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Tema: El referendum de 1966 para perpetuar el franquismo (...98% de "síes")

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    Re: El referendum de 1966 para perpetuar el franquismo (...98% de "síes")

    Aquí, un artículo de Blas Piñar, en el primer número de la revista FUERZA NUEVA, ilusionado con el resultado prometedor de aquel referéndum de 1966:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 1, 14-Ene-1967

    DESPUÉS DEL REFERÉNDUM

    Por Blas Piñar

    La jornada del 14 de diciembre de 1966 ofrece al observados una plataforma segura para ciertas afirmaciones de base. Sobre ellas hay que seguir construyendo, a fin de que la voluntad popular vea con hechos tangibles que su respaldo a la política del Régimen ha refrendado lo hecho hasta ahora y estimulado, a la vez, a continuar la tarea emprendida.

    Ese respaldo tiene dos notas acusadas: el “sí” compacto de las clases trabajadoras y modestas, y el “sí” de la nueva generación, que ha nacido y crecido al amparo de una paz gestada en una guerra que conoce tan sólo por los libros o por el testimonio de sus mayores.

    Tales datos tienen una significación profunda, sobre todo cuando se especuló con exceso, y en ocasiones con intención malévola, sobre la lucha generacional, y cuando se ha querido dar la impresión, mucho más hacia fuera que hacia dentro, de que el sistema político que nació de la Cruzada era un Régimen vuelto de espaldas al signo de lo social.

    Lo cierto es, sin embargo, que pese a la propaganda adversa, consentida con amplia generosidad entre nosotros, las masas -por emplear un lenguaje que tanto gusta a otros sectores- y la juventud -sobre la cual el campo adverso no disimula sus asechanzas de rapto ideológico- se han volcado de un modo afirmativo , oponiendo con el “sí”, un “no” tajante a la reacción de los que ahora, por motivos tácticos, utilizan un lenguaje que no utilizaron nunca o que si utilizaron fue sin la constancia evidente de unas realizaciones que les dieran entidad y valor.

    El Jefe del Estado ha repetido, sin hartarse, que nuestro Régimen enlazaba lo nacional y lo social, inspirado en la doctrina cristiana. Nadie que analice con nobleza la obra de estos años podrá negar que pese a dificultades sin cuento, y que se hallan en el ánimo de todos, el país, socialmente hablando, ha roto la losa de la injusticia que, como dijera José Antonio, ahogaba, junto a la ausencia de un auténtico patriotismo, la vida de la nación.

    Lo que no consiguieron jamás los marxistas de cualquier partido, con huelgas y motines, ni los grupos con etiqueta confesional, con sus declaraciones sobre el papel, lo ha llevado a término el Régimen de Franco, con armonía y con suavidad, con prudencia y con amor. De este modo, muchos de los que combatieron a Franco con las armas y con las ideas han sido ganados con los hechos para su causa, y le han prestado el 14 de diciembre su apoyo personal, apoyando su política.

    Los cuadros leales, a los que incumbe la responsabilidad del quehacer político, tienen la obligación de seguir abriendo cauces a este aliento popular y juvenil, sin la zozobra permisible a quienes piensan que actúan en el vacío, por su despegue del estado general de conciencia. De acuerdo con el mismo, es necesario rematar la obra emprendida, cuando el Fuero del Trabajo ponía de relieve que la España nacional iba a muerte y a la victoria no sólo por la Patria sino también por la justicia.

    Para ello, hay que afianzar el signo de lo nacional con una política descentralizadora que dé vida a los cuerpos intermedios, y acabe con las intentonas de una vuelta a los reinos de taifas, y consolidar el signo de lo social, conforme a los postulados irrenunciables que dieron vida al Régimen, a la aplastante mayoría popular que le respalda y a las exigencias de un orden cristiano en el que siempre quiso inspirarse nuestra política.

    Sería ingenuo estimar que todos e ha logrado, e incluso que en los logros que hoy pueden enumerarse y hasta exhibirse, no hay defectos e imperfecciones. Tales defectos e imperfecciones existen, pero no nos asustan, puesto que constituyen algo que es propio de las empresas humanas, por pura que sea la intención, íntegros los hombres y ágiles los medios. Lo que nos asustaría es que la contemplación de tales imperfecciones y la contraofensiva reaccionaria, que hoy se viste con disfraces muy varios, paralizara o hiciera temblar la decisión rectora, no ya de quien preside la tarea política, sino la de sus colaboradores y ejecutores inmediatos.

    El Régimen descansa sobre el pueblo, porque se ha convertido en su intérprete. La exclamación de la humilde limpiadora en vísperas del Referéndum: “¿qué pasará si los ricos nos quitan a Franco?” es aleccionadora. Nuestro pueblo tiene su esperanza puesta en Franco y en las instituciones a que él, para continuarle, llene de inspiración y de vida.

    Sin demagogia, como dice la declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal española, de 29 de junio de 1966, hay que ir a la “realización del bien”, compatible, naturalmente, con la prudencia, aunque entendida “no como temerosa atenuación del ideal, sino como el camino para realizarlo lo mejor posible”.

    En este aspecto FUERZA NUEVA, como semanario y como haz de voluntades integradas en el Movimiento, prestará su entusiasta e incansable adhesión a quienes patrocinen y lleven a término la política social, estimulando y aguijoneando para que sea más dinámica y ancha, más operante y perfecta.

    Si la propiedad privada debe fomentarse, pues asegura a cada uno aquella zona necesaria de autonomía personal y familiar, sin la que el hombre no es libre, la autoridad debe impedir que se abuse de la propiedad privada en contra del bien común, pues los bienes de la tierra y el producto del esfuerzo humano deben servir para todos, mediante una justa distribución. A este destino universal de los bienes han de subordinarse todas las formas legítimas de organización y de propiedad.

    A estas afirmaciones, la doctrina conciliar agrega que en la vida económica el trabajo humano ha de ser estimado por encima de los demás elementos, y que la finalidad fundamental de la producción no es el mero aumento de los productos, ni el lucro, ni la posibilidad de ejercer dominio, sino el servicio del hombre entero, tomando en consideración tanto el orden de sus necesidades materiales, como las exigencias de su vida intelectual, moral, espiritual y religiosa.

    Si tales postulados han de servir de norma a quienes en el orden práctico los han desconocido, confirman sin reservas la política social del Régimen, que no debe encontrar obstáculos ni enfrentamientos, como no sean de matiz, al deliberar y disponer qué bienes y en qué condiciones han de transferirse a la propiedad pública, y al poner en marcha planes para el desarrollo económico y social que palíen los desequilibrios entre las regiones, protejan el sector agrario, contribuyan a una utilización más justa del suelo, satisfagan la creciente necesidad de una vivienda digna, promocionen sistemas de cooperación y de compensación que inspirados en el bien común no ahoguen el potencial económico de las empresas, hagan viable la activa participación de todos sus miembros en la gestión de las mismas, sin pérdida, claro es, de la necesaria unidad de dirección, y articulen un sistema fiscal eficiente y equitativo que revierta en beneficio del país y más concretamente de los sectores infradotados.

    Todo ello es compatible con el estudio serio y meditado, con el examen sincero y realista de nuestros medios y posibilidades, con los ensayos a pequeña escala para comprobar aciertos y errores. Pero ninguna ocasión más propicia, más llena de calor humano, más impregnada de identificación popular, que la iniciada el 14 de diciembre de 1966 para continuar y perfeccionar hasta donde lo consientan nuestro coraje, nuestra honradez y nuestra economía, el quehacer político de un Régimen que quiere una España, espiritual y materialmente, de todos y para todos los españoles.
    Última edición por ALACRAN; 01/04/2020 a las 17:11
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: El referendum de 1966 para perpetuar el franquismo (...98% de "síes")

    Las elecciones durante el franquismo, un tema poco conocido y tapado bajo la losa y el prejuicio "dictatorial" que sobreentiende que bajo Franco no hubo Cortes ni elecciones de ningún tipo.

    Aquí, un artículo de El País de 1977 sobre el tema electoral durante el franquismo, relativo especialmente a Madrid. Proviniendo de tal periódico se presume la hostilidad y tendenciosidad del contenido.


    Las elecciones del franquismo

    Javier García Fernández
    23 ago 1977

    Profesor de Derecho Político

    A partir de 1939 carece de sentido, hablar de comportamiento electoral en España, pues sin sufragio universal ni libertades públicas no se pueden estudiar seriamente unas elecciones (*). Entre 1947 y 1976, se convocan en España tres referendums, dos elecciones para procuradores en Cortes de representación familiar y ocho elecciones municipales para elegir concejales del mismo tercio, pero los tres referendums se desarrollan en un clima de ausencia de libertades y de coacción sicológica, y en las elecciones municipales y legislativas el cuerpo electoral resulta bastante reducido. Por todo esto, las referencias que haremos al comportamiento seudo-electoral de los madrileños son levemente indicativas.

    "Las elecciones municipales de 1948, plantearon por primera vez desde la guerra civil el enfrentamiento entre varias opciones políticas. Evidentemente, la restriccián del cuerpo electoral, limitado a los cabezas de familia, indica la credibilidad que podía inspirar el llamamiento. No obstante, en toda España se enfrentaron candidatos oficiales del «Movimiento» y candidaturas no oficiales. En Madrid se enfrentó una candidatura «política», compuesta por personas sumamente conservadoras pero no falangistas, y otra candidatura que representaba a algunos sectores mercantiles de la ciudad. El resultado fue 113.456 votos para el candidato que encabezaba la lista «política» (Calvo Sotelo) y 43.707 para el primer candidato de la lista. «mercantil» (Barreras), registrándose una abstención del 40 % del censo.

    En otras dos ocasiones se volverá a repetir el enfrentamiento electo ral municipal entre candidatos del «Movimiento» y monárquicos un tanto desvinculados del franquismo. En 1954 -quizá la ocasión más conocida- una candidatura monárquica compuesta por Joaquín Calvo Sotelo, Torcuato Luca de Tena, Fanjul y Satrústegui se enfrentó a la candidatura oficial y a otra independiente. Los hombres del «Movimiento» obtuvieron en tre 233.000 y 223.000 votos, en tanto que los monárquicos consiguieron 54.000 y 51.000 votos. El resultado tiene su importancia, tanto porque el Gobierno hizo todo lo posible para combatir a los monárquicos (el general Franco Salgado llega a hablar de pucherazo), como por el hecho de que la derecha más distanciada de Franco en aquellos momentos consiguiera un 16 %de los votos.

    En 1966, se volvió a repetir el intento, pero con resultado muy diferente: con una abstención del 67 % del cuerpo electoral, los candidatos oficiales consiguieron ridículas votaciones que oscilaban entre 22.000 y 7.000 votos, mientras que los monárquicos (que representaban candidatos mucho menos conocidos) no rebasaban los 7.600 en el mejor de los casos. Con estas tres excepciones, las elecciones municipales para el tercio de re presentación familiar han sido un medio para introducir en el Ayuntamiento a los representantes de los grupos de presión municipales, es pecialmente a los intereses inmobiliarios. Las elecciones para elegir dos procuradores de representación familiar han carecido incluso del leve dramatismo de algunos de los comicios municipales. Introducida por la Ley de Representación Familiar de 1967 -en desarrollo de las reformas establecidas por la ley Orgánica del Estado- la figura del procurador familiar no ha alcanzado en Madrid el carácter moderadamente inconformista que ha distinguido a algunos padres de la patria.

    En las elecciones de 1967 -las primeras celebradas por su fragio directo, aunque no universal- el abanico que se ofrecía al electorado madrileño giraba entre la extrema derecha falangista y algún hombre del régimen matizadamente contestatario como Fanjul o Cantarero. Esta clase de candidatos y la propia naturaleza de las elecciones no permitieron ofrecer una idea clara de lo que pensaba el electorado madrileño, aunque el factor curiosidad sirvió probablemente para reducir el abstencionismo. No obstante, de un censo electoral de 1.565.777 personas sólo votaron 872.099, lo que da un abstencionismo del 44,3 % en el municipio madrileño. Este índice de participación es más bien bajo, pues sólo hubo otras doce provincias donde la participación no llegó al 55%.

    En las elecciones de 1971, el absentismo creció en toda España y en el municipio de Madrid sólo votaron 542.670 electores de un censo de 1.709.086, lo que da un índice de abstención del 68,3 %, que es muy superior a la media nacional del 50 %. La explicación es lógica: al escepticismo que inspiraba la figura del procurador familiar tras la experiencia de la legislatura de 1967 se agregó la falta de atractivo de todos los candidatos, ninguno de los cuales ofrecía siquiera la imagen contestaria de otros procuradores, como Esperabé, Escudero o Tarragona. Como se ve, el madrileño ha sido sumamente escéptico ante las convocatorias electorales del franquismo. Aunque no es fácil desglosar la participación media del electorado del municipio, el índice de la provincia se aproxima al índice nacional de 1967 (35,6 %).

    Finalmente, quizá sea en los referendums donde mejor se observaron las transformaciones socio-económicas que ha experimentado la capital del Estado. En 1947, los madrileños participaron en un 87,2 % del censo electoral (723.131 sobre 828.538), de los que el 72,5% del electorado votó afirmativamente y el 10 % lo hizo negativamente. De estos datos se deduce que el 23,5 % del cuerpo electoral madrileño dio un voto de oposición antifranquista (abstención, voto negativo o voto nulo), si bien las cifras oficiales no ofrecen ninguna credibilidad.


    En 1967, el voto de oposición alcanzó el 17,9 %, pues sobre un cuerpo electoral de 1.904.617 votó sí el 82 %. Este porcentaje equivale a la media nacional del 85,5 % pues sólo dos provincias bajaron de esa cifra. No obstante, el montaje publicitario de 1966 fue quizá el más llamativo de los tres referéndums y esas cifras -más que en otras convocatorias- no ofrecen la menor credibilidad. Por último, en el referéndum de 1976 el 22 % del electorado madrileño siguió las consignas de abstención de la oposición democrática, a los que hay que agregar 51.865 papeletas en blanco y 5.000 votos nulos. Es un porcentaje superior a muchas capitales y provincias, aunque tampoco resulta excesivamente desproporcionado.


    https://elpais.com/diario/1977/08/23...61_850215.html

    (*) Comentario mío: que "sin sufragio universal ni libertades públicas no se pueden estudiar seriamente unas elecciones" es una opinión liberal; el Magisterio católico tradicional no contemplaba el "sufragio universal" (equivalente al plebiscito sin límites que da poder de cambiar "patas arriba" el orden cristiano por el capricho de la mitad más uno de los votantes; y las "libertades públicas" ("libertades de perdición") estaban restringidas, reconociéndose una libertad de expresión moderada según materias y excluyendo el absoluto derecho de reunión y asociación. Ello era imperativo del Magisterio tradicional, no un capricho de Franco, debe aclararse.
    Última edición por ALACRAN; 16/10/2020 a las 18:37
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