Gibraltar, emblema de lo insoportable
Las provocaciones y agresiones de las patrulleras británicas en aguas cercanas a Gibraltar, contra barcos pesqueros y patrulleras de la Guardia Civil, no son nada nuevo, pero han ido en aumento estos días. En aumento insoportable.
Contra confusiones interesadas, siempre es bueno recordar que el único acuerdo que puede invocar el llamado Reino Unido de la Gran Bretaña para su presencia en el Peñón, el Tratado de Utrecht (1713) concede a dicho estado la propiedad «de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen» (Art. X); en ningún caso concede soberanía ni dominio sobre las aguas.
Como el Reino Unido (estado creado en 1707 por la usurpación orangista; no se trata de Inglaterra, pese a la insistencia en el error por parte de muchos) violó desde el principio los términos del Tratado de Utrecht, éste quedó sin valor. Tan sin valor, a lo que parece, como las resoluciones de la llamada Organización de las Naciones Unidas doscientos cincuenta años más tarde, que exigen la descolonización de Gibraltar y determinan que no existe población con derechos en el citado Peñón: los verdaderos gibraltareños viven fuera de su ciudad desde poco después de la ocupación. Parece que a la ONU, tan invocada en estos tiempos, sólo se la atiende si sirve para justificar las agresiones del Eje Washington-Tel Aviv-París-Riad.
El Reino Unido de Gran Bretaña es una tramoya tercermundista que se ha convertido, hoy, en la punta de lanza del Islam en occidente, entre otras democráticas virtudes. Sólo la lamentable práctica de los gobiernos liberales en España, de debilitar a nuestra Patria para mantenerse en el poder con apoyo extranjero ―práctica llevada al paroxismo por el sucesor de Franco, Juan Carlos, y por los partidos políticos cómplices de éste en el saqueo de España― está impidiendo que se ponga fin a la vergonzosa presencia británica en el extremo sur de la Península.
Gibraltar, más que peñón, es guinda de la situación insoportable que vivimos, con gobiernos que son de ocupación al servicio del extranjero y de los intereses financieros transnacionales. Cada gobierno del juancarlismo ha sido peor que el anterior; el actual del PP y de Rajoy se ha apresurado a empeorar la situación recibida del PSOE, no sólo en materia de defensa y relaciones internacionales.
Todos los accesos al Peñón deben ser cerrados, todos los suministros suspendidos. La zona a su alrededor debe ser militarizada. Las aguas territoriales y el espacio aéreo españoles deben ser cerrados a los británicos. Las alianzas y operaciones internacionales en que esté presente el Reino Unido deben ser abandonadas de inmediato. Sólo así los actuales usurpadores del poder en España conseguirán disimular algún tiempo más su condición de agentes enemigos. Y, de paso, la situación de la colonia de Gibraltar se hará insostenible. No es difícil; es traición no llevarlo a cabo.
Madrid, 24 de mayo de 2012, fiesta de Nuestra Señora Auxiliadora.
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