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Tema: Sobre el Padre Osvaldo Lira:Cruz de la Legitimidad Poscrita.

  1. #1
    Avatar de cruz_y_fierro
    cruz_y_fierro está desconectado Miembro graduado
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    Re: Sobre el Padre Osvaldo Lira:Cruz de la Legitimidad Poscrita.

    Un recuerdo de este gran sacerdote chileno, amigo del P. Castellani, quien le dedica un personaje de "Los papeles de Benjamín Benavides".

    Tomado de http://stthaquinas.8m.com/lira.htm


    Trabajo realizado por Juan Pablo Barros S. Durante las Vacaciones de Febrero del 2000; cualquier sugerencia por favor a jbarross@mi.terra.cl

    PS. Digitalizado del libro de : VICENTE PARRINI ROCES
    MATAR AL MINOTAURO
    CHILE. ¿CRISIS MORAL O MORAL EN CRISIS?
    CONVERSACIONES CON ANTONIO BENTUÉ, DIAMELA ELTIT, HUMBERTO GIANNINI, MARTIN HOPENHAYN, OSVALDO LIRA

    Editorial Planeta Chilena SA
    Santiago, Enero 1993
    OSVALDO LIRA: "EL DEMONIO ESTÁ ENTRE NOSOTROS"
    'Sea vuestro lenguaje sí, sí, no, no, que de lo que de éste excede de mal principio procede'
    (Sermón de la montaña, San Mateo)

    El padre Osvaldo Lira desciende lentamente los peldaños de su casona en calle Bustos, donde reside junto a otros sacerdotes de la congregación Sagrados Corazones, a la cual pertenece. Vistiendo rigurosa sotana y zapatones negros, saluda con afecto a quien lo someterá a un interrogatorio ético. Ha preferido la entrevista directa a contestar el cuestionario por escrito, ya que acaba de terminar su último libro sobre los derechos humanos ("que me tienen hasta la coronilla') y está agotado de sentarse a la máquina.
    Hijo de Luis Lira Luco, tesorero de una institución de caballeros que administraba los hospitales y asilos antes de que surgiera el Ministerio Nacional de Salud, don Osvaldo nació un 11 de fe- brero de 1904, a las cinco de la mañana, y fue bautizado el mismo día, como se usaba entonces, en Catedral esquina Amunátegui, casa de su abuelo materno.
    Personaje controvertido, odiado por unos, idolatrado por otros, se le conoce como uno de los maestros de Jaime Guzmán, y también por mantener relaciones amistosas con el sector más conservador del clero. Hombre de comunión diaria, sus misas en latín aún son recordadas por quienes tuvieron la oportunidad de escucharlas.
    Uno de sus amores fue la docencia, a la que dedicó 66 años de su vida, en colegios y universidades. Sus ex alumnos del Instituto de Filosofía de la Universidad Católica aún lo recuerdan deambulando por los pasillos en busca del aula, donde intentó descifrar los misterios de la metafísica.
    Ha publicado una quincena de libros, todos dedicados a los temas que lo obsesionan: la estética, la hispanidad y el mestizaje, las relaciones entre catolicismo y democracia, reflexiones sobre diversos filósofos que admira o desprecia, privilegiando, por cierto a su gran Santo Tomás.
    A la hora de ser conminado a decir lo que piensa el hombre dispara directo al miocardio, con una pasión que le cualquier adolescente: eleva las manos al cielo como pidiendo la venia divina, no ahorra epítetos cuando se trata de sintetizar un juicio, reconoce su amistad con Pinochet y con el general Contreras, justifica el golpe de estado del 73, desprecia todo lo que huela a concilio Vaticano 11 y elude las zonas tibias, como si en eso se le fuera su honra.
    Uno puede o no de acuerdo con su visión de mundo, puede o no creer en ese Dios del que habla como si estuviese allí escuchándolo, pero es difícil dejar de sentir la fuerza de sus convicciones que manan tan atronadoras corno el vozarrón templado que aún conserva, ya próximo al siglo de existencia en estos territorios mundanos.
    Usted, don Osvaldo, es bastante duro en su juicio al papel que la Iglesia ha jugado en estos años pero, concretamente, ¿Cuáles son los deberes que, según usted, la Iglesia ha descuidado?
    El principal deber es la enseñanza de la religión católica, y eso está muy abandonado. Antes, por ejemplo, en los colegios se decía el Catecismo de memoria, y hoy nos encontramos con niños que no se saben los mandamientos de Dios ni los sacramentos. Hay una especie de abandono de cansancio y no se considera que la naturaleza por sí sola no puede combatir en pro de la moral.
    Muchas veces los católicos fallamos, y más ahora cuando los elementos antihumanos y anticristianos se han infiltrado en la Iglesia El denomino está presente entre nosotros.

    ¿Usted visualiza el demonio en la vida nacional?
    Con cuernos, con alas, con patas de ciervo y con colano. Pero cono dijo San Pablo, el demonio se disfraza de ángel de luz y eso lo estarnos viviendo ahora. Se está verificando lo que dice Isaías: 'comamos y bebamos que mañana moriremos'. Si no se cree en la otra vida, no queda otra que pasarlo bien en ésta. Una vez un tipo me dijo, refiriéndose a mi sotana: '¿para qué usa esa cosa si todo va a terminar en nada?' Mira -le dije-, yo te cito cuando estemos los dos ante el padre celestial a ver qué cara pones. Muchas veces los pecados no son de malicia, son de inconsciencia o debilidad.
    Pero Nicanor Parra dice en un poema que 'el hombre es un embutido de ángel y bestia'.
    Por favor no me nombre a ese roto blasfemo, que no lo soporto. El hombre debe ser santo. Ahora, para convertirse en demonio, hay que creer en el demonio y para eso hay que ser cristiano. Si el cristiano se deja estar y no vive según los preceptos de Dios, puede convertirse en demonio.
    Usted ha sostenido que los cristianos deben ser valientes. ¿Qué significa la valentía cristiana en lo concreto?
    En primer lugar, no escudarse en lo que algunos llaman pecado social: peca el hombre, fulano de tal, Osvaldo Lira. A veces se dice 'la naturaleza nos envía este castigo'. Eso es una tontería: es Dios, la Santísima Trinidad, que es el Padre, es el Hijo, es el Espíritu Santo. Y se acabó. El cristiano tiene que dar testimonio: 'De aquel que se avergüence de mí delante de los hombres me avergonzaré yo delante del padre celestial', dice Cristo. Hay gente que se define como cristiana y no sabe nombrar a Cristo. A un amigo no le imprimieron un libro en una editorial chilena porque nombraba mucho a Dios: ¿Qué le parece? No hay que olvidarse de que la condición humana no la podemos perder, pero sí podemos perder la condición de hijos de Dios. Hay que decir las cosas por su nombre y afirmar los dogmas de fe. Por ejemplo, se hacen encuestas a chiquillos mayores de doce años, en colegios católicos, y más de un sesenta por ciento dice que ha tenido relaciones prematrimoniales. Ninguna autoridad se levanta para decir que son relaciones pecaminosas, porque son unos cobardes...

    ¿Pero usted considera un pecado muy grave tener relaciones pre matrimoniales?
    No. Fn primer lugar, el precepto que lo prohíbe es el sexto. Hay cinco más importantes . Lo que pasa es que el muchacho está ejerciendo, inoportunamente, una función natural. Además, para que haya un pecado grave se requiere plena advertencia de la inteligencia y pleno consentimiento de la voluntad. Ahora yo me pregunto ¿Hay consentimiento pleno o la pasión nubla muchas veces la voluntad? A mí me parece más grave que aparezca un cura en un diario - como de hecho apareció- diciendo que el demonio no existe. Niega un dogma de fe y nadie dice nada. Lo mismo respecto al aborto, sobre el que quieren legislar los herederos del socialismo español que tenemos en Chile. me parece absolutamente condenable, el asesinato más cobarde. La persona humana existe desde el primer instante de la concepción, donde se junta el principio femenino y masculino hay un alma inmortal. Matarlo, es matar a un ser indefenso, y lo peor, es que esas almas mueren sin bautismo. Respecto al divorcio, lo mismo - lo que Dios ha unido no lo separa el hombre.
    ¿Cuál sería la diferencia, en términos éticos, entre tener claros los principios y la beatería de los que ven pecado en todo?
    No hay regla general, pero los pechoños son gente tonta, limitada, les falta gallardía, son tibios y no les gusta hacer olitas. Y, a veces, es necesario hacer olitas y muy fuertes, porque la violencia no siempre es mala. En San Lucas se dice: “El que viene a mí y no odia a su padre, a su madre, a su esposa e hijos, a sus hermanos, y a sus hermanas, incluso a su propia alma, no puede ser mi discípulo'. La paz de Cristo no es la paz de los tibios. La violencia de suyo es indiferente, puede ser buena o mala, según los fines. Cristo dice por ahí. 'El reino de los cielos padece violencia y sólo los violentos lo arrebatan'. Entonces, yo me pregunto si la violencia que arrebata el reino de los cielos es mala. El cristiano debe tener mucho de guerrero, o si no pensemos en las cruzadas realizadas por santos, como la séptima y la octava, que fueron hechas por San Luis, el rey de Francia. Un amigo mío, José Antonio Cortázar, me decía: "Hombre, si a mí me atacan con armas, ¿Usted cree que yo voy a responder con silogismos?" Ahora vernos como muchas marionetas que nos gobiernan no son capaces de defender a nadie.
    Parece que no le simpatizan mucho los pechoños...
    Para mí los pechoños son una calamidad pública. Mire, yo en cierto sentido soy muy anticlerical. Yo trato de ser fiel a Cristo, que está por encima del Papa. A veces, discutiendo, la gente me ha argumentado que yo no tengo la verdad absoluta. ¿Y cómo que no -les respondo- si tengo a Cristo que es la verdad absoluta? Veo mucha pechoñería en la Iglesia actual, y más en las autoridades que en el pueblo católico. Es la hipocresía. Por ejemplo, respecto del plan de educación del gobierno, que es atroz, los únicos que han sido valientes son Felipe Bacarreza, que es muy amigo mío, Antonio Moreno, el arzobispo de Concepción, Jorge Medina y algún otro. Tomás González replicó a Bacarreza, diciendo que hablaba "a título personal'. Y por supuesto que tiene que hablar en forma personal, si somos personas. El cobarde se escuda tras las instituciones y se mueve en la línea media. En el Apocalipsis, en la séptima de las cartas, le dice el Amén, que es Cristo, al Angel de la Iglesia de Laodicea.- "He notado que no eres ni frío ni caliente, sino tibio, y porque no eres frío ni caliente, sino tibio, he comenzado a vomitarte de mi boca" - Ahora estamos llenos de tibios e ignorantes, de una ignorancia culpable, porque nadie se interesa en saber las verdades de la fe, nadie.
    Pero hay ciertas formas de violencia, a lo mejor no tibio, pero que atentan contra los derechos humanos en nombre de causas supuestamente justas y hasta en nombre de principios cristianos...
    En primer lugar, no todo el que se dice cristiano, es cristiano. En segundo lugar, la existencia humana no comienza con un derecho, comienza con el deber de adorar a Dios por sobre todas las cosas y de reconocer su dominio soberano sobre todo el universo, porque él me está creando. Derecho a la vida, por ejemplo, yo no tengo. Derecho a conservar la vida que me ha sido dada por Dios, eso sí. Esto, en virtud de la parábola de los talentos- Dios me ha dado a mí no sé si cinco, dos o un talento, pero lo que me ha dado me obliga a trabajarlo para rendir cuentas. Y los derechos humanos de la Revolución Francesa, ¿sobre qué se fundan? Comienzan por negar a Dios, niegan las esencias de las cosas, con lo cual dicen que el hombre se hace libre. Unamuno afirma que "no canta libertad más que el esclavo, el libre canta amor, te canta a ti, señor".
    LA COBARDÍA DE LA IGLESIA
    ¿Qué le parece el rol de la Iglesia chilena durante el régimen pasado, en defensa de los derechos humanos?
    El problema es que la Iglesia intervenía en favor de los unos y no de los otros. Hubo en eso una parcialidad evidente, porque, en general, los obispos no han sabido ser obispos ante todo.
    Usted en su larga experiencia tiene que haber visto cambiar muchas cosas y haber vivido muchas etapas conflictivas de la historia nacional. Haciendo una retrospectiva, ¿en qué se diferencia el país de ahora del país que usted conoció en sus tiempos de estudiante, para decir que estamos en una crisis?
    En todas las épocas ha habido inmoralidades. No es que hoy se falte más a la moral, sino que hay una gran ignorancia de principios morales. Y, en ese sentido, es culpable quien no sabe lo que debiera saber. Otro aspecto importante es que se ha perdido la vigencia social de la religión. La Iglesia ha ido perdiendo, paulatinamente, importancia en Chile. San Pablo dice por ahí que "nadie es tentado por encima de sus fuerzas, porque poderoso es el señor para mandar, junto con la tentación, las fuerzas necesarias para vencerla". Entonces, es cuestión de pedir a Dios, y a veces no pedimos, hemos perdido la comunicación con Dios. Uno de los motivos es que todavía está rondando la revolución francesa, hasta en la política: la división de izquierda y derecha, la gauche, la montaigne, todos son términos revolucionarios y es ridículo aplicar conceptos topográficos para designar el mundo político. Además, como dije, la Iglesia está infiltrada por elementos anticristianos que pueden ser identificados por sus conductas. En mi propia congregación, un cura, al que prefiero no mencionar, preguntaba, a propósito de la conquista española, con qué derecho 'un puñado de gente' había ocupado un continente entero. De esa manera resumía la colonización hispana. Pero se olvida que el deber de esos hombres era predicar el Evangelio de Cristo por todas las naciones y fue la propia Isabel la Católica quien dijo que más que soldados, quería misioneros. Esas son las distorsiones que le hacen perder fuerza a la Iglesia.
    Pero si es tan terrible la situación en la Iglesia, ¿por qué la jerarquía no se pronuncia sobre este tema como lo hace usted?
    Lo que sucede es que la jerarquía de la Iglesia no habla cuando debe, y no habla claro cuando lo hace, a diferencia de otros tiempos. Le pongo un ejemplo. Cuando vino la herejía modernista hubo varias figuras responsables, Emesto Vonajutti, Alfred Loisy y otros dos. La herejía consistía en decir que las proposiciones que expresaban los dogmas iban cambiando, según cambiaba en el curso de los años la significación de los términos. En consecuencia, no había estabilidad posible, se acababa todo. Entonces San Fío X lanzó contra los cuatro la excomunión mayor, “ la excomunión vitanda", como se le llamaba, que consistía en que las personas que hablaban con los excomulgados incurrían en excomunión también. En cambio, ahora la cosa es diferente: un cura como Hans Küng, por ejemplo, que ha negado todos los dogmas posibles imaginables, incluso la transustanciación, el único castigo que ha recibido es no poder hacer clases en la universidad católica donde tenía cátedra. Tenemos en Brasil, hoy, a un tal Leonardo Boff que se burla del Vaticano hasta que le dan arcadas, y a un tal Pedro Casaldaliga que se titula monseñor de la hoz y del martillo y que hace 20 años está de vicario apostólico. Cuando triunfó la revolución sandinista le enviaron una casaca verde oliva como regalo y dijo que esa imposición de la casaca era una nueva ordenación sacerdotal. Imagínese. Lo sobrenatural hoy día no existe, hombre. El otro día me contaron que habían visto en una Iglesia a una mujer diciendo misa. ¡Eso no puede ser!, porque Cristo se hizo hombre y el sacerdocio es de Jesucristo. Por algo será que Dios se hizo hombre y no mujer.
    ¿De qué manera ha incorporado usted las conclusiones del Concilio Vaticano 11 en su vida pastoral?
    El Concilio Vaticano 11 hay que borrarlo todo de un plumazo. No hay nada que me interprete, salvo las cuestiones dogmáticas en que se cita a concilios anteriores. Hay cosas que las pudo haber redactado el más pintado de los liberales. Hubo malos manejos, hubo censura, hubo manipulación, se alteraron las comunicaciones. Lo que no sea dogma puedo borrarlo de un plumazo y no caer en herejía. Los papas que lo convocaron dijeron que era un concilio puramente pastoral. Sólo los dogmas de fe uno está obligado a acatarlos.
    ¿Qué pasa si siente un desacuerdo con un dogma de fe, aunque no lo manifieste?
    No debo sentirlo. Y si lo siento, mi voluntad tiene que decir que sí, amén.
    Y respecto a los rituales, ¿está de acuerdo con la evolución que se ha dado en la liturgia?
    En eso soy inclaudicablemente conservador. El rito juega un gran papel, que es rodear al acto de la importancia que tiene. A nosotros la grandeza nos entra por los ojos. Antes, en la comunión, cuando se caía una hostia al suelo se ponía un purificador para que nadie la pisara, como una muestra de respeto. Hoy día da lo mismo. Un padre amigo me contó de un cura en Italia que echaba a la basura las hostias que sobraban. ¡Qué le parece! Yo digo en Latín la Misa diaria en el Altísimo que hay en casa. En Europa se está volviendo al latín, que es la lengua madre.

    Hay personas que al escuchar sus palabras podrían calificarlo de persona pacata, como guardián de una moral obsoleta...
    Esas son categorías ridículas. La moral no es esquemática, los hombres no somos esquemas. Hay un principio fundamental de la filosofía tomista que dice que todo individuo es inefable, por el hecho de existir. La única conceptualización del existir es en cuanto Dios se conoce a sí mismo y se autoconceptualiza, y como El es el existir puro, conceptualiza el existir y ese es el verbo eterno. Pero yo no puedo conceptualizar el existir, porque no tengo vocación de padre celestial. Menos para estar clasificando a las personas.

    Hay quienes sostienen que la moral depende de la cultura en que estemos insertos, que toda moral es cultural. ¿Qué opina de este pensamiento?
    En primer lugar, los valores humanos trascienden las particularidades de las culturas. Todos tenemos la misma naturaleza humana que nos somete a las mismas obligaciones y a los mismos derechos. Dios es el ser infinito, por lo tanto, El ha actuado para sí mismo y nos ha creado para sí. Esto significa que el hombre tiene que dirigir todos sus actos a Dios. Esa es la fuente de la moral: la contingencia nuestra, la insuficiencia entitativa por decirlo así, y el hecho de que Dios me está insuflando existencia en cada uno de los momentos de no existir. Hay muchas personas que son de una incultura aparente, pero son profundamente morales: en los campesinos que no están contaminados por la ciudad uno lo ve, hay un sentido de la rectitud, del honor, que no es deliberado, porque es gente muy sencilla. Yo gozo conversando con los campesinos, porque tienen un sentido de la fe que es pasmoso. Esta vida urbana actual, en cambio, no es más que el dinero y el dinero y el dinero, y lo demás importa nada.
    Usted critica mucho la ostentación y la desigualdad económica, sin embargo es defensor de la obra del régimen militar cuya política económica estimuló gran parte de los problemas que señala...
    Yo no defiendo toda la obra del régimen militar y, precisamente, en lo económico es donde menos me identifico con él. La ostentación es mala en cualquier régimen. Ahora, por ejemplo, tenemos a senadores que ganan tres millones y médicos que ganan 180 mil pesos mensuales. ¿Es eso justicia económica?
    Pero usted que está tan disconforme con la vida actual, ¿cómo se imagina una sociedad donde se viva la esencia del cristianismo?
    Creo el origen divino de la autoridad, que está en San Pablo en los seis primeros versículos del capítulo 13 de la epístola a los de los romanos. Incluso cuando se aplica la pena de muerte a autoridad Política actúa como representante de Dios: cuando Pilatos le dice a Cristo que tiene poder para crucificarlo y poder para soltarlo, Cristo le responde”: tú no tendrías poder sobre mí, si no se te hubiera dado desde lo alto". Ahí Cristo reconoce la legitimidad de la autoridad.
    En cuanto al gobierno, soy partidario del estado corporativo, pero no del fascista, sino del estado corporativo tradicional. Tiene que haber un jefe de Estado que tenga la triple función, y eso no es absolutismo, debido a que los súbditos tienen un derecho natural que no depende del gobernante, depende de Dios, Porque Dios los ha creado y Dios los está creando. Y, justamente, la condición humana de animal racional - imagen de Dios por creación e hijo de Dios por adopción- es el dique que tiene el gobierno para no extralimitarse. En cambio en este sistema, Para que el gobernante no se extralimite, fraccionan el poder público corno un queso.
    El Pueblo, desde la visión tomista, debe organizarse en gremios, en corporaciones, que no sólo tienen que ser laborales, sino también intelectuales, y que esas personas tengan sus representantes en el poder, público. A un amigo, que me preguntó cómo funcionaría este Estado, le dije: deja el potencial simple y pon el pretérito indefinido -cómo,”funcionó” ese estado-, porque funcionó: ese fue el régimen del imperio español de Felipe II y funcionó tan "mal" que España llegó a tener un imperio donde no se ponía el sol.
    A propósito de España ¿qué opina de la discusión que se ha generado en la comunidad mapuche a raíz de la celebración de los 500 años del descubrimiento de América?
    Algunos dicen que los españoles arrasaron con todo, pero los que hablan de esa manera ¿de quiénes descienden, ¿de los que estaban o de los que llegaron? Si es lo segundo, tendrían que decir "arrasamos con todo". Esa es la lógica elemental que la gente no aplica ni siquiera en las situaciones más triviales. Ahora, el problema del racismo en Chile es inventado. Está el caso, por ejemplo, de Martín García Oñez de Loyola, gobernador de Chile, que se casó con doña Beatriz Ñusta, una inca. Dice un cronista, comentando el hecho, que en los hijos de ambos "se mezcla la sangre de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Borja y Atahualpa". América del Norte estaba tan poblada de indios como América del Sur, y quedan un millón apenas; sin embargo, en Hispanoamérica no bajan de 50 millones, sin contar los mestizos. Además otra cosa: a los araucanos, en general a los indígenas del Sur de América, los que los odiaron y los persiguieron más, fueron los chilenos y los argentinos. La guerra española contra los araucanos termina en el parlamento de Guillín, siglo XVIII, pero después vino el alcoholismo, la pobreza, la discriminación, que fue producto de la República. A los onas y a los yámanas, los colonizadores chilenos les disparaban como a animales.
    EL AMIGO PINOCHET
    Así como usted enjuicia la democracia, me gustaría que hiciera una breve evaluación ética del Golpe de Estado de 1973...
    Para que un golpe de Estado sea legítimo se necesitan varias condiciones: que se hayan agotado todos los medios pacíficos, que el levantamiento represente a la mayoría de los sectores nacionales, que se observen las leyes morales y la rectitud de intención, y que los males que va a traer consigo el levantamiento armado, sean menores que los males que se tratan de evitar. El 23 de septiembre de 1973, una periodista de El Mercurio me preguntó qué me parecía el Golpe y yo le dije que estaba encantado, porque cumplía con todas las condiciones anteriores, porque se había originado en una revolución legítima y porque estaba gobernando para el bien común. Esta materia es perfectamente opinable y, sin embargo, el Cardenal Silva me mandó a decir que si yo volvía a hablar sobre eso me suspendía. No tuve más remedio que obedecer a ese acto de matonaje...
    ¿A estas alturas no se arrepiente de haber dicho lo que dijo?
    No me arrepiento de haber dicho lo que dije. Yo, por lo que he visto en mi larga vida -salí del colegio a los 15 años, hace 74 años-, creo que los regímenes militares han realizado obras trascendentales: me refiero a la primera presidencia de Ibáñez y al gobierno de Pinochet.

    ¿Y le parece que Pinochet durante su gobierno se rigió por los valores cristianos?
    Yo soy muy amigo de Pinochet. Lo conocí cuando estaba en segundo humanidades, el año 1929, en Valparaíso. El gobierno que hizo es infinitamente superior a cualquier gobierno democrático. Habría que ver si el asunto de las torturas es cierto, porque no se olvide que la mayoría de los países estuvo contra él, toda la prensa internacional jugó un papel vituperable. Es posible que se hayan cometido algunas violaciones, pero ni más ni menos que en cualquier régimen democrático. Hoy se asalta a la gente y no pasa nada, los malhechores están libres al mes, la gente no puede vivir tranquila: eso también atenta contra la dignidad de las personas. Este gobierno es ilegítimo, en la medida que no asegura la tranquilidad mínima de los ciudadanos. Pinochet es un hombre de bien, absolutamente: he conversado muchas horas con él y me consta que nunca ha ocultado su condición de católico y que la practica. Los dos tomos de memorias, que ha publicado, son absolutamente correctos y ortodoxos, desde un punto de vista cristiano.

    Se dice que también es muy amigo del general Contreras...
    Soy muy amigo del general Contreras, y estoy seguro que no tiene nada que ver con la muerte de Orlando Letelier. Yo lo conozco mucho y la hipocresía tiene ciertos límites. Le tengo una confianza absoluta...
    ¿Le parece un buen hombre?
    No. Me parece un hombre bueno, un hombre de bien, que es distinto.
    Pasando a otro tema, ¿cómo cree usted que se podría llegar a una síntesis entre la tradición y la modemidad? ¿Cómo se pueden conciliar los valores que usted sustenta con los que van surgiendo fruto del pluralismo, de la diversidad de pensamientos que conviven en la sociedad moderna?
    Una cosa es tradición y otra es rutina. Cómo vamos a desconocer a los nuevos escritores, a los nuevos científicos, a los nuevos filósofos. Nadie en el pasado lo dijo todo, ni podía decirlo todo. Ahora, claro, la inmoralidad es también producto de una evolución, como dice el refrán, 'aquellos polvos trajeron estos lodos". Pero hay una cuestión clara- sus acciones están reguladas por su naturaleza y las mías por la propia. Cuando mi naturaleza y la de usted regulan nuestras acciones se convierten en ley. Por eso la ley moral no puede ser independiente de una teología. Del pluralismo siempre he sospechado, porque yo no dejaría que un arquitecto que dice que dos más dos son cinco construyera mi casa. ¿Y por qué la casa no y los valores sí?

    EL ANTICRISTO VIENE
    ¿Hay alguna época de la historia donde usted vea una relación más directa entre la vida cotidiana del hombre y los valores cristianos?
    Históricamente, en la cristiandad medieval fue cuando el hombre estuvo más cerca de Dios, por la vigencia política del cristianismo. Porque todas las instituciones públicas eran fruto de la posición católica. La Iglesia tenía poder político y lo ejercía moralmente. La otra vez, alguien se quejaba en un diario de que si había prohibido a un grupo de rock satánico, "al estilo del medioevo”. Hablan de la Edad Media y no saben de qué están hablando. Hay una ignorancia de la historia que es aberrante. Fíjese que cada día me convenzo más, especialmente cuando veo que la imbecilidad humana predomina, de que viene el anticristo, la apostasía universal, el hombre de pecado que, como dice San Pablo, se sentará en el trono de Dios y se hará adorar como Dios, hasta que se produzca la segunda venida de Cristo.
    ¿En qué consiste eso de la Apostasía Universal? Yo soy partidario del padre Lacunza, en el sentido de su obra 'La venida del Mesías en gloria y majestad' y que tiene como subtítulo: Reflexiones dirigidas al sacerdote cristófilo por el judío converso Juan Rosafat Ben-Ezra, que es él. La tesis de Lacunza es que Cristo, en su segunda venida, reinará por mil años en la tierra.- allí aniquila a todos sus enemigos y establece sus dominios en el monte de Sión en Jerusalén. Para entender esto, es cuestión de leer el Apocalipsis nada más. El anticristo no es una persona, es un tipo de hombre. En el capítulo 20 del Apocalipsis se habla cinco veces del reinado de mil años. Y la tesis del padre Lacunza es que la vida eterna la vamos a pasar en este mundo, porque consiste, formalmente, en la visión de Dios, ya que aquí fue vencido Cristo, por el demonio en la cruz, y aquí tiene que triunfar. En el Apocalipsis se dice que el ángel lleva al demonio y lo encierra durante mil años, y sale de nuevo el demonio y viene la lucha entre Goga y Mago, en que Cristo vence y entrega el reino al Padre.
    MFranco dio el Víctor.

  2. #2
    Avatar de Tradición.
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    Sobre el Padre Osvaldo Lira:Cruz de la Legitimidad Poscrita.

    Para animar la asistencia a la Conferencia sobre el Padre Osvaldo Lira, (todos los datos de este Seminario en http://www.carlismo.es ):


    Osvaldo Lira Pérez SSCC 1904-1996
    Sacerdote y religioso católico, profesor de filosofía e ideólogo chileno, nacido el 11 de febrero de 1904 en Santiago de Chile, hijo de Luis Lira Luco (tesorero de una institución benéfica que administraba hospitales y asilos). Miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones [fundada en 1800, organización con presencia en Chile desde 1834], durante 66 años fue profesor de filosofía, y se le reconoce un importante papel en la conformación ideológica y política de Chile durante la segunda mitad del siglo XX. En 1942 publicó el libro Nostalgia de Vázquez de Mella. Residió en España a finales de los años cuarenta: en 1946 asistió como invitado al XIX Congreso Mundial de Pax Romana, entre 1947 y 1949 colaboró en Alférez, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Ideas Estéticas, Revista de Filosofía, y llegó a publicar un libro en la editorial vinculada a José Ortega y Gasset, Revista de Occidente: La vida en torno, ensayos (Madrid 1949). Osvaldo Lira, desde posiciones tomistas, ha tratado cuestiones de estética, sobre Quevedo, Ortega, el mestizaje, la hispanidad, las relaciones entre catolicismo y democracia, los derechos humanos, &c.
    Osvaldo Lira nunca ocultó su enemiga al Concilio Vaticano II: «El Concilio Vaticano II hay que borrarlo todo de un plumazo. No hay nada que me interprete, salvo las cuestiones dogmáticas en que se cita a concilios anteriores. Hay cosas que las pudo haber redactado el más pintado de los liberales. Hubo malos manejos, hubo censura, hubo manipulación, se alteraron las comunicaciones. Lo que no sea dogma puedo borrarlo de un plumazo y no caer en herejía. Los papas que lo convocaron dijeron que era un concilio puramente pastoral. Sólo los dogmas de fe uno está obligado a acatarlos.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    Conservador respecto a los rituales, no abandonó la sotana negra y sus misas en latín llegaron a ser famosas:
    «En eso soy inclaudicablemente conservador. El rito juega un gran papel, que es rodear al acto de la importancia que tiene. A nosotros la grandeza nos entra por los ojos. Antes, en la comunión, cuando se caía una hostia al suelo se ponía un purificador para que nadie la pisara, como una muestra de respeto. Hoy día da lo mismo. Un padre amigo me contó de un cura en Italia que echaba a la basura las hostias que sobraban. ¡Qué le parece! Yo digo en Latín la Misa diaria en el Altísimo que hay en casa. En Europa se está volviendo al latín, que es la lengua madre.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    «Lo que sucede es que la jerarquía de la Iglesia no habla cuando debe, y no habla claro cuando lo hace, a diferencia de otros tiempos. Le pongo un ejemplo. Cuando vino la herejía modernista hubo varias figuras responsables, Ernesto Vonajutti, Alfred Loisy y otros dos. La herejía consistía en decir que las proposiciones que expresaban los dogmas iban cambiando, según cambiaba en el curso de los años la significación de los términos. En consecuencia, no había estabilidad posible, se acababa todo. Entonces San Pío X lanzó contra los cuatro la excomunión mayor, "la excomunión vitanda", como se le llamaba, que consistía en que las personas que hablaban con los excomulgados incurrían en excomunión también. En cambio, ahora la cosa es diferente: un cura como Hans Küng, por ejemplo, que ha negado todos los dogmas posibles imaginables, incluso la transustanciación, el único castigo que ha recibido es no poder hacer clases en la universidad católica donde tenía cátedra. Tenemos en Brasil, hoy, a un tal Leonardo Boff que se burla del Vaticano hasta que le dan arcadas, y a un tal Pedro Casaldaliga que se titula monseñor de la hoz y del martillo y que hace 20 años está de vicario apostólico. Cuando triunfó la revolución sandinista le enviaron una casaca verde oliva como regalo y dijo que esa imposición de la casaca era una nueva ordenación sacerdotal. Imagínese. Lo sobrenatural hoy día no existe, hombre. El otro día me contaron que habían visto en una Iglesia a una mujer diciendo misa. ¡Eso no puede ser!, porque Cristo se hizo hombre y el sacerdocio es de Jesucristo. Por algo será que Dios se hizo hombre y no mujer.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    «En cuanto al gobierno, soy partidario del estado corporativo, pero no del fascista, sino del estado corporativo tradicional. Tiene que haber un jefe de Estado que tenga la triple función, y eso no es absolutismo, debido a que los súbditos tienen un derecho natural que no depende del gobernante, depende de Dios, porque Dios los ha creado y Dios los está creando. Y, justamente, la condición humana de animal racional –imagen de Dios por creación e hijo de Dios por adopción– es el dique que tiene el gobierno para no extralimitarse. En cambio en este sistema, para que el gobernante no se extralimite, fraccionan el poder público corno un queso. El Pueblo, desde la visión tomista, debe organizarse en gremios, en corporaciones, que no sólo tienen que ser laborales, sino también intelectuales, y que esas personas tengan sus representantes en el poder, público. A un amigo, que me preguntó cómo funcionaría este Estado, le dije: deja el potencial simple y pon el pretérito indefinido –cómo "funcionó" ese estado–, porque funcionó: ese fue el régimen del imperio español de Felipe II y funcionó tan "mal" que España llegó a tener un imperio donde no se ponía el sol.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    «A propósito de España ¿qué opina de la discusión que se ha generado en la comunidad mapuche a raíz de la celebración de los 500 años del descubrimiento de América? Algunos dicen que los españoles arrasaron con todo, pero los que hablan de esa manera ¿de quiénes descienden?, ¿de los que estaban o de los que llegaron? Si es lo segundo, tendrían que decir "arrasamos con todo". Esa es la lógica elemental que la gente no aplica ni siquiera en las situaciones más triviales. Ahora, el problema del racismo en Chile es inventado. Está el caso, por ejemplo, de Martín García Oñez de Loyola, gobernador de Chile, que se casó con doña Beatriz Ñusta, una inca. Dice un cronista, comentando el hecho, que en los hijos de ambos "se mezcla la sangre de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Borja y Atahualpa". América del Norte estaba tan poblada de indios como América del Sur, y quedan un millón apenas; sin embargo, en Hispanoamérica no bajan de 50 millones, sin contar los mestizos. Además otra cosa: a los araucanos, en general a los indígenas del Sur de América, los que los odiaron y los persiguieron más, fueron los chilenos y los argentinos. La guerra española contra los araucanos termina en el parlamento de Guillín, siglo XVIII, pero después vino el alcoholismo, la pobreza, la discriminación, que fue producto de la República. A los onas y a los yámanas, los colonizadores chilenos les disparaban como a animales.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    «La Defensa de la Hispanidad de Maeztu, tiene en la América Hispana aparte de la resonancia poética de Rubén Darío o de Pablo Antonio Cuadra, el acompañamiento de José Enrique Rodó, Barreda Laos, Gustavo Kosting, Carlos Lacalle, Jaime Eyzaguirre, Enrique Corominas, Juan Carlos Goyeneche y Osvaldo Lira, entre otros, para todos los cuales "la unidad hispanoamericana procede de España y luego la comprende con el nombre de Hispanidad".» Emilio Durán Corsanego, «¿Latinoamérica o Hispanoamérica?», Razón Española (Madrid), 1999, nº 96.
    «Pero también aquellos que se oponen a la modernidad ilustrada en el siglo XX lo hacen en función de nuestra supuesta identidad de sustrato religioso, indígena o hispánico (se incluyen aquí diversas formas de indigenismo, hispanismo y tradicionalismo religioso en las que destacan autores tales como Jaime Eyzaguirre, Osvaldo Lira y Pedro Morandé).», Jorge Larraín, «Modernidad e Identidad en América Latina», Revista Universum (Universidad de Talca, Chile), año 12, 1997.
    «Otro antecedente de la confluencia entre gremialistas y neoliberales, lo constituye la participación de algunos de los miembros del equipo editorial de Polémica Económico-Social en otra revista: Portada. La publicación, que comenzó a ser distribuida a comienzos de 1970 y a la cual se incorporaron ese año algunos connotados economistas como Pablo Barahona y Emilio Sanfuentes, reunió las reflexiones de un amplio abanico de intelectuales adscritos al "mundo de derecha". Entre otros cabe mencionar a: Gonzalo Vial, Osvaldo Lira, Arturo Fontaine A., Jorge Prat y Jaime Guzmán.» Gonzalo Cáceres Quiero, «El neoliberalismo en Chile: implantación y proyecto 1956-1983», Mapocho (Santiago), nº 36.
    Antes del golpe de estado de 11 de septiembre de 1973, que terminó con la vida de Salvador Allende, el padre Osvaldo Lira había procurado demostrar a través del diario El Mercurio la comprobación de la ilegitimidad de ese «gobierno de corte marxista en que se estaba al borde de la "Lucha de Clases".» (Diario Noticias Electrónicas, 4 diciembre 1998).
    «Para que un golpe de Estado sea legítimo se necesitan varias condiciones: que se hayan agotado todos los medios pacíficos, que el levantamiento represente a la mayoría de los sectores nacionales, que se observen las leyes morales y la rectitud de intención, y que los males que va a traer consigo el levantamiento armado, sean menores que los males que se tratan de evitar. El 23 de septiembre de 1973, una periodista de El Mercurio me preguntó qué me parecía el Golpe y yo le dije que estaba encantado, porque cumplía con todas las condiciones anteriores, porque se había originado en una revolución legítima y porque estaba gobernando para el bien común. Esta materia es perfectamente opinable y, sin embargo, el Cardenal Silva me mandó a decir que si yo volvía a hablar sobre eso me suspendía. No tuve más remedio que obedecer a ese acto de matonaje... No me arrepiento de haber dicho lo que dije. Yo, por lo que he visto en mi larga vida –salí del colegio a los 15 años, hace 74 años–, creo que los regímenes militares han realizado obras trascendentales: me refiero a la primera presidencia de Ibáñez y al gobierno de Pinochet.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    «Yo soy muy amigo de Pinochet. Lo conocí cuando estaba en segundo humanidades, el año 1929, en Valparaíso. El gobierno que hizo es infinitamente superior a cualquier gobierno democrático. Habría que ver si el asunto de las torturas es cierto, porque no se olvide que la mayoría de los países estuvo contra él, toda la prensa internacional jugó un papel vituperable. Es posible que se hayan cometido algunas violaciones, pero ni más ni menos que en cualquier régimen democrático. Hoy se asalta a la gente y no pasa nada, los malhechores están libres al mes, la gente no puede vivir tranquila: eso también atenta contra la dignidad de las personas. Este gobierno es ilegítimo, en la medida que no asegura la tranquilidad mínima de los ciudadanos. Pinochet es un hombre de bien, absolutamente: he conversado muchas horas con él y me consta que nunca ha ocultado su condición de católico y que la practica. Los dos tomos de memorias, que ha publicado, son absolutamente correctos y ortodoxos, desde un punto de vista cristiano.» [Osvaldo Lira a Parrini en 1993]
    Miembro Académico Honorario de la Universidad Adolfo Ibáñez, Escuela de Negocios de Valparaiso (Chile) (honor compartido con el profesor de filosofía español Antonio Millán Puelles), esa institución publicó en 1994 un libro como homenaje a los 90 años de Osvaldo Lira.
    En 1996 el padre Osvaldo Lira SS.CC. tuvo cierto protagonismo en el llamado «caso Prats»: el 18 de enero de 1996 había sido detenido en Buenos Aires el chileno Enrique Lautaro Arancibia Clavel, ex agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), principal organismo represivo del régimen militar chileno, por su presunta responsabilidad en el homicidio del ex Comandante en Jefe del Ejército de Chile, general Carlos Prats, y de su esposa, ocurrido en Buenos Aires en 1974. La defensa de Arancibia Clavel solicitó declaraciones por exhorto y es así como, a fines de abril, se recibió en la Corte Suprema de Chile un oficio enviado desde Argentina con el objeto de que cinco personas comparecieran en favor del inculpado: el ingeniero civil Patricio Gómez Chadwick, la relacionadora pública María Soledad Acuña, el transportista Carlos Castro Camposano, el sacerdote Osvaldo Lira y el abogado Erwin Robertson Rodríguez, a quienes se formularon preguntas que pretendían ratificar la afirmación de la defensa, en el sentido de que Arancibia se encontraba fuera de Argentina el 30 de septiembre de 1974, fecha del atentado. En su declaración ante el Primer Juzgado del Crimen de Santiago, como testigo favorable al ex agente de la disuelta DINA, el sacerdote Osvaldo Lira Pérez sostuvo que conoce a Arancibia Clavel desde 1970 y que estuvo con él entre 1973 y 1974: «Recuerdo haber visto a Enrique Arancibia Clavel en el monasterio de la Visitación, especialmente en el mes de septiembre de 1974.»
    «El padre Osvaldo Lira me enseñó, de tal manera que nunca más lo he olvidado, que una nación es un similar analogado a un ser humano. Efectivamente, una nación es también una persona, una persona moral y como tal está compuesta de cuerpo y alma. El cuerpo nacional, específicamente el cuerpo de la nación chilena, está compuesto e integrado por su territorio, sus recursos naturales y su población, cuyos límites y cuyos continente y contenido han sido conquistados, ocupados, defendidos, consolidados y desarrollados por las generaciones que pasaron. Ellas entregaron esta herencia material a la generación presente, a fin de que ésta, a su vez, lo entregue mejorado y perfeccionado en provecho de las generaciones que vendrán. Es, sin embargo, el alma nacional la que establece una personalidad especial y determinada, una identidad característica, una naturaleza propia, que permite identificar la trayectoria y el sentido de la nación. Al igual que el ser humano, las naciones tienen una razón de ser, una realización personal que alcanzar, una misión histórica que cumplir distintas y complementarias de las del resto de las naciones.» (13 septiembre 1996, Alberto Cardemil, entonces diputado por el partido Renovación Nacional de Chile, subsecretario del Ministerio del Interior durante el gobierno militar).
    Osvaldo Lira fue uno de los maestros de Jaime Guzmán (1946-1991, senador chileno, presidente del Partido Unión Demócrata Independiente y principal opositor, hasta que fue asesinado en 1991, del presidente Patricio Aylwin). Precisamente en un informe difundido el año 2000 por la Fundación Jaime Guzmán, sobre el libro de texto Comprensión de la Sociedad (de Teresita Benítez y Andrea Donoso), que el Gobierno de Chile reparte en el sistema educacional chileno (para curso 6º básico), se denuncian, entre las omisiones de información, la siguiente: «k. No existen Jaime Eyzaguirre, Mario Góngora, Gonzalo Vial, Osvaldo Lira, Jorge Millas, Gabriel Guarda, Francisco Antonio Encina, Hernán Díaz Arrieta, Matías Vial, Julio Philippi, Ricardo Krebs, todos principalísimas figuras intelectuales y culturales de Chile durante este siglo.» Osvaldo Lira falleció el 20 de diciembre de 1996.
    Bibliografía cronológica de Osvaldo Lira:
    • Nostalgia de Vázquez de Mella, Difusión Chilena [Colección Verbo], Santiago de Chile 1942, 239 págs. 2ª edición, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile 1979, 363 págs.
    • Versión española de Paul Glorieux, Cuerpo místico y apostolado: El dogma de la unidad cristiana expuesto a la juventud, Pax [Colección Vida, 11], San Sebastián 1943, 146 pág.
    • «La belleza, noción trascendental», Revista de Ideas Estéticas (Madrid), 1945, nº 10, págs. 181-208.
    • «La monarquía de Quevedo», Revista de Estudios Políticos (Madrid), 1946, nº 27-28, págs. 1-46.
    • Estudio preliminar a Dante Alighieri, Tratado de monarquía, Instituto de Estudios Políticos [Biblioteca española de escritores políticos], Madrid 1947, 183 págs.
    • «Soloviev y la misión de Rusia», Estudios (Santiago de Chile), 1947, nº 169-170, págs. 3-28.
    • Visión política de Quevedo, Seminario de Problemas Hispanoamericanos [Cuadernos de Monografías, 3], Madrid 1948, 286 págs.
    • La vida en torno, ensayos, Revista de Occidente, Madrid 1949, 365 págs. Recopilación de trabajos ya publicados: La Belleza, noción trascendental; La misión de Rusia según Soloviev; Introducción a la monarquía dantesca; Lirismo y Épica; Pensamiento y medida de Maritain; Visión de España.
    • «La actitud política de Maritain», Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid), 1949, nº 7, págs. 185-189.
    • «Aclaraciones sobre el carácter trascendental de la belleza», Revista de Filosofía del Instituto Luis Vives (Madrid), 1949, nº 30, págs. 479-493.
    • Hispanidad y mestizaje, y otros ensayos, Cultura Hispánica [Colección hombres e ideas], Madrid 1952, 263 págs.
    • «El cristianismo de José Ortega y Gasset», Finis Terrae (Universidad Católica de Chile), 1954, nº 2, págs. 35-57.
    • Ortega en su espíritu. I: Metafísica y estética, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1965, 443 págs.
    • Ortega en su espíritu. II: Psicología, gnoseología, política, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1967, 405 págs.
    • Poesía y mística en Juan Ramón Jiménez, Pontificia Universidad Católica de Chile [Ediciones del Centro de investigaciones estéticas], Santiago de Chile 1969, 248 págs.
    • «Nación y nacionalismo», páginas 19-66 de Enrique Campos Menéndez, Pensamiento Nacionalista, Gabriela Mistral, Santiago 1974, 330 págs.
    • El misterio de la poesía, Ediciones Nueva Universidad, Universidad Católica de Chile 1974-1981, 3 vols.
    • Editor de El bien común, Segundas Jornadas de Derecho Natural, Ediciones Nueva Universidad, Universidad Católica de Chile 1975, 206 págs.
    • Verdad y libertad, Ediciones Nueva Universidad, Universidad Católica de Chile 1977, 206 págs.
    • De Santo Tomás a Velázquez, pasando por Lope de Vega, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago, Santiago de Chile 1981, 205 págs.
    • El orden político: ¿tradicionalismo? ¿fascismo? ¿democracia?, Editorial Covadonga, Santiago de Chile 1985, 196 págs.
    • Catolicismo y democracia, Corporación Estudios Nacionales, Santiago de Chile 1988, 178 págs.
    • El respeto de la persona humana: mito y realidad desde la Revolución Francesa, Corporación de Estudios de Formación Social, Santiago de Chile 1989, 89 págs.
    • Derechos Humanos. Mito y Realidad, Nuevo Extremo, Chile 1993, 197 págs.
    • Entrevista: «Osvaldo Lira: El demonio está entre nosotros», en Vicente Parrini Roces, Matar al minotauro. Chile, ¿crisis moral o moral en crisis? Conversaciones con Antonio Bentué, Diamela Eltit, Humberto Giannini, Martin Hopenhayn, Osvaldo Lira, Editorial Planeta Chilena SA, Santiago de Chile 1993
    Sobre Osvaldo Lira:
    • Varios, Padre Osvaldo Lira: en torno a su pensamiento. Homenaje en sus 90 años, Universidad Adolfo Ibáñez, Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile 1994, 732 págs.
    • Cristian Garay Vera, «La idea de Tradición en el P. Osvaldo Lira, SS.CC.», Verbo, marzo-abril, 1994.
    • «Escritos del Padre Osvaldo Lira en la Revista Estudios», Recopilación y estudio preliminar por Cristian Garay Vera, Instituto de Filosofía R.P. Osvaldo Lira SS.CC., Universidad Bernardo O’Higgins. Santiago, octubre, 1998.
    • José Luis Widow Lira, «Creación y ley en el pensamiento de Osvaldo Lira», revista Philosophica (Universidad Católica de Valparaiso), nº 19-20.
    Textos de Osvaldo Lira en el Proyecto Filosofía en español:




    Homenaje en su centenario a un chileno universal: El P. Lira

    por José Díaz Nieva

    Actividades en recuerdo de un pensador de la Hispanidad



    Todos los años coinciden con multitud de aniversarios relacionados con efemérides concretas o el nacimiento o defunción de algún personaje mayor o menormente conocido. Así, por ejemplo, en este año del 2004 se celebra el centenario del nacimiento del sacerdote Osvaldo Lira Pérez (SS. CC.).

    Efectivamente, nuestro personaje nació hace un siglo, para ser más precisos un 11 de febrero de 1904, en la ciudad de Santiago de Chile, donde fallecería, un 20 de diciembre 1996, a los 92 años.

    Osvaldo Lira abandonó lo que sin duda sería una vida cómoda de una familia de la alta burguesía por el sacerdocio, en 1922 ingresa como postulante a la orden de los Sagrados Corazones, orden en la que se había educado, y en 1928 canta su primera misa. Una fecha clave es la de 1934, en ese año conoce a Julio Philippi y a Jaime Eyzaguirre, y comienza sus colaboraciones en la revista Estudios, una de las revistas claves en la divulgación del pensamiento social cristiano en Chile, y que contó con las colaboraciones de un buen número de intelectuales hispanomericanos.

    En 1939 el Padre Lira viaja a Europa, donde le sorprende la II Guerra Mundial, transladado a España, donde permanecerá hasta 1952, primero en Miranda de Ebro y después en Madrid. Es en España donde publica sus primeros libros, colaborando con diversas revistas de ámbito cultural, tales como Revista de Ideas Estéticas, Cuadernos Hispanamericanos, Revista de Estudios Políticos, Revista de Filosofía del Instituto Luis Vives, Occidente o Alférez.

    Ya de regreso a su patria natal es destinado por su orden a la ciudad de Valparaíso donde imparte docencia tanto en el colegio que los padres franceses poseen en aquella ciudad como en la Universidad Católica de Valparaíso. Desde 1960, ya en Santiago de Chile, imparte las cátedras de metafísica, teodicea y estética en la Universidad Católica de Chile, y colabora en la revista Finis Terrae que impulsa y dirige Jaime Eyzaguirre. Allí vive los aciagos años de la “revolución en libertad” de Eduardo Frei, y los 1000 días del gobierno de la Unidad Popular.

    En sus últimos años de vida se dedicó a reunirse semanalmente con diferentes grupos de jóvenes, en las casas de sus familias, en donde trataba de continuar de algua forma su labor formativa, y ello -y a pesar de los años- sin interrumpir su labor creadora, de hecho uno de sus últimos libros ve la luz tres años antes de que éste falleciera.

    Su obra es abundantísima, y sin hacer referencia a sus centenares de artículos creemos que sería conveniente referir sus libros: Nostalgia de Vázquez de Mella, Difusión Chilena [Colección Verbo], Santiago de Chile 1942, 239 págs; Visión política de Quevedo, Seminario de Problemas Hispanoamericanos [Cuadernos de Monografías, 3], Madrid 1948, 286 págs; Vida en torno, Revista Occidente, Madrid, 1949, 365 págs.; Hispanidad y mestizaje, y otros ensayos, Cultura Hispánica [Colección hombres e ideas], Madrid 1952, 263 págs; Ortega en su espíritu. I: Metafísica y estética, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1965, 443 págs.; Ortega en su espíritu. II: Psicología, gnoseología, política, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1967, 405 págs; Poesía y mística en Juan Ramón Jiménez, Pontificia Universidad Católica de Chile [Ediciones del Centro de investigaciones estéticas], Santiago de Chile 1969, 248 págs; El misterio de la poesía, Ediciones Nueva Universidad, Universidad Católica de Chile 1974-1981, 3 vols; Verdad y libertad, Ediciones Nueva Universidad, Universidad Católica de Chile 1977, 206 págs.; De Santo Tomás a Velázquez, pasando por Lope de Vega, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago, Santiago de Chile 1981, 205 págs.; El orden político: ¿tradicionalismo? ¿fascismo? ¿democracia?, Editorial Covadonga, Santiago de Chile 1985, 196 págs.; Catolicismo y democracia, Corporación Estudios Nacionales, Santiago de Chile 1988, 178 págs. ; El respeto de la persona humana: mito y realidad desde la Revolución Francesa, Corporación de Estudios de Formación Social, Santiago de Chile 1989, 89 págs.: Derechos Humanos. Mito y Realidad, Nuevo Extremo, Chile 1993, 197 págs.

    Con el ánimo de recordarle, y fuera de los ámbitos y círculos oficiales, que han pasado por alto su centenario, algunos de sus amigos y discípulos, convocados por los académicos Alejandro San Francisco Reyes, Cristián Garay Vera, José Enrique Schroeder, Felipe Widow Lira y Gonzalo Larios Mengotti, se reunieron en las aulas de las Universidad del Desarrollo (Campus de San Carlos de Apoquindo, en Santiago de Chile) con el firme propósito de recordarle y al mismo tiempo de impulsar el estudio de la persona y de su amplísima obra.

    La jornada, que quiere ser la primera de otras que vendrán en el futuro, se dividió en dos mesas redondas; en la primera de ellas se abordó la “Personalidad y carácter de Osvaldo Lira”, y en ella hablaron José Enrique Schroeder Quiroga y Julio Retamal Favereau. La segunda mesa trató de las “Claves del pensamiento de Osvaldo Lira” y en ella debían haber hablado el profesor español Miguel Ayuso Torres, invitado especial para la ocasión, junto al diputado Gonzalo Ibáñez Santa María, y el profesor chileno Vicente Cordero Barrera. A última hora, y dada la imposibilidad de asistir de los dos últimos, sería Juan Carlos Ossandon Valdés el encargado de hablar en dicha mesa. Se daba la circunstancia –además- que el citado profesor chileno debería participar algunas semanas más tarde, y convocado por la Sociedad Tomista Argentina, en la XXIX Semana Tomista, que este año llevaba el título de ”Diálogo entre Filosofía, Teología y Ciencias” y en la que participaría con la ponencia “Ontología del catolicismo. Homenaje a Osvaldo Lira”.

    El primero en hablar fue José Enrique Schroeder, quien tras solicitar que el público asistente se pusiera en pie y rezara el Credo, contó infinidad de anécdotas referidas a la vida del Padre Lira. No faltaron las anécdotas que ponían de relieve su aparente “mal genio”, junto a aquellas otras que mostraban la lealtad con sus amigos o la compresión que tenía con estos, convirtiendo en pequeños defectos sin importancia lo que en otros tachaba de grandes errores o incluso “pecados mortales” que les llevaría a arder irremediablemente en el fugo del infierno. Pero lo que sí quedo claro fue su gran humanidad y su vocación religiosa; o su preocupación por salvar almas, incluso las de sus contrarios en el campo de la política. Se desveló -incluso- cómo tras el suicidio de Salvador Allende el Padre Lira llegó a celebrar una “misa gregoriana” por la salvación del alma del Presidente fallecido.

    Julio Retamal Favereau recordó, por otra parte, la preocupación del padre Lira con la anarquía litúrgica surgida tras el Concilio Vaticano II, que se enmarca, por otro lado, con su crítica al mismo: “El Concilio Vaticano II hay que borrarlo todo de un plumazo. No hay nada que me interprete, salvo las cuestiones dogmáticas en que se cita a concilios anteriores. Hay cosas que las pudo haber redactado el más pintado de los liberales. Hubo malos manejos, hubo censura, hubo manipulación, se alteraron las comunicaciones. Lo que no sea dogma puedo borrarlo de un plumazo y no caer en herejía. Los papas que lo convocaron dijeron que era un concilio puramente pastoral. Sólo los dogmas de fe uno está obligado a acatarlos.”[Osvaldo Lira a Parrini en 1993] .

    Retamal también se refirió a su preocupación por los hechos que se avecinaban, sobre todo después de que la izquierda “tomara” la sede de la Universidad Católica en 1967, hecho que interpretó como un síntoma incipiente de la espiral de violencia que iba a durar años e iría in crescendo hasta abrasar a toda la sociedad chilena en un fuego que estuvo a punto de destruirla. También recordó algunos aspectos que afectaron directamente a la vida del Padre Lira como aquel que hacía referencia a su renuncia del comité editorial de la revista Tizona, renuncia que le fuera solicitada por el nuncio Papal a instancias del cardenal Raúl Silva Henríquez, el cual -por cierto- había excomulgado a un tío del Padre Lira, por publicar un libro cuyo título era el de La Compañia de Jesús ¡ Ay Jesús qué compañía! .

    En la segunda de las mesas destaca la participación del profesor español Miguel Ayuso, quien habló en primer lugar. Tras comentar -brevemente- cómo y cuándo conoció a nuestro personaje en un lejano agosto de 1996, meses antes que éste falleciera, desveló algunos aspectos relacionados con la vinculación existente entre el pensamiento del padre Lira con el Carlismo; haciendo para ello referencia a su libro Nostalgia de Vázquez de Mella, al que calificó como una de las mejores aproximaciones al estudio del pensamiento tradicionalista del célebre pensador asturiano. En este sentido también recordó el orgullo con el que Osvaldo Lira lucía la medalla de la Legitimidad Proscrita, otorgada a comienzos de 1996 por S.A.R. Don Sixto de Borbón-Parma, así como su amistad con Rafael Gambra, o la demoledora crítica a Ortega y Gasset y su raciovitalismo, la cual quedó plasmada en su obra Ortega y su espíritu.

    La jornada se cerraría con la presentación, por parte de Felipe Widow, de la Corporación Osvaldo Lira; dicha Corporación -en la que vienen trabajando muchos de los asistentes al acto- pretende constituirse en un centro de estudio y reflexión de los escritos de Osvaldo Lira, tratando así de preservar su memoria y su obra. En este sentido convendría también recordar que algunas semanas atrás se había llevado a cabo, en la Pontificia Universidad Católica de Chile, la presentación de una reedición de uno de sus libros, La vida en torno, ensayos; publicado inicialmente por la editorial de la Revista de Occidente, en (Madrid) 1949, y editado ahora -55 años después – por primera vez en Chile. Habría que precisar que la reedición, que lleva un prólogo de Juan Antonio Widow, fue editada por el Centro de Estudios Bicentenario (www.bicentenariochile.cl).

    La jornada sirvió como punto de encuentro de amigos y discípulos -tal y como ya se ha apuntado- pero también contó con la asistencia y participación de un nutrido grupo de estudiantes interesados por acercarse a la figura de Osvaldo Lira, tal vez uno de los intelectuales más relevantes del Chile del siglo XX, y cuya figura y obra no se puede llegar del todo a comprender si ésta no va acompañada de sus compañeros de generación, entre ellos la de los historiadores Jaime Eyzaguirre y Mario Góngora. Juntos compartieron las trincheras de la revista Estudios y la gran mayoría de los discípulos de uno lo son del otro, y viceversa. Fue la generación de católicos que combatieron el desviacionismo mariteniano, adoptaron las tesis milenianistas, y no claudicaron ante el modernismo eclesiástico o el embate de la incipiente Teología de la Liberación.

    Estamos seguros, es más, podría afirmarse, que actos como éste no tendrán el eco y la difusión de los grandes medios de comunicación, y que las ascuas del centenario de Ricardo E. Neftalí Reyes (perdón, Pablo Neruda) aun prenderán en años posteriores; pese a todo, aquellos que conocieron al padre Osvaldo Lira, aquellos que fueron sus amigos y discípulos, deben recordar al mundo entero que en Chile no todo es Pablo Neruda, que Chile ha dado grandes intelectuales -como los ya citados Jaime Eyzaguirre y Mario Góngora- hoy injustamente olvidados por defender valores considerados “políticamente incorrectos”. •- •-• -••• •••-•

    José Díaz Nieva

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    Re: Sobre el Padre Osvaldo Lira:Cruz de la Legitimidad Poscrita.



    La Representación Corporativa




    El carácter corporativo que debe ofrecer la representación auténtica del pueblo organizado no puede ser simplemente optativo sino claramente obligatorio. De lo contrario, no pasará de ser lo que viene siendo bajo las modalidades que ha revestido en las democracias liberales y marxistas: una engañifa pura y simple, que se viene prolongando en virtud de hallarse sostenida por aquellos mismos que, en nombre de los principios de una política católica, deberían ser sus más irreconciliables enemigos. Así van las cosas, por desgracia. Se decreta a priori -un apriori, por lo demás, que nadie se atreve a discutir- que la representación corporativa es imposible en nuestros días, dadas las circunstancias en que nos hallamos, y, por otra parte, se procura cortar absolutamente de raíz, por métodos inconfesables muchas veces, cualquier tendencia que despunte en el sentido de concluir de una vez por todas con el sistema de las mayorías inconscientes. No es que no haya voluntad de instaurar un régimen corporativo. Es que la hay de que no se instaure en los siglos de los siglos. Esta es la verdad, y así lo hemos visto y estamos todavía comprobándolo, sin visos de que la situación vaya a alterarse. No es que la representación tradicional y la que hoy día llaman tal, sean dos especies de un solo y mismo proceder. De ningún modo. Los llamados representantes populares no lo son de modo auténtico, de manera que no pueden representar absolutamente a nadie. En cambio, los representantes populares de los siglos medievales sí que lo eran, y de modo bien auténtico. No son, pues, dos variantes de un solo y mismo proceder. Son dos realidades que pugnan entre sí, sin que haya posibilidad de conciliarlas. Como nos damos perfectamente cuenta de que nuestra presente afirmación va a ser impugnada con encono por los liberales y marxistas que lean estas páginas -cosa que, por lo demás, nos deja indiferentes-, procuraremos demostrar en las páginas siguientes como toda representación popular, para serlo de verdad, deberá ser corporativa, y que este carácter se hace, hoy día más que nunca, necesario. Bien sabían esos deformados cerebrales y morales que fueron los corifeos de la Revolución Francesa adónde apuntaban cuando resolvieron llevar a cabo ese acto revolucionario por excelencia que fue la supresión de los gremios medievales.

    * * *

    Ante todo es preciso destacar cómo la exposición de las necesidades populares que los representantes en cuestión han de hacer ante el Jefe del Estado o del gobierno en general, ha de ser, en sus contenidos, muy precisa. Todas ellas por lo demás, van implicadas en lo que ya hemos denominado sector contingente del bien común. Las razones de que esto ocurra son múltiples; pero, en gracia de la brevedad, sólo aduciremos las dos que, a nuestro juicio, resultan primordiales. La primera consiste en que sólo los valores contingentes del individuo racional se hallan sometidos, en el sentido estricto del concepto, al Poder político, y es por esto mismo por lo cual aquel Poder podría verse tentado a excederse en sus atribuciones específicas. Siempre resulta más fácil y hacedero desconocer lo contingente que rechazar lo necesario. Los valores necesarios, no lo olvidemos, son la expresión o proyección de aquella trascendencia de la persona racional sobre toda institución meramente terrenal, frente a cuyas exigencias se requiere cierta actitud de reconocimiento respetuoso. Ahora bien, la expresión a que acabamos de referirnos es más inmediata que la que, por su parte, ofrecen los consorcios subalternos; porque éstos se encaminan de modo menos inmediato que la sociedad civil al Fin último del hombre. Recordaremos a este efecto que, si el Poder político puede organizar o regular en pro del bien común las actividades de los municipios y demás consorcios subalternos, no puede entrometerse por ningún motivo en la regulación de esa sociedad básica que es la familia por ser ésta absolutamente indispensable para procurar a la persona humana todo aquello que le resulta necesario para su vida fundamental y primaria, aquélla que brota y se desarrolla según las potencias vegetativas y sensitivas. Pensemos en que la condición vegetativo sensitiva de la persona humana constituye un conjunto de valores que ésta no podrá alienar jamás, aun cuando, en un rapto del más completo desatino, llegara a proponérselo. En cambio, aquellos otros valores que le sobrevinieren en el curso de su vida racional perfeccionando sus facultades superiores -inteligencia y voluntad- le serán simplemente accidentales, no sólo en cuanto su modo de ser es la inherencia y no la subsistencia, sino en la medida en que la persona humana puede haberlos o no haberlos; es decir en cuanto le advienen o le acceden una vez constituida en su entidad. Por tal razón el animal racional puede renunciar a poseerlos sin que, de esta suerte, llegue a sufrir menoscabo su propia condición humana.
    En este sector secundario, por decirlo así, del tantas veces mencionado e inmanente bien común es donde pueden observarse innumerables y mutuas diferencias entre los individuos racionales, que, sin llegar a alterarlos fundamentalmente en lo que se refiere a su carácter racional, alcanzan a agruparlos en categorías sociales funcionales. Estas, a su vez, influyen de modo increíblemente vario en la marcha histórica de una nación. Sin embargo, decididos a rechazar con encono y tenacidad imperdonables la coexistencia de la identidad esencial de los individuos racionales con una serie de diferencias adjetivas que los van distinguiendo mutuamente dentro de la especie, los liberales sustituyen dicha coexistencia con la identidad absoluta y exhaustiva entre ellos. Así han terminado por privar al individuo racional de toda realidad individual, convirtiéndolo en un contrasentido y un absurdo. Y es así como los hombres de carne y hueso de que tan elocuentemente habla Unamuno se han venido a convertir en los individuos completamente asépticos de los doctrinarios liberales. Claro está que a estos extremos no es posible llegar sino a condición de menospreciar y rechazar todos los datos de una experiencia sensitiva que, para quienquiera mantener vigente el pensamiento católico y tradicional, constituye el punto de partida insoslayable de todo conocimiento intelectivo. Es en estos apriorismos político- sociales donde han venido a resolverse -no por azar sino por la aceptación consciente o inconsciente de una serie de premisas absolutamente erróneas- los postulados políticos modernos, tanto de los demoliberales como de los totalitarios. Para quienes adoptan y recalcitrantemente se encastillan en semejantes posiciones, no rige ni por asomo la definición de la verdad como adecuación de la inteligencia y de la realidad. Y no rige en ninguno de sus dos sentidos, el lógico ni el ontológico. De esta suerte, por haber previamente renunciado a toda especie de normas objetivas, que, por objetivas, son fundamentalmente inmutables, se han visto obligados a apoyar su presunto bien común en el dictamen de unas mayorías inconscientes que sólo podemos calificar de despreciables en la medida en que se constituyen en instrumento de las peores demagogias.
    Lo que ocurre es que el lenguaje de los hechos nos asegura con elocuencia abrumadora que el conjunto de individuos racionales ofrece una identidad esencial absoluta junto con una multitud de diferencias infraesenciales verdaderamente inagotable. Las personas racionales coinciden entre sí en poseer una misma naturaleza racional, al mismo tiempo que similarmente difieren entre sí en ofrecernos un sinnúmero de diferencias personales. No obstante debemos hacer una excepción en cuanto a la identidad que acabamos de expresar. Es que esta identidad puede ser considerada -según lo hemos destacado más atrás- desde dos puntos de vista: el formal y el fundamental. Desde un ángulo formal, esa identidad cobra sólo existencia intramental, de suerte que, extramentalmente, sólo constituye un simple fundamento, aunque indudablemente sólido. Por lo demás, ya hemos abordado este problema anteriormente, cuando dejamos en claro que esta solución no es sino un punto concreto de la aplicación que han dado los tomistas al gran problema de los universales, que tanto y tan justamente agitó los espíritus durante la Edad Media. Por aquí podemos descubrir el engaño y falsedad implícitos en el deseo de infundir realidad extramental a cierta especie de entes de razón, que, en cuanto tales, están destinados a existir como habitus cualitativos dentro del ámbito exclusivo de nuestra humana inteligencia. Por consiguiente, para quienes queremos apoyarnos, como sobre sólida roca, en la sagrada realidad de las cosas tal como han brotado de las manos infinitamente amorosas de Dios, una igualdad semejante convertida en absoluta no nos convence en absoluto. Una conformidad mucho más intensa y decidida con la obra del Creador divino manifestamos al precisar las dos caras de la medalla -la identidad y diversidad ya mencionadas- que si nos ceñimos a una sola de ellas. No hay peor error que una verdad dicha a medias. Si los individuos racionales han sido creados por Dios integrando una sola y misma especie humana, a la vez que sujetos a innumerables diferencias de tipo infraespecífico, debemos tratarlos así y no considerarlos a manera de esencialmente mutilados como lo hacen los liberales y marxistas.
    El respeto absoluto que debemos a Dios nos exige respetar asimismo las obras brotadas de sus manos, entre las cuales ocupa el sitial supremo en este mundo la que es imagen y semejanza suya.

    * * *

    De aquí se desprende una consecuencia muy sencilla que, sin embargo, es unánimemente rechazada: que, en la elección de los representantes populares, han de ser tomados en cuenta todas las circunstancias anteriormente señaladas. Y esto en virtud de que todo representante en cuando tal, por el solo hecho de serlo, deberá ajustarse a las directivas que sus representados juzguen necesario señalarle. Esto quiere decir en buen romance que deberá tomarse en consideración no sólo su condición humana sustancial sino también las diferencias infraespecíficas o individuales que los separan unos de otros junto con las actividades, diversas asimismo, que desarrollan en el seno de la sociedad. No es de extrañar por lo demás, ya que toda sociedad civil constituye un conjunto organizado, o, lo que es igual, orgánico, en lo cual no hará sino reflejar el carácter orgánico de los individuos que la integran en calidad de causa material. De este modo, la sociedad civil viene a ser una especie de organismoque, a semejanza del humano se compone de cierto número de órganos diversos, cada uno de los cuales ha de encontrar su proyección en las instituciones representativas del pueblo organizado. Después de todo, quienes han de ser representados -aunque no lo sean directamente sino a través de los consorcios subalternos-, son los propios individuos, concretos y existentes. Ahora bien, si han de ser representados en concreto y en cuanto se encuentran dotados de existencia, lo han de ser en virtud de su perfección connatural de corte sustancial, que se halla determinada adjetivamente por sus cualidades adquiridas o habituales. Es decir que cada cual ha de ser representado en cuanto es y en cuanto actúa. Y como sus actividades o actuaciones resultan extremadamente varias, también deberán serlo los representantes del pueblo organizado. Esos animales racionales abstractos a que tan insistentemente nos hemos referido en estas páginas y que tan intensa complacencia provocan en los demoliberales, no pueden ser representados, por la razón ultrasencilla de que, para ser representados, deberían, primero, hallarse dotados de existencia extramental. Por esta razón verdaderamente capital, y a fin de que la representación popular no resulte un caos sino un orden, se requiere que los representantes sean elegidos en virtud de cierto orden. Este orden ha de consistir en elegírseles según los órganos diversamente constituidos del organismo arquitectónico, que es la sociedad civil.
    Es que es preciso considerar dos circunstancias que se dan conjuntamente y de ninguna de las cuales es posible prescindir. Por una parte, la imposibilidad manifiesta de que un poder político pueda conocer por adivinación cuáles sean las diversas necesidades de sus súbditos; por la otra, la imposibilidad de oír uno por uno a cada uno de sus súbditos. En tal caso no queda sino la representación por clase o profesiones según venimos señalándolo en páginas anteriores. Es esta la única manera de evitar estos dos extremos imposibles anteriormente referidos y de resolverlos con eficacia. Esta representación por clases sociales, exige, por supuesto, que los representantes del pueblo pertenezcan a la misma clase que sus representados. Téngase en cuenta, sin embargo, que, al referirnos ahora a las clases sociales, no estamos pensando para nada en estratos económicos o crematísticos sino en sectores funcionales. Estas son, y no las liberales, las clases sociales auténticas, las únicas dignas de llevar el epíteto de clases. Desde el momento en que sólo pueden ofrecerse variaciones o alternativas en el sector tan solo contingente del tantas veces mencionado bien común de los gobernados, es sólo en este sector donde podrán asimismo surgir dificultades que sea preciso resolver en plazos prudencialmente breves. Los valores que, del bien común, ofrecen carácter necesario no podrían caer jamás bajo discusiones ni polémicas de ningún tipo de representantes populares, a no ser para defenderlos en el caso de que fueren atacados. De otra suerte, la representación auténticamente popular sólo puede desarrollar sus actividades específicas en lo relativo a los valores que, del citado bien común, puedan y deban considerarse contingentes. De lo contrario, se incurriría en todos los errores liberales que hemos denunciado y denostado en varias ocasiones dentro de estas páginas. Jamás debemos perder de vista, en efecto, que los máximos valores de la persona racional son trascendentes a toda sociedad o institución de índole meramente terrenal. Sólo la Iglesia fundada por Cristo Señor Nuestro podría trascender estos límites; pero por ser algo más que una mera sociedad o asociación. Los puede trascender única y exclusivamente porque es el Cuerpo Místico de Cristo, del cual Él es la Cabeza y nosotros todos, sus miembros.
    Entre muchas otras, los representantes del pueblo organizado ofrecen una diferencia capital respecto de lo que las democracias liberales conocen bajo esa denominación: que, además de ser representantes en exclusividad, sin pretensión alguna de ser legisladores, lo son no de todo un hipotético pueblo soberano sino de una sola clase social determinada: la misma que los haya designado. Esto quiere decir que no están llamados -en virtud de las dos condiciones expresadas- a dictaminar sobre todas las cosas y otras muchas más, según expresión pintoresca de Quevedo, sino simplemente a exponer los asuntos y negocios de sus representados. No tienen, en consecuencia, por qué ser omniscientes, según exigen, sin darse cabal cuenta, los demoliberales. Los representantes verdaderos saben para qué y por qué son representantes. Hablan de lo que saben y no de lo que ignoran, circunspección a la que hoy día no estamos muy acostumbrados… Es que los intereses que encarnan -y nótese que no damos al concepto de interés ningún matiz peyorativo- son los de su clase y no los de una chusma. Y es esta circunstancia la que les permite hablar de lo que saben. De esta suerte, si entramos a comparar los pseudo representantes liberales -que no representan absolutamente a nadie- y los tradicionales, resulta en seguida, de inmediato, que las labores de estos últimos resultan más modestas a la vez más eficaces. En vez de proceder altisonantemente a discursear, se limitan modestamente a exponer y proponer. Y es precisamente porque se limitan a exponer y no pretenden asumir funciones para cuyo desempeño podrían no hallarse preparados, por lo que resultan de eficacia más probada. Y ésto constituye, al fin de cuentas, una demostración de esa virtud tan infrecuente entre los teorizantes y gestores de la política moderna, que recibe el nombre de prudencia.
    En realidad, el sistema que hace de los pseudo representantes populares verdaderos legisladores resulta de un infantilismo deplorable, que provocaría a risa si sus resultados no se hubieran manifestado tan fatales para las naciones de Occidente.

    * * *



    El hecho de que los auténticos representantes del pueblo organizado sean elegidos con la finalidad expresa de exponer ante el Jefe del Estado las necesidades e intereses de sus representados -o sea de cada uno de los consorcios subalternos, no significa en modo alguno que no puedan ventilarse otro tipo de problemas de importancia trascendente. Nadie puede prever, en efecto, de modo absolutamente cierto la marcha de los acontecimientos. Por algo reciben la denominación de contingentes. Es decir que pueden ocurrir o no ocurrir. Inclusive para muchos de entre ellos se requiere convocación explícita de los citados organismos. Lo que importa es que, en uno u otro caso, se limiten a exponer sus opiniones con prudencia -insistimos en que prudencia no es lo mismo que cautela, aún cuando sea posible la mutua coincidencia; ni, mucho menos, que pusilanimidad o cobardía, incapaces, ambas actitudes, de coincidir siquiera con esa prudencia de la carne de que nos dice San Pablo que es muerte y con esa clarividencia que, en asuntos prudenciales, manifiestan las personas bien nacidas. Para tales asuntos no es obstáculo alguno hallarse agrupados en consorcios subalternos. Lo que ocurre es que el conjunto de derechos y deberes emanados directamente de la esencia humana -respecto de los cuales no opera la legislación civil sino La Ley Natural- son de por sí comunes a todos los individuos racionales de la sociedad civil así como de los propios consorcios subalternos. El derecho de practicar una religión determinada, resultante del deber primario e imperioso de reconocer el dominio soberano de Dios sobre toda creatura, y, por consiguiente, sobre el individuo racional; el de fundar una familia, el de ejercer una profesión sensu amplissimo y otros similares que no enumeramos en gracia de la brevedad, son anteriores incluso al ingreso en algún consorcio subalterno. Y en ninguna de estas esferas puede el Poder político entrometerse ni mezclarse, como no sea para asegurarles un funcionamiento de acuerdo con las normas de la sociedad civil. Pero en su ámbito interno y específico, esas asociaciones son absolutamente autónomas -y nada digamos del ámbito intrínseco de los individuos racionales- y sólo se hallan reguladas por la Ley Natural. Porque cualquier disposición tomada por el Poder civil contrariamente a los preceptos de esa Ley fundamental, no puede pasar de constituir una manifestación más o menos grave, aunque no aparezca como tal, de atropello y tiranía.
    En este sentido, los consorcios subalternos se hallan respecto de los preceptos de la Ley Natural en situación análoga a la de la propia sociedad civil, en un plano naturalmente menos amplio, pero, no obstante, digno de respeto. Es su organización y a la vez, su trascendencia respecto de cualquier poder político lo que los hace aptos para repeler cualesquiera posibles atropellos provenientes de ese lado. Demás está decir que los poderes públicos de nuestros días -tanto los de tipo liberal como los de índole marxista- se han extraviado por igual en los andurriales de la ilegalidad y la ilegitimidad. Los gobernantes contemporáneos, a semejanza de lo que con increíble desvergüenza realizaron un José II en el Sacro Imperio, un Carlos III en España o un Luis XV en Francia, han venido desconociendo por sistema y con un encono incapaz de engañar sino a quienes quieren serlo previamente, y arremetido con impudicia repugnante contra todos los preceptos del Orden Natural. Y es esta razón la decisiva que ha impedido a los pseudo representantes de la plebe sedicente soberana poner coto a los desmanes del mal llamado poder ejecutivo, que, en las democracias liberales y marxistas, constituye el único poder efectivo del Estado. Es esta imposibilidad -tan fácil de comprobar, por lo demás, y que se suma a una ignorancia lamentable de los preceptos básicos de dicho Orden- lo que hace que los doctrinarios y gestores de la política contemporánea no hayan tenido más remedio que fraccionar el Poder público, reduciéndolo prácticamente a una caricatura de sí mismo.
    En cambio, en la concepción tradicionalista de la sociedad civil, los representantes del pueblo organizado están llamados de por sí a constituir uno de los motivos principales de que el Poder político se mantenga prudente y razonablemente dentro de los cauces que le son propios. En esta perspectiva, el Poder político no se fragmenta como estúpidamente lo decretan las democracias liberales sino que se le contiene y se le acota. Los tradicionalistas saben de sobra que todo ente se halla dotado de unidad, y, desde que el Poder público constituye una entidad, no podría evadirse de esta norma.
    Fraccionar el Poder público significa, se quiera o no se quiera, destruirlo, y una vez más invocamos para dejarlo en evidencia, el desarrollo de la Historia. Lo más triste del caso es que, para demostrar la estupidez e hipocresía de las teorías liberales, esta destrucción se resuelve en la hipertrofia del mal llamado poder ejecutivo, porque es el que dispone de la fuerza. Ya nos advertía el Conde de Maistre que, donde no impera la fuerza del derecho, concluye por imperar el derecho de la fuerza. Y es esta tremenda anomalía la que aparece afectando todos los gobiernos de hoy en día. Porque las mayorías son fruto directo de las manipulaciones del poder ejecutivo, y esas mayorías son las que en una etapa subsiguiente, habrán de aprobar y cohonestar, en gesto de repulsiva servidumbre, cualquer tipo de atropello, arbitrariedad y tiranía. Esta es la gran verdad de lo que viene aconteciendo en nuestros días dentro del panorama político democrático y ateo. Y ateo no por acaso sino por ser demoliberal.


    Pero aún hay más. Porque por el hecho de contenérsele, el Poder político no sólo no queda destruido sino, inclusive, se ve fortificado; porque, al fin de cuentas, se le obliga a ejercer y desarrollar su actividad dentro de sus límites connaturales, tal como una corriente de agua se ve aumentada en su dinamismo cuando se le estrecha el cauce por donde se ve impulsada a discurrir. Por ello hemos recordado precedentemente que las dificultades a veces gravísimas que se produjeron durante la Edad Media entre el Poder político -constituido entonces por el Sacro Emperador junto con los monarcas nacionales- y los representantes populares, no pusieron nunca en peligro los principios mismos de gobierno sino sus aplicaciones prácticas. Y es importantísimo establecer distinción muy clara entre lo que es un valor universal y esencialmente necesario, y una cualquiera de sus aplicaciones a un caso determinado.
    Este es otro de los puntos precisos donde reside la razón suficiente de la representación de los consorcios subalternos ante la Jefatura del Estado. Considerados de esta suerte ambos factores, queda en claro cómo se complementan y se benefician mutuamente. El Jefe del Estado tiene la seguridad de que sus actuaciones y procederes pueden derivar tranquilos por los cauces de la normalidad política porque sabe que esos cauces son sólidos y no se derrumbarán tan fácilmente. Por su parte, el pueblo organizado sabe que logra esa unidad que, como entidad auténtica que es, la necesita a toda costa, y la necesita bajo manera superior de unidad orgánica y multiforme y no, como pretende la mezquindad demoliberal, bajo modo de uniformidad. Pero por otra parte y precisamente por las circunstancias apuntadas, el Poder político no podrá intervenir absolutamente para nada en la estructuración de los organismos en que ha de tomar cuerpo y consistencia esa representación. Para estos últimos, la absoluta independencia en cuanto atañe a su génesis, es cuestión de eficacia o ineficacia, lo cual, dada la índole de los problemas que se ventilan en este orden de valores, es para ellos cuestión de vida o muerte. Lo importante en este caso no es el simple hecho de que los organismos antedichos existan o no existan, sino que se proyecten en la vida política de la nación con autenticidad, libre de todo lo que pueda significar presiones tendientes a torcer su finalidad connatural. Es incluso en el acto mismo de representar a los consorcios subalternos donde ha de manifestarse esa autonomía de la cual hemos hablado anteriormente y que, según entonces aclaramos, no puede identificarse con la independencia pura y simple. La soberanía stricto sensu aunque no absoluta del Poder político y la soberanía modo análogo de los organismos representativos deberán manifestarse mutuamente y siempre el respeto más profundo. El respeto mutuo ha de llevarse en este caso hasta el extremo de que contribuya, cada uno según su condición, a hacer fáciles y expeditas ciertas actuaciones cuyo único objetivo es el bien común de los individuos asociados, y, con ello, el perfeccionamiento de la vida humana individual.
    No olvidemos que, siendo la sociedad civil una creación de la actividad humana, una entidad artificial por consiguiente, ha de hacérsele presente la necesidad de establecer la debida jerarquía entre los diversos principios configurativos o formales que infunden rostro y fisonomía política al organismo entero. De la jerarquía adecuada entre esas formas ha de brotar la perfección de la forma arquitectónica, que es la que le imprime, en primer lugar y de modo directísimo, fisonomía nacional. Es así como podrán sobresalir esos valores de relación radicados en las formas subalternas, que, de otro modo y en circunstancias diferentes, habrían quedado privados de actualización. Ocurre aquí lo mismo que en los restantes sectores de la creación humana, incluso en los que ofrecen fisonomía puramente doctrinal. Los elementos materiales a que se echa mano para producir una obra humana quedan beneficiados y altamente ennoblecidos cuando llegan a integrarla. No olvidemos que, por el hecho de ser correlativos, los principios integrantes tienen que beneficiarse mutuamente.
    Por este motivo, las relaciones del Poder político con los individuos racionales y con los consorcios subalternos son absolutamente semejantes. Ante aquéllos y estos últimos, deberá profesar la misma discreción en lo relativo a no inmiscuirse en sus asuntos privativos. Lo único que ha de cuidar es que ninguno de esos elementos materiales de la sociedad que le toca gobernar, entorpezca en su funcionamiento y desarrollo -por posibles extralimitaciones, fáciles de comprender por otra parte- el de la propia sociedad arquitectónica. Claro está que la semejanza, por supuesto, no excluye ciertas diferencias. Es que, al fin de cuentas, tanto los individuos racionales como esa especie de personas colectivas que son los consorcios subalternos arrancan su origen, en común, de una Causalidad altísima que los produce exhaustivamente en su naturaleza y existir. Con una diferencia sin embargo, que, por lo demás, es inaccesible a las pretensiones dilucidadoras de nuestra inteligencia: a los individuos racionales, como entes sustanciales que son, los produce directamente, o, más bien, sin concurso alguno nuestro, mientras que, a los artificiales, los produce con nuestra colaboración. Dejamos, sí, constancia de que la colaboración humana en la génesis o producción de cualquier creatura artificial no priva en absoluto al Acto creador divino de su carácter directísimo, omnímodo y exhaustivo, respecto de ese tipo de creaturas. Lo que hemos dicho significa que es necesario atenerse a una manera de hablar y de entenderse; porque aquí estamos tocando, o, más bien, experimentando, el misterio insondable de la conjugación de la Causa primera creadora e infinita con las causas principales contingentes y segundas… Y por no haberse sometido a las exigencias de este misterio profundísimo que se halla en vigencia indeclinable, es por lo que las sociedades civiles de nuestra época van recorriendo, entre peripecias y vicisitudes inquietantes, su ruta hacia una muy probable -si Dios no lo remedia- aniquilación definitiva.

    * * *

    Tales han de ser, en una sociedad civil bien organizada, las relaciones entre el Poder político y los representantes del pueblo organizado. La base necesaria ha de ser el respeto mutuo entre gobernante y gobernados.
    Desde el momento en que este respeto empiece a claudicar, comenzará a resquebrajarse la propia sociedad civil. Tal vez los síntomas precursores del proceso no se dejen sentir en un primer momento; pero, de todos modos, llegarán. Por supuesto que, en caso de advertírseles, será problema común del Gobierno y de los representantes populares acabar con ellos cuanto antes, poniendo en práctica el conocido adagio de principiis obsta. Es cierto que más vale tarde que nunca, pero también lo es que más vale prevenir que remediar.
    Bajo este aspecto, uno de los caracteres más loables de un Poder político será estar dotado de mirada avizora para descubrir en seguida los primeros de estos síntomas, si es que llegan, y extirpar su causa sin ningún tipo de consideraciones. En esta perspectiva, no caben sentimentalismos ni complacencias culpables. Pensemos una vez más en que el principio rector del orden moral es la virtud cardinal de la prudencia, y que la prudencia puede exigir a veces actitudes de auténtico heroísmo. Es la prudencia política la que deberá presidir, por parte del Poder, el ejercicio de gobernar, y, por la de los súbditos, el ejercicio, no menos noble e importante, de acatar y obedecer.


    Tomado del Capítulo V, La Soberanía Popular, Nº4, de
    ”El Orden Político”, páginas 160-167 –
    Editorial Covadonga, Santiago, 1985

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