Las venas abiertas se cierran
Publicado por Guillermo Hirschfeld el 9 09Europe/Madrid mayo 09Europe/Madrid 2014
Eduardo Galeano ha dicho que no leería nuevamente Las venas abiertas de América Latina. Así, el escritor uruguayo derribó un mito viviente de la literatura de izquierda latinoamericana cuando en la II Bienal del libro y la lectura de Brasilia reconoció: “Esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”.
Aunque el daño ya está hecho, porque Las venas abiertas de América Latina influyó de manera negativa en dos generaciones de latinoamericanos.
La confesión de Galeano, en todo caso, es bienvenida y supone un gesto de honestidad intelectual poco frecuente hoy en día, cuando no se estila abdicar de aquellas posiciones férreas sostenidas en el pasado.
Este libro de culto fue definido hace ya algunos años en El manual del perfecto idiota latinoamericano por Carlos Alberto Montaner, Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza como La Biblia del idiota.
Se trata de un texto en el que se reúnen la mayor cantidad de imprecisiones, mentiras y fobias de la izquierda más desnortada de América Latina, todo ello en un solo tomo.
El libro de Eduardo Galeano comienza con una cita, una “proclama insurreccional”: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez” y continúa con una historia maniquea según la cual los latinoamericanos siempre fuimos víctimas de planes foráneos destinados a expoliar nuestros recursos y, en último término, someternos.
En cualquier caso, lo relevante de Las venas abiertas de América Latina no es su contenido, infumable e interminable, sino lo que ha significado para dos generaciones de la progresía latinoamericana: contar con una vademécum que pretendía recoger la explicación de los males y las injusticias que sufría América latina.
Con la lectura del libro podían suscitarse dos fenómenos. En primer lugar, si en un ejercicio de extrema candidez y profunda pereza intelectual un lector desprevenido “compraba” los argumentos falaces expuestos por el autor uruguayo, descubriría cómo desde hace más de 500 años y de forma ininterrumpida todo el mundo ha conspirado para alejar a los latinoamericanos de la prosperidad, saquear nuestras riquezas, explotarnos y hundirnos con sus “garras” en la miseria más absoluta.
Si, por el contrario, el lector descubre el perverso ardid que esconde el libro, también querrá cortarse las venas. Esta vez por el engaño al que se enfrenta.
Una manipulación de la realidad en toda regla, distorsionándola para adjudicar todas las culpas de nuestros males a un enemigo exterior, con el fin justificar lo injustificable u ocultar la verdad.
En definitiva, el engaño consiste en negar de manera intencionada aquella serie de profundas variables culturales que han surgido en los dos siglos transcurridos desde la emancipación de las repúblicas latinoamericanas. Es decir, aquellos factores que han engendrado las malas prácticas responsables del estancamiento de ciertos países de América Latina, históricamente alejados del crecimiento y la prosperidad experimentados por otras regiones. El método es sencillo, pero eficaz: se busca un chivo expiatorio ajeno a América Latina, se le imputan todos los males que afligen a la región y se soslayan los errores cometidos por los propios latinoamericanos. Lo que vulgarmente se conoce como “tirar balones fuera”.
La corrección política y el panfleto progre conforman un vínculo indisoluble, son por definición la cara y cruz de una misma moneda.
Por ello, para los amantes del topicazo, del mito facilón y digerible, y para todos aquellos rechazan el esfuerzo requerido por el análisis riguroso, desapasionado y racional de la realidad, hoy es un día triste.
Cebe recordar que a la cumbre de las Américas celebrada en Trinidad y Tobago de 2009 estuvo marcada por un suceso de carácter folclórico relacionado con el libro. En efecto, el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez obsequió al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, con un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina.
Si el presidente Obama deseaba conocer mejor la realidad latinoamericana, debería haberse hecho con un ejemplar de libro Del Buen salvaje al Buen revolucionario, obra de otro venezolano, Carlos Rangel. Ese ensayo sí derriba mitos, prejuicios y tópicos sobre la región más fascinante del planeta.
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