Ese conjunto de depravaciones no son sino el reflejo del final de una época, podemos decir, sin temor a equivocarnos y sin bola de cristal alguna, que el final de una civilización. Ha sucedido otras veces y en otros escenarios, pero no debemos temer que lo que venga sea un islamismo, pues está tan contaminado y podrido como Occidente. Lo peor para nosotros es que lo que ha sido y sigue siendo la base o el suelo en el cual se ha sustentado nuestra existencia, desaparezca para dar paso a otra cosa. Y en ese final está incluida la extinción de toda esta parásita podredumbre.