El problema es económico, pero también político. Es curioso como el que se dice adalid de los pobres, Lula da Silva, miAe con tanto ahínco a su oligarquía, aplicando una mezcla letal de liberalismo y proteccionismo que ha hecho que Brasil controle la producción de soja de Paraguay y Bolivia, gran parte de la distribución cárnica de todo el continente y hasta haya comprado la célebre cerveza argentina Quilmes.
Respecto a UNASUR no tengo un juicio tan negativo, pues podría ser un buen medio de cercenar la influencia gringa en la región (reparemos solamente en que la OEA, frente a cuya inoperancia se alza UNASUR, tiene su sede en gringolandia).
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