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Tema: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

  1. #1
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    El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    EL IMPERIO DE CARLOMAGNO-LOS ANTECEDENTES DEL CARLISMO



    Una vez Finalizadas diversas campañas, las posesiones de Carlomagno comprendían la Galia, Italia, Germania y una parte de España, con lo cual quedó restablecido el antiguo Imperio romano de Occidente.
    Fue en estas circunstancias que el 25 de diciembre del año 800, mientras Carlomagno oraba en la basílica de los apóstoles San Pedro y San Pablo, en Roma, el papa León III ciñó su cabeza con la corona imperial, a semejanza de lo que ocurría con los emperadores de Bizancio. De esta manera se consolidó la unión de la Iglesia y el estado.
    Para mejorar la administración de su vasto imperio, Carlomagno acrecentó el número de duques y condes. La labor de éstos se complementaba con la de otros funcionarios de confianza llamados missi dominici (enviados del señor), que recorrían el territorio en cada estación, de dos en dos un conde y un obispo—, para verificar el buen desempeño de sus súbditos.
    Dos veces al año se celebraban las asambleas nacionales en las que participaban solamente los obispos, los duques y los condes. Durante su transcurso Carlomagno publicaba sus ordenanzas conocidas con el nombre de capitulares, por estar enunciadas en capítulos, que no siempre tenían el carácter de leyes. En ocasiones se trataba de normas o preceptos morales. Carlomagno prestó principal atención a la organización militar, a cuyo efecto las provincias fronterizas, llamadas marcas, estuvieron a cargo de jefes que recibieron el nombre de Margraves en Alemania y marqueses en los países latinos. El ejército se componía de hombres libres, que debían aportar sus elementos de combate, cuya cantidad y calidad variaba de acuerdo con el patrimonio de cada combatiente. También tuvo especial preocupación por la organización eclesiástica, de la cual se sentía responsable. Con tal objeto creó nuevos obispados y obligó al pago del diezmo, que consistía en el aporte de la décima parte de las cosechas, para el mantenimiento de la Iglesia. Durante el reinado de Carlomagno se llevaron a cabo numerosas obras públicas, entre las que sobresalieron los puentes de madera levantados sobre el Rin y el Danubio; el comienzo de la construcción de un canal entre ambos ríos y la edificación de palacios.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: julio 2012
    Fidelitas dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LA AUTÉNTICA CORTE DEL REY ARTURO




    Carlos de Valois, a quien después de muerto se le apodó como Carlos el Temerario de Borgoña, estuvo a punto de reconstruir el Antiguo Reino de Borgoña-Lotharingia en el siglo XV, pues era gobernante y soberano de catorce estados independientes, que estaban federados.
    Cada estado tenía sus propias leyes, lengua y gobiernos. Lo que hoy conocemos como Países Bajos: Holanda, Bélgica y Luxemburgo pertenecían al gobierno y poder Borgoñón.
    Cada territorio reunía a sus Estados Generales o Parlamentos de manera independiente unos de otros, aunque reconocían, eso si, la soberanía política de los duques de Borgoña.
    Al existir distintas capitales políticas y distintas lenguas, el Duque Felipe el Bueno inventó la famosa Orden del Toison de Oro. Así, los duques de Borgoña vertebraron su Ducado en una especie de Federación que recordaba las leyendas del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, fieles servidores de su Rey en defensa de los ideales de la Verdad, el Honor y la Justicia. Los Caballeros de la Orden del Toison de Oro representaban una institución multiestatal y plurinacional, pues reflejaban la Unidad Política del Gran Ducado de Borgoña.
    Felipe el Hermoso se casó con Juana la Loca, hija de los reyes Católicos, Isabel y Fernando. La unión dinástica entre Felipe el Hermoso y Juana la Loca dio lugar al nacimiento de Carlos I de las Españas y V de Germania o Alemania. El Toison de Oro sería una condecoración prestigiosa en el gobierno de la Casa de Austria, símbolo de la unidad política del Ducado de Borgoña. El influjo y herencia Borgoñona llevó siempre a un comportamiento político por parte de sus duques y soberanos, los Reyes de las Españas a estampar un papel Federal de la Monarquía Universal de las Españas, que respetaba la unidad en la variedad y la diversidad de los distintos Estados Territoriales Borgoñones y los distintos Reinos, Señoríos y Principados de las Españas.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: julio 2012
    Última edición por Hyeronimus; 02/10/2012 a las 19:26

  3. #3
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    EL ÁGUILA BICÉFALA BORGOÑONA




    Por tanto el Temple y el Carlismo compartirían un origen común: la región borgoñona de Francia, donde su fundían el ideal caballerescon la naciente reforma del Císter. A su vez eran los depositarios del Sacro Imperio Romano Germánico de Carlomagno. De la fusión de la monarquía romano-germánica con la tradicional española necesaría el águila bicéfala de San Juan. Recordemos que la Reina Isabel la Católica era muy partidaria del evangelio de San Juan Evangelista representado por un águila. Nos encontramos ante el signo monárquico más fuerte jamás conocido.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: julio 2012
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  4. #4
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LA LLEGADA DE LA CRUZ DE SAN ANDRÉS A ESPAÑA




    La guardia de Felipe el Hermoso tenía como estandarte la Cruz de Borgoña o Cruz de San Andrés. Es así como, a su llegada a Castilla y boda con Juana la Loca, la Cruz de San Andrés queda unida a los destinos patrios. La mitología caballeresca borgoñona se uniía a la más recia monarquía hispana. Ambos movimientos coincidían: la monarquía era una especie de contrato entre una dinastía y el pueblo. Nuestro Señor por testigo y el pueblo con su derecho de rebelión si no se cumplía lo pactado. Estaba anticipado, y escrito, lo que ocurriría en siglos posteriores.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: LA LLEGADA DE LA CRUZ DE SAN ANDRÉS A ESPAÑA
    Última edición por Hyeronimus; 02/10/2012 a las 19:28
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  5. #5
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    GLORIAS DE LA NUEVA MILICIA A LOS CABALLEROS TEMPLARIOS



    PRÓLOGO
    A Hugo, caballero de Cristo y maestre de su milicia, Bernardo de Claraval, abad sólo de nombre: lucha en noble combate.

    Una, y dos, y hasta tres veces, si mal no recuerdo, me has pedido, Hugo amadísimo, que escriba para ti y para tus compañeros un sermón exhortatorio. Como no puedo enristrar mi lanza contra la soberbia del enemigo, deseas que al menos haga blandir mi pluma, e insistes en que os ayudaría no poco, levantando vuestros ánimos, ya que no me es posible hacerlo con las armas.
    Hasta ahora lo he diferido, no por menospreciar tu petición, sino para no ser tildado de precipitación y ligereza, por dejarme llevar de mis primeros impulsos. Pensaba también que otro más capaz que yo podría hacerlo mejor y que no debía entremeterme en un asunto de tanto interés y tan vital, para que al final saliera algo mucho menos provechoso. Pero después de esperar en vano tanto tiempo, me decido a escribir lo que yo pueda. Si no, terminarías creyendo que ya no se trataba de incapacidad mía, sino de mala voluntad. Ahora el lector dirá si le he dejado satisfecho. Hice cuanto pude para colmar tus deseos; no será culpa mía si alguien lo tiene que rechazar totalmente o no encuentra lo que esperaba.
    I. SERMÓN EXHORTATORIO A LOS CABALLEROS TEMPLARIOS
    1. Corrió por todo el mundo la noticia de que no ha mucho nació una nueva milicia precisamente en la misma tierra que un día visitó el Sol que nace de lo alto, haciéndose visible en la carne. En los mismos lugares donde él dispersó con brazo robusto a los jefes que dominan en las tinieblas, aspira esta milicia a exterminar ahora a los hijos de la infidelidad en sus satélites actuales, para dispersarlos con la violencia de su arrojo y liberar también a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David su siervo.
    Es nueva está milicia porque jamás se conoció otra igual, porque lucha sin descanso combatiendo a la vez en un doble frente: contra los hombres de carne y hueso, y contra las fuerzas espirituales del mal. Enfrentarse sólo con las armas a un enemigo poderoso, a mí no me parece tan original ni admirable. Tampoco tiene nada extraordinario ‑aunque no deja de ser laudable presentar batalla al mal y al diablo con la firmeza de la fe; así vemos por todo el mundo a muchos monjes que lo hacen por este medio. Pero que una misma persona se ciña la espada, valiente, y sobresalga por la nobleza de su lucha espiritual, esto sí que es para admirarlo como algo totalmente insólito.
    El soldado que reviste su cuerpo con la armadura de acero y su espíritu con la coraza de la fe, ése es el verdadero valiente y puede luchar seguro en todo trance. Defendiéndose con esta doble armadura, no puede temer ni a los hombres ni a los demonios. Porque no se espanta ante la muerte el que la desea. Viva o muera, nada puede intimidarle a quien su vida es Cristo y su muerte una ganancia. Lucha generosamente y sin la menor zozobra por Cristo; pero también es verdad que desea morir y estar con Cristo porque le parece mejor.
    Marchad, pues, soldados, seguros al combate y cargad valientes contra los enemigos de la cruz de Cristo, ciertos de que ni la vida ni la muerte podrá privarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, quien os acompaña en todo momento de peligro diciéndoos: Si vivimos, vivimos para el Señor, y si. morimos, morimos para el Señor. ¡Con cuánta gloria vuelven los que han vencido en una batalla! ¡Qué felices mueren los mártires en el combate! Alégrate, valeroso atleta, si vives y vences en el Señor; pero salta de gozo y de gloria si mueres y te unes íntimamente con el Señor. Porque tu vida será fecunda y gloriosa tu victoria; pero una muerte santa es mucho más apetecible que todo eso. Si son dichosos los que mueren en el Señor, ¿no lo serán mucho más los que mueren por el Señor?


    2. Siempre tiene su valor delante del Señor la muerte de sus santos, tanto si mueren en el lecho como en el campo de batalla. Pero morir en la guerra vale mucho más, porque también es mayor la gloria que implica. ¡Qué seguro se vive con una conciencia tranquila! Sí; ¡qué serenidad se tiene cuando se espera la muerte sin miedo e incluso se la desea con amor y es acogida con devoción! Santa de verdad y de toda garantía es esta milicia, porque está exenta del doble peligro que amenaza casi siempre a la condición humana, cuando la causa que defiende una milicia no es la pura defensa de Cristo.
    Cuantas veces entras en combate, tú que militas en las filas de un ejército exclusivamente secular, deberían espantarte dos cosas: matar al enemigo corporalmente y matarte a ti mismo espiritualmente, o que él pueda matarte a ti en cuerpo y alma. Porque la derrota o victoria del cristiano no se mide por la suerte del combate, sino por los sentimientos del corazón. Si la causa de tu lucha es buena, no puede ser mala su victoria en la batalla; pero tampoco puede considerarse como un éxito su resultado final cuando su motivo no es recto ni justa su intención.
    Si tú deseas matar al otro y él te mata a ti, mueres como si fueras un homicida. Si ganas la batalla, pero matas a alguien con el deseo de humillarle o de vengarte, seguirás viviendo, pero quedas como un homicida, y ni muerto ni vivo, ni vencedor ni vencido, merece la pena ser un homicida. Mezquina victoria la que, para vencer a otro hombre, te exige que sucumbas antes frente a una inmoralidad; porque si te ha vencido la soberbia o la ira, tontamente te ufanas de haber vencido a un hombre. Puede ser que haya que matar a otro por pura autodefensa, no por el ansia de vengarse ni por la arrogancia del triunfo. Pero yo diría que ni en ese caso sería perfecta la victoria, pues entre dos males, es preferible morir corporalmente y no espiritualmente. No porque maten al cuerpo muere también el alma: sólo el alma que peca moriirá.
    II. LA MILICIA SECULAR
    3. Entonces, ¿cuál puede ser el ideal o la eficacia de una milicia, a la que yo mejor llamaría malicia, si en ella el que mata no puede menos de pecar mortalmente y el que muere ha de perecer eternamente? Porque, usando palabras del Apóstol: El que ara tiene que arar con esperanza, y el que trilla con esperanza de obtener su parte.
    Vosotros, soldados, ¿cómo os habéis equivocado tan espantosamente, qué furia os ha arrebatado para veros en la necesidad de combatir hasta agotaros y con tanto dispendio, sin más salarlo que el de la muerte o el del crimen? Cubrís vuestros caballos con sedas; cuelgan de vuestras corazas telas bellísimas; pintáis las picas, los escudos y las sillas; recargáis de oro, plata y pedrerías bridas y espuelas. Y con toda esta pompa os lanzáis a la muerte con ciego furor y necia insensatez. ¿Son éstos arreos militares o vanidades de mujer? ¿O crees que por el oro se va a amedrentar la espada enemiga para respetar a hermosura de las pedrerías y que no traspasará los tejidos de seda?
    Vosotros sabéis muy bien por experiencia que son tres las cosas que más necesita el soldado en el combate: agilidad con reflejos y precaución para defenderse; total libertad de movimientos en su cuerpo para poder desplazarse continuamente; y decisión para atacar. Pero vosotros mimáis la cabeza como las damas, dejáis crecer el cabello hasta que os caiga sobre los ojos; os trabáis vuestros propios pies con largas y amplias camisolas; sepultáis vuestras blandas y afeminadas manos dentro de manoplas que las cubren por completo. Y lo que todavía es más grave, porque eso os lleva al combate con grandes ansiedades de conciencia es que unas guerras tan mortíferas se justifican con razones muy engañosas y muy poco serias. Pues de ordinario lo que suele inducir a la guerra ‑a no ser en vuestro caso‑ hasta provocar el combate es siempre pasión de iras incontroladas, el afán de vanagloria o la avaricia de conquistar territorios ajenos. Y estos motivos no son suficientes para poder matar o exponerse a la muerte con una conciencia tranquila.
    III. LA NUEVA MILICIA
    4. Mas los soldados de Cristo combaten confiados en las batallas del Señor, sin temor alguno a pecar por ponerse en peligro de muerte y por matar al enemigo. Para ellos, morir o matar por Cristo ¿o implica criminalidad alguna y reporta una gran gloria. Además, consiguen dos cosas: muriendo sirven a Cristo, y matando, Cristo mismo se les entrega como premio. El acepta gustosamente como una venganza la muerte del enemigo y más gustosamente aún se da como consuelo al soldado que muere por su causa. Es decir, el soldado de Cristo mata con seguridad de conciencia y muere con mayor seguridad aún.

    Si sucumbe, él sale ganador; y si vence, Cristo. Por algo lleva la espada; es el agente de Dios, el ejecutor de su reprobación contra el delincuente. No peca como homicida, sino ‑diría yo‑ como malicida, el que mata al pecador para defender a los buenos. Es considerado como defensor de los cristianos y vengador de Cristo en los malhechores. Y cuando le matan, sabernos que no ha perecido, sino que ha llegado a su meta. La muerte que él causa es un beneficio para Cristo. Y cuando se la infieren a él, lo es para sí mismo. La muerte del pagano es una gloria para el cristiano, pues por ella es glorificado Cristo. En la muerte del cristiano se despliega la liberalidad del Rey, que le lleva al soldado a recibir su galardón. Por este motivo se alegrará el justo al ver consumada la venganza. Y podrá decir: Hay premio para el Justo, hay un Dios que hace Justicia sobre la tierra. No es que necesariamente debamos matar a los paganos si hay otros medios para detener sus ofensivas y reprimir su violenta opresión sobre los fieles. Pero en las actuales circunstancias es preferible su muerte, para que no pese el cetro de los malvados sobre el lote de los justos, no sea que los justos extiendan su mano a la maldad.

    5. Si al cristiano nunca le fuese lícito herir con la espada, ¿cómo pudo el precursor del Salvador aconsejar a los soldados que no exigieran mayor soldada que la establecida y cómo no condenó absolutamente el servicio militar? Si es una profesión para los que Dios destinó a ella, por no estar llamados a otra más perfecta, me pregunto: ¿quiénes podrán ejercerla mejor que nuestros valientes caballeros?

    Porque gracias a sus armas tenemos una ciudad fuerte en Sión, baluarte para todos nosotros; y arrojados ya los enemigos de la ley de Dios, puede entrar en ella el pueblo justo que se mantiene fiel. Que se dispersen las naciones belicosas; ojalá sean arrancados todos los que os exasperan, para excluir de la ciudad de Dios a todos los malhechores, que intentan llevarse las incalculables riquezas acumuladas en Jerusalén por el pueblo cristiano, profanando sus santuarios y tomando por heredad suya los territorios de Dios. Hay que desenvainar la espada material y espiritual de los fieles contra los enemigos soliviantados, para derribar todo torreón que se levante contra el conocimiento de Dios, que es la fe cristiana, no sea que digan las naciones: ¿Dónde está su Dios?




    6. Una vez expulsados los enemigos, volverá él a su casa y a su parcela. A esto se refería el Evangelio cuando decía: Vuestra casa se os quedará desierta. Y se lamenta con las palabras del profeta: He abandonado mi casa y desechado mi heredad. Pero hará que se cumplan también estas otras profecías:El Señor redimió a su pueblo y lo rescató de una mano más poderosa. Vendrán entre aclamaciones a la altura de Sión y afluirán hacía los bienes del Señor,Alégrate ahora Jerusalén, y fíjate cómo ha llegado el día de tu salvación.Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones. Doncella de Jerusal, ¿no habías caído y no tenías quien te levantara? Ponte en pie, sacúdete el polvo, Jerusalén cautiva, hija de Sión. Ponte en pie, sube ala altura, mira el consuelo y la alegría que te trae tu Dios. Ya no te llamarán «abandonada», ni a tu tierra «devastada»; porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra será habitada. Levanta los ojos en torno y mira: Todos éstos se reúnen para venir a ti. Este es el auxilio que te envía desde el santuario.

    Por medio de ellos se te está cumpliendo la antigua promesa: Te haré el orgullo de los siglos, la delicia de todas las edades; mamarás la leche de los pueblos, mamarás al pecho de los reyes. Y más abajo: Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo; en Jerusalén seréis consolados, Yaveis con qué testimonios tan antiguos y tan abundantes se aprueba esta nueva milicia y cómo lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de Di os, del Señor de los ejércitos.

    Pero es importante, con todo, no darles a estos textos una interpretación literal que vaya contra su sentido espiritual. No sea que dejemos de esperar a que se realice plenamente en la eternidad lo que ahora aplicamos al tiempo presente por tomar al pie de la letra las palabras de los profetas. Pues lo que ya estamos viendo haría evaporarse la fe que tenemos en lo que aún no vemos; la pobre realidad que ya poseemos nos haría desvalorar todo lo demás que esperamos, y la realidad de los bienes presentes nos haría olvidar la de los bienes futuros. Por lo demás, la gloria temporal de la ciudad terrena no destruye la de los bienes celestiales, sino que la robustece, con tal de que no dudemos un momento que es sólo una figura de laotra Jerusalén que está en los cielos, nuestra Madre.

    IV. LA VIDA DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS
    7. Digamos ya brevemente algo sobre la vida y costumbres de los caballeros de Cristo, para que les imiten o al menos se queden confundidos los de la milicia que no lucha exclusivamente para Dios, sino para el diablo; cómo viven cuando están en guerra o cuando permanecen en sus residencias. Así se verá claramente la gran diferencia que hay entre la milicia de Dios y la del mundo.
    Tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, observan una gran disciplina y nunca falla la obediencia, porque, como dice la Escritura, el hijo indisciplinado perecerá: Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación; van y vienen a voluntad del que lo dispone, se visten con lo que les dan y no buscan comida ni vestido por otros medios. Se abstienen de todo lo superfluo y sólo se preocupan de lo imprescindible. Viven en común, llevan un tenor de vida siempre sobrio y alegre, sin mujeres y sin hijos. Y para aspirar a toda la perfección evangélica, habitan juntos en un mismo lugar sin poseer nada personal, esforzándose por mantener la unidad que crea el Espíritu, estrechándola con la paz. Diríase que es una multitud de personas en la que todos piensan y sienten lo mismo, de modo que nadie se deja llevar por la voluntad de su propio corazón, acogiendo lo que les mandan con toda sumisión.
    Nunca permanecen ociosos ni andan merodeando curiosamente. Cuando no van en marchas ‑lo cual es raro‑, para no comer su pan ociosamente se ocupan en reparar sus armas o coser sus ropas, arreglan los utensilios viejos, ordenan sus cosas y se dedican a lo que les mande su maestre inmediato o trabajan para el bien común. No hay entre ellos favoritismos; las deferencias son para el mejor, no para el más noble por su alcurnia. Se anticipan unos a otros en las señales de honor. Todos arriman el hombro a las cargas de los otros y con eso cumplen la ley de Cristo. Ni una palabra insolente, ni una obra inútil, ni una risa inmoderada, ni la más leve murmuración, ni el ruido más remiso queda sin reprensión en cuanto es descubierto.
    Están desterrados el juego de ajedrez o el de los dados. Detestan la caza, y tampoco se entretienen ‑como en otras partes‑ con a captura de aves al vuelo. Desechan y abominan a bufones, magos y juglares, canciones picarescas y espectáculos de pasatiempo, por considerarlos estúpidos y falsas locuras. Se tonsuran el cabello, porque saben por el Apóstol que al hombre le deshonra dejarse el pelo largo. Jamás se rizan la cabeza, se bañan muy rara vez, no se cuidan del peinado, van cubiertos de polvo, negros por el sol que les abrasa y la malla que les protege.


    8. Cuando es inminente la guerra, se arman en su interior con la fe y en su exterior con el acero sin dorado alguno; y armados, no adornados, infunden el miedo a sus enemigos sin provocar su avaricia. Cuidan mucho de llevar caballos fuertes y ligeros, pero no les preocupa el color de su pelo ni sus ricos aparejos. Van pensando en el combate, no en el lujo; anhelan la victoria, no la gloria; desean más ser temidos que admirados; nunca van en tropel, alocadamente, como precipitados por su ligereza, sino cada cual en su puesto, perfectamente organizados para la batalla, todo bien planeado previamente, con gran cautela y previsión, como se cuenta de los Padres.
    Los verdaderos israelitas marchaban serenos a la guerra. Y cuando ya habían entrado en la batalla, posponiendo su habitual mansedumbre, se decían para sí mismos: ¿No aborreceré, Señor, a los que te aborrecen; no me repugnarán los que se te rebelan? Yasí se lanzan sobre el adversario como si fuesen ovejas los enemigos. Son poquísimos, pero no se acobardan ni por la bárbara crueldad de sus enemigos ni por su multitud incontable. Es que aprendieron muy bien a no fiarse de sus fuerzas, porque esperan la victoria del poder del Dios de los Ejércitos.
    Saben que a él le es facilísimo, en expresión de los Macabeos, que unos pocos envuelvan a muchos, pues a Dios lo mismo le cuesta salvar con unos pocos que con un gran contingente; la victoria no depende del número de soldados, pues la fuerza llega del cielo. Muchas veces pudieron contemplar cómo uno perseguía a mil, y dos pusieron en fuga a diez mil. Por esto, como milagrosamente, son a la vez más mansos que los corderos y más feroces que los leones. Tanto que yo no sé cómo habría que llamarles, si monjes o soldados. Creo que para hablar con propiedad, sería mejor decir que son las dos cosas, porque saben compaginar la mansedumbre del monje con la intrepidez del soldado. Hemos de concluir que realmente es el Señor quien lo ha hecho y ha sido un milagro patente. Dios se los escogió para sí y los reunió de todos los confines de la tierra; son sus siervos entre los valientes de Israel, que fieles y vigilantes, hacen guardia sobre el lecho del verdadero Salornón. Llevan al flanco la espada, veteranos de muchos combates.

    SAN BERNARDO DE CLARAVAL
    (Obras Completas de San Bernardo de Claraval, Edición Bilingüe, Edición preparada por los monjes cistercienses de España, Tomo I, BAC, nº 444, Madrid 1993-2ª, págs. 494-543).

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: GLORIAS DE LA NUEVA MILICIA A LOS CABALLEROS TEMPLARIOS


    Última edición por Hyeronimus; 02/10/2012 a las 19:37

  6. #6
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    REGLAS REDACTADAS POR SAN BERNARDO



    PRÓLOGO A LA ANTIGUA REGLA DEL TEMPLE REDACTADA POR SAN BERNARDO
    Primero se drige a todos aqellos que luchan por interese particulares, para que abandones la llamada “masa de perdición” y se unan a la defensa de la Santa Iglesia. Debemos defender a los pobres y la Iglesia, en lugar de crear violencia, botines y muertes. Comienza en el año de 1128 en la Fiesta de San Hilario, en la localidad de Troyes. Leída por el maestre Hugues y examinada por el padre Honorio y el Patriarca de Jerusalem Etienne. También estaban pesentes otros padres venerables. La redacción inicial fue por San Bernardo de Claraval, que al parecer fue muy aplaudido. Se hace referencia a la Sagradas Escrituras, especialmente a Juan cuando dice: ““Yo soy el principio de todas las cosas, el mismo que os habla” (Jn. 8, 25)” En el estilo propio de San Bernardo afirma que “la dulzura del creador sobrepasa a la de la miel y que todo lo demás es ajenjo muy amargo”.

    Capítulo I




    De qué forma deben escuchar el oficio divino




    Debéis hacerlo con corazón puro y devoto, según las normas de la institución canónica. Después de ello no tendréis miedo alguno en la aproximación al combate.




    Capítulo II




    Si no pueden asistir al oficio, deben recitar varias veces la oración dominical




    Deberá decir por maitines trece veces la oración dominical( Padrenuestro), y siete veces por cada hora (se refiere a cada hora de la liturgia de las horas), pero nueve veces en vísperas.

    Capítulo III




    Lo que hay que hacer por los hermanos difuntos




    El Capellán deberá decir misa y los hermanos rezarán cien veces al día la oración dominical durante un plazo de siete días desde que tengan conocimiento de la muerte. Y durante cuarenta días se dará el sustento del hermano fallecido a algún pobre.




    Capítulo IV




    Los capellanes deben contentarse del alimento y de la vestimenta




    Los capellanes deben contentarse con el alimento y la vestimenta propios de su rango sin otros privilegios y distingos añadidos, salvo que se les dé como un favor especial y nunca como una obligación.




    Capítulo V




    De los caballeros difuntos de esos que sólo están durante un tiempo




    Se debe dar la subsistencia de siete días por el alma del difunto a algún pobre.




    Capítulo VI




    Que ningún hermano de la casa dé limosna




    En cambio debe permanecer día y noche centrado en los deberes de su profesión.




    Capítulo VII




    De no permanecer mucho tiempo de pie




    No debéis permanecer de pie más que lo que manda las normas habituales de la misa, evitando esa excesiva incomidadad que resulta llamativa y hasta escandalosa.







    Capítulo VIII




    De la refección conventual




    Debe procurarse comer en un lugar habitual, en el refectorio, hacerlo en silencio, pedir las cosas por señas y, si tenemos que levantarnos, hacerlo con la mayor discreción y lentitud.







    Capítulo IX




    De la lectura




    Que se haga una santa lectura durante la comida y la cena. El lector advertirá que hace falta guardar silencio durante las mismas.




    Capítulo X




    De comer carne




    Se debe comer carne tres veces a las semana. Abusar de la carne es dañino. Si el martes no se come carne, al día siguiente debe servirse en abundancia. El domingo se debe dar a los caballeros y capellanes dos platos para conmemorar la resurreción. A los sirvientes un solo plato. Todos deben conformarse y dar gracias a Dios.







    Capítulo XI




    De qué manera los caballeros deben comer




    Los caballeros deben comer de dos en dos. Ambos deben disponer de idéntica cantidad de vino.







    Capítulo XII




    Los otros días, dos o tres platos de verduras deben ser suficiente




    Los otros días, dos o tres platos de verduras o guisos deben ser suficiente, para que así puedan elegir.




    Capítulo XIII




    Qué comida debemos tomar el sexto festivo




    Hemos convenido que para el sexto día festivo, después de la festividad de Todos los Santos hasta Pascua, una sola comida de cuaresma es suficiente para toda la congregación por respeto a la Pasión.




    Capítulo XIV




    De dar gracias después de las comidas




    Ordenamos estrictamente que después de la comida o de la cena se dé gracias como se debe, con un corazón humilde, al soberano creador de todos los bienes, Nuestro Señor Jesucristo, se en la iglesia, si hay una cerca, y si no, en el mismo lugar. Se debe distribuir, e incluso lo mandamos hacer, con una caridad fraternal, los trozos sobrantes a los servidores y a los pobres, conservando en todo caso los panes enteros.




    Capítulo XV




    De dar siempre el décimo pan al limosnero




    Os ordenamos dar a todos los días a vuestro limosnero la décima parte de todos los panes.




    Capítulo XVI




    La colación debe ser a voluntad del maestre




    La colación (última comida del día) debe hacerse antes de las Completas de la Liturgia de las Horas. Se podrá beber agua o vino, con moderación, según la voluntad del Maestre.







    Capítulo XVII




    Finalizadas las completas, se guarde silencio




    Debe hablarse lo mínimo antes de acostarse, con excepción de las situaciones en que eso sea necesario por las actividades de la Casa. En todo caso se hará en voz baja y queda. Si alguien ha hablado más de lo prudente debe recitar, para sí, la oración dominical.










    Capítulo XVIII




    Aquellos que estén cansados no deben ir a maitines




    Recen las trece oraciones ordenadas sin levantarse, pero este apartado debe depender del Maestre.




    Capítulo XIX




    Sobre guardar la igualdad entre hermanos al comer




    Que se distribuya a todos según las necesidades de cada uno. Ninguno debe llevar una fuerte abstinencia pues la vida debe ser en común.







    Capítulo XX




    De la calidad y forma de las vestimentas




    Ordenamos que las vestimentas sean siempre de un color, por ejemplo, blancas o negras, y de un grueso tejido; y otorgamos a todos los caballeros profesos tener hábitos blancos en verano como en invierno, si ello se puede, a fin de que aquellos que han despreciado una vida tenebrosa reconozcan por su vestimenta blanca que una vida luminosa les ha reconciliado con su Creador. Pero para que esta clase de vestimenta no tenga nada de arrogante y de superfluo, ordenamos que todos la tengan de manera que cada uno pueda vestirse y desvestirse, calzarse y descalzarse ellos solos. Cuando tengan nuevos hábitos, que devuelvan los viejos en el acto.







    Capítulo XXI




    Los sirvientes no deben tener hábitos, es decir, manto blanco. Que ellos lleven entonces hábitos negros, y si no se puede encontrar de ese color, que se sirvan de los que encuentren en la provincia donde se alojan, y de lo que ha más barato de cada color, y de algún tejido basto.




    Capítulo XXII




    Los caballeros de la Casa deben llevar siempre hábitos blancos







    Capítulo XXIII




    Se autoriza usar pieles de cordero en invierno, pero no otros tipos de pieles.







    Capítulo XXIV




    Las vestimentas viejas deben ser repartidas entre los sirvientes y los pobres, poniendo en ello gran cuidado.




    Capítulo XXV




    El que quiera tener lo mejor tendrá lo peor. Lo hacemos así para evitar actitudes de soberbia.




    Capítulo XXVI




    Los hábitos tendrán similar calidad y proporcionados al tamaño y talla de cada uno.







    Capítulo XXVII




    El proveedor de las telas observará sobre todo la igualdad y la similitud, para evitar murmuraciones.




    Capítulo XXVIII




    Los cabellos, la barba y el bigote se arreglarán de modo similar al clero regular, evitando siempre que su aspecto sea llamativo o ridículo.




    Capítulo XXIX




    Deben evitarse adornos como colmillos y puntas de carnero. Todas estas disposiciones también son válidas para los que permanecen en la Casa durante un tiempo.










    Capítulo XXX




    Del número de caballos y de sirvientes de armas




    El número máximo de caballos que cada caballero puede tener es de tres, salvo permiso del maestre.




    Capítulo XXXI




    Nadie debe pegar a ningún sirviente de armas







    Capítulo XXXII




    De qué modo hay que recibir a los caballeros que sirven durante algún tiempo




    Mandamos a todos los caballeros, que desean servir por un tiempo a Dios que compren caballo, y armas suficientes para el servicio cotidiano, y todo lo que fuere necesario. Se conservará entonces el precio por escrito, por miedo a que se nos olvide; . Que si el caballero por cualquier accidente pierde sus caballos en el servicio, el maestre, según las facultades de la Casa e lo permita, le proveerá otros. Pero cuando llegue el tiempo de dejar la Casa voluntariamente, que el caballero por amor de Dios ceda la mitad del precio. La otra parte será aportada por el resto de los hermanos si el caballero lo acepta.




    Capítulo XXXIII




    Que ninguno se ponga en marcha por voluntad propia sino por inmediata obediencia.




    Capítulo XXXIV




    No está permitido ir por la ciudad sin el permiso del maestre, salvo por la noche al cementerio y a otros lugares de culto.







    Capítulo XXXV




    No está permitido ponerse en camino, sea de noche, sea de día, sin un guardia, es decir, sin un caballero o un hermano.







    Capítulo XXXVI




    Que ninguno se procure lo que le es necesario




    No se debe pedir en caso de necesidad sino al maestre o procurador.




    Capítulo XXXVII




    De los bocados y espuelas




    No queremos que aparezca de ninguna manera ni oro ni plata en los vestidos y monturas.

    Capítulo XXXVIII




    Que las lanzas y los escudos no tengan forro




    Que no se usen forros para los escudos, ni para las picas y las lanzas, porque sabemos que esto conlleva más incomodidad que ventaja.




    Capítulo XXXIX




    Sobre la licencia del maestre




    Es el maestre quien tiene que dar a cada uno caballos, o armas, u otras cosas.




    Capítulo XL




    Del bolso y del baúl




    No está permitido tener bolso ni baúl con llave, sino que todo debe estar expuesto por temor de que se tenga algo sin la licencia del maestre.




    Capítulo XLI




    Sobre el oficio de cartas




    No se permite a ninguno de los hermanos recibir ni darse uno a otro cartas de sus parientes ni de ningún hombre sin permiso del maestre o del procurador.




    Capítulo XLII




    Del relato de sus propias faltas




    Prohibimos por tanto a todo hermano residente en la Casa hacer mención de las locuras que hubiera hecho en el mundo ni de los placeres de la carne con mujeres abandonadas.




    Capítulo XLIII




    De la limosna y de la aceptación




    El que da la limosna no tiene porqué ser el que la entrega y ello no debe producir enojo alguno. Las excepciones a esta regla, como a las demás, las establecerá el Maestre que tiene la libertad del bolso y del baúl.




    Capítulo XLIV




    De los morrales de los caballos




    Ningún hermano debe intentar hacer morrales de lino o de lana, que son de estilo principesco. Muy al contrario, deberán ser de cuerda.




    Capítulo XLV




    Que nadie tenga el atrevimiento de canjear o de mendigar




    Se prohíben los intercambios entre los hermanos, sin el permiso del Maestre, salvo objetos de escaso valor. Igualmente queda prohibido mendigar.




    Capítulo XLVI




    Que nadie cace un pájaro con otro y que no vaya con aquel que lo caza.




    Capítulo XLII.




    Que ninguno hiera con arco o ballesta.




    Debemos actuar sin risa, con humildad, que no usemos muchas palabras sino que hablemos razonablemente y sin levantar la voz; nadie debe tirar en los bosques con el arco ni con la ballesta, tampoco acompañar al que lo haga, ni dedicarse a amaestrar perros o atacar con su caballo a animales salvajes.




    Capítulo XLVIII
    Sobre disparar siempre al león
    “Vuestro enemigo el diablo, como león, da vueltas y busca a quien devorar” (I Ped. 5, 8), “que está en contra de todos y que todos están en su contra” (Gén. 16, 12).


    Capítulo XLIX
    De someteros al juicio dado sobre lo que se os reclame
    Os ordenamos escuchar el juicio de los jueces fieles y amantes de la verdad, y os ordenamos hacer mansamente lo que sea justo.


    Capítulo L
    De observar esta Regla en todas las cosas
    Os ordenamos con mucha honra observar esta misma Regla para todas las cosas que os hayan quitado injustamente.




    Capítulo LI


    Que está permitido a todos los caballeros tener tierras y sirvientes


    Podéis, a causa de vuestro mérito señalado y del don particular de vuestra probidad, tener y poseer tierras, sirvientes y labradores, y llevarlos con justicia, y están obligados a daros lo que es debido por acuerdo.


    Capítulo LII


    Que seamos atentos en cuidar a los enfermos


    Es necesario sobre todas las cosas tener cuidado muy grande con los hermanos enfermos, como si sirviéramos a Jesucristo.


    Capítulo LIII


    Es necesario dar siempre a los enfermos todo aquello que precisen


    Que les provean fielmente y sin demora de todo lo que es necesario para su subsistencia en diversas enfermedades, según los medios de la Casa.


    Capítulo LIV


    Que no se provoque a otro con la ira


    Hay que extremar la guardia para que nadie sea lo bastante atrevido para provocar a alguien con la ira.


    Capítulo LV


    De cómo se tengan, o reciban los hermanos casados


    Deben llevar una vida honesta y no portarán hábito blanco. Si el marido muere antes dejará su parte a los hermanos, y la mujer subsistirá de la otra. No deben residir en la misma casa que los que han hecho voto de castidad.




    Capítulo LVI


    Los caballeros no tendrán hermanas asociadas


    Varios se han alejado del verdadero camino del Paraíso por la compañía de mujeres.


    Capítulo LVII


    Que los hermanos del Templo no tengan ninguna comunicación con los excomulgados


    Que ninguno de los caballeros de Jesucristo se atreva a comunicarse, de ninguna manera, sea en particular o en público, con un hombre excomulgado, ni que reciba nada de él.


    Capítulo LVIII


    De qué manera los guerreros seculares deben ser recibidos


    No se les debe admitir inmediatamente sino hacer que conozcan bien las normas, además de someterlos al criterio y deliberación del maestre y de los hermanos. Deberán superar diversas pruebas.




    Capítulo LIX


    No todos los hermanos serán llamados al consejo privado


    Mandamos que no se llame a todos los hermanos al consejo sino a los más apropiados para cada tarea. En asuntos importantes deberá reunirse a toda la comunidad, y oírla, antes de que el maestre tome una decisión.


    Capítulo LX


    De rezar en silencio


    Debe hacerse sin ruido, de manera que no se turbe a los otros.


    Capítulo LXI


    Que crean a los sirvientes


    Es provechoso creer a los que quieren servir en la Casa, no sea que se desvían por caminos equívocos.


    Capítulo LXII


    Que los niños, mientras sean pequeños, no sean recibidos entre los hermanos del Templo


    Aquel que tenga por designio meter a su hijo o a su pariente en la religión de los caballeros y hacer de ello grandes instancias, que lo críe hasta la edad que tenga la fuerza y el valor para llevar las armas, a fin de extirpar de Tierra Santa a los enemigos de Jesucristo.


    Capítulo LXIII


    De honrar siempre a los ancianos


    Hay que considerar y honrar a los ancianos por un sentimiento de piedad; sin embargo y a pesar de todo, deberán respetar la autoridad de la Regla.



    Capítulo LXIV



    De los hermanos que van a distintas provincias


    Los hermanos que son enviados a distintas providencias deben procurar guardar la Regla tanto como sus fuerzas se lo permitan, tanto en el comer como en el beber como en las otras cosas, y llevar una vida irreprochable, para que a todos los extranjeros que los vieren les den buen testimonio de su vida. Cuando los caballeros sepan donde se juntan aquellos que no están excomulgados, les recomendaremos ir, no considerando tanto la temporal utilidad como la salvación de su alma. Aprobaremos a los hermanos que se encuentren en los países de ultramar para recibir a quienes les hagan instancias para estar asociados a la Orden, con la condición de que el marido y la mujer vayan juntos en presencia del obispo de la provincia que oirá la solicitud del postulante. Y oída la solicitud, el hermano mandará al marido al maestre y a los hermanos que están en el Templo que está en Jerusalén; y si es de vida honrada y digna de tal compañía, que se le haga la gracia de recibirle, si el maestre y los hermanos lo encuentran bien. Si, en esto, llega a morir por el trabajo y de cansancio, será partícipe de todas las ventajas de los Pobres Caballeros, como un hermano mismo.


    Capítulo LXV


    Que los víveres sean distribuidos por igual entre todos


    Creemos también que se debe y que es razonable distribuir por igual entre todos los hermanos de la Casa los víveres según lo permita el lugar; pues no es bueno hacer distinción de las personas, pero es necesario tener consideración con las dolencias.


    Capítulo LXVI


    Los caballeros del Templo pueden tener diezmos


    Si el obispo de la Iglesia, a quien justamente se le deben las décimas, os las quiera dar caritativamente, se os deben de dar con consentimiento del Cabildo, de aquellas décimas o diezmos que entonces posee dicha Iglesia.
    Capítulo LXVII


    Sobre faltas leves y graves culpas


    Si un hermano, sea hablando, sea combatiendo o de otro modo, ha cometido alguna falta leve, que descubra él mismo su ofensa al maestre para darle satisfacción; que reciba una penitencia leve para faltas leves, si no son acostumbradas. Pero si la esconde y si es conocida por otro, que sufra una reprimenda más grande y pública. Si el delito es grande, que sea aislado de la compañía de los hermanos y que no coma con ellos en la misma mesa, sino que tome su comida solo. Que el maestre juzgue y mande como le plazca, con el fin de que el culpable permanezca salvo en el día del Juicio.


    Capítulo LXVIII


    Por qué pena un hermano no debe ser recibido


    Es necesario, ante todo, procurar que un hermano, potente o no, fuerte o débil, y que queriéndose exaltar y poco a poco ensoberbecerse, y defender su culpa, no quede impune. Si quiere enmendarse, que se le haga una severa corrección; si no quiere corregirse después de saludables avisos y después de que se haya rezado por él, sino que al contrario se vuelve cada vez más soberbio, entonces que sea separado del rebaño. Por lo demás, el maestre debe tener el báculo y la vara en la mano: el báculo, para soportar las dolencias de los débiles, y la vara, para castigar el vicio de los delincuentes por celo de justicia. Como dice San Máximo, una dulzura demasiado grande o una severidad demasiado grande impida al pecador recuperarse de su error.


    Capítulo LVIX


    Sólo estará permitido tener una sola camisa de tela desde la fiesta de Pascua hasta Todos los Santos


    Teniendo en cuenta que era necesario tener alguna consideración con los grandes colores orientales, daremos, no de derecho, sino por gracia, una sola camisa de lino a cada uno desde la fiesta de Pascua hasta Todos los Santos, y que cada uno la use si quiere; y en otro tiempo, tendremos generalmente sólo camisas de lana.


    Capítulo LXX


    Sobre el lecho y la ropa de cama


    En lo que se refiere a dormir, cada uno se acueste aparte en una cama, a no ser de gran necesidad. Cada uno tendrá cama o lecho según el maestre lo ordene con moderación. Pero creemos que un saco, un colchón y una manta bastan. Aquel a quien le falte una de estas cosas, que tenga una alfombra, y en todo tiempo se podrá tener sábanas de tela. Se dormirá con la camisa y los calzones, y que haya siempre luz mientras duerman los hermanos.


    Capítulo LXXI


    Sobre la murmuración


    Os mandamos evitar, según la exhortación divina, la envidia, los celos, la murmuración, las confidencias y las maledicencias, como una especie de peste. Cuando uno sepa manifiestamente que un hermano ha pecado, se le corrija en privado suave y fraternalmente, según el mandamiento del Señor; y si no os escucha, haga venir a otro hermano; y si desprecia a uno y a otro, que sea reprendido públicamente en el convento ante todos.


    Capítulo LXXII


    De no besar a ninguna mujer


    Estimamos que es peligroso para toda religión prestar demasiada atención al rostro de las mujeres; por esto ningún hermano debe tomarse la libertad de besar viuda, ni virgen, ni hermana, ni amiga, ni ninguna otra mujer. Es necesario que los caballeros de Jesucristo eviten los besos de las mujeres, por los cuales los hombres suelen correr grandes riesgos.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: REGLAS REDACTADAS POR SAN BERNARDO

  7. #7
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LA LEY SÁLICA O SEMISÁLICA



    En España, el rey Felipe V, al subir al trono tras la Guerra de Sucesión, hizo promulgar la Ley Sálica a las Cortes de Castilla en 1713: según las condiciones de la nueva ley, las mujeres sólo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea principal (hijos) o lateral (hermanos y sobrinos).

    http://templecarlismo.blogspot.com.e...emisalica.html

  8. #8
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LOS ORÍGENES FRANCOS DE LA LEY SÁLICA


    Origen merovingio de la Ley Sálica
    En su origen, en tiempos del rey merovingio Clodoveo (476-496), se trataba de un código legal escrito en latín juntamente con palabras germánicas sobre compensaciones monetarias y leyes civiles. La claúsula 6 del título 59 dispone sobre reglas de herencia, en relación con ciertas tierras que postergan los derechos de las hembras. En tiempos de Chilperico (575) se admite la herencia en favor de hembras en ausencia de varón. La monarquía y los asuntos de derechos dinásticos no se mencionan en ningún momento en dicho código. Esta ley Sálica es reformulada por Carlomagno y continuó aplicándose en siglos posteriores.
    En los reinos peninsulares la situación era diferente: no se aplicaba en Castilla, pero sí en Aragón y Navarra.
    Por tanto, en sí, la ley sálica tenía también un origen borgoñón y tradicionalista, al estar vinculada a Carlomagno y al Sacro Imperio Romano-Germánico.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: LOS ORÍGENES FRANCOS DE LA LEY SÁLICA
    Última edición por Hyeronimus; 02/10/2012 a las 19:39

  9. #9
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LA PRAGMÁTICA SANCIÓN


    El 29 de marzo de 1830 Fernando VII promulgaba la Pragmática Sanción que dejaba sin validez la antigua Ley Sálica. Desde que comenzó su reinado no hubo más heredero al trono que su hermano don Carlos. De pronto, en unos pocos meses, todas sus opciones desaparecían. La opción de don Carlos no gustaba nada a los liberales, que tenían sus propios proyectos. Los acontecimientos se desarrollaron del siguiente modo:
    El Rey Fernando VII estaba achacoso pero no tenía más de cuarenta y cinco años. Fernando quería un heredero y, para alegría de los liberales, contrajo matrimonio con María Cristina de Nápoles. La infanta Luisa Carlota, hermana de la prometida, mediaría en la elección. Los liberales cubrieron de loas a la nueva Reina. En menos de un año el Rey anunciaba un descendiente, la infanta Isabel, y en marzo de 1830 (día 29) promulgaba la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica.
    La Ley Sálica había sido implantada por Felipe V, rompiendo con el viejo orden sucesorio de Castilla implantado en Las Partidas de Alfonso X el Sabio, que daba prioridad al varón pero dejaba reinar a la mujer en ausencia de descendientes masculinos.
    Con todo, el problema sucesorio no estaba resuelto. Los partidarios de don Carlos, bien organizados después de todo un reinado aguardando su momento, ejercieron una presión considerable, presagiando el peligro de un conflicto civil ante la juventud del sucesor y el largo periodo de regencia que se esperaba. Las presiones dieron resultado y el Rey ordenó derogar la Pragmática Sanción. Buena noticia para los carlistas. Aún quedaba una última jugada, que contó con la connivencia de María Cristina, la cuñada del Rey, y el Partido Liberal. Luisa Carlota consiguió entrar en La Granja y persuadir al Rey para revertir el proceso y derogar la Ley Sálica, y así se hizo el 28 de septiembre de 1832. No habría más movimientos y un año después moría el monarca. La inevitable consecuencia sería la guerra.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: agosto 2012

  10. #10
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LA CAUSA



    (reunión de una logia masónica)
    Frente al tradicionalismo de inspiración borgoñona se posicionaba una nueva ideología pseudoliberal y con un transfondo masónico.

    Los objetivos de la "Pragmática sanción" eran sociales:
    -Un cambio en la vertebración territorial de España, con implantación de zonas administrativas llamadas provincias y el olvido de las zonas forales, hasta entonces firmemente enraizadas.
    -La desamortización para distribuir los bienes comunales en una nueva y opulenta burguesía.
    -El desplazamiento del campesinado empobrecido hacia los núcleos urbanos dando origen a grandes zonas de marginación y pobreza, a modo de improvisados campos de concentración.
    -La aculturación de la población con el abandono de sus valores tradicionales, a la espera de un modernismo que nunca acababa de llegar.
    En el fondo el viejo ideal borgoñón-foralista con el cristianismo en el centro de la sociedad frente al centralismo-monetarista de Luis el Gordo como paradigma del centralismo parisino.
    La causa legitimista estaba servida. Siglos antes el Estado francés ya había intervenido sobre las Órdenes Militares para hacerse con el supuesto poder económico del Temple. Igualmente había utilizado la herejía cátara para la anexión del Languedoc.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: LA CAUSA
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  11. #11
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LA CORONA DE CARLOMAGNO

    Conservada en Viena, la corona de Carlomagno tenía la particularidad de poseer en su interior una especie de doble corona con uno de los clavos de Cristo que hacía presión sobre la piel del cráneo. Una forma de no olvidar las limitaciones del poder absoluto.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: LA CORONA DE CARLOMAGNO

  12. #12
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    EL FIN DEL RENACIMIENTO CAROLÍNGIO

    Lamentablemente, el maravilloso momento del "Renacimiento Carolingio" vivido en Europa s6lo duró lo que la vida de Carlomagno.
    Al morir el gran emperador en el año 814 en su capital, Aquisgrán (Aix-la-Chapelle), le sucedió su hijo Ludovico Pío, príncipe bueno, pero excesivamente débil: con él comenzaron todas las calamidades. La extrema condescendencia del nuevo emperador le llevó a dividir en vida el Imperio entre sus hijos. Pero los príncipes desconformes, destronaron a su padre, desataron la guerra civil y el más espantoso desorden.
    Para colmo, aprovechando la discordia reinante, los condes, marqueses y demás señores, comenzaron a discutir sus derechos con los monarcas, a negarles la sumisión y atribuirse mayores poderes hasta hacerse prácticamente independientes. Así dio comienzo la nueva caracteristica de la Europa posterior a Carlomagno: señores todopoderosos, y reyes absolutamente débiles.

    Entre tanto,, y tras la muerte de LUDOVICO Pío, sus hijos se pusieron finalmente de acuerdo y en el año 843 firmaron un importantísimo pacto: el TRATADO DE VERDÚN..
    Con este memorable acuerdo, el Imperio Carolingio quedó definitivamente dividido: Carlos, llamado “el Calvo”, se reservó Francia; Luis, la Germania, y Lotario, Italia y la corona Imperial, además de un corredor de tierras entre sus dos hermanos.
    De esta manera, se liquidaba el Imperio que Carlomagno con tanto esfuerzo había formado, pero nacían dos nuevos Estados —FRANCIA y ALEMANIA— que con pocas variantes conservarían sus límites hasta nuestros días.
    EL FINAL CAROLINGIO:Con el Tratado de Verdún comenzó, aunque con poca suerte, la historia de Francia y de Alemania: en ambos, se sucedieron en el trono varios reyes totalmente incapaces.
    El primer rey de FRANCIA fue, como se ha visto, CARLOS EL CALVO, y tanto él como sus sucesores, CARLOS EL GORDO, CARLOS EL SIMPLE y LUIS EL INÚTIL fueron modelos de debilidad y apocamiento, frente alas pretensiones de la nobleza. Finalmente, a la muerte de este último monarca en 987, los señores eligieron rey al Conde de París, Hugo Capeto. Así concluyó la rama carolingia francesa.
    En ALEMANIA ocurrió lo mismo. Luis EL GERMÁNICO, su primer rey, y sus sucesores, ARNULFO y LUIS EL Niño, nada supieron hacer ante la creciente independencia de los señores. Estos, en 910 dieron la cotona a uno de entre ellos, Conrado de Franconia.
    Así, el Imperio Carolingio se desmoronó como un castillo de naipes, a causa de la debilidad de sus reyes, y además, por las terribles calamidades que por ese entonces cayeron sobre Europa. En efectos dos feroces pueblos aniquilaron en poco tiempo, con sus tremendos asaltos , el orden que el genio de CARLOMAGNO había creado. Entonces, Europa comenzó a vivir el periodo mas negro de su historia.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: EL FIN DEL RENACIMIENTO CAROLÍNGEO

  13. #13
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LOTARINGIA: EL NÚCLEO EN EL QUE PERVIVIÓ EL ESPÍRITU DE CARLOMAGNO Y SE ORIGINÓ EL TEMPLE

    La Lotaringia es el nombre que se dio a las tierras que correspondieron a Lotario II, hijo del emperador Lotario I del Imperio carolingio, tras la División de Prüm (855). El nombre del soberano dio nombre a la zona geográfica, Lotharii regnum o Lotharingia.

    La Lotaringia inicial cubría:


  14. #14
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LOTARINGIA PREDECESORA DEL GRAN DUCADO DE BORGOÑA


    La primitiva Lotaringia sería la depositaria del espíritu de Carlomagno y de la futura monarquía española. De allí derivaría el Gran Ducado de Borgoña fuente de la monarquía hispana y, al mismo tiempo, de la reforma del Císter y de la creación de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (templarios).

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: LOTARINGIA PREDECESORA DEL GRAN DUCADO DE BORGOÑA

  15. #15
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    CARLOS EL ATREVIDO



    En la Alta Edad Media después de la desaparición del Imperio Carolingio,se repartieron el Imperio de Carlomagno en eltratado de Verdún.
    Francia y Germania, son países ambos que continuaron existiendo mientras que Lotharingia desapareció ya que fue tomada indistintamente a lo largo de la história por franceses y alemanes.
    Carlos el Atrevid0, el día 5 de enero de 1477 moriría asesinado en una sangrienta batalla.
    Y es que Carlos de Valois, a quien después de muerto se le apodó como Carlos el Temerario de Borgoña, estuvo a punto de reconstruir el Antiguo Reino de Borgoña-Lotharingia en el siglo XV.
    Era gobernante y soberano de catorce estados independientes, que estaban confederados.
    Cada estado tenía sus propias leyes, lengua y gobiernos. Precisamente lo que hoy conocemos como Países Bajos: Holanda, Bélgica y Luxemburgo pertenecían al gobierno y poder Borgoñón. Cada territorio reunía a sus Estados Generales o Parlamentos de manera independiente unos de otros, aunque reconocían, eso si, la soberanía política de los duques de Borgoña. Como existían distintas capitales políticas y distintas lenguas, el Duque Felipe el Bueno inventó la famosa Orden del Toison de Oro una especie de imitación inicial de la Orden Inglesa de la Jarretera. Así, los duques de Borgoña vertebraron su Ducado en una especie de Confederación que recordaba los maravillosos días del antiguo explendor medieval y las míticas leyendas del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda.
    Los Caballeros de la Orden del Toison de Oro representaban una institución multiestatal y plurinacional, pues reflejaban la Unidad Política del Gran Ducado de Borgoña.
    Los Soberanos de las Españas heredarían practicamente toda la cultura borgoñona, desde el protocolo hasta banderas y estandartes. La famosa Cruz de Borgoña o San Andrés que portaron los Carlistas y que llevaron en sus guerras durante el siglo XIX son herencia Borgoñona.
    Los reyes Católicos tenían una hija llamada Juana, denominada la Loca, y el último duque soberano de Borgoña propiamente dicho, al morir asesinado, al ser traspasado por una alabarda suiza, dejó una hija María de Borgoña que contrajo matrimonio con Maximiliano de Austria; de esta unión nacería Felipe el Hermoso, quien caso con Juana la Loca, hija de los reyes Católicos, Isabel y Fernando.
    La unión dinástica entre Felipe el Hermoso y Juana la Loca dio lugar al nacimiento de Carlos I de las Españas y V de Germania o Alemania.
    El papel desempeñado por la monarquía plurinacional y multiestatal que representaba la Casa de Autria fue heredado por una parte de la Casa de Borbón con Carlos María Isidro.
    En el siglo XIX unicamente los Borbones Carlistas serían quienes se comprometerían en rescatar ese papel de monarquía multiestatal y plurinacional que significaba la monarquía hispánica de los Austrias heredera de las influencias de lo que había sido el ducado glorioso de los auténticos caballeros medievales: ¡Borgoña!

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: CARLOS EL ATREVIDO

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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    MAXIMILIANO PRIMERO: EL ABUELO DE CARLOS PRIMERO


    El archiduque Maximiliano nació en Wiener-Neustadt, Austria, el 22 de marzo de 1459. Hijo del emperador Federico III y de Leonor de Portugal, en 1477 contrajo matrimonio con María de Borgoña, hija y heredera de Carlos el Temerario, con lo que adquirió las posesiones borgoñonas en los Países Bajos. Tras la muerte de su esposa, en 1482, tuvo que luchar para imponer su regencia sobre los Países Bajos durante la minoría de su hijo Felipe el Hermoso. En 1493 aseguró el dominio de estos territorios frente a las pretensiones francesas mediante el Tratado de Senlis.
    Elegido emperador del Sacro Imperio Romano germánico a la muerte de su padre, Maximiliano fue coronado en Aquisgrán el 9 de abril de 1486.

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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    LOTARINGIA Y EL PROTESTANTISMO

    Los descendientes lotaringios de Carlomagno nunca podrían olvidar su coronación papal como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Esa unión al papado será una característica fundamental en el tradicionalismo europeo. El movimiento tomará diversos nombres (en el siglo XIX y en España se llamará Carlismo) pero nunca perderá su carácter inicial, "artúrico" de caballeros con el Toisón de Oro, respetando las peculiaridades de cada territorio, pero con la búsqueda perpetua del Santo Grial (que puede traducirse por "sangre real"). La unión entre el poder religioso y el temporal era algo natural e inseparable. De esa forma fueron vistos y percibidos por los pueblos de las Españas. La leyenda del Santo Grial se refería, integramente, a los reinos que constituyeron Lotaringia y más tarde el Gran Ducado del Borgoña. El último reducto era Flandes.
    El protestantismo de Martín Lutero y de Calvino atentaba contra el mismo núcleo del Estado, contra la misma universalidad monárquica, socavando sus fundamentos.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: LOTARINGIA Y EL PROTESTANTISMO

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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    EL RADICAL ANTIISLAMISMO LOTARINGIO

    La dinastía lotaringia, con sus planteamientos cristiano-renacentistas se había caracterizado por el rechazo hacia el protestantismo y las reformas de Martín Lutero y Calvino.
    Pero, todavía con mayor vehemencia suponía un freno para el islamismo tanto en España, en el centro de Europa y en el Mediterráneo, sosteniendo una lucha encarnizada con el poder turco.


    Quedaba definido un sistema tradicionalista con las siguientes características:
    -La unión de los pueblos manifestada por el pacto directo con el "Imperátor".
    -El desprecio a una estructura estatal, que empezaba a desarrollarse, entrometida en la vida del individuo.
    -La aceptación de los grandes objetivos del cristianismo y su mitología artúrica, griálica.
    -La reconstrucción de un gran imperio, heredero directo del Imperio Romano.
    -El sentimiento Católico Romano, con sometimiento a una autoridad papal libre y establecida en Roma.
    -La unidad entre lo político y lo religioso, siendo absolutamente interdependientes.
    -El desprecio, y la lucha sin tregua, contra el islamismo, considerado contrario a los valores fundamentales de la persona.
    -La unión, en última instancia, entre el poder judicial y el político, pues la realeza ejercía su función a modo de tribunal (véanse los escritos de Salvador de Madariaga).
    ........................................................................................................
    Este sistema de pensamiento llegaría a España con Felipe el Hermoso, fusionándose con la monarquía castellana y aragonesa. Impregnó rápido el sentimiento popular. En el siglo XIX, se manifestó con toda su fuerza con el nombre españolizado de CARLISMO.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: EL RADICAL ANTIISLAMISMO LOTARINGIO
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  19. #19
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

    EL MIGUELISMO PORTUGUÉS

    El infante D. Miguel (1802-66) era el tercer hijo de Juan VI y de Carlota Joaquina de Borbón, hermana del monarca español Fernando VII.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: EL MIGUELISMO PORTUGUÉS

  20. #20
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    Re: El Carlismo: Una antigua orden de caballería

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    CRISTEROS

    Los Cristeros fueron un movimiento armado que, desde 1926 hasta 1929, combatió la política laica del presidente Plutarco Elías Calles y por su sucesor, Emilio Portes Gil, en cuyo mandato se puso fin al conflicto religioso. La denominada "Guerra Cristera", estalló en agosto de 1926, principalmente en los estados de Jalisco, Nayarit, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas. Su origen fueron las medidas adoptadas por el gobierno de Calles, encaminadas a oprimir a los campesinos, disminuir las actividades educativas de la Iglesia y, sobre todo, a eliminar por completo el culto religioso.

    El ejército cristero estuvo compuesto básicamente por peones rurales, dirigidos por antiguos militares revolucionarios, ex partidarios algunos de ellos de Pancho Villa, Emiliano Zapata y participaron también algunos sacerdotes.

    EL CARLISMO: UNA ANTIGUA ORDEN DE CABALLERÍA: CRISTEROS

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