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Tema: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

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    Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Escasean (por no decir que son inexistentes) en internet, para desgracia de los interesados, los innumerables y espléndidos discursos de Blas Piñar en su época mítica. Intentaremos remediarlo.

    Este hilo complementa y se vincula a
    : Revista ‘Fuerza Nueva’: de la muerte de Franco a la Constitución (1975-78)

    He aquí uno celebrado en Pedreguer (Alicante), el 8-XII-1975, dos semanas después de la muerte de Franco, donde se aprecia la coyuntura de la época; y que concluye con tres lealtades y un programa nacional de diez puntos:


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 468, 27-Dic-1975


    DISCURSO DE BLAS PIÑAR EN PEDREGUER (ALICANTE) EN LA CLAUSURA DE LAS VII JORNADAS DE DELEGADOS DE FUERZA NUEVA

    Sean mis palabras iniciales de agradecimiento a quienes en Pedreguer se han desvivido para que este acto pudiera celebrarse.

    Con este acto se clausuran las VII Jornadas de Delegados de FUERZA NUEVA. Estas jornadas, de modo tradicional, se venían celebrando en la hospedería del Valle de los Caídos, de Madrid. Este año nos hemos visto forzados a cambiar el lugar de nuestras reuniones tradicionales. Los signos de los tiempos obligaron al abad mitrado del Valle de los Caídos [Luis María de Lojendio, abad entre 1968 y 1979], a prohibir nuestra Asamblea en un recinto que es para nosotros sagrado porque consideramos que aquella basílica, su monasterio y su hospedería, allí, en lo alto de la sierra de Guadarrama, vienen a ser como un altar de la patria, venerado por todos los buenos española.

    1. SIN BENEFICIO DE INVENTARIO

    Recibí una carta del abad en que justificaba su negativa a la reunión so pretexto de que nosotros éramos un grupo político y que la basílica, el monasterio y la hospedería debían quedar ausentes de la política, para dedicarse únicamente a lo espiritual, a lo que tuviese carácter religioso estricto. Yo le contesté, por escrito naturalmente, y la carta no ha tenido réplica, ni siquiera cortés, diciéndole lo que sigue: “Señor abad, si es cierto que nosotros somos un grupo político fiel, radicalmente fiel al 18 de Julio, fiel a la sangre vertida que hizo posible que se levantasen en la serranía del Guadarrama ese templo y esa cruz que quiere proteger a todos los hombres de España. (Aplausos incesantes). No olvide señor abad que nosotros nos consideramos en nuestro tiempo, a la altura de 1975, herederos y continuadores, si es preciso sin beneficio de inventario, de los ideales de la Cruzada; no se olvide que las dos agrupaciones políticas que se dieron cita para aquella contienda salvadora de la Patria fueron la Comunión Tradicionalista, que creo, señor, que fue fundamentalmente católica, con su lema de “Dios Patria, Fueros y Rey” (inmensa ovación del público puesto en pie), y la Falange Española, que en el pensamiento clásico, perfecto, de José Antonio, fue profundamente católica, profundamente cristiana, de manera que, por encima de cualquier otra consideración racista o totalitaria, estimó que el hombre es portador de valores eternos y que sobre el hombre, así considerado, descansa el esquema político nacional. (Ovación entusiasta).

    Si esto es así, señor abad, usted tiene, con todos los respetos, dos soluciones: si usted hubiera admitido en el recinto del Valle de los Caídos a José Antonio y a sus amigos, para celebrar una reunión de un grupo político, pero de un grupo político sinceramente religioso, ¿por qué cierra las puertas a los que nos sentimos continuadores de ese pensamiento político nacional? Y si usted hubiera cerrado en 1975 las puertas a José Antonio y a sus amigos, por favor, sea usted sincero, arranque usted a la basílica el nombre del Valle de los Caídos (larga ovación) y devuélvanos los restos de José Antonio, que usted se ha comprometido a custodiar”. (Se repite la ovación, que dura largo rato).

    2. EN TIERRAS ALICANTINAS

    Sin embargo, este cierre hermético y peyorativamente discriminatorio para FUERZA NUEVA ha tenido como compensación el que hayamos venido a tierras de Alicante, a las que yo, personalmente, y por razones de convivencia y de afecto, estoy vinculado de un modo especial. Y ha sido en el término de Elche donde han podido celebrarse en paz, en silencio y en comunidad de ideas y actitudes, estas Jornadas Nacionales. Hemos venido a tierras alicantinas e ilicitanas, y hemos recibido el triple saludo del sol, del mar y las palmeras.

    Y así como he iniciado mi capítulo de gracias con las que he tributado al pueblo de Pedreguer y a quienes se hallan al frente de su administración municipal, quiero también expresar mi agradecimiento, en nombre propio y en nombre de los jornadistas, a las delegaciones de FUERZA NUEVA en Elche y en Alicante, que se han esmerado en la organización e incluso en las atenciones personales con nosotros.

    La prohibición del abad Valle de los Caídos hizo imposible tanto la reunión bajo la sombra amorosa de su Cruz como el acto sublime de depositar cinco rosas, como una ofrenda de sentimientos y de oraciones sobre la tumba del Fundador, rosas que en esta ocasión se hubieran multiplicado, para desde la lápida mortuoria de José Antonio, que está delante del altar y el coro, a depositar otras cinco rosas en la tumba del artífice del Estado nuevo, Francisco Franco, vencedor de la guerra y príncipe de la paz. (Ovación entusiasta).

    3. CINCO ROSAS

    Como compensación hemos acudido con religioso silencio al lugar mismo donde la sangre de José Antonio, el capitán y el poeta, fue sacrificada y salpicó la tierra de España, a la que amó entrañablemente porque no le gustaba. Y este amor ascético por la Patria, que le embanderó al servicio de un gran ideal, lo hemos recordado y rememorado nosotros ante la cruz de madera, bien austera y sencilla, por cierto. Y allí, después de escuchar la oración de los caídos de Sánchez Mazas, con lágrimas en los ojos y firme posición, después de rezar con el padre Venancio Marcos un padrenuestro, que es a un tiempo encomendarnos a José Antonio privadamente, y pedir por José Antonio, si le fuese preciso, al Dios Padre, nos hemos acercado con lentitud hasta la cruz austera y sencilla, para depositar a sus pies, emocionadamente, nuestras cinco rosas, rogando al Señor que el perfume de las rosas de España, de 1975, se mezcle con el perfume de las rosas de España de todos los años de la paz, para que la paz sea permanente entre nosotros, para que nuestras juventudes se sientan orgullosas de tener un héroe y un capitán, que ha muerto físicamente, pero que no muere porque su ideal continúa vivo y permanente entre nosotros. (Ovación entusiasta).

    Al pie de la cruz, cara al recuerdo de esa sangre, que es como el aval y el testimonio de una ideología tan noble y tan elevada que por ella fueron y son capaces de morir los jóvenes, sentimos hasta lo más hondo de nuestro corazón lo que es España, la España múltiple y diversa, pero la España una, unida, la España que en su unidad labra su grandeza y su libertad. Yo no sé si José Antonio y sus jóvenes escuadristas de entonces pensaron en el simbolismo que encierran las cinco rosas, porque las rosas no son tan sólo perfume y oración de la Patria, de la tierra que se espuma y florece en el rojo-sangre encendido de los pétalos; yo creo también que esas cinco rosas son los cinco reinos de la Edad Media, aquellos cinco reinos que los Reyes Católicos fundieron para siempre con el nombre de España.

    4. DESDE BADAJOZ

    Hace unos días, después de la muerte de Franco –cuyo nombre con el grito ritual de ¡presente! figura al fondo de este escenario, nombre y ¡presente! que pasearemos por España mientras dure el luto nacional-, y después de la coronación del Estado, al jurar ante los Evangelios fidelidad a la Constitución [LEYES FUNDAMENTALES] y a los Principios que informan el Movimiento Nacional el que entonces era Príncipe y hoy es Jefe del Estado con el título de Rey, celebramos un acto en Badajoz, en la capital de la Baja Extremadura. En el teatro, lleno hasta rebosar, no sabíamos si llamaba más nuestra atención el número de personas allí congregadas al conjuro de unos ideales o el entusiasmo de la multitud. En esa ocasión expusimos el pensamiento de FUERZA NUEVA y nuestra postura ante la Monarquía instaurada y recobrada de todo veneno liberal. Allí afirmamos que nosotros apoyamos sin condiciones de ninguna clase a la Monarquía tradicional española, a la Monarquía que se enlazaba y se enhebraba con la Monarquía nacional de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Y hacíamos ver que lo que no es posible de ninguna manera es que, por la maniobra y el subterfugio de las presiones externas e internas de los enemigos larvados o declarados de España, la Monarquía tradicional que ha jurado el Rey pueda ser escamoteada para convertirse otra vez en una Monarquía liberal que con los vicios del liberalismo acabe no sólo con la propia Monarquía, sino también con la esencia histórica y con la unidad de nuestra Patria. (Inmensa ovación del público puesto en pie).

    5. EN PROTESTA ENARDECIDA

    Muchos españoles, millones de españoles, callados y silenciosos, que han estado dedicados a su trabajo, a su oficio, a su profesión, de bruces en la lucha por la vida, hoy pueden salir y dar un paso hacia adelante, porque al pueblo, al pueblo de España no se le puede convocar simplemente para unas elecciones a concejales de Ayuntamiento, porque es posible que estas elecciones le tengan sin cuidado, especialmente cuando tiene confianza en el hombre que rige, al servicio de España, los intereses comunes; pero cuando el pueblo de España, el que parece indiferente por el quehacer político, sabe que esté en juego el alma de la nación, la unidad de la Patria, la paz de los españoles, se manifiesta, sale a la calle, como salió aquel 17 de diciembre [1970] a la plaza de Oriente de Madrid y a las plazas de Oriente que son todos los pueblos de España, en protesta enardecida contra la injerencia extranjera que quería imponernos el liberalismo o el comunismo, y por medio del terror pretendía turbar nuestro presente y ennegrecer nuestro futuro. Ese pueblo salió el 1 de octubre para decir a un Caudillo anciano que seguíamos gritando ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! Ese pueblo se alineó en colas largas, silenciosas, respetuosas, interminables, aguardando catorce y dieciséis horas, no para pedir aumento de salarios, exigir reivindicaciones o formular quejas, sino para rendir su último homenaje, con oración y con amor, al que fue Jefe y prácticamente Rey natural de todos los españoles. (Interminable ovación del público puesto en pie, que impide continuar al orador).

    Ese pueblo, amigos y camaradas, está ahí. El buen vasallo está en las casas, en los campos, en los talleres, en los barcos de pesca, en el Ejército, en las fuerzas de orden público, en la juventud, en las mujeres. Ese pueblo está ahí: que nadie trate de confundirlo, que nadie trate de desmoralizarlo, que nadie trate de agarrotarlo, para quitarle fuerza y empuje: porque si la clase dirigente del país se traiciona a sí misma –los mismos que gobernaron con Franco y quieren gobernar en el futuro con esa supuesta Monarquía liberal que rompa con el Movimiento y con la España del 18 de Julio-, habrá hombres y mujeres en España que saldremos a convocaros y a organizaros para que… (una inmensa ovación impide continuar al orador y recoger sus palabras).

    6. LA PEOR DICTADURA

    Por eso, permitidme que repita, porque es necesario repetirlo, ya que no tenemos posibilidades de multiplicar nuestra voz y nos están vedados los grandes medios de comunicación social, incluso del Estado, que cuando en estos días trascendentes para España la Televisión iba recogiendo los puntos de vista de los españoles que creyó autorizados u obligados a exponer su criterio, también se solicitó el del que os habla ahora, consejero nacional del Movimiento, designado por Francisco Franco –lo que constituye mi mayor timbre de honor y un compromiso de fidelidad mientras vivió, pero sobre todo después de su muerte-, (Aplausos). Pero da la casualidad de que mi punto de vista –ignoro los motivos- no se dio a conocer a los telespectadores, porque la peor censura es la de los liberales y la peor dictadura es la dictadura de la democracia liberal, que deja a los hombres afónicos. (Ovación).

    En Badajoz dejamos constancia (se nos podrán imputar muchos defectos y muchas imperfecciones, cosa que por otra parte es propia de humanos, pues si no, seríamos ángeles; pero no se nos podrá imputar nunca ni calificársenos de insinceros, de actuar con máscaras o veladuras, de tratar de que nuestras ideas discurran más fácilmente envueltas en la insinceridad untuosa de que tantos politicastros hacen gala en estos momentos difíciles de nuestro pueblo) de que mientras el Estado nacional continúe y trate de permanecer, no obstante las vicisitudes de los tiempos, fiel a la ideología vitalizante del 18 de Julio, mientras la vida política española quiera discurrir por el cauce, amplio sin duda, pero con sus fronteras y limitaciones, del Movimiento Nacional –fronteras y limitaciones para aquellas ideologías, como indicaba don Marcelo González, en su homilía de la plaza de Oriente, que tratan de disolver la integridad de la nación-, nosotros estaremos con el Estado nacional y con el Movimiento, y no estaremos en el juego equívoco , que divide a los españoles, del asociacionismo político. Pero si llegamos a entender claramente o se nos dice de forma definitoria que el Estado nacional está caducado, que el Movimiento está periclitado, que cuanto supuso la ideología del 18 de Julio queda arrinconado en la penumbra de la Historia, y que, por consiguiente, y so pretexto de aproximación a Europa y de reconciliación de los españoles, vamos a un Estado liberal, entonces, en nombre de ese liberalismo y de la democracia inorgánica, nosotros, que no queremos jugar a los partidos políticos disfrazados de asociaciones, compareceremos en la vida pública como partido político auténtico, que va a luchar. (Inmensa ovación que no permite recoger las palabras del orador).

    7. LEALTAD NO ES ADULACIÓN

    Se abre con la coronación del Rey y con su juramento una etapa nueva en la historia política de España y en la historia política del Régimen español. Una época que nace, claro es, cargada de esperanzas, y hoy, después de los últimos acontecimientos, más que de esperanza, de expectativas y de inquietudes.

    Hablamos y hablaremos con la misma lealtad que nos ha caracterizado durante el periodo de gobierno de Franco, en el que la lealtad no la confundimos con la adulación.

    Los que adularon a Franco son ahora sus primeros hipercríticos, y la conducta moral del adulador es idéntica al del que lo critica todo. La única conducta moral seria en la vida personal, familiar y política consiste, en nombre de la lealtad, en decir con lealtad al jefe cuándo creemos que se equivoca, y si no obstante decirle que se equivoca insiste en la equivocación, cuando llega el momento de cosechar las consecuencias desastrosas de su medida, no lanzarle pellones de basura, sino ponernos incondicionalmente a su lado para defenderle de las consecuencias de su error. (Ovación).

    Esta es y será también ahora nuestra línea de conducta, a partir del momento inicial de esperanza o de inquieta expectativa, de la etapa que acaba de iniciarse.

    No es ése el camino. No es el camino, señores del Gobierno, el camino del indulto que acabáis de conceder. No porque nosotros no seamos partidarios de la generosidad y de la benevolencia. En Zaragoza, a raíz del acto que organizó FUERZA NUEVA el pasado 9 de noviembre, decíamos, hablando del indulto, en una entrevista a un diario local: naturalmente que el Jefe del Estado debe comenzar su periodo de gobierno con un indulto o con una amnistía de la generosidad y, por consiguiente, para los delitos menores comunes y políticos, porque si excede de los límites de la benevolencia, el adversario no lo interpretará como benevolencia sino como debilidad. (Aplausos).

    Pero el indulto ha tenido tal amplitud que, antes de que los Tribunales de Justicia se pronuncien sobre los hechos y dicten sentencia, se conmutan las posibles sanciones nada más y nada menos que a los asesinos de Carrero Blanco y a los autores del crimen brutal de la calle del Correo, de Madrid. (Ovación).

    8. ¿SON HÉROES NACIONALES?

    Interpretado el indulto no como signo de benevolencia, sino como signo de debilidad, se tiene la impresión de que se ha extendido una alfombra de laurel a los que salen de las prisiones. Basta para entenderlo así con asomarse a las páginas de la prensa de todo tipo, incluso la oficialista, que presenta a los indultados como héroes nacionales acreedores a fotografía de primera página, en las que aparecen sonriendo y aptos para ganar la simpatía de los lectores. No salieron con el ánimo contrito, arrepentido y agradecido del que sabe que el indulto y el perdón son fruto de la misericordia y hasta de la elegancia de quien acaba de constituirse en autoridad, sino con el coraje del triunfo y de la victoria.

    Por eso, inmediatamente después de su liberación, como si les faltase tiempo, no para reconciliarse, sino para la revancha, los que salían de las cárceles tomaban las riendas de los cuadros de acción del Partido Comunista, del FRAP y de ETA. Empezó la cosa con el asesinato del jefe local del Movimiento de Oyarzun, en Guipúzcoa [Nov. 1975], y ha continuado con la comparecencia pública de uno de los jefes de la subversión en la Universidad de Valladolid, para arengar a los estudiantes, y la de Marcelino Camacho en una de las Facultades de la Autónoma de Madrid, en compañía de Ruiz-Giménez, y luego en la recepción a García Salve.

    La propaganda subversiva se repartió sin demasiadas complicaciones, hubo grupos de manifestantes en sitios diversos, se levantó el puño, se ofendió gravemente a Franco y al Rey, se lesionó a un capitán de la Policía Armada. ¿Qué se podía esperar? Pero la pregunta adecuada no es ésta. La pregunta adecuada debe inquirir al responsable. (Gritos entre el público.) Y el responsable no es García Salve, ciertamente, ni el funcionario que cumpliendo órdenes abrió disciplinadamente la puerta de la cárcel, sino el que dio la orden, sabiendo por experiencia viva de lo que ocurrió en España, y por experiencia de lo que hoy sucede en los países subyugados por el comunismo, que todo puede terminar otra vez en el asesinato y en el martirio, en el desorden y el caos. Olvidar todo esto, cuando de oficio se tiene la custodia del bien común, de la paz y del futuro, es una blasfemia contra la Patria, un desprecio a la lección todavía reciente que nos ofreció la Providencia. (Inmensa ovación).

    9. AFRENTA AL REY

    No es ése el camino. Como no lo es el cambio de mentalización que se intenta, confundiendo y escandalizando al pueblo sencillo, al indicar que la presencia en España de ciertos jefes de Estado europeos con motivo de la proclamación y del juramento del Rey quiere decir que Europa nos mira con ojos de bendición y complacencia. Se ha llegado a escribir en uno de los principales rotativos nacionales que no debe preocuparnos excesivamente la injerencia del exterior, puesto que con ella, y con cuanto supone de evolución y de cambio político, están de acuerdo la inmensa mayoría de los españoles. Se nos dice, incluso, que son constantes las llamadas telefónicas del presidente de la República francesa al palacio de la Zarzuela y que Giscard lleva muchos años atento a los asuntos de España, como por ejemplo, digo yo, al de dar cobijo a los terroristas de ETA, a los que ha protegido con descaro. (Ovación).

    Esto, a mi juicio, supone no sólo una afrenta para el pueblo español, que se ha manifestado contra la injerencia extranjera realizada tanto por medio del terrorismo como de los consejos, las recomendaciones, de las presiones y es posible que hasta de las órdenes, sino también para el Rey de España, porque se está dando la impresión, hacia fuera y hacia dentro, de que el Rey de España, lejos de ser soberano, no es otra cosa que una especie de virrey o de gobernador general que el presidente de la República francesa hubiera nombrado para el territorio español. (Inmensa ovación del público, puesto en pie.)

    En esta línea de pensamiento, un periódico de la difusión y la responsabilidad del «New York Times», que excuso indicaros los intereses económicos a que responde, hablando del tema español y del momento actual de España, expone su tesis en un editorial que he traído ante vosotros. ¡Con qué sutileza se amenaza! Después de hablar del proceso discutible, según su mentalidad democrática, por el cual Juan Carlos llegó a ser Jefe del Estado dice así: “Desde cualquier punto de vista, pero en particular en aras de la unidad nacional, de la paz civil y la prosperidad económica, es imperativo (el subrayado es mío) que España empiece sin retraso la restauración de la libertad y la construcción de una sociedad democrática, a tono con la que hay al otro lado de los Pirineos. Si tiene audacia bastante para convertirse en el abanderado de esa tarea esencial, el Rey Juan Carlos I obtendrá el poderoso apoyo de la Comunidad Europea, que ha dejado bien claro que daría una entusiasta bienvenida como miembro a una España democrática. Una actuación de tal naturaleza tendría también el apoyo generoso de Estados Unidos, para los cuales una España libre sería un socio más confiable y útil.

    ¿Os dais cuenta de cómo se está aprovechando este momento de España para tratar de confundirnos, para presionar a la clase dirigente y para influir en la cabeza que rige los destinos del Estado? Se está jugando con el futuro, con la paz y con el bienestar de los españoles.

    10. NO QUEREMOS LAS LIBERTADES DEL TERROR

    No es ese el camino. Y como no es ese el camino tenemos que decir, con esta advertencia, que no es gratuita, que nos oponemos desde nuestra posición de lealtad al 18 de Julio, a que se nos otorguen las libertades de que se disfruta más allá de los Pirineos, porque esas libertades terminan con la sagrada libertad del hombre, porque en nombre de esas libertades hay pueblos esclavizados, porque el liberalismo, que no tiene mística, y corrompe con la droga, el erotismo y la pornografía, deja a los pueblos sin valor para enfrentarse con sus enemigos mortales (ovación), porque, en suma, no queremos las dos libertades de actualidad en Europa: la del aborto y la del terror.

    Ya sabéis que el aborto ha sido legalizado en muchos países, y no hace mucho en Francia, durante la presidencia del católico Giscard, que hace unos días fue recibido por el Papa, para hablar entre otras cosas del tema español y no sabemos si también de los miles de niños franceses a los que se asesina con toda legalidad en nombre de las libertades democráticas. (Inmensa ovación).

    Nosotros no queremos libertad para el asesinato, y menos para el que se perpetra sobre quien, como un niño en el vientre de su madre, no tiene ninguna posibilidad de defenderse. Por eso nos repugna la actitud de la democracia cristiana de Italia, que ha admitido el aborto con tal de que se declare delito no punible, desconociendo con esta lamentable contradicción la naturaleza misma del Derecho Penal y creyendo sin duda que de este modo salva su escrúpulo de conciencia.

    Por otra parte, tampoco queremos la libertad para el terror. Habéis visto las escenas terribles del tren secuestrado en Holanda y los crímenes que con tal ocasión se han cometido. Yo no sé cómo va a resolverse la situación, ni sé tampoco cuáles serán las sentencias que se dicten; pero como los Tribunales de Justicia de Holanda declaren que los secuestradores son reos de pena de muerte o de la pena máxima según su ordenamiento jurídico, yo invitaré a los españoles a que salgan en manifestación protestando contra las sentencias. (Entusiasta y prolongada ovación.) [Ironía frente a la protesta de las democracias europeas contra las ejecuciones de terroristas en España dos meses atrás].

    (…)

    11. TRES FIDELIDADES

    ¿Cuál es nuestra postura ante una situación que exponemos con absoluta claridad, a la española, que es el único modo de captar la simpatía o el odio de nuestras gentes? Desde luego, nuestra postura no es turbia ni almibarada, no es una postura de centro, equilibrada y equilibrista, que no puede seducir ni entusiasmar a nadie.

    Nuestra postura se ahínca y enardece en la proclamación de tres fidelidades:

    I. Fidelidad a la carga ideológica del 18 de Julio de 1936

    Para nosotros –lo hemos dicho muchas veces- el 18 de Julio no es una hoja del calendario que se arroja al cesto de los papeles. Es una fecha que envuelve y cobija un ancho contenido político. Cuando se habla de 1789 o de 1917 no se alude a un año concreto, se alude a dos revoluciones, a la revolución burguesa y a la revolución marxista. De igual modo, cuando nosotros hablamos del 18 de Julio, no nos referimos a una fecha, ni tampoco solamente a un alzamiento militar, sino que hablamos de una Revolución en marcha que se pone al servicio de la antigua Tradición española.

    Nosotros somos fieles al 18 de Julio, pero sépase que cuando hablamos de lealtad al 18 de Julio nos estamos refiriendo a las fuerzas políticas que se dieron cita para la cruzada y que convocaron al pueblo español para que España continuara viviendo. Esas fuerzas políticas, junto a un sector importante de nuestros Ejércitos, fueron: el Tradicionalismo, que durante muchos años mantuvo la bandera de la españolía frente al afrancesamiento europeizante, como dijo Francisco Franco, y la Falange, que tuvo su expresión más autorizada en el pensamiento clásico y moderno a la vez, juvenil y poético, electrizante y sugestivo de José Antonio Primo de Rivera.

    Estas son las únicas fuerzas políticas que hicieron la convocatoria para la Cruzada. Lo demás vino por añadidura. Vinieron porque peligraba la vida, porque peligraba la fortuna o el dinero; vinieron porque, incapaces por razón de su liberalismo, tuvieron que refugiarse en los místicos a los que habían llamado pistoleros. Este tipo de gentes –los que vinieron por añadidura- está de huida. De cuanto puedan ideológicamente representar no somos tributarios. Nuestra lealtad se afina, depura y concreta a la doctrina que con su vida y con su muerte defendieron los viejos requetés de la Tradición y los magníficos camaradas de la Falange Española de José Antonio. (Inmensa ovación.)

    II. Fidelidad al recuerdo y a la obra de Franco

    Nosotros proclamamos abiertamente nuestro franquismo, cuando públicamente, en España y fuera de España, se quiere enterrar el recuerdo y la obra de Francisco Franco.

    Ya sabéis los procedimientos de que se vale el enemigo, el que acecha y el que está encubierto, para ir cambiando la mentalidad del pueblo español y convertir el agradecimiento en repulsa. Pero allá donde no existen cortapisas de ninguna clase, así se expresan los que están esperando el momento de la revancha. ¡Pobres de aquellos que en España, con supuesta buena fe, mientras el enemigo prepara amenazante su puño para destrozarnos, aflojan los estímulos morales diciendo que ha llegado la hora de la reconciliación y de la concordia nacionales, de la paz y del entendimiento de todos los españoles! ¡Como si fuera posible que la reconciliación y el entendimiento sean unilaterales! Si yo estoy dispuesto a hacer la paz, pero el enemigo se niega, y ello no obstante me desarmo física y espiritualmente, el adversario conseguirá sin esfuerzo la victoria, y, estando indefenso, acabará machacándome. A esto es a lo que, engañados y de buena fe, se nos invita en ocasiones por algunos. (Ovación.)

    Os traigo una breve reseña, espigada, porque el tema es inagotable, de lo que han dicho quienes dirigen la conjura internacional contra el Estado del 18 de Julio.

    - La Pasionaria ha dicho: “Levantaremos al pueblo de España contra el franquismo sin Franco”.

    - El gran poeta Alberti –qué tremenda responsabilidad la de tener un dominio absoluto del idioma y la inspiración poética, para verter veneno contra España y contra Franco- ha dicho: “No hay fuegos bastantes en el infierno para recoger el alma de Francisco Franco”. (Risas.)

    - «Izvestia» (contrariando el bulo de que la prensa soviética se comportó con el máximo respeto al dar y comentar la noticia de la muerte del Caudillo) dice: “Ha desaparecido el último dictador llegado en el momento culminante del fascismo, el hombre que llegó al palacio de El Pardo caminando sobre cadáveres”. (Risas.)

    - Fernando Valera, titulado presidente de la República en el exilio, ha dicho, refiriéndose a la sucesión querida por Franco, que “Juan Carlos es un intruso y un usurpador”.

    - Felipe González, en nombre del muy democrático Partido Socialista Obrero Español, que está deseoso de colaborar en la evolución del Sistema ha dicho que con la muerte de Franco acaba de cerrarse un negro capítulo de la historia de España. “La desaparición física de Franco –asegura- significa algo más que la muerte de un dictador. Implica la inexorable liquidación de la superestructura que nació con él”. Y añade: “El PSOE rechaza toda fórmula que continúe el Régimen y las instituciones que han hecho posible la continuidad en forma de Monarquía, con desprecio de otras formas de gobierno. El PSOE reafirma su voluntad de ruptura democrática y la necesidad de unir en torno a un programa de transición a todas las organizaciones políticas y sindicales implantadas en el conjunto del país y representadas hoy día en el seno de la Plataforma Democrática, de la Junta Democrática y de las plataformas unitarias catalana y vasca”.

    - Calvo Serer, miembro con Santiago Carrillo de esa Junta Democrática –el mismo que obtuvo el premio nacional Francisco Franco- dice del Caudillo que fue “un dictador implacable y mediocre, intelectual y aun moralmente”, que su periodo de gobierno ha sido “un paréntesis… largo, pero sin gloria y lleno de humillaciones para todos los españoles” y que “es hoy tarea primordial el impedir que perdure el franquismo agrupado en torno del sucesor, el Príncipe Juan Carlos”. “Olvidemos a Franco –concluye Calvo Serer-, es lo mejor que se puede hacer con sus casi cuarenta años de ejercicio absoluto de poder”. ¡Me hubiera gustado ver a Calvo Serer leyendo este precioso artículo ante las colas de españoles “humillados” que se agolpaban junto a la puerta principal del Palacio de Oriente de Madrid! (Ovación.)

    - ETA ha dicho en una de sus declaraciones oficiales, después de congratularse por la muerte del verdugo y de enviar un saludo a las víctimas de los cuarenta años de terror y de represión criminal, que “ninguna concesión de Juan Carlos podrá satisfacer la sed de libertad de las masas”.

    - El FRAP, por último, declara: “Franco ha muerto: ha perecido uno de los mayores asesinos de la historia contemporánea (Risas). Pero el franquismo continúa. Por eso, no puede abandonarse la lucha contra él, sólo porque haya muerto el dictador”.

    Franco ha muerto, pero, gracias a Dios –y el enemigo descarado o en la sombra lo sabe-, el franquismo, en lo que tiene de acierto en lo fundamental, continúa. Pero no continúa por la imposición dictatorial de un grupo dirigente sino por la lealtad del pueblo, del buen vasallo agradecido, que espera con inquietud que a Franco suceda un “buen señor” que le rija y acaudille.

    III. Al Rey de la Monarquía tradicional

    No se trata de lealtad a una persona, sino de lealtad a una institución. Una cosa es la amistad, la devoción personal, y otra muy distinta la lealtad a la institución que el Rey representa.

    ¡Qué bien, con su conducta, dibujó esta diferencia José Antonio! José Antonio, que hizo la crítica más sincera y perfecta de la Monarquía liberal, a la que declaró “gloriosamente fenecida”, mantuvo incólume hasta la hora difícil, en que tantas defecciones se registraron, su devoción personal hacia el Monarca. José Antonio, cuando el Rey fue víctima, no de sus defectos, sino de los vicios del Sistema, estuvo a su lado y acompañó hasta el último momento a la Reina Victoria. ¿Dónde estaban los que quebrantaron su juramento de fidelidad a la institución y a un tiempo el vínculo de amistad? (Ovación entusiasta).

    Nosotros, y yo personalmente, nos consideramos amigos del Rey de España. Me considero amigo del hombre que se ha formado aquí, que ha sido educado por Franco, que conoce el pálpito, el latido, la inquietud, la zozobra, la esperanza y la ilusión del pueblo. Esta devoción personal, en cualquier caso, no se romperá nunca, suceda lo que suceda. Pero una cosa es, acabamos de decirlo, la devoción personal al hombre y otra la lealtad de nuestro grupo a la institución. Mientras la institución que representa Juan Carlos encarne en serio y de verdad el Estado monárquico del 18 de Julio, con unidad de mando y de poder, los hombres y las mujeres de FUERZA NUEVA estaremos con Juan Carlos a vida o muerte. Seremos sus soldados, sus adelantados, sus apóstoles, sus militantes. Pero si la institución deserta, y por presiones internas o externas Juan Carlos no fuese el Rey de la Monarquía tradicional, de la Monarquía de la Ley Orgánica, entonces, manteniendo nuestra amistad y nuestra devoción personales, en nombre del juramento que el Rey y nosotros hicimos, de velar por los Principios del Movimiento –que no pueden ser desconocidos ni arrumbados-, no podríamos mantener nuestra lealtad a la institución. (Gritos de “¡Muy bien!” Ovación.)

    12. QUEREMOS LA CONTINUIDAD

    Estas son nuestras tres lealtades, nuestras tres fidelidades. Las formulamos no sólo por sentimiento –y el sentimiento cuenta y no es despreciable-, sino por razones intelectuales e ideológicas; con toda la frialdad que ello pueda suponer en su base, pero con todo el corazón que necesitan para ser puestas en práctica.

    Las tres lealtades no implican, como alguien asegura, que nosotros queramos el continuismo, sino que queremos la continuidad. Nosotros hemos dicho muchas veces que los fallos que se han producido en el Sistema no son fallos del Sistema, sino fallos que provienen de la infidelidad a cuanto representa.

    Nosotros hemos dicho que el Régimen, en los últimos años, ha padecido una crisis de identidad, porque una parte del grupo director se había avergonzado de su acta de nacimiento político, porque no ha tenido aquella fuerza moral que contemplara José Antonio, que transforma a un grupo de hombres en una minoría inasequible al desaliento. De aquí que no queramos el continuismo del despegue y de la infidelidad, sino que al frente del Estado, de la cultura, de la economía, de las Fuerzas Armadas, de la política, haya hombres que crean en el Sistema.

    ¿Sería posible una empresa religiosa dirigida por hombres sin fe sobrenatural? ¿Tendría éxito una empresa mercantil si sus ejecutivos no creen en la bondad del producto fabricado o distribuido? ¿Lograría buenos resultados una empresa turística si quienes la fundan permanecen dubitativos ante la bondad del clima o la belleza del paisaje? Pues, si la respuesta es obvia en tales casos, ¿cómo puede seguir adelante y coronar nuevas etapas una empresa política si no creen en ella los que están al frente de la misma? (Larga ovación.)

    13. DIEZ LECCIONES MAGISTRALES

    “Del fondo del pasado nace mi revolución” dice un himno del Frente de Juventudes. Pues bien, del fondo de nuestra Tradición y nuestro ímpetu revolucionario, que de esa Tradición arranca, nacen diez lecciones magistrales, que hacemos nuestras y que juramos defender y propagar como si fueran, políticamente hablando, nuestros diez mandamientos:

    I. Sentido espiritual y providencialista de la Historia universal.
    Por eso nos consta que la carta que hoy se juega no está en litigio en este o en aquel país. Es una carta en torno a la cual gira la suerte del mundo entero. Hay trincheras a favor del liberalismo masónico y del comunismo, del materialismo, en suma, que de una manera u otra, aplastando o agarrotando los resortes morales y físicos de los pueblos, pretenden convertir a la Humanidad en un inmenso rebaño sometido al poder sin límites de una superestructura monolítica internacional.

    De aquí que tratemos de mantener contacto con los hombres y las mujeres de cualquier país que se hallen en nuestra línea ideológica y táctica.

    II. Catolicismo, frente a laicismo de que a veces hacen gala en la vida pública y para la vida pública agrupaciones de carácter político que se autodefinen y califican de cristianas.
    Nosotros, pese a la moda y sin ningún respeto humano, hacemos una confesión individual y colectiva de catolicismo, en fe y en práctica, en ideas y en ejercicio. Nosotros no creemos que la religión sea algo que solo incide e importa a la conciencia personal. Es la sociedad entera, en la que el hombre vive, la que está obligada a rendir tributo, homenajes y obediencia a la Ley de Dios. Por encima, pues, de los derechos de los hombres, proclamados, que no respetados por la Revolución Francesa, se hallan los derechos de Dios. (Ovación.)

    No entendemos por ello que un príncipe de la Iglesia haya puesto en solfa, en unas declaraciones recientes sobre catolicismo y Patria, cuanto se dijo sobre esta cuestión allá por los años 30. Por lo visto, España no se ha construido en torno al hecho religioso, desde Covadonga hasta el Alzamiento Nacional. ¿Cómo puede negarse esta verdad histórica y entender y amar profundamente a España? (Inmensa ovación que dura largo rato y que impide continuar hablando al orador.)

    III. Unidad de la Patria, concebida como unidad de historia, de convivencia y de destino en lo universal.

    IV. Vocación europea de España, no porque vayamos a identificar esa vocación con intereses mercantiles supercapitalistas y contradictorios.
    Somos europeos de la Europa cristiana, dotada de valores universales. De esa Europa cristiana, dotada de valores universales, España, eminentemente europea, tomó lo mejor, lo embarcó en los mares del descubrimiento y de la conquista y en América y en Filipinas, allí donde llegó España, no desaparecieron las culturas autóctonas, ni fueron aniquilados sus pobladores. La España europea y cristiana depuró, subsumió, cristianizó lo autóctono y dio paso a la obra imperecedera del mestizaje de la sangre y del espíritu.

    España forjó en parte a Europa: en las peregrinaciones jacobeas, en Lepanto, en Trento y en las guerras divinales. España es la punta de Europa, con el continente africano a los pies y la antigua imagen de Santa María de Europa cabalgando sobre el Peñón de Gibraltar.

    Vocación europea auténtica y por ello mismo vocación hispánica desbordante, que vuela y anhela la comunidad con los pueblos a los que dio su lengua, su genio y su talante.

    V. El hombre es portador de valores eternos y eje del sistema político.
    De aquí que todo lo que sea esclavizar al hombre, aherrojarlo, privarlo de su libertad cristiana, manipular su opinión, degradarlo con la pornografía, envilecerlo con las malas costumbres, tendrá en nosotros una postura de abierta, radical e incansable oposición.

    Nosotros respetamos al prójimo no solo porque tiene nuestra misma naturaleza, sino sobre todo porque somos hermanos, y somos hermanos porque tenemos un Padre común.

    ¡Qué difícil entender la fraternidad y no convertirla en pura camaradería, en solidaridad de raza, de clase o de sexo, cuando no se cree en la paternidad de Dios!

    VI. La economía al servicio del hombre, y nunca al contrario.
    El hombre no puede jamás convertirse o ser convertido en puro instrumento, en esclavo, en animal biológicamente desarrollado. No es al hombre sino a la economía a la que conviene una tarea subordinada e instrumental. Por ello la economía no puede adueñarse de la política y ponerla a su servicio, subordinando el bienestar de los ciudadanos al espíritu de lucro, utilidad y ganancia de los grandes monopolios, nuevos señores feudales sin límite ni frontera, que acaban con la soberanía del Estado.

    VII. Sindicalismo vertical.
    En él se encuentran, se entienden y se armonizan los factores que se integran en el proceso económico: el trabajo, la técnica y el capital. Esa armonía que el Sindicato vertical postula y que se logra cuando el Sindicato vertical no se desfigura, impide que el capital se transforme en capitalismo, la técnica en tecnocracia, y el trabajo en marxismo.

    Un Sindicato vertical fuerte podrá influir de forma directa en la construcción y desarrollo de la empresa: una empresa más justa al servicio de España. En este orden de cosas la empresa agrícola y ganadera requiere la máxima atención, sin descuido, claro es, de nuestro proceso industrial. Pero el campo no puede ni despoblarse ni descapitalizarse. España requiere una agricultura rica, sin la cual nuestros mercados pueden quedar desabastecidos, nuestra economía gravada estúpidamente con la importación de productos de primera necesidad y nuestro comercio exterior seriamente menguado.

    Hay que evitar la emigración de nuestros campesinos, transformados en gentes de suburbio, que a la postre acaban perdiendo, en el anonimato y los vicios de la gran ciudad, su fe en Dios y su amor a la Patria. (Ovación entusiasta y prolongada).

    VIII. Cultura para todos los españoles.
    Que no es lo mismo que Universidad para todos. Estamos hartos de ver cómo se despilfarra y malbarata el enorme presupuesto de Educación y Ciencia en las Universidades mientras hay todavía pueblos sin escuela y sin maestro. (Aplausos.)

    No queremos solo una cultura informativa, que en muchos casos se está volviendo corruptora. Queremos también una cultura formativa en lo físico y en lo moral, de manera que la tarea educadora adopte como lema el “mens sana in corpore sano” o, mejor aún, el de un hombre honesto en una sociedad honesta.

    IX. Prestigio y dotación de las Fuerzas Armadas.
    ¡Ya está bien de desprecio y de ironía hacia las virtudes militares, hacia el uniforme de quienes se han consagrado de por vida al servicio de la Patria! ¡Ya está bien de olvido de las necesidades, incluso de las más imperiosas de las Fuerzas Armadas! La sobrevivencia de la sociedad civil requiere un Ejército que la ampare y la defienda. ¿Y cómo podrá defenderla y ampararla si carece de lo necesario, si no tiene la dotación que precisa, si no se rodea a las instituciones castrenses de una aureola de respeto y admiración?

    La sociedad de nuestro tiempo, por otra parte, cuando las fuerzas que hostigan a la nación se agrupan y fortalecen, no puede mirar de soslayo al Ejército. El Ejército, las Fuerzas Armadas, por razón de su misión y de sus virtudes, no son solamente el brazo derecho de la Patria, son su columna y su corazón. Y en estos momentos, yo os diría que con mayor apremio y urgencia que en la época de José Antonio, los civiles, sin dejar de ser civiles, tenemos que asimilar, que hacer nuestras y vivir a fondo las virtudes castrenses, que son las virtudes del honor, de la entrega y del sacrificio. (Gritos de “¡Muy bien!” Ovación.)

    X. Estado nacional.
    Es decir, un Estado que nada tiene que ver con el Estado liberal o el Estado marxista. El Estado nacional es el fruto de la ideología de los pensadores que hicieron posible el 18 de Julio.

    Un Estado marxista es un Estado que subyuga a un pueblo y que para la discrepancia organiza los campos de concentración, convierte en “no personas” a los opositores e ingresa en los manicomios a los disidentes. Llevado de un antiteísmo rabioso, el Estado marxista pretende arrancar el sentimiento religioso y persigue sin descanso no sólo las manifestaciones de fe, sino a los propios fieles. La dictadura, o mejor la tiranía, no la ejercen los proletarios, sino grupos de burgueses ambiciosos y resentidos que cabalgan sobre pueblos privados de pan y de libertad.

    Escuchemos el testimonio de los que, educados en la URSS, bajo la égida del Partido Comunista, pueden escapar de aquella cárcel. Ellos nos amonestan y nos avisan. Nos descubren la realidad y nos aleccionan sobre la propaganda. Nos advierten para que no nos dejemos seducir y nos ilustran con el duro ejemplo de su patria. ¡Ay de los pueblos que sucumben! ¡No hay uno sólo que después de la ocupación total por el comunismo se haya desembarazado de él! Y cuando lo han intentado, como Hungría, Checoslovaquia, Polonia o el Berlín Oriental, han sido las divisiones rusas y los tanques soviéticos los que han cumplido a la perfección su tarea de aniquilar en sangre su deseo de independencia. (Ovación.)

    El Estado liberal es aséptico, no cree en nada, puro espectador de las contiendas y de las disputas sociales.

    Nosotros queremos un Estado nacional que se sabe y se siente actor, protagonista y promotor de la justicia, del bien común. El Estado nacional, que no es totalitario, porque no subsume a la sociedad, sino que la estimula y la espolea, vigila el proceso económico, a fin de que la fuerza del dinero no acabe con la Patria, de que la lucha de clases propugnada por el marxismo se haga imposible, y de que la técnica absorbente y todopoderosa no nos convierta en robots fríos y sin alma.

    14. EN EL DÍA DE LA INMACULADA

    Todo esto lo afirmamos, definiéndonos, en un acto como el de hoy, que celebramos en Pedreguer, en el día de la Inmaculada Concepción, Patrona de España, clausurando nuestras VII Jornadas Nacionales.

    Es curioso que sea la Señora, en su advocación Inmaculada, la que sea Patrona de España. Hay como un subconsciente nacional que busca y pide el patronato. ¿Por qué razón España ha buscado y obtenido el de María Inmaculada?

    Quizá porque al español de veras le gusta lo limpio, lo incontaminado, lo puro. Ya sabemos que somos imperfectos y que no nos podemos escandalizar, porque somos humanos, de nuestras propias imperfecciones. Pero, mientras María Inmaculada sea nuestra Patrona y nuestro ejemplo de vida, procuraremos arrancar lo que haya de impuro y de menos noble en nuestra vida individual y en nuestra vida colectiva.

    ¿Sabéis lo que vamos a pedir a María Inmaculada, Patrona de España y de los españoles, en este 8 de diciembre de 1975?

    Hay una escena del Evangelio que, como a todas ellas no nos será posible sacar el jugo y la enseñanza infinita que encierran, porque son escenas reveladoras de la inagotable Verdad eterna. Es la escena de las bodas de Caná. María, mujer en última instancia, se da cuenta de que se acabó el vino del convite, y amorosamente, maternalmente, obliga a su Hijo a que haga el primero de los milagros de su vida pública.

    Pues bien, los hombres de España tenemos que pensar si a esta hora, después de la fiesta larga de las bodas con la paz, el trabajo, el bienestar, después de la dirección afortunada de Franco en las cosas fundamentales, después de tantos años de fidelidad al pensamiento de la Tradición y al pensamiento de José Antonio, nos hemos ido quedando sin vino.

    Si es así, acudamos a la Señora –que sin duda lo advirtió antes que nosotros- para decirle: “María Inmaculada, Patrona de los españoles: nos hemos quedado sin vino. Pero vamos a traer lo que tenemos, el agua insípida, caliza o salobre de nuestro pozo. Un grupo de españoles vamos a sacarla con esfuerzo y vamos a llenar de ella las tinajas. Tú, María, dile al Señor que mire el agua insípida caliza o salobre de nuestro pozo interior y con su mirada poderosa haga el gran milagro de convertirla en vino”.

    15. SE CONSEGUIRÁ EL MILAGRO

    Y sucederá entonces que algún maestresala camuflado, al saborear el vino sabroso de la conversión, para él desconocida, se pregunte la razón de la reserva del caldo mejor para la hora última del banquete.

    Pues bien, que sepan todos, que sepamos de un modo especial nosotros, que si somos fieles a nuestra profesión de fe religiosa y política, si amamos de verdad a María Inmaculada, Ella nos conseguirá el milagro de convertir nuestra agua insípida, caliza o salobre, en el vino nuevo y sabroso de la resurrección nacional. (Ovación).

    Con nuestras tres lealtades, y nuestro programa nacional, y como prueba de que estamos dispuestos a luchar por Dios y por España, puestos en pie, en posición de firmes, como corresponde a quienes formulan un juramento por su honor, gritad conmigo, brazo en alto:
    ¡España! ¡Una!
    ¡España! ¡Grande!
    ¡España! ¡Libre!
    ¡José Antonio Primo de Rivera!¡Presente!
    ¡Caídos por Dios y por España !¡Presentes!
    ¡Francisco Franco!¡Presente!
    ¡Arriba España!¡Arriba!

    Más tarde se cantó el «Cara al Sol»

    Revista FUERZA NUEVA, nº 468, 27-Dic-1975
    Última edición por ALACRAN; 29/05/2019 a las 19:11

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Discurso de Blas Piñar ante cerca de un millar personas que abarrotaban el local madrileño; como asunto principal, la crítica a un discurso del entonces recién nombrado ministro Manuel Fraga:


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 469, 3-Ene-1976


    SERVIR AL ESTADO” SÍ, PERO ¿A CUÁL?

    DISCURSO DE BLAS PIÑAR EN LA APERTURA DE LA DELEGACIÓN PROVINCIAL DE FUERZA NUEVA EN MADRID
    (21 de Diciembre, 1975)


    “Cuando se reúnen libremente los grupos socialistas para federarse; cuando los demócrata-cristianos, con inclusión de sectores separatistas, elaboran con abundante publicidad planes de acción conjunta; cuando se buscan homologaciones con partidos políticos del exterior, por parte de las asociaciones recientemente constituidas o en periodo constituyente; cuando Marcelino Camacho, dirigente comunista, habla, con la autorización oportuna aquí y allá; cuando un ministro del Gobierno almuerza con un marxista declarado, como el profesor Tierno Galván, en busca de colaboraciones; cuando otro ministro asegura que Santiago Carrillo es un español tan digno como cualquier otro; cuando todavía caliente el cadáver de Franco, y sin haber concluido el luto nacional, los “enemigos de España y de la civilización cristiana” –la masonería y el comunismo-, contra los cuales nos alertó en su testamento político y en su discurso del pasado 1 de octubre el propio Franco, se pasean libremente, y jaleados por los medios de comunicación social pretenden destruir la obra de cuarenta años y pisotear la sangre que se derramó para el rescate de España, tenemos, me figuro yo, no sólo el derecho, sino la obligación ineludible de actuar.

    EN LA LÍNEA IDEOLÓGICA DEL MOVIMIENTO SIN DEPENDENCIAS

    Hasta ahora, nosotros hemos sido tan sólo los catalizadores de una corriente de opinión leal al Movimiento, a través de un semanario, modesto sin duda, y al que se le ha privado de toda publicidad; de la edición de unos cuantos libros y de una serie de actos en toda la nación, cuyo éxito, por la concurrencia multitudinaria y por el entusiasmo desbordante de los congregados, es de sobra conocido.

    Por entender que el Movimiento no era un partido, nosotros, sin depender orgánica, administrativa o económicamente del Movimiento, estuvimos en su línea ideológica. Por eso, por lealtad a lo que el Movimiento, como cauce de la inquietud y del quehacer político suponía, nos negamos a que se transformara en un simple esquema burocrático. Quisimos, con nuestra aportación desinteresada y muchas veces sacrificada, llenarlo de vida, y nadie podrá negarnos que en la última época de confusión, abandono y parálisis hemos sido nosotros, en gran parte, los que, con el recelo y la oposición de los cuadros oficialistas, hemos mantenido el tono, la dialéctica y la capacidad de convocatoria en torno a los ideales del 18 de Julio.

    POR ESTAS RAZONES…

    Por esa misma razón de lealtad nos opusimos de siempre a la escisión del Movimiento a través del asociacionismo de base [año 1974], que dio origen, como alguien indicó en las VII Jornadas Nacionales, a partidos políticos sietemesinos. Las asociaciones –y ahora supongo que lo verán bien claro quienes de buena fe se sumaron a la fórmula- no eran otra cosa que un método para dividir a los hombres del Movimiento, convirtiendo la diversidad, que es lícita, en dispersión, que es suicida, especialmente en un momento como el actual en que se legaliza la comparecencia pública de quienes, con descaro, se manifiestan fieles a su ideología, enemigos tanto de la doctrina que informa tanto el Movimiento Nacional como el Estado al que el Movimiento dio vida y estructura.

    Nos negamos por ello a entrar en el juego equívoco de las asociaciones, despreciadas y puestas en solfa en las consultas y solución de la crisis, y repudiamos, en una enmienda presentada al Consejo Nacional y rechazada por éste, la subvención estatal a las mismas. Si el que paga compra, las asociaciones con subvención abundante, pierden su independencia y su libertad y si el espíritu asociacionista realmente existe, las asociaciones ya arbitrarán los medios honestos de financiación que necesiten, a través de la cotización y de la voluntad proselitista de sus propios militantes.

    Ahora bien, si las cosas van como han comenzado a ir, nosotros, a los que no nos cabe la responsabilidad de haber gobernado, que no hemos sido beneficiarios, sino servidores del Régimen, que hemos tenido que soportar desprecios y humillaciones, que hemos sido llevados en repetidas ocasiones a los Tribunales de Justicia, a instancia de la propia Administración, saldremos, por amor a España y por lealtad al juramento que empeñamos, a defender el franquismo –y hemos salido ya-, con la vestidura jurídica que nos convenga y que la nueva situación reclame.

    TRABAJANDO COMO HASTA HOY

    Mientras tanto, tenemos el propósito de seguir trabajando como hasta la fecha. No creo que el actual equipo de Gobierno, en el que figuran hombres cuya actividad política ha sido copiosa en los últimos años pueda argüir, para impedirla, que somos una sociedad y no una asociación…

    Ello no obstante, si “de iure” o “de facto” el Movimiento desaparece y se instaura un Estado liberal, nosotros anunciamos –como ya lo hicimos en Badajoz y en Pedreguer- nuestro propósito de constituirnos en partido político…

    ***

    No quisiera que nos despidiésemos, después de un acto tan emotivo como éste, con una concurrencia que ha superado todas nuestras previsiones, sin comentar en voz alta y ante vosotros, suscriptores y amigos de FUERZA NUEVA, militantes de lo que puede ser mañana una agrupación política, el discurso pronunciado ayer por el ministro de la Gobernación y vicepresidente segundo del Gobierno [Manuel Fraga], al dar posesión de sus cargos a sus nuevos colaboradores.

    El asunto adquiere particular importancia cuando, como en este caso, y luego de demorar para más tarde la exposición del programa de reformas que el Gobierno se propone realizar, uno de sus vicepresidentes, desbordando quizá el límite de sus atribuciones, lo esboza, adelantándose al presidente y a su ya anunciado discurso ante el Pleno de las Cortes.

    El ministro de la Gobernación y vicepresidente segundo del Gobierno ha dicho: “Se puede servir al Estado de muchas maneras”, y que “servir al Estado español es una de las más importantes maneras de servir a España”.

    Yo estoy totalmente de acuerdo con ambas afirmaciones, como punto de partida. Ahora bien, en 1936, para servir a España se funda un Estado nuevo. Ese Estado se alimenta de los Principios del Movimiento Nacional, y éste, según definición bien conocida por el ministro, que es catedrático de Derecho Político, es la “comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada”.

    De aquí que para ser correctos no baste con hablar de servicio a un Estado español abstracto, o cualquiera que éste sea, sino a un Estado concreto, es decir, al Estado que vitalizan e informan los ideales de la Cruzada; y no otros, como los que vitalizaron e informaron las concepciones adversas o enemigas, para utilizar los términos del discurso pronunciado por el ministro… el Estado al que yo juré lealtad y al que el ministro [Fraga] juró repetidas veces:
    - como consejero nacional;
    - como procurador en Cortes;
    - como delegado nacional del Movimiento;
    - como secretario general del Instituto de Cultura Hispánica;
    - como secretario general técnico del Ministerio de Educación;
    - como director del Instituto de Estudios políticos;
    - como ministro de Información y Turismo;
    - como embajador de Franco en Londres;
    - y ahora como ministro de la Gobernación y vicepresidente segundo del Gobierno.


    LOS AMIGOS Y LOS ENEMIGOS

    El ministro, completando su pensamiento sobre el Estado, afirma en su discurso: “No tendremos más amigos ni enemigos que los del Estado, entendido como institución permanente” …

    El Estado, como institución permanente, puede ser católico, agnóstico, laico, ateo o antiteo, nacional, capitalista, promover la justicia y el bien común, permanecer alejado del proceso social o regir imperativamente el mismo.

    No basta, pues, para discriminar amigos y enemigos, la apelación al concepto de Estado como institución permanente, ni siquiera añadir después que no se admitirá la violencia física para lograr el éxito de una opción del Estado diferente a la del 18 de Julio, pues el dolo (violencia moral) aunque más sutil no es menos demoledor que la fuerza bruta… Conforme con este módulo, el deseo de separar a un matrimonio no sería malo por pretender la ruptura, sino por pretenderlo con violencia… El adagio famoso se invierte: si antes se decía que la licitud del fin no hace legítimos los medios, ahora resulta que la supuesta licitud de los medios arranca la ilicitud a la meta perseguida.

    ***

    Sigue afirmando el ministro, para matizar su pensamiento, que en esta institución permanente que es el Estado al que aspira a servir “cabremos todos”. Y es natural, pero una cosa es que quepamos todos y otra es cómo vamos a caber y qué puesto va a ocupar cada uno. En el Estado comunista, caben todos: unos, en los campos de concentración, y otros, en las garitas vigilantes. En el nuestro, me parece que, desechada esa concepción del Estado y rechazada la fórmula liberal por razones constitucionales y de experiencia, hemos de caber todos, pero aquellos que son hostiles a los Principios informadores del Estado no pueden dirigirlo, del mismo modo que en el mercado de abastos caben todos los consumidores, pero no se entrega el despacho de las mercancías a quienes adulteran o cambian el producto.

    ***
    (…)

    NO ES LÓGICO

    No hacer mención de los militantes o entender que se alude a los mismos al hacer referencia a los oficiosos que se arrogan facultades de vigilancia, me parece un error, porque de poco servirá un ordenamiento a base de palo y tente tieso y de fuerza pública si no hay un cuerpo de opinión activo, que colabora con las instituciones y reacciona espontánea y virilmente en su defensa allí donde aún no ha comparecido la Policía. Si esa reacción se condena de antemano, no es lógico, como lo hiciera un ministro de Educación, echar de menos y atribuir a la falta de energía ciudadana el cierre de la Universidad, reducida al caos por obra y gracia de la subversión marxista.

    Si la paz, como dijo San Agustín, es “la tranquilidad en el orden”, el orden moral, que se impone por sí mismo cuando las ideas y las costumbres son sanas, cuando la sociedad se convierte en su custodio, es el que garantiza la paz. El orden impuesto sólo por la fuerza del Estado debe ser excepcional y nunca normativo. Por eso cuando la fuerza pública aumenta es porque el orden moral se resiente y la paz se halla seriamente comprometida.

    En otro orden de cosas, afirma el ministro y vicepresidente segundo del gobierno, haciendo suya una frase del discurso de la Corona, que “nadie debe esperar privilegios”. Y es natural, siempre que no se confunda el sentido vulgar con el jurídico de privilegio. El privilegio, en aquella acepción, es odioso, mientras que en la segunda puede ser una exigencia de la justicia, que exige dar a cada uno lo suyo. Así, el que ejerce autoridad disfruta de unos privilegios de que el súbdito carece, y nadie pondrá en duda que al concedérselos se lesiona lo que es justo. En este sentido, la Iglesia tiene unos privilegios que le corresponden como una exigencia derivada de la misión salvadora que le corresponde. Lo que sucede y lo que produce escándalo no son los privilegios, sino que, por una parte, se diga que no se desean tales privilegios, y después, no sólo se mantengan –contradiciendo lo dicho y lo proclamado en los discursos de la Corona y del ministro-, sino que se abuse de ellos.

    UN EJEMPLO EPISCOPAL

    Poco antes que el ministro se expresara tan rotundamente, el arzobispo de Madrid, haciendo uso y abuso de un privilegio, escamoteaba a la acción de la Justicia a un clérigo [P. García Salve] que, sin duda con propósito nada evangelizador, había levantado el puño en la vía pública y agredido de palabra y de obra a un capitán de la Policía Armada.

    Y lo curioso es que la negativa arzobispal al procesamiento contrasta con la autorización concedida para procesar a un sacerdote –al fin absuelto por una sentencia, que me atrevería a considerar laudatoria para su conducta-, que sólo había tratado de defender públicamente a la Virgen de las ofensas graves que alguno escribió contra la misma.

    Finalmente, el ministro y vicepresidente segundo del Gobierno afirmó, con su estilo peculiar, que “los que recurren a la violencia… deben saber que se enfrentarán con un poder decidido”, lo que me parece lógico y hasta obligado. Lo que ocurre es que no debieron tomar demasiada nota de la admonición los piquetes de huelga que en Madrid, y a pocos pasos del Ministerio de la Gobernación, volcaban taxis o apaleaban brutalmente a los taxistas que haciendo uso de su derecho a trabajar, no querían sumarse a la huelga… De donde se sigue, una vez más, que la libertad desaparece –como la libertad para el trabajo- cuando se predican y legalizan las libertades democráticas, como el derecho a la huelga…

    ***
    Termino pidiéndoos a todos una cooperación entusiasta. Ya sabéis que no vamos a regatear esfuerzos para que surja el Frente Nacional que venimos propugnando desde hace mucho tiempo. Yo no seré nunca obstáculo sino estímulo para que se constituya, y no me importará, si es preciso para lograrlo, desaparecer de escena. Aquí estamos, en serio, para servir a España. LO personal, por noble que sea, pasa a segundo plano.

    Multiplicad el número de suscriptores. Ellos son un aval para nuestra postura, el soporte económico que garantiza nuestra independencia y el comienzo de una posible organización política. Si así lo hacéis, en un momento tan difícil para España, que Dios os lo premie y si no, que os lo demande.”

    Acabado el discurso, interrumpido por los aplausos en numerosas ocasiones, se cantó el «Cara al Sol».
    Última edición por ALACRAN; 18/06/2019 a las 17:29

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Dos discursos de Blas Piñar en Canarias (Las Palmas y Puerto de la Cruz-Tenerife), el fin de semana del 17 y 18 de enero de 1976.

    En primer lugar, el discurso de Las Palmas:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 473, 31-Ene-1976

    LAS TRES POSICIONES

    DISCURSO DE BLAS PIÑAR EN LAS PALMAS (17 de Enero, 1976)

    “Señoras, señores, camaradas y amigos:
    Bien está que nos reunamos aquí, en este salón de actos de la Hermandad de Alféreces Provisionales. Creo que ello tiene algún simbolismo. Cuando el 1 de abril de 1939 terminaba la guerra con la victoria del Ejército Nacional, podía cantarse como nunca el “Cara al Sol” de José Antonio y de la Falange: “en España vuelve a amanecer”. Por eso, porque volvía a amanecer desaparecían las estrellas. Ahora, cuando parece que un temblor nos sobrecoge a todos porque algo nos anuncia que en España puede comenzar la tiniebla y la oscuridad, no nos importe que se oculte el sol por poniente; vendrá la noche, pero en el cielo negro y oscuro volverán a aparecer, como una luz de esperanza, las estrellas de los alféreces provisionales. (Grandes aplausos.)

    Desde hace nueve años, fecha de mi última visita a Las Palmas hasta hoy, han sucedido muchas cosas. El clima político, económico y social ha variado ciertamente. Lo que entonces preveía en solitario y por simple reflexión un semanario modesto pero cuajado de fe y de gallardía, que se llama FUERZA NUEVA, es hoy palpado con inquietud y escalofrío por muchos cientos de miles de españoles.

    Varios han sido los factores concurrentes para lograrlo. De ellos, a mi juicio, los que conviene subrayar por razón de su importancia son estos:
    - La creciente presión encaminada a erosionar las bases políticas e ideológicas del Régimen, mediante la desvitalización del Movimiento Nacional, puesto en estado de coma, letargo y fragmentación.
    - El control por los adversarios del Sistema de factores influyentes de la economía nacional y de un amplio abanico de medios de información y diversión.
    - La muerte de Franco (con su emotivo testamento).
    - La proclamación y el juramento del Rey
    - La solución de la crisis, la formación del primer gobierno de la Monarquía y su anunciado programa de reformas.

    ***

    Toda la problemática de este momento difícil, decisivo de nuestra historia, y también, en cierto modo, de la historia universal, se centra en torno a las consecuencias de ese programa del Ejecutivo. En realidad hay una palabra que ha saltado de su reposo, que ha tomado calor polémico y que tiene, al parecer, algo así como una fuerza taumatúrgica: “cambio”. Y con esa palabra, “cambio”, se bautizó significativamente una publicación supercapitalista («Cambio 16»), a tenor de sus colaboraciones y de los manifiestos apoyos económicos de los que disfruta a través de una publicidad fabulosa.

    El debate en torno al cambio se centra en tres posiciones distintas que pueden definirse así:
    -Continuidad del Régimen, lo que implica un no rotundo al cambio.
    -Destrucción del Régimen mediante la ruptura democrática.
    -Reforma del Régimen a través de su modificación y adaptación.

    PRIMERA POSICIÓN

    La continuidad del Régimen, y el no al cambio, que no quiere decir, ni mucho menos, que no sean necesarios los cambios en plural y con minúscula. Al contrario, la continuidad, por serlo, no es continuismo, ni tampoco, naturalmente, inmovilismo. Esta posición, que es la nuestra, se identifica con la del Movimiento. Pero no con la de un Movimiento anquilosado y esclerótico, ineficaz y dormido. El Movimiento es el antídoto y la contradicción de una actitud inmóvil, áptera y átona. Por eso cuando el Movimiento oficial se iba aletargando, nosotros, en la medida que se nos ha permitido y en que nos ha sido posible, hemos demostrado, a lo largo y ancho del país, que las ideas inspiradoras del Movimiento, dejadas en la penumbra por quienes debían promoverlas y airearlas, tenían y tienen capacidad de convocatoria y embanderamiento.

    De aquí que, desde FUERZA NUEVA, de palabra y por escrito, propugnemos la continuidad de un Régimen que ha acertado en los temas fundamentales y que ha deparado a España paz y prosperidad durante muchos años. La continuidad del Régimen conlleva su perfeccionamiento, su desarrollo, la corrección de los errores inherentes a toda empresa humana, por altos que sean sus propósitos y fundamentos, su puesta a punto, su autenticidad plena, su evolución homogénea, el reajuste de las corrientes políticas de signo nacional, la dinámica creadora y operativa, la fidelidad al pensamiento y a la obra de Francisco Franco.

    SEGUNDA POSICIÓN

    Destrucción del Régimen, mediante un cambio que provoque la ruptura democrática con el mismo, deshaciendo sin escrúpulos legalistas lo “atado y bien atado”. Tal es la postura diáfanamente expuesta por la Junta Democrática y por la Plataforma de Convergencia Democrática que, sin obstáculos de ninguna clase y en notas, declaraciones, entrevistas y conferencias, advierten que “no hay Democracia ni reforma desde el Poder”.

    Tal es igualmente la postura de los grupos que, por utilizar el lenguaje europeo, llamaremos extraparlamentarios, los que, más radicales todavía, y dentro de la línea de ruptura, afirman, como ETA, que su programa de gobierno tiene un objetivo inmediato: “matar al Rey” (ver «Paris Match» de 13-12-75, pág. 64). (Exclamaciones de sorpresa.)

    TERCERA POSICIÓN

    Reforma del Régimen, poniendo en juego un cambio que no rompa su continuidad, al realizarse desde sus mismas raíces institucionales. Tal es la postura del Centro y tal es la postura del Gobierno.

    La postura del Centro tuvimos ocasión de examinarla hace unos años, en el acto que celebramos en Gerona y pocos días después que el señor Fraga Iribarne la expusiera como suya en una conferencia en el Club Mundo de Barcelona. Allí dijimos y comprobamos que la postura Centro es artificial, ajena a las realidades jurídicas y vitales de nuestro pueblo, sin contenido propio, con un ojo desviado hacia la derecha y otro hacia la izquierda, sin posibilidad, por ello mismo, de caminar seguro y hacia adelante. Postura híbrida, falsa, peligrosa, y puramente imaginaria, como lo son los centauros y las sirenas.

    POSTURA COINCIDENTE

    La postura del Gobierno viene a coincidir con la del centrismo, tanto porque el señor Fraga ocupa la vicepresidencia para Asuntos Internos y el Ministerio de la Gobernación como por las medidas y reformas que se anuncian.

    Tales medidas y reformas, expuestas de muy diversos modos y a través de portavoces oficiales diferentes son: sufragio universal, partidos políticos, pluralismo sindical, amnistía, modificación o derogación del Decreto-ley contra el terrorismo, amplia admisión de los derechos de huelga, reunión, expresión y manifestación.

    Todo esto, en un plano teórico y puramente dialéctico sería muy respetable si fuera posible hacerlo jurídicamente y sin ruptura. Lo que ocurre es que por mucho y bien almibarado que se nos diga y se nos repita, muchas de las reformas anunciadas son inviables.

    Son inviables, jurídicamente hablando, porque aun cuando es cierto que las llamadas Leyes Fundamentales son susceptibles de modificación y de cambio, poniendo en marcha el procedimiento que para tal fin ellas mismas establecen y que culmina con el referéndum, también es verdad que las bases del orden constituido, la Constitución de la constitución (*), es decir, los Principios del Movimiento, son, por definición y naturaleza, “permanentes e inalterables”, y algunas de las reformas aludidas se hallan en contradicción tan absoluta con tales Principios que estarían viciadas de nulidad y constituirían un caso evidente de contrafuero.

    ¿Y EL ARTÍCULO 164 DEL CÓDIGO PENAL?

    Lo curioso es que se propone oficialmente lo mismo que se pide desde la posición de ruptura democrática, con olvido de lo que dispone el artículo 164 bis del Código Penal, que quizá se considere derogado por desuso, o porque prospere la solución insinuada con acierto por el señor Pío Cabanillas de que puede mantenerse la vigencia no sólo de la Ley de Principios, sino también de las Leyes Fundamentales –aún no modificadas- siempre que la interpretación de aquélla y de éstas sea tan laxa y flexible que de facto sea una interpretación derogatoria de las mismas.

    Pero gran parte de las medidas y de las reformas anunciadas no son tan sólo inviables jurídicamente, sino que, siempre en la línea de pensamiento del cambio en la continuidad, no pueden llevarse a la práctica sin producir la ruptura con el Régimen, pese a la buena voluntad de quienes las patrocinan.

    Para lograr sus propósitos, y antes de que las medidas y reformas tengan un respaldo legal, el Gobierno ha dado a conocer sus puntos de vista, ha mantenido a los más altos niveles conversaciones con jefes connotados de las fuerzas de oposición al Régimen, integrantes de los cuadros directivos de la Junta Democrática y de la Plataforma de Convergencia Democrática.

    En virtud de un convenio explícito o tácito –para los efectos es indiferente- con tales organizaciones, las mismas se desenvuelven con plena libertad en el país: se reúnen, toman acuerdos, dan notas a la prensa y a la radio, exponen sus puntos de vista, convocan a sus seguidores, lanzan consignas de reagrupación, reavivan recuerdos del pasado, se manifiestan en forma pacífica o tumultuosa, respaldan huelgas de carácter político, exigen la puesta en libertad de los detenidos, regresan los exiliados, como Rodolfo Llopis –al que, según se informa, se reconocen sus emolumentos oficiales-, se alardea de separatismo y se ofende a España en actos deportivos y artísticos, etcétera.

    ¿Qué diferencia hay entre las reformas de la continuidad sin ruptura y el cambio de la ruptura democrática sin continuidad? Alguien podrá decir que, al menos, se salva la Corona con las primeras, mientras que desaparecería con la ruptura. Pero la verdad es que tan pronto como se deroga de derecho el orden constitucional (*) básico recibido, la Corona, quiérase o no, la ponen en tela de juicio quienes se hallan acuciados por el deseo incontenible de revisión. (Aplausos.)

    HACIA LA RUPTURA

    La tercera postura, la del Centro, con la que el Gobierno se identifica, nos llevará, por desgracia, si se lleva a término, a la ruptura. Quizá, de algún modo, los portavoces más significados del Gobierno lo atisban y balbucen, atemorizados, al advertir que comienzan a ser víctimas de sus propias palabras, pues:

    - Si hacen lo que dicen, pueden caer en contrafuero, faltando a las lealtades prometidas, olvidando el mensaje póstumo del Caudillo, haciendo inútil la sangre y el sacrificio de la Cruzada, produciendo el caos social y la paralización de la economía, perdiendo la adhesión de las fuerzas políticas de signo nacional, a la vez que alientan y fortalecen a las fuerzas políticas hostiles, cuya gratitud no conquistan, ganando, contrariamente, su desprecio. (Grandes aplausos.)

    - Si, por el contrario, no hacen lo que dicen, por una parte, se demostrará en seguida el desacuerdo entre la teoría y la práctica, entre lo prometido y lo otorgado, y de otra, se desatará de manera creciente la actividad subversiva, con la que se amenaza con descaro desde dentro y desde fuera, desde los panfletos que pululan por doquier hasta los discursos de Santiago Carrillo y de La Pasionaria, del 14 de diciembre en Roma, emplazando al Gobierno, de acuerdo con sus amigos de la Junta y de la Plataforma, para llevar a cabo las reformas en un plazo mínimo o pasar a la lucha callejera y a la huelga total, llamado fascistas y asesinos a los más esforzados reformistas.

    CONTINUIDAD PERFECTIVA DEL FRANQUISMO

    Creo que el análisis de las tres posturas –continuidad, ruptura y reforma del Régimen- han sido expuestas con rigor. Creo, también, que si la ruptura, como única posibilidad de cambio, supone la destrucción de lo conseguido en cuarenta años de esfuerzo, y el cambio, mediante las reformas que se proponen, lleva de un modo inexorable a idéntica ruptura, el único camino a seguir, pensando en España, en la paz y el bienestar de los españoles, es, sin duda, el de la continuidad perfectiva del franquismo.

    El hecho de que el Gobierno, aceptando la postura centro, oficialice el criterio reformista, con el alcance expuesto, justifica la preocupación que poco antes de la muerte del Caudillo expusimos en el acto inolvidable de Zaragoza. No será el momento de la sucesión el más grave, por mucho que nos duela la muerte de Franco. En ese momento, decíamos, estamos seguros que no pasara nada. Lo verdaderamente grave es lo que pueda ocurrir tres meses después, lo que –decimos hoy- ha comenzado a ocurrir ahora.

    Conviene que, a través de las declaraciones de quienes integran lo que podríamos llamar triángulo o trinidad política del Gobierno, veamos cómo se expresa el temor, por una parte, y la contradicción, por otra.

    TRIÁNGULO O TRINIDAD POLÍTICA

    El ministro de Justicia, señor Garrigues, ex director general de los Registros y del Notariado en el Gobierno provisional de la República, ex embajador de Franco en Washington y en el Vaticano, y ministro de Justicia del primer Gobierno de la Monarquía, acaba de decir en un acto oficial: “No somos perjuros. No hemos venido a abrir las puertas de la subversión”. Yo no dudo que sus intenciones sean distintas. Pero en este mundo no bastan las intenciones buenas o aceptables, si luego, pese a las mismas, los resultados son otros. A los políticos no se les juzga por sus intenciones, sobre todo a los que están investidos del poder y han de ejercerlo en función del bien común.

    Recuerdan las palabras del señor Garrigues al “no es eso” de Ortega y Gasset, cuando comparaba sus buenas intenciones sobre la República recién nacida y la barbarie y zafiedad que trajo consigo, y podrían traer a colación –tales palabras- los viejos aforismos: “excusatio non petita, est acussatio”, “confessus pro indicato habetur” y “a confesión de parte, relevación de pruebas”. (Aplausos.)

    POR OTRA PARTE… (Ministro J. M. de Areilza)

    Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, conde consorte de Motrico, antiguo jonsista, gracias a cuya munificiencia se publicó el «Discurso a las juventudes de España», de Ramiro Ledesma Ramos, colaborador de «Acción Española», coautor de las «Las reivindicaciones de España», autor de «Embajadores sobre España», ex alcalde de Bilbao, embajador de Franco en Buenos Aires, Washington y París, codirectivo con Joaquín Ruiz-Giménez, Satrústegui y Tierno Galván de la Asociación que sumaba su protesta a tantas otras y ante una personalidad extranjera, por la falta de libertades democráticas en España y felicitaba a los militares portugueses del 25 de abril; presidente del Consejo Privado de don Juan, al que un Gobierno de Franco tuvo que retirar el pasaporte, peregrino de Europa, como alguien le ha llamado recientemente, pidió antes de asumir la cartera, en nombre de la homologación con la Europa liberal, la legalización de los partidos políticos adversos, incluso del comunista, que tanto en Francia como en Italia han aceptado el juego democrático.

    Llevado de la inercia, en su primer viaje a París no puso objeciones graves para el regreso de Santiago Carrillo, un español más, tan digno como cualquiera, si bien, luego, en su discurso en Bonn, dijo que la apertura tendría tres límites entre nosotros: la violencia, el comunismo y los atentados a la unidad de España; lo que no es obstáculo, naturalmente, para que se reanuden los secuestros, para que Marcelino Camacho propague libremente el comunismo y para que los actos de provocación separatista se produzcan casi a diario. (Grandes y prolongados aplausos.)

    Es curioso que en su discurso de Bonn el señor Areilza reconozca, por una parte, que gracias a lo que él califica de poder personal de Franco España haya progresado de forma gigantesca, y por otra, quiera la implantación de una democracia pluralista y liberal, que estancó a España en la miseria y que condujo a un enfrentamiento de los españoles. (Aplausos.)

    La apelación que Areilza hizo en su mencionado discurso a las fuerzas políticas serias de oposición al Régimen, para que se incorporen al mismo, es –y él bien lo sabe- una pura quimera, porque tales fuerzas han dicho que no, rotundamente, a la continuidad.

    CONTRADICCIÓN CONSTANTE (Ministro M. Fraga Iribarne)

    Finalmente, el señor Fraga Iribarne, vicepresidente para los Asuntos del Interior y ministro de la Gobernación, hombre clave del Ejecutivo, cuyos numerosos e importantes cargos en el Régimen del 18 de Julio sería prolijo enumerar, se ve, aun sin quererlo, y no obstante sus dotes extraordinarias, en una contradicción constante. Afirma que el mejor servicio a España es el servicio al Estado como institución permanente, y olvida que este Estado tiene en el comunismo su instrumento más eficaz para la construcción del socialismo. Por eso el Estado al que sin duda quiere servir el señor Fraga no es a un Estado cualquiera, sino al Estado nacional, cuyos principios ha jurado defender [IRONÍA]. (Aplausos.)

    Destaca, y en cierto modo censura, el carácter autoritario que se atribuye al Régimen, y afirma que “la libertad tiene que ser establecida por un hombre fuerte” (pensando quizá en sí mismo). (Risas y aplausos.)

    Dice que urgen las reformas, y luego añade que a pesar de la urgencia no se puede improvisar.

    Rechaza el asociacionismo político, y accede a un puesto clave del Poder en un Gobierno que preside quien se ha erigido en su campeón [C. ARIAS NAVARRO], pero que luego, al resolver la crisis, no sólo ignora a los grupos políticos que convocaron a la Cruzada, sino que prescinde casi en absoluto de las asociaciones constituidas o en gestación; con lo que el asociacionismo, pese a tantas declaraciones oficiales, está tocado de muerte y llamado a la caducidad.

    Declara que viene desde Londres a arrimar el hombro, y ahora resulta que lo arrimó tanto que metió el carro en un camino difícil, y para ponerlo en franquía, y sacarlo del atolladero reclama la ayuda y el concurso de todos. (Aplausos muy fuertes y prolongados.)

    Propone un programa que, según pruebas inequívocas que él posee, pero que no revela, ha merecido el respeto y la admiración de muchos, y pide la colaboración general para llevarlo a la práctica, ignorando o queriendo ignorar que aquellos que, como nosotros, no pueden ni respetar ni admirar dicho programa, por considerarlo suicida, pese a su buena intención, no podemos brindársela por razones poderosas de conciencia y de patriotismo.

    Proclama el monopolio de la violencia para el Estado de derecho, cuando la violencia se ha adueñado de la calle y se impone la participación en huelgas y conflictos con amenazas y palizas.

    Almuerza con Tierno Galván, catedrático sancionado, marxista y dirigente con Santiago Carrillo de la Junta Democrática, conversa con socialistas destacados de la Plataforma, autoriza no sólo el regreso de Llopis, al que promete una acogida casi triunfal, y luego se inquieta y bautiza de ilegales y reprime a quienes, siguiendo las instrucciones de tan destacadas personalidades de oposición total al Régimen, se manifiestan en la calle para exigir lo mismo que el Gobierno ofrece y desea. (Fuertes aplausos.)

    Jura la Monarquía Tradicional de la Ley Orgánica, y luego en sus declaraciones al «New York Times», la califica de República coronada; acepta a Juan Carlos por el bien de la paz, y asegura que el Rey no puede moverse sin el permiso del Gobierno, que, a modo seguramente de tutor, sabe perfectamente lo que al Rey conviene. (Aplausos.)

    Rechaza los colaboradores espontáneos y pide la reacción de la mayoría silenciosa frente a los alborotadores y agentes subversivos.

    Equipara a lo que se viene llamando la ultraderecha con la extrema izquierda, cuando le consta que aquella calificación la utilizan los enemigos del 18 de Julio para identificar a los leales, y que la extrema izquierda no pretende otra cosa que destruir el Régimen. (Ovación estruendosa.)

    *****

    No son agradables las andaduras de nuestra política interior; ni lo son tampoco las de nuestra política exterior. Y es lógico, porque ésta no es otra cosa que el reflejo de aquélla, del mismo modo que el color de la piel o la vivacidad de los ojos manifiestan el grado de salud.

    El gran tema de actualidad en lo que a nuestra política exterior se refiere es, sin duda, y en Canarias con mayor incidencia que en otros lugares, el del abandono del Sáhara.

    La política que se ha seguido con relación a lo que ha sido provincia española, si nos atenemos a la nomenclatura oficial, no ha podido ser, por contradictoria e incoherente, más absurda.

    LO MÁS ANTIDEMOCRÁTICO

    No es el momento de hacer aquí y ahora un análisis pormenorizado de los disparates cometidos. Lo que sí importa resaltar es que la solución no ha podido ser más antidemocrática, lo mismo con respecto a España que con respecto al pueblo saharaui.

    A estas alturas, el pueblo español no sabe en qué consiste el famoso tratado secreto tripartito con Marruecos y Mauritania, y a estas alturas, la autodeterminación querida por la ONU y prometida tantas veces no se ha producido. Las urnas nadie las ha visto por ninguna parte. Ni siquiera la Yemaa ha hecho uso del sufragio.

    Por otra parte, el éxito de la “Marcha Verde” ha sido claro, sin los peligros del avance de la misma hasta El Aaiún. La visita gallarda del Príncipe, que vuela al desierto para alentar a sus soldados y confraternizar con ellos, tuvo la contramedida inmediata del viaje de Antonio Carro y la negociación de la entrega. El voto de las Cortes, que facultó en blanco al Gobierno para hacer lo que estimase oportuno en tema tan difícil y comprometedor, no tuvo más que cuatro votos en contra; uno, como podéis imaginaros, el mío.

    No es verdad que el Sáhara no tenía ningún valor, ni es cierto tampoco que no mereciese ningún sacrificio. A veces, como la Historia nos dice, un sacrificio inmediato evita, para más tarde, sacrificios mayores que pueden resultar insoportables…

    ****

    El estado de nuestra política, tanto interior como exterior nos obliga a contemplar el panorama, proyectando sobre el mismo dos líneas de pensamiento fundamentales, y en principio coincidentes. La primera, marcada por el Rey en el mensaje de la Corona: el recuerdo de Franco, dijo, “constituye para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio”. La segunda viene señalada por el testamento político de Franco, como exigencia de ese comportamiento y de esa lealtad: “No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta”.

    Pues bien, pese a todo ello, y por presiones sin duda muy poderosas, vamos camino de un cambio del Sistema que puede terminar, por vía de la reforma, en la ruptura. El propio Hans Dietrich Gensher le decía implícitamente al ministro español de Asuntos Exteriores que un país aguanta con dificultad y a la vez lo que yo entiendo que son dos males gravísimos: la crisis económica y la democracia liberal. ¿Cómo se atreve el Gobierno a asumirlos a la vez? (Aplausos.)

    De otro lado, esos enemigos de España y de la civilización cristiana, salvo que Franco se equivocara en su discurso del pasado primero de octubre, son los mismos que España derrotó luego de una Cruzada victoriosa, y los mismos que, amparados en la interpretación derogatoria del orden constitucional [LEYES FUNDAMENTALES], se rehacen, fortalecen y toman la iniciativa. (Aplausos.)

    EL MITIN DE ROMA

    En Roma, el 14 de diciembre, con ocasión del ochenta aniversario de La Pasionaria y en un acto en el Palacio de los Deportes, cuya preparación ha costado 132 millones de pesetas, y al que antes hicimos referencia, Longo y Berlinguer, Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri, en compañía de representaciones de todos los grupos socialistas y de la democracia cristiana, con el respaldo de la Junta y de la Plataforma, que mantienen relaciones con el Gobierno español, han emplazado al mismo para que desmote el Sistema con rapidez, amenazando con la lucha callejera y la paralización de la economía nacional por medio de la huelga. Y no se crea que en los discursos pronunciados en aquella ocasión hubo frases reconciliadoras o de respeto. Salvo las grandes alabanzas de Dolores Ibarruri a amplios sectores de la Iglesia Católica que colaboran con el Partido Comunista, y al propio arzobispo de Madrid [MONS TARANCÓN], todo son insultos y amenazas; insultos a los generales “felones y traidores”, y amenazas a los ministros “amamantados por el Régimen” y, en algún caso, “reos –afirman- de crímenes monstruosos”. Fraga, se dijo en el acto de Roma, formaba parte del Gabinete que ajustició a Grimau, y Arias mandó ejecutar cinco sentencias de muerte en vida de Franco. (Indignación y repulsa entre los asistentes.)

    ¡Que nadie olvide los insultos y las amenazas; y que nadie olvide que quienes los formulan con tono de desafío se sientan en torno a la misma mesa con los compañeros de la Junta Democrática que dialogan con los amenazados! (Gran ovación.)

    LO QUE A ESPAÑA LE CORRESPONDE

    Y es que, como Franco vio con absoluta nitidez, en nuestra época planetaria ya no hay ni son posibles los compartimentos estancos. Por ello, España no puede quedarse en un cómodo aislamiento, encerrada en la torre de marfil de unos problemas propios y específicos.

    Hace falta contemplar el tema español en un planteamiento universal y de conjunto, y comprender, antes de tomar alegres decisiones, el juego que a España corresponde tanto por su posición geográfica como por su área cultural.

    En este orden de cosas, España es un factor decisivo en el enfrentamiento ideológico que se está librando en el mundo. Flanco sudoccidental de Europa y cabeza y alma de un haz de pueblos en América, España constituye una presa que es necesario lograr a toda costa. En 1936, el esfuerzo y la sangre de una de las mejores generaciones españolas lo impidió con bravura y heroísmo. La gran obra de Franco, aparte del progreso conseguido por España, fue impedir el asalto comunista sobre Europa desde su flanco sudoccidental. Pero la pretensión de “los enemigos de España y de la civilización cristiana” no cesa, y otra vez, con halago y terror, pretenden conquistar lo que entonces les fuera imposible. (Aplausos.)

    El camino que se nos propone es la transformación del Régimen en una democracia liberal, controlada y dirigida por el capitalismo. La democracia liberal, lo dicen sin escrúpulos las “fuerzas serias” que proponen la ruptura, es la etapa precisa para otro género de avances, es decir, para la implantación de la dictadura marxista. La democracia liberal proporciona al marxismo los instrumentos de acción, y el marxismo no tiene otra cosa que hacer sino utilizarlos para que concurran, como quería Lenin, las condiciones objetivas de la Revolución. El comunismo busca así aliados hasta en el capitalismo, para destruir a los Estados nacionales. Después, cuando el Estado nacional desaparece, busca el modo de destruir a sus aliados de conveniencia. (Aplausos.)

    CONTRA EL ORDEN CRISTIANO

    El clima que proporciona la democracia coadyuva al intento de un cambio de mentalidad. Esta mentalidad es atea. El marxismo no es una teoría económica, vulnerable, raquítica y fracasada, sino que es una concepción de la vida, de la comunidad y de la Historia, totalmente materialista y contrapuesta a la concepción espiritual y, sobre todo, cristiana.

    Para este cambio de mentalidad, Marx buscaba un instrumento y ese instrumento provisional fue el proletariado. No es que a Marx le interesara redimir a los trabajadores de su tiempo; es tan solo que, poniendo en marcha la lucha de clases –como hoy se pone en juego la lucha generacional o la de sexos, o la de razas-, contaba con la energía que le era imprescindible para la subversión del orden cristiano y la construcción de un hombre y de una comunidad ateos.

    Esta importancia del cambio de mentalidad, con primacía sobre la praxis revolucionaria y subversiva, y como antecedente y requisito necesario para ella, explica la campaña intensa desplegada en todos los países para marxistizar a los cristianos, para colaborar con ellos, para invertir el esquema evangélico de valores y hasta el valor y el significado de la cruz.

    El Partido Comunista, para cumplir con su misión –cambio de mentalidad y cambio de las estructuras-, reduciendo al hombre a la categoría de animal evolucionado y a la comunidad a pura y disciplinada colmena, se halla, por razón de principio, en estado de movilización y de guerra total. Esa guerra total supone, a su vez, un estado latente o declarado de guerra civil en el interior de todas las naciones todavía no subyugadas, aparte, claro es, de las guerras convencionales que sirven de entrenamiento y permiten de paso la absorción de nuevos países. Si examináis un mapa y os fijáis en los acontecimientos de los años subsiguientes al término de la última contienda universal, comprobaréis, desde la anexión de media Europa, pasando por Corea y el Sudeste asiático, y terminando en Portugal y en Angola, que poco o nada puede objetarse a esta afirmación.

    POR ESO DICEN…

    El Partido Comunista, tanto si vive en la legalidad que le concede la democracia como si está tolerado o vive en la clandestinidad, tiene, de una parte, sus grupos “extraparlamentarios” que practican el terrorismo, y sus máscaras liberales y progresistas, que a través de las correas de transmisión facilitan las infiltraciones y les ofrecen impunidad, defensa o cobertura en los lances peligrosos.

    Decidme si los “enemigos de España y de la civilización cristiana” no hacen su juego, en este instante, a la perfección. Por eso se grita que, al morir Franco, el franquismo, que hasta donde le fue posible les cerró el paso, debe morir.

    Santiago Carrillo aseguró en el acto de Roma que, aun cuando Franco ha muerto, continúa el franquismo y que hay que sepultarlo (cosa que él aprendió muy bien en Paracuellos del Jarama). (Muestras de indignación.) Pero si Franco ha muerto y el franquismo vive, la única diferencia, a partir de este acuerdo con el Partido Comunista y sus aliados, radica en que, mientras ellos quieren sepultarlo, nosotros no sólo que viva, sino que se fortalezca. De aquí que evolucionar, como se propugna, hacia la democracia liberal que el comunismo pide, no sea en realidad ninguna evolución, sino, simplemente, un retorno al caos y a la miseria. Lo que importa es que, fieles a nosotros mismos, sin complejos de inferioridad y menos aún de culpabilidad, continuemos el avance y la marcha. (Gran aplauso general.)

    En última instancia: ¿nos fue mal con el Régimen cuya ruptura o reforma se pide? ¿Quién garantiza al pueblo español que con tales reformas o ruptura mejoraremos lo conseguido?

    GIMNASIA MENTAL Y ESPIRITUAL

    Un rearme ideológico y moral, como el que nosotros predicamos por toda España, es tan necesario como urgente. La duda doctrinal o táctica que lleva a la división o a la dispersión, deprime y desmoraliza. Por eso requerimos una gimnasia mental y espiritual que nos defienda e inmunice frente a la propaganda adversa y al ánimo entreguista. Esa gimnasia, y la reflexión atenta del mundo que nos circunda, y el recuerdo del heroísmo de nuestros mejores camaradas, será un estímulo constante para nuestra entera dedicación a la gran empresa de la unidad, de la grandeza y de la libertad de España.

    No olvidemos, como el Señor nos dijo, que el que trata de salvar su vida la perderá, y que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos.

    ¡Qué bien aprendieron estas lecciones dos capitanes de Europa! Cornelio Zelea Codreanu, en la lejana Rumanía, acosado por sus enemigos les decía: “Me matarán. Y mi muerte será mi gran discurso al pueblo rumano; y el último.” Y José Antonio, el fundador de la Falange, como lo acreditó con religiosa entereza al ser fusilado por los mismos que hoy levantan el puño en nuestras calles, nos aseguró con el estilo clásico de su palabra joven que la muerte por España es tan solo un acto de servicio.

    ¡ARRIBA ESPAÑA!

    (Una ovación cerrada puso fin al grito de nuestro fundador, interrumpida por las notas del “Cara al Sol”, que surgió espontáneo del auditorio.)


    Última edición por ALACRAN; 09/08/2019 a las 18:22
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    FUERZA NUEVA iría suscitando entre sus enemigos durante la transición el mismo tipo de reacciones (calumnias, boicots...) que Vox en la actualidad (salvando distancias ideológicas) …

    Aquí, como ejemplo, la bilis que soltaba un diario de Tenerife ante el inminente discurso de Blas Piñar en la Isla:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 473, 31-Ene-1976

    ASÍ NOS RECIBIÓ “EL DÍA” DE TENERIFE:

    «Los que limpian, pulen y dan esplendor a España»

    Los de nunca, los excluidos de todas partes, los eternos marginados del régimen, los que se partieron el pecho en una guerra civil (que ellos llaman Cruzada de Liberación Nacional, con mayúsculas), por un sindicalismo renovador, superador de las contradicciones entre capitalismo y comunismo, se reúnen hoy en un almuerzo en el que seguramente se removerá el cielo y la tierra, el infierno, el purgatorio, el limbo y el paraíso terrenal; en el que se discrepará de todo lo hecho y por hacer, se condenará el comunismo y las confabulaciones fariseo-judeo-masónicas, las de los tirios y troyanos, y las infiltraciones de enanos barbudos y peludos, pagados por el oro de Moscú, Pekín y el Vaticano (¡válganos Dios!) en las estructuras del régimen del “espíritu del 12 de febrero” y anteriores espectros demoníacos, excluido el del 18 de julio, que no es demoníaco sino bendito, y sigue sin hacerse todavía, porque la revolución que ellos preconizaron, el nacional-sindicalismo superador, la versión española del nacionalsocialismo hitleriano y del fascismo mussoliniano, amalgama extraña de “reformas sociales” y brazos en alto, de “nacionalizaciones” y poder carismático y autocrático sólo apta para iniciados, sigue pendiente.

    Los de nunca, los excluidos de todas las partes, aquellos para quienes la guerra civil no ha terminado, los que nunca harán almoneda de nada, los que ven enemigos hasta en el mismo cielo, porque la Iglesia se ha vuelto también marxista, los que no van a perdonar ningún tipo de descentralización política, porque es una trampa saducea y el regionalismo es sinónimo de crimen a la integridad del Estado; aquellos a quienes no se les permitió poner en práctica los principios que dieron origen al 18 de julio, los que preconizan justicia social frente a liberalismo y sindicalismo frente a capitalismo y apoyan las medidas económicas de Villar Mir (ver «Fuerza Nueva», 10 de enero de 1976); los que prefieren dignidad nacional frente a cipayismo (palabra de nuevo cuño sinónimo de barbarie, por lo leído), se reúnen a mediodía en el hotel «El Tope», del Puerto de la Cruz, en torno a su jefe político, a su caudillo ideológico, mejor dicho, el notario ilustre del ilustrísimo colegio de notarios de Madrid, don Blas Piñar Pérez (sic), Consejero nacional del Movimiento

    Para los que no quieran perderse este almuerzo antológico, esta reunión de combatientes en activo, que no van a dar tregua a sus enemigos, que limpian, pulen y dan esplendor a España, para los que quieran estar presentes en la concentración de los de más allá del tope de la “derecha civilizada” y parlamentaria, la reunión en el hotel «El Tope», del Puerto de la Cruz y las tarjetas en la sede de la funeraria «Trujillo», en la calle de San Sebastián. Será todo un acontecimiento político de afirmación nacional (socialista), ya lo verán. ¡Hagan juego, señores, que la cosa se anima!

    José Díaz Herrera

    P. D.- Pido disculpas a mis posibles lectores por la falta de seriedad de esta sección, quienes obviamente habrán comprendido que hay cosas que sólo pueden tomarse de broma, lo cual constituye también un sano e inofensivo ejercicio de discrepancia ideológica.


    Hemos repasado el número 470, de fecha 10 de enero, y no vemos por parte ninguna el apoyo a las medidas económicas del señor Villar Mir, como dice el cronista. Es notorio, en ese caso, que miente, prescindiendo ya de las barbaridades que recoge este escrito. Algo falla cuando se puede escribir impunemente de esa manera.
    Última edición por ALACRAN; 03/09/2019 a las 22:38
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

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    Revista FUERZA NUEVA, nº 474, 7-Feb-1976

    TRES REFLEXIONES (Desafío al Gobierno, Abandono del Sáhara, Amnistía)

    DISCURSO DE BLAS PIÑAR EN PUERTO DE LA CRUZ - TENERIFE (18 de Enero, 1976)

    (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el hotel El Tope, de Puerto de la Cruz –Tenerife-, el día 18 de enero de 1976)

    “Estamos escuchando con reiteración, todos los días, que uno de los derechos que no se puede negar a nadie es el de reunión. Pues bien, nosotros, a los que creo nadie negará tal derecho, hemos tenido tantas dificultades para ejercerlo que, negado a última hora el local que se nos había concedido en Santa Cruz, hemos tenido que improvisar el acto en el hotel que ahora nos alberga. Agradezcamos a quienes lo dirigen la noble hospitalidad con que nos han dado acogida, tributándoles un aplauso largo y generoso, pues ellos hicieron posible que nos reuniéramos, nos abrazáramos y pudiéramos gritar enardecidos nuestro ¡Arriba España! (Ovación.)

    Sabedlo bien, aunque la experiencia histórica lo prueba con exceso: en la medida en que se hable con énfasis de apertura y de libertades democráticas, exactamente y en proporción diametralmente opuesta, crecerán las dificultades para las reuniones y para la comparecencia pública de los hombres que hacemos un acto de fe de la lealtad al 18 de Julio y a los ideales de la Cruzada.

    Autoridad para hablar

    Y creo que si alguien tiene autoridad para hablar y pronunciarse en este momento somos precisamente nosotros.

    En primer lugar, porque nosotros no hemos gobernado jamás (aplausos), porque nosotros ni hemos sido ni somos ministros o embajadores de Franco o del Rey.

    En segundo lugar, porque nosotros, que no hemos gobernado, mantuvimos una lealtad plena y absoluta a los Principios informadores del Régimen, a la Falange y a la Tradición, a las dos fuerzas políticas… (ovación), no haciendo depender esa lealtad de los favores del oficialismo o de las remuneraciones económicas a través de “enchufes” o cargos bien retribuidos. Por ello, porque es desinteresada, merece, incluso, el respeto de nuestros enemigos. (Ovación.)

    En tercer lugar, porque habiendo discriminado entre el Gobierno y los Principios animadores del Régimen, no hemos incurrido nunca en el grave defecto del “sí” como sistema, de la adulación permanente, sino que hemos discrepado tan pronto como hemos sorprendido la infidelidad y el despegue entre las acciones políticas concretas y lo que exigía nuestro ideario; y ello, desde «Hipócritas» [1962] hasta «Señor Presidente» [1974], pasando por las negociaciones con la URSS y la ruptura de relaciones con la China nacionalista, y terminando con la entrega o el abandono de Ifni, de Guinea y del Sáhara. (Inmensa ovación.)

    En cuarto lugar, porque nosotros, al inmovilizarse el Movimiento, hemos salido por las tierras de España predicando la doctrina de la Falange y de la Tradición, y con ellas nuestro entendimiento de la vida política, dentro de los cauces marcados y recibidos, diferenciando la unidad imprescindible de la uniformidad que algunos deseaban. Por eso también, cuando ahora, so pretexto de diversidad, lo que se ha querido y se quiere es la dispersión y, en última instancia, la disolución del Movimiento, nosotros seguimos convocando a los españoles a la unidad, a la fidelidad al 18 de Julio, porque lo que está en juego, y hasta en posible trance de liquidación, es España como ser histórico. (Gran ovación.)

    Es la unidad de destino en lo universal, que dijera José Antonio, es la unidad de quinientos años de vida española en común lo que puede darnos fuerza y prestigio; sin ella no hay ni grandeza ni libertad. Por eso se trata de escindir la unidad española. Cuando ciertas voces os llegan por caminos distintos y hasta por cierta emisora argelina, tratando de menoscabar el sentimiento español de las Canarias, sabedlo muy bien, se trata de descuartizar España, de balcanizarla y desmembrarla, tanto o más que de someterla al yugo comunista. España sigue siendo hoy, con su ejemplo reciente, la conciencia del mundo, y es preciso ahogar esa conciencia, borrarla, antes de que, aguijoneando al mudo, lo despierte y lo ponga en pie contra los enemigos al acecho.

    Aquí estuvo la raíz del Alzamiento

    Cuando os lleguen las voces de los que manipulan la opinión, de los que aspiran a arrancar vuestra españolía, afirmaos en vuestras convicciones seculares y decid bien alto, con la palabra y el ejemplo, frente a quienes os hablan de separatismo y de un Estado canario independiente, que canarias es España; y, más aún, que si la España peninsular sucumbiere y se entregase, la España insular, la España del archipiélago, la España canaria, sacaría de su propio ser valor y coraje, como la llama que se aviva con el viento desde la propia ceniza, para acudir, como en 1936 lo hizo desde esta isla, a la nueva liberación de la patria, porque aquí, en Tenerife, estuvo la raíz del Alzamiento nacional español. (Gritos de ¡muy bien!, aplausos.)

    En Las Palmas de Gran Canaria, hacíamos ayer, ante un público numeroso y entusiasta, un examen del momento político español. No quisiera repetirme tanto, porque la repetición resulta molesta para el que expone su pensamiento, como porque las cintas magnetofónicas que allí se grabaron y las páginas de FUERZA NUEVA os darán noticia de cuanto allí se dijo. Hay, sin embargo, tres temas que, a pesar de la repetición que ello suponga, no puedo omitir en estas reflexiones en alta voz y ante vosotros: el desafío al Gobierno de los enemigos del Régimen, el abandono del Sáhara y la amnistía. Trataremos de examinarlos con la brevedad posible:

    1. DESAFÍO AL RÉGIMEN

    La tregua, el armisticio, la paz provisional que las fuerzas de oposición al Régimen habían convenido con el Gobierno, está a punto de terminarse. El desafío que las agrupaciones políticas que ya campan sin obstáculos, y que quieren la ruptura total con el franquismo, resulta evidente. Así lo han dicho, tanto la Junta Democrática como la Plataforma de Convergencia Democrática, en la que se congregan para una actuación comunitaria tales agrupaciones, con las que, por otra parte, el propio Gobierno dialoga, como lo prueba el almuerzo, a la vez gastronómico y público, del ministro de la Gobernación [Fraga Iribarne] con el señor Tierno Galván, catedrático marxista, expulsado de la Universidad española por sus actividades contra el Régimen.

    Santiago Carrillo, en el homenaje a la Pasionaria, del 14 de diciembre de 1975, emplazaba al Gobierno para que de forma inmediata llevase a término las reformas prometidas: amnistía plena para todos los presos políticos (voces de protesta), el retorno de los exiliados, la derogación del decreto ley contra el terrorismo, la consagración constitucional del derecho de huelga ilimitado, y los de manifestación y expresión, los partidos políticos, los sindicatos plurales y, naturalmente, el sufragio universal. Si el Gobierno -aseguró Carrillo- no realiza estas reformas, que por otra parte ha prometido, y no las realiza en el plazo de unas semanas, estaremos en la calle luchando contra el Gobierno, acusaremos al señor Fraga Iribarne de asesino, ya que formó parte del gobierno franquista que ajustició a Julián Grimau, acusaremos de asesino, igualmente, al señor Arias, presidente del Gobierno de Franco que ordenó la ejecución de cinco valientes camaradas, y acusaremos, en fin, de fascistas a todos los ministros, pues todos ellos, de una forma o de otra, han servido al Régimen y se han amamantado del mismo.

    Los partidos están en la calle

    Este desafío ha comenzado ya. Las huelgas de todo tipo, hasta salvajes, las ha denunciado cierto periódico aperturista, impuestas por los piquetes armados de la subversión, están conduciendo por la fuerza al paro y al hambre a muchos obreros, obreros improtegidos en su derecho a trabajar, cuando se niegan al abandono de tajos, fábricas, minas y talleres. (Aplausos.)

    Lo triste, lo contradictorio y lo ininteligible es que, con la anuencia y el beneplácito del Gobierno en nombre de una interpretación derogatoria de la Constitución [Leyes Fundamentales], los partidos políticos y organizaciones subversivas que avalan esas huelgas estén en la calle, se reúnan con plena libertad y hallen en los medios de comunicación, incluso en aquellos que mantiene el Estado, un eco amplísimo y unos márgenes de propaganda gratuita que, sin duda, hubieran creído imposibles. La verdad es que los Principios del Movimiento, de hecho, y al menos, ocasionalmente, están privados de vigencia, que las Leyes Fundamentales, a pesar de que se afirme que, en tanto no sean modificadas deben respetarse, no se respetan, y que el Ministerio Fiscal, que conoce a la perfección los delitos perseguibles de oficio, debe advertir con estupor que desde el plano oficial se considera modificado el Código en cuanto afecta a la tipificación delictiva de hechos demasiado llamativos y espectaculares para que se estimen ignorados y sin relieve. (Ovación.)

    No sólo la subversión llega a la vía pública, a la parálisis de la economía nacional, que detiene nuestro desarrollo, superador de la pobreza y el caos a que nos condujeron el liberalismo y el marxismo: es que hemos pasado ya a los secuestros y a los asesinatos. Ayer caía otro guardia civil, víctima de ETA. ¿No ha llegado el momento de decir basta? ¿No ha llegado el momento de que la paz, el bienestar y la libertad no queramos cambiarlos por la ficción de las llamadas libertades democráticas, cuyo disfrute malsano acaba de comenzar? ¡Basta ya! ¡Estamos hartos!, repetimos con un ilustre coronel de nuestro Ejército. (Inmensa ovación.)

    Cuando está en juego la vida de la Patria…

    Terminaba el ministro de la Gobernación [Fraga Iribarne] un discurso pronunciado en los locales de «ABC», con esta frase latina y magistral: “Salus populi, suprema lex” (exclamaciones irónicas del público). Pues bien, precisamente por eso, porque la salud y el bien del pueblo constituyen la ley suprema, se produjo el Alzamiento Nacional del 18 de Julio. Si la violencia no es legítima en muchos casos, alcanza la máxima legitimidad, como decía José Antonio, cuando están en juego la vida y el destino de la Patria. (Aplausos.)

    De aquí que aquellos que tienen experiencia histórica propia, más la experiencia que les deparan los pueblos de Europa sujetos a la tiranía marxista, más un deber de lealtad hacia su propia biografía política y al juramento formulado sobre los Evangelios, ante Dios y ante España, de defender los Principios del Movimiento, no tengan disculpa si luego de contemplar los primeros frutos de sus reformas, todavía en proyecto, tienen que apelar al noble principio de “salus populi, suprema lex”. Nosotros apelamos también a estas palabras que un ministro clave y especialmente calificado del Gobierno acaba de pronunciar.

    Sólo un nombre

    Si la salud del pueblo es la ley suprema y sabéis perfectamente que la salud del pueblo español está en trance y comprometida por el asalto de las fuerzas oscuras que tratan de mover los hilos de la historia universal y la historia de España, del capitalismo financiero, que no tiene escrúpulos y vende a los países y pisotea su honor con tal de que aumenten sus ganancias, y del comunismo poderoso, con sus medios ilimitados, su poderío creciente y su mística arrebatadora y falsa, ¡ah!, entonces, el gobernante que rompiese con la continuidad del Sistema, abandonando a las fuerzas nacionales que debería aglutinar y vitalizar, y dialogase, convocase e invitase a las fuerzas enemigas que pretenden su destrucción, no tendría más que un calificativo en lengua castellana, el mismo que merecen los que facilitan el acceso al adversario abriendo las puertas del castillo, arruinando sus cimientos, debilitando sus fortalezas, haciendo ineficaces las armas defensivas, desmoralizando a la hueste y echando escalas desde las almenas para facilitar la toma del patio interior. (Inmensa ovación.)


    2. AMNISTÍA

    El segundo tema que tampoco puedo soslayar aquí, pese a su repetición, es el de la amnistía.

    Hay vocablos que tienen un potencial enorme de contagio, que se ponen en circulación y que resultan simpáticos al oído. Y no cabe la menor duda que a este género de vocablos pertenece la palabra amnistía, por todo lo que en principio y en apariencia puede encerrar de misericordia y de perdón.

    Ahora bien, en esta hora en que tanto se habla del derecho a la información, del respeto a la verdad, tenemos que preguntar y hasta exigir a quienes piden la amnistía desde fuera y desde dentro de la Administración, qué es lo que realmente se persigue y se aspira a lograr con la cacareada amnistía.

    Está claro, a nuestro modo de ver, que la amnistía no puede afectar a los crímenes cometidos durante la guerra y la revolución en zona marxista, porque esos crímenes, incluso los de sangre, quedaron prescritos, y muchos de los que los cometieron se pasean en libertad por nuestras calles, amparados por el cumplimiento de la condena, por los indultos generosamente otorgados, por la prescripción aludida y, en cualquier caso, por el perdón de las víctimas o de sus familiares.

    Lo que de verdad se pretende

    Cuando se habla de amnistía no se pretende, pues, el olvido de aquellos crímenes. Lo que se quiere de verdad –y dejémonos de remilgos- es la amnistía de los delitos, como ahora se dice, para enmascararla barbarie de convicción política, y por tanto, como señalaba Vicente Mas en una hoja casi volandera de la Hermandad alicantina de la División Azul, que se aplique a “los individuos que planearon fríamente el asesinato de Carrero Blanco; a los que jugaron al azar a quién correspondía asesinar al inspector señor Manzanas; a los que montaron, para hacerlo explotar a distancia el artilugio al paso del jeep de los guardias civiles, o a los que por el simple deseo de crear una situación de desconcierto y depresión, mataban a traición a los policías que ni siquiera conocían”. (Ovación.)

    Otra amnistía

    Frente a esta realidad, nosotros también reclamamos, de los que desde el Gobierno ofrecen la amnistía, que la concedan a los muertos y asesinados, que los resuciten primero, que los devuelvan a sus padres, a sus esposas, a sus hijos.

    Frente a esta realidad, nosotros también pedimos que, aun cuando no sea sino para evitar el pecado de la hipocresía y de la conciencia doblada, exijan también la amnistía para Rodolfo Hess, el prisionero de Spandau (aplausos), y para León Degrelle, cuyo delito se servir a Bélgica no prescribirá nunca por acuerdo de los diputados de su país, y para los millones y millones de fugitivos y exiliados de las naciones sojuzgadas por el comunismo, que no pueden regresar a sus patrias. ¡Qué voces representativas del mundo político, cultural y hasta religioso, se alzan llenas de misericordia y de espíritu de reconciliación solicitando para ellos la amnistía? (Aplausos.)

    3. EL SAHARA

    Si algo os preocupa a vosotros, como canarios, es el tema del Sáhara. Ni ayer en Las Palmas, ni hoy en Puerto de la Cruz, quiero escamotearlo y soslayarlo, y menos aquí, en presencia del teniente general Pérez de Lema, que ha sido el hombre del desierto (el público tributa una gran ovación al teniente general Pérez de Lema, que éste agradece con visibles muestras de emoción), el militar íntegro y puro que no se ha mezclado en la política menor, para guardar todas sus lealtades a la gran política del 18 de Julio, y que hoy nos depara el honor de tenerlo sentado con nosotros, presidiendo el acto que nos reúne y congrega. (Larga ovación que obliga a ponerse en pie al teniente general Pérez de Lema.)

    Virtudes castrenses

    El general Pérez de Lema –permitidme la digresión- puede compendiar y sintetizar todas las virtudes castrenses que yo os diría que son un calco en lo humano de las auténticas virtudes religiosas, esas virtudes que se enseñan y asimilan en las aulas de nuestras Academias militares, y que se transmiten, como en el general Pérez de Lema ocurre, de padres a hijos, cuando se forma parte de una estirpe castrense; virtudes que se subliman en la Cruzada, y de un modo especial en la gesta inolvidable y heroica del Alcázar toledano. Allí se fundió España, allí se forjó la unidad de carlistas y falangistas, de los españoles de buena ley, que hoy necesitamos más que nunca. Por ello no deja de ser providencial que también se halle cerca de nosotros, y sentada muy cerca de mí, la condesa del alcázar de Toledo. (Inmensa y larga ovación.)

    Recuerdo con gratitud, hace nueve años, al general Pérez de Lema, entonces gobernador militar del Sáhara, esperándome, de uniforme, en el aeropuerto de El Aiún; y hospedándome en su casa, y presentándome al auditorio antes de iniciar mi conferencia y acompañándome al acuartelamiento de la Legión para presenciar el homenaje a sus muertos, y ofreciéndome, en unión de los jefes y oficiales de aquel Tercio, una arqueta de plata, labrada por artesanos saharauis, que tengo sobre la mesa de mi despacho, y en la que se guarda, como una reliquia, arena del desierto con manchas rojas de sangre legionaria. (Aplausos.)

    Política torpe y perniciosa

    Pero volvamos al tema de actualidad, al de la pérdida del Sáhara. No creo que la política de nuestros Gobiernos haya podido ser más torpe y perniciosa. No era difícil advertir hace nueve años cómo la codicia internacional se despertaba, no por el desierto inhóspito que nadie había querido, y sobre el cual España, sacrificándose, se volcó con entusiasmo y con dinero, sino por la riqueza de los bancos pesqueros y de los famosos superfosfatos. Esa codicia internacional buscó potentes pantallas que esgrimieron derechos y reivindicaciones para favorecer los intereses de los poderosos que detrás de tales derechos y reivindicaciones se enmascaran. De este modo se ponía en litigio la presencia española en el continente africano.

    Desgraciadamente no hemos sabido jugar con las bazas que teníamos. Aceptamos la resolución de la ONU sobre la autodeterminación del pueblo saharaui. Pero esta autodeterminación suponía que los saharauis pudieran elegir entre varias opciones: seguir siendo España, como quiso una gran parte de la población autóctona en el único plebiscito celebrado, o unirse a Marruecos, a Mauritania o a Argelia, o dividirse y ser anexionado por cualquiera de estas naciones, o constituirse en Estado independiente, o en Estado libre, pero asociado con España, al modo de Puerto Rico con los Estados Unidos.

    Entierro de la propia dignidad

    Pero la verdad es que en el Sáhara nadie se ha autodeterminado. Lo único que sucede es que se ha entregado un pueblo sin oírle. (Aplausos.) No ha sido una retirada muy acertada y valiente, como se ha dicho, sino un entierro de la propia dignidad, como escribe un conocido africanista.

    Es muy bonito afirmar que el Sáhara no valía la pena de un conflicto, de derramar una sola gota de sangre. Así lo aseguraban tanto los portavoces oficiales del Gobierno como los grupos de oposición al Régimen. Había como un convenio tácito para manipular la inteligencia y el sentimiento de los españoles a fin de convencerles de que el asunto del Sáhara era de aquellos por los que no vale la pena luchar, con olvido de que hay circunstancias en que es preferible un sacrificio menor y realizado ahora, con el fin de evitar sacrificios mayores algún tiempo después. Yo jamás he dudado de la buena fe de don Alfonso XIII, cuando, al conocer el resultado de unas simples elecciones municipales, decidió, para evitar derramamiento de sangre, abandonar el país. La verdad es que un pequeño sacrificio entonces, una prueba de valor y de serenidad en aquel momento, hubiera evitado después que en una confrontación horrible perdieran la vida un millón de españoles. (¡Muy bien! Aplausos.)

    Pero además, y esto es lo grave, es que cuando se proclama desde la altura de un principio, una norma de conducta, hay que llevarlo, o le obligan a uno a llevarlo, a sus últimas consecuencias, porque ya no es posible poner a tales aplicaciones límites ni barreras. Si el principio es que no vale la pena derramar una gota de sangre por mantener la dignidad y los intereses de España y de los españoles en el Sáhara. ¿qué ocurrirá cuando Marruecos organice otra marcha verde y piojosa para anexionarse Ceuta y Melilla? Habrá también entonces consejos benevolentes de abstención y de entrega, que advertirán que no vale la pena ningún sacrificio por ambas ciudades. ¿Y qué sucederá cuando las pretensiones absorbentes giren en torno al archipiélago canario? ¿Tampoco será preciso sacrificarse? ¿Primará, también , que es lo que importa, la paz burguesa, confortable, egoísta, de los que (inmensa y entusiasta ovación que interrumpe al orador e impide recoger sus palabras)…

    Gibraltar

    Comprendo, canarios, vuestra irritación. Cuando un pueblo pierde su dignidad se asemeja al hombre que se queda despojado de sus vestidos, expuesto a la contemplación pública. Me preguntaba un periodista en Las Palmas: “¿No cree usted que, luego de la cesión de Ifni, de la independencia de Guinea y del abandono del Sáhara, España podía, cargada de razones, pedir a Inglaterra la devolución de Gibraltar?”

    “No – le repliqué al periodista-. Gibraltar es una reivindicación permanente de España. España no habrá realizado su unidad mientras el Peñón se halle bajo el dominio extranjero. España linda por el Sur, como dijeron Ganivet y José Antonio, con una vergüenza. Pero si hay una oportunidad menos propicia para conseguir la reincorporación de Gibraltar a España, es ésta precisamente. Débiles ante Marruecos, ¿nos sentiremos fuertes ante Inglaterra? Mendicantes del beneplácito del socialismo europeo, ¿nos mostraremos audaces ante el laborismo británico?” (Risas y aplausos.)

    *****

    No es posible, porque nos llevaría mucho tiempo, y el avión no espera, analizar en todos sus pormenores cada una de las cuestiones agobiantes del momento. Lo que importa es que saquemos de estas reflexiones en voz alta, y de las que cada uno os estáis haciendo, unas conclusiones prácticas y urgentes. Diagnóstico y terapéutica son precisos…

    Mientras España ha sido fiel a sí misma, a las pautas doctrinales del pensamiento fundacional, a los esquemas tradicionales y revolucionarios que se dieron cita en el ordenamiento jurídico básico, España ha vivido en paz, se hizo la auténtica y fraterna reconciliación. En un sendero duro y hostigado, pero unidos y en orden, hemos alcanzado cotas insospechadas. Por el contrario, en el instante mismo en que comienza la infidelidad, la crisis de identificación, los complejos rectificatorios, el despegue de los Principios que informan al Estado, y cunde el propósito de romper la unidad de los hombres, de las tierras y las clases, con un programado y creciente enfrentamiento, la paz se pierde y se regresa al punto caótico de partida.

    Cuando esto sucede, tenemos la obligación de abandonar el silencio grato de nuestra propia celda y salir al exterior para alertar y convocar a nuestro pueblo, hoy atomizado, para decirle que España tenía razón, y que otra vez la suerte del mundo se está jugando dentro de nuestras fronteras. ¡Españoles, no os durmáis, no os aburgueséis, no dejéis que con rabia y premura se eche por la borda el esfuerzo de los años de unidad y entendimiento!

    Tres grandes tentaciones

    Hay que ganar, ante todo, para evitarlo, nuestra batalla interior contra la comodidad, contra las grandes tentaciones que nos circundan: adaptarse, desentenderse, sobrenaturalizarse.

    Adaptarse, porque, ¡es tan lógico, luego de haber realizado casi lo imposible, de entregar vida y hacienda durante la Cruzada! Lo cierto es, dice la tentación, que, a pesar de ello, el mundo parece seguir por cauces distintos a aquellos que nosotros deseábamos. Por eso, “no hay otra solución, para tratar de sobrevivir, que adaptarse”. Así se expresaba un gran amigo mío y colaborador inicial en carta que me envió hace unos días tan solo. Así lo exige, aseguran incluso, el pensamiento actualizado de José Antonio. (Risas despectivas.)

    Preguntaos a vosotros mismos con sinceridad plena, interrogad a vuestros compañeros. Algunos, que han cedido a la tentación de adaptarse, os dirán que ellos piensan y sienten como vosotros, que se hallan completamente identificados con nuestra doctrina y con nuestra postura, pero que las circunstancias y los cambios que se operan en el país les obligan a disimularlo e incluso a actuar en contra de sus más íntimas y sagradas convicciones. Es un caso de mimetismo, de metamorfosis, de adaptación, de cambio de chaqueta, que no de esqueleto, en suma.

    Desentenderse. He aquí la segunda tentación, frente a la cual los hombres de bien, los que tienen conciencia clara de lo que sucede, han de salir derrotados o victoriosos. De esa victoria o esa derrota, como de una cuestión previa, depende luego nuestra conducta. Por eso hablamos de una batalla interior, de un debate en profundidad dentro de cada uno de nosotros mismos.

    Desentenderse significa buscar el pretexto y la excusa de que también se sirve a España dedicándonos a lo nuestro, al oficio y profesión que nos corresponde, al negocio que emprendimos, a la familia que fundamos. También hace unos días, pero en directo, otro amigo me aseguraba que para él lo único importante en la vida eran su mujer y sus hijos, y que para su protección y defensa –lo que exigía para él una plena dedicación- excusaba cualquier tipo de riesgos y compromisos públicos. Yo le contesté que su amor a la familia era torpe; que, precisamente para salvaguardarla, tenía que defenderla, y que, como buen cristiano, debía tener presente que el que quiere salvar su vida del modo que él propugnaba, la perderá, como dice el Evangelio.

    Sobrenaturalizarse. He aquí la tercera y la más sutil de las tentaciones, falseamiento de la verdadera sobrenaturalización, la que se vislumbra cuando se oye exclamar: “¡que Dios nos coja confesados!”, “¡que Dios nos salve!”, “¡vamos a pedir a la Virgen de Fátima que resuelva todos nuestros problemas!”. Todo esto naturalmente, está muy bien. Pero con esto no basta. Sería equivocado y hasta un contraconcepto del espíritu sobrenatural quedarse ahí en tales exclamaciones. Un verdadero cristiano sabe que, como recuerdan San Pablo y Santiago, si el justo vive de la fe, la fe meritoria, la fe que vitaliza y salva, no es una fe dormida e inactiva, sino una fe conformada por la caridad y manifestada en obras. San Agustín decía: “Dios te ha creado sin ti, pero no te salvará sin ti”.

    La voluntad salvadora de Dios es universal, y no admite excepciones; pero de tal modo respeta la libertad humana que no actúa sin la cooperación de la voluntad del hombre. De poco sirven los hombres de mucha fe adormecida, que no cuaja en obras, que no actúa sobre la realidad terrena, que a lo sumo es incentivo para la crítica, para la murmuración o el comentario de la tertulia, pero que niegan una contribución económica, rehúsan su participación en el acto al que se les invita, o se abstienen de firmar una nota o un artículo protestando contra la difamación… (Gritos de “¡sí, señor!”. Aplausos.)

    Pero el hombre se salva tal y como es, y, por tanto, en el medio en que vive, en la comunidad política a que pertenece. El hombre se salva, y la comunidad política se salva también, cumple su cometido temporal, en la medida en que el hombre actúa en ella con su fe operativa y dinámica. Decía José Antonio, y lo hemos repetido muchas veces que el hombre es portador de valores eternos… ser portador de valores eternos equivale a tener conciencia que los llevamos injertos en el alma, y no para enterrarlos con miedo, como el mal administrador, sino para ponerlos ejemplarmente en ejercicio y cultivo.

    Los españoles de nuestra ideología que ceden a la tentación de sobrenaturalizarse en la inactividad, relegándolo todo a la Providencia como un justificante de su postura estática cometen un grave pecado de omisión. Es la hora del gran esfuerzo. Hay que desarmarse de prejuicios, de personalismos. Hay que destruir las telarañas con que nos envuelven. Hay que borrar las torpes caricaturas con que se nos presenta. Tenemos que entablar una relación directa y sin disfraces inventados o impuestos por los enemigos comunistas. Hemos de manifestarnos de una manera solidaria, unidos y fuertes, seguros y enardecidos por la nobleza de la causa de que nos sentimos servidores.

    La base existe

    ¡Cómo saben unirse los adversarios cuando llega la hora del combate! ¿Nos encontrarán desunidos, disputadores, sin mandos y sin moral? El Movimiento se halla inerme. La base existe, pero faltan los capitanes. ¡Qué surjan los capitanes para alentar a nuestro pueblo, para organizarlo y dirigirlo, para devolverle el entusiasmo y la fe! Si es así, veréis cómo responden nuestros camaradas de todas las edades al llamamiento. Eso quiere ser, y para ello nació, FUERZA NUEVA, bandería de enganche, clarín de convocatoria por las tierras de España.

    No cedáis a ninguna de las tres tentaciones: la de adaptaros, la de desentenderos, la de sobrenaturalizaros, que es, en suma, un modo como otro cualquiera, pero más hipócrita, de escapismo.

    Os pido fe y os pido obras. Y a vuestras obras y a las mías, en consonancia con esa fe, por el bien de España, os demando y os convoco. ¡Arriba España!

    (El público, puesto en pie, responde a ese grito y prorrumpe en una gran ovación, entonándose inmediatamente el «Cara al Sol».)

    Última edición por ALACRAN; 03/09/2019 a las 18:04
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Discurso de Blas Piñar en Cartagena… siguen las críticas a las reformas conducentes a la inevitable ruptura. Críticas al trapicheo lingüístico de Arias, acuñador del vocablo "reinstauración" monárquica, mezclando turbiamente la lícita instauración con la ilícita restauración. Resume Blas Piñar, que la Monarquía española instaurada, para que no haya lugar a dudas, habría de ser la Monarquía que José Antonio quería, tal como la concibieron y edificaron los Reyes Católicos.

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    Revista FUERZA NUEVA, nº 475, 14-Feb-1976

    LOS TRES NO ( al revisionismo, al cambio, a la reforma)

    DISCURSO DE BLAS PIÑAR EN CARTAGENA (1 de Febrero de 1976)

    (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el teatro Mariola de Cartagena, en un acto de afirmación nacional, el 1 de febrero de 1976)

    “Señoras, señores, camaradas y amigos: Decía el presidente del Gobierno, en el marco solemne de las Cortes Españolas, el pasado 28 de enero, al presentar a las mismas el programa de su Gabinete, que estamos en un momento excepcional de nuestra historia”. Pues bien, ningún marco mejor que Cartagena para completar y reflexionar sobre ese momento histórico.

    Desde un punto de vista personal, porque si desde la limpieza desinteresada de la niñez los ojos aprenden las cosas sin prejuicios, a mí Cartagena me instaba en esa postura de anhelante y nítida comprensión, ya que en vuestra ciudad transcurrieron algunos años de mi infancia.

    Desde un punto de vista objetivo, porque si España es un enigma, como ha dicho Sánchez Albornoz, o un misterio, como yo corregiría, no por lo que tenga de irreal, sino por lo que tiene de oculto o de místico, como nación y como empresa, aquí, entre vosotros, se puede transitar por dos de las dimensiones de ese misterio: hacia lo alto con el autogiro de La Cierva, y hacia lo hondo, con el submarino de Isaac Peral.

    Porque por aquí pasaron o aquí se hallan vinculados nombres ilustres de la Marina española, que en el capítulo reciente de la Cruzada nos dejaron, con su ejemplo y su sacrificio, un legado de honor.

    Basterreche, antes de su fusilamiento, dice a un camarada: “No llore, doctor; en este momento lo único que importa es ir con la conciencia tranquila”.

    Cervera, alentando a los que van a compartir la muerte con él, exclama decidido: “¡Vamos! ¡Por Dios y por la Patria!

    Barreto quebrará con guasa su impaciencia ironizando al comprobar cómo se retrasa el piquete de ejecución: “Hasta en eso son informales. Ya nos llevan robada media hora de cielo”.

    Los ejemplos que nos ofrecen los marinos de España, al enfrentarse con la muerte en aquellas jornadas de horror son innumerables. Giral, el ministro de Marina del llamado Gobierno republicano, al tener noticia de los asesinatos a bordo y en masa, dio la siguiente y repugnante orden: “Con solemnidad respetuosa echen al mar los cadáveres”.

    Y es que los marinos de España, en aquella hora límite y difícil, que puede, claro es, repetirse, se plantearon, como el resto de las Fuerzas Armadas, el tremendo problema de elegir entre la disciplina, que les hubiera llevado a traicionar a España, o el patriotismo, que les obligaba a quebrantar la disciplina. Pues bien, ante el dilema angustioso, al llegar esta situación límite, las Fuerzas Armadas, y, naturalmente, la Marina de guerra, comprendiendo que aquel género de disciplina era un engaño encadenante para el cumplimiento de su más alta misión, optaron políticamente, en el más puro y noble sentido del vocablo, el 18 de Julio de 1936, por el patriotismo. Y no se advierta que ello estaba en contradicción con aquel concepto de la disciplina que el director de la Academia General Militar de Zaragoza expuso en la arenga que dirigió a sus alumnos al clausurarse la misma por orden de la República, porque fue precisamente el director de dicha Academia, el general Franco, el que puso límite a esa disciplina al dirigir y encabezar el Alzamiento contra un Régimen sectario bajo el cual la Patria misma que había jurado defender y servir se hallaba en trance de disolución inmediata. (Ovación.)


    Porque Cartagena, en fin, sumergida en el caos del dominio rojo, aún encontró hombres que el 5 de marzo de 1939 se levantaran contra la tiranía del marxismo. A esos hombres abnegados, y a los que sucumbieron en el buque Castillo de Olite en su intento frustrado de ayuda, yo quiero rendir ante vosotros homenaje público de admiración y de respeto. (Ovación.)

    ***

    Este “momento excepcional de nuestra historia”, en frase del presidente, trae, sin duda, causa de aquel que comenzó con el arranque de nuestra Cruzada. Por eso nos preocupa la insistencia, incluso oficial, con que se pretende, por un juego de adaptación, metamorfosis, prestidigitación, copia y mimetismo, el retorno al sistema liberal, con independencia de su vestidura inicial monárquica o republicana, ya que, en definitiva, la Monarquía liberal de Sagunto [1874] terminó en República [1931], y la República llevó a España a un enfrentamiento heroico y cruel.

    Hasta tal punto da la impresión que el retorno obsesiona a nuestros gobernantes, que el señor Fraga, ministro de la Gobernación y vicepresidente para Asuntos internos, se ha identificado con la obra de Cánovas, rechazando a la vez la conducta de Caetano [Portugal, 1974], con olvido de que, en virtud de un proceso evidente y comprobable de aceleración histórica, el Cánovas de la Monarquía de Sagunto puede convertirse, si no hay rectificaciones, en el Caetano del Régimen español; y tengo para mí que el señor Fraga tiene inteligencia bastante para no asumir la enorme y trágica responsabilidad de tan pobre y ridículo papel. (Ovación.)

    A la hora de la verdad, lo cierto es que nos encontramos, a primera vista al menos, con tres lenguajes distintos. Se podría hablar, en términos políticos, del español en tres idiomas, o para tres auditorios diferentes: el de las Cortes y el Consejo Nacional, el del pueblo español en directo, y el de la prensa, la radio y la televisión de los países extranjeros. De este modo, la palabra, que debe ser vehículo claro de las ideas, se ha tornado ambigua, confusa y hasta contradictoria según las ocasiones. Para entender algo de lo que en realidad se ha querido decir se hace imprescindible la consulta a una clave o a un mecanismo de cifra y la confección de un diccionario sui generis. (Risas.)

    A veces resulta útil, para aclarar el tema, cotejar y complementar con lo dicho cara al exterior lo que con disimulo o tono conciliante se ha dicho para dentro de casa. De cualquier modo, si con el español en tres idiomas distintos lo que se pretende es no quedar mal o servir a tres señores, decidme hasta qué punto ello no será complicado y hasta imposible cuando con frase evangélica no es nada fácil servir a dos amos distintos. (Risas.)

    Continuidad perfectiva

    Para orientar el curso de lo que voy a deciros, conviene subrayar que, de momento y en un plano oficialista, se advierten dos expresiones programáticas contrapuestas al parecer: la del presidente del Gobierno, señor Arias, y la del vicepresidente del Gobierno, señor Fraga.

    Don Carlos Arias, en su discurso ante el pleno del Consejo Nacional, del pasado 19 de enero, habló de la “continuidad perfectiva” del Régimen.

    Don Manuel Fraga, en múltiples intervenciones, viene hablando de adaptación, cambio y reforma.

    Quede bien claro, y así lo hemos dicho en repetidas ocasiones, que nosotros, que no estamos, como se nos reprocha con frivolidad o con mala fe, por el inmovilismo, estamos con la “continuidad perfectiva”, siempre, claro es, que esta continuidad sea auténtica y no una soflama que, calmando la inquietud de nuestro pueblo, persiga en el fondo, por medio del cambio, la ruptura con el Sistema.

    De aquí se infiere que rechazamos la reforma propuesta, sin que llegue a convencernos la argumentación endeble del ministro de que “sólo se reforma aquello que quiere conservarse, en lo que de verdad se cree”, pues, por un lado, una cosa son las intenciones reformistas de origen y otra la realidad a que, no queriendo, se llega; y, de otro, que es preciso aclarar en qué consisten las reformas, pues éstas pueden tener entidad y consecuencias muy distintas.

    Para verlo claro, pensemos de una parte en Lutero, el hombre de la Reforma. Yo no dudo que al poner en marcha su propósito reformista quisiera adaptar, manteniendo; cambiar, conservando; reformar, consolidando. Pero la verdad es que la Reforma por antonomasia arrancó de la unidad de la Iglesia una gran parte de Europa. Su resultado fue, en muchos órdenes, y no sólo en el espiritual, verdaderamente catastrófico. Por contraste, la catarsis de la Iglesia de Roma, su verdadera purificación, se hizo con la llamada Contrarreforma. El campeón de la reforma auténtica no fue Martín Lutero sino Ignacio de Loyola, y no se realizó por medio de protesta, sino en el Concilio de Trento. (Ovación.)

    De otra parte, no es lo mismo la revocación de una fachada, que puede resultar imprescindible, o una rectificación en el tabicado de las habitaciones para que se acomoden mejor a las necesidades de la familia, que el derribo total de la casa, la reducción a solar del inmueble y la construcción de otra casa nueva, con planos y arquitectos diferentes. Las consecuencias urbanísticas y fiscales –políticas en nuestro caso- no pueden ser idénticas.

    Examinemos

    De aquí la conveniencia de examinar con detenimiento el discurso del señor Arias del pleno de las Cortes, del pasado 28 de enero, y, en especial, sus definiciones y enunciados programáticos. Como no es posible, no obstante el interés del tema, que aquí y ahora nos ocupemos de todas las definiciones y enunciados con la atención que se merecen, espigaremos en los que, a nuestro juicio, son de la máxima expectación y urgencia. Sólo con este examen podremos entrever si estamos ante una “continuidad perfectiva” que no destruye el Régimen, sino que, haciéndolo más auténtico y fiel a sí mismo, lo consolida, o ante una reforma que, pese a su buena intención de origen, equivale a la ruptura.

    Hay unas afirmaciones de principio en el discurso del presidente que debieran ser ilusionadoras e interpretativas de su contenido y de cada una de las apreciaciones que encierra. Tales afirmaciones de principio son las siguientes:

    1ª. “Estamos ante dos tiempos claramente diferenciados: distintos, pero no distantes”, es decir, el tiempo de Franco y el tiempo del Rey.

    2ª. “El legado de (la) obra gigantesca (de Franco) constituye una exigencia de comportamiento en la lealtad.

    3ª. “Partimos de unos elevados niveles, alcanzados por sacrificadas generaciones”.

    Vamos a ver si el programa expuesto por el presidente, y que debiera quedar iluminado por tales afirmaciones de principio, puede contribuir o no a que el tiempo actual sea no solamente “distinto”, sino, como da la impresión, “distante” del tiempo de Franco; si la “lealtad” a la obra de Franco permite o no –y parece que se está permitiendo- su rápida y total disolución; y si el “sacrificio” de esas generaciones puede o no quedar inútil y frustrado.

    Dice el presidente: “La claridad ha sido en todo momento una de las constantes de mi actuación política”. Espero que con idéntica apelación estas reflexiones en voz alta, que inspiran un concepto claro de mi deber como español y como consejero nacional designado por Franco, se entiendan, desde el Gobierno y desde la calle, como exposición de lo que comparto de ese discurso, de lo que discrepo, y de lo que me ofrece dudas, precisamente por su ambigüedad o por su contradicción, pero jamás como postura hostil y falta de espíritu constructivo.

    Analicemos, pues, la exposición que el presidente Arias hizo en su discurso sobre la Monarquía, la democracia, la política exterior y los valores del espíritu.

    I- MONARQUÍA

    Habla el presidente, refiriéndose, como es natural, a la Monarquía española, de una Monarquía “reinstaurada” y arbitral, en la que el Rey no es responsable de la acción específica de gobierno, no se identifica con los grupos políticos y no está sujeto a sus vaivenes, anunciando una rectificación sobre lo prevenido para el caso de Regencia.

    Pues bien, el empleo de la palabra “reinstauración” supone tanto como romper la palabra acuñada por Franco que fue la de instauración. Con ella se evitan las ambigüedades que evidentemente comporta la de “reinstauración” y que puede confundirse en el lenguaje ordinario con la descartada totalmente de restauración.

    Los términos “Monarquía reinstaurada” pueden insinuar, sobre todo por lo que supone de despegue de un vocablo cuyo valor todos entendíamos, que la Monarquía que se corona con Juan Carlos I no trae su causa y última legitimidad de origen del 18 de Julio y que, por lo tanto, no se trata de la Monarquía por la cual combatieron nuestros bravos carlistas (ovación) sino de la Monarquía liberal, cáscara vacía de contenido, que repudió José Antonio, y que a la hora de la verdad no tuvo monárquicos que la defendieran. (Ovación.)

    La Monarquía española, instaurada, para que no haya lugar a dudas, es la Monarquía tradicional, la Monarquía de la Ley Orgánica y de los principios del Movimiento, con aquella unidad de mando y de poder que José Antonio quería, tal como la concibieron y edificaron los Reyes católicos. (Ovación.)

    Dice el presidente que la Monarquía española es una “Monarquía arbitral, sustancialmente análoga a la de algunos países europeos que se distinguen por su alta cultura cívica y sosegado desenvolvimiento político”.

    Con todos los respetos, me parece que esto no es así, toda vez que las Monarquías de esos países europeos son Monarquías liberales y con ellas, si somos fieles a los ideales inspiradores de la Cruzada, la nuestra, la española, no tiene sustancialmente nada en común, toda vez que responde a postulados y exigencias doctrinales e históricas distintas.

    Por otra parte, dudo que los países escandinavos, en los que se dan las Monarquías propuestas como modelo, tengan una “cultura cívica” tan elevada, cuando legalizan el aborto, la anticoncepción, las comunas promiscuas, el matrimonio entre homosexuales y alcanzan los índices más elevados de suicidios; ni estimo que el ejemplo del Ulster, donde el crimen y el terror se han hecho endémicos, puedan ser alicientes para imitar a la Monarquía inglesa. (Ovación.)

    El árbitro

    En la Monarquía española, según el discurso del presidente, al Rey le cabe la función de “árbitro”, función muy expuesta, ya que todo el mundo sabe que no se puede arbitrar a gusto de todos y que, por tal motivo, durante los encuentros, las ofensas más graves se dirigen al árbitro y es al árbitro al que, al terminar los partidos se despide arrojándole las almohadillas.

    Al escuchar de labios del presidente que al Rey correspondía esta función arbitral, imaginé que, al terminar la sesión, el Gobierno se presentaba corporativamente en la Zarzuela para entregar al Rey un silbato de bronce a fin de que pite, de ahora en adelante, las faltas de toda condición que se cometan en el juego político. Pobre y difícil papeleta la que se encomienda al Jefe del Estado. (Risas y ovación.)

    En la Monarquía española, dice, el Rey “no es responsable de la acción específica de gobierno”. Y tal afirmación no deja de ser sugestiva, aunque apenas examinada se entienda que es errónea, no sólo porque es responsable, como es lógico de su propia actuación “arbitral”, sino porque, como la Historia demuestra, y tuvimos ocasión de exponer en el discurso de Badajoz, cuando llega la hora de la verdad, y pese a las afirmaciones cargadas de énfasis, el Rey responde de todo y asume la responsabilidad de todas las acciones específicas y equivocadas de sus gobiernos, mientras que los artífices de tales equivocaciones, que son sus ministros, no responden de nada o de muy poco. Así don Alfonso XIII, víctima del sistema liberal, respondió de todo y tuvo que marcharse, mientras que algunos de sus ministros, como Alcalá Zamora, no sólo no respondió de nada, sino que llegó a ser presidente de la segunda República española. (Ovación.)

    Hay que distinguir

    En la Monarquía española, el Rey “no se identifica con los grupos políticos… pues, como fiel guardián de un depósito inalienable, personifica e integra a todos los españoles en un consenso de concordia nacional”.

    Sin embargo, habría que distinguir entre “grupos y grupos políticos”, pues mientras hay y puede haber unos que respetan, admiran y sirven a ese depósito inalienable, hay y puede haber otros que pretendan dilapidarlo. De aquí que, si el Rey “no puede identificarse con los grupos políticos”, como afirma el señor Arias, será preciso aclarar, en previsión de equívocos y ambigüedades que podrían traer consecuencias muy dolorosas, que esa “no identificación” ha de entenderse con respecto a los temas accidentales en los que resulta lógico y hasta necesario la discrepancia de opiniones.

    Y de otro, que, por la razón apuntada, el Rey ha de identificarse y buscar el respaldo de aquellos grupos políticos que defienden el depósito inalienable del que la Corona se ha convertido en fidelísimo guardián. De lo contrario, es decir, considerando lo mismo a quienes defienden ese depósito y a quienes lo atacan, y llamando a colaborar a los últimos, podía convertirse en cómplice o encubridor de su quebranto; y el quebranto de ese depósito es más grave, a mi juicio, desde el punto de vista moral, por la frustración de confianza que supone, que por el daño económico que pudiera implicar.

    Por otro lado no puede olvidarse, y así nos lo dice la experiencia histórica, que en el tipo de Monarquía liberal a que parece ser que ahora se nos empuja, el Rey, como sucedió el 14 de abril de 1931, al no sentirse constitucionalmente responsable de la acción específica de sus gobiernos, dejó sin custodia ese depósito inalienable, y fue el pueblo español el que, para preservarlo, tuvo que alzarse y contabilizar un millón de muertos. ¡Sería muy triste que alguien quisiera reservar al Rey de la nueva Monarquía un papel idéntico y al pueblo español la ardua tarea de tener que luchar otra vez para continuar subsistiendo! (Inmensa ovación.)

    La Monarquía española, siempre según el discurso del señor Arias, “(no) está sujeta a los vaivenes del juego político”.

    Y así debiera ser. Lo que ocurre es que, si tal afirmación fuera cierta, en España estaríamos aún bajo la Monarquía de Sagunto (1874), no se hubiera implantado la República y no hubiera sido necesario un régimen nacido de la Victoria nacional para instaurarla.

    No basta lo retórico

    Por eso, y aprendiendo las lecciones del pasado, para evitar las consecuencias suicidas de los “vaivenes”, hay que asentar la Monarquía sobre cimientos bien sólidos, no sólo no renegando de su origen, sino afianzándola en los grupos políticos que pueden darle permanencia. Sacar de sus covachuelas, alentar y magnificar, por ejemplo, a la democracia cristiana, que habla sólo de “los pueblos del Estado español”, soslayando a España y que por añadidura se ha confesado escéptica e indiferente a las formas de gobierno, y al partido o partidos socialistas, que colaboraron con la Monarquía y hasta con la Dictadura de don Miguel Primo de Rivera, para sumarse después a la conjunción republicana, expulsando al Rey, es algo que mueve a risa si no fuera realmente dramático para la propia Monarquía y para España.

    Y es que no bastan las proclamaciones retóricas, aunque sean muy sugestivas. En política, terreno como ninguno en que la doctrina cuenta en tanto sea susceptible de aplicación, no pueden dejarse nunca a un lado ni el terreno de operaciones ni los ejércitos en presencia.


    II- DEMOCRACIA

    Dice el señor Arias en su discurso que “caminamos hacia una alternativa democrática (mediante) fórmulas de limpia y clara participación.

    Ello, con las máximas consideraciones, equivale a decir que hasta la fecha no hemos sido una democracia, y ello aun cuando Francisco Franco repitiera hasta la saciedad que España era una democracia orgánica. Y una de dos, o Franco no nos dijo la verdad o la democracia orgánica no es una de tantas modalidades democráticas sino su negación y por ello caminamos ahora, precisamente ahora, después de la muerte de Franco hacia ella.

    Y caminamos hacia ella –la democracia- mediante “fórmulas de limpia y clara participación”. Es verdad que el presidente no explicita ni detalla esas fórmulas –que luego han enumerado sus colaboradores en sus comparecencias en el exterior-, pero está claro, al menos implícitamente, que hasta la fecha las fórmulas de participación establecida en la Ley de Principios, concorde con la doctrina de la Tradición y de la Falange, no eran “limpias” ni “claras”. Por ello, para que sean “limpias y claras” hay que despegarse de las estructuras básicas de la comunidad nacional, familia, municipio, sindicatos y corporaciones profesionales –democracia orgánica-, para acudir al sufragio universal y al sistema de partidos políticos.

    Ahora bien, ¿puede probarse con la experiencia electoral española –abstenciones masivas, rotura de urnas, presiones sobre las mesas, procedimientos de proclamación- que el sufragio universal y el sistema de partidos, aparte de su antieconomía y del complejo pasional que promueven, sean, en serio, “fórmulas de limpia y clara participación”?

    La democracia a la que alternativamente caminamos es, en palabras del presidente, una “democracia española, no copiada” y “más próxima a los países más prósperos del mundo occidental”.

    Si esto es así, si nuestra democracia –a la que vamos- ha de ser española y no copiada, no comprendo las razones que pueden mover a nuestro equipo de gobierno para aceptar la visita de tantos supervisores y de tantos maestros de fuera. La obsesión por el beneplácito del mundo occidental ha colmado todo lo que hubiera podido imaginarse. Comisiones de demócratas cristianos, liberales, socialistas, sindicalistas, etcétera, deambulan por nuestro país, emitiendo dictamen, aprobando y desaprobando públicamente y formulando opinión en los despachos oficiales. En este trance, el Consejo de Europa examina y censura, y Kissinger, en ese famoso desayuno norteamericano, pronuncia, para júbilo del ministro secretario de la Presidencia, un sonriente beneplácito para la evolución española hacia la democracia.

    España, ¿un maniquí?

    Y yo me pregunto: ¿cómo es posible que nuestros demócratas del Ejecutivo, en vez de buscar de inmediato y sin tapaderas la opinión y el apoyo, en su caso, del pueblo español, mendiguen las bendiciones de ciertos poderes de fuera? (Inmensa ovación del público, puesto en pie.)

    Parece que España es un maniquí al que ha de vestirse entre todos. Cada uno saca de su bolsa de retales un trozo de tela distinto: rojo los socialistas, amarillo los liberales y morado los vaticanistas. Se trata de un traje tricolor y republicano, que puede ser… (Inmensa ovación.) Y Dios quiera que España, aturdida, no pierda la ecuanimidad y se sienta a gusto con el traje, porque entonces acabará no sólo envilecida sino siendo el hazmerreír del mundo. (Ovación.)

    La democracia hacia la que alternativamente caminamos es una “república coronada” y no, como dijo Fraga Iribarne con poco acierto una democracia coronada. Pero, así y todo, para los oídos y el recuerdo de los españoles, la fórmula presidencial, la de “democracia coronada” resulta molesta. Quienes deseamos que en España se consolide la Monarquía que Franco quiso, no podemos olvidar que esa fórmula se empleó sin éxito en Grecia, país mediterráneo de sensibilidad muy próxima a la nuestra. La solución de la “democracia coronada” se rechazó en un plebiscito popular, y el Rey, cuñado de Juan Carlos, continúa fuera de su país. (Ovación.)

    El régimen asociativo, fracasado

    En la democracia española han de conjugarse el Movimiento y unas Asociaciones políticas evolucionadas”. Esto es lo que, en síntesis, vino a decir el presidente Arias en su discurso del 28 de enero. Sobre el particular conviene que hagamos algunas observaciones que estimo importantes.

    En primer término, que el régimen asociativo, como era de prever y nosotros anunciamos y pusimos de relieve al negarnos a participar en el mismo, está fracasado. El presidente, que en su día fue su gran animador [Feb. 1974] y que lo espoleó desde su alta magistratura en su penúltimo discurso al Pleno de las Cortes, confiesa ahora con sinceridad que “la respuesta a la oferta asociativa ha resultado limitadamente satisfactoria”. Y es natural que así sucediera, pues el asociacionismo político no era un anhelo del pueblo español, sino la puesta en marcha, por intereses y grupos de presión conocidos, de un propósito confesado por otra parte, de liquidar o fragmentar al Movimiento y de abrir brecha a los partidos políticos.

    Por eso, y al modo del despotismo ilustrado, el sistema asociativo fue, no algo que el pueblo pedía, sino una oferta gubernamental, que, no obstante las incitaciones de oficio y la financiación del Estado, tuvo una respuesta “limitadamente satisfactoria”. De aquí que, con palabras del presidente, “persuadidos de la insuficiencia de las normas asociativas, por su escaso arraigo en la realidad en que deben insertarse, no tendremos ningún escrúpulo en reconsiderarlas”.

    Al llevar a cabo esta reconsideración, aunque el presidente haya salvado con habilidad la trampa, es posible que se admitan los partidos, de acuerdo con sus declaraciones a «Newsweek» de 12 de enero de 1976 y a las aclaraciones para el exterior de algunos de sus compañeros de Gobierno.

    En cualquier caso, partidos o asociaciones políticas evolucionadas, y siempre de acuerdo con el discurso presidencial, han de ser compatibles con el Movimiento, al que define como “pacto social básico”. Ahora bien, como por una parte se llama a colaboración a las fuerzas que “sintonicen con los Principios de nuestro orden constitucional” [Principios del Movimiento], y por otro a “todos cuantos quieran aceptar unas reglas de convivencia elementales”, el problema que surge es el de si los Principios se diluyen transformándose en reglas elementales de convivencia, o bien si tales reglas elementales de convivencia son precisamente los Principios del Movimiento. El dilema pone en marcha una contradicción tan evidente como insoluble:

    Si los Principios, como “pacto social básico”, se identifican con las “reglas de convivencia elementales”, no se explica la legalización de facto de los partidos políticos que se manifiestan hostiles a tales Principios, propugnando abiertamente, dentro y fuera de España, la ruptura con el Régimen.

    Si, por el contrario, esa legalización se justifica porque los Principios han dejado de ser –no obstante lo que se dice con solemnidad- el “pacto social básico” y las “reglas de convivencia elementales”, entonces habrá que definir estas últimas y correlativamente derogar o modificar tales Principios, lo que, por definición constitucional, resulta imposible.

    Sugiere confusiones

    Es verdad que el presidente arroja del seno de la legalidad a la violencia terrorista, al anarquismo, al separatismo y al comunismo totalitario, pero también es verdad que no conocemos ningún comunismo que no sea por esencia totalitario, por lo que el calificativo sólo sugiere confusiones y hasta la posibilidad de que algún género de comunismo fuera admisible; que el separatismo campa por sus respetos con libertad digna de mejor causa desde los actos de Guernica a los de Barcelona (ovación) y que los secuestros y asesinatos de guardias civiles gozan de desgraciada actualidad.

    Las severas admoniciones del presidente, cuyos puntos de vista en este supuesto comparto, me recuerdan, no obstante, esas películas del Oeste en una de cuyas secuencias la cantina se convierte en un auténtico pandemónium de gritos, disparos, espejos y lámparas rotas, mujeres que huyen y puñetazos a granel, mientras el sheriff, representante de la autoridad, subido en el mostrador, grita enloquecido y sin que nadie le haga ni caso. “¡Respeto a la ley, orden y paz!” (Risas y aplausos.)

    Democracia y Monarquía. He aquí dos temas fundamentales. De la Monarquía tradicional no se dice nada. Dela democracia orgánica, tampoco. Por ello, si es difícil precisar “la frontera entre lo lícito y lo ilícito en política”, una cosa es clara: que el fraude ideológico es ilícito.

    III- POLÍTICA EXTERIOR

    El tema de la política exterior es muy amplio, y no es posible que entremos a fondo en cada uno de los apartados que engloba.

    De la cuestión del Sáhara hablamos detenidamente en los discursos de Las Palmas y del Puerto de la Cruz, hace tan sólo unos días, y a ellos me remito, no sin reiterar que en plena alternativa democrática ni el pueblo ni las Cortes saben a estas alturas en que consiste el Tratado de España con Marruecos y Mauritania, ni cuál, como no sea por la prensa, el estado de anarquía en que se vive en la que fue próspera y pacífica provincia española (Ovación.)

    Por lo que se refiere al Tratado que el señor Areilza acaba de firmar con los Estados Unidos, representados por Kissinger, creo que no se ha hecho otra cosa de carácter sustancial que una actualización, por el doble proceso inflacionario de la peseta y del dólar, de las sumas a percibir por España. Todo lo demás son préstamos con interés, entrega de material de segunda mano y muchos futuribles y “desiderata”, amén de documentos que aún han de firmarse y de normas adjetivas que han de discutirse. Demasiado papel para pocas nueces, relegando el tema de la balanza comercial deficitaria con los Estados Unidos y sobre todo el tema de las exportaciones españolas, de trato tan escasamente amistoso. (Ovación.)

    La posición de España al respecto debió quedar absolutamente clara subrayando: que encuadrados en Occidente no somos neutralistas; que no toleramos la postura de segundones; que las bases militares y todo nuestro dispositivo de defensa y ataque debe estar en nuestras manos; que una cosa es la ayuda y el suministro de material y otra la presencia en nuestro territorio de tropas extranjeras en situación de paz; que en ningún caso puede admitirse chatarra como sustitutivo; y que tampoco es admisible que nuestro Ejército se vea coartado en el uso libre del material recibido, como ocurrió, al menos que yo sepa, cuando las agresiones de Marruecos en Ifni [1957]. (Ovación.)

    IV- VALORES DEL ESPÍRITU, MORALES Y RELIGIOSOS

    Habla el presidente del cultivo de estos valores. ¡Y cómo no hemos de compartir su punto de vista y el énfasis con que en ello insistió! Pero basta salir a la calle para darse cuenta de que el libro, el folleto, la revista, el espectáculo y los anuncios llamativos y a todo color de tales espectáculos, atentan gravísimamente y con desafío cada día mayor a tales valores, degradando al individuo y a la sociedad.

    El propio presidente reconoce, al referirse a los medios de comunicación social, que los mismos, a veces, se utilizan de tal modo que son vía abierta “para la difamación”, para el “ataque al honor”, a la dignidad de instituciones, grupos o personas”, para “la insidia y el insulto”, para “campañas contra el Estado, la sociedad, la familia (y) la moral pública”.

    Yo no me atrevería a dar ningún calificativo a este género de campañas, pero la verdad es que el presidente, con harta razón, las repudia y las condena; lo que sucede es que, siendo así las cosas, lo que hay que hacer, como indica con razón Ricardo de la Cierva, con el que estoy de acuerdo en este caso, no es tanto hablar de reforma de la ley, sino sencillamente aplicarla. (Aplausos.)

    ***

    Señaló Franco a la masonería y al comunismo como los grandes adversarios de España y de la civilización cristiana contra los cuales debíamos y debemos permanecer alerta. ¿Y será precisamente el programa de reforma que se anuncia el mejor camino de permanecer alerta? ¿La “continuidad perfectiva” no será tan sólo un bello enunciado adormecedor al confundirse e identificarse con un cambio que nos llevará a la ruptura, a desatar todo lo atado y bien atado?

    Para mí está claro que el retorno al punto de partida, mediante la instalación de un sistema liberal, equivale a reponer las causas de los mismos desastres que acarrearon la ruina de la nación. El liberalismo es el clima más apto para la implantación de la tiranía comunista, sin que la socialdemocracia, que tanto se cacarea como fórmula de contención, sirva en realidad para algo positivo, pues, como dijera José Antonio, sólo actúa como arena en los cojinetes del capitalismo.

    Todo lo que facilite o acelere las posibilidades de sovietización de nuestra Patria nos parece condenable, y el comunismo, como es lógico, aprovechará la incertidumbre y el juego permisivo del sistema liberal para adueñarse de la situación y monopolizarla.

    A tal fin, dispone de medios extraordinarios. El comunismo sacrifica todo a la propaganda, a las exigencias de la lucha política, a la causa de la revolución universal. El hambre de los pueblos dominados, la esclavitud de millones de seres, significa muy poco para los cuadros dirigentes del marxismo. Los grandes tópicos con que encabezan sus campañas, aun torpes y fraudulentos, proliferan ante el olvido histórico, las manipulaciones de la opinión pública, la apelación constante a sentimientos primarios o a movimientos reflejos.

    Incomprensible

    Así, el comunismo hace un llamamiento reiterado a la libertad. Las grandes pancartas de las manifestaciones públicas que los dirigentes comunistas preparan o encabezan, lucen de un modo llamativo, estridente y entre admiraciones la palabra ¡Libertad!

    Y ello es incomprensible, porque el comunismo, no sólo en la práctica, allí donde domina, no admite libertades ni derechos humanos, que conculca sistemáticamente, sino que niega doctrinalmente la libertad que solicita. En efecto, si la libertad procede del espíritu y el marxismo niega lo sobrenatural, exaltando el determinismo materialista, que somete a la Naturaleza y al hombre a una dialéctica sin autor y sin destino, no es posible concebir a un comunista pidiendo una libertad que niega. El propio Lenin, cuya autoridad no discuten ni siquiera los comunistas heterodoxos de nuestro tiempo, preguntaba: “La libertad: ¿para qué?”.

    De aquí que el marxismo, como tantas concepciones políticas y sociales –filosóficas, en el fondo- equivocadas de raíz acaben olvidando al hombre. El buen salvaje de Juan Jacobo Rousseau, el ciudadano de Robespierre, el proletario de Marx, son entes de razón, criaturas imaginadas y artificiales, ideas prefabricadas, que desorbitan o ignoran al hombre. Por el contrario, para una concepción política de raíz cristiana, como fue la de José Antonio, el hombre y sólo el hombre es el eje del Sistema; un hombre portador de valores eternos y no de valores económicos, productor o consumidor, como lo es para el marxismo.

    Acudir a la libertad para, haciendo uso de ella, establecer el comunismo y la utópica sociedad sin clases, es otra de las contradicciones del marxismo toda vez que, si la Historia se mueve y avanza en virtud de un determinismo natural y por un juego inexorable e inevitable de la dialéctica materialista, la entrada en el proceso de la libertad, que por otra parte se niega, parece contradictoria.

    Otro de los grandes espejismos en que se escuda la propaganda marxista es la que transforma al Partido en vanguardia de la clase obrera. Y ello no es verdad, porque si al Partido Comunista lo que le interesara en serio es la llamada clase obrera y por tanto la mejora de sus condiciones de vida y de trabajo, no pretendería la quiebra económica, que produce un colapso y un deterioro de los niveles conseguidos, la mayoría de las veces sin la intervención de sus agitadores. (Ovación.)

    Destruir la civilización

    El Partido Comunista no es la vanguardia de la clase obrera, sino la vanguardia de la subversión mundial, que pretende por todos los medios, hasta la violencia, la destrucción del orden recibido, para construir otro antitético en el que las nociones sustantivas del hombre, de la comunidad en que el hombre vive, de su origen y de su destino, descansen en una concepción atea y antitea.

    Rosenberg, en su libro «Marx y el proletariado» nos descubre que, para Marx, el servicio al proletariado, a la clase obrera, no constituye un fin. Para Marx, que aspira a destruir la civilización recibida, subvirtiéndola y sustituyéndola por las estructuras que él imagina, la clase obrera tan sólo es un instrumento para llevar a cabo la subversión. No la sirve, sino que se sirve de ella, y a tal fin la explota, la azuza y la seduce, espolea odios y resentimientos, espíritu de venganza y revanchismo, llegando a crear, victimando al obrero, el hambre y la ira para que puedan darse lo que Lenin ha llamado con acierto las condiciones objetivas de la revolución.

    Precisamente porque la clase obrera es para Marx un instrumento, cuando la misma deja de escucharle y se libera de su yugo –verdadero opio del trabajador, que le aliena de su contorno y de su esencia-, tiene que buscar febrilmente un sucedáneo. Y así, probando una vez más lo falso de su fundamento, crea o fomenta, según los países y las circunstancias, la lucha generacional, la de razas y tribus, la regional y la eclesiástica.

    No es el marxismo militante la vanguardia de la clase obrera. Ni Marx ni Engels ni Lenin fueron trabajadores manuales. Y, que yo sepa, no son tampoco obreros Santiago Carrillo, Tierno Galván, Rodolfo Llopis y Felipe González.

    El capitalismo, al máximo de poder

    El eslogan anticapitalista campea en todo el aparato dialéctico del marxismo, siendo así que en el Estado comunista el capitalismo llega al máximo de poder y concentración monopolística. En el Estado soviético no hay más que un solo patrón y todos los súbditos se constituyen en dependencia burocrática y funcional del mismo. Si en el sistema capitalista puede darse la explotación del hombre por el hombre, cabe, con toda su tragedia, que el explotador tenga sentimientos de piedad o que el explotado cambie de empresa; en el sistema comunista, que concentra en el Estado todo el poder político y todo el poder económico, no cabe ni la misericordia ni el cambio, sólo cabe la esclavitud o la muerte.

    Ahora comprenderéis el panorama sombrío que ofrecen los países comunistas; la tristeza de sus habitantes resignados; los heroicos levantamientos ahogados en sangre de Berlín, de Alemania Oriental, de Polonia, de Hungría y de Checoslovaquia; las guerrillas endémicas de Ucrania; los huidos a través del Muro de la vergüenza, del Telón de Acero, de la Cortina de bambú o de los tiburones del Caribe; las peticiones de asilo de los que con un motivo u otro pueden saltar las fronteras; los inmensos campos de concentración y los manicomios para los discrepantes.

    Hasta El Campesino, comunista de renombre durante la Cruzada, ha podido escribir luego de su experiencia en Rusia: “Me arrepiento de haber tratado de imponer el comunismo. La URSS ha sido para mí la mayor desilusión, el mayor engaño y el peor fracaso de mi vida”.

    ¡Qué tremenda responsabilidad, pues, la de alejar el tema de España de este encuadramiento, de una España que, por otra parte, con un esfuerzo extraordinario, diríamos que sobrehumano, logró colocarse en una cota desde la que podía no sólo escapar a la maniobra envolvente del enemigo, sino encabezar a escala cósmica la ofensiva contra el adversario!

    Guerras convencionales

    ¿Conseguirá ahora el enemigo, con el desmantelamiento iniciado, lo que no logró alcanzar en 1936? Porque si el comunismo se instaló en Rusia en 1917, a raíz de la primera guerra mundial, y se consolidó y extendió a raíz de la segunda, ¿no intentará adueñarse del mundo en la tercera? Y esa tercera guerra mundial, como dice Soljenitsin, testigo de primera línea, comenzó al firmarse el acuerdo de Yalta y alcanzó una victoria indudable con el Tratado de Helsinki [1975].

    La tercera guerra mundial se diafragma en guerras convencionales, en confrontaciones civiles de carácter bélico y en la lucha política, subversiva y psicológica en todas partes. La confusión ideológica y la corrupción moral son tácticas insistentes y bien programadas, capítulos importantes de esta conflagración, para la cual los países occidentales se hallan, por culpa de su clase directora –negligente o cómplice-, infradotados.

    Por estar infradotados, los países sucumben, como señala Soljenitsin, al primer encontronazo con el comunismo. Después del encontronazo, descubren con asombro su auténtico perfil, llegan a arrancarle la máscara y pretenden reaccionar. Pero ya es tarde. La sumisión por la fuerza de los embaucados es un juego de niños para las divisiones soviéticas. Entonces, cuando se descubre que el marxismo no tiene rostro humano y que habría que intentar que lo tuviera, de un lado ya no hay tiempo para conseguirlo, y de otro, el intento sería imposible, porque el marxismo, en tanto que lo sea, al arrancar al hombre su dignidad de hijo de Dios y considerarlo como un animal en alto grado de desarrollo, no puede tener jamás, aunque quisiera, un rostro verdaderamente humano. (Ovación.)

    Los alzamientos contra la tiranía comunista, los gestos heroicos y escalofriantes de los pueblos subyugados, no fueron obra de los fascistas, ni de los conservadores, que habían sido asesinados o estaban en prisión, fueron obra de los engañados por el comunismo, de los militantes de las células, de los trabajadores, de los estudiantes, que reaccionaron con el vigor del arrepentimiento contra los autores del inmenso engaño. ¡Con qué razón se ha dicho que el comunismo es intrínsecamente perverso!

    Para hacer frente al enemigo de la civilización cristiana, el liberalismo, primer disolvente de la misma, carece de aptitud; sin que valga tampoco el mejor armamento convencional o atómico. Sin la voluntad decidida, sin las convicciones firmes, el armamento puede entregarse al adversario, como ocurrió en Vietnam. El rearme de los pueblos sólo puede hacerse desde el campo moral e ideológico. Lo demás viene por añadidura; el uso de la fuerza se hace innecesario cuando el enemigo en acecho advierte nuestra decisión de combatirlo. Las victorias de los comunistas han sido deserciones del mundo libre.

    La caridad no es la traición

    Si para Occidente ha llegado el momento decisivo en que se pone en juego la civilización, no hay más remedio que huir de las libertades falsas, de las libertades de perdición, para anclarnos y fortalecernos en la libertad auténtica, devolviendo a la palabra su verdadero sabor. La libertad, se nos grita desde los campos de esclavos de la URSS, no es el cálculo, que pone en la balanza mi comodidad de momento o la miseria espiritual y material de mis hermanos, del mismo modo que la caridad no es la traición, ni la tolerancia la indiferencia, ni el amor a los enemigos pasarme a sus trincheras. Amor, tolerancia, libertad, ¡de qué modo os han falsificado en Occidente!

    La libertad, estragada por tantos abusos, astillada y reblandecida, sólo es viable y se mantiene enhiesta cuando se nutre de las obligaciones que comporta, cuando se apercibe y asume las responsabilidades que conlleva, cuando sacrifica egoísmos, placeres y hasta valores lícitos de entidad menor en un tiempo difícil, cuando está dispuesta, si es necesario, al heroísmo. La libertad que dignifica no es el libre albedrío psicológico que me da a elegir entre matar o no matar, entre cumplir con mi deber o incumplirlo. La libertad psicológica no es un fin, es tan sólo un medio, y el medio, como todo camino, vale en tanto me conduce a la meta, es decir, a la verdad y al bien. La libertad psicológica afecta al ámbito autónomo de mis decisiones, pero el ejercicio recto, en orden a su fin, de esa libertad es el único que me libera y me perfecciona, que me hace realmente hombre.

    Lo importante hoy es la claridad en las ideas, las convicciones firmes, la voluntad dispuesta, la libertad en su sentido auténtico, eligiendo la verdad y el bien, a costa de lo que sea. Este rearme ideológico y moral milita contra la abulia, la resignación, el fatalismo, la vida muelle y confortable, y demanda, individual y colectivamente, un esfuerzo como el que los españoles y España como nación, con el propósito de subsistir, hicieron durante la Cruzada (Ovación.)

    La primera batalla, en la que todo va a decidirse, lo decíamos en Puerto de la Cruz, es la batalla interior, la que es posible que se esté librando dentro de nosotros mismos.

    ***

    El presidente Arias, con sumo acierto ha dicho en su discurso, con toda valentía que:
    es evidente que se intenta borrar nuestro pasado político (y) volver a un imposible e indeseable punto cero”; y que es preciso evitar la
    aventura suicida de dinamitar… un orden tan dolorosamente logrado”.

    Pues bien, como “albaceas de la memoria de Franco (y) para hacer operativo su mensaje”, utilizando palabras del discurso presidencial del 28 de enero, decimos:

    No al Revisionismo
    No al Cambio
    No a la Reforma:
    y decimos con frase del propio jefe del Gobierno,

    Sí a la “continuidad perfectiva”, que asegure la autenticidad del Régimen del 18 de Julio y no su crisis de identidad y su desmantelamiento y demolición y, con una y otra, el suicidio de España.

    De esta forma, la nostalgia –también siguiendo el hilo del discurso que comentamos- no será un freno, sino un estímulo para que la etapa de Juan Carlos, siendo distinta, no sea distante de la época de Franco.

    (Clamorosa y larga ovación del público, puesto en pie, que entona como cierre del acto el “Cara al Sol”.)

    Última edición por ALACRAN; Hace 3 semanas a las 18:38
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

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    Desagravio a D. Carlos de Meer, cesado por el gobierno Arias como gobernador civil de Baleares por sus simpatías hacia el 18 de Julio y Fuerza Nueva:

    6

    Revista FUERZA NUEVA, nº 478, 6-Mar-1976



    “REMOCIÓN VÍA SATÉLITE”

    DISCURSO DE BLAS PIÑAR EN EL HOMENAJE A CARLOS DE MEER

    en el restaurante el Bosque, de Madrid, el 20 de febrero de 1976, homenaje que, convocado por FUERZA NUEVA, le tributaron más de 800 personas; en el curso del mismo hablaron, además del homenajeado, dos representantes de las Islas Baleares, de cuyo archipiélago fue Carlos de Meer gobernador civil y jefe provincial del Movimiento hasta su cese por decisión del Gobierno.

    “Hoy hace tres meses que murió Franco. Aquellos que al enterrar sus restos mortales en la basílica del Valle de los Caídos deseaban también dar sepultura al Régimen, pueden sentirse satisfechos y estar orgullosos de su obra, porque a la vista de los acontecimientos podría tenerse la impresión de que Franco debió morir hace muchos años.

    Dos semanas, dos meses, dos años

    “El programa del cuadro dirigente de la nación se proponía unas metas a alcanzar en plazos previstos de dos semanas, dos meses y dos años. La consigna del cambio sin ruptura, sin artilugios de lenguaje es a mi juicio y en el fondo, la siguiente: dos semanas para exponer con cierta claridad las intenciones reformistas y, a la larga, liquidatorias del Sistema; dos meses para la interpretación derogatoria del orden institucional, sin demasiados escrúpulos morales por el juramento prestado de defenderlo; dos años, en fin –que no sabemos si habrán de cumplirse-, para deshacer la obra de Franco, regresar al punto de partida, y transformar una España floreciente y en paz en una España roja y rota a la vez. (Aplausos.)

    En este cuadro general, en el que el desmantelamiento ideológico, la corrupción moral, la ruina económica y la mendicidad en el exterior (enorme ovación del público puesto en pie) pretenden cabalgar sobre España como jinetes aniquiladores del Apocalipsis, se produce la remoción casi vía satélite –el progresismo avanza mucho- de Carlos de Meer como gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Baleares.

    Se trata de la remoción de un hombre fiel al 18 de Julio, al que adornan las más altas virtudes castrenses y políticas, zaherido por esas campañas de difamación a que aludía el jefe del Gobierno en su discurso ante las Cortes el pasado 28 de enero.

    Me interesa destacar aquí, para agradecérselo una vez más, su presencia en el acto de Palma de Mallorca, porque a partir de ese instante llovieron sobre Carlos de Meer la insidia y las ofensas. ¿Es que un jefe provincial del Movimiento no puede acudir, incluso por razones de respeto y cortesía a un acto público en el que interviene como orador un consejero nacional del Movimiento, que en este caso, además, fue designado personalmente por el Caudillo? ¿Es que no va a merecer su confianza, si goza plenamente de la confianza del jefe nacional?

    Acaba de decir un tal Tarafini, al que no conozco… que Carlos de Meer, el cesado gobernador civil de Baleares, “no tenía sentido común”. Al leerlo me indigné, estimando que esta apreciación pecaba de injuriosa. Pero reflexionando entendí, querido Carlos, que tiene toda la razón. Carlos de Meer no ha tenido sentido común, porque hace falta tener poco sentido común y mucho patriotismo para servir en un cargo de responsabilidad a un sistema que se complace, o así lo parece, tolerando la difamación contra sus mejores funcionarios y convidando a restaurantes de lujo o recibiendo amistosamente en los despachos oficiales a aquellos que lo atacan sin reservas. (Ovación entusiasta).

    El caso de Carlos de Meer se inscribe en el contexto de la dimisión presentada por la alcaldesa de Bilbao, doña Pilar Careaga, que también tuvo que sufrir ataques reiterados y convergentes de los que deseaban su salida, y la detención de unos muchachos de Barcelona –cuya conducta esclarecerán los tribunales- en el momento de enfrentarse en torno a Xirinachs, el huelguista del hambre bien alimentado , con quienes vendían carteles del “Che” Guevara y de Mao Tse-Tung, junto a otros que representaban un cerdo con la cara de Franco o un dibujo ridículo de Juan Carlos con la leyenda de pelele.

    Merecen nuestro aplauso

    “Estos jóvenes de Barcelona, en una época aburguesada como la nuestra, merecen nuestro aplauso, como lo merecen los estudiantes que en la Universidad madrileña han sabido defender el honor de la Patria ultrajada. Unimos nuestro clamor y nuestra protesta a la del teniente general Galera y a la de todos aquellos que con harta razón se indignan al ver cómo el recinto de la Ciudad Universitaria, que se rescató de la esclavitud marxista a precio de sangre de una de las mejores generaciones españolas de todos los tiempos, se haya convertido, sin tomar serias medidas para evitarlo, en lugar propicio para las concentraciones subversivas en las que la hoz y el martillo y las enseñas separatistas se exhiben con desafío y libertad. (Ovación.)

    Lo que ocurre –y bendita sea la indignación de algunos, aunque venga con retraso- es que lo que ahora vemos de forma más generalizada y con eco notable en la prensa comenzó hace años, al aparecer pintadas brutalmente ofensivas contra el Caudillo, en las facultades madrileñas, sin que los colaboradores de Franco hiciesen nada o muy poco para descubrir y sancionar a los autores. Obran en mi poder fotografías y relación circunstanciada de las frases soeces y cargadas de odio, con letras de gran tamaño, que ensuciaban los blancos paramentos de la Facultad de Ciencias Económicas.

    Y data de entonces también la expulsión de la Universidad de seis estudiantes, entre ellos uno de mis hijos, acusados de alborotadores, por el simple delito de arrancar y romper un inmenso cartelón que estuvo expuesto durante varios días con la siguiente leyenda: “Franco, hijo de…”; y conste que donde están los puntos suspensivos figuraba la palabrota. (Gritos de ¡Franco, Franco!)

    Ahogada en los despachos

    “Entonces nadie se conmovió, y las protestas más que justificadas de los que padecíamos por tanta barbarie se ahogaron en los despachos de los hombres públicos, sin que nada trascendiese para no alterar las digestiones de la superioridad. (Inmensa ovación.)

    Hace unos días, querido Carlos, trataba en Barcelona de mantener la moral de ese grupo de muchachos patriotas y valientes, y ello porque hace falta una fortaleza en grado heroico cuando el gesto de valor se realiza en la soledad y ante el silencio “prudente” de los amigos.

    En épocas signadas por la valentía, en las que la valentía se contagia por emoción, el héroe nota hasta físicamente el calor, a la vez que el aplauso de los suyos, que le contemplan, le respaldan y animan. En épocas pusilánimes, signadas por el miedo y el temor, el héroe llega a sentirse aislado, solitario y advierte, porque salta a la vista, que con un pretexto o con otro hasta los mejores camaradas se repliegan y huyen.

    Así, el Divino Maestro se quedó solo cuando el instante del prendimiento, y solo, con apenas un jovencillo y unas pocas mujeres cuando el instante de la crucifixión. (Aplausos.)

    En silencio y en soledad el heroísmo es doble, porque en ese clima hay que rechazar la tentación del abandono, ahuyentar la pregunta –luego de conocer las traiciones, las negaciones, las deserciones, las ingratitudes- del porqué del sacrificio sin límite; negar oídos a los burlones, a los que rodean cargados de odio y de envidia, incapaces de una actitud gallarda y entera, y que claman incesantes y aturdidores: “Bájate de la cruz”. (Aplausos.)

    Tres objetivos

    “Nosotros, en el acto de hoy, con este homenaje que te brindamos y ofrecemos en la hora difícil, aspiramos a lograr al menos tres objetivos:

    · En cuanto a ti, que no te sientas solo, sino confortado por la amistad y camaradería de muchos españoles que no están dispuestos a que España desaparezca como nación; a que sin un solo disparo sea entregada a sus enemigos, que ya pasean sus trapos, sus puños y su rencor por toda nuestra ancha y diversa geografía.

    · En cuanto a nosotros, que no nos sumamos a los cobardes, a los resentidos, a los veleidosos, a los que sustituyen con frivolidad su indumentaria ideológica si ello resulta más cómodo, aunque sea menos digno, más fácil para su ambición personal, aunque ello conlleve la ruina de la Patria.

    · En cuanto a España y al pueblo español, que -como dijimos pronto hará diez años en «Razón de ser» cuando FUERZA NUEVA aparecía como un pasquín de llamada- como un clarinazo en la siesta cómoda del bienestar: “ora est iam nos de somno surgere”. Ya es hora de despertar. “Los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta”. Lo dijo Franco. Fueron sus últimas palabras. Las que escuchamos el 20 de noviembre.

    ¿Están alerta todos los españoles? No lo sé. Pero sí sé que nosotros, los hombres y mujeres de FUERZA NUEVA, contigo, Carlos de Meer, estamos despiertos, en vigilancia y alerta. ¡Arriba España!


    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 18:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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