Efectivamente no ha sido Vd. a invocar la traición de los dirigentes portugueses a España; lo hizo Erasmus en un mensaje más antiguo. Mi intención era reforzar - ahora de forma documentada - el rechazo a esa opinión expresado en mi mensaje anterior. Perdóneme si hice parecer que ha sido Vd. a expresar esa opinión.

También he reconocido en mi ultimo mensaje que el problema de los impuestos pesó en la eclosión de la rebelión portuguesa, como en la andaluz y la catalana. Pero más que los impuestos, lo que he querido subrayar es que Felipe III y Felipe IV (y sus validos) han repetidamente manifestado desprecio por la palabra dada por el muy excelente rey D. Felipe II y por las leyes y costumbres portuguesas. Ese desprecio continuado sí que ha sido determinante en la separación del imperio portugués de la monarquía hispánica.

Coincido con Vd., Sr. Jasarhez, en que el reino de Castilla se ha cargado la mayor parte de los sacrificios exigidos al imperio hispánico para su defensa y la de la Santa Religión. Que estaba agotado y que habría que equilibrar los esfuerzos. Pues para nuevos impuestos en Portugal se deberían reunir Cortes: pero al Conde-Duque de Olivares no le importaban un pimiento las leyes de Portugal, o los combates librados por los portugueses en Brasil, en India, en África, en las Molucas, en Macao, en la actual Indonesia y tantos otros lugares contra los holandeses y ingleses - guerra luso-holandesa (1595-1663) - y que también habían agotado al reino portugués. Y para esa guerra no se ha acordado el Conde-Duque de reunir tropas o lanzar nuevos impuestos en España.

Hubieran los descendientes de D. Felipe II heredado siquiera una parte de su sabiduría, piedad, dedicación al buen gobierno, respeto por las leyes y costumbres de sus reinos y señoríos y habrían ellos recibido la lealtad de sus súbditos, los castellanos como los portugueses y como los catalanes. Mismo subiendo impuestos.

Un saludo,