Escenas de Danzas de la Espada; en la primera, la tradición de Puebla de Guzmán (en el sur peninsular), la segunda fotografía pertenece a una Ezpata Dantza vascuence.

DANZAS DE LAS ESPADAS
Grupo Sippe

Voltaire decía que los vascongados eran un pueblo que baila al pie del Pirineo. Y, por extensión, pudiéramos afirmar que los españoles somos un pueblo que ha danzado al sur de los Pirineos. Varios autores antiguos relacionan la actitud guerrera de nuestros antepasados, los antiguos hispanos, con la danza. Tito Livio afirmaba que los turdetanos se lanzaron en tropel y danzando, como acostumbraban, contra los cartagineses que atacaron una de sus ciudades bajo el mando de Asdrúbal; corría el año 216 a. C. Diodoro Sículo, coetáneo de Augusto, dice que los lusitanos: "gustan de practicar en tiempo de paz una danza ligera para la que se requiere una gran agilidad; en el combate avanzan a paso rítmico, entonando cantos guerreros al atacar a los enemigos".

En tiempos de Carlos I de España y V de Alemania, cuenta Caro Baroja que cundió un pareado en vascuence que decía que la corte del Emperador era, como un aquelarre de machos cabríos danzando la "espata-dantza" (la danza de las espadas):

Carlos quintoren barantzan
Aquerrac espata dantzan.

Las danzas de las espadas están presentes en el acervo de muchos pueblos europeos, desde Andalucía hasta el Norte de Inglaterra y desde el Adriático hasta Escandinavia. En el norte de España, son muchas las localidades que conservan celosamente sus danzas de las espadas. Es digno de creer que serían muchos los pueblos que a lo ancho y largo de toda la Península Ibérica tendrían entre su folklore estas coreografías de carácter guerrero.

Las Danzas de las Espadas también están presentes en el acervo folklórico de la Iberia meridional. Los profesores Ángel Acuña Delgado y Francisco Javier Santamaría Diaza acometieron -allá por 1989- la tarea de estudiar los casos de "Danzas de espadas en Andalucía".

Pueblos como Obejo (provincia de Córdoba), San Bartolomé de la Torre, Puebla de Guzmán o El Cerro del Andévalo, son casos en que todavía se ha conservado esta tradición folklórica en el sur.

La Danza de las Espadas de Puebla de Guzmán se celebra en la romería de la Virgen de la Peña, Patrona de Puebla de Guzmán. La bailan, con sus espadas, un número impar de varones que puede oscilar de 7 hasta 13, liderados por su "Capitán". Los danzarines eran, hasta hace poco, miembros todos de ciertas familias lugareñas que se transmitían la tradición de padres a hijos.

Atendiendo al caso de Puebla de Guzmán es de felicitarse por la congrua intervención del claustro de profesores del Colegio "Sebastián García" que, incorporando el aprendizaje de esta danza entre las actividades extraescolares, pudo a tiempo salvarla de la extinción.

La Danza de las Espadas de Puebla de Guzmán pudo haber desaparecido, como a buen seguro han desaparecido otras similares en tantos otros pueblos de España. La pérdida de nuestras genuinas tradiciones es la pérdida de nuestra identidad, identidad histórica y tradición auténtica que se suplantan por una Historia falseada y una tradición postiza.

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