(por Eduardo Comín Colomer, 1953)
I LA FEDERACIÓN OBRERA REGIONAL ESPAÑOLA
II LOS SUCESOS DE MELILLA
III PREPARACION DE LA REVUELTA
IV LA SOLIDARIDAD OBRERA
V PRECEDENTES REVOLUCIONARIOS
VI POSICIÓN DE DIVERSOS POLÍTICOS
VII MEDIDAS GUBERNATIVAS
VIII LA REVOLUCIÓN EN MARCHA
IX RELACIÓN DE EDIFICIOS RELIGIOSOS DESTRUIDOS
X PUNTUALIZACIONES
XI LIQUIDACIÓN DE LOS SUCESOS
XII BIBLIOGRAFÍA
XIII (Relacionado) http://hispanismo.org/biografias/22775-francisco-ferrer-y-guardia-al-servicio-de-la-francmasoneria.html
Posiblemente, del episodio conocido bajo el rótulo de “Semana Trágica” de Barcelona es del que más se ha escrito de entre cuantos acaeceres registra la historia político-social española del primer cuarto del Siglo XX.
I LA FEDERACIÓN OBRERA REGIONAL ESPAÑOLA
Instalada en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.) y colocado Carlos Marx a la cabeza de la entidad, acaso en premio a su aportación como autor de los Estatutos y el Manifiesto inaugural, no tardaron en apreciarse en el seno de aquella organización varias corrientes ideológicas, constituyendo la de mayor potencia, frente a la representada por el marxismo, la de Miguel Bakunin, a quien respaldaba la Alianza de la Democracia Socialista, instalada en el Jura bernés, mezcla de entidad obrera y logia masónica, por ser ésta la filiación más acentuada del dirigente y de sus principales mandos.
Creada oficialmente la A.I.T., durante la Exposición Internacional de Londres, verificada en 1862, ninguna representación española acudió al acto constitucional, así como tampoco al primer congreso (3 de septiembre de 1866). Sin embargo, al verificado al siguiente año, que tuvo Lausana por escenario, fue enviada una adhesión por la Liga Social-republicana de Barcelona, entidad ésta que no era otra que la Legión Ibérica, actuante en la capital de Cataluña bajo la inspiración directa de Pi y Margall, republicano federal y Gran Primo de los Carbonarios, o, lo que es igual, primer jefe de esta asociación secreta y revolucionaria, que en nuestra Patria tuvo entronque directo con la Francmasonería. En 1868, la Asociación Internacional de Trabajadores tuvo representante español: el barcelonés Antonio Marsall Anglora, que ocultó su verdadera personalidad bajo el nombre de “Sarro Magallán”.
Triunfante la revolución de septiembre (1868), que produjo el destronamiento de Isabel II, Bakunin dirigió su vista a España, suponiendo que la turbia situación política determinada por el derrumbamiento de la Monarquía produciría clima favorable, más que a la A.I.T., a sus personales designios de la Alianza que dirigía, netamente anarquista y con el respaldo de la llamada Fraternidad Internacional, asociación compuesta por lo más destacado del francmasonismo europeo.
Así, pues, Bakunin envió a Madrid dos delegados –José Fanelli y Carlos Cafiero eran sus nombres-, que inmediatamente comenzaron su labor de captación, siendo hecho registrable el de que sus primeros contactos en sentido orgánico los llevaron a cabo en cierta logia masónica que por entonces funcionaba en la calle del Caballero de Gracia.
Constituido el primer grupo, se dio vida a la Federación Obrera Regional Española, de tal forma conceptuada porque a los fines internacionalistas cada país era una simple región, dentro del conjunto mundial.
Entre los fundadores y como vocal del Comité, figuraba Anselmo Lorenzo Asperilla, tipógrafo de oficio, que al correr de los años, y como testamentario político de Francisco Ferrer y Guardia, fundaría la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.).
La extraordinaria proximidad de los órganos supremos del Poder y la decisión revolucionaria de los “internacionalistas” hizo que la federación no tuviera en la capital de España la asistencia y el ímpetu que el cumplimiento de las consignas requería, y como por otra parte Fanelli y Cafiero se desplazaron también a Barcelona, logrando mejor ambiente, Anselmo Lorenzo optó por el traslado, convencido de que allí encontraría clima adecuado a los fines del anarquismo.
Desde luego, en Barcelona, las entidades obreras gozaban de una organización bastante perfecta. Ya en 1855 se había registrado allí la primera huelga general española, y también las sociedades de oficio contaban con sus cajas de resistencia, cuyos fondos, aplicados, en principio, a cubrir los riesgos de los afiliados, terminaron por subvenir las necesidades de los en huelga, permitiéndoles la continuación de los conflictos que planteaban.
La escisión de la A.I.T. en el Congreso de La Haya, de 1872 (mes de septiembre), casi puede decirse que favoreció a los ácratas españoles, que contaban ya con seguros reductos en Cataluña y Zaragoza, mientras que en Madrid, Pablo Lafargue, hijo político de Carlos Marx y delegado suyo, había conseguido base adecuada para la formación de entidades socialistas.
Proclamada la primera República, cabe afirmar que el ambiente político continuó orientado en favor de los aliancistas, pues las jornadas Cantonales, de tremendo sentido federal y anarcoide, les procuró entrenamiento y dirigentes. El caso de Fermín Salvochea, ya procesado cuando los sucesos producidos en Jerez de la Frontera, es sobradamente significativo.
La circunstancia de producirse una etapa declandestinidad dio lugar a que comenzara a barajarse una nueva “leyenda negra” española: la de la cuestión social.
* * *
Los anarquistas, que ya el 18 de julio de 1872 habían atentado contra Amadeo I, ensayaron el mismo procedimiento con Don Alfonso XII, por obra de Oliva Moncasi, primero, y de Otero González, después, en 25 de octubre de 1878 y 30 de diciembre de 1879, respectivamente. Consagrada la táctica de la “propaganda por el hecho”, a partir de 1882, el magnicidio quedó elevado a la categoría de principio de la lucha social, sin perjuicio de numerosas violencias de otro tipo.
El hecho de que se aplicara la ley a cada uno de los referidos casos dio pábulo a la que se denominó “leyenda negra de Montjuich”, ya que en esta fortaleza eran recluidos los responsables de tan execrables acciones.
Y así llegamos a 1902, en que, por decisión del anarquismo barcelonés, se produce la primera huelga general, que abarca a toda España. Empezó por el ramo metalúrgico y duró desde el 17 de febrero al 24 del mismo mes, cuando el primer conflicto llevaba nueve semanas en marcha.
Las consecuencias de esta huelga produjeron dos fenómenos dentro del anarquismo. Por una parte figuraban los partidarios de someterse a una disciplina orgánica, aunque bajo signo libertario, al estilo de la practicada por los socialistas, en funciones ya como partido y entidad sindical desde 1888. Pero pesaban también muchísimo los que despreciaban cualquier forma de organización y admitían únicamente la convivencia de grupos, considerando a las juntas directivas como simples aparatos registradores de la voluntad de los demás.
Este fenómeno explica, asimismo, que siendo la idea ácrata la primera que prendió en el revolucionarismo obrero, no se contó por parte de éstos con una entidad de carácter nacional hasta 1911, en cuyo año fue creada la C.N.T. Uno de los que más lucharon por la primera solución citada era Anselmo Lorenzo. Por eso, recogiendo las experiencias, el cuidado fundamental de los dirigentes consistió en crear, reorganizar más bien, la Federación Local de Barcelona, con el título de Solidaridad Obrera, que no tiene vigencia hasta el sábado 3 de agosto de 1907, en que, por virtud de una reunión, efectuada en el domicilio social de la Asociación de la Dependencia Mercantil, aparece la entidad que sería órgano matriz de la Confederación Nacional del Trabajo cuatro años más tarde, pero que hasta tal momento acapararía las fuerzas revolucionarias anarcosindicalistas.
Entre los puntos aprobados como fundamentales de la entidad figuraban:
1.º La enseñanza racionalista de los niños.
2.º La organización de los trabajadores en ramos de producción, en agrupaciones locales, en federaciones nacionales y en la Confederación Nacional del Trabajo.
El primero de ellos tendría viabilidad con la creación, por Francisco Ferrer, de la Escuela Moderna; y el segundo, por la ya citada C.N.T. Pero como ya tenemos presentados a la Solidaridad Obrera y a Francisco Ferrer Guardia, bueno será que pasemos a estudiar la conmoción, que tuvo sus comienzos el día 26 de julio de 1909.
II LOS SUCESOS DE MELILLA
En las filas del izquierdismo español, comprendiendo dentro de ellas desde los republicanos a los anarquistas y comunistas, la llamada “cuestión de Marruecos” tuvo siempre una triste vigencia. Infinidad de campañas abandonistas han sido motivos y “slogans” de grupos y banderías.
En la sesión de Cortes del 27 de noviembre de 1907, don Antonio Maura dijo: Nosotros no variaremos la naturaleza que manda que miremos la parte septentrional del continente africano como una condición inexcusable de nuestra independencia y de nuestra integridad nacional: desde el Muluya hasta más allá de Tánger, jamás consentirá España que una nación que no sea Marruecos ponga el pie, cueste lo que cueste. Y ésa no es una cuestión de expansión, ni una cuestión de desenvolvimiento social y económico; eso es derecho a la vida, derecho a la integridad de su autonomía soberana que tiene la nación española y que han reconocido todas las naciones, y que tiene hoy base jurídica perfectamente sólida, aceptada y reconocida, cumplida y respetada por todo el mundo.
Porque, efectivamente, por obra de convenios internacionales, correspondía a España ejercer una acción protectora sobre el septentrión africano; y aún hemos de lamentar en nuestros días que la rapacidad de otros países nos privara de la zona de Tánger, el “Gibraltar marroquí”.
Las insurrección de Melilla de 1909 quisieron políticos sectarios achacarla a los pactos firmados en 1904 y 1906. A ninguno de tales convenios puede adjudicarse el derecho de empresas nacionales o extranjeras dedicadas a explotaciones mineras (Los Tratados de 1904 y 1906 estipulaban las zonas de influencia española, sin autorizaciones ni prohibiciones respecto de explotaciones del territorio).
No obstante, existía un especial interés en que no se produjera ninguna clase de investigaciones o explotaciones, y el centro del asunto radicaba fundamentalmente en París, donde los banqueros colonistas, celosos guardadores de sus intereses, estaban dispuestos a evitar cualquier determinación para la puesta en marcha de negocios en la zona española.
Y, de otro lado, tampoco conviene desconocer las intenciones del masonismo internacional para con España y Portugal. Era deseo de que en estos dos Estados cayeran los regímenes monárquicos que los regían, estableciendo dos etapas, la primera de las cuales había de corresponder a España. Fracasados los proyectos aquí, Portugal no tuvo la misma suerte, pues en 1910 no solamente hubo derrumbamiento del trono, sino que el propio rey murió asesinado.
* * *
Verificadas diferentes instalaciones para las explotaciones de las minas del Rif, trabajadores españoles comenzaron el tendido de la línea férrea que habría de facilitar la labor. El día 9 de julio (1909), un grupo de moros sorprendió a los obreros, haciendo en ellos una carnicería.
Era gobernador militar de Melilla el general Marina que,al tener noticia de los sucesos dispuso la partida de fuerzas, a cuyo frente se colocó, para realizar la consiguiente operación de castigo, que en los primeros momentos permitió la conquista de algunos puestos avanzados.
Sin embargo, la cosa tenía mayor profundidad, por cuanto los combates se hicieron cada vez más enconados, al punto de necesitarse refuerzos para evitar el derrumbamiento de la Comandancia de Melilla. El Gobierno transmitió las órdenes oportunas y fueron formados batallones expedicionarios. De Barcelona salieron algunos regimientos; mas a las pocas horas de embarcar en el ‘Ciudad de Canarias’ tropas del batallón de reservistas, comenzaron los sucesos.
III PREPARACION DE LA REVUELTA
Desatada una formidable campaña contra la guerra de Marruecos, Barcelona se colocó rápidamente a la cabeza de ella, por la intensidad que desde los primeros instantes adquirió. Contribuía poderosamente a ello la entidad Solidaridad Obrera, cuyos afiliados, sometidos enteramente a la dirección del anarcomasonismo, cumplían ciegamente las consignas transmitidas desde el exterior, sin descontar la influencia del catalanismo, que en el problema africano vivía completamente independiente y ajeno a los intereses del resto de España.
Portavoces de izquierdistas y separatistas eran, respectivamente, “El Progreso” y “El Poble Catalá”, que verdaderamente tenían bloqueados a los trabajadores, publicando de continuo incitaciones a la rebeldía, además de propagar un antimilitarismo que alcanzaba ya límites inconcebibles. Era “El Progreso” órgano de Alejandro Lerroux, y el 18 de julio (1909) proclamaba que los intereses de España en Marruecos se reducían a poner a cubierto a Melilla de todo intento de los moros, dándole una amplia zona de resguardo. Pero también añadía: “La única riqueza efectiva, real, no proveniente de diversidad de factores que la produzcan, son las minas ya en explotación por el trust que negocia con el Tesoro Público, y cuya alma es el marqués de Comillas.”
Asimismo no desperdiciaba ocasión para atacar a la religión, y criticó groseramente que algunas damas repartieran entre los soldados preparados para embarcar medallas y escapularios.
El número correspondiente al día 25 de julio fue, sencillamente, sangriento. Comentaba un suelto cierto artículo inserto en 'El Ejército Español, de Madrid, y apostillaba:
"Si en toda España, como cabe felizmente esperar, se produce un movimiento franco de rebeldía a esta guerra, nosotros no recularemos. Donde estábamos, estamos; donde estamos, estaremos".
En la misma plana donde tales comentarios se contenían, figuraba la siguiente siniestra convocatoria:
"¡REMEMBER!
Hoy hace setenta y cuatro años que no se celebraba ninguna corrida de toros en el antiguo circo, porque en 1835, como reza la copla, fueron asaltados y quemados los conventos, que ya en aquella época menudeaban en la ciudad, y la cercaban como fuerte muralla del despotismo religioso.
Aquellos tiempos de virilidad los recuerda la copla popular en esta forma:
El día de Sant Jaume
del any 35,
hi va haver gran gresca
dintre del torin.
Van a sortir set toros,
tots van ser dolents.
¡Aixó va ser la causa
De cremar els convents!
No quisieron soportar por más tiempo nuestros abuelos la dominación frailuna, y la rompieron, reduciendo a pavesas los edificios símbolo de la opresión. Hoy los tiempos han cambiado, prostituyéndose, por efecto de la cobardía ambiente, las palabras tolerancia, cultura, sensatez…
Desde aquella época un vago temor dominó a empresarios y autoridades, y en tal día como hoy no se celebraban corridas en el circo antiguo. La tradición vuelve, pero ¡ay!, que el gran cartel de la corrida de esta tarde no tendrá un epílogo de liberación."
“El Poble Catalá” realizaba, igualmente, una concienzuda campaña en pro de la revolución, pero empleando recursos menos groseros. En el número del 22 de julio anunciaba la insurrección diciendo que el pueblo “cuando se le cierran los caminos legales para hacer triunfar su voluntad, tiene todavía un medio de imponerla”.
Pero analizando concretamente la incitación inserta en “El Progreso”, podemos darnos cuenta de que el móvil revolucionario no iba directamente dirigido contra la guerra de Marruecos (que nada tenía que ver con la matanza de frailes e incendio de conventos de 1835 ni con la reproducción del objetivo que tan claramente se señalaba a las masas extremistas).
IV LA SOLIDARIDAD OBRERA
Eran aquellos momentos de extraordinario esplendor para la Solidaridad Obrera. De 49.645 militantes anarquistas que se calculaba existían en España, el 26,5 porciento, es decir, 13.181, pertenecían a la organización barcelonesa, lo que indica a las claras el auge del acratismo, eficazmente incrementado por la emigración a la industriosa población catalana de numerosos obreros procedentes de Aragón y Murcia, sobre todo, y por la estancia de refugiados de todos los países europeos, que encontraban en la antigua capital del Principado catalán el lugar ideal para pasar inadvertidos y el campo mejor abonado para toda clase de violencias.
Por su parte, tenía también existencia legal la Federación Catalana del Partido Socialista, que en el teatro Alegría de Tarrasa, celebró un mitin, del que fueron figuras principales Antonio Fabra Rivas, por los socialistas, y el libertario Mariano Castellote. Como primer paso de la acción revolucionaria se aprobó una moción contra la labor del Gobierno español en Marruecos, contra la distribución de medallas y escapularios y contra el envío a África de soldados, atacando directamente la acción civilizadora en el Protectorado.
Fabra Rivas, que dirigía el periódico “La Internacional”, afecto a su partido, propuso el día 23 de julio la verificación de un congreso nacional de las sociedades obreras, en el que se acordase la huelga general en toda España. Los socialistas aceptaron la propuesta de promover el conflicto, y fijaron el 2 de agosto como fecha para empezarlo, pero la notoria rivalidad de anarquistas y socialistas fue explotada por secretas cámaras, e hizo que los primeros se anticiparan.
Eran supremos dirigentes de Solidaridad Obrera José Rodríguez Romero y Miguel Vicente Moreno. El primero había figurado como reorganizador de la entidad y era íntimo amigo de Ferrer Guardia. En cuanto al segundo, nos bastará aclarar que a ratos aparecía como director de una escuela racionalista de Sans, directamente ligada a Ferrer.
Ambos elementos figuraron en el comité de huelga, que completaron Fabra Rivas, delegado socialista, y Francisco Miranda, por parte de los grupos libertarios.
(continúa...)
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