vemos necesarios. Porque incluso si se trata de escudriñar en raíces anteriores, el mundo clásico del cual formamos parte se nos abre de par en par, además, en conexión con el cristianismo. En ese sentido, como dice el bibliófilo Joseph Pearce, literatos ingleses como Roy Campbell o John R. R. Tolkien se interesaron por el paganismo que tenía más conexión con Cristo, no por el que aleja de él. Y es que acaso ellos iban en la línea anunciada por San Agustín de Hipona, de que la salvación había sido anunciada a los paganos de otras formas; por la “cultura de la imagen” que diría el mentado Tolkien. Ese camino sí lo consideramos correcto. “Otras vías”, como que no. Ya dijo nuestro gran literato Ramiro de Maeztu (admirador de Dostoyevski, por cierto), que el camino de España no tenía pérdida posible; y así, subrayamos la herencia grecolatina que continúa en lo hispano-católico, incluyendo la “catolicidad civil”, como dice el filósofo Juan Bautista Fuentes (6).Eso sí, reconocemos que en otros puntos de la Hispanidad, determinados ideales se pueden tropezar ante senderos mucho más sinuosos, máxime en contextos geográficos o culturales donde están muy vivos los procesos sincréticos de todo tipo. En buena parte de los Andes, nunca se dejó de adorar a la Pachamama, así como a Brasil y al Caribe llegaron cultos animistas africanos que continuaron un desarrollo “independiente” en el Nuevo Mundo. Y por si fuera poco, la irrupción de la Teología de la Liberación fue letal, pues si con la independencia el liberalismo y las logias masónicas se enseñorearon definitivamente del continente, el desorden acaecido en la segunda mitad del siglo XX, con una táctica revolucionaria muy bien preparada por universidades belgas y holandesas y por el aporte de la KGB soviética (7), la situación espiritual hispanoamericana se veía entre el marxismo cultural y la continua injerencia liberal-protestante de los Estados Unidos. Si bien antes había sincretismo, por lo menos había algunos referentes claros; mas roto el sentido de la autoridad, perdidos los referentes que podían coincidir entre lo hispánico y lo prehispánico; en fin, destrozado todo sentido sagrado latente, con unos curas que se empeñan en sacar a la gente de la iglesia a patadas; pareciera que estamos ante un páramo. Y a pesar de todo, las iglesias no están vacías, lo cual no deja de tener harto mérito.Por ello, nos gustaría decir que si bien concordamos plenamente con Duguin en que el liberalismo es un Anticristo social (¡acertadísima la definición del profesor ruso!), no todo lo que se diga antiliberal es necesariamente bueno. Esto sería caer en la misma, fallida y manida lógica del anticomunismo. El llamado “socialismo del siglo XXI” que comenzó Hugo Chávez en Venezuela no ha supuesto ningún cambio ante el mundo liberal, y lleva ya casi dos décadas. No son comparables a algunos líderes del mundo árabe que, por las circunstancias, fueron sus aliados, puesto que ni en la República Árabe de Siria ni en la Libia de Gadafi sus ciudadanos pasaron las necesidades y calamidades que están pasando en los países gobernados por esta “vía”, que aplican un sistema capitalista ramplón que está llevando a Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, a pasar hambre sin producir nada, sin formar bien a su gente, teniendo tratos vergonzosos con el narcoterrorismo y endeudándose hasta las cejas. Y que no se olvide: Siendo Estados Unidos su principal comprador de petróleo; de un petróleo que ha estado malvendiendo, cuando no regalando, para extender una política que no ha llevado a ninguna parte.Tampoco se olvide que si bien es descarado el intervencionismo angloamericano en la región, Chávez fue golpista en 1992, y fracasó; y cuando triunfó, no dudó en apartar al politólogo argentino Norberto Ceresole, que había sido su asesor, para dar paso a la izquierda más rancia y sectaria.Otrosí, el indigenismo inyectado de estos movimientos, lejos de buscar las verdaderas raíces de los pueblos indios, o lejos de ahondar en sus tradiciones, no es sino una táctica de odio alimentada por ideologías modernas nacidas en las universidades europeas, acaso como continuación lógica de la Teología de la Liberación, que lejos de optar por los pobres, no ha supuesto sino una lanzadera politiquera, una “voluntad de poder” que en nada ha contribuido a mejorar la situación social de muchas comunidades que, de hecho, están todavía peor de lo que estaban antes. Y desde luego, esta onda sí ha contribuido a apoltronar a mucho indeseable. Curas que cambiaron la sotana por “trajes de paisano”, subvencionados líderes dizque sindicales, la liturgia convertida en un circo al más puro estilo moderno-protestante… Y se escoge como icono a Simón Bolívar, un oligarca mantuano descendiente de explotadores esclavistas, un dictador masón, individualista y liberal al que el mismísimo Karl Marx denostó con todas sus fuerzas (8)y que predicó salvajemente el odio a su propia sangre y cultura; tal y como lo hicieron buena parte de ilustrados y liberales del XVIII al XIX, y tal y como el marxismo recogió ese fruto podrido a principios del XX. Odio al blanco, odio a España. Y sin embargo, se empecinan en hablar la lengua de Cervantes, al igual que los separatistas ibéricos…
    II
    El hecho de que el dictador Bolívar sea el icono de este movimiento es en verdad muy ilustrativo: Bolívar al fin y al cabo, como San Martín y Miranda y tantos otros camaradas que actuaron al servicio del interés del imperio británico, murió solo, peleado hasta con los que se suponían que eran los suyos. En cambio, Joaquín Posada Gutiérrez, general secesionista y camarada de Bolívar, consignó que “es preciso que se sepa que la Independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes; que los ejércitos españoles se componían en cuatro quintas partes de los hijos del país; que los indios, en general, fueron tenaces defensores del gobierno del Rey, como que presentían que tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la República”. Y así, el líder indio Antonio Navala Huachaca estuvo defendiendo la bandera realista hispánica hasta 1835. Cisneros en Venezuela, Agualongo en Quito, o muchos compañeros de armas de los Pincheira en Chile son unos pocos testimonios de una realidad que se extendió por buenísima parte de las Españas Americanas. No era incompatible la tradición indígena con la Monarquía Hispánica, al contrario: Se implementaron hasta mutuamente, y luego de la Conquista hubo toda una política de pacificación y entendimiento; siendo que en amplias zonas andinas y guaraníes, apenas se hablaba español. Fueron las repúblicas las que obligaron a su aprendizaje masivo; mientras que con la Corona se continuó para muchos la legitimidad de los incas en el Perú, por ejemplo; así como desde el siglo XVI al XIX tenemos una nutrida lista mestizos y criollos ocupando cargos importantes en la administración y en las armas españolas: El Inca Garcilaso, con Juan de Austria sofocando la rebelión morisca de las Alpujarras y a posteriori enterrado con todos los honores en la catedral de Córdoba; Pablo de Olavide, ministro de Carlos III; el duque de San Carlos, ministro de Fernando VII; Joaquín Mosquera Figueroa, agente legal de Fernando VII ¡que llega a firmar en su nombre!… ¡Hasta próceres separatistas como Francisco de Miranda o José de San Martín fueron en su día oficiales del ejército español!En cambio, el chavismo y adláteres manipulan la Historia para encima, defender a los mayores defensores de la modernidad en su tiempo.Y que tampoco se nos olvide otro dato: Chávez siempre contó con un nutrido grupo de asesores españoles, los cuales han vivido estos años en Venezuela como marajás, mientras que la violencia y la necesidad se enseñoreaban contra el pueblo venezolano.A día de hoy, los grupos de presión homosexualistas campean libremente por Venezuela, al igual que por la Argentina de los Kirchner y por el Brasil de Lula y Dilma, y por el Uruguay del reciente Mújica, al más puro estilo progre-occidental. En la Bolivia de Evo Morales el aborto campa a sus anchas. El uruguayo Mújica, un terrorista que nunca se arrepintió de sus crímenes, antes de dejar el poder legalizó la marihuana (al igual que Holanda), encontrando como máximo beneficioso al oligarca Soros, con quien se entrevistó muy amigablemente. Rockefeller también se entrevistó con él, y con Fidel Castro, y aquí paz, y después gloria.¡Ah! Y Mújica fue públicamente condecorado por los sionistas uruguayos.Nada antiliberal hay en este desgraciado, surrealista, esperpéntico y enésimo producto de la modernidad.Y eso de las alianzas pues siempre ha sido transversal, porque Franco también tuvo buenas relaciones con un Fidel Castro que declaró tres días de luto oficial en Cuba cuando falleció el galaico general; el mismo que escribió al presidente Johnson advirtiendo que perdería la guerra del Vietnam y que Ho Chi Min era un patriota. Pero ni uno ni otro se comparan, como no se comparan Al Assad y Chávez por más aliados en política internacional que fueran. (9)Y bueno, dudamos mucho que a Duguin en particular y a los patriotas rusos en general les gustara, o que de hecho, consideraran bueno y antiliberal, que en Siberia surgieran movimientos indigenistas que copiaran teorías modernas occidentales y tuvieran en la eslavofobia su principal bandera. Y es que evocando a Solzhenitsyn, creemos que la eslavofilia (que no el paneslavismo) puede ayudar mucho a la Rusia actual. Y no en vano Dostoyevski dejó dicho que “lo que necesita Rusia es más Rusia, no más Occidente.” ¡Cómo nos recuerda eso a nuestra España, a nuestra Hispanidad toda!De verdad: No se trata ni de xenofobia ni de chovinismo barato. Tanto en España como en Rusia nos han introducido el complejo de inferioridad especialmente desde la Ilustración del siglo XVIII; y muchas veces, por no buscar en nuestra propia sabiduría, hemos querido ser lo que no somos, obteniendo por ello pésimos resultados. Hay que ser muy prudentes en este sentido y tener amor propio. No es de recibo que en España haya quien se precie de citar a autores cuyo apellido apenas acierta a pronunciar y que, sin embargo, nada sepan de la tradición romana y de su continuidad complementaria en la época visigótica (no sin ribetes bizantinos de por medio); de la tradición medieval condensada por Alfonso X el Sabio; de los grandes juristas de la Universidad de Salamanca que asentaron las Leyes de Indias y el Derecho de Gentes (¡mucho antes que aparecieran Sacco y Vanzetti por Estados Unidos!); del Siglo de Oro que encumbró nuestra literatura a lo máximo; de lo mejor de nuestra Ilustración encarnada en personalidades como José Cadalso o Gaspar de Jovellanos; o de polígrafos estudiosos como Marcelino Menéndez y Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Claudio Sánchez-Albornoz… En fin, tenemos demasiados nombres sin conocer que muchísimo nos aportarían, mucho más de hecho que doctrinas esotéricas extrañas. Dentro de la complejidad, hay que definirse, concretarse. Por eso desde aquí defendemos una política hispanista integral (10), porque España se reafirmó en América, donde, como bien dice el filósofo argentino Alberto Buela, debería ejercer su capitalidad cultural, y donde debería haber puesto sus miras económicas y geopolíticas de una manera clara y honrada antes que en una Unión Europea que es la crónica de una muerte anunciada. Curiosamente, en nuestra América contamos con toda una pléyade de intelectuales hispanistas que están combatiendo muy severamente a la Leyenda Negra que, en muchos casos, viene promocionada por la España oficial. Nombres como José Antonio Pancorvo, Pablo Victoria, Antonio Caponnetto, C. Rodrigo Iturralde, Patricio Lons, Francisco Núñez del Arco -y otros que se nos fueron hace no mucho como Luis Corsi Otálora o José Manuel González-, que muy buenamente están tomando el testigo de otros grandes como Rómulo D. Carbia o José Vasconcelos. Y muchos que se precian de conocer autores allende los Pirineos, osarán llamarse patriotas sin saber ni siquiera de estos hispanísimos autores.Y eso por no hablar de cómo nos hemos dado la espalda con nuestra hermana y vecina patria portuguesa. Nada se conoce de su cultura, aun habitando la misma Península. Enfrentados artificialmente durante siglos, en cambio, Portugal siempre ha sido profético con respecto a la historia de España, como bien aseveraba Melchor Ferrer, el historiador del tradicionalismo español. Sin embargo han sido no pocos los portugueses que han presentado nuestra historia, identidad y esencia en su conjunto, siendo uno de los más señeros Joaquim Pedro de Oliveira Martins, señalado por personalidades tan dispares como Miguel de Unamuno y Marcelino Menéndez y Pelayo como “el historiador más artista de la Península”.Definitivamente: Tenemos unos cimientos más que sólidos y, aun así, todavía mucho que aprender de nuestro potencial. El día que lo saquemos a flote, otro gallo nos cantará. Y en eso debemos trabajar, frente a un pueblo alienado y arruinado; un pueblo que no sabe que tanto el arco de herradura como la estrella de ocho puntas son símbolos de antigüedad hispánica, que nos han enseñado a atribuir a los foráneos muslimes. Un pueblo que, especialmente desde 1978, está siendo educado para odiar su historia y su esencia, ante unas oligarquías que han aplicado el “divide y vencerás” para obtener réditos políticos y nos están enfrentando entre hermanos; lo mismo que se hizo en el espacio post-soviético durante la última década del siglo XX.Rusia y España han derrochado muchas fuerzas en empresas exteriores; por lo que se antoja que para exteriorizarse en este mundo, han de regenerarse a partir de ellas mismas, con la fe por delante.

    Geopolítica
    En cuanto a la Geopolítica, Duguin se nutre mucho de las teorías de Haushofer, ante lo cual, estamos en una dicotomía de la tierra frente al mar. Y esto en verdad, si bien puede ser interesante, no nos parece determinante, y mucho menos para el caso español. La geopolítica hispana quedó magistralmente definida por Juan Vázquez de Mella en sus Dogmas Nacionales. Resumiendo: La confederación con Portugal e Hispanoamérica y el dominio del Estrecho de Gibraltar, con su consiguiente costa norteafricana. De hecho, la frontera hispánica no sería el Estrecho, sino el Atlas, algo que a bien tuvieron los reyes de Portugal, Aragón y Castilla, poniendo en el actual Marruecos sus miras desde el siglo XIV, y no por “imperialismo”, sino por consecución de la Reconquista, tal y como selló en las postrimerías del siglo XV la reina Isabel la Católica.Con todo, Juan Vázquez de Mella, una de las mejores cabezas pensantes del carlismo, decía que “…el Estrecho de Gibraltar es el punto central del planeta, que allí está escrito todo nuestro Derecho Internacional; parece que Dios, previendo la ceguedad de nuestros estadistas y políticos parlamentarios, se lo ha querido poner delante de los ojos para que supiesen bien cuál era nuestra política internacional. Es el punto central del planeta: Une cuatro continentes; une y relaciona el continente africano con el continente europeo; es el centro por donde pasa la gran corriente asiática y donde viene a comunicarse con las naciones mediterráneas toda la gran corriente mediterránea; es más grande y más importante que el Skagerrak y el Kattegat, que el gran Belt y el pequeño Belt, que al fin no dan paso más que a un mar interior, helado la mitad del tiempo; es más importante que el canal de la Mancha, que no impide la navegación por el Atlántico y el Mar del Norte; es muy superior a Suez, que no es más que una filtración del Mediterráneo, que un barco atravesado con su cargamento puede cerrar, y que los Dardanelos, que, si se abrieran a la comunicación, no llevarían más que a un mar interior; y no tiene comparación con el canal de Panamá, que corta un continente. Dios nos ha dado la llave del mar latino. La geología, la geografía, la topografía, las olas mismas del Estrecho chocando en el acantilado de la costa nos están diciendo todos los días: Aquí tenéis la puerta del Mediterráneo, y la llave; aquí está vuestra grandeza…“.Asimismo, el jurista falangista Jorge Garrido (11), en un debate sobre la Hispanidad organizado por el Hogar Social Ramiro Ledesma, apuntaló muy bien en la situación geográfica de España como clave para entender las muchas posibilidades y organizaciones de cara a nuestro futuro.Y es que ni nuestra geografía ni nuestro papel histórico cuadran en esa dicotomía de “tierra y mar”.Nunca fuimos una talasocracia: Talasocracia no es sólo un “imperio marítimo”, sino un imperio de factorías, tal y como fue el fenicio. Y de hecho, estaba evolucionando hacia una política más territorial con Cartago, que era en verdad una aristocracia fenicia que dirigía a una masa compuesta por bereberes, iberos y galos. Gran Bretaña fue una talasocracia, o en términos de la escuela filosófica de Gustavo Bueno, un imperialismo depredador; frente al imperialismo generador (según la escuela de Bueno), o federativo, que quería Vázquez de Mella.Puede ser que Portugal, por fuerza de las circunstancias, mantuviera una estructura talasocrática en determinados puntos de África, Asia y Oceanía; mas cuando pudo, estableció un imperio territorial, y así se vio en el Brasil, en la India, o incluso en la África del siglo XX que les fue arrebatada por una guerra a múltiples bandas en la cual tanto liberales como marxistas obtuvieron grandes beneficios. Empero, la obra de España en América, desde México a los confines rioplatenses, es eminentemente territorial. Fue diferente en el Caribe, como ha sido diferente nos atrevemos a decir hasta en las Baleares y las Canarias, por mor de la insularidad. Pero allá donde se pudo, la vocación territorial se impuso con fuerza. Y es que como expuso magistralmente Walter Schubart en Europa y el alma del Oriente (12), tanto rusos como españoles coincidimos en nuestro pensamiento de conjunto, en nuestra amplitud de miras y vocación universal por mor de la inmensa geografía que se despierta ante nuestros ojos, siendo cultura de frontera, teniendo respeto y amor por el silencio. Sí, tenemos un Estrecho, pero de apenas diez kilómetros; y luego nos topamos con la inmensidad de un Nuevo Continente, desde el Pacífico Norte a los antárticos confines.Asimismo, dice Duguin que Rusia es el puente entre Oriente y Occidente. Y España también lo es, a través del Mediterráneo. Y no en vano parte de España fue bizantina durante dos siglos, y ese influjo bizantino continuó hasta muy avanzada la invasión musulmana, y está presente todavía en la liturgia hispano-visigótica mantenida por los cristianos mozárabes (13); liturgia que todavía está viva y que mantiene cierto auge en nuestro tiempo, de lo cual nos congratulamos, pues la defensa de la tradición debe ir guiada por iniciativas de este hermoso y entrañable cariz espiritual (14).Por otra parte, las Españas y las Rusias han ejercido su papel de custodia de Europa, de muro de contención, de hinterland. Sin estos diques a oriente y occidente, jamás se hubiera consolidado la Cristiandad, y luego lo que convenimos en llamar Europa.Nos congratula que el profesor Duguin exponga como modelos al Imperio Bizantino y al Sacro Imperio Romano-Germánico, y que a pesar de la mala prensa que -por mor de la propaganda leninista- gasta el término, defienda la idea de imperio frente a nacionalismos estúpidos y egoístas que muchas veces son alentados desde fuera. No en vano el imperialismo anglosajón, ya fuera por Gran Bretaña ya fuera por los Estados Unidos, aprovechó la Primera Guerra Mundial para esparcir la confusa idea de la “autodeterminación de los pueblos” y se apresuró a recoger los despojos del Imperio Austrohúngaro, siendo que, asimismo, extendían su colonialismo. Kennedy, que no fue precisamente un presidente “reaccionario”, no vaciló en mandar a la Guardia Nacional a Alabama cuando este estado amenazó con separarse. Con todo, creemos que la Monarquía Hispánica presenta un gran modelo supranacional basado en una rica tradición de valores eternos, pero que sin duda, debe ponerse de relieve en un lenguaje actual ante los desafíos de hogaño. Es por ello que como hispanistas estamos dando la batalla aun muchas veces en soledad e incomprensión, todavía sin un tejido social coherente y militante que empuje; pero con un sentimiento cada vez más extendido, que espera ser aflorado y dirigido….
    III
    La idea de Europa
    Uno de los puntos que nos parece más chocante es el europeísmo, máxime al comprobar que España y Portugal entramos en una Europa falsa y por la puerta falsa. La Cristiandad, el Imperio Bizantino, el Sacro Imperio Romano-Germánico, y otras entidades herederas de estas tradiciones como la Monarquía Hispánica, el Imperio Austrohúngaro o el Imperio Ruso, fueron realidades concretas; pero la palabra “Europa” no alude más que a geografía. Y ni España ni Rusia son “exclusivamente europeas”, geográficamente hablando. Si Rusia es Eurasia, España puede jugar su papel también como Euráfrica y Euramérica. Y en ambos sentidos, si Rusia se siente la Tercera Roma, España no dejó de ser la que llevó Roma a América. No por nada el libro de cabecera de Hernán Cortés, conquistador de México, era la Guerra de las Galias de Julio César. No son pocos los historiadores que han subrayado el carácter romano de la conquista y el poblamiento español en el Nuevo Mundo.Con todo, Europa no es una realidad política, ni cultural, ni racial, ni política, ni espiritual. Nunca lo ha sido. Si nos referimos a términos como “indoeuropeo”, estamos ante una realidad tan europea como extraeuropea; y no deja de ser algo bastante impreciso. “Indoeuropeo” es un término que puede servir para determinados estudios históricos, pero no para hacer política; ni tan siquiera “metapolítica”. Máxime porque buena parte de países como España, Italia, Hungría, Finlandia, Bulgaria, Grecia, Rusia, y en menor medida, hasta Francia, Noruega y Suecia, se nutren de contingentes poblacionales que no proceden de troncos indoeuropeos. Ugro-fineses o iberos/vascones eran pueblos de raza blanca pero que no hablaban un idioma indoeuropeo, y difícil es que tuvieran un patrón cultural o espiritual indoeuropeo (si es que esto existe); sin embargo los gitanos, que no son originariamente un pueblo de raza blanca, hablan un idioma de tronco indoeuropeo. Hacer de lo indoeuropeo una bandera política, o un conjunto de valores dominantes, no es transitar por un camino serio ni seguro; porque ahí todavía hay mucha tela que cortar.No creemos que sea posible la creación de un “bloque europeo”. Atendiendo al beneficio de un mundo multipolar (cosa en la que sí creemos), pensamos que en Europa siempre habrá varios bloques. España por ejemplo padece la vergüenza de Gibraltar, una invasión británica de su territorio. Todavía en el seno de Europa hay muchos problemas motivados, otrosí, por fronteras artificiales impuestas por criterios nacionalistas o liberales, si es que finalmente no viene a ser todo lo mismo. Y qué decir de Rusia, cuyos problemas en el “frente ucraniano” ya fueron anunciados por Solzhenitsyn años ha, el mismo cuya actitud profética en la España de 1976 hizo rasgar vestiduras tanto democristianas como marxistas; el mismo que señaló con fina y matemática precisión los errores de un Occidente sordo, ciego y mudo, preso de la precipitación y la superficialidad, obnubilado en un confort que es un gigante con pies de barro, y con la misma base materialista y atea que el marxismo (15).No en vano el jurista español Álvaro d´Ors decía, en La violencia y el orden (libro escrito en 1987): “No quisiera ocultar mis reservas frente a aquellos que, ante el conflicto Este-Oeste, toman decidido partido por el Oeste: Prefieren el Capitalismo al Comunismo. Esta opción, corriente en España como en todo Occidente, es explicable, pero no sé si es del todo acertada; en todo caso, estamos de nuevo en el error de la política del ‘mal menor’. Es evidente que en el hemisferio del Capitalismo la vida es más llevadera, y no deja de haber aquí un cierto aire de libertad, aunque las elecciones suelen estar muy condicionadas por la seducción de las masas, que ha alcanzado una perfección técnica irresistible, y que esta apariencia de libertad falta en el hemisferio comunista. Pero no es menos cierto que el deterioro humano del Capitalismo, al ser más placentero e insensible, resulta por ello mismo mucho más letal que la brutal disciplina del Comunismo. Este, por lo menos, puede hacer mártires, en tanto que el Capitalismo no hace más que herejes y pervertidos”. En este mismo libro, también escribió: “En este sentido he dicho alguna vez que el marxismo se ha convertido en la nueva religión del capitalismo, una religión que resulta para éste mucho más cómoda que la cristiana. Y por eso vemos que no son las empresas las dejadas al socialismo, sino las actividades tradicionalmente competían a la Iglesia: predicación, educación y beneficencia.”
    Y es que el espíritu profético y la altura de miras se cruzan desde las Rusias a las Españas.
    Empero, volviendo a qué es Europa, no creemos que Turquía tenga papel ninguno. La invasión turca de Bizancio, de la añorada y necesaria Romania, nos parece una calamidad se mire como se mire, y entendemos que los griegos quieran reconquistar su territorio, tal y como España reconquistó el suyo, tal y como los rusos se defendieron de los tártaros. El imperialismo turco, de cariz eurasiático, ha supuesto un extrañamiento para los pueblos de herencia bizantina, e incluso también para los árabes. Y eso por no hablar del terrible holocausto armenio (y también asirio y griego) que la nación de la media luna se niega a reconocer. Gracias a Dios la España de Felipe II en el XVI y los húsares polacos de Juan Sobieski en el XVII pudieron frenar las pretensiones invasoras de una corriente peligrosísima que se enseñoreaba desde Asia Central al norte de África y los Balcanes. Vade retro! No estamos diciendo que haya que volver a un pasado romántico, pero Turquía siempre va a ser un problema, y no sólo para Europa. La actual nación turca es un engendro artificial resultado de la dominación de un pueblo eurasiático sobre una masa de esclavos de distintos puntos del Mediterráneo y el Cáucaso. El estado laicista de Ataturk, que llegó a cambiar el alfabeto, apenas ha mantenido el islam como foco de cohesión. La solución desde luego no es fácil, pero hay varias naciones europeas y asiáticas que están reclamando los robos de los turcos, y tarde o temprano será algo que estallará.Y es que no todas las “vías” o “tradiciones” conectan. Por eso en Europa (que como idea no deja de ser algo moderno), siempre habrá diversos bloques, y de hecho no deja de ser saludable que así sea. Nosotros, como españoles, siempre nos sentiremos atraídos a un “bloque latino”, pero podremos colapsar con los intereses de Francia, como tantas veces nos ocurrió en el pasado. Y este ejemplo podrá valer para muchos pueblos.Asimismo, reiteramos: Por supuesto que debe haber “políticas europeas” y que España debe tener su sitio en Europa, donde nunca dejará de tener raíces y conexiones; pero no podremos entrar mucho si antes no resolvemos nuestros Dogmas Nacionales, que empiezan en su Europa, pero que abarcan de por sí toda una geopolítica.

    Conclusiones
    Decíamos al principio que la corriente metapolítica (o “política integral”) liderada por Alexander Duguin recibe tanto adhesiones como odios; el caso es que a nadie le deja indiferente. Se podrá pensar que somos críticos, y de hecho lo somos; pero lo somos porque nos parece un fenómeno lo suficiente fuerte e importante como para querer trabajar sobre él.Si bien sobrevolamos por aspectos que pueden ser problemáticos, no dejamos de reconocer los muchos méritos que tiene el movimiento eurasiático. Su militancia antiabortista y antihomosexualista es muy clara, y esto no es moco de pavo. Asimismo, el movimiento eurasiático ha conseguido que muchos jóvenes que andaban en cosas raras se hayan acercado al cristianismo. Y estas cosas son muy de valorar, dada la desorientación existente en temas importantes como estos.Otrosí, no entendemos los odios encendidos de algunos sectores que se niegan a salir de la marginalidad, o lo que es peor: La automarginalidad. Ni Duguin ni nadie es perfecto, pero reconocemos los logros: Que en relativo poco tiempo, se hayan convertido en una referencia mundial; que hayan pujado en el mundo universitario y cultural (teniendo asociaciones de estudiantes y artistas, cosa que parece imposible en España a no ser que se sea progre…); que tengan influencia hasta en los ámbitos militares… Algo están haciendo bien, sin duda. Y esto parece despertar la envidia y el recelo de quien no quiere aceptar la dificultad de la práctica y vivir toda su vida en el romanticismo infantiloide de unas teorías que reputan como infalibles pero que jamás se molestan en poner en práctica. En cambio, a día de hoy en Nueva Rusia se está peleando a muerte contra el Nuevo Orden Mundial. Y aunque desde Occidente a veces podamos no entender determinadas simbologías u otros aspectos, desde luego es de admirar que todavía en el pueblo eslavo oriental haya quien es capaz de morir por defender su patria y sus ideas, cosa que no vemos que abunde mucho en Occidente. Y como dice Duguin, acaso en Nueva Rusia se está formando el tipo de sociedad resistente que será receptiva a sus ideas, hacia la construcción de un mundo más tradicional frente a una guerra en verdad impuesta por Estados Unidos en una de las encrucijadas del Viejo Continente.Y bueno, para terminar: Con la humildad que viene demostrando Alexander Duguin al querer construir la Cuarta Teoría Política, no pretendemos con estos escritos establecer algo definitivo ni taxativo, válganos Dios. Simplemente nos gustaría aportarle algunos apuntes hispánicos, tanto a él como a la gente de su escuela. Porque nos interesa que cada vez haya más lazos entre las Españas y las Rusias; porque como españoles hemos estado muy acomplejados artificialmente al compararnos con nuestros vecinos y nunca nos hemos comparado con el mundo eslavo-oriental; un mundo rico y complejo, fronterizo, espiritual, que estaba ahí llamándonos; pero que por desgracia vimos como “Terra Incognita”. Y es que como decía el mentado Walter Schubart, “entre rusos y españoles no existen tan sólo semejanzas sorprendentes en la periferia de la vida, sino coincidencias en el centro del alma […] Misión de ambos es pregonar la realidad de Dios en el mundo de lo inconsistente. Por esto hubieron de hacer penitencia ante todos los pueblos de la tierra, mediante una múltiple miseria. Cuando quede cancelada la culpa, se levantarán en el nuevo eón a una nueva grandeza y renovarán la fe en la primacía del espíritu sobre el poder, en la primacía del alma sobre la cosa”.
    Seguiremos atentos a lo que viene de Rusia, y ojalá si desde Rusia se lee más sobre España, lleguemos a esa interconexión que tanta falta nos hace a los puntales de un mundo que, aun siendo viejo, tiene siempre algo nuevo que ofrecer.

    Notas:
    (1) Véase: A la España negra | The Fourth Political Theory
    (2) “El misterio hispano-ruso”, extenso artículo escrito por un servidor: El misterio hispano-ruso.
    (3) Salvo algunas contaminaciones importantes, especialmente venidas de Francia y muy acertadamente señaladas y denunciadas por el profesor Manuel Fernández Espinosa:Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (I)Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (II)Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (III)Asimismo, sígase:Elucidación de la “tradición” (I)Elucidación de la “tradición” (II)Elucidación de la “tradición” (III)Elucidación de la “tradición” (IV)Elucidación de la tradición (V)
    (4) Sobre la presencia rusa en el carlismo:Voluntarios Rusos Blancos Requetés)Premín de Iruña: Los requetés rusosPremín de Iruña: Los sanfermines de 1939, primeros tras la …Premín de Iruña: Ignacio Baleztena padre en plena guerra …Сruz conmemorativa
    (5) Véase: Raigambre: de godos y bizantinos…
    (6) Sobre el filósofo Juan Bautista Fuentes: Juan Bautista Fuentes dice ahora: sobre España «en lo …
    (7) Véase: Ex espía de la Unión Soviética – ACI Prensa
    (8) La opinión de Marx sobre Bolívar:El desprecio de Marx por Bolívar – Libertad DigitalBolpress:: ¿Por qué Marx repudió a Bolívar?Sobre Marx y su ojeriza contra Simón BolívarII
    (9) Véase: Raigambre: a favor de Siria“Para entender la República Árabe de Siria”. – Revista La…
    (10) Véase: Dimensiones geopolíticas del Hispanismo – Revista La…
    (11) Enlace del debate: HSMRL – Mesa Redonda Hispanidad 11-04-2015
    (12) Comentarios al libro de Walter Schubart:Antonio Moreno Ruiz: Mis lecturas: “Europa y el…”Raigambre: rusos y españoles: el “Eón joánico…”
    (13) Como “mozárabes” se conocían a los cristianos hispanogodos que vivían en territorio sometido por el islam. Los musulmanes les llamaron “mustaarab”, esto es, “arabizados”. Las pujantes comunidades del sur, la Meseta y el Levante mantuvieron la religión cristiana y el idioma, sólo que la evolución fue un poco diferente por mor de la inclusión de vocablos árabes y bereberes dentro de la gramática latina. Es lo que se conoce como romance mozárabe, con el que se encontró la lengua castellana en la Reconquista, quedando influjo en Valencia y muy probablemente en Andalucía.Ellos eran los auténticos conocedores de los sabios griegos, a quienes traducían antes y durante la presencia islámica en España. Y es que no en vano hubo presencia bizantina durante dos siglos en territorio hispano.Asimismo, el arte mozárabe se extendió de sur a norte, especialmente por la repoblación que gentes del centro y el sur de la Península hicieron en el noroeste; manteniendo el arco de herradura como elemento arquitectónico típicamente hispánico; además de la liturgia hispano-visigótica y el auge de los monasterios y las escuelas.
    (14) Véase la página de la Hermandad Gothia, asociación que se ocupa por mantener la milenaria liturgia hispano-visigótica o mozárabe, que pervive en España aun con diversas reformas:
    Hermandad Hispano Mozárabe “Gothia” | MozarabiaIII
    (15)Sobre Solzhenitsyn en España, véase:Solyenitsin en España en 1976 – Hispanidad FuturaAntonio Moreno Ruiz: de Benet y Solzhenitsyn.Fuente: Raigambre II III

    https://4tpes.wordpress.com/2015/07/...xander-duguin/
    Última edición por ReynoDeGranada; 31/10/2015 a las 15:42
    raolbo dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Rusia y España

    SOBRE LA TERCERA ROMA








    Continuidad clásica en el mundo Hispano-Ruso:nuevas consideraciones sobre la Tercera Roma


    El célebre eslavófilo Khomiakov dejó escrita hace más de cien años la siguiente frase:
    «En nuestra opinión, hablar del Imperio Bizantino con desdén significa reconocer la propia ignorancia.»[1]


    Aunque nos parezca un tanto exagerada, si pensamos en Rusia y en España, creemos que la afirmación guarda cierta realidad. Con los años hemos profundizado en nuestros estudios de Bizancio, [2] pero sobre todo en los de la Antigüedad Tardía. Esto nos ha ayudado a constatar que no se hallan en exceso desencaminados quienes sostienen que en esa época se fraguó el legado dejado por Roma en Occidente, principalmente en España; y, principalmente en Oriente, lo que luego iba a convertirse en el glorioso Imperio Bizantino, continuador de Roma y de cuya influencia no estamos exentos ni rusos ni españoles. [3] Y que el sustrato de la Antigüedad Tardía sería decisivo, en siglos posteriores, para la germinación de la semilla de Roma en las Españas y las Rusias. En efecto, no pueden entenderse bien las primeras fases de Rusia ni las de España sin acudir a los textos griegos y latinos.[4]


    Por consiguiente, a lo largo de este trabajo, pondremos en relación algunos rasgos de parentesco y tradición que unen Rusia y España con la continuidad de la cultura grecorromana hasta nuestros días, e intentaremos mostrar el grado de vigencia sociopolítica y de continuidad del viejo poder romano.


    1. El origen de Rusia y España: Vladímir y San Hermenegildo, Kiev y Toledo


    Si nos alejamos de interpretaciones ideológicas interesadas muy del gusto de los poderes fácticos «atlantistas», lo cierto es que Rusia, entendida como unidad sociopolítica y cultural del pueblo eslavo [5] del Rus o Ros [6] de Kiev (ellos mismos y otros pueblos de la época se refieren a éste como los rusos),[7] nace bajo Vladímir I el Grande (958-1015). Siendo deudora de Bizancio desde el primer momento, durante los primeros siglos permanece como unidad diferente de la unidad política bizantina, pero en una misma órbita cultural.[8]


    En ello entendemos esencial la conversión del pueblo ruso al Cristianismo, iniciada con Vladímir (988-989) y que culmina en menos de un siglo, mientras que por ejemplo la de los pueblos escandinavos tardó mucho más. [9] Además, Vladímir se casó con la princesa Ana de Bizancio.[10] En cualquier caso, ya antes de Vladímir había contacto continuado, hasta el punto de que encontramos tropas rusas sirviendo como auxiliares dentro del ejército bizantino; [11] y nos encontramos con su abuela, la princesa Olga, bautizándose el año 957 en Constantinopla con el nombre de Elena y trabajando incansablemente por la conversión de su pueblo.[12] En medio de experiencia mística, años antes de la decisión de su nieto Vladímir, [13] expresa lo siguiente:


    «Hágase la voluntad divina; que Dios perdone a mi pueblo y a la tierra rusa y que la gracia les haga volverse hacia Dios como lo ha hecho conmigo.»[14]


    Mucho después, tras la caída de Zarigrado o Constantinopla en 1453,[15] Rusia recogerá el legado tardoantiguo de Bizancio y querrá mostrarse, por múltiples factores de lógica y sencilla comprensión, como heredera legítima de Bizancio. [16] En aquel momento se forjó la noción de Rusia como Tercera Roma.[17]


    De nuevo, por lo que respecta a España, si alejamos interpretaciones históricas pasadas por el tamiz de ideologías de uno u otro signo, España se consagra oficialmente como una realidad en el 589, [18] puesto que desde ese momento, en el III Concilio de Toledo (muertos ya San Hermenegildo y Leovigildo), existe de forma oficial el reconocimiento de una unidad sociopolítica, religiosa y cultural de un conjunto de realidades que reciben el nombre de las Españas o España, bajo el Reino de Toledo,[19]por primera vez de manera independiente. La legitimidad de su independencia le es concedida por Roma, pues España (Hispania si traducimos al latín clásico o Spania en el tardío) formaba parte del Imperio Romano Occidental, a partir de la división definitiva operada tras la muerte de Teodosio en sus dos herederos.

    2. La caída del Imperio de Occidente y su legado: el Imperio Oriental y el Reino de Toledo


    Como antes señalábamos, puede evocarse sin dificultad la continuidad del Imperio Romano en Rusia. Más aún, si vamos al dato oficial, legítimo y legal, el Senado de Roma (al margen de otras interpretaciones a posteriori), envió el año 476 una delegación al emperador oriental, Zenón, para entregarle las insignias imperiales, las cuales simbolizaban exactamente la legitimidad en quien se deposita el poder romano. [20] Se trata de la culminación de un proceso que había comenzado tiempo atrás, bajo el español Teodosio, Emperador de Oriente, pues ya en la división del Imperio entre dos emperadores (bajo Diocleciano) el poder principal lo ostentaba el de Oriente, aunque estuviera posteriormente en Occidente el primado religioso de la Cristiandad.


    Por su parte, la conciencia romana de los bizantinos, sabedores de estas realidades, se manifiesta en que, incluso cuando abandonan el latín como lengua de la administración y el griego se vuelve lengua franca, todavía continúan refiriéndose a sí mismos como los Romanos (hoi Romaioi, en griego);[21] e incluso con cierta frecuencia se referirán, desde Occidente, al Imperio Oriental como Romania [22] y a su emperador como Emperador de los Romanos. Así encontramos, en un tratado de 1220 del Emperador Teodoro con Venecia, reconocidos los títulos del emperador de Bizancio:


    «Teodoro, fiel en Cristo Dios, Emperador y árbitro de los Romanos y siempre Augusto, Comneno Láscaro»[23]


    Es más, «bizantino» es nombre usado sólo para referirse a los de la capital, pues el resto de habitantes del Imperio Oriental seguirán llamándose «romanos» hasta la caída de Bizancio el 1453; y el Imperio Bizantino siguió llamándose Imperio Romano.[24] Incluso a día de hoy las gentes de esas regiones que –al no haber ido a la escuela– se mantienen al margen de oficialismos, se refieren a sí mismos como romanos, en el sentido de su identidad cultural, de manera que todavía prevalece en ellos una consciencia de que son «romanos».[25] Y el funcionamiento del Zemsky Sobor, si, en su esencia y relaciones con el Zar y carácter auténticamente representativo de aspiraciones populares, se compara con el viejo Senado de Constantinopla, muestra ser una clara evolución de este último.


    En Occidente, con la caída del Imperio Occidental el 476, las Españas van a continuar su andadura como entidad independiente, pero los hechos habían afianzado al Reino de Toledo en su conciencia de continuidad con Roma, [26] de manera que existe una serie de luchas intestinas entre los continuadores de Roma y los enemigos de esta continuidad. Adquiere entonces importancia la noción de imitatio Imperii, [27] se establecen relaciones importantes con Bizancio y se asienta toda una estética regia emparentada con la de Bizancio.[28] Especialmente relevante es la relación de figuras como San Isidoro o San Hermenegildo con Bizancio, [29] pues profesan la misma religión; y San Hermenegildo prefirió ser decapitado antes que recibir la comunión de un obispo de la herejía arriana. La conciliación se alcanza, como hemos recordado ya, en el 589, con el triunfo de la ortodoxia, frente a los arrianos, con la consiguiente unidad religiosa, en la que persiste el sustrato romano incluso en el aún vigente estatuto de «ciudadanía romana».


    Algunas décadas antes, ya en los tiempos en que el reino visigodo tenía su capital en Tolosa, había tenido lugar un conflicto permanente entre diversos intereses romanos y antirromanos en el seno de la sociedad visigoda. En aquel entonces, Roma y Gotia habían firmado el primer tratado federativo (414) de apoyo militar a Roma y lealtad al Emperador, el cual otorga poderes sobre las Españas al rey Ataúlfo, el primer rey visigodo (410-416) que, si en un principio, como Vladímir, se muestra hostil a lo romano, a la postre adquiere estética y estilo romanos. [30] Y es también el primer rey visigodo en entrar en la Península Ibérica, el año 415,[31] con afán declarado de convertir las fuerzas visigodas en espada de Roma.[32]


    En el 475, en virtud de otro tratado, Roma reconoce la independencia de Hispania bajo el reino visigodo. Bajo Eurico,[33] el primero que puede llamarse «rey de las Españas» en sentido estricto[34] se produce la primera compilación legal: el Codex Euricianus, [35]en cuya redacción colaboran los juristas romanos; y se establece una administración en la que participa ya los hispanorromanos, aunque la unificación de ambos pueblos no sea efectiva hasta más de un siglo después. Con todo, el Reino Visigodo mostrará la continuidad con Roma hasta la invasión mahometana.[36]
    3. Reconquistas española y rusa


    La evolución del reino hispánico de Toledo se ve truncada por la invasión mahometana, que acaba con el reino de Rodrigo, por causas bien estudiadas en su día por Don Marcelino Menéndez Pelayo. [37] Ello nos llevó no de un mundo oscuro a siete siglos de esplendor y cultura (como muchos tratan ahora de reivindicar), sino de la continuidad romana de la monarquía visigótica a siete siglos de permanente conflicto, como ha sido demostrado por cualificados arabistas.[38]


    En efecto, aporte verdaderamente demostrable e importante de la nueva realidad peninsular del 711 a 1492 son siete magníficos siglos de guerra, puesto que otras contribuciones tópicamente atribuidas a la dominación mahometana –si aceptamos a los invasores como transmisores (no creadores) de ciencia y de cultura–[39] nos habrían podido llegar a través de Bizancio, esplendorosa civilización que, si lo decimos moderadamente, se vio abatida por el ataque de una potencia militar cuyas excusas de invasión y guerra no se sustentan precisamente en legitimidad demostrable alguna, ni menos aún en criterios racionales de progreso o altruismo.


    Así, España se ve reducida al Reino de Asturias y, andando el tiempo, la continuidad de Roma se ve monopolizada por el Sacro Imperio o Imperio Carolingio,[40] que aunaba un conjunto de territorios mucho menos romanizados y cristianizados que España, pero con mayores opciones de defensa y mayores capacidades efectivas. La voluntad de continuidad con Roma del Sacro Imperio se manifiesta en muchos ejemplos, como el uso del águila o el título de «Kaiser» (de Caesar). Otra cuestión enteramente diferente y que excede las pretensiones de este trabajo sería dilucidar si la continuidad es efectiva o, por el contrario, es más efectiva, a la postre, en Bizancio y en Rusia (o en España).[41] En cuyo caso, lógicamente, la denominación «romano» del Sacro Imperio sería más nominal que efectiva.


    A pesar de todo, tras muchos intentos, Constantinopla acabará cayendo en manos de los perseverantes mahometanos. Y Rusia, al igual que España, aunque un poco más tarde que ésta, también tiene que enfrentarse con diversas invasiones no sólo para protegerse a sí mismos, sino ejerciendo a la vez de muro protector del continente. En efecto, será el reino de Moscovia [42] el que acabará convirtiéndose en cabeza de los demás reinos y orquestará la reconquista de todas las Rusias, con el Zar (de Caesar)[43] a la cabeza y el águila romana como emblema. Y la prueba de que la continuidad no se limita a puras apariencias está en que la cultura rusa es incomprensible sin la romana imperial, es decir, sin la bizantina y griega tardía,[44] aparte de otros hechos que mostraremos enseguida. Además, la conquista de Siberia demuestra ser, a todos los efectos, la continuación de esa reconquista y recuperación, ya culminada, de todos los territorios que le habían sido arrebatados.


    En el caso de España, la Reconquista de los reinos de las Españas culmina con los Reyes Católicos, que ponen fin así a la amenaza mahometana en el estrecho de Gibraltar; y esa misma idea civilizadora y no colonizadora de reconquista es la que mueve, como un eco, las conquistas en el resto del mundo, como es el caso de América, percibida como una continuidad, [45] labor semejante y hasta cierto punto equiparable a la de Rusia en Siberia. Tales motivaciones no pueden ser comprendidas por todo el mundo; a veces incluso por parte de españoles actuales, por infundado complejo o por haberse visto influidos por pensamiento extranjerizante puede hacer vivir descontextualizado; o bien por lo que nos enseña el refranero castellano: «cree el ladrón que todos son de su condición».


    Fuente Guillermo Pérez Galicia
    revistaeslavia Doctor en Filología Clásica


    Leer+SOBRE LA TERCERA ROMA



    CÍRCULO VIRIATO: SOBRE LA TERCERA ROMA
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Rusia y España

    DE MOSCOVIA LAS MURALLAS




    DE MOSCOVIA LAS MURALLAS

    Meditación española acerca de Rusia


    A finales de 2013 o inicios de 2014, D. Sergio Fernández Riquelme preparaba la edición de su libro "El nuevo imperio ruso. Historia y Civilización" y fue entonces cuando me invitó gentilmente a que prologara su obra que constituye un óptimo estudio de la realidad rusa como pocos se han hecho en nuestros días. Fue para mí un honor que contara conmigo para el prólogo, pero cuando se me pide escribir o hablar de Rusia me faltan páginas por la admiración y el amor que le profeso a la gran nación rusa. Así que salió esto que excede el prólogo y no llega al ensayo. Pasado un tiempo prudencial, durante el cual deseo que la obra del profesor Fernández Riquelme haya tenido la proyección que merece, publico esta
    "Meditación española acerca de Rusia"
    en RAIGAMBRE, con muy pocas correcciones y alteraciones del texto original.


    Manuel Fernández Espinosa


    El título que encabeza esta meditación española acerca de Rusia es un verso perteneciente a una obra dramática de D. Antonio Mira de Amescua (1577-1644) intitulada “El esclavo del demonio”. La obra del dramaturgo guadijeño es una versión autóctona de la leyenda portuguesa de Gil de Santarén que, cual Fausto ibérico, comete la temeridad de firmar un pacto con el diablo; tal y como los que hoy firman un papel en el banco. En “El esclavo del demonio” el diablo (a diferencia del de Goethe) no se llama “Mefistófeles”, sino que se nombra “Angelio” y es en el acto tercero de la susodicha, cuando Angelio trata de divertir la melancolía de su “esclavo”, que el demonio le pinta la “ciudad terrenal” ofreciéndosela, ya que no está en su mano brindarle la “ciudad celestial”. Para encarecer las excelencias terrícolas de cuyo señorío se jacta Angelio ser el titular, recurre el diablo a yuxtaponer las más admirables y pintorescas particularidades (pompas mundanas) de muchas celebradas urbes: París, Zaragoza, Florencia, Madrid, Granada… Y del elenco de vistosas y amenas ciudades se acuerda el diablo de Moscovia. Angelio pone la nota de Moscovia en sus murallas: “…de Moscovia las murallas”. Podemos presumir que un español de la primera mitad del siglo XVII poco más sabría de la remota Moscovia que la monumentalidad de sus murallas.

    Alexis II, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, muchos años después recordaría que, en su visita a España del año 1966, tuvo la ocasión de estar en San Lorenzo de El Escorial; en su visitación le llamaría poderosamente la atención un mapa del siglo XVI. Lo peculiar de este mapa es que el cartógrafo que lo hizo había rotulado sobre la superficie que correspondía a Rusia una frase: “Terra incognita”. Podemos decir que, para la mayoría de españoles, eso era Rusia y, por desgracia, podemos decir que, pese a las ventajas que hoy pudieran alegarse en lo concerniente a facilidad informativa y comunicación, Rusia sigue siendo, para nosotros, “tierra incógnita” todavía a día de hoy.

    Sin embargo, nunca faltaron los tanteos y aproches de España a Rusia a lo largo de la historia. Felipe II envió a Pedro Fajardo con la misión de establecer una alianza con la Rusia de Iván IV el Terrible, mas Pedro Fajardo no pasó de Praga y aquella intención quedó para empedrar el infierno. Por aquel tiempo, cuando Felipe II acariciaba una alianza con Rusia para hacer frente a Turquía, Iván el Terrible (digamos en descargo del monarca ruso que éste ignoraba las benevolentes intenciones de Felipe II) ponderaba los pros y contras de un pacto con los turcos, de tal manera que aquellas negociaciones llegaron al conocimiento de nuestro Duque de Alba y éste, ante flirteos tan peligrosos, ordenó a los fabricantes alemanes que no comerciaran con Rusia. Muchas más son las noticias, siquiera aisladas, de viajeros españoles a Rusia en los siglos XVI y XVII: valga el ejemplo del aventurero jaenero Pedro Ordóñez de Ceballos (1550-1634) que, en sus expediciones mercantiles, menciona haber puesto el pie en Moscovia; pero este aventurero nos deja con la miel en los labios, puesto que en su libro de memorias y viajes (“Viaje del mundo”) no da mayor cuenta de su visita a Rusia que dejar constancia de su paso por ella. Para lo que nos concierne, más celebridad alcanzaría en su época el libro de un viajero aragonés: Pedro Cubero Sebastián (1645-1696). Éste sí registrará sus impresiones sobre Rusia en la expedición que emprendió en 1670 y que se dilató durante nueve años. Las noticias españolas sobre Rusia escasean, pero viajeros españoles no faltarán que puedan dar noticia de Rusia, de tal modo que los españoles de los siglos de oro podían barruntar que existía un vastísimo territorio al otro extremo de Europa: una enorme nación (que es cristiana, sin ser católica; que es europea, sin ser europea).

    De Moscovia las murallas

    ¿Qué idea tenían los españoles de nuestros siglos áureos de la enigmática Rusia?

    Los libros que venían de otros países de Europa y, sobre todo, las relaciones que debemos a los jesuitas fueron una fuente constante de noticias de Rusia. Algunos jesuitas, al igual que en China y en Japón, habían estado en Rusia, involucrándose en algunos de episodios cruciales de la historia rusa. Lo dejaron por escrito y fueron traducidos al español: tal es el caso, por ejemplo, de la “Historia pontifical y católica. Compuesta y ordenada por el D. Luis de Bauia, Capellán del Rey nuestro Señor, en su Real Capilla de Granada” del año 1606. Esta parece haber sido la fuente a la que acudieron tanto Enrique Suárez de Mendoza y Figueroa como Lope de Vega: Suárez de Mendoza para componer su novela “Eustorgio y Clorilene. Historia moscovica” (del año 1629) y Lope de Vega para su obra dramática “El Gran Duque de Moscovia y emperador perseguido”. Tanto la novela referida de Suárez de Mendoza, conceptuada como emulación del “Persiles y Sigismunda” de Cervantes, como el drama de Lope de Vega tienen a Moscovia como escenario de sus respectivas tramas; pero ambas acusan ciertas imprecisiones históricas que llegan al disparate: esto proporciona una ligera idea de que Rusia invitaba por su exotismo a fantasear literariamente, sin mayor preocupación por los dislates históricos que pudiera cometer el autor literario.


    Francisco de Quevedo, uno de los españoles mejor informados de su época, abordará la situación política de Rusia en el discurso XXVI de “La hora de todos y la fortuna con seso”. Quevedo presentará al Gran Duque de Moscovia en ese discurso, agobiado por las deudas que causan las invasiones tártaras y las fricciones con Turquía. Quevedo adjudica al Gran Duque de Moscovia una favorable opinión, algo excepcional, dado que Quevedo juzgaba a la mayoría de gobernantes europeos de modo muy severo. Peor será la opinión que sobre los rusos pareció tener Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), al menos así lo parece según podemos leer en su “Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas” (1640). Cuando este diplomático español tan avezado y con tanta mundología pasa revista a los caracteres de los pueblos europeos mete en el mismo saco a moscovitas y a tártaros y dice de ellos que: “Los moscovitas y tártaros, nacidos para servir, acometen en la guerra con celeridad y huyen con confusión” (la negrita es nuestra).

    “Nacidos para servir” dice Saavedra Fajardo. Es ésta una de las impresiones que más se repiten en aquellos escasos pasajes de la literatura española de los siglos XVI y XVII que abordan la realidad rusa de su época. Y se repetirá parecida percepción hasta bien entrado el siglo XVIII. Es una idea que arraiga entre los españoles la del pueblo ruso como pueblo servil: pareciera que a los españoles les resulta extraño y hasta inadmisible los extremos de servidumbre que se constatan en Rusia por parte de los viajeros españoles y europeos. La alta estima de la libertad que existe entre los españoles se espanta ante un sojuzgamiento tan abyecto como el que se cuenta que existe en Rusia. Los españoles entienden tan antinatural como envilecedor ese resignado sometimiento y tal condición servil es muy fácil de achacar desde fuera a cobardía (así parece interpretarlo Saavedra Fajardo y otros). Para entender esta estimativa española tendríamos que tener muy presente que España se forjó sobre la base de unas libertades adquiridas en reconquista beligerante del territorio peninsular (como bien lo mostró D. Claudio Sánchez-Albornoz). La realidad de las gentes que conformaban los reinos cristianos peninsulares y, posteriormente, su natural y sobrenatural eclosión en la España de los Siglos de Oro no corresponden a esa deplorable caricatura que un progresismo ignorante y extranjerizante ha pergeñado. Los indeseables detractores de España (extranjeros de la Leyenda Negra y sus secuaces hispanoides) han podido pervertir la historia, presentando una España tradicional, inculta, huérfana de libertades, oscurantista, clerical y siniestramente inquisitorial, pero ha sido a costa de omitir que el ideal que siempre animó a los españoles y que prevaleció en los siglos dorados fue la libertad que, en teología era “libre albedrío” y que, en política se expresaba bajo el lema: “Del rey abajo, ninguno”; con esta ley aceptada por todos se consagraba la igualdad de todos los regnícolas y, en virtud de su condición de cristianos viejos, nadie se tenía por menos que nadie. En el caso de que cualquiera osara conculcar este principio fundado en un espíritu cristiano y social, siempre quedaba al español el recurso a la rebelión: el “¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!” y, cuando después del tumulto, venían a depurarse las responsabilidades de los levantiscos, siempre había un: “Fuenteovejuna, ¡todos a una!”.

    Con mucha seguridad podemos decir que para el español la consideración de cualquier sumisión política más allá de lo natural era una oprobiosa tiranía y, contra la tiranía (como bien postulaba el jesuita Mariana), siempre cabía el recurso del “tiranicidio”. Que en Rusia existiera una situación de general sujeción era un escándalo para el español que, en aquel tiempo, no podía explicárselo si no era por presumirle cobardía al pueblo que de esa guisa se dejaba tratar. Baltasar Gracián, al igual que Saavedra Fajardo, también atribuye a falta de coraje nacional que los rusos inclinaran su cerviz a un poder despótico; en las exiguas noticias que de Rusia pudiera tener Baltasar Gracián (no estaría ayuno de ellas, dado que era miembro de la Compañía de Jesús) la sumisión del pueblo ruso no puede atribuirse a otra razón y así, cuando (en una de sus donosas alegorías de “El Criticón”) el autor aragonés reparte las suertes que le correspondió figurativamente a cada una de las naciones humanas en cuanto al coraje, concederá lo más valioso de la valentía (representado en el “corazón”) a los japoneses (los cuales son para Gracián los “españoles del Asia”)... ¿Y a los rusos? A los rusos les adjudica el “pulmón” de la valentía que –bien descifrado- es como decir que el valor de los rusos es como aire y, en el mejor de los casos, como viento. Gracián también reputará a Moscovia como “ceñuda”, un rasgo que no pasa de una generalización fisiognómica insignificante.

    Es más que probable que las noticias llegadas de la remotísima Rusia a España vinieran por conductos de la Compañía de Jesús, como he dicho más arriba: la obra más arriba mencionada de la “Historia pontifical y católica” era una traducción cuya fuente era un texto italiano de un jesuita. Sería será muy celebrado el “Viaje de Moscovia” del jesuita Antonio Possevino (1533-1611), diplomático eclesiástico que había tenido la experiencia de dilatadas estancias en Rusia en misiones pontificias.



    El lector coincidirá conmigo en que estos juicios (y prejuicios) de nuestros antepasados españoles sobre Rusia (y sobre los rusos) son tan categóricos como superficiales. A la luz de la historia, el pueblo ruso ha demostrado (contra Napoleón y contra Hitler) ser uno de los pueblos más heroicos que existen sobre la faz de la tierra; empero si discrepamos de la interpretación que dan de la causa de esa “sumisión” perpetuada del pueblo ruso, lo que no podemos es soslayar que, cuantos viajeros extranjeros visitaron Rusia coincidieron en denunciar que los rusos soportaban más de lo que cualquier occidental estaba dispuesto a admitir en cuanto a sometimiento; de lo que se colige que el ruso ha sido con mucha probabilidad uno de los pueblos más sufridos y más maltratados por su casta dirigente. Pero, es justo admitir que la razón de ese hecho no tiene que ser forzosamente la de faltarles el coraje a los rusos.

    Haber acopiado aquí algunas de las pocas y dispersas noticias que de Rusia se registran en la literatura española del siglo de oro español tenía para nosotros una intención didáctica, cual era la de mostrar precisamente que Rusia ha sido para los españoles “tierra incógnita”, como indicaba el mapa aquel que viera Alexis II en El Escorial. Sin embargo, a finales del siglo XVII, reinando en España su católica majestad Carlos II “El Hechizado”, un español va a realizar la ímproba y meritoria labor de escribir una ambiciosa Historia de Rusia, y para ello empleará un ingente material, amén de las impresiones y noticias que, del modo más metódico, ha recogido sobre Rusia. Ese español que, como tantos españoles de mérito está por descubrir, fue D. Manuel Villegas Piñateli, Secretario del Rey y académico de la RAE. Manuel Villegas Piñateli en el año 1736 publicaría en dos tomos su voluminosa “Historia de Moscovia y vida de sus Czares, con una descripción de todo el imperio, su gobierno, religión, costumbres y genio de sus naturales”.

    Y resulta que a principios del siglo XVIII todavía llama la atención a Villegas Piñateli esa férrea servidumbre de que es víctima el pueblo ruso. Así nos lo dice Villegas Piñateli, en pocas líneas:

    “…los Moscovitas padecen gran falta en su crianza y costumbres. Su misma barbaridad y la sujeción con que viven (tanto la plebe, respecto de los nobles y señores, como estos respecto del Czar, de quien creen saber solo decidir en todo, lo que se ofrece), [esa creencia] es causa, de que no lleguen a descubrir lo pesado de su yugo, ni la violencia, con que son dominados; habiendo fabricado de la misma ignorancia el principio elemental de su política, y soberanía” (“Historia de Moscovia y vida de sus Czares…”, cap. VIII).

    Si en los siglos anteriores la servidumbre en que yacía la población rusa era atribuída por nuestros españoles a una presumible falta de valentía para desuncirse del yugo servil, algo que en sus entendederas bien podría hacerse alzándose contra un régimen inhumano, la interpretación que se abre paso con Villegas Piñateli es de otra índole. Menos simple y superficial, mucho más perspicaz, Villegas Piñateli considera que la razón que explica ese sojuzgamiento tan extraño consiste en una casi supersticiosa creencia que ubica al Zar en la cúspide de una pirámide vasallática; en último término, la persona del Zar se inviste de una infalibilidad de naturaleza religiosa; y entonces ese extraño sometimiento encuentra otra explicación más plausible: la idiosincrasia religiosa del pueblo ruso. Y aquí sí, aquí Villegas Piñateli ha acertado, pues la peculiarísima religiosidad rusa es la clave de esa estrecha obediencia que, al ser de carácter religioso, facilita la resignación ante cualquier humillación: “fatalismo ruso” dijo Nietzsche. Para Villegas Piñateli es precisamente la creencia de los rusos el “principio elemental” de la política rusa y ese cristianismo ruso será el que hace de Rusia un país extraño, a la vez que bárbaro y ajeno a Europa.

    ¿Pero qué es Europa? Europa es el despliegue de una idea subversiva que aprovechó un momento de crisis para ir progresivamente conquistando las almas. La funesta idea consistía en desplazar a Dios de la centralidad que le estaba reservada en la Edad Media y poner al Hombre en el lugar de Dios. Sus gérmenes pueden detectarse en el otoño de la Edad Media, pero el proyecto va gestándose a lo largo de la revolución cultural del Renacimiento (con el progresivo descrédito de la escolástica medieval y el alborear de la “nueva ciencia”; ciencia que tantas veces se confundía con la magia); el avance tenebroso de esa idea subversiva eclosionará en el mismo seno de la Iglesia (cuando se produce la revolución religiosa que desencadenó Martín Lutero y otros sedicentes “reformadores”). La Cristiandad resiste, pero el golpe ha sido asestado y es así como va imponiéndose el concepto de Europa, desplazando el antiguo concepto de Cristiandad hasta eliminarlo por completo. La idea antropocéntrica es prometeica en su desafío a la divinidad, pero también tiene mucho de Proteo en cuanto a su capacidad mutante: el tímido antropocentrismo renacentista irá recrudeciéndose con virulencia hasta convertirse en ateísmo patente y explicito (es lo que se llamaría “humanismo ateo”). Así las cosas, las elites políticas, económicas y culturales que están de consuno implicadas en la tarea de unificar económica y políticamente Europa han rechazado (en coherencia con esa tradición antropocéntrica, tan divergente del cristianismo) el elemento cristiano que la constituyó otrora y se apresta a levantar su Torre de Babel de espaldas a Dios. ¿Podrá esto aceptarse por los cristícolas? El laicismo rampante se encarga de acomplejar a los cristianos y apartarlos de la escena pública, para que no sean un elemento perturbador para el ambicioso plan de edificar una Europa con vestigios museísticos del cristianismo, sí; pero sin participación del cristianismo en ella.


    Culturalmente, lo que llamamos Europa ha prevalecido marcando su liderazgo político. En un momento era bajo la férula de una nación-estado, más tarde era bajo la égida de otra nación-estado distinta (así España, Francia, Inglaterra…). Algunos países europeos lo intentaron, pero por diversas razones no llegaron a culminar sus aspiraciones (le pasó a Alemania y a Italia, que llegaron a constituirse tardíamente como naciones en el siglo XIX). Otras naciones llegaron a su apogeo, lo perdieron y fueron capaces de recobrar el poderío internacional, aunque variando la duración de su hegemonía recuperada (así Francia en varios momentos espléndidos de su historia: la Francia del Rey Sol y más tarde la de Napoleón Bonaparte); otras construyeron con tenacidad su imperio, manteniéndolo e incrementándolo (como Inglaterra) y, por ende, otras (como Portugal y España) alcanzaron su pujanza y declinaron paulatinamente para no reconquistar nunca más el prestigio que tuvieron en sus siglos áureos. Las naciones-estado que componen Europa podían estar siempre a la gresca las unas contra las otras, pero compartían una cultura fundada sobre el común patrimonio de la Filosofía helénica, la Mitología grecorromana (perenne inspiración del arte), el Derecho Romano y el Cristianismo (aunque predominando la desviación protestante). Sin embargo, Rusia permanecía al margen de todo esto.

    Se piensa que fue Alejandro Dumas quien sentenció aquello de que “África empieza en los Pirineos”; aunque esté por confirmar que fuese el escritor francés el autor de esa frase despectiva para España, otro escritor francés (Remy de Gourmont) pudo describir a España como un país “tibetanizado”. Bajo los clichés que hacían de España un país “extra-europeo” latía algo más profundo que una extrañeza del “europeo” frente a una España atrasada y africanizada (esto es: “bárbara”). Y es que no eran nuestras peculiaridades históricas (ocho siglos de Reconquista) o nuestra idiosincrasia nacional lo que nos hacía extraños a la moderna Europa que, no lo echemos al olvido, arranca del Renacimiento y la Revolución Religiosa de los protestantes: lo que nos hacía extraños y exóticos para Europa era nuestra inveterada y firme resolución de permanecer católicos y defender con las armas ese catolicismo (a veces incluso defenderlo contra la misma Roma: pues siempre fuimos los españoles, como decía D. Álvaro d’Ors, “más papistas que el Papa”). España se había preservado de la herejía protestante, pero no había logrado exterminar los diversos focos protestantes que se propagaron por toda Europa y, pese a denodados esfuerzos, tampoco pudo corregirse la desviación del cisma anglicano. Sin embargo, España, gracias a nuestros católicos monarcas y a nuestros reformadores católicos (desde Cisneros a San Juan de Ávila) y a la Santa Inquisición (mucho más popular entre los españoles de la época de lo que piensan los necios) podía blasonar de haberse mantenido incólume a los miasmas protestantes. Sin embargo, esa misma integridad católica era la que nos distanciaba de una Europa que, mientras tanto, se había secularizado al calor del ponzoñoso aliento de la herejía y que, hasta en países que aparecían oficialmente católicos (como Francia) había llegado a tolerar a los heréticos. Todo el celo puesto por la España de Carlos I y Felipe II en mantener unida la Cristiandad, a costa del oro y de la plata de América, a costa de torrentes de sangre española vertidos por doquier, no había servido para aniquilar los gérmenes de la descomposición protestante en el resto de Europa. Y es la permanencia del protestantismo la que explica la supuesta extravagancia de España: en un mundo todo disfrazado de payaso, suele pasar por payaso el que viste con más elegancia.

    Hubo un tiempo en que el atraso se identificaba con el catolicismo: lo que no pudieron ganar las espadas y los arcabuces, lo ganaron las imprentas que, no por casualidad, estaban implantadas en los países protestantes (huelga decirlo: hostiles a la católica España). España siempre perdió la guerra de la propaganda y sus enemigos inundaron el mundo con la vomitona de sus panfletos, difundiendo la “Leyenda negra” antiespañola. Arrinconando a España a este lado de los Pirineos (y a sus territorios de ultramar), el protestantismo pudo marcar el guión de la “cultura europea” incluso hasta volver en contra de España a las naciones que España alumbró: las americanas. Fue así como el protestantismo diseñó un mundo con unas relaciones humanas muy distintas del estilo español: como elocuentemente mostraría el clásico estudio de Max Weber el protestantismo conformó el mundo moderno en lo económico, instaurando las bases éticas del capitalismo y el más papista que el Papa (o sea, el español) pasó a ser un extraño para el mundo moderno. A todo esto, Rusia seguía permaneciendo al margen.

    Kant, el apologeta de la Ilustración, podía escribir sobre el carácter español: “el español no aprende de los extranjeros, ni viaja para conocer otros pueblos […] está en las ciencias retrasado de siglos […] difícil a toda reforma, está orgulloso de no tener que trabajar, […] es de un espíritu romántico, como lo demuestran las corridas de toros, y cruel, como demuestra el antiguo “auto de fe”, y revela en su gusto, en parte, un origen extra-europeo”. Vemos que Alejandro Dumas y Gourmont no estaban solos en esto de discriminarnos a los españoles, poniéndonos al margen de Europa. ¿Y qué era lo que pensaba Kant de los rusos? La sentencia del ilustrado alemán es todavía más severa para los rusos: “Como Rusia todavía no es lo que se requiere para forjarse un concepto determinado de las disposiciones naturales que ya se aperciben a desarrollarse […] puede omitirse aquí razonablemente su diseño”. Kant renuncia de antemano a caracterizar a los rusos: los rusos “no son todavía” europeos, son extra-europeos, bárbaros para el espíritu ilustrado.

    Hasta el final de la II Guerra Mundial podemos decir que esa “comunidad de naciones-estado” europeas dominaba el mundo, relevándose una a la otra; y cada una de ellas con la creencia (no la “idea”, sino la “creencia” en estricta terminología orteguiana), la creencia -digo- de ser la cumbre de la civilización. De tal manera que los americanos (septentrionales, centroamericanos o sudamericanos), al fin y a la postre descendientes de los países del Viejo Continente, eran considerados también como “semi-bárbaros” (los hispanoamericanos más todavía, por razón de su procedencia ibérica) y, por supuesto, todo pueblo ajeno a los parámetros europeos no era más que un salvaje por civilizar o un bárbaro a medias civilizado: el etnocentrismo europeo estuvo vigente mientras duró el liderazgo de Europa, pero, con la devastación material y espiritual de Europa a resultas de la II Guerra Mundial, Estados Unidos de Norteamérica adquiere el predominio internacional y, a partir de ese momento, podemos decir que Europa se eclipsa y se preferirá hablar de “Occidente”. Rusia (desde 1917: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) había luchado contra Hitler (al igual que en el siglo XIX lo había hecho contra Napoleón Bonaparte), pero los rusos, habiendo asumido a su manera el marxismo, no podían aceptar la primacía de los Estados Unidos de Norteamérica, nación emergente desde 1898 con la derrota infligida a España en Cuba y que en 1945 se había alzado indiscutiblemente con la hegemonía global, puesto que resultó menos afectada por los estragos de la II Guerra Mundial. Los Estados Unidos de Norteamérica se convertían así en el portaestandarte de esa Europa fundada sobre los cimientos de la filosofía, el derecho romano y el cristianismo (aunque prevaleciendo la versión adulterada de éste: la protestante).

    Los rusos (ahora soviéticos) no iban a aceptar la hegemonía del capitalismo occidental, abanderado por los Estados Unidos de Norteamérica. La historia y la intrahistoria de Rusia (que, en definitiva, son las que configuran las creencias en que vive una nación, así como el genio de la misma) la ponían al margen del capitalismo, seguía siendo una nación bárbara, como esta otra nación del Finisterre europeo: España, el bastión de la reacción católica y monárquica contra la revolución protestante.

    A semejanza de España, la historia de Rusia (centurias antes de irrumpir el marxismo soviético) había estado marcada por una tensión entre unas élites que episódicamente (al contacto con Europa) intentaban (frecuentemente sirviéndose de las más draconianas leyes impositoras) la modernización de Rusia frente a un pueblo refractario a las novedades. En España hubo ilustrados, tantas veces rendidos admiradores de Europa (que aquí siempre fueron Francia o Inglaterra) y denostadores de lo propio, hasta tal punto que la elite culta se dividió en dos bandos enfrentados: los “novadores” que apostaban por la importación de lo “ilustrado” (léase: “moderno”) y los castizos (“ranciosos” que diría Cervantes) que se resistían a las innovaciones. En Rusia había ocurrido algo similar, ya desde antiguo. Y esta oposición, a veces cruenta, otras veces pasiva, rebrotaría siempre que los innovadores hicieran acto de presencia. Tempranamente, en el siglo XVII se haría patente este enfrentamiento.

    Reinando Alejo I de Rusia (1629-1676) el patriarca Nikon plantea el año 1654 una reforma litúrgica con la pretensión de aproximar la iglesia ortodoxa rusa a la iglesia ortodoxa griega. El amparo estatal a la reforma de Nikon impone ésta, pero no sin una resistencia que emerge de los fondos del pueblo ruso: el cisma de los “raskólniki” (los “cismáticos”, por otro nombre llamados “viejos creyentes”) que acaudilla Avvakum. Con anterioridad, en el año 1511 el monje ruso Filoteo había escrito al Zar Basilio III que, tras la caída de Bizancio (segunda Roma) y la anterior caída de la primera Roma (propiamente dicha), Rusia era la Tercera Roma. Esa creencia está profundamente arraigada en los ortodoxos rusos y se ha mostrado operante en muchas ocasiones cruciales de la historia de Rusia. Los “raskólniki” creían en la Tercera Roma y no querían trato con los ortodoxos griegos, por este motivo se mostraron insumisos a la reforma de Nikon y, por más que ésta viniera impuesta por la misma autoridad del monarca, se enfrentaron a la línea oficial por extranjerizante. El resultado fue el que era de esperar: persecución, masacres, destierros y marginación de los “raskólniki”. Como bien escribiera Nicolás Berdiaev, al hilo de este episodio histórico de Rusia: “A semejanza de la ciudad de Kitezh, el reino ortodoxo se vuelve invisible. Los disidentes huyen de las persecuciones y se esconden en la selva; los más fanáticos y exaltados se echan a las llamas”.
    Comunidad de "Viejos Creyentes"


    La evocación que hace Berdiaev de la “ciudad de Kitezh” merece una aclaración, puesto que se trata de una de las constantes más dignas de notar en el imaginario colectivo ruso. Según una antigua leyenda, la ciudad de Kitezh se sumergió bajo las aguas lacustres para no caer en las crueles manos de los invasores tártaros. Los “raskólniki” vieron en esta leyenda un símbolo del estado de latencia al que los condenaron las persecuciones del poder oficial. Evocar la “ciudad de Kitezh” era como decir que la Santa Rusia se ocultaba para no ser corrompida por el poder hostil que con sus reformas pretendía desfigurarla. El tema de la ciudad de Kitezh se convertiría en un perenne motivo para abrigar las esperanzas de una renacencia de Rusia incluso en las peores circunstancias. Siempre que Rusia se veía amenazada en su ser más profundo se ocultaba, como la ciudad de Kitezh, para preservarse de quienes pugnaban por corromperla: los eslavófilos (otra de las constantes rusas), los poetas simbolistas rusos, la resistencia silenciosa de millones de almas rusas oprimidas por el terrible marxismo… todos hallarían en la legendaria ciudad de Kitezh la imagen de su resistencia frente a las circunstancias más adversas y desfavorables. El gran compositor Nicolás Rimski-Korsakov inmortalizaría este mito ruso en su ópera “La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh y la doncella Fevróniya”, estrenada el año 1907.

    Rusia se ha caracterizado siempre por conservar celosamente su carácter. Si en el siglo XVII los “raskólniki” se alzaron frente a una reforma litúrgica que entendieron como una intromisión griega, con el siglo XVIII y la entrada en escena de los ilustrados, la resistencia rusa a occidente volvería a reeditarse; en el siglo XIX serían los eslavófilos frente a los liberales de cuño occidental y europeísta. Pero, prescindiendo de las particulares circunstancias de cada episodio de esta larga y constante resistencia a ser occidentalizados, ¿qué es lo que opera para que Rusia se resista una y otra vez a “occidentalizarse”?

    El occidental de hoy, remedando a Kant, atribuiría esta oposición a la modernidad al atraso de la mentalidad rusa, a la barbarie que se resiste a las novedades, a las décadas soviéticas si quiere. Pero, primero: ¿en qué consiste la civilización occidental actualmente? La civilización occidental (si “civilización” puede ser llamada) es el resultado de esa rebelión de la que más arriba tratábamos: el antropocentrismo cada vez más virulento que, habiendo emprendido su ruptura con Dios, ha venido a exaltar a la humanidad en Feuerbach, al “proletariado” en Marx, al “Único” de Max Stirner, al “superhombre” que columbraba frenéticamente Nietzsche, hasta devenir en el actualísimo (y no tan conocido como debiera) “transhumanismo” que en nuestros días viene a postular la supresión de la misma humanidad en lo que denomina “post-humanidad”: lógica tan inexorable como satánica cuando se rechaza a Dios.

    Hay que tener en cuenta que el cristianismo ruso adquiere características muy particulares que, reelaboradas y refinadas por el pensamiento ruso-ortodoxo (que también es la gran novela rusa), ha estado marcado, en palabras de Michele Federico Sciacca, por: “un super-misticismo de tendencia profética, escatológica y apocalíptica, que lleva a la desvaloración de todo lo que es obra de la razón y, en general, humano y temporal”. El “antropocentrismo” occidental siempre fue percibido con hostilidad por la piadosa y mística alma rusa. Ni siquiera el marxismo pudo calar en Rusia y su triunfo revolucionario en 1917 no hubiera podido ser posible sin la impostura del bolchevismo que, traicionando la doctrina marxista, improvisó sobre la marcha, embaucando al pueblo con el señuelo de un falso mesianismo y vertebrando toda una teocracia a la inversa: “satanocracia” la llamaría el mismo Berdiaiev. Este autor ruso supo verlo mejor que nadie: “La antigua idea mesiánica sobrevive en lo más hondo del alma del pueblo ruso. Pero lo que se transforma es el fin supremo, el simbolismo de esta idea mesiánica. Nacida en el seno de la vida colectiva e inconsciente del pueblo, esta idea cambia de nombre. Tan pronto se denomina la Tercera Roma del monje Filoteo como la Tercera Internacional de Lenin; y esta Tercera Internacional revestida de la doctrina marxista, hereda los atributos del mesianismo, de la vocación del pueblo ruso”. Las razones del triunfo del comunismo en Rusia y su asombrosa duración no se deben al discurso marxista, sino a los resortes internos y espirituales del pueblo ruso.




    Nuestro añorado Antonio Machado (arrinconado y marginado hoy por la elite cultural progresista indígena) también tuvo la perspicacia de notar que el comunismo marxista no arraigaría en Rusia, por entender que el auténtico espíritu marxista era antítesis del espíritu ruso: “El marxismo, señores, es una interpretación judaica de la Historia” –nos dice Juan de Mairena, el “alter ego” de Antonio Machado. Y remacha: “Con Marx, señores, la Europa, apenas cristianizada, retrocede al Viejo Testamento. Pero existe Rusia, la Santa Rusia, cuyas raíces espirituales son esencialmente evangélicas” (“Juan de Mairena”, Antonio Machado).

    El occidental de hoy podría dividirse en dos categorías: los que somos occidentales, por mera razón de localización en el espacio; y los que son occidentales por haber asimilado ese “antropocentrismo” que, desde las postrimerías de la Edad Media, viene conformando la mentalidad del hombre europeo y americano. Para éste último occidental, moldeado en la idea subversiva antropocéntrica, Rusia es una incógnita y, como tal, una amenaza siempre en potencia. No se la comprende: no se comprende que Rusia se oponga con tanta firmeza a los supuestos “avances” de esta “civilización occidental” que ha llegado a legalizar el “matrimonio homosexual”, que está normalizando lo anormal, dándonos continuamente gato por liebre. Por el contrario, para el occidental que siente que esta “civilización occidental” se ha pervertido hasta extremos intolerables, Rusia es hoy la esperanza para una humanidad, la señal de que no está todo perdido.

    El Nuevo Orden Mundial se empeña en implantar sus políticas delirantes contra la familia (que no es una institución tradicional, sino natural), contra los no-nacidos (imponiendo el aborto), contra el legítimo patriotismo, contra todo lo que ha sido hasta hoy “santo” y “venerable”. Pero en este mundo que parece estar consumando las más siniestras expectativas que George Orwell ofrecía en “1984” o Eugenio Zamiatin en “Nosotros”, una nación permanece al margen y cada vez se yergue con más pujanza, como si todo esto no fuese con ella, orgullosa de su cristianismo y convencida de ser la Tercera Roma y esta nación se ha convertido, para cuantos queremos librarnos de esta opresión cada vez más agobiante en occidente, en una nación preñada de esperanza para todo el mundo y que, si permanece fiel a su espíritu, muy posiblemente esté destinada a dar cumplimiento a ese destino mesiánico que ha sido su más entrañable creencia y querencia. La “ciudad de Kitezh” está emergiendo de los fondos del lago cuyas aguas la ocultaron: vedla cómo se yergue en el horizonte.

    Heráclito de Éfeso escribió que: “El pueblo debe luchar por sus leyes como por sus murallas”. Así es, frente al Nuevo Orden Mundial el pueblo ruso defiende sus murallas (…de Moscovia las murallas) como defiende sus leyes interiores y espirituales, todavía más altas y robustas que el alzado de cualquier cinturón mural. Y esas leyes interiores y espirituales son de cuño cristiano: el cristianismo mesiánico y místico, refractario a todo antropocentrismo; el mismo cristianismo que la ha conservado a lo largo de su historia jalonada por miles de tragedias y millones de tribulaciones y que ahora la guía para cumplir su destino: Tercera Roma, Santa Rusia.

    En Tosiria, 3 de marzo de 2014.





    RAIGAMBRE
    ReynoDeGranada y raolbo dieron el Víctor.

  9. #9
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    Re: Rusia y España

    Repor - La tentación viene del este

    01 dic 2009

    ¿Bellas, calladas y sumisas?. Así promocionan a las mujeres rusas miles de páginas Web de agencias de contacto. En nuestro país, buscar novia rusa a través de la red se ha convertido en un ¿boom? para cierto tipo de hombres que opinan que la mujer española se ha liberado demasiado y no quiere asumir roles demasiado femeninos. La cámara de Repor ha viajado hasta San Petersburgo con Iván, un madrileño que busca a su media naranja en Rusia desengañado ya de sus experiencias con españolas.


    Repor - La tentación viene del este , Repor - RTVE.es A la Carta
    Última edición por Mexispano; 31/01/2016 a las 06:27

  10. #10
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    Re: Rusia y España

    La influencia española en la música rusa.


    Los compositores rusos y España | Casa Rusia

  11. #11
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    Re: Rusia y España

    3 agosto 2013, 09:40

    Los rusos en España (Parte 1ª)




    Collage: La Voz de Rusia


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    Ha despertado gran interés el libro Los rusos en España que abre páginas de la historia de las relaciones entre nuestros países. El libro fue impreso en la editorial de la Biblioteca Nacional de Literatura Extranjera con el apoyo del Instituto Cervantes en Moscú.



    Queremos informar a nuestros oyentes sobre esta edición para lo cual hemos invitado al redactor del libro y director del centro científico bibliográfico de la Biblioteca de Literatura extranjera Yuri Fridstein.

    Ahora bien, ¿qué materiales entraron en su recopilación?

    Se trata de los testimonios de aquellas personas que estuvieron en España: su prosa, diarios, cartas, memorias, impresiones, dice Yuri Fridstein. Hay muchos nombres que conocemos bien, por ejemplo el compositor Mijaíl Glinka, pero hay muchos otros de los que no sabemos tanto.

    España, distante y cercana, les atraía a todos: viajeros, diplomáticos, personalidades de la cultura, científicos. Ellos relatan su permanencia en este país. Cabe precisar que ahora ha aparecido el primer volumen de Los rusos en España, que comprende materiales relativos a los siglos XVII-XIX. La compiladora y autora de los comentarios es la hispanista, colaboradora de la Biblioteca de Literatura Extranjera Valentina Guinkó. Al año siguiente nos proponemos publicar el segundo volumen de la obra, que tratará de nuestros compatriotas que visitaron España en el siglo XX.

    El primer volumen se inicia con acontecimientos del siglo XVII, cuando –en 1667- partió a España, por edicto del zar Alexéi Mijáilovich la primera embajada rusa, encabezada por Piotr Potiomkin y Semión Rumiántsev, a fin de establecer contactos de amistad y relaciones diplomáticas.

    Después de varios meses de viaje llegaron a la ciudad de Cádiz, de donde partieron rumbo a Madrid, pasando por Sevilla, Córdoba y Toledo. En el libro se reproducen los apuntes conservados de Potiomkin y Rumiántsev: datos sobre el reino ibérico y el curso de las negociaciones en Madrid.

    La embajada rusa llegó a Madrid durante la regencia de la viuda del rey Felipe IV: María Ana de Austria. El rey Carlos II tenía por entonces siete años. La embajada rusa gozó de mucha atención. Las partes intercambiaron cartas y regalos, pero en aquella ocasión no se establecieron relaciones diplomáticas oficiales.

    Al pasar en Madrid tres meses, la embajada rusa partió a la patria vía Francia. Un recuerdo sobre los primeros rusos que visitaron España se quedó en el Museo del Prado: allí se guarda el retrato de Piotr Potiomkin, hecho por Carreño de Miranda, alumno de Velázquez.

    En el libro Los rusos en España, continúa Yuri Fridstein, se publican los apuntes del diplomático Alexander Vorontsov, que más tarde ejerció altos puestos estatales. Su viaje a España tuvo lugar en 1760, cuando comenzaba apenas su carrera profesional. Tenía la misión de tomar conocimiento de la estructura estatal, la política exterior de España, la situación del ejército y la flota, en general conocer la vida del país. Alexander Vorontsov debía entregar toda la información a su tío Mijaíl Vorontsov, canciller de Estado de Rusia, y aquel cumplió su tarea.

    Después de recorrer muchas ciudades españolas, entre ellas Madrid y Barcelona, el joven diplomático redactó Apuntes sobre España,en los que describió con lujo de detalles el régimen de vida de la familia real y su entorno, la situación política y económica en el país.

    El acercamiento entre Rusia y España comenzó a principios del siglo XIX, cuando ambos países luchaban por su independencia contra el ejército de Napoleón. Fue entonces cuando los rusos se interesaban mucho por la lejana España y este interés venía aumentando con el tiempo. Igualmente crecía el interés por la literatura, la música y las artes plásticas de España. Una de las primeras personalidades de la cultura que visitaron España fue el compositor Mijaíl Glinka.

    Al encariñarse con la música popular española, creó dos maravillosas obras: la obertura “La jota aragonesa” y “Una noche en Madrid” e introdujo así el tema español en la música rusa. El compositor comparte sus impresiones sobre España en cartas a sus allegados y amigos. Dichas cartas también forman parte del libro Los rusos en España. El compositor llegó a España en 1845 y se proponía pasar allí diez meses, pero estuvo dos años y aprendió la lengua española. En estas cartas Mijaíl Glinka expresa a menudo su admiración por la naturaleza española, cuenta sus encuentros y amistades con españoles, destaca su bondad y hospitalidad. Escribe mucho sobre las ciudades españolas, de las que le gustó en especial Granada. En una carta Glinka constata: “En primer lugar, nada me recuerda de los sufrimientos de antes, por el contrario, el país me presenta sus vistas pintorescas y majestuosas, las ciudades sus preciados monumentos, el cielo su sol resplandeciente, los habitantes su generosidad y su corazón noble”.

    Nuestros escritores, pintores, artistas han compartido siempre sus impresiones de España. Muchos de sus apuntes y cartas también pasaron al libro Los rusos en España. De ello les informaremos, amigos, en uno de los siguientes programas nuestros.



    vs/sk/er

    Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.


    ___________________________

    Fuente [con audio descargable]:

    Los rusos en España (Parte 1ª) - Noticias - Sociedad - La Voz de Rusia

  12. #12
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    Re: Rusia y España

    Rusia y España ante Europa


    Antonio Moreno Ruiz










    Para españoles y rusos, “Europa” es algo que parece distante. El polígrafo español Francisco Elías de Tejada (1) llega a aseverar que “Europa” no era sólo un término geográfico, sino que suponía el fin de la Cristiandad, el fin de una civilización, para dar paso abierto a una serie de rupturas que cristalizarán en las latencias de la Revolución Francesa y sus respectivas ondas expansivas; por lo cual, el mundo hispánico se configura “contra Europa”. Yo particularmente no sé si esta terminología es la más adecuada y comprensible, pero desde luego, sí comulgo con el contenido, máxime cuando españoles y rusos hemos sufrido los continuos desaires de no pocos vecinos del Viejo Continente; a franceses e ingleses les gusta mucho decir que Europa acaba en los Pirineos o en los Urales; o que más para abajo de los Pirineos es África y más allá de los Urales es Asia, y todo en un sentido peyorativo. Y la verdad es que tanto España como Rusia tienen territorio en África y Asia respectivamente, pero ni los españoles nos podemos llamar “africanos” ni los rusos se pueden llamar “asiáticos”. Es más: “Europa”, ese término que tanto comenzó a utilizarse a partir del siglo XVII, luego de la paz de Westfalia que provoca una extraña “síntesis” de fuerzas teóricamente insolubles del centro al norte de Europa y que suponen el fin de la Cristiandad con la consiguiente confirmación de la ruptura religiosa y política, como señalaba el mentado Elías de Tejada… Pues bien, si el limes del occidente no hubiera sido salvaguardado por España (y Portugal) y el de oriente por Rusia, a día de hoy ni existiría la palabra. Porque ciertos países que presumen de ser “muy europeos” nada hicieron contra la penetración de fuerzas extraeuropeas; y de hecho, cuando se han tenido que enfrentar por derecho, han fracasado estrepitosamente.
    Las Españas y las Rusias constituyen la periferia del mundo europeo, de ese mundo que en muchas ocasiones, se empeña en desconocer a sus mejores guardianes, cuando no los vilipendia alevosa y directamente. Sin España y Rusia manteniendo la cruz enhiesta frente a los inquietos y continuos invasores, no habría sido posible mantener una civilización que es la admiración del mundo entero. Porque en verdad no fue el meritorio Carlos Martel, sino la monarquía astur, la que con su esfuerzo y tesón cerró el camino de los Pirineos a unos moros poderosos y envalentonados, que encima habían llenado sus tropas con multitud de hispanos conversos (2) que, de hecho, dominaron buena parte del norte peninsular frente a la élite siria establecida en Córdoba. Fue esta obstinación de galaicos, astures, cántabros y vascones, junto con los mozárabes, esto es, los cristianos que mantuvieron su fe bajo dominio islámico, lo que pudo recrear una monarquía cristiana en el sur de Europa que soñara con recuperar lo que ellos llamaban “la España perdida”.
    Asimismo, sin la conversión de Vladimiro I de Kiev, no se hubiera podido conformar toda una marca defensiva, herencia del mundo eslavo con grandes dosis vikingas, escitas, alanas, y por último, bajo la culta advocación de la Romania; no se habría forjado una potencia que se puso firme ante tártaros y mongoles.
    Y de Oriente a Occidente, mientras que ciertas potencias europeas coqueteaban con los turcos (y de hecho, siguen coqueteando), éstos eran cercados por España y Rusia.
    No veamos como casualidad que Estados Unidos insista en que Turquía haya de entrar en la Unión Europea, una Unión Europea de burócratas pesados e inoperantes que no rinden más cuentas que a las barras y las estrellas de Washington.
    Pareciera que para nosotros se hizo el águila bicéfala, el águila del Oriente y el Occidente de Alejandro Magno que las Españas ondearon con la casa de Habsburgo y las Rusias con los Romanov.
    No obstante, ¿qué fue Europa para españoles y rusos? ¿Y qué es en la actualidad?
    Detengámonos en España. Año de Nuestro Señor de 1492. Granada, el último reducto musulmán ibérico, cae derrotada ante la Corona de Castilla, que la incorpora a su dominio. La Península Ibérica y sus adyacentes islas quedan libres en su solar del dominio mahometano. En ese mismo año, Cristóbal Colón, avezado marinero que ya había servido a Portugal, arriba a Guanahaní, y aun creyendo que aquello es Asia, está ante un Nuevo Continente. El Atlántico se abre ante una gran trilogía: Los puertos andaluces, las islas Canarias y el Caribe. España restablece su unidad político-religiosa y se expande hacia el Atlántico. Se han unido las coronas de Castilla y Aragón a través de sus monarcas, Isabel y Fernando. Probablemente, a la Corona de Castilla le hubiera interesado más afianzarse con Portugal, quien seguía su misma política expansiva a través del deseo de Reconquista de la Hispania Transfretana y de los viajes atlánticos, pero la unión con Aragón supuso entrar en una escena política muy diferente: El Mediterráneo y Europa. Y decimos “Europa” porque Aragón gastaba una fuerte enemistad con una Francia que, sin embargo, había tenido amistad con Castilla. Tanto el continente como el antiguo mar romano eran unos temibles avisperos que no auguraban ni paz ni estabilidad, y de buenas a primeras, soldados de toda España veían que de Granada pasaban a Nápoles. La Italia Aragonesa fue, de hecho, la afloración de bravos conquistadores indianos como Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Con todo, muerto Fernando el Católico, y siendo que Doña Juana de Castilla era casada con Felipe el Hermoso, las Españas entraban de pleno en la política continental, puesto que Carlos de Habsburgo no era sólo Carlos I de España, sino que también era V de Alemania. Así, si bien nunca habíamos pertenecido al Sacro Imperio Romano Germánico (a excepción de la Marca Hispánica, germen de Cataluña, que estuvo bajo su protectorado durante una época), ahora nos veíamos entreverados en su política. Carlos I no empezaba con buen pie: Su desconocimiento de la Piel de Toro y su entrada arrogante con déspotas flamencos originó un terrible descontento. Las revueltas de los comuneros y los agermanats, lejos de ser “revolucionarias”, estaban impregnadas de espíritu medieval y autóctono; y si Carlos I las venció, fue porque se adaptó a su pueblo, siendo que en muchas ocasiones, ofreció armas a los campesinos para que pelearan contra los nobles que acaudillaban la rebelión. Luego promulgó una amnistía bastante generosa, y por fin se dio cuenta de dónde estaba. Fue ese rasgo de sobriedad y austeridad que el polígrafo Ramón Menéndez Pidal destacaba como intrínsecamente español lo que moldeó a la Casa de Austria y no al revés. Sin embargo, las obligaciones de esta casa real eran muchas, y pronto, en la Europa Central, la ruptura espiritual iniciada en Alemania por Lutero, y apoyada en la retaguardia franco-suiza por Calvino (el mismo que decía que el dinero era una divina predestinación), pronto devendría en una explosión que afectaría a la política imperial. Lutero hablaba del “libre examen”; sin embargo, exhortaba a los príncipes a “exterminar como a perros” (literalmente) a los campesinos que se le rebelaban. La política de las dos espadas desaparecía para dar paso a los reyes-papas, y con ello, el germen del absolutismo que luego fraguara Hobbes en Inglaterra. Y España, que ya había restablecido su unidad, que miraba a otros horizontes, dejando bien saneada la periferia sudoccidental europea, sin embargo, se veía inmersa sin comerlo ni beberlo en este inmenso campo de batalla que, a decir verdad, ni le iba ni le venía.
    “Adelante mis leones de España” decía Carlos, rey español y césar romano-germánico. Y si bien intentó en determinados momentos aplicar una política de “tolerancia” en los Países Bajos, aquello se iba de las manos. Cada vez más hispanizado, se retira a Yuste, no sin darle muchas indicaciones a su hijo, Felipe II de España, un rey de madre portuguesa, y con un ardor religioso potente que acudirá en auxilio de los príncipes católicos centroeuropeos porque creía firmemente en la unidad católica, y que con los protestantes poco o nada se podía negociar. Así, intenta crear toda una geopolítica que alcance la tierra y el mar para restaurar una Cristiandad que se niega a creer que esté muerta. La mal llamada “Armada Invencible” fue un gran escollo, sin duda, aunque totalmente mitificado por unos ingleses que luego fracasarían continuamente en sus incursiones piráticas hasta contra la Península; pero como símbolo, acaso es ilustrativo. La extensión territorial que se hacía movediza en los pantanos de Flandes, y la extensión del mar que empezaba a ser asaltado por tirios y troyanos se hacían demasiado grande para un país que no contaba ni con diez millones de almas.
    Sin desmerecer a Carlos I y Felipe II, esto es, los Austrias Mayores, y a los bravísimos soldados que por su corona pelearon, a toro pasado puede pensar uno que si nos hubiéramos centrado en salvaguardar el norte de África y en la pacificación y continuidad de América, tal vez nos hubiéramos ahorrado mucho sufrimiento. Aunque esto puede ser relativo, porque Portugal no entró en la política continental y sin embargo, corrió una suerte muy pareja a la del otro lado del Guadiana. Y hablando de Portugal: El advenimiento de los Austrias Menores supuso más desgaste en el continente y, por desgracia, el aprovechamiento del descontento luso, que si bien se había sentido muy a gusto con Felipe II, no se sintió igual con Felipe III y Felipe IV. En 1640, los daños colaterales nos asaltaban no sólo en el ultramar, pues a Dios gracias se pudo derrotar a los holandeses en su intentona brasileña (mientras que sin embargo se aposentaban en el Pacífico); pero en la Península, el descontento de ciertos portugueses era aprovechado por los británicos. Ni ingleses ni galos querían una Península unida, y maquinaron todo lo que pudieron y más para que se produjera un resquebrajamiento. Asimismo, la falta de vista de Pau Claris en el nordeste ibérico facilitó que Francia invadiera el Rosellón y la Cerdaña, perdiendo Cataluña su territorialidad norteña; mientras que en Aragón, Navarra y Andalucía, la falta de vista de algunos nobles revoltosos pudieron llevar a problemas mayores. Se ha pretendido enmarcar como villano al conde-duque de Olivares, el cual es posible que se equivocara con su política centralista, acaso antecedente del despotismo ilustrado; ¿pero acaso no era menos equivocado que sólo la Corona de Castilla mantuviera una pesada maquinaria de guerra universal, siendo que los que más tributaban eran castellanos y andaluces, como decía el grandísimo escritor Francisco de Quevedo? No vemos que muchos que se quejan de un supuesto centralismo castellano, sin embargo, protesten por la presencia de soldados extremeños o andaluces en Nápoles, salvaguardando los intereses de la Corona de Aragón. Y vemos muchas quejas de los validos, y luego de los Borbones, pero no un análisis pormenorizado y desapasionado sobre los Austrias…
    En fin, como decimos, a toro pasado todo lo vemos muy fácil, pero el caso es que España entró con vigor en el tablero continental y sin embargo, perdió mucho más de lo que ganó. Aunque la estocada final la tendría el imperio británico, quien entendió en el siglo XVIII que “a España hay que vencerla en América y no en Europa”. Pareciera que a partir de este siglo, con los Borbones, tendríamos un enfoque más “nacional” por así decirlo, pero por una cosa o por otra, el mar se infestaba; y además, la política europea nos había salpicado en demasía: Teníamos el borbónico Pacto de Familia con Francia, la misma que pretendía que ya “no hubiera Pirineos”, y gracias al desastroso, usurpador e invasor archiduque de Austria, el imperio británico se aposentaba en Gibraltar, mientras que Holanda se permitió el lujo de razziar nuestra Península. Con estos moldes, era difícil retomar una política lasmás de tierra adentro y de mare nostrum.
    Así las cosas, pensando en estas dificultosas reflexiones, se me vienen a la cabeza los ensayos sobre la Rusia contemporánea del eminente sabio Alexander Solzhenitsyn (3). Solzhenitsyn era muy crítico sobre las incursiones políticas de Rusia en Europa. En contra de ciertos nacionalistas de su tierra, siempre se mostró crítico, por ejemplo, con la ocupación de Polonia, a cuyo pueblo no dejaba de admirar. Nuestro gran matemático, físico e historiador decía que una vez conseguida la unidad política, defendiéndose de incursiones lituano-polacas, Rusia mejor se tenía que haber dedicado a afianzar su territorialidad e independencia, y no dejarse influenciar por otras potencias, ya fueran alemanes, franceses o ingleses; ni tan siquiera por el paneslavismo, que según él, no había traído más que desgracias a su patria, porque una cosa era la eslavofilia, el amor cultural de los antepasados y la reafirmación en esa identidad en lo concerniente a las comunidades orientales (puesto que entre los eslavos del centro estamos hablando de otras realidades), y otra cosa el pretender hacer aventuras político-militares de engañosas bases.
    De todos modos todo aquel que se junta mucho con Inglaterra acaba mal, y ese ha sido el caso tanto de Portugal como de Rusia. Inglaterra, siempre en el mar, ha utilizado como ha querido a países dentro del continente para imponer sus intereses. Y pareciera que Napoleón le dio la excusa perfecta. Mientras que el ejército bonapartista se había pavoneado por Europa, España y Rusia fueron las patrias artífices de su derrota militar, y tal vez momentáneamente en lo espiritual, por desgracia, no tuvieron poder para derrotar su forma de hacer política, que no era otra que la Revolución hecha conservadora; y asimismo, tampoco tuvieron poder para evitar la definitiva penetración británica, que si a priori durante el XIX encontró un escollo en su hijo norteamericano, en el XX se confirmarían como inmejorables aliados, siendo que es rigurosamente falso eso de que el imperio británico no exista, puesto que éste, además de ostentar jefaturas de estado como las de Canadá y Australia, no deja de tener un aura mística para los hijos de Washington: No olvidemos que la reina de Inglaterra es la papisa anglicana y toda una figura dentro del protestantismo anglosajón en general.
    En el pasado, Rusia se dejó engatusar por franceses, ingleses, prusianos o austríacos, los mismos que en muchas ocasiones, la menospreciaban. Algunos románticos tardíos suelen echar en cara a Rusia las invasiones de Polonia, y sería menester recordarles que en verdad fueron Prusia y Austria las que decidieron repartirse a esta noble y antigua nación; y Austria no muchos años después de que Juan Sobieski y sus húsares fueran determinantes para derrotar a los turcos que pretendían quedarse con Viena. Lo mismo podríamos decirle en España a los múltiples románticos austracistas que encontramos en los más variados sectores políticos, reiterándoles la irresponsabilidad de un archiduque Carlos que nada tenía que pintar en España luego del testamento de Carlos II, y que entró con ingleses y holandeses. Casi nada…
    Con todo, lo que un servidor pretende no es cargar contra los austríacos, sino referir que la historia es muy compleja y hay que contarla toda para intentar comprenderla en su contexto y en su momento, y no desde un “presentismo” ciego o ideológico, y tampoco como una oferta conveniente y antojadiza de cualquier supermercado. La Historia nos da muchas enseñanzas y el sentido común que nos da el filtro de la experiencia es lo que construye la tradición, y en ese proceso tiene que trabajar la lija, si se quiere.
    Volviendo a Solzhenitsyn, hemos de recordar que este gran intelectual era contrario a aventuras militaristas, e incluso se mostró crítico con ciertos aspectos de la guerra de Chechenia. Él abogaba por la reunión de los eslavos orientales, de la Rusia Pequeña (buena parte de la actual Ucrania), la Rusia Blanca (Bielorrusia) a todas las Rusias, pero nunca desde la “fuerza”, ni tampoco permitiendo agresiones a la población rusófona, pues no en vano, denunció que la rusa era la mayor y más desconocida diáspora de la actualidad, entre veinticinco y treinta millones de almas, esparcidas desde los lindes de la Europa Central al Extremo Oriente por obra y gracia de las deportaciones soviéticas. Es por ello que jamás creyó en lo que algunos llaman “patriotismo soviético” y lo fustigó como la mayor de las imposturas, llenando sus escritos de futuras advertencias en este sentido. Y en estas advertencias iba el peligro de la artificialidad de las fronteras soviéticas, con ejemplos como el nuevo estado de Kazajstán, que tiene una buena parte rusa, así como las fronteras caucásicas. Y curiosamente, aunque eso parezca lejos de Europa, sin embargo, los occidentalistas de estas regiones son los más descarados europeístas, porque de hecho, saben que al ser europeístas tendrán contentos a la administración angloamericana.
    Y claro, otra cosa sobre la que Solzhenitsyn advertía era Siberia, la inmensa frontera llena de materias primas y despoblada, con la cercanía de China. Y quién sabe si determinadas potencias podrían forzar un desencuentro entre rusos y chinos, o por la contra, a la administración rusa se esfuerza en tener buenas relaciones con China por esto mismo.
    Parece que el Oriente es una tierra propicia para profetas. Solzhenitsyn siempre señalaba la perspicacia de su compatriota el grandísimo escritor Fiodor Dostoyevski, a esa Europa que por un lado, tanta curiosidad le inspiraba, pero que también le provocó no pocos recelos. Es obligado citar a Dostoyevski cuando situamos a Rusia ante Europa, porque no en vano, el autor de “Los hermanos Karamazov” dijo: “Quiero ir a Europa. Sé que sólo encontraré un cementerio, pero ¡qué cementerio más querido! Allí yacen difuntos ilustres; cada losa habla de una vida pasada ardorosa, de una fe apasionada en sus ideales, de una lucha por la verdad y la ciencia. Sé de antemano que caeré al suelo y que besaré llorando esas piedras convencido de todo corazón de que todo aquello, desde hace tiempo, es ya un cementerio y nada más que un cementerio... Europa, ¡qué cosa tan terrible y santa es Europa! ¡Si supieran ustedes, señores, hasta que punto nos es querida – a nosotros, los soñadores eslavófilos, odiadores de Europa según ustedes – esa Europa! ¡Como amamos y honramos, de un amor y una estima más que fraternales, las grandes razas que la habitan y todo lo que ellas han culminado de grande y de bello! Si supieran ustedes hasta que punto nos desgarran el corazón las nubes sombrías que cada vez más velan su firmamento...”
    Creemos que más de un viaje ayudó a destapar la curiosidad de Dostoyevski, y que a día de hoy Europa, más que un ilustre cementerio, es un museo muerto. Dostoyevski también intuyó que la vocación de Rusia radicaría en absorber a Europa, cosa que en verdad no gustaba demasiado a Solzhenitsyn, quien decía que si bien Rusia había abierto las puertas al infierno, acaso estaba destinada a cerrarle las puertas conforme el advenimiento del fin de los tiempos.

    ¿Qué es “Europa” para nosotros? Está claro que no estamos hechos para los laberínticos vericuetos de sus políticas, los cuales nos enredan, nos confunden y encima, procuran la dormición de nuestras almas. Empero, no olvidemos una cosa: Nosotros somos los pilares, y sin nosotros no hay nada. Y es que como vemos, los limes irredentos de España y Rusia, del Atlas a Siberia respectivamente (y España debiendo contar con el continente americano) no dejan de ser un enlace obligado para con Europa, y eso Europa lo sabe. Otra cosa es que el enlace sea fuerte o débil y así aprovechar con justicia su voz y su influjo. En el caso de Rusia, parece ser lo primero. En el caso de España, no hay duda de que, por desgracia, es lo segundo. Y sin firmeza y coherencia, nada se puede hacer, y ya ven ustedes cómo es la desastrosa política internacional española, totalmente entregada a la peor Europa y al atlantismo…

    Así las cosas, sólo nos queda por remachar que España y Rusia tienen su misión ante Europa, y que desde luego, sería muy deseable, como ya escribimos en alguna otra ocasión, como españoles, mirarnos más en el espejo ruso y procurar su alianza dentro de este alocado mundo global. Podríamos ser, por honor a nuestro pasado y por nuestro real potencial, mucho más de lo que tristemente somos. ¡Y debemos serlo!


    Notas:
    (1) Sobre Elías de Tejada: Fundacion Elías de Tejada | Promover el estudio y la difusión del pensamiento católico
    (2) Sobre este particular, véase: ANTONIO MORENO RUIZ: MIS LECTURAS: "ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. EL REINO DE ASTURIAS", DE CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ
    (3) Sobre Solzhenitsyn: Apologías de Solzhenitsyn... , Mis lecturas: "El primer círculo", de A. Solzhe... , De Dostoyevski a Solzhenitsyn.


    Rusia y España ante Europa | Katehon think tank. Geopolitics & Tradition

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    Re: Rusia y España

    Cumplimentando la invitación formulada por las autoridades locales, los 26 y 27 de febrero de 2016 Yuri Korchagin, Embajador de la Federación de Rusia en España, visitó Astorga (Castilla y León) donde tomó parte en los eventos solemnes con motivo de la conmemoración del segundo centenario de la acogida por la ciudad del Regimiento Imperial Alejandro, la unidad militar formada por militares españoles del ejercito napoleónico que desertaron para pasar a enrolarse en el ejército ruso durante la Guerra Patriótica de 1812.

    Con el motivo de este acto memorable se celebró una conferencia científico-práctica con elementos de práctica “La Epoca Histórica del Regimiento Imperial Alejandro” donde los historiadores rusos y españoles leyeron sus informes. El Embajador inauguró la exposición de obras de la fotógrafa rusa Ekaterina Dyuzhikova “Los Paisajes Rusos” en la casa-museo del poeta Leopoldo Panero.

    Durante la reunión con empresarios de Astorga y León en la Cámara de Comercio local Yuri Korchagin y la delegada comercial de Rusia en España Galina Kurochkina tuvieron una discusión fructífera sobre la actual situación económica en Rusia, las perspectivas del desarrollo de la cooperación bilateral y la búsqueda de posibles soluciones de problemas pendientes.

    El evento central fue el acto solemne en el Ayuntamiento de Astorga donde el Embajador de Rusia y el Alcalde de la ciudad Arsenio García Fuertes contaron al auditorio representativo que fueron los esfuerzos de Rusia que permitieron a los soldados volver a su patria tras la guerra de 1812. Suscitaron un gran interés las palabras del poeta guerrillero ruso Denis Davydov, quien dijo que los pueblos de Rusia y España que habitaban en las dos extremidades del continente Europeo lograron alcanzar un auge interior del patriotismo en aras de preservar su propia vía histórica: "Las dos resistencias realizadas por los pueblos de Rusia y España conmovieron hasta la base el poder y el dominio de Napoleón, que parecían imperturbables”.

    Con el telón de fondo de los himnos nacionales de los dos países inauguraron la placa conmemorativa en homenaje a la acogida en Astorga del Regimiento Imperial Alejandro en 1814-1816. Luego, ante los habitantes y visitantes de la ciudad se celebró un desfile de reconstructores históricos que demostraron un porte militar sobresaliente en uniforme militar de los principios del siglo XIX con armas de aquella época. Las danzas de folklore “maragatos” fueron una condecoración adicional del evento solemne.

    Yuri Korchagin y Arsenio García Fuertes depositaron una ofrenda floral al monumento en honor a los defensores de Astorga caídos durante la defensa de la ciudad en 1810 y su asedio en 1812.

    El programa oficial se dió por terminada con la liturgia en la iglesia de Santa Marta en memoria de los rusos y españoles fallecidos en los años de guerras napoleónicas y el concierto de la banda municipal que interpretó marchas españolas y rusas en el edificio histórico de la catedral de Astorga.

    Todos los participantes del evento sintieron la profundidad de tradiciones históricas que unían Rusia con España.




















    ___________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/EmbajadaRus...90648347622465

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    Re: Rusia y España

    LA HISPANIDAD ANTE EURASIA












    Por Antonio Moreno Ruiz
    Historiador y escritor


    En nuestro tiempo parece que cobra auge la idea y el concepto de “Eurasia”. Se relaciona mucho con el pensador ruso Alexander Duguin y su escuela, ahora enfrascada en la elaboración de la Cuarta Teoría Política (1). Sin embargo, siendo exhaustivos, hemos de recordar el nombre y el ideal de “Eurasia” ya fue esbozado por algunos exiliados rusos ya a principios del siglo XX; los cuales, huyendo de la Unión Soviética, visualizaron un nuevo futuro para su patria a través de un gran espacio geopolítico que no en vano se correspondía con su tradición imperial.






    Alexander Duguin




    El eminente polígrafo Alexander Solzhenitsyn QEPD (2), si bien siempre receló con fuerza del término “Eurasia”, hablaba de las ficticias fronteras que se estaban realizando en el actual Kazajstán y en otros puntos del antiguo imperio ruso por mor de las “fronteras redefinidas” soviéticas, política que, aunada a las deportaciones masivas, es responsable de que veinticinco millones de rusos se encuentren fuera de sus tierras; y muchas veces atrapados ante un entorno dura y manifiestamente hostil. Alguna solución hay que hallar a este terrible desorden. ¿Ayudará en ello la recién creada Unión Aduanera Eurasiática? No lo sabemos. Pero si sólo se queda en lo comercial, ya sabemos cómo ha ido la Unión Europea…





    Alexander Solzhenitsyn




    Rusia es un gran país entre dos continentes. Nosotros, como hispanos, podemos entender esta geografía providencial. Y comoquiera que “Eurasia” está en boga para tirios y troyanos, creemos que hemos de posicionarnos desde nuestra perspectiva:

    ¿Qué se puede entender por “Eurasia”?

    -Si por “Eurasia” se entiende que ha de haber un único bloque geopolítico desde Lisboa a Vladivostok; o si encima se pretende ir desde el cabo San Vicente a Malasia, como se expone en algunos mapas, entonces, no hemos sino de negar la mayor y huir de semejante locura.

    Dentro de Europa, debido a la magnitud de sus diferencias, siempre habrá varios bloques. En todo caso, en Europa, somos latinos. Nuestros intereses nunca estarán dentro del europeísmo. No podemos hablar por los rusos, pero lo certeramente objetivo es que ni a Rusia ni a España les ha convenido históricamente meterse en determinados tejemanejes políticos de Europa; si bien por supuesto que debemos estar en Europa, pero con nuestros intereses. Hacer de Europa un bloque unido es un error de antemano y de ahí no puede salir nada bueno. Muchas son las diferencias y las debilidades.

    Y eso por no hablar de los países asiáticos… Ya sería demasiado.

    Alexander Duguin, con una amplia trayectoria política en espectros digamos “poco convencionales”, viene ahora abanderando la “Cuarta Teoría Política”. Resumiendo brusca y toscamente, podemos decir que según esta escuela, al fin del Antiguo Régimen surgió un mundo ideológico artificial al calor de la confirmación de las nuevas naciones-estados que precisamente venían a derrumbar lo que quedaba de aquel mundo más o menos tradicional. Primero se destapó el liberalismo, que desde finales del siglo XVIII a principios del XX se enseñoreó; siendo que, si bien encontró oposición contrarrevolucionaria, también engendró una oposición revolucionaria, primero con el marxismo, y luego con el fascismo. Sin embargo, todas las ideologías surgidas como oposición al liberalismo oficial/predominante pero embutidas en el mundo revolucionario acabaron sucumbiendo; el fascismo, luego de la Segunda Guerra Mundial, y el comunismo, a la caída del Telón de Acero. En el caso comunista, si bien todavía está fuerte el régimen de Corea del Norte, la ristra de apocados socialismos hispanoamericanos abanderados por el chavismo y los Castro ya es otra cosa, empezando porque son incapaces de guardar la estricta disciplina bolchevique. No tienen capacidad ideológica y su praxis es desastrosa. Es notorio que el comunismo como bloque ideológico/político fuerte se quedó en el camino; empero, estos pseudocaudillos no llegan a ser comunistas. Apenas llegan a un populismo barato y a la hora de la verdad, nada han hecho por ser una alternativa real al liberalismo, más bien al contrario; han sustituido la oligarquía anterior por la suya propia y han tomado la ideologización ramplona de la Historia por bandera, creando un culto “religioso” hacia un dictador de extracción esclavista como Simón Bolívar, quien fue repudiado en su día por el mismísimo Karl Marx (3).
    El odio a los orígenes hispanos de nuestra América, amén de la llegada del hambre, la violencia y la corrupción, nunca serán alternativas. Son incapaces para con su propio pueblo.

    Otrosí, dudamos mucho que a los eurasiáticos les gustaran movimientos que promovieran el indigenismo antieslavo, por poner un ejemplo paralelo.

    Y en cuanto a “temas morales”, la diferencia de los bolivarianos y adláteres para con el liberalismo oficial brilla por su ausencia.

    Por supuesto, entendemos que muchas veces, por circunstancias, la política hace extraños compañeros de cama, y si bien a veces hay relaciones internacionales más que complejas (4), eso es una cosa y otra el pretender recrear una línea ideológica que en verdad no existe más que en el papel, o el intentar mezclar el agua y el aceite.

    Empero, antes de seguir con la crítica, no pretendemos ir con aires destructivos y reconocemos que es el mismo movimiento eurasiático el que dice que la Cuarta Teoría Política no es algo definitivo, por lo cual, no podemos sino mantenernos a la expectativa.

    -Obvio resulta percibir cómo los estados-nación están cayendo. Empero, no creo que deba alarmarnos este hecho de por sí. El estado-nación fue un invento de la Revolución Francesa. Su concepción y praxis ha ido en perjuicio de los grandes espacios (geo)políticos.

    El nombrado Duguin ha puesto de ejemplos histórico al Imperio Bizantino y al Sacro Imperio Romano-Germánico. Y nos parecen buenos ejemplos. Mas véase, asimismo, cómo la Romania trascendía lo europeo, teniendo también sus enclaves en Asia y África, continuando la lógica vocación imperial romana. Esa vocación fue heredada por la Monarquía Hispánica: Para nosotros los hispanos no tiene mucho sentido esa suerte de geopolítica que contradice la tierra y el mar. Las Españas atravesaron los mares para afirmarse en la tierra.

    En el continente europeo, asimismo, también continuó esa vocación imperial que se sitúa muy por encima del estado-nación. El Imperio Austrohúngaro o el Imperio Ruso son dos ejemplos de continuidad y evolución de grandes espacios políticos unidos por vínculos históricos y sagrados. Pero al final cayeron víctima de la Revolución. La misma que se está autodevorando, poniéndonos en una situación que recuerda mucho a la caída de la Roma occidental.

    Los españoles, al igual que otros pueblos del Viejo Continente, tenemos mucha experiencia como para temer por el estado-nación; por un estado-nación que al fin y al cabo nos fue impuesto por el liberalismo en forma de gran traición divisora y fratricida, y que destrozó nuestra esencia. Empero, esa misma experiencia nos dice que Europa nunca fue una unidad per se; y que de hecho, tanto el protestantismo como el islam rompieron hace siglos las vías de unidad de cultura y espíritu que pudiera haber en Europa. Es más: Cuando esa unidad existió, apenas se hablaba de Europa: Se hablaba de Cristiandad. Y se hablaba con imperio. Con imperios, mejor dicho. Europa es lo que surge luego de la paz de Westfalia, toda vez que ese rupturismo queda confirmado.

    No vemos esa “unidad europea” por ninguna parte. El experimento de nuestro tiempo, rareza burocrática con aliños progres y democristianos, no nos lleva a ninguna parte. Pero otros experimentos tampoco nos habrán de llevar a nada bueno.

    -¿Se viene una suerte de “nueva Edad Media”? Así parece. Dicho sin leyendas negras antimedievales. Vivimos en un mundo cultural/espiritual que se parece mucho al tiempo que le tocó a San Agustín de Hipona, cuanto menos. Las continuas explosiones del liberalismo/capitalismo y el abandono de la tierra está creando unas alienaciones monstruosas.

    Mientras más se aleja un pueblo de la tierra, más pierde su sentido de trascendencia, su amor por el origen y su conciencia comunitaria.

    Sobre todo en Europa occidental, se han creado sociedades radicalmente artificiales, masas humanas que no saben ni de dónde vienen ni a dónde van. El fenómeno de las migraciones masivas, y más ahora con los daños colaterales de la “guerra de Siria” y las –falsas- “primaveras árabes” (5) no va a hacer sino empeorar un problema ya de por sí mórbido.

    Pareciera que las tradiciones están muriendo, pero hasta las piedras quieren hablar.
    No sabemos cuánto tiempo durará esta pesadilla de podrido desarraigo, pero desde luego, tiene fecha de caducidad. La “era de las revoluciones” que empezó en el siglo XVIII ya no da para más. El fantasmagórico rompecabezas globalista caerá en mil pedazos.

    Hay experiencia de espacios supranacionales. Podemos aprovechar la riqueza de la historia. Las Españas, como las Rusias, están entre los continentes. Ahora bien, ahondando entre las Españas y las Rusias: Si en el mundo eslavo-oriental se esboza el ideal de Eurasia como su espacio geopolítico, ¿no podemos nosotros cumplir, en consonancia con Portugal, el papel de Euramérica? No creo que los rusos renuncien a su papel en Europa, y no estoy diciendo que los españoles no debamos “estar en Europa”. Al contrario. Pero si queremos estar en Europa de verdad, debe ser con nuestro propio bagaje, y no con el que nos impongan otros.

    Grandes pensadores hispanos que, injustamente son desconocidos por y para muchos, ya fueran peninsulares o americanos, coincidieron en llegar a un “nuevo imperio espiritual, mercantil y diplomático”, una “confederación tácita” (6); así como el dominio del norte de África. Ceuta y Melilla no son “ciudades aisladas”: Forman parte de una tradición y un anhelo. Fue el islam el que separó la ribera norteafricana de España. En verdad la frontera, desde tiempos del romano emperador Otón (7), no radicaba en el Estrecho de Gibraltar, sino en el Atlas.

    Hemos ahí los puntos más importantes de la geopolítica hispánica.

    Por ello, como conclusión:

    Podemos comprender la idea de Eurasia siempre y cuando se trate del gran espacio geopolítico que puede tocarle a los rusos en relación con tierras y pueblos “inmediatos” para ellos por herencia y vocación.

    Rusia es la heredera de la Roma oriental que mayor fuerza puede aportar. España (y Portugal) es la heredera de la Roma occidental que más prolongó este legado. Hispanos y eslavos estamos en tierra de frontera. Somos custodios. La inmensidad nos llama. Para nosotros no se ha hecho el nacionalismo ni el racismo. Somos gente de pensamiento de conjunto, de grandes horizontes, de fe henchida, de carácter aventurero. Los estrechos y artificiales límites a los que nos somete la modernidad se caen por su propio peso. Deberíamos estar preparados para mantenernos en pie en un mundo en ruinas. Pero preparámonos como Dios manda.








    NOTAS:

    (1) Sobre la Cuarta Teoría Política, recomendamos este enlace:

    La Cuarta Teoría Política (4TPes) | Antena en español para una ...



    (2) Sobre Alexander Solzhenitsyn algo hemos escrito a lo largo del tiempo. Siendo un pensador sobre el cual tenemos predilección, nos permitimos recordar algunos enlaces:

    "apología de solzhenitsyn" - "dignidad digital". - antonio moreno ruiz

    "agosto 1914", de alexander solzhenitsyn - antonio moreno ruiz


    "SOLZHENITSYN CASTIZO" - "KATEHON" - Antonio Moreno ...




    (3) Sobre la pésima opinión que Marx tenía acerca de Bolívar, dejamos un par de enlaces bastante ilustrativos. La incoherencia ramplona y circense de esta clase de política que ha inundado a Hispanoamérica (sin ser ninguna alternativa al liberalismo, reiteramos) es de órdago.

    Karl Marx opina sobre Simon Bolivar. - Taringa!




    (4) Siguiendo en el contexto hispanoamericano, no estaría de más recordar las excelentes relaciones diplomáticas que mantuvieron Fidel Castro y Francisco Franco. Cuando murió Franco, Fidel decretó tres días de luto nacional en Cuba. Asimismo, Fidel también tuvo excelentes relaciones diplomáticas con el argentino Videla; así como Alberto Fujimori no vaciló en acoger a Hugo Chávez, en represalia por la condena que le había hecho Carlos Andres Pérez. Las relaciones de amistad entre Fujimori y Chávez duraron hasta la muerte del bolivariano.




    (5) En puridad, no hay “guerra” en Siria, sino una invasión terrorista planificada desde los laboratorios anglosionistas y sus necesarios aliados wahabíes. Las guerras deslocalizadas por el mundo árabe, desde Libia a Siria (no sin mencionar a Túnez y Egipto), son acaso la última puntilla, en una suerte de enfrentamiento “Oriente/Occidente” que, en verdad, no es más que una farsa de la globalización.

    Sobre la República Árabe de Siria, véase:

    RAIGAMBRE: A FAVOR DE SIRIA


    “Para entender la República Árabe de Siria”. - Revista La razón histórica






    (6) El pensador que acaso más y mejor sintetizó estos ideales fue Juan Vázquez de Mella en lo que él llamó los Dogmas Nacionales. Ramiro de Maeztu, Zacarías de Vizcarra y Manuel García Morente complementaron muy bien los ideales de la Hispanidad desde la Vieja España; con el complemento portugués de António Sardinha y su ideal de la Alianza Peninsular. Sobre el ideal de Mella, encontramos paralelismos más que interesantes en los peruanos José de la Riva Agüero (quien llegó a conocer a Mella) y Rafael Cubas Vinatea. Y también podemos mencionar al brasileño Arlindo Veiga Dos Santos y su “sistema de alianzas fundamentales hispánicas/neohispánicas”.




    (7) Véase:

    Por la liberación de la Hispania Transfretana ocupada por el Islam - ReL







    RAIGAMBRE: LA HISPANIDAD ANTE EURASIA
    Trifón dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Rusia y España

    Pío Moa: Putin, Theresa May y los intereses de España

    Opinión

    Pío Moa / 20 marzo, 2018






    Las tiranteces entre Putin y May son parte de otras más amplias de la UE y la OTAN por un lado, y Rusia por otro. El conflicto actual es uno de tantos como se vienen produciendo y seguramente seguirán produciéndose, pues en la estrategia de la OTAN y la UE no es deseable una Rusia potente y próspera. Pero la agravación de las tensiones por Theresa May, coincidiendo con las elecciones rusas y a cuento de un espía y su hija supuestamente envenenados por los rusos, tiene especial interés para nosotros.

    Está claro que Rusia no amenaza a España, mientras que Inglaterra no solo amenaza, es que agrede permanentemente a España invadiendo un trozo particularmente estratégico de su territorio. Puede decirse que Inglaterra viola a España, dándose el caso de que la clase, casta o chusma política española, muy satisfecha tal injuria, considera amiga y aliada a la potencia violadora. Cosa inaceptable incluso para un país del tercer mundo.

    Solo esta evidencia debe bastar para que España se abstenga en el conflicto con Rusia. La política española más justa y beneficiosa para España ha sido la neutralidad, que también ha beneficiado indirectamente al resto de Europa. Pero nuestra clase, casta o chusma política privilegia a la potencia invasora de nuestro país, y usa al efecto sus poderosos medios de manipulación de masas. Para colmo, ha convertido al ejército español en una tropa lacaya dedicada a operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en lengua ajena. Dedicada, también, a hostigar y provocar a Rusia.

    Por otra parte, sea cualquiera el fundamento de las denuncias inglesas, debemos recordar la ya larga tradición de falsas acusaciones para justificar agresiones mortíferas. España tiene buen recuerdo de ellas cuando la guerra de 1898, que terminó en el paso de las posesiones españolas al poder o la influencia de Usa. Y más recientemente hemos visto las “armas de destrucción masiva” en Irak, los “ataques de Gadafi a su propio pueblo” en Libia, o el “empleo de gases” en Siria. En todos estos casos, el resultado ha sido la agresión directa o indirecta, el auge del terrorismo y la creación de caos y guerras civiles con muchos cientos de miles de muertos y otros tantos huidos y refugiados. Lo cual no parece haber causado el menor sentimiento a estos “defensores de la democracia”; porque todo lo han hecho en nombre de ella. “No queremos una democracia como la que han llevado a Irak”, ha dicho Putin. Es de suponer que la experiencia debería significar algo para los políticos españoles, pero la experiencia, precisamente, demuestra lo contrario.






    En suma, Rusia no es nuestra amiga ni nuestra enemiga. Inglaterra, en cambio, y a través de ella la OTAN, sí son enemigas nuestras. Quiero decir, enemigas de la invadida España, no de la clase, casta o chusma política española, que algún beneficio sacará de la invasión, y que al mismo tiempo viene financiando los separatismos, entre otras fechorías nada casuales.

    Gibraltar define una situación interna y externa de España que no debe continuar olvidada y sin resistencia. Es preciso un partido que plantee abiertamente volver a una política de neutralidad



    ****************



    Cómo Negrín trató de mantener la guerra civil a toda costa para enlazar con la mundial. Comisión de la verdad sobre el PSOE:

    https://www.youtube.com/watch?v=9wXD9Anf03Q



    ************



    Parece que su reivindicación del Manifiesto por la Historia y la Verdad ha suscitado cierta irritación entre algunas personas, que la ven como una usurpación y un desprestigio para el manifiesto.

    –Son dos cosas distintas. Usurpación, ninguna, y pueden comprobarse las fechas y contenidos del proceso que llevó al manifiesto. Lo cual no niega que en su coordinación y trabajo para allegar firmas yo haya tenido poco que ver. Creo que fueron Jesús Palacios y Hermann Tertsch quienes lo hicieron fundamentalmente. Y desprestigio, ¿por qué? Se dice que muchos, sobre todo de izquierda, tipo Savater, Leguina, etc., no habrían firmado de saber que el manifiesto y su texto nacen de una iniciativa en gran parte mía. Por eso no he dicho nada hasta que se consiguieron las primeras y significativas doscientas firmas. Pero una vez dado el primer paso, la verdad sobre el asunto no hay por qué ocultarla. Yo no sé si realmente habrían ocurrido esas negativas, pero en todo caso el manifiesto sigue recogiendo firmas, que ya van por 13.000 o así.
    Pero le acusan de personalismo, de querer figurar…

    –Sí hay algo de personalismo, claro, porque yo no tengo por qué aceptar que unos pocos o unos muchos sectarios e ignorantes o mediocres pretendan ningunearme. Claro que no. Bastante boicot vengo sufriendo desde hace años por parte de los poderosos, de izquierda o de derecha, y de sus medios de prensa, para que vaya encima a rendirles pleitesía. No tengo el menor respeto por ellos, pese a su poder, porque no se debe respetar lo que no es respetable. Y no es que quiera figurar. Señalar la verdad no es querer figurar. Figurar lo hacen constantemente políticos, periodistas e intelectuales atribuyéndose méritos que no les corresponden.

    El hecho es básicamente este: a mí me alarmó enormemente el proyecto de ley, y me alarmó todavía más el que a muy poca gente pareciera alarmarle. Traté de dar un toque de alerta y lo hice. Claro está que sin la intervención de otras personas con más medios y facilidades, la cosa habría podido quedarse, como otras veces, en un artículo de blog muy poco leído y sin apenas efecto. Afortunadamente hubo colaboración muy significativa, y lo demás vino por sus pasos. Si la democracia significa algo para nosotros, debemos alegrarnos todos del efecto, trabajar por ampliarlo al máximo, a millones de personas para que despierten del semiletargo en que tienen sumida a la población los ilusionismos y las farsas de los políticos. Y eso es todo.




    _________________________

    Fuente:

    https://gaceta.es/opinion/theresa-ma...20180320-1705/
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  16. #16
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    Re: Rusia y España

    Un día como hoy, la familia zarista es asesinada en el sótano de la casa Ipátiev de Ekaterimburgo, en los desolados montes Urales (Rusia). Sus siete miembros, su médico y sus tres sirvientes son ejecutados a quemarropa y luego rematados a bayoneta por unos guardias bolcheviques borrachos. El guardián Yákov Yurovski, amigo íntimo de Lenin, da la macabra orden de ejecución de los miembros reales y entierro de los cuerpos en una fosa común en un bosque cercano para evitar que el Ejército Blanco, cada vez más cerca, los liberase de su cautiverio. La ejecución en apenas veinte minutos de todos miembros de la última familia reinante en Rusia acaba con tres siglos de la dinastía Romanov. La noticia corre como la pólvora, surgiendo desde el primer momento la leyenda de que alguno de ellos ha logrado sobrevivir.

    El Zar Nicolás II, sus hija Olga Nikoláyevna Románova de 22 años de edad, Tatiana Nikoláyevna Románova de 21, María Nikoláyevna Románova de 19, Anastasia Nikoláyevna Románova de 17 y el zarévich Alekséi Nikoláyevich Románov de 13 años de edad, son asesinados a sangre fría.

    ¡Viva Su Majestad Imperial Nicolas II, Zar de Todas las Rusias!


    ¡Viva Aleksandra Fiódorovna Románova, Zarina de Todas las Rusias!


    ¡Vivan las Grandes Duquesas, Olga, Tatiana, María y Anastasia!


    Olga.


    Tatiana.


    María.


    Anastasia.



    ¡Viva el Zarévich Alexei Nikoláyevich Románov, heredero del Zar!








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    Re: Rusia y España

    Las conjeturas sobre el supuesto «asesinato ritual» del último zar indignan a la comunidad judía rusa

    Temen que pueda degenerar en una nueva ola de antisemitismo



    Rafael M. Mañueco
    @rafael_manuecoSeguirActualizado:05/12/2017 21:41h
    17




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    La decisión de Comité de Instrucción de Rusia de iniciar una investigación para determinar si el último zar ruso, Nicolás II, y su familia fueron fusilados en 1918 en el marco de un "asesinato ritual", supuestamente organizado por judíos ocultistas, ha levantado en el país una agitada polémica.

    La comunidad judía rusa ha lamentado lo que teme que pueda degenerar en una nueva ola de antisemitismo y hasta los comunistas, que acaban de celebrar el centenario de la Revolución Bolchevique, no descartan que todo pueda tratarse de un intento de devolver el país a los tiempos del "absolutismo oscurantista" reinante, según ellos, durante la dinastía de los Románov.
    Este lunes se reunió en el Monasterio Srétenski, situado en pleno centro de Moscú, una conferencia dedicada a debatir sobre el trágico final de la familia real rusa, ejecutada por pistoleros comunistas en la noche del 16 al 17 de julio de 1918 en el sótano de la casa que le confiscaron a un comerciante llamado Ipátiev, en Ekaterimburgo.

    La reunión de Srétenski estuvo presidida por Kiril, el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, y durante el acto tomó la palabra el obispo Egórevski Shevkunov (Tijon), que dirige la comisión encargada de evaluar los resultados de todos los análisis realizados hasta ahora a los restos encontrados en las afueras de Ekaterimburgo para determinar si efectivamente pertenecen a Nicolás Románov y su familia. Tijon, a quien muchos consideran el "consejero espiritual" del presidente Vladímir Putin, dijo que aquel terrible fusilamiento "pudo tener un sentido ritual" y, según sus palabras, así lo estiman las mayoría de los miembros de la comisión. De manera que el ansiado reconocimiento de la autenticidad de las osamentas reales por parte de la Iglesia Ortodoxa rusa parece que va a quedar nuevamente aplazado.
    Marina Molodtsova, investigadora principal del Comité de Instrucción, confirmó que se han iniciado pesquisas para averiguar qué hay de cierto en esa teoría del "crimen ritual". Se da la circunstancia de que tal hipótesis no es nueva, surgió en el seno de la Guardia Blanca, las tropas zaristas que fueron derrotadas por los bolcheviques en la Guerra Civil que estalló tras la Revolución de Octubre.

    La mayor parte de aquellos militares leales al monarca ruso tuvieron que huir a otros países y fue precisamente en el exilio, en 1925, cuando las conjeturas sobre el carácter "ritual" del magnicidio tomaron cuerpo. Culparon a los judíos de haber perpetrado aquel crimen, puesto que la cúpula bolchevique estaba compuesta por personas de éste grupo nacional, Yákov Svérdlov y Lev Trotski, entre ellos. Hebreo era también Yákov Yurovski, el jefe del pelotón que acribilló a tiros a Nicolás II, a su esposa la zarina, a sus hijos y a los criados.
    El forense Nikolái Sokolov, el primero en analizar, en 1919, el lugar en donde fue llevado a cabo el atroz fusilamiento, dijo haber encontrado allí "signos cabalísticos", "inscripciones" y extrañas "cifras". En 1922, ya en el exilio, el orientalista ruso y estudioso del ocultismo, Mijáil Skariatin, dijo haber descifrado una de las inscripciones halladas por Sokolov que, según él, decía: "Aquí por orden de la fuerzas ocultas el Zar fue ofrecido en sacrificio con el fin de lograr la destrucción de Rusia".

    https://www.abc.es/internacional/abc...1_noticia.html

    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Rusia y España

    L
    legada de Iván V y Pedro I a la ceremonia de coronación de este último
    España y Rusia, dos países que comparten las mentiras de una leyenda negra que les pinta como bárbaros

    Tanto la leyenda negra española como la rusa encontraron acomodo intelectual durante la Ilustración, justo cuando los franceses asistieron el fracaso de su proyecto imperial en América mientras el español se mantenía en pie y el ruso se extendía por el mundo

    César CerveraSEGUIRActualizado:15/03/2022 17:07h
    GUARDAR18


    No una ni dos veces Rusia y España han sido tachadas de anomalías históricas. Bichos raros en su propio continente (cierto que Rusia se mueve entre Asia y Europa), enemigas de la civilización, países con tendencia a la barbarie y esquivas a la modernidad… «Escarba en un español y encontrarás un sarraceno; dentro de un ruso, y encontrarás un tártaro», afirmó en cierta ocasión la escritora estadounidense Gertrude Stein (1874- 1946). Ambos países arrastran leyendas negras sobre su historia y su forma de ser que la invasión a Ucrania ha avivado hasta niveles extremos en el caso ruso. La guerra ha despertado la rusofobia acumulada y ha devuelto viejos tópicos contra la nación de Dostoyevski, León Tolstói, Vasili Kandinski o Ígor Stravinski que los infames actos de Putin no justifican.
    «Rusia es una adivinanza, envuelta en un misterio, dentro de un enigma», aseguraba Wiston Churchill en una frase que resume la fascinación y, a la vez, el desconcierto que Rusia ha provocado históricamente a Europa occidental. El origen de esta desconfianza hacia Rusia no está en la Guerra Fría, ni en la Segunda Guerra Mundial, ni en la Revolución rusa, ni siquiera, como muchos creen, en la Guerra de Crimea contra Gran Bretaña. Los prejuicios contra los rusos, principalmente alentados por alemanes, británicos y franceses, proceden de principios del XVIII, cuando la leyenda negra española vivió también su renovación ilustrada.
    El origen ilustrado

    Tanto la leyenda negra española como la rusa encontraron acomodo intelectual durante la Ilustración, justo cuando los franceses asistieron el fracaso de su proyecto imperial en América mientras el español se mantenía en pie y el ruso se extendía por el mundo a un ritmo asombroso. De la mano de grandes reyes como Pedro I o Catalina La Grande, el imperio ruso se zambulló en la Ilustración y, además de expansión militar, vivió una edad de oro cultural.
    En parte por envidia y en parte por arrogancia, la intelectualidad francesa, repartidora de carnet de modernidad por el mundo, se negó a reconocer los méritos internos de Rusia para alcanzar sus objetivos y dibujó a ambos reyes de manera grotesca como déspotas asiáticos, de manera que solo merecían elogios cuando se valieron de los valores ilustrados para, según ellos, curar el atraso de la nación rusa. Curiosamente, Catalina era prusiana y Pedro, un hombre fascinado por la cultura occidental.

    Alegoría de la expansión rusa, de Auguste Raffet, hecha durante el levantamiento polaco de 1830.

    Como recuerda la filóloga e investigadora María Elvira Roca Barea en su obra ‘Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español’ (Siruela), Rusia se fue transformando en una auténtica obsesión para los ilustrados franceses, pero «no interesaba Rusia en sí misma, ni su lengua ni su literatura ni su cultura ni sus gentes ni su extraordinaria vitalidad». A los ilustrados franceses, solo les interesaba el poder ruso y la cultura que habían adaptado siguiendo el canon europeo que los galos dictaban.

    Diderot, Voltaire, Rousseau y otros ilustrados debatieron durante años sobre si era posible civilizar a Rusia, en tanto la consideraban, a pesar de sus avances culturales y políticos, una región bárbara y medio asiática. Prácticamente la misma polémica que los ilustradores, responsables de la renovación de la leyenda negra español en el siglo XVIII, mantenían sobre la tierra del Quijote en esas mismas fechas. La entrada dedicada a España en ‘Encyclopedie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers’ fue especialmente hiriente y causó un pequeño seísmo en la intelectualidad española. Influido por la leyenda negra, Masson de Morvilliers, el autor encargado del artículo sobre España, se dedicó a lanzar juicios sumarios contra la historia del país: «Tal vez sea la nación más ignorante de Europa. ¡Las artes, las ciencias, el comercio se han apagado en esta tierra!».
    a zona oriental del continente servía de contrapunto al concepto de civilización al que aspiraban los ilustrados y que consideraban propio de la Europa Occidental
    Sin embargo, el problema ruso era todavía más grave que el español, pues a ellos ni siquiera se les incluía dentro de la cultura europea. En palabras del historiador Núñez Seixas en su artículo 'Del ruso virtual al ruso real: el extranjero imaginado del nacionalismo franquista', «la zona oriental del continente servía de contrapunto al concepto de civilización al que aspiraban los ilustrados y que consideraban propio de la Europa Occidental, pero también se construyeron entonces una serie de tópicos acerca del atraso y de las características étnicas de los pueblos del imperio zarista».
    En el libro mencionado de Roca Barea, se apunta que incluso la palabra ‘civilización’ se popularizó durante la década de los setenta del siglo XVIII en relación al debate ilustrado de si Rusia era parte de ella o no. Diderot defendía la imposibilidad de florecer las artes y las ciencias en Rusia a corto plazo... Rusia estaba incapacitada, bajo su opinión y su experiencia en el país, para ser una tierra civilizada.
    Ingleses y alemanes toman el relevo


    Monumento a la guerra de Crimea en Londres.
    La propaganda antirrusa se aplificó con las guerras napoleónicas, convertida Rusia en una enemiga preferente de Francia, y se consolidó durante los siguientes siglos. Rusia fue presentada como una tierra hambrienta por conquistar Europa, de modo que sus habitantes cumplían el estereotipo del borracho, ignorante, bárbaro y ferozmente agresivo invasor. En francés se empezó a usar el adjetivo russe con el significado de «taimado» o «astuto».
    A mediados del siglo XIX, Gran Bretaña, artífice principal de la leyenda sobre España, tomó el relevo a Francia en la guerra política y propagandística contra Rusia. Para favorecer sus propias ambiciones sobre el imperio turco y Oriente Próximo, los británicos se valieron de la prensa para alertar de que la barbarie rusa amenazaba Europa. El caso de Afganistán, como otros, evidenció que, si bien Rusia no era una monjita de la caridad, la nación más agresiva en este y otros teatros no era otra que Inglaterra.
    Tanto el Idealismo alemán como el nacionalismo extremo representado por Hitler asumió estos tópicos a principios del siglo XX y negó a los rusos cualquier contribución a l a civilización europea. Desde la distancia que da la geografía, Julián Juderías, principal divulgador del concepto de «leyenda negra» vinculada a España, fue uno de los pimeros en percatarse de los prejuicios irracionales que rodeaban a Rusia. A principios del siglo pasado, Juderías, que dominaba el ruso, denunció en ‘Rusia contemporánea’ (Madrid: Imp. Fortanet, 1904), una de sus primeras obras, la visión distorsionada que Europa tenía de este país debido a la influencia de la propaganda de Alemania, Francia y Gran Bretaña. Tiempo después hizo lo mismo con el caso español. Dos leyendas negras, dos civilizaciones con gran peso en la cultura europea a las que se les ha negado sistemáticamente su historia.

    https://www.abc.es/historia/abci-esp...8_noticia.html
    Última edición por ReynoDeGranada; 29/03/2022 a las 15:22
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    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Rusia y España

    JOSÉ DE RIBAS, FUNDADOR DE ODESA

    Ricardo Aller Hernández 15/04/2022





    Grom pobedy, razdavaysya! Que suene el estruendo de la victoria.

    Resuena la promesa de una victoria mientras el sol comienza a ocultarse a espaldas de la recién conquistada fortaleza de Izmail. Remodelada por ingenieros alemanes y franceses, se alza sobre un anfiteatro natural y cuenta con muros de 6 a 8 metros de alto, un foso de 12 metros de ancho por 6 de profundidad y la protección del Danubio por el flanco sur. En sus once baluartes asoman 265 cañones, donde se han instalado José de Ribas y el resto de las tropas rusas.

    Camina el español por las murallas, repasando mentalmente todo lo sucedido durante el año desde que se inició el sitio, primero con Iván Gudóvich al mando y luego con el general Aleksandr Suvórov, al que llaman con justicia «el general que jamás ha perdido una batalla», quien llegó con el objetivo de tomar la plaza a cualquier precio, intención que trasladó en una carta al comandante otomano Aidos Mehmet Pashá el 21 de diciembre de 1790.

    A la atención del serasker, sus oficiales y la población: estoy aquí con mis tropas. Tenéis veinticuatro horas para reflexionar. Podéis rendiros y conservaréis la libertad. Mis primeros disparos significarán que no habrá libertad. El asalto significará la muerte. Lo dejo a vuestra consideración.

    Eso fue hace tres días y hoy Izmail ya es rusa. Aunque los turcos combatieron ferozmente en las murallas, en las puertas, en cada calle y en cada casa, el general mismo día, Suvórov cumplió su amenaza: ninguno de los 4.000 soldados que resistieron en el último bastión junto al serasker ha vivido para contarlo, se ha saqueado la ciudad sin piedad y hombres, mujeres y niños han sido pasados a cuchillo uno a uno, así hasta 40.000, en una masacre que Roger de Damas, un francés al mando de una de las nueve columnas asaltantes, ha descrito a la perfección:



    Comienza a anochecer. Fuera de las murallas todo comienza a ser oscuridad, pero el espíritu emprendedor de Iosif Mikhailóvich Deriba, como se le conoce, le hace vislumbrar un futuro luminoso. Con la toma de Izmail Rusia se va a convertir en el dominador del Mar Negro, lo que exige un lugar digno desde donde poder ejercer el control de la zona, así que piensa proponer a la zarina la creación de una ciudad que resista orgullosa el paso del tiempo.

    Una ciudad hermosa, se dice convencido, a la que llamarán Perla del Mar Negro.



    EL PERSONAJE

    José Pascual Domingo de Ribas y Boyons, también conocido como Iósif Mijáilovich Deribás nació en Nápoles en una fecha indeterminada, estableciéndose una horquilla entre 1749 y 1754. Su padre, Miguel de Ribas y Bouyens, era de Barcelona, de familia noble de Cataluña, y sirvió como mariscal y director del Ministerio de Fuerzas Navales y Armadas en el Reino de Nápoles. Su madre, Margaret Plunkett, era de Irlanda con el noble apellido Duncan.

    Se alistó en la Guardia Napolitana con 16 años, en el regimiento de infantería con el rango de segundo teniente y a los veinte, ostentando ya el grado de mayor del ejército, es presentado en la ciudad de Livorno a Alexéi Orlov comandante de la flota rusa en el mar Mediterráneo y hermano de uno de los amantes de la emperatriz Catalina la Grande, quien lo tomó a su servicio como ayudante e intérprete por los múltiples idiomas que dominaba: español, alemán, inglés, francés, italiano y latín.



    Durante su viaje hacia Rusia Iosif Mikhailóvich Deriba (así se le conocía) participó en la batalla naval de Chesme, en el marco de la guerra ruso-turca (1768-1774), donde la flota imperial rusa hundió a la otomana. Se tiene constancia de su llegada a Rusia en 1772, que aprendió el idioma y que terminó alistándose en la academia militar rusa, adquiriendo el rango de capitán en el Cuerpo de Cadetes de Tierra.

    Iz ispánskij dvorián (miembro de la nobleza española). (Documento de inscripción en el cuerpo)

    En San Petersburgo conoció al ministro de construcciones de la emperatriz, Iván Ivánovich Betskói y su hija ilegítima Anastasia Ivánovna Sokolova, con la que se casaría tres años después. La boda se celebró en 1776 en el palacio de Tsárskoye Seló, con la presencia de la zarina, que posteriormente se convertiría en madrina de las dos hijas del matrimonio, Catalina y Sofía



    En 1783 entró al servicio del nuevo favorito de la zarina, el príncipe Grigori Potemkin. Ascendido a coronel y posteriormente a brigadier, participó activamente en la conquista de Crimea y en la construcción de la Flota del Mar Negro y su puerto base principal, Sebastopol.

    Entre 1787 y 1792 participó en la guerra con Turquía, destacando en la batalla naval del estuario del Dniéper en 1788, donde participó en el asedio a la fortaleza de Ochákov, acción que le valió el ascenso a mayor general.

    En 1789 inició una operación nocturna contra la población de Jadzhibéy y la fortaleza costera de Yení Dunyá, una bahía de gran valor estratégico militar, y un año después comandaría la toma de la fortaleza de Izmail, considerada inexpugnable: Ribas condujo su flotilla a través de la desembocadura del Danubio y remontó el río hasta la fortificación, dejando en su camino más de un centenar de naves turcas destruidas o capturadas, aunque finalmente el teniente general Iván Gudóvich ordenó levantar el cerco y retirarse.



    Contrariado, el español desoyó las órdenes y en lugar de retirarse solicitó refuerzos a Potemkin. El príncipe envió al general Aleksandr Suvórov, el general que jamás ha perdido una batalla. Con su ayuda y la de nueve columnas asaltaron la fortaleza a sangre y fuego, confirmando el dominio ruso sobre la costa septentrional del Mar Negro.

    La toma de Izmail provocó la euforia entre las autoridades zaristas. Incluso fue celebrada en una canción que durante unos años sirvió de himno nacional ruso:

    ¡Resuena, trueno de la victoria!, ¡alégrate, valiente Rusia!, ¡adórnate con la sonora gloria!, ¡has derribado a Mahoma! (letra compuesta por el poeta Derzhavin)

    En 1792 Ribas participó en la firma del Tratado de Jassy como uno de los tres plenipotenciarios designados por Potemkin ante el Imperio otomano para firmar la paz, donde se cedía a Rusia toda la orilla septentrional del Mar Negro. En un decreto personal, Catalina le encomendó la construcción de una nueva ciudad, lo que lograría en el tiempo récord de dos años.



    ODESA

    BREVE HISTORIA

    Conocida como la Perla del Mar Negro, la arqueología asegura la existencia de asentamientos en el lugar desde el siglo VII a.C. por marineros de la antigua Grecia. La Horda Dorada dominaría la zona desde 1256 hasta alrededor de 1324, cuando el Gran Ducado se convirtió en la potencia imperante. Por aquel entonces se inició la construcción de una fortaleza que llamaron Kotsubiyiv, lugar que sería rebautizado por el imperio otomano con el nombre de Jadsibey, siendo reconvertida el 25 de septiembre de 1789 en una nueva ciudad: Odesa.



    La ciudad y el puerto de Odesa obtuvieron el estatus de ciudad en 1794 por un decreto de Catalina la Grande debido principalmente a su enorme valor estratégico era vital, al ser la principal puerta marítima del sur del imperio ruso. El nombre elegido para la ciudad fue el de la antigua colonia griega de Odessos y en 1795, la emperatriz le cambió el género al femenino, Odesa.

    José de Ribas fue nombrado gobernador de Odesa, siendo una de sus principales preocupaciones la repoblación de la nueva ciudad, hasta ese momento habitada por unos pocos cosacos. Para atraer a nuevos pobladores declaró que los que se establecieran en Odesa no pagarían impuestos y se les darían tierras para construir sus casas, obteniendo un resultado inmediato: en 1799 la ciudad ya contaba con más de 4.500 habitantes y con el tiempo se convirtió en uno de los puertos más importantes del mar Negro.



    La construcción de la ciudad se realizó siguiendo un estilo europeo. Ribas ordenó construir iglesias, así como la fortaleza y el puerto, diseñados por el ingeniero neerlandés Franz de Volán. También comenzó la construcción de la flota rusa del mar Negro, hecho que levantó suspicacias entre la oficialidad de la Armada rusa por lo insólito de que un militar del Ejército de Tierra estuviese al mando de la marina. Las quejas llegaron hasta Catalina la Grande y esta zanjó el problema nombrando al español contralmirante y posteriormente vicealmirante.

    A la muerte de la emperatriz y el acceso al trono de su hijo Pablo I, Ribas fue llamado a San Petersburgo para ser sometido a un proceso por supuestas malversaciones en la fundación de Odesa. Finalmente los cargos fueron desestimados y sus propiedades y honores, restituidos. Sin embargo, Pablo I lo retuvo en la Corte; nunca más volvería a Odesa.



    Las numerosas conspiraciones palaciegas terminaron por apartarlo del poder en marzo de 1800. A raíz de esta destitución, contactó con los círculos de descontentos de la errática política de Pablo I y conspiró, junto con el vicecanciller Nikita Panin y el gobernador de San Petersburgo Peter Ludwig von der Pahlen, para dar un golpe de estado que pusiera en el poder al príncipe Alejandro, el heredero; pero estos planes se frustraron por unas fiebres crónicas de las que se había contagiado en campaña.

    José de Ribas falleció el 2 de diciembre de 1800. Muchas fuentes coinciden en manifestar que fue envenenado por Von Pahlen ante el temor de que en su delirio revelara los planes golpistas. Está enterrado en el cementerio luterano Smolénskoe de San Petersburgo ubicado en la Isla de los Decembristas.



    RECONOCIMIENTOS

    *El rápido desarrollo y el florecimiento de Odesa se deben principalmente a la actividad y buen gobierno de los padres de la ciudad: Ribas, Volán, el duque de Richelieu, el conde L. Langerón, y el conde Mikhaíl Vorontsov.

    *La calle Deribásovskaya Ulitsa es la más reconocida de la ciudad y desde 1811 se nombró en su honor.

    *Con motivo del 200 aniversario de la fundación de Odesa, en 1994, la ciudad le dedicó una estatua de bronce ubicada al principio de la calle que lleva su nombre. Se le representa con una pala en una mano y un plano en la otra.

    *Otra referencia al fundador la encontramos en el monumento de Catalina II, en la que en una de las figuras que adornan el pedestal hay un nombre de connotaciones netamente españolas: Vicealmirante I.M. De-Ribas.

    *A iniciativa de la embajada española en Ucrania, en 2013 se presentó el documental José de Ribas. El Odiseo español, dirigido por Jorge Latorre.

    *Fue tal su fama que Lord Byron (1788-1824) incluyó expresamente su nombre en su obra Don Juan, indicando que tomó la fortaleza turca de Izmail a pesar de contar con fuerzas muy inferiores

    *De Ribas acumuló en su vida las principales condecoraciones rusas, como la Orden Imperial y Militar de San Jorge, la de San Vladimiro, la del Santo príncipe Vladimiro, la de San Alejandro Nevski y la de San Juan de Jerusalén.


    https://espanaenlahistoria.org/perso...ador-de-odesa/





  20. #20
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    Re: Rusia y España

    Patriotas rusos hacen manifestación conmemorando el Día de la Hispanidad...

    Se ven las banderas de muchas naciones iberoamericanas y más grande que todas: "MUERTE A INGLATERRA"

    https://twitter.com/samueu02/status/1580370992324804608
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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