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Tema: La independencia de los Estados Unidos y la contribución española

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    Re: La independencia de los Estados Unidos y la contribución española

    La olvidada batalla en que España defendió Misuri con 300 hombres del cruel ataque británico

    Fernando de Leyba salvó el Misisipi con su heroica vitoria en San Luis el 26 de mayo de 1780 y permitió seguir ayudando a los americanos en la Guerra de la Independencia


    Manuel Trillo

    @manueltrillo

    Actualizado: 28/05/2018 10:33h


    Pocos a este lado del Atlántico, y tampoco muchos estadounidenses, saben que la ciudad de San Luis, en el actual estado de Misuri, fue un día española. Y menos aún que en plena Guerra de la Independencia americana (1775-1783), España protagonizó allí una hazaña hoy apenas recordada que contribuyó al nacimiento de los Estados Unidos. El 26 de mayo de 1780, Fernando de Leyba lideró la heroica defensa de aquella estratégica plaza a orillas del Misisipi frente al brutal ataque organizado por Gran Bretaña y ejecutado por una horda de cientos de fieros guerreros nativos comprados a base de regalos.

    La esforzada victoria española fue clave para mantener el suministro de armas, municiones y otros bienes a los rebeldes a través del gran río y para que los sublevados reafirmaran su control sobre el patio trasero de las colonias.

    Este sábado se cumplen 238 años de aquel episodio, rescatado del olvido en «The battle of St. Louis, the attack on Cahokia, and the American Revolution in the West» (THGC Publishing, 2017), libro editado y escrito por un descendiente de uno de los defensores de San Luis, Stephen L. Kling, con Kristine L. Sjostrom y Marysia T. López como coautoras. Además, en España se acaba de publicar la novela «La llave olvidada» (Alhulia), de Cristóbal Tejón, basada en esos mismos hechos. La batalla de San Luis es otro de los grandes capítulos que escribieron los españoles a lo largo de sus más de tres siglos de presencia en lo que hoy son los Estados Unidos de América.

    La Guerra de la Independencia no solo se libró en las trece colonias inglesas de la costa atlántica. El apetito de nuevas tierras por los americanos hizo que milicianos de Virginia liderados por George Rogers Clark se hicieran en 1778 con la región al este del Misisipi conocida como Illinois, que hoy comprende no solo el estado con ese nombre, sino también los de Indiana y Kentucky.

    En la orilla opuesta, hacia el oeste, se abrían los vastos territorios de la Luisiana, que abarcaban desde Canadá al golfo de México y que tras la Guerra de los Siete Años (1756-1763) pasaron de Francia a España. La capital era Nueva Orleáns, mientras que, cerca de 2.000 kilómetros aguas arriba del Misisipi, San Luis era el principal enclave de la alta Luisiana. Conocida entonces como San Luis de Ilinueses, había sido fundada por franceses al calor del lucrativo negocio del comercio de pieles en 1764, antes de que los españoles tomaran el control efectivo de la zona. Fernando de Leyba fue allí vicegobernador desde 1778.




    Milicianos durante la defensa de San Luis, en la alta Luisiana - Cortesía THGC Publishing


    Nacido en Ceuta en 1734, Leyba pertenecía a una familia noble de Antequera, hoy provincia de Málaga. Empezó su carrera militar como cadete a los 16 años y participó en 1762 en la infructuosa defensa de La Habana frente a los británicos, que lo hicieron prisionero. Una humillación que seguro no olvidaría. Ya como capitán, en 1769 pisó por primera vez Luisiana, donde la población era aún mayoritariamente francesa, y se curtió en el inhóspito fuerte de Arkansas antes de ser destinado a San Luis.

    En su nuevo puesto, Leyba forjó una estrecha amistad con Clark, el líder rebelde en Ilinois, que incluso llevó a una relación amorosa del americano con una joven de la familia del militar español, Teresa Leyba, aunque no está claro cuál era su parentesco.

    España, que venía prestando ayuda encubierta a los insurgentes americanos, entró en guerra con Gran Bretaña en 1779. Como respuesta, el ministro británico para las colonias, Lord Germain, ideó una doble ofensiva para hacerse con el valle del Misisipi. Desde el sur, el general John Campbell debía apoderarse de Nueva Orleáns desde Pensacola, en la Florida Occidental. Mientras, una serie de acciones lanzadas desde los fuertes de Michilimackinac y Detroit, en la región de los Grandes Lagos, barrerían las plazas españolas y americanas desde el norte, empleando sobre todo combatientes nativos. Esta parte de la estrategia pasaba necesariamente por arrebatar San Luis a los españoles, punto clave para controlar el río. Ambos frentes debían encontrarse posteriormente en Natchez, unos 300 kilómetros aguas arriba de Nueva Orleáns, cerrando así el cerco sobre Norteamérica como una tenaza.

    Sin embargo, estos planes empezaron a torcerse para los británicos en el sur. El gobernador de la Luisiana española, Bernardo de Gálvez, decidió adelantarse a los casacas rojas y lanzarse a la ofensiva en 1779, consiguiendo no solo conquistar los fuertes de Manchac, Baton Rouge y Natchez, en el Misisipi, sino también Mobila, en el golfo de México. Más tarde, en 1781, se haría también con la propia Pensacola.

    En la alta Luisiana, ante las noticias obtenidas de un inminente ataque británico, Fernando de Leyba comenzó en abril de 1780 los preparativos para defender San Luis. Hizo traer cinco cañones de un viejo fuerte en la desembocadura del Misuri y recabó refuerzos de la población de Sainte Geneviève, aguas abajo del Misisipi, y entre los cazadores de la región. En total, contaba con 29 soldados regulares y 281 «paisanos», es decir, milicianos.

    Entre tanto, comenzó a levantar al oeste de la ciudad una torre cilíndrica de unos diez o doce metros, en lo alto de la cual emplazaría los cinco cañones. El vicegobernador pretendía construir cuatro, una en cada esquina, pero los mil pesos que logró reunir (600 de los vecinos y 400 suyos) no alcanzaban para más. La construcción de lo que se conocería como fuerte San Carlos, en honor al rey Carlos III, empezó el 17 de abril. Treinta y nueve días después estaba terminada, a falta únicamente de los parapetos. Pero ya no daría tiempo a completarlos: a la una de la tarde del viernes 26 de mayo de 1780 se presentaron a las afueras de San Luis entre 700 y 750 siux, winnebago, menomini, sauk y fox en pie de guerra y dispuestos a arrasar el poblado.

    Avanzaron por unos terrenos comunales donde los campesinos que encontraron se convirtieron en las primeras víctimas. «¡A las armas, a las armas!», gritó un hombre a la carrera por las calles. Desde la nueva torre, un cañonazo llamó a la alarma general. Al instante, unos 275 hombres se apostaron en los atrincheramientos y Fernando de Leyba, que se encontraba enfermo, fue llevado apresuradamente al fuerte en una silla de manos.

    Mientras, más de 300 mujeres y niños se refugiaron en la residencia del vicegobernador custodiados por una veintena de soldados. Se cuenta, no obstante, que Marie Josepha Pinconneau di Rigauche, viuda de un soldado de infantería, se enfundó la casaca militar de su marido, cogió una pistola y un cuchillo, y corrió a unirse a los atrincherados.


    El salvaje ataque a San Luis

    Los invasores se lanzaron al asalto enloquecidos de furia, profiriendo terribles alaridos y disparando a quien se ponía por delante. Los españoles respondieron con fuego de mosquetes en tierra y la artillería desde la atalaya, lo que cogió por sorpresa a los atacantes, que esperaban un simple paseo militar. «Así la tropa como el paisanaje mostraron el más bizarro espíritu», relataría posteriormente la Gaceta de Madrid.

    Tras frenar la primera acometida, se entabló un terrible combate envuelto en una nube de humo. Los indígenas se despachaban con una saña espeluznante. La crónica de la Gaceta de Madrid no ahorra detalles: «Desengañados por fin los enemigos de la inutilidad de sus redoblados esfuerzos, se esparcieron por la campaña donde saciaron su crueldad y furor en la sangre de 22 labradores que con sus esclavos se ocupaban en el trabajo».

    En un macabro truco para tratar de hacer salir a los defensores de sus escondites, mutilaban sin piedad a los capturados entre estremecedores gritos de dolor. El propio Leyba daría testimonio de cuerpos cortados en pedazos y entrañas arrancadas. Piernas, brazos y cabezas quedaron esparcidos por las tierras de labor. Pero el vicegobernador no cayó en la trampa y mantuvo a cada uno en su puesto. Finalmente, al no obtener la victoria relámpago que esperaban, se retiraron. San Luis se había salvado.

    Los británicos elevan a 68 el número de fallecidos entre los defensores. La disparidad con las fuentes españolas puede responder tanto a motivos propagandísticos como a que muchos prisioneros fueran luego ejecutados.




    «¡A las armas!», gritó un hombre ante el feroz ataque a San Luis - Cortesía THGC Publishing


    Carlos III premiaría la hazaña de Leyba ascendiéndole a teniente coronel al año siguiente. Sin embargo, el reconocimiento llegó tarde. A las cuatro de la mañana del 28 de junio de 1780, solo semanas después de su gesta, la enfermedad le había arrebatado lo que no pudieron sus enemigos: murió a los 45 años de edad. Fue enterrado en la iglesia parroquial de San Luis junto a su esposa, fallecida un año antes, dejando dos hijas huérfanas.




    Stephen L. King


    Pero los logros españoles en la alta Luisiana no se quedaron ahí. Meses después, ya en 1781 y en pleno invierno, una expedición se aventuró desde San Luis cientos de kilómetros al noreste y llegó a tomar y plantar por breve tiempo la bandera española en el lejano fuerte británico en Saint Joseph, nada menos que a orillas del lago Michigan.

    Si el plan de los británicos en el Oeste hubiese funcionado, sostiene Stephen L. Kling Jr., «San Luis y el oeste podrían haber tenido una historia muy diferente», concluye. En una introducción a su libro, la presidenta del Consejo de Artes Hispánicas de San Luis, Virginia Braxs, escribe: «Cuando piensas en San Luis, la primera cosa que te viene a la mente es su rica historia francesa (…). Apenas conocidas son, sin embargo, las raíces españolas de San Luis y el hecho de que San Luis fue una ciudad española gobernada por España durante casi cuarenta años».



    «Si hubiese triunfado el ataque a San Luis, Estados Unidos sería hoy muy diferente»

    Si hubiese triunfado el plan británico en el valle del Misisipi, «los Estados Unidos podrían ser muy diferentes hoy», asegura Stephen L. Kling, el autor del «La batalla de San Luis». En esencia, explica, «tendríamos otro Canadá a lo largo del río Misisipi y nunca se habría producido la compra de Luisiana». «Bernardo de Gálvez ha obtenido cierto reconocimiento, aunque no todo el que él o los españoles en general merecen. Pero las campañas más al norte son apenas conocidas, incluso en el Medio Oeste, al menos hasta hace poco», continúa.

    «El Medio Oeste de Estados Unidos ha sufrido de amnesia colectiva» con respecto a aquellos hechos, lamenta. En parte el problema es que «las tres grandes fuentes de la historia no estuvieron generalmente disponibles hasta tiempos más modernos»: los documentos de los responsables británicos Haldimand y Lord Germain, los del Archivo de Indias de Sevilla y los papeles de George Rogers Clark recopilados por Lyman Draper. Según Kling, «todavía ahora es difícil acceder a ellos y no están organizados», y es necesario leer todos ellos «para formarse una imagen completa de la enormidad de la campaña y cómo todas las piezas encajan». Se refiere a lo que él denomina el «Gran Plan» para barrer a españoles y americanos del valle del Misisipi, una operación en la que San Luis era la clave.

    Kling reconoce a ABC que esta historia tiene un «lugar especial» en su corazón, ya que tuve uno de sus antepasados fue miembro de la milicia que defendió la ciudad en 1780. Incluso, al rastrear en su genealogía, ha descubierto que por sus venas corre algo de sangre española.

    Según dice, el «interés por este tema se ha disparado». «He tenido 22 conferencias desde que se publicó el libro el pasado mayo, con una docena más previstas para este año», asegura. En la que ofreció en la última conmemoración anual de la batalla en el Museo de Historia de Misuri se registró una asistencia récord, completándose los 330 asientos del auditorio, cuando otras veces no se ocupaban más de cien.

    «Suelo preguntar en mis charlas cuánta gente ha oído alguna vez acerca de esta historia y normalmente es un 10%», comenta. No obstante, asegura que es sorprendente cuánta gente ha conocido en el último año que «desciende de alguien que estuvo en la batalla», apoyándose en las listas existentes en los registros españoles.

    Steve Kling está ahora organizando para 2019, junto con una de las coautoras, Kristine L. Sjostrom, una exposición en un museo de Ste. Geneviève, localidad de Misuri que aportó soldados y milicianos a la defensa de San Luis. Los planes incluyen una gran maqueta del fuerte San Carlos, maniquíes uniformados y detalles sobre algunos personajes en la batalla, además de ilustraciones y mapas. Según afirma, todavía «hay mucho por contar».




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    Fuente:

    https://www.abc.es/cultura/abci-olvi...6_noticia.html

  2. #62
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    Re: La independencia de los Estados Unidos y la contribución española


  3. #63
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    Re: La independencia de los Estados Unidos y la contribución española

    El español olvidado que colocó la primera piedra de la Casa Blanca en EE.UU.

    La elección del inmigrante español para colocar su primera piedra respondía al creciente prestigio de Casanave, así como a la coincidencia de la fecha con la llegada de los primeros españoles a América tres siglos antes, como explica esta pieza informativa de The Hispanic Council

    César Cervera @C_Cervera_M

    Actualizado:04/03/2019 02:16h



    Pocos saben que fue un español el que, el 12 de octubre de 1792, colocó la primera piedra de la Casa Blanca, el más emblemático edificio político de EE.UU. El navarro Pedro de Casanave vivió en sus carnes aquello de que América es la tierra de las oportunidades.

    Si bien se sabe poco sobre su origen, e incluso su apellido exacto no está claro (se le cita como Casaneva, Casenave, Cazenave e incluso Casanova), parece que desde su desembarco en Norteamérica, en 1785, Casanave no dejó de prosperar hasta convertirse en un notable empresario, agente de la propiedad e inversor inmobiliario. Tras ser nombrado alcalde de Georgetown, por entonces una de las mayores ciudades de Maryland, su nombre fue propuesto para poner ese simbólico cimiento sobre esta construcción, cuyas obras se alargaron durante ocho años con un coste aproximado de 232.371 dólares de la época.


    La sombra de Colón

    El proyecto de estilo neoclásico fue ideado por George Washington y construido bajo la dirección del arquitecto de origen irlandés James Hoban. John Adams fue el primer presidente en establecer su residencia allí el 1 de noviembre de 1800, si bien doce años después las tropas británicas incendiaron el edificio, haciendo necesaria una reconstrucción completa. El interior de la mansión quedó destruida, y solamente permanecieron las paredes exteriores. Lejos del mito de que se pintó de blanco tras este incidente, la verdad es que ya en 1792 se planeó en este color.

    La elección del inmigrante español para colocar la primera piedra de este edificio presidencial respondía al creciente prestigio de Casanave, así como a la coincidencia de aquella fecha con la llegada de los primeros españoles a América tres siglos antes, como explica una pieza informativa elaborada por The Hispanic Council. Porque Washington D.C., ciudad fundada en 1790 al este de la ya existente Georgetown, se ubica justamente en el distrito llamado Columbia por el descubridor de América, Cristóbal Colón.

    También pudo tener que ver en la elección del navarro que, presuntamente, era pariente de Juan de Miralles, quien fuera enlace entre la Corona española y los insurgentes americanos durante la Guerra de la Independencia. La amistad de Miralles con George Washington abrió mil oportunidades económicas y políticas a Casanave en los años venideros.


    «¿Sabías qué...?»

    El vídeo sobre el español que colocó la primera piedra de la Casa Blanca forma parte de la iniciativa audiovisual «¿Sabías qué...?», una serie de veinte vídeos con los que el think tank The Hispanic Council, en colaboración con la Fundación Consejo España-EE.UU., quiere reivindicar el peso de la cultura y el legado de España en Estados Unidos.

    The Hispanic Council promueve las relaciones entre España y la comunidad hispana de EE.UU. a través de actividades de análisis, investigación y divulgación con el objetivo de ayudar a un mayor entendimiento entre ambos países desde el punto de vista cultural, social, económico y político.




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    Fuente:

    https://www.abc.es/historia/abci-esp...vli=cm-general

  4. #64
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    Re: La independencia de los Estados Unidos y la contribución española

    Cristóbal Tejón evoca la figura de fernando de leyba en su obra "La llave olvidada"

    Un ceutí al servicio de George Washington




    photo_camera Ilustración que muestra una representación de Fernando de Leyba (REPRODUCCIÓN)


    Cristóbal Tejón ha resucitado a un personaje olvidado y que fue crucial en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Con tan sólo 20 soldados al mando, un ceutí logró frenar el ataque de los británicos y, por consiguiente, la conquista de la ciudad de San Luis de Illinois.

    Fecha

    18/08/17access_time 18:06

    Laura P. Cañero chevron_right 18/08/17 access_time 18:06




    El escritor y policía nacional Cristóbal Tejón lleva a la literatura con “La llave olvidada” el papel fundamental que jugó España en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos.

    En su obra, el autor resucita la historia de uno de los héroes españoles que con su actuación posibilitó el triunfo de esta batalla en uno de los puntos clave. Cristóbal Tejón habla del capitán Fernando de Leyba, un héroe nacido en Ceuta en 1734.

    La actuación y entrega de este ceutí fue crucial para derrotar a los ingleses en la contienda. Un personaje que se encontraba en el olvido hasta que Cristóbal Tejón ha conseguido con este libro reconocer, homenajear y dar el sitio que le corresponde.

    Tal y como cuenta la historia, “en 1779 España decide entrar en guerra contra el Imperio Británico y apoyar a las Trece Colonias rebeldes de América del norte, lideradas por su general en jefe, George Washington. Dentro de esta guerra, se produce un hecho heroico donde un pequeño grupo de valientes soldados del Regimiento Fijo de la Luisiana, liderados por el capitán español olvidado y denostado por la historia, vence en San Luis de Illinois a un ejército formado por más de 1.000 efectivos, entre soldados británicos, indios y comerciantes franceses deseosos de hacerse con el comercio de pieles de la zona”.

    Concretamente, la actuación se llevó a cabo con 20 soldados regulares y una milicia, prácticamente de población francesa, poco preparada. “Leyba estuvo al frente de los soldados en una torre defendida con cañones mientras que hizo construir una empalizada de madera alrededor de la ciudad resguardada por la milicia”. Los británicos se retiraron. El ceutí, que luchó enfermo, murió días después de agotamiento.

    Con este relato Cristóbal Tejón pretende rescatar del olvido a uno de los españoles clave en la Guerra de la Independencia, pero no es el único. “La llave olvidada” complementa a una novela anterior del mismo autor “La libertad de los valientes” en la que destaca la figura de Bernardo de Gálvez, que ya ha recibido su reconocimiento por parte de las autoridades estadounidenses.

    “Fernando de Leyba fue nombrado en 1778 por el propio gobernador de Luisiana, Bernando de Gálvez, gobernador del alto Misisipi, con capital en San Luis. Siendo en la primavera de 1780 cuando frena a los ingleses con el grupo reducido de soldados e impide que tomen la ciudad.

    El interés de Cristóbal Tejón por el desconocido papel de España en la Guerra de la Independencia le ha llevado a iniciar lo que será una nueva novela en la que resaltará el personaje de Luis de Córdoba.

    Tejón comenzó escribiendo novela negra, su primera obra tuvo como protagonista al narcotráfico en el Estrecho, y la segunda, “la Operación Algeciras”, narra el plan frustrado de un comandante argentino con intención de sabotear en el Estrecho los barcos de guerra británicos.


    ¿Quién fue Fernando de Leyba?

    Fernando de Leyba nació en Ceuta el 24 de julio de 1734, el quinto de siete hermanos. Su padre fue capitán del regimiento de España, Gerónimo de Leyba y Córdova y su madre, Josefa de Vizcaigaña, natural de Ceuta e hija de notario.

    Fue bautizado en la iglesia de Los Remedios. A los seis años dejó Ceuta por traslado de su padre a Santander y luego a Cataluña, donde quedó la familia residiendo.

    Con 17 años comenzó su carrera militar donde fue ascendiendo con méritos y reconocimientos hasta capitán. De Leyba se casó con María Concepción de César y Martínez-Fortún quien le acompañó en muchos de sus destinos. Tuvo dos hijas.

    Su carrera militar le llevó por Nueva Orleans, Arkansas o San Luis. Mientras mantenía el orden y llevaba el gobierno de aquellos lugares, aprovechaba para comercializar con cazadores e indios a fin de pagar una deuda que tenía acumulada y hacer algo de fortuna.

    Hasta sus últimos estuvo combatiendo. (Información de Kristine L. Sjostrom)




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    Fuente:

    https://www.ceutaactualidad.com/arti...LmaxaV-zPxis5U

  5. #65
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    Re: La independencia de los Estados Unidos y la contribución española

    Fernando de Leyba y Cordova, una gesta silenciada que por fin ha sido honrada

    por Alfonso José Jiménez Maroto

    23/03/2019






    Recientemente, hemos acogido con inmensa satisfacción el homenaje realizado al ceutí don Fernando de Leyba y Cordova, que adquirió un sobresaliente protagonismo al otro lado del Atlántico, realizando una gesta desconocida para muchos, hasta formar parte de la historia y del legado de los Estados Unidos, defendiendo a los americanos de la opresión británica tras pronunciarse con su actuación en el devenir de la Guerra de Independencia.

    Ha sido el recinto fortificado del castillo del Desnarigado como uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad, el que ya guarda entre sus memorias este simbólico acto que refleja inigualablemente la simbiosis que florece entre el ejército y la sociedad y que magistralmente ha sido organizado por el Ilmo. Sr. Coronel Director del Centro de Historia y Cultura Militar de Ceuta, don Roberto Cabieces Monreal.

    Teniendo como broche final la inauguración de una placa conmemorativa en honor a este héroe, que siglos después se ha forjado como uno de sus mejores hijos para hacer a España con su generosidad, aún más grande.

    Por tal motivo, como cada una de las diversas actividades militares que se desarrollan en esta Guarnición, este capítulo destacado como otros tantos, ha resplandecido por su magnificencia, porque, hoy como ayer, prosiguen honrándose credos, decálogos, mandatos e idearios que, engalanados cadenciosamente, engrandecen con orden y sin pausa la memoria inagotable de los Ejércitos de España.

    No pudiéndose ocultar en esta nueva página gloriosa que refrenda el carácter extraordinario de la institución castrense, aquellos valores que la revisten y que la nutren como la jerarquía, la ejemplaridad, el honor, la lealtad y el sentido del deber. Y, como no, la más principal, la obediencia, que se yuxtapone a otras tantas que en numerosas circunstancias de la historia ha suscitado el espíritu de iniciativa y de servicio y del más amplio ofrecimiento manifestado en el relato de cada una de las unidades que integran la Comandancia General de Ceuta.

    Posteriormente, en este acto se han rendido los honores militares reglamentarios al son de los himnos estadounidense y español, para finalmente ser depositada una hermosa corona de laurel ante en el monolito que ha sellado esta heroicidad, ondeando el símbolo cardinal de nuestra Nación junto a la de EEUU y la bandera de la Cruz de Borgoña.

    No ha podido faltar en esta ceremonia la presencia del Excmo. Sr. Comandante General y Comandante Militar de Ceuta, don Javier Sancho Sifre, estando acompañado por el Excmo. Sr. Presidente de la Ciudad Autónoma, don Juan Jesús Vivas Lara y la Excma. Sra. Consejera de Presidencia, doña María Isabel Mabel Deu del Olmo, además, de numerosas autoridades civiles y militares.

    Del mismo modo, ha estado presente doña Kristine L. Sjostrom, socia honorífica de la Asociación Cultural Fernando de Leyba e investigadora, cronista y miembro de la Sociedad Nacional de las Hijas de la Revolución Americana, quién puso de manifiesto la trascendencia de la figura de Leyba en el proceso de Independencia de América.

    Según, se tiene la opinión, pocas personas tienen conocimiento que, al otro lado del Océano Atlántico, más en concreto, San Luís, el actual estado de Misuri, sería en algún momento español. Y, menos aún, en el rumbo que iría adquiriendo este territorio con relación a la Guerra de Independencia (1775-1783), donde España materializó una hazaña que ayudó propiamente a la hechura de los Estados Unidos de América.

    Si bien, la Revolución Americana se había iniciado unos años antes, en 1779 España optó por intervenir de forma inmediata en defensa de las Trece Colonias. El afán de los americanos por nuevos dominios conllevó que milicianos de Virginia dirigidos por George Rogers Clark, se hicieran en 1778 con la demarcación situada al este del río Mississippi conocida por IIIinois, que en nuestros días engloba no solo el estado con ese mismo nombre, sino, igualmente, Indiana y Kentucky.

    En dirección al oeste, se extendían los amplios campos de Luisiana que comprendían desde Canadá hasta al golfo de México y que después de la Guerra de los Siete Años, pasaron de manos francesas a hispanas. Así, Nueva Orleáns se constituyó en capital, mientras que casi dos mil kilómetros de aguas arriba del Mississippi, San Luis, con anterioridad a que los españoles adquiriesen la potestad del área, en 1764 había sido poblada por Francia a base del fructífero negocio de pieles.

    Años más tarde, el 26 de mayo de 1780, la estratégica plaza de San Luís de Illinois se atinó cercada por más de mil hombres, frente a una agresión preparada por Gran Bretaña y perpetrada por una masa de cientos de feroces contendientes, que reunían a elementos indios y negociantes franceses, dispuestos a tomar brutalmente el control del río Mississippi y así dar por hecho la planificación de todo tipo de artimañas para la comercialización de pieles.

    Preámbulo de lo que a posteriori esta efeméride otorgó a este hijo pródigo de Ceuta, don Fernando de Leyba y Cordova, forjándolo como héroe al capitanear un pequeño regimiento de veinte soldados y una exigua milicia coordinada con maña, en una empresa inverosímil que contribuyó a una de las mayores valentías consumadas.

    Porque, este triunfo valeroso, se convirtió en la clave para conservar eficientemente el abastecimiento de armas, municiones y pertrechos a los rebeldes atravesando el gran río, pero, sobre todo, para que los insurrectos reafirmaran su poderío sobre estos territorios.
    De ahí, que este pasaje pretenda justificar el vivo retrato de un hombre desenvuelto en una inagotable actividad humana en la zona principal de la alta Luisiana en el año 1780, conocida como San Luis de los Ilinueses, provincia de la Luisiana española.

    Nuestro protagonista nació en Ceuta el 24 de julio de 1734, siendo el quinto de siete hermanos nacidos del capitán don Gerónimo de Leyba y Cordova, natural de Antequera y de doña Josefa Vizcaigaña, natural de Ceuta.

    Tras ir paulatinamente percatándose de las vicisitudes del servicio de armas de su progenitor e ir trasladándose por numerosos lugares de la geografía española, de Leyba ingresa a la edad de dieciséis años como cadete en el Regimiento de Infantería España. Una vez emprendida la carrera militar e ir curtiéndose escalonadamente en los valores de la milicia, pasaría destinado a la plaza de Orán en el Norte de África.

    Más adelante, en 1762 es trasladado a Cuba, concurriendo en la infructuosa protección de la Habana, inmersa en el curso de la Guerra de los Siete Años.

    En uno de los hechos sucedidos en el combate dirigido a la Fortaleza del Morro, es detenido por las fuerzas inglesas, aunque, luego, es puesto en libertad y por méritos es promovido al empleo de teniente.

    En el año 1767 contrae matrimonio con doña María Concepción de Zasar, de cuya unión nacen María Josefa y Margarita. Una vez es ascendido a capitán, en 1769 conoce por vez primera la comarca de Luisiana con una población mayoritariamente francesa. Destacando entre sus diversos destinos, el obtenido en Nueva Orleáns.

    Con anterioridad a ser emplazado para trasladarse a San Luis, se alecciona en el agreste fuerte de Arkansas. En este nuevo destino comienza a fraguarse una estrecha relación con Clark, líder rebelde en Illinois. Alcanzado el año 1778, el Gobernador de Luisiana en Nueva Orleáns don Bernardo de Gálvez y Madrid, le designa Vicegobernador de la Alta Luisiana con capital en San Luis.

    En escaso periodo de tiempo, de Leyba recibe la encomienda por parte del Gobernador de Luisiana, de comunicar cuanto antes cualquier incidencia que viniese derivada de los sucesos que se produjesen en la Guerra de Independencia e, igualmente, fue confiado junto a un jefe norteamericano en los despachos reservados.

    Es necesario resaltar en este contexto, que en 1682 este territorio es designado como Luisiana francesa en honor del rey de Francia Luís XIV y, a la postre, es incorporado a Nueva Francia como una jurisdicción administrativa, hasta que se prolongaría desde el golfo de México a la frontera actual de Canadá.

    Con anterioridad a que Francia manifestara su plena disposición por hacerse con esta extensión, ya en el año 1519 los españoles habían rastreado el río Mississippi llamándole río del Espíritu Santo, sin obviar, la imponente depresión desde Florida.

    Al finalizar la Guerra de los Siete Años en la que España y Francia se sumaron frente a Gran Bretaña, en virtud de lo acordado en 1762 con el Tratado de Fontainebleau y en 1763, respectivamente, con el Tratado de París, Luisiana pasó a depender del Virreinato de Nueva España. Expandiéndose de sur a norte desde la extraordinaria planicie costera del golfo de México y las franjas contiguas a la gran desembocadura del Mississippi y, de este a oeste, comprendiendo la cuenca izquierda de este gran río, hasta las cordilleras Rocosas en el noreste de Colorado y la región de Montaña.

    Contiguamente al último periodo del conflicto antes aludido, con los Pactos de Familia (1733-1789), se produjeron tres acuerdos entre las monarquías del Reino de España y el Reino de Francia contra Gran Bretaña, en las que Francia hizo entrega a España de Luisiana como compensación por los detrimentos territoriales sostenidos, entre ellos, Florida. Quedando esta concesión plenamente justificada por la pérdida de Canadá y, porque, en la teoría Francia restó interés ante una superficie hasta ahora inexplorada y apenas colonizada.

    Alcanzada la parte principal de estas líneas, hacia el flanco norte se hallaba estratégicamente establecida la capital norteña de la Luisiana española, donde nos atinamos ante la localidad de San Luis de los Ilinueses, que, por otro lado, había sido instaurada en 1764 bajo la soberanía hispana por comerciantes francos. La condición eminentemente estratégica que le venía conjugada, por ende, se ordenaba por la bifurcación de los ríos Missouri e IIIinois con el Mississippi, hasta convertirse en la conexión principal y brazo de comunicaciones de los afluentes en esta área.

    En el año 1780 en San Luis se centralizaba un poderoso puerto que proporcionaba las vías navegables esenciales, así, como, almacenes, operaciones de pieles y el fuerte de San Carlos. Pero, mientras San Luis iba adquiriendo su resonancia para el tránsito y comunicación vadeando el Mississippi, de Gálvez y Madrid iba recuperando importantes territorios. Tómese como ejemplo, la liberación de Florida en poder británico.

    Hasta tal punto, que, si las fuerzas británicas se hacían con San Luis, descenderían a su antojo a Nueva Orleans, dejando irremisiblemente acorralados a los patriotas americanos e imposibilitando la anhelada Independencia de los Estados Unidos.

    Por entonces, al frente de la Alta Luisiana y con la alta responsabilidad de Vicegobernador, estaba don Fernando de Leyba y Cordova, presto con un destacamento de veintinueve soldados entre infantes y artilleros pertenecientes al Regimiento Fijo de Luisiana. En su lado frontal, descendiendo desde Michigan, se localizaba al General Sinclair, preparado con trescientos soldados regulares y unos novecientos nativos aproximadamente, provenientes de diferentes grupos tribales.

    Ante la inminente amenaza confirmada, de Leyba ordenó alertar a las fuerzas presentes, previniendo para ello con despachos del escenario que se iba cerniendo, tanto a los pequeños sitios contiguos como a los defensores de Clark. En tanto, al otro lado de la posición del Mississippi, gracias a la ayuda logística española que le venía facilitando en el transcurso del conflicto, continuaban al acecho los norteamericanos.

    Ya, de cara a las fuerzas hostiles, de Leyba disponía de una torre de unos diez metros dispuesta en el Fuerte de San Carlos, que treinta y nueve días antes había levantado en honor al rey Carlos III, faltándole para concluirla los parapetos que afianzó con anillos de trincheras y una empalizada de madera. Conjuntamente, dispuso de ciento sesenta y ocho milicianos de San Luis y el apoyo de cuatro cañones.

    Inicialmente, en lo más alto de esta posición situó las piezas artilleras, hasta aparejar adecuadamente la defensa con dos trincheras para los tiradores. Dando tiempo con convencimiento, que en seguida contaría con un refuerzo de ciento cincuenta y un hombres llegados de Santa Genoveva.

    De Leyba, tras situarse en un contrabaluarte dominante a los efectos del mando de sus veinte mejores y selectos tiradores, hizo elevar la bandera del Regimiento y aguardó con aplomo la penetración rival.

    Sinclair, convencido que progresaba en lo oculto el día 23 de mayo cuando alcanzó los alrededores de San Luis, caviló que los españoles serían sorprendidos, toda vez, que, en vez de utilizar a sus tropas, optó por llevar a la carga a diversas tribus nativas que ya tenía en pie de guerra. Sin embargo, lo que no descifró es que en milésimas de segundos se daría la orden para hacer fuego contra sus propios hombres.

    Así, ante su indicación, fueron apareciendo en la desenfilada trecientas bocas de mosquetes perfectamente alimentadas y al grito de ¡fuego! por parte de Leyba, los cañones descargaron habilidosamente su metralla desde la atalaya, como, asimismo, la fusilería. Los asaltantes desconcertados, se arrojaron en embestida enardecidos de cólera, vociferando aterradores chillidos y asestando a quien se ponía por delante.

    La apuesta estratégica adoptada por de Leyba sólo pudo ser contrarrestada por los soldados ingleses, porque el resto escaparon en huida, por lo que, tras cuatro horas de intenso fuego cruzado y forcejeos nivelados en ambos bandos, Sinclair especuló que estaba malgastando vidas, decidiendo finalmente por replegarse.

    Con estos antecedentes más que gloriosos, como una parte integrante de la herencia que el pasado rubricó en don Fernando de Leyba y Cordova, San Luis permanecería protegida, iniciándose inmediatamente el seguimiento tras la arremetida malograda y la desbandada desconcertada. Organizándose para ello varias partidas de guerrillas, con la premisa de no dejar ni a sol ni a sombra a los evadidos en las frondosidades del terreno de los ilinueses.

    Pronto, con la aparición de doscientos norteamericanos, de Leyba marchó en el rastreo minucioso de las fuerzas contrincantes que nunca llegó a alcanzar. Por último, el 20 de junio redactaba un escrito a de Gálvez y Madrid, informándole que el frente norte había quedado preservado.

    Allí, en San Luis de los Ilinueses, persistieron treinta y seis años de historia española redactada a base de sudor y sangre, entre los que memorablemente se subrayaría la acción valerosa de este oficial, exhibiendo junto al cumplimiento del deber el más bizarro espíritu, luchando hombro con hombro ante las tribus participantes como siux, sauk, menomini, winnebago y fox y atrevidamente resistir la acometida británica.

    En la madrugada del 28 de junio de 1780, a penas pocas semanas transcurridas desde la batalla de San Luis, el agotamiento y la cruda enfermedad que de Leyba ya arrastraba en aquellos instantes cruciales, acabaría despojándole definitivamente del aliento de vida, que sus adversarios no habían conseguido arrebatarle antes.

    Don Fernando de Leyba y Cordova fallecería a los cuarenta y cinco años, pasando a formar parte del Soldado de todos los tiempos, como conciencia adherida en la senda ilimitada de los tiempos, hoy presente e inmortalizado en la figura sublime que encarna a este hijo predilecto de Ceuta, siempre solícito a ofrecer su vida al servicio de España. Siendo enterrado frente al altar de la iglesia parroquial de San Luis, junto a su esposa doña María Concepción que un año antes había muerto.

    Un año más tarde, Su Majestad el rey Carlos III, recompensaría esta proeza junto al legado español que ha quedado en Estados Unidos, ascendiéndole a título póstumo a teniente coronel.

    Como fiel defensor de la causa y desprendido en su infinita voluntad, de Leyba decidió ofrecer la totalidad de sus bienes y propiedades, con la finalidad de obtener la materia prima necesaria en la construcción del blindaje que demandaba el honor para esta Ciudad. Por lo que, el ataque británico irrumpido en esta contienda, forma parte de uno de los grandes capítulos que rotularon la semblanza española a lo largo de sus más de tres siglos de presencia en los Estados Unidos de América, tomando para bien, el control efectivo de la zona.

    Pero, de lo que no cabe duda, que, en este simbólico lugar de San Luis, ha quedado indemne no sólo la estela perdurable de este audaz, osado e intrépido baluarte del ejército español llamado don Fernando de Leyba y Cordova, sino, asimismo, la huella indeleble que ha grabado el paso uniforme de quiénes forman parte de esta religión de hombres honrados.




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    Fuente:

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