SERIE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN LA ESPAÑA DEL XX.
1ª Parte : INTRODUCCIÓN.
SITUACIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA A MEDIADOS 1937 (ZONA ROJA):
Según el memorandum de A. de Lizarra en Los Vascos y la República Española. (Contribución a la Historia de la Guerra Civil, Editorial Vasca Ekin, Buenos Aires, 1944, pgs. 201 y ss)
"a) todos los altares,imágenes y objetos de culto han sido destruidos, la mayoría profanados.
b) todas las iglesias se han cerrado al culto, que está total y absolutamente suspendido.
c) todas las iglesias han sido saqueadas.
d) gran parte de los templos de Cataluña se incendiaron.
e) los organismos oficiales recibieron las campanas, cálices, custodias, candelabros y objetos de culto para fundirlos.
f) en las iglesias no destruidas y quemadas se han instalado cuadras, depósitos, cuarteles, garages, mercados, etc.
g) todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en ellos, sus bienes incendiados, saqueados y derruidos.
h) sacerdotes y religiosos han sido todos detenidos, sometidos a prisión, tortura y fusilados sin formación de causa, a miles, hechos que aún continúan en las ciudades y el rural. Se les persigue, tortura y ejecuta sin otro causa conocida que su carácter religioso.
i) se ha prohíbido, absolutamente, la retención privada de imágenes y objetos de culto.
j) la policía practica registros domiciliarios, buscando en el interior e intimidad personal y familiara para destruir, con escarnio y violencia, cualquier imagen, estampa, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o recuerda".
El informe anterior apenas da una idea de lo realmente ocurrido y no pertenecen a ningún documento de propaganda del bando contrario sino que es parte de un informe presentado el 9 de enero de 1937 por Manuel de Irujo, dirigente del PNV, ministro sin cartera en los dos gobiernos de Largo Caballero y ministro de Justicia del gabinete de Negrín.
El Papa Pío XI hablaba (14 septiembre 1936) de "verdaderos martirios en todo el sagrado y glorioso significado de la palabra" (Historia de la Persecución Religiosa en España, 1936-1939, BAC, Madrid 1998, pg. 741) y poco después, en su Encíclica Divini Redemptoris manifestaría: "[I]el furor comunista no se ha limitado a matar obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de un modo particular a aquellos y a aquellas que precisamente trabajaban con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que, además ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o contrarios al ateísmo comunista.
Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posibles en nuestro siglo[/I]" (Divini Redemptoris, 19 marzo 1937).
Efectivamente, en España se padeció desde 1931 a 1939 una persecución religiosa de tal entidad que, para encontrar un paralelismo, habría que remontarse a los inicios del cristianismo.
Al finalizar la guerra, el Papa Pío XII concebía el primordial significado de la victoria nacional como: "el sano pueblo español, ... se alzó decidido en defensa de los ideales de fe y civilización cristiana ...y ayudado de Dios, que no abandona a los que esperan en Él, supo resistir el empuje de los que engañados con lo que creían un ideal humanitario de exaltación del humilde, en realidad no luchaban sino en provecho del ateísmo" (Radiomensaje al pueblo español, 16 mayo 1939).
Y AQUÍ RADICA LA GRAN INCOMODIDAD QUE 75 AÑOS DESPUÉS PROVOCA HABLAR DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA, no tanto entre quienes se proclaman continuadores de la ideología de los verdugos sino entre los que deberían haber recogido la herencia de unos HÉROES y MÁRTIRES que están inseparablemente unidos a una guerra que adquirió caracteres de CRUZADA.
Una simbiosis que no se produce sólo por la coincidencia cronológica sino por la íntima comunión de ideales en la defensa de la FE y de la CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL CATÓLICA. EN LA NEGATIVA A ACEPTAR EL COMPONENTE RELIGIOSO de una guerra que ha influido tan directamente en la situación actual del catolicismo español subyacen:
1º.- la pervivencia de corrientes historiográficas que pretenden soslayarlas o simplemente negarlas atribuyéndolas a simples prejuicios ideológicos,
2º.- un profundo sentimiento de incomodidad que embarga a algunos sectores de la Iglesia actual a la hora de admitir que puedan producirse enfrentamientos por razones religiosas, especialmente en un momento en que el supuesto PLURALISMO religioso (o lo que se nos presenta como tal) está consagrado como uno de los pilares de la convivencia. Y
3º.- lo religioso no se limitó en la guerra de España al terreno puramente personal e individual, sino que se asumió como orientación católica de la vida en todos sus aspectos, también en el social y político.
Así se explica el rechazo y el escándalo en muchos sectores. (María Luisa Rodríguez Aisa en Las Raíces Cristianas en la Guerra de España, en la Guerra y la Paz. 50 años después. Madrid, 1990, pgs. 481-493).
Evidentemente no conviene hablar de mártires de España a tantos que se dejan seducir por el señuelo de las ideologías derrotadas en 1939, o los que quieren silenciar que uno de los motivos del alzamiento fue el religioso e incluso hoy estorba el recuerdo de los mártires a los que quieren imponer cierta mentalidad haciendo de un concepto abstracto "la democracia" una RELIGIÓN CIVIL que distorsiona gravemente la Historia e identifica al bando rojo con los adalides de la libertad, progreso y democracia.
Para llegar al fondo de la cuestión y del sentido de las palabras de Pío XII hay que EXPLICAR LO OCURRIDO ENTRE 1931 Y 1939 ya que desde el primer momento se han aducido dos justificaciones que no son sostenibles:
1ª.- que la persecución religiosa tenía carácter socio económico, no religioso,
2ª.- que era una represalia contra el apoyo de la Iglesia al bando nacional durante la guerra.
Un somero análisis, si es objetivo, revela queEL INICIO DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA ES MUY ANTERIOR A 1936, ya antes de 1931, pero especialmente desde esa fecha, cuando llega al poder la coalición de republicanos y socialistas. Ambas ideologías coincidían en considerar la religión como un obstáculo al progreso y un respaldo al poder conservador.
Otra cosa es que la definitiva desaparición del estado de derecho en febrero de 1937 permita que ese anticlericalismo alcance su mayor virulencia e impunidad.
Los artículos de la Constitución y las medidas tomadas con posterioridad demuestran que se pretendía elaborar un marco legal negando la existencia política, social y cultural de la mayoría de la población española, consagrándolo además en el plan jurídico.
El paso siguiente fue la invasión de la esfera de la intimidad y de la vida privada. LA QUEMA DE CONVENTOS, LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA LEGISLATIVA Y LA ELIMINACIÓN MASIVA DE ECLESIÁSTICOS Y SEGLARES ya desde 1934, luego en 1936-39, serían pasos sucesivos de una misma secuencia lógica terriblemente implacable en la que acabaron aliándose dos formas de laicismo:
- el elititista y burgués de los partidos liberales (mediante la legislación), y
- el populista de los partidos REVOLUCIONARIOS (que no progresistas ni democráticos) con la violencia física.
Menos fundamento aún tiene tratar de justificar (¿?) la persecución religiosa por los defectos de la Iglesia. La falaz tesis sería: "la Iglesia ha sido una ecuación de orden, paz y religión con los intereses políticos y económicos de una clase, olvidando e ignorando la verdad del pueblo oprimido, así la persecución religiosa fue en gran parte la respuesta a la agresión violenta del bando que la Iglesia defendía" (Manuel Tuñón de Lara en Historia de España, IX, La Crisis del Estado: Dictadura, República, Guerra (1923-1939); Labor, Barcelona, 1981, pg. 384)
En otras ocasiones se afirma que los asesinatos de eclesiásticos durante la Guerra Civil tenían por objetivo acabar con "activos agentes al servicio de los intereses de los sectores rurales dominantes (Francisco Cobo Romero en La Guerra Civil y la Represión Franquista en la Provincia de Jaén, Diputación Provincial, Jaén, 1993, pg. 261).
Así más que de persecución religiosa o laicismo habría que hablar, todo lo más, de un anticlericalismo explicado por el fácil recurso de la lucha de clases. Los sacerdotes y religiosos habrían muerto porque la Iglesia Católica se había ganado la animadversión del pueblo por haberse olvidado de éste y no haber atendido sus necesidades y haberse aliado con los sectores reaccionarios y capitalistas.
Según esa tesis podría pensarse que el Frente Popular deseaba, ardientemente, una Iglesia intelectualmente brillante, pastoralmente eficaz, firmemente asentada en la conciencia popular y sin un solo cura reprobable. Si persiguió a la Iglesia fue por sentirse frustrada en esos buenos deseos.
La PERSECUCIÓN RELIGIOSA en realidad no tuvo como única ni principal causa los vicios y defectos de los eclesiásticos y/o católicos en general, sino que FUE EL RESULTADO DE LA APLICACIÓN PRÁCTICA DE UNAS IDEOLOGÍAS INTRÍNSECAMENTE ANTICRISTIANAS (y antihumanitarias) Y QUE DIFUNDEN LA CRÍTICA AL CATOLICISMO COMO CONSECUENCIA DE SUS TESIS FUNDAMENTALES.
Primeramente coincidieron en esta ofensiva contra la Iglesia durante los primeros pasos de la República: Socialistas, Anarquistas, Comunistas, Republicanos de izquierda, y Separatistas.
Pese a sus grandes diferencias entre ellos (forma del Estado, organización económica, consideración hacia los grupos sociales, papel de la religión, cultura y enseñanza ...) les unía un punto en común: la firme voluntad de conseguir artificialmente y como fuera una sociedad carente de todo fundamento religioso, y eso en una sociedad en que la abrumadora mayoría se declaraban católicos (más del 90%).
La propia evolución de la República y de una España en guerra iba a provocar la marginación de los republicanos y la persecución de los anarquistas, desembocando en una situación cuyo protagonismo decisivo correspondió a las organizaciones marxistas dirigidas desde Moscú, representados en España por el "socialista" Largo Caballero (el Lenin español) y después por el intervencionismo soviético directo en la guerra que acabaría provocando una TOTAL DEPENDENCIA de los llamados "republicanos".
Por eso es legítimo identificar los hechos ocurridos con una persecución MARXISTA.
Las deformaciones, incluso abusos concretos, resultan argumentos para la polémica laicista, pero no son las razones que originan dicha ideología.
Cuando la Iglesia no lograba hacerse presente en todos los ambientes de las clases más bajas, era criticada por el abandono en que dejaba a los obreros y pobres.
Cuando lograba hacerlo (con personas e instituciones educativas, asistenciales, sanitarias, etc.) era condenada por la forma en que ejercía su acción social y era calumniada y difamada como una sucursal de la burguesía dominante.
Un ejemplo: el jesuíta Manuel Luque, muy destacado en sus obras de asistencia y caridad con gran estima por los obreros.
El asesinato tanto del padre Luque como de los señores obispos de Almería y Guadix se acordó en la logia masónica titulada Evolución (Almería). Los rojos de dicha logia, corrieron la especie de que el padre Luque era el peor de todos los curas y un espía de la derechas, y de esa forma le crearon un ambiente desfavorable cuando se había ganado a pulso una gran estima (Antonio Molina Alonso, canónigo lectoral y canciller secretario del Obispado de Almería en Respuesta al Cuestionario Remitido (1 febrero 1941), Archivo Histórico Nacional, Causa General, Leg. 1164 (1)).
Desechados los simplismos, lógicamente hay que buscar las raíces de la persecución religiosa, en el conflicto con las ideologías que la provocaron y de lo que hay gran producción de publicaciones historiográficas sobre ello.
Así en La Historia de la Persecución Religiosa de Antonio Montero Moreno (1961) entonces director de la revista Eclesia y hoy arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, sigue siendo el trabajo de síntesis más completo sobre el tema, tanto por su análisis riguroso y crítico del fenómeno persecutorio desde sus orígenes, como por su abundante documentación, los datos globales sobre el número de víctimas que desde entonces no han podido ser rebatidas (Antonio Montero Moreno, Historia de la Persecución Religiosa en España 1936-1939, BAC, Madrid, 1961).
Marcadores