Naufragios en Patagonia Austral, cuando España abría el camino…

Andrea Zucas


Amanece en el horizonte mediterráneo, el sol lentamente da unas pinceladas en el cielo y este, tímido, se proyecta esfumándose entre los destellos de espuma sobre el mar. Hoy despierta más rosa que otros días. El sonido de las gaviotas me suena casi igual al de los albatros. No es fácil escribir un artículo sobre mi tierra natal. No me es indiferente la memoria que me invade de imágenes en aquellos parajes costeros de estepa, meseta, viento y oleaje de experiencias vividas entre la mística de las leyendas, la realidad y una de mis pasiones: el mar. Y luego relatos de tradición de familia ancestral. Familia por cierto, de inmigrantes españoles en gran parte de mi genealogía, que decidieron emprender aquella aventura en esa nueva Tierra Prometida de la Edad Moderna: América. Al igual, que otras miles de familias pioneras en las colonias Patagónicas. Y aquí estoy yo, después de más de un siglo, desde la otra orilla contando este relato en la Costa del Sol, donde la más profunda nostalgia acaba de entrar en juego. Pero allí voy, y esta vez no será de mapas…sino de naufragios. En aquella “Terra Incógnita” que durante siglos se leía en las cartas de navegantes los derroteros de un estrecho, que gracias al Imperio español de la mano de Magallanes, se descubría y comenzaba a cartografiar.






La Patagonia, como espacio físico, cultural, e histórico, se encuentra a mitad de camino entre el mito y la realidad. Su historia está llena de esforzados pioneros, tragedias, y olvidos. Es una tierra cargada de promesas de progreso, con distintos focos de desarrollo económico y social. En su extenso territorio costero la mano de pioneros españoles dejó sus primeras huellas, asentamientos y fuertes. Dando ánimo además a otras naciones a incursionar en la aventura.

A medida que avanzó el S. XVI, las expediciones fueron incrementándose acorde al aumento del volumen del tráfico comercial. El Estrecho de Magallanes fue un territorio de alto valor estratégico para la navegación hispana hacia Oriente, así como la conexión natural hacia la costa americana del Pacífico sur y norte de los dominios castellanos. En principio, no coincidieron con un período de exhaustiva investigación de las costas y de la realidad geográfica del paso austral, siendo en muchos casos, una simple idealización de un estrecho que separaba el Nuevo Mundo de la mítica “Terra Australis”, el camino al Mar del Sur o Pacífico. Si bien fue representado cartográficamente a partir de la gesta de Magallanes y su expedición, se trataba de un paso que requería un buen soporte cartográfico para poder sortearlo con éxito. Desde la perspectiva española, la expedición que en el siglo XVI realizó la más importante contribución cartográfica del estrecho fue la de Pedro Sarmiento de Gamboa quien, en su viaje de exploración de 1579 y 1580, y luego en su proyecto fundacional, realizó importantes aportes al conocimiento detallado de las costas de dicho paso austral, tal como se señala en la edición española de su viaje, «La descripción que hace del Estrecho de Magallanes se contempla mui instructiva y útil a los navegantes, porque no solo da la configuración de los Montes, sino que señala mui prolixamente las corrientes, sondas, Ríos, Ensenadas y Puertos que en él se hallan, informando de los parages que vio poblados, como de sus moradores»

Reconocida posteriormente la gran hazaña de la expedición de Magallanes en las aguas de los mares del sur, y por haber logrado la primera circunnavegación alrededor del globo, la marina española y la de otras naciones toman el mismo rumbo con el objeto de comprobar la veracidad de esta zona, aún desconocida ruta de navegación en la región de la “Terra australis Incognita”. Entre los navegantes más destacados se encuentran: Alonso de Camargo en 1539, Juan Ladrillero en 1557, Francis Drake en 1578, Sarmiento de Gamboa en 1579, Tomas Cavendisch en 1587, Ricardo Hawkins en 1494, Oliverio van Noort en 1599, y más adelante Bouganville, Dumont d’Urville, Malaspina, James Cook, Fitz Roy y Parker King y una larga lista.




La geografía como tal, se desprende mucho tiempo después de la astronomía. Esa Cruz del Sur que permanece allí resplandeciente y fiel hace millones de años, siempre estuvo paciente para guiar a los marinos en el Mar del Sur, quienes ante la tempestad buscaron refugio en alguna costa cercana. Mientras los barcos fondean en las bahías esperando calma, sus tripulantes desembarcaban en la costa y buscaban aquel místico árbol de Alerce donde cada uno de los barcos de todas las épocas que por allí anclaron, dejaron un cartel colocado sobre su enorme tronco milenario con sus datos relevantes a modo de registro, o de anuncio. Los hay con las leyendas más originales y es una tradición marinera en la zona desde siempre. Esos bosques esconden los mejores cuentos de hadas y duendes en donde muchos de los escritores célebres encontraron su inspiración.

Desde Cabo Vírgenes en el Océano Atlántico, hasta el Faro Evangelistas en el Océano Pacífico, el Estrecho de Magallanes tiene una longitud de 600 km. El Estrecho divide geográficamente una de las dos zonas más impresionantes del sur de Chile; la Patagonia y Tierra del Fuego.

En aquellas latitudes la navegación, es particularmente peligrosa por los vendavales y tide rips o corrientes traicioneras y los icebergs e islotes que a veces están ocultos por el agua. En las rocas del Estrecho en las solitarias playas del Canal de Beagle, en el propio Cabo de Hornos y en el extenso litoral patagónico, el casco tumbado de un velero con su arboladura quebrada o el vapor encaramado en las rocas o escorado en la arena, las antiquísimas cuadernas de maderas que afloran de sedimentos marinos, pertenecen a una nota indispensable en el paisaje marino austral. Silencioso testigo de innumerables naufragios de todos los tiempos, en especial durante el siglo XIX.

Durante esta época en los puertos del sur de Chile y Argentina, marinos, cazadores de lobos, balleneros, piratas y contrabandistas de “Guachacay” (agua ardiente que cambiaban por cueros) coexistían en búsqueda de comercio, además del comienzo del auge de la ganadería en la Patagonia y Tierra del Fuego. (Testimonio de ello es la primera Estancia de la Patagonia que se ubicó en estas zonas y se caracterizó por el tipo de construcción del estilo sureño, con ciertos elementos arquitectónicos propios de la edificación en Australia y Nueva Zelanda. “Estancia San Gregorio”, Fundada en 1870.)





Los marinos, practicaron una antigua industria a la que le dieron su marco legal: “la piratería del raque”, de origen en Inglaterra, Suecia, Noruega y en todos los países de vida marítima.


Esta acción que los británicos llamaban “wrecking” con la que identificaban el naufragio, como derivada de “wreck” sustantivo de demolición fue adoptada por los españoles con el vocablo “raque” dando origen a los que se conocerá como “raqueros” o sea individuos o empresas dedicadas a la recuperación de mercaderías y productos obtenidos del rescate de barcos naufragados. De allí y para evitar confusiones se emplea el vocablo Shipwreck como pecio, palabra que en castellano identifica los restos de un barco hundido.





Se trataba de un lucrativo negocio que, como el resto de las actividades económicas de la región, fue monopolizado por un grupo de empresarios navieros: Nogueira, Menéndez, Braun, Blanchard, De Bruyne
. No siempre existía entendimiento entre las partes.

Es curioso el dato, de que lo primero que buscaban los “raqueros” al descender en su inmersión era la proa, examinar su estado e inmediatamente rastrear la existencia de su mascarón de proa… una ornamentación mística y fantástica que podía indicar la identidad de la nave y además era una pieza preciosa. Y hablando de mascarones de proa, nos encantó a todos con su artículo reciente en este blog, Javier Noriega.

Los naufragios constituyen uno de los principales motivos de inspiración para la Literatura regional y para quienes somos cultores de Julio Verne, estos hechos nos transportan a la lectura de su libro “Los náufragos del Jonathan”, 1897. La novela narra la historia de un misterioso hombre llamado Kaw-Dyer, naufraga su barco y vive en la tierra de la Magallanía, su lema es «Ni dios ni amo», subsiste por su cuenta y también presta asistencia a los pueblos indígenas de la región e incluso a otros náufragos.

-Con esta luna podríamos ver pasar alguna carabela rumbo al estrecho. Por aquí cruzaron la Trinidad y la Concepción de Magallanes, la Victoria de Elcano, la San Gerónimo de Ladrillero… y las pude ver porque había luna llena -dijo de pronto el ermitaño.

Y por supuesto, al de su novela “Faro del Fin del Mundo” en la Isla de los Estados, una isla deshabitada de la Patagonia argentina, donde se confunden los océanos Atlántico y Pacífico, habita una banda de piratas dirigidos por el terrible Kongre. Estos piratas se dedican a atacar embarcaciones que encallan en la zona. La construcción de un faro amenaza su modo de vida aunque continúan sus fechorías.

Contraparte los naufragios, son los faros; construidos para guiar a los navegantes y evitar su perdición. Se instalaron muchos años después de que los primeros navegantes surcaran estas aguas, siendo su falta uno de los factores que, unido a las extremas condiciones climáticas del mar sureño, sembraron de pecios las costas.

Algunos de esos lugares conforman una especie de Patagonia olvidada, que lentamente desaparece ante nuestros ojos. Os invito a navegar por algunos de esos rincones de la Patagonia, que aún en el incipiente siglo XXI, sigue siendo en parte, una “Terra Incógnita”.





Lo más interesante de esta navegación por el Estrecho de Magallanes, La isla grande de Tierra del fuego, Canal de Beagle, Pasaje de Drake y Antártida, Bahías y Cabos a lo largo del litoral y Península de Valdés, es encontrarnos a sus orillas con barcos varados que sin duda marcaron hitos en la historia de la navegación, no tan solo en la Patagonia, sino también en la historia marítima mundial.


Encontrarse con estos restos es como retroceder en el espacio y entrar en otro periodo histórico. Un navío encallado o sumergido es una cápsula de tiempo que conserva la más alta tecnología de su época. Así, en el estudio, exploración y rescate de una nave hundida o abandonada se une el pasado, el presente y el futuro.

En adelante, una síntesis de algunos de los naufragios registrados en Patagonia Austral, e información de los que han sido hallados:

-El pecio más antiguo identificado hasta la fecha en territorio Argentino es la embarcación Hoorn, de la travesía realizada por los mercaderes Jacob Le Maire y Willen Schouten en 1615. Ingresaron en la Ría Deseado, Ubicada al noreste de la provincia de Santa Cruz, para efectuar reparaciones y al momento que el barco Hoorn era carenado se incendió accidentalmente. En la zona bajo un proyecto bilateral de Argentina con Holanda en 2003, se hallaron distintos tipos de materiales en la costa identificada previamente, como cerámica, lastres y fragmentos de metal fundido. Todo ello corresponde en antigüedad y datos al pecio aunque no se halló el casco. Un testimonio muy valioso de la temprana época de exploración de los mares australes y así da fe el texto “Tras la estela del Hoorn”, Murray, C., D. Vainstub, R. Bastida y M. Manders. 2008.





-La pérdida de la nao Santiago es el primer naufragio ocurrido en las costas australes de Sudamérica que registran las fuentes históricas. Naufragó en la Patagonia el 22 de mayo de 1520.
Recientemente se han hallado restos que indicarían ser de la nao en Puerto Santa Cruz, y se consideraría uno de los cinco hallazgos más importantes de la historia.

“Consciente de que la espera en San Julián podía aumentar el desánimo de la tripulación y desencadenar nuevas sublevaciones, Magallanes optó por movilizar las naves. La Santiago fue enviada a explorar el territorio circundante, avanzando veinte leguas al sur y llegando a la desembocadura de un río al que posteriormente se denominó Santa Cruz… El 22 de mayo de 1520, al proseguir con el reconocimiento de la zona, la Santiago se enfrentó con una fuerte tormenta que destruyó su velamen y timón, chocando contra la costa a tres leguas al sur del río Santa Cruz. Sus treinta y siete tripulantes lograron salvarse, con excepción del esclavo del capitán Serrano, llamado Juan Negro, quien murió ahogado”.
-Sancti Spiritus. Mandada por Juan Sebastián Elcano, naufraga en Dúngenes, el 14 de Enero de 1526.
-Nao Capitana. De Alonso de Camargo, naufraga en la costa NE de la Primera Angostura el 23 de Enero de 1540.
-San Sebastián. Francisco Cortés Ojeda, abrumado por los tiempos tempestuosos occidentales, se pierde en Enero de 1558 en los laberintos del grupo de islas, hoy conocidas como John Narborough.
-Un Bergantín. Perteneciente a la escuadrilla de Sarmiento de Gamboa, durante su primer viaje desde el Callao al Estrecho de Magallanes, naufraga en el mes de Enero de 1580, al sur del cabo Santa Lucía (Isla Diego de Almagro, situada a la altura del paralelo 52°).
-Nao Trinidad. Cuatro años después, y tras innumerable contrariedades, Sarmiento de Gamboa logra embocar el Estrecho tomando posesión de la comarca en nombre del Rey de España, fundando un pueblo que denomina Nombre de Jesús. Debido a su precario estado, la nao Trinidad es varada en la costa de Dúngenes, transformándose así en un naufragio voluntario, en Febrero de 1584. Mencionamos este acontecimiento como un “ensayo” de colonización del Estrecho de Magallanes (Francisco Vidal Gormaz).
-Hermione, navío de guerra español perdido el 7 de marzo de 1741 y tripulado por quinientos hombres. El navío Hermione, de 54 cañones, encontró su fin en aquellos terribles mares, muriendo toda su tripulación. Navegaba junto a una flotilla a un combate con otra inglesa, en el marco de la Guerra de la Oreja de Jenkins.
-San Telmo, buque de guerra español perdido en los primeros días de septiembre de 1819 con una dotación de seiscientos cuarenta y cuatro hombres, quince oficiales y tres pasajeros.
-Purísima Concepción, sus restos han sido hallados recientemente. Hundido en los mares del sur el 10 de enero de 1765. A sus tripulantes les dio tiempo a abandonar el barco en jangadas improvisadas y ganar la costa. permanecieron allí durante tres meses conviviendo pacíficamente con los nativos Con algunos restos de la nave hundida y madera obtenida de los árboles -lengas y coihues- de la zona, los tripulantes lograron construir otra embarcación, una goleta de 28,5 metros de eslora con la cual navegaron rumbo a Buenos Aires.





-Corbeta Swift, naufragado en Puerto Deseado en 1770. En el título “El naufragio de la HMS Swift. 1770. Arqueología marítima en la Patagonia”, escrito por Dolores Elkin y Cristian Murria narra las reales circunstancias de la recuperación de los restos de la nave que el escritor Cristian Perfumo utilizó en su novela: “El secreto sumergido” novela basada en una historia real donde el diario del tripulante, Erasmus Gower, permitió a uno de sus descendientes arribar a Puerto Deseado dos siglos después y reflotar la leyenda que culminó con el raque de los restos. En el Museo Municipal Mario Brozoski, se exhiben las reliquias de la corbeta Swift recuperadas después de ser descubierto en el puerto en 1982.

-Embarcación depositada frente a Punta Cuevas, Puerto Madryn, denominada Bahía Galenses los trabajos de investigación que se han hecho indican que se trata de un navío de madera, probablemente hundido en 1850, con un porte de 300 a 500 toneladas y una eslora de aproximadamente 40 metros, es decir apto para la navegación transoceánica. Se supone que se trataba de un buque lobero de EE UU, frecuente en estas zonas. El sitio donde se encuentra hasta el año 2002, estaba completamente cubierto por sedimento; los restos que afloran sobre la superficie son cubiertos y descubiertos por el agua dos veces al día. Seguramente estos restos corresponden a los que utilizó la gesta Galesa, puesto que sus maderas poseen marcas de hachas que usarían para recuperar el material.

Acababan de desembarcar del Velero Mimosa los colonos galeses, y encontraron un barco naufragado en la costa. Mientras construían las primeras viviendas en Punta Cuevas, en junio de 1865 Lewis Jones decía: “día 29: se consiguen tablas utilizables de los restos de un barco náufrago.”






-Embarcación española Perseverancia, naufraga en el Cabo de Hornos en 1872.

-Goleta Espora de Luis Piedrabuena, naufragó en 1873 de su goleta construye el cúter “Luisito” con el que salvó íntegramente a su dotación regresando a Punta Arenas. El capitán decide varar en la playa de arena blanda, pero la nave se cruza y hace agua en la maniobra, hundiéndose parcialmente. Varios días de mal tiempo, en esa precaria posición, sufriendo el golpe de olas y mareas, terminan por quebrar el viejo buque. Su cúter lo conservó por muchos años para continuar sus empresas. Más aún, regresó poco después a la temida isla en nuevos salvamentos que le valieron reconocimiento internacional. En su extenso legajo se consagra el rescate de casi 200 marinos de muchos barcos de diferentes nacionalidades.





-Duchess of Albany naufragó el 13 de Julio de 1893 cerca de la caleta de Policarpo. Un velero inglés de tres palos, Según coinciden distintos relatos históricos, toda la tripulación había salido a cubierta para tratar de enderezar el ya anárquico rumbo cuando la nave golpeó contra unas enormes rocas. Un incendio incontrolable se apoderaba del Duquesa de Albany y el capitán daba al fin la orden de abandonar el velero.





-El vapor Villarino naufragó en 1899. Fue un buque de vapor que sirvió como transporte armado en la Armada Argentina. Fue el primer buque de guerra de la armada trasladado con mandos y tripulación argentina desde Europa (donde fue construido). En su viaje inaugural condujo los restos del general José de San Martín y hasta su naufragio cumplió un destacado servicio en apoyo de la exploración y colonización de la Patagonia Argentina. El 16 de marzo de 1899, mientras efectuaba su viaje 101 al sur, el Villarino fue arrojado sobre las restingas de las Islas Blancas, en Bahía Camarones, destruyéndose totalmente aunque sin pérdida de vidas gracias al auxilio del crucero 9 de Julio.





-El Marjorie Glen, abandonado desde 1911 en Punta Loyola, Santa Cruz, Argentina. Barco de vela, que había zarpado el 12 de junio de 1911 del puerto de Newcastle, y que sufrió el incendio de su carga de 1800t de carbón entre el 9 y el 14 de setiembre, quedando varado desde ese entonces en un lugar alejado de la playa de Punta Loyola al SE de Río Gallegos en sus bodegas que contenían 1800t de carbón destinadas a la firma Braun y Blanchard (La Anónima), debido a esto murieron 2 tripulantes por asfixia.




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