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Tema: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Blas Piñar, en Molina de Segura (Murcia)



    Revista FUERZA NUEVA, nº 513, 6-Nov-1976

    Blas Piñar, en Molina de Segura (Murcia)

    EL ESPÍRITU DE LA REFORMA

    (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el cine Consu, de Molina de Segura (Murcia), el 24 de octubre de
    1976.)

    “ES éste, amigos y camaradas, el primer acto político de FUERZA NUEVA después de su inscripción en el registro correspondiente del Ministerio de la Gobernación. Y que conste que fue preciso acudir a los más altos niveles para lograrlo, con un argumento irrebatible: si para la Reforma política, tan grave por lo que supone de cambio constitucional, se utilizaba el trámite de urgencia, resultaba incomprensible que para lograr el reconocimiento de FUERZA NUEVA como partido, no obstante el cumplimiento meticuloso de, todas las exigencias legales, se aplicara un trámite lento. Pero al fin se salvaron todas las dificultades, y al amparo de la nueva normativa, que ciertamente no nos agrada, aquí estamos, para luchar, como lo hemos venido haciendo hasta ahora, por la unidad, la grandeza y la libertad de la Patria. (Ensordecedor aplauso.)

    Hace once años tuve el honor de hacer uso de la palabra en este mismo local. La víspera hablé en la Casa de la Cultura de Murcia. En aquella ocasión el tema del discurso se centraba en torno a las banderas que comenzaban a arriarse y que ahora se arrían con descaro por los que han vivido, no para ellas, sino de ellas, bajo su manto suave y protector. Pero no importa; esas banderas, las banderas gloriosas del 18 de Julio, continuarán erguidas y en alto, mantenidas por quienes, al igual que nosotros, combaten por las ideas que simbolizan, al margen de toda ambición o propósito de lucro y, como decía José Antonio a sus jóvenes escuadristas de la Falange, a la intemperie, cara al sol o bajo el púlpito luminoso y nocturno de las estrellas. (Se repite el aplauso.)

    • • •

    El pasado primero de octubre, FUERZA NUEVA quiso conmemorar el cuarenta aniversario de la exaltación a la Jefatura del Estado de Francisco Franco. Quizá fue el único acto que se celebró en Madrid con dicho objeto. En nuestra aula de conferencias, rebosante de un público fervoroso que la desbordaba, tuve ocasión de exponer la postura de FUERZA NUEVA ante el momento político de España. Después, en un Madrid que se va transformando, otra vez, de corte en checa, como diría Agustín de Foxá, nuestros jóvenes, en la calle, molesta y entristecida por la jomada de lucha que habla organizado la subversión, hicieron patente, con sus voces y su estilo, la lealtad a Franco, a su pensamiento y a su obra.

    Unos días más tarde se celebró el pleno del Consejo Nacional del Movimiento. Todos sabéis la frialdad con que fue acogida la presencia de su presidente y el silencio que siguió a su brevísimo discurso. Pero no eran ni la frialdad ni el silencio los que iban a decidir la cuestión que iba a plantearse. Los votos, que son tan importantes en una democracia, demostrarían que, a pesar del silencio y de la frialdad, la mayoría aceptaba la tesis reformista del Gobierno, dando, con pequeñas modificaciones de la ponencia y la aceptación mitigada de algunas correcciones, un «sí» al cambio sustantivo constitucional, a la desaparición del propio Consejo y a la disolución del Movimiento, y, por lo tanto, un «sí» al suicidio. Al espíritu del 12 de febrero, de tan triste recordación, ha sucedido, con acogida mayoritaria, el espíritu de la Reforma.

    Y es lógico y congruente que así sea. Los que eligieron a Suárez para ocupar un escaño de consejero nacional, debían apoyarle en su propósito reformista. Lo que me cuesta, sin embargo, mucho esfuerzo llegar a entender, salvo que la crisis de hidalguía que alguien ha detectado y denunciado sea evidente, es que también la mayoría de los llamados cuarenta de Ayete, con olvido o, quizá a mi modo de ver, erróneo entendimiento de la misión que por el Caudillo les fuera encomendada, no sólo dejaran de velar por la subsistencia del Movimiento que Franco puso en marcha, sino que contribuyeran con sus votos a desmentir a Franco, que aseguró que la continuidad del Movimiento estaba en el Movimiento mismo. (Aplauso de gran duración y gritos de /Franco/ ¡Franco!)

    • • •

    En una época como la nuestra, cargada de confusión, urge esclarecer el sentido auténtico de las palabras en uso. Dulce María Loynaz, poetisa cubana, pedía a Dios, en unos versos admirables, que no nos dejara caer en la tentación de las palabras vacías, del cascabel de las palabras, y Agatha Christie, la famosa novelista inglesa, que acaba de fallecer, refiriéndose a los políticos, escribe que para ellos las palabras no son vehículo de las ideas, sino instrumento hábil para velarlas o desfigurarlas.

    Pues bien, nosotros vamos a intentar que las palabras sean un reflejo fidelísimo de las ideas, esclareciendo su contenido, evitando, a todo trance, el falseamiento, la duda o la oscuridad.

    Son muchas, naturalmente, las palabras que deberíamos someter a observación y análisis. Basta por hoy considerar tres vocablos cuyo uso, de tan frecuente, nos anonada: inmovilismo, reforma y ruptura.

    La palabra inmovilismo es fruto de una creación artificial y maniquea. Con él se pretenden dos cosas: justificar la existencia de un extremismo maximalista, que actúa sin freno en toda la nación y que se manifiesta con un signo disolvente del orden recibido, y promover las posturas llamadas de centro, moderación, serenidad y equilibrio.

    ¿Pero dónde están los inmovilistas y el inmovilismo? ¿Cómo demostrar con argumentos eficaces e incontrovertibles que lo son aquellos a los que con arrogante frivolidad se les moteja de tales?

    Porque inmóviles sólo se quedan los muertos, y afectados de inmovilismo lo están los seres de por sí inanimados. Y Dios, de algún modo, siendo la fuente y raíz de todo movimiento vital, es el gran inmóvil, pues, teniendo en Si mismo la perfección, no ha de moverse ni salir de Sí mismo para alcanzarla.

    En cualquier caso, si a alguien se le pudiera imputar el inmovilismo, no sería a nosotros, que hace diez años salimos a la vida pública con una actitud crítica, y a la vez constructiva y responsable, supliendo, en la medida en que nos fue posible, a un «Movimiento» que se reducía, cada vez más, a burocracia y nómina.

    Análisis de una palabra

    La palabra reforma requiere más atención. Reforma es una palabra casi mágica, y por ello hueca, vacía, que puede llenarse con ideas muy diferentes y hasta contrarias. Y así: hay una Reforma para conformar y otra para deformar; hay una Reforma para rematar una Constitución y otra para cambiarla; hay una reforma, con minúscula, para depurar de incrustaciones y perfeccionar la obra realizada, y hay una Reforma, con mayúscula, que aspira, aunque lo oculte, a sustituir un Régimen por otro Régimen distinto, hay unas reformas para hacer coincidir la empresa con los planos ideales del comienzo, y una Reforma para destruir lo edificado, y sobre el solar o sobre parte del solar, si algo queda del mismo después de la tarea demoledora, construir un edificio diferente del primitivo; hay, en definitiva, unas reformas que pretenden adaptar mejor las leyes fundamentales, el ordenamiento jurídico de rango inferior y hasta los hábitos sociales, a los Principios que configuran el alma nacional, y hay una Reforma que lleva consigo el desconocimiento fáctico y la denegación subsiguiente de tales Principios.

    El primer tipo de reforma se llama, sin tapujos, continuidad perfectiva, evolución y desarrollo homogéneo del Sistema, Régimen, en fin, de Constitución Abierta. El segundo tipo de Reforma, aun utilizando las mismas letras e idéntico vocablo, no es más que la ruptura; el regreso a las posiciones de partida, a las que estamos, por desgracia, retrocediendo; liquidación de la obra de Franco y del esfuerzo de la guerra y de la paz. (Gran aplauso.)

    Lo que se esconde detrás

    Las reformas, con minúscula, las que nosotros hemos postulado siempre, son un corolario de la dinámica interna de una comunidad política que aspira a la perfección. Equivale, en cierto modo, al «Ecclesia semper reformanda» de la comunidad espiritual y puede asimilarse, refiriéndonos al hombre individualmente contemplado, que se examina, arrepiente y enmienda. La Reforma, con mayúscula, conlleva un comportamiento negativo, una conversión al revés, un reconocimiento explícito de la inutilidad, ineficacia o arcaísmo de las instituciones y la proclamación de una apremiante y urgente necesidad de reemplazo; la salida de la Iglesia —para poner un ejemplo elocuente—, como ocurrió con la Reforma de Lutero, para fundar una Iglesia distinta.

    La ruptura es lo que en realidad, y por mucho que se edulcore o almidone, se enmascara y trata de vehiculizarse con el término Reforma. Si el cambio fue la consigna del gabinete Arias, la rúbrica genérica y la perspectiva del gabinete Suárez se dan cita en la apertura de un período constituyente. Y un período constituyente lo es en tanto en cuanto durante el mismo se pone a debate, a discusión y en tela de juicio todo lo que afecta a la subsistencia de la comunidad, a sus ingredientes constitutivos; algo así como una reelaboración morbosa de las propias razones de existir.

    El preámbulo del proyecto de ley de Reforma política no deja lugar a dudas acerca de las líneas doctrinales en que el Gobierno la hace descansar, ni sobre su propósito. De ahora en adelante, si el proyecto prospera, no habrá dogmas políticos, verdades objetivas. La ley no encuentra el fundamento de su fuerza coercitiva en la concordancia con la razón, con el Derecho natural y con la ley divina, sino, fruto de un voluntarismo trasnochado, que hace del hombre su propio demiurgo, encontrará en la decisión mayoritaria su poder imperativo.

    Muchas cosas pueden ser lícitas así

    Con esa carga antiteológica, que ha conducido al más absoluto desorden, el divorcio, la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, las corrientes doctrinales que destruyen la dignidad y la libertad del hombre, serán lícitos en función de lo que acuerde la mayoría. Pues bien, así como hay verdades matemáticas y leyes físicas que la voluntad mayoritaria no puede cambiar, así también hay baremos morales, principios filosóficos y verdades políticas, que el hombre puede negar, pero sin que su negativa haga desaparecer lo evidente y sin que la evidencia fluya, con tono penitencial, a través de las crisis personales y comunitarias a que hoy asistimos.

    Sentado el principio de la plena soberanía de la voluntad mayoritaria y la inexistencia de todo ordenamiento objetivo, es inútil el escamoteo, como última salvaguarda, de un elenco más o menos reducido de temas, que se sitúan, como inalcanzables, en una egregia y distante torre de marfil. Recluir en ella la unidad de España, el Ejército y la Monarquía, estimándolos fuera de discusión, es tanto como construir castillos en el aire. Si el pueblo es soberano, y su voluntad mayoritaria decide, ¿por qué no reconocerle el derecho a decidir que España se fragmente en las nacionalidades que la autodeterminación desee?, ¿por qué no aceptar su voto favorable a la desaparición de las Fuerzas Armadas?, ¿por qué, en resumen, no acatar el sufragio que sustituye la Monarquía
    por la República?

    ¡Triste misión la de afirmar un principio y abominar luego de sus consecuencias! ¡Flaco servicio el que el Gobierno Suárez, con su periodo constituyente, está haciendo a España, al Ejército y a la Monarquía! (Fuerte y prolongado aplauso.)

    ¿No veis cómo cada día se agravan los problemas, cómo se tambalea el orden jurídico, el moral, el económico y hasta el orden público?; ¿cómo no hay seguridad ni confianza?; ¿cómo se asesina sin piedad?; ¿cómo no se respeta el derecho al trabajo, que es mucho más importante que el derecho a la huelga? De seguir por este camino no habrá sino dos opciones: el caos o la dictadura; y nosotros, que no queremos el caos, so pretexto de democracia, y que no creemos en la dictadura como solución, si llega el momento límite, preferimos la dictadura al caos. (Ensordecedor aplauso.)

    • • •

    Un excelente escritor, examinada la actitud política de los españoles en el momento de la muerte de Franco, los distribuía, sin perjuicio de matizaciones ulteriores, en dos grandes grupos: los que creían y los que no creían en la continuidad del Régimen del 18 de Julio.

    Los primeros son los que entendían, y a mi juicio entienden, que las fundaciones no se extinguen cuando fallece el fundador, ni las sociedades cuando se mueren sus promotores, y que los edificios no se hunden o se derriban por el simple hecho de que el arquitecto que los construyó fallezca.

    La necesidad de unos Principios básicos, animadores de la sociedad y del Estado; la participación del pueblo en las tareas legislativas, a través de los cauces naturales de representación; las pruebas exhaustivas y clamorosas de los éxitos logrados; la existencia de un consenso popular abrumador, eran argumentos, entre muchos, más que suficientes para justificar la actitud de tantos millones de ciudadanos que creían y creen en la continuidad y en el perfeccionamiento del Régimen de Franco.

    Más aún, y por si todo eso no bastara para justificar esa postura, la viabilidad del franquismo como Sistema, es decir, del franquismo sin Franco, lo comprobó el pueblo, al producirse, con su muerte, la entrada en juego del mecanismo sucesorio. No hubo un solo fallo, porque el engranaje, sin maniobras ajenas, funcionó tal y como se hallaba previsto.

    El pueblo, de un lado, en aquellas colas interminables, tributó al Caudillo un homenaje silencioso y emocionado de lealtad y de gratitud, poniendo a su vez sus ojos y sus esperanzas en un Príncipe joven que Franco quiso formar para España y que juró lealtades ante la nación y sobre los Evangelios, en la mañana de Santa Cecilia de 1975.

    Nace la Monarquía del 18 de Julio

    Se culminaba con aquel juramento la Monarquía de la Ley Orgánica del Estado, la del referéndum de Fraga de 1966, la vestidura coronada y en cierto modo sacramentada del Régimen que nació del 18 de Julio. Se remató con la Corona la hechura que Franco consideró más apta, por lo que la Monarquía auténtica tiene de unidad de poder, para garantizar en el tiempo futuro la permanencia del Estado nacional, que tuvo su origen en el gran plebiscito de la sangre vertida en la guerra de liberación, y su fortaleza en el constante refrendo, moralmente unánime, de un pueblo que hasta ahora había trabajado con alegría y en paz.

    ¿Cuál ha sido la conducta de los gobiernos de la Monarquía frente a estos dos grupos de españoles?

    En primer término, presentar a la Corona como instrumento agilizador del cambio y por ello de la liquidación del franquismo.

    En segundo lugar, entenderse, dialogar, alentar y legalizar «de facto» y «de iure» a los enemigos del Régimen.

    Por último, marginar, silenciar, atacar o tolerar campañas de difamación contra las instituciones y los hombres que permanecen leales, en la medida que su lealtad descansa en el mantenimiento a otro rango de lealtades repetidamente juradas.

    Las tres actitudes referidas se ponen de manifiesto apenas se recuerde:

    • la afirmación rotunda, eliminadora de compromisos, de que la Corona era el motor del cambio; equivalente a un traslado de responsabilidades —impropio de quien se proclama liberal— desde la propia órbita a una órbita superior, que debió siempre respetarse;

    • la admisión en la práctica de las agrupaciones políticas adversas al 18 de Julio. Desde el famoso almuerzo de Fraga Iribarne, anterior ministro de la Gobernación y vicepresidente del Gobierno, con Tierno Galván, líder de un partido marxista, hasta los diálogos placenteros del señor De la Mata con las Comisiones Obreras, o del señor Suárez con Felipe González, no hay más que un paso en idéntica línea;

    • la tolerancia al separatismo, que comenzó con las frases cariñosas para el Partido Nacionalista Vasco y termina con las exhibiciones desafiantes de la bandera que lo simboliza; la «Diada de Catalunya», la marcha de la libertad y la inauguración de una placa homenaje a Luis Companys, el hombre que, al frente de la Generalidad, se sublevó contra España, primero, y entregó Cataluña, después, a la anarquía y al crimen. (Aplausos.)

    • la aniquilación permitida de los Sindicatos verticales y únicos, y la invitación a reconstituirse de las sindicales obreras, empezando por la U.G.T., cuyo congreso se celebró en Madrid no hace muchos meses, autorizado por Fraga Iribarne, el mismo que ahora se escandaliza de las «excesivas concesiones a actitudes revanchistas, erosionadoras de la paz y el orden, y disgregadoras de la integridad nacional»;

    • el aumento creciente del terrorismo, casi siempre impune, que nos arroja con reto las nuevas víctimas de los asesinados en San Sebastián;

    • el regreso triunfante de exiliados de toda condición, antecedentes y responsabilidades, desde Madariaga y Sánchez Albornoz, cuyos insultos a Franco son muy difíciles de olvidar, hasta las familias de Prieto, Casares Quiroga y Santiago Carrillo; así como el retorno de un antiguo miembro de la guerrilla asturiana, al que se aclamó en Madrid, entre puños en alto y las estrofas de «La Internacional»;

    • la apología más o menos encubierta de los militares de la U.D.M., recientemente amnistiados, y el intento fallido, pero notorio por su significación, del pase a la reserva de dos ilustres soldados, los tenientes generales De Santiago e Iniesta Cano;

    • la negativa a un homenaje popular de gratitud a Franco y la autorización de un homenaje póstumo a Mao Tse-tung.

    De este modo, progresivamente acelerado, los Gobiernos de la Monarquía han dimitido de sus funciones fundamentales, accediendo a todas las exigencias de la oposición al Régimen, es decir, de los partidarios de la ruptura.

    Enumeración de hechos

    En este orden de cosas, quedó abolida, sin que su derecho penal sustantivo se aplicase, la ley antiterrorismo; se concedió la amnistía, prometiendo ampliarla; se abrieron las fronteras para el regreso de muchos que no venían a hacer precisamente ejercicios espirituales, sino ejercicios más peligrosos para la seguridad del Estado; se neutraliza y despolitiza al Ejército; se toleran los ataques a la policía y a las fuerzas de Orden Público; se admite la avalancha de una pornografía brutal, que ni siquiera fue posible durante la República; aumenta, en fin, por momentos, la crisis económica, la crisis laboral y, sobre todo, la crisis de confianza.

    Por ello es inútil pedir ahorro al pueblo, cuando el pueblo observa cómo se dilapida la reserva de divisas, acudiendo a importaciones que compensen la falta de rendimiento, motivada por las huelgas, y la abstención lógica de los empresarios al borde de la ruina.

    El Gobierno, al insistir en la vía iniciada, puede convertirse en el peor enemigo de la Corona. Y es natural que así sea, porque si, en última instancia, la Monarquía no responde a su única razón legitimadora de ser, la continuidad del Régimen del 18 de Julio, y no permanece fiel a sus raíces políticas, jurídicas y morales, arrastrará una vida precaria, fruto de su propia contradicción, es decir, de su cambio de signo y de la negación de su origen y fundamento. Transformada la Monarquía, como algunos quieren, de continuadora en demoledora, una vez cumplida la misión asignada, quedará inútil, haciendo tránsito a la República. (Aplausos.)

    Del motor del cambio, pasaremos de este modo a un cambio de motor, requerido con amenaza no sólo por los que, protegidos por la fuerza pública, gritan «¡Monarquía asesina!», sino por los que repiten el eslogan «España, mañana, será republicana», y por los que, como el P.S.O.E. y Felipe González, como dirigente del mismo, quieren —sin que ello sea obstáculo para recibir los elogios públicos del jefe del Gobierno de la Corona— una República federal de las nacionalidades del Estado español. (Gran aplauso.)

    iNo os engañéis! Los únicos hombres leales a la Monarquía pueden —y no quisiéramos decir que han podido— ser los hombres leales a Francisco Franco.

    • • •

    Pues bien, a la altura de este año de gracias, pero también de desgracias, tenemos que contemplar y examinar un hecho político importante: la aparición en escena de la opción democrática y reformista que nos proponen las personas y grupos vinculados por la «Alianza Popular».

    Permitidme, porque el tema es grave, que exponga, con la misma diáfana claridad que constituye una de nuestras características, la opinión que nos merece el nuevo ente político.

    Vaya por delante que en una contextura liberal, como la iniciada, los pactos y convenios para los periodos electorales pueden ser no sólo convenientes, sino necesarios: hay que sumar votos, encauzar estados de opinión, eliminar escisiones dispersadoras, luchar con las máximas posibilidades de éxito contra un adversario inteligente, con experiencia y medios muy abundantes de financiación y de presión psicológica. Pero de esta realidad no puede seguirse que, quienes forman el pacto por razones electorales y tácticas, abominen de su equipaje doctrinal o lo escondan. La elaboración y edificación de un programa común excede de la táctica y afecta a la ideología, y en ese programa común, que cuenta de 14 puntos, observamos:

    1.°) Se acepta «la necesidad de una Reforma constitucional» y «el proceso abierto por el Gobierno», lo que supone, por mucha mitigación correctora que pueda lograrse, el abandono de la continuidad perfectiva y la entrada en el juego liberal, repitiendo el ciclo histórico del mal menor, de Maura y de Gil Robles, aceptando, el primero, la Monarquía de Sagunto, y el jefe de la CEDA, la República del 14 de abril. (Aplausos.)

    2.°) El propósito de aclimatación al sufragio universal, a la democracia inorgánica, al sistema de partidos y a las autonomías regionales, se halla de manifiesto en el programa de la «Alianza Popular»; y, siendo esto así, habrá que preguntarse: si el Régimen anterior era bueno, puesto que reconocéis el valor de la obra realizada, ¿por qué os unís a su Reforma con mayúscula?; si, por el contrario, queréis su Reforma, porque ese Régimen dejaba mucho que desear, ¿no se os ocurre que tales defectos serían imputables a vosotros, toda vez que en el mismo ocupasteis puestos de la máxima responsabilidad? (Aplausos.)

    3.°) En ninguno de los 14 puntos se menciona a Franco. A pesar de ello, se escribe: «los franquistas al asalto»; como se seguirá hablando, pese a tales silencios que no me explico, de los «espectros del pasado» y de los «perros azules».

    4.°) Hay una obsesión morbosa por Europa, casi equivalente a la obsesión de otro signo de los grupos antifranquistas de reconocido corte liberal. Todos quieren ser europeos de una u otra línea, pero fundamentalmente europeos; aunque la verdad es que el Acuerdo que ahora se nos propone por el Mercado Común es más oneroso para España que el de la época de Franco, y que el Gobierno de corte derechista de Francia sigue arropando y protegiendo a los asesinos de E.T.A. Por eso me permito elevar desde aquí mi protesta respetuosa por el viaje del Rey a Francia. (Aplauso ensordecedor.)

    Y de Hispanoamérica, donde el Rey fue recibido con entusiasmo y donde está nuestro corazón y nuestro futuro, ni una sola palabra.

    5.°) Se afirma la identificación o asimilación de los grupos vinculados a «Alianza Popular» con los partidos populistas, conservadores y de centro, de los países occidentales de Europa, con lo que se asignan un cometido semejante: el de luchar a la defensiva, cediendo posiciones, como la democracia-cristiana de Italia, o legalizando la píldora y el aborto, como la derecha gubernamental francesa.

    6.°) Existe la posibilidad de una adscripción directa a «Alianza Popular», no pasando por ninguno de sus cauces, lo que supone, si nos atenemos a lo que han dicho, escrito o hecho quienes los representan, que al mismo tiempo se dirá que sí al matrimonio indisoluble y al divorcio moderado; a la no legalización del Partido Comunista y a su legalización demorada y «a posteriori»; al homenaje popular a Franco y a la negativa a ese homenaje; a la oposición al revanchismo y a la vía libre para quienes lo predican; a la creación de un Frente Nacional y a la exclusión apriorística de aquellos cuya definición nacional no puede discutirse.

    Lo grave, para mí, de la «Alianza Popular» no es que haya constituido un tremendo error político, sino el daño posible que pueda suponer para España, en una hora difícil como la presente, en la que toda concesión en lo fundamental es irreparable.

    Por mucho que se nos diga, la verdad es que la aceptación del periodo abierto, es decir, de un periodo constituyente, supone la aceptación de la Ruptura, que eso es, y no otra cosa, la Reforma. Quienes sigan el programa de la «Alianza Popular» deben saber que abandonan su campo propio, logrado con sangre y dedicación, para entrar en un campo —el del liberalismo— que Franco condenó reiteradas veces, y que dio origen al trauma más doloroso de nuestra historia reciente. En el fondo, y aunque se reitere que se trata de salvar cuanto sea posible del franquismo, se abjura de unas posiciones doctrinales y de la obra realizada bajo su inspiración. Si se trata de salvar lo que se pueda del Régimen de Franco, se está reconociendo que acaba de naufragar.

    La subversión se identifica con al olvido

    El reformismo, con enmiendas o sin ellas, en cuanto acepta la Reforma, con mayúscula, se une al proyecto de sustituir el Sistema recibido y se traslada, quizá sin saberlo, al terreno de la subversión, porque la subversión no se identifica y confunde con la violencia en la calle, sino con el olvido, primero, y la sustitución, después, de una Constitución por otra de signo contrario.

    Más aún; el reformismo, en este momento, y aunque no lo parezca, es más peligroso que la Ruptura clamorosa, porque ésta sobresalta y produce un movimiento casi instintivo de rechazo, mientras que la Reforma, aceptada con alguna mitigación consoladora y limosnera por ministros de Franco y personas reputadas de orden, allana y facilita el camino, tranquiliza a los miedosos y calma a los que, derrotados desde ahora, sólo piensan en el mal menor y en una paz aparente y furtiva, con lo que no hacen otra cosa, como ocurrió con la CE.DA., que preparar y acunar; lo mismo que sucedió entonces. (Aplausos.)

    Y no es, bien lo sabe Dios, que nos parezca mal que se unan los afines. Pero la unión ha debido ser para oponerse a la Reforma, y no para aceptarla.

    • • •

    Para FUERZA NUEVA, la cuestión vital que tenemos a la vista no es la electoral, que a muchos absorbe pensando en concejales, diputados y senadores. Todo esto es importante y no se debe descuidar. Pero el problema de fondo afecta al hombre y a la comunidad política, a todos y cada uno de los españoles y a España como nación. Algo metafísico, trascendental se halla en juego, y no hay razones electorales de peso que, a la vista del debate, nos permitan la entrega de jirones de verdad. Como nos decía un sacerdote no hace mucho: «la vida podemos entregarla; la verdad no», porque sólo la verdad, la verdad entera, nos salva. ¿Y acaso Cristo, el Maestro, no nos enseñó a dar con la vida el supremo testimonio de la Verdad?

    Para nosotros, el esquema doctrinal del 18 de Julio, con todas las imperfecciones que queráis y con todas las deslealtades que conocéis, sobrepasa a una propuesta utópica. Es una realidad positiva y en marcha, que ha deparado a la nación una época envidiable de paz y de progreso, que salta a la vista.

    El Régimen de Franco cuenta con el aval, no de las urnas, sino del dolor y la sangre de los que murieron para edificarlo. ¡Ay de las familias y de las naciones que olvidan a sus héroes y a sus mártires! ¡Cómo nos insistía el cardenal Gomá para que los recordásemos! Vaya desde aquí mi cariñosa felicitación a Joaquín Barquero, consejero local de Murcia, por su preciosa carta de queja por la supresión del funeral del 13 de septiembre.

    Y, por si fuera poco, la continuidad perfectiva del Estado nacional la exige la fidelidad a un juramento prestado; y, que yo sepa, no hay una valoración moral distinta para el juramento que se presta a un orden constitucional y el que se demanda en otras esferas.

    Por último, si la Tradición y la Revolución nacional se hermanan, la primera como manantial y la segunda como su fruto, está claro que sólo en la permanencia de un Régimen en el que ambas se dieron cita España puede mantener su modernidad y su identidad.

    Para defender y robustecer todo ello, con la conciencia tranquila del deber cumplido, con fe en la capacidad creadora de nuestro pueblo, iremos, si es necesario, acompañados o solos, a las elecciones que puedan celebrarse, pero sin ceder, como decíamos, un sólo pedazo de la verdad. La unión, contra lo que se dice y propala, no hace siempre la fuerza. Depende ello de muchos factores. Alemania se debilitó, sin duda, al unirse a Italia durante la última contienda, como se debilitaron los aliados al unirse a la URSS, a la que entregaron, so pretexto de liberar a Polonia, no sólo Polonia, sino la mitad del viejo continente. El parche nuevo, nos dice el texto sagrado, rasga y rompe el tejido deteriorado y viejo al que se zurce.

    Nosotros no aspiramos a ser la derecha turnante de un Régimen liberal, luego de haber repetido con machacona insistencia que no éramos liberales. Nosotros no deseamos convertirnos en el contrapeso de la izquierda.

    Nosotros, señor Fraga, no estamos a su derecha, y nadie puede señalarnos con ese calificativo en la mesa que presidió la rueda periodística de la «Alianza Popular». No estábamos ni a su derecha, ni tampoco a su izquierda. Estábamos fuera del hotel donde la «Alianza Popular» proponía un programa que no compartíamos. (Aplauso atronador con el público enardecido y puesto en pie.)

    Desde esta línea de pensamiento y de acción, FUERZA NUEVA hace un llamamiento a las clases medias, a los profesionales y empleados, a los pequeños y medianos empresarios, que con su esfuerzo y sacrificio crean riqueza y proporcionan puestos laborales; a los trabajadores, que saben ya, por la experiencia que se inicia, lo que suponen las amenazas, las palizas y hasta el asesinato de los que no secundan las órdenes de los piquetes de
    huelga; a las mujeres españolas, que nos ayudarán con eficacia y sencillez, ocupando, si es preciso, los puestos arriesgados si los hombres los abandonan; a la juventud, en fin, que a pesar de los estupefacientes y del señuelo marxista, con que se trata de corromperla, siente a España en el corazón y en las venas.

    A la mística adversaria, oponemos la nuestra, y con ella nuestro orgullo, como dijo José Antonio, de ser españoles, de sabernos hijos y soldados de una nación que supo oponer al protestantismo, que hizo quiebra de la Cristiandad, las tesis de Trento y las guerras divinales; a la Revolución francesa, que las armas de Napoleón imponían en Europa, el Alzamiento popular de 1808; y al marxismo, que pretendió esclavizarnos, de igual modo que hoy subyuga a una gran parte de la humanidad, la Cruzada libertadora de 1936. (Aplauso prolongado.)

    Con esa mística, el Caudillo, en su testamento, que será para nosotros mensaje y orden, nos quería en estado de alerta contra los enemigos de España y de la civilización cristiana. Y para precisarlos, después de advertirnos que el adversario estaba dentro, los señaló en su breve discurso del 1 de octubre de 1975: la masonería y el comunismo. (Se reproduce el aplauso.)

    Para actualizar este mensaje, para poner de manifiesto nuestra lealtad y nuestra gratitud, para oponernos a la Reforma-Ruptura que pretende desmantelar al Régimen de Franco y arruinar España, nos concentraremos el próximo 20 de noviembre, al año de la muerte del Caudillo, al cumplirse un nuevo aniversario del fusilamiento de José Antonio, en la plaza de Oriente de Madrid.

    Allí, Dios mediante, nos encontraremos, unidos en el mismo amor y en el mismo espíritu de entrega a España. Hasta entonces.

    ¡ARRIBA ESPAÑA!

    Un aplauso del público, puesto en pie, que dura varios minutos, cierra el grito del fundador de FUERZA NUEVA, y el «Cara al Sol» que se canta en el cine y en la calle pone punto final al acto de afirmación nacional.


    Última edición por ALACRAN; 06/10/2021 a las 13:56
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    El más importante discurso: en las Cortes, contra el proyecto de Ley de Reforma política de Adolfo Suárez


    Revista FUERZA NUEVA
    , nº 516, 27-Nov-1976

    Blas Piñar en las Cortes Españolas

    ENMIENDA A LA TOTALIDAD

    Blas Piñar López, procurador en Cortes, formula a la totalidad del proyecto de ley para la Reforma Política, publicada en el “Boletín de las Cortes Españolas, núm. 1532, correspondiente al 21 de octubre de 1976, lo siguiente:

    ENMIENDA A LA TOTALIDAD

    El proyecto de ley para la Reforma Política se halla en contradicción con la Ley de Principios del Movimiento Nacional.

    Toda reforma de nuestro ordenamiento jurídico debe encaminarse a la perfección del Sistema edificado sobre ellos y no a deteriorarlo, desmontarlo o sustituirlo por otro.

    El proyecto de reforma no sólo está en contradicción evidente con los “ideales que dieron vida a la Cruzada”, y que tales Principios recogen, sino que viola los señalados con los números II, IV, VII, VIII, IX y X.

    ***

    Conforme al artículo 1º de la Ley citada, todos y cada uno de los Principios que en la misma se enumeran y proclaman “son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables”.

    Por consiguiente: o se deroga la Ley de Principios, en cuyo caso se subvierte el orden constitucional y se cambia de Estado, o el proyecto de ley de Reforma Política es inviable.

    ***

    Conforme al artículo 2º de la Ley de Principios: “Todos los órganos y autoridades vendrán obligados a su más estricta observancia. El juramento que se exige para ser investido de cargos públicos habrá de referirse al texto de estos Principios Fundamentales”.

    Por consiguiente: no puede pedirse a las Cortes, como Cámara legislativa, ni a los procuradores en Cortes, que han prestado el juramento prescrito, que voten una ley que viola lo que se obligaron a cumplir con la más estricta observancia.

    ***

    Conforme al artículo 3º de la Ley de Principios: “Serán nulas las leyes y disposiciones de cualquier clase que vulneren o menoscaben los Principios proclamados en la presente Ley Fundamental del Reino”.

    Por consiguiente: tratándose de un proyecto de ley de Reforma Política que vulnera y menoscaba los Principios enunciados, procede, en razón de su manifiesta nulidad, su devolución al Gobierno.

    Madrid, 28 de octubre de 1976.

    ****************


    DEFENSA DE LA ENMIENDA ANTE EL PLENO DE LAS CORTES, EL 16 DE NOVIEMBRE DE 1976

    Señor Presidente, señores Procuradores:

    Subo a esta tribuna con una doble emoción: por primera vez hago uso de la palabra en un Pleno de las Cortes, y lo hago, además, en una sesión que es sin duda histórica, que será larga y que ha despertado una expectación lógica, porque de nuestro voto depende, sin duda, el futuro inmediato de nuestra Patria.

    Yo he presentado una enmienda a la totalidad del proyecto de Reforma Política pidiendo la devolución del mismo al Gobierno, con o sin mecanismos correctores, ya que, por importantes que sean, suponen la aceptación de la misma en sus, coordenadas esenciales.

    Para justificar mi enmienda a la totalidad utilizo tres argumentos: uno eminentemente político, otro moral y otro jurídico. Voy a ceñirme a los tres, haciendo notar que la Ponencia, embebiendo quizá, en su contestación los dos últimos, sólo da cumplida, pero insatisfactoria respuesta al primero.

    ***

    Mi enmienda arranca, en síntesis, de estas proposiciones: nuestro ordenamiento constitucional descansa en unos principios doctrinales. A partir de ellos puede modificarse o derogarse cualquiera de las leyes que integran ese ordenamiento constitucional. Es así que el proyecto de Reforma Política no perfecciona el ordenamiento constitucional vigente, sino que se halla en contradicción con los principios doctrinales básicos; luego procede su devolución al Gobierno.

    A esta proposición de partida se añade un argumento moral -valor del juramento prestado- y un argumento jurídico –el de contrafuero.

    PRIMER ARGUMENTO

    El proyecto de Reforma Política se halla en contradicción con la Ley de Principios, toda vez que en el artículo 1° de aquél se proclama que "la democracia en la organización política del Estado español se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo', añadiendo -que la elección de diputados y senadores se hará "por sufragio universal, directo y secreto (artículo 2°, apartado 2, y Disposición transitoria primera).

    La ley, por tanto, y conforme al proyecto, no goza de fuerza coercitiva y vinculante porque se halle de acuerdo con el derecho natural y con la ley divina, sino porque es la expresión de la voluntad soberana del pueblo, decantada por mayoría de votos a través del sufragio universal.

    La concepción voluntarista de la ley, el sistema del sufragio universal como cauce de representación y la democracia inorgánica, no tienen nada en absoluto que ver con el ordenamiento constitucional que descansa en los Principios.

    Creo que fue José Antonio el que, hablando de la ley, dijo que la misma debería ser exponente de las "categorías permanentes de razón', y no tan sólo de las arbitrarias "decisiones de voluntad”; y creo que fue José Antonio el que afirmó que el liberalismo es "el más ruinoso sistema de derroche de energía”.

    Balmes, el gran filósofo catalán del siglo pasado, contrapuso la democracia social, que recogen los Principios, y la democracia liberal, que contempla la Reforma. Aquélla concibe a la sociedad civil tal y como es, respetando y vitalizando sus estructuras básicas, sus cauces naturales de representación. La última, atomizando y dislocando la realidad social, sometiéndola al juego artificioso de los partidos, es (recojo sus palabras en cuanto manifiestan el pensamiento de la tradición española) "errónea en sus principios, perversa en sus intenciones, violenta e injusta en sus actos”. Por eso "ha dejado siempre un reguero de sangre, y, lejos de proporcionar a los pueblos la verdadera libertad, sólo ha servido para quitarles la que tenían".

    Y Franco, al que si se califica de hombre irrepetible, debe ser para respetar su obra y no para deshacerla (porque en ese caso lo de irrepetible, lejos de ser un elogio, sería un desprecio, sería tanto como aceptar su herencia para despilfarrarla en seguida), afirmó con claridad meridiana, refiriéndose a la democracia del sufragio universal y de la ley fruto de la voluntad mayoritaria, que dicho Sistema había traído el "ocaso de España”, añadiendo con palabras que quiero recordar aquí y ahora, cuando hemos de adoptar una resolución trascendente: "Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra una permanente guerra fría dentro del propio país; que divide y enfrenta a los ciudadanos de una misma comunidad; que inevitablemente alimenta los gérmenes que, más tarde o más temprano, desencadenan la lucha de clases; que escinde la unidad nacional al disgregar en facciones beligerantes una parte de la Nación contra la otra ; que fatalmente provoca, con ritmo periódico, la colisión entre las organizaciones que se dicen cauces y mecanismos de representación pública; que, en lugar de constituir un sistema de frenos morales y auxiliares colaboradores del Gobierno, alimentan la posibilidad de socavar impunemente el principio de autoridad y el orden social" .

    ¿Acaso no preveía Franco con estas palabras las consecuencias ya visibles y alarmantes del abandono de los Principios durante el año transcurrido desde su muerte?

    ***

    El proyecto de Reforma se halla en conflicto con la filosofía política del Estado que surgió de la Cruzada. Si el proyecto prospera, por muchos y hábiles que sean los mecanismos correctores, lo que no podrá conseguirse, como no sea rechazándolo, es que el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, la unidad entre los hombres y las tierras, la subordinación al interés nacional de los intereses individuales y colectivos, la Monarquía tradicional, la representación orgánica, la justicia social, la función social del trabajo, la iniciativa privada, la concepción comunitaria -en intereses y propósitos- de la empresa, a que aluden los Principios que enumero en mi enmienda, sean respetados por las decisiones soberanas de una mayoría, cuya voluntad puede manipularse en el caldo de cultivo que es, para los grupos de presión, la democracia inorgánica.

    De la Patria, como fundación, y del Estado al servicio de la misma, pasaremos, si la Reforma se aprueba, a la comunidad política como fruto de un pacto social, y al Estado como espectador o como súbdito -aunque parezca paradoja- del partido más fuerte o de los partidos coaligados.

    ***

    Dice la Ponencia en su informe, al rechazar mi escrito, que doy "por supuesto que la Constitución española (conjunto de las Leyes Fundamentales) es de las llamadas "pétreas" que excluyen la posibilidad de toda modificación".

    Tal afirmación "petrificante" carece de fundamento y la reputo gratuita, aunque no me molesta, pues Cristo, al petrificar a Simón lo hizo piedra angular de la Iglesia; y nadie pondrá en duda la fuerza vitalizante y salvadora de semejante piedra. (Rumores.)

    Pero de petrificado, en el sentido en que usa el término la Ponencia, nada. El que os habla y la corriente de opinión que sin duda existe y que puedo interpretar ahora, no somos enemigos de la reforma de nuestro ordenamiento constitucional y jamás hemos dicho que tal ordenamiento sea inmodificable. Todo lo contrario. Por nuestra lealtad al juramento y a la obra de Franco, por nuestra inserción en la realidad española de nuestra época y por un entendimiento sin confusión de cuanto ese ordenamiento constitucional permite, no sólo admitimos, sino que deseamos y queremos las reformas; pero no precisamente esta Reforma, porque esta Reforma, tal y como la quiere el Gobierno y tal y como la defiende la Ponencia, no es de verdad una Reforma, es una Ruptura, aunque la ruptura quiera perfilarse sin violencia y desde la legalidad.

    Y es que, como teníamos, no hace mucho, ocasión de decir, la palabra "Reforma" es una palabra hueca, vacía, que puede llenarse con ideas muy diferentes y hasta contrarias. Y así: hay una Reforma para conformar y otra para deformar; hay una Reforma para rematar una Constitución y otra para cambiarla; hay una Reforma para depurar de incrustaciones y perfeccionar la obra realizada, y hay una Reforma que aspira a sustituir un Régimen por otro Régimen distinto; hay una Reforma para hacer coincidir la empresa con los planos ideales del comienzo y una Reforma para destruir lo edificado y, sobre el solar, si algo queda del mismo, construir un edificio diferente; hay una Reforma que pretende adaptar mejor las leyes fundamentales, el ordenamiento jurídico de rango inferior y hasta los hábitos sociales a los Principios que configuran el alma, nacional, y hay una Reforma que lleva consigo el desconocimiento fáctico y la denegación subsiguiente de tales Principios; hay una Reforma corolario de la dinámica interna de una comunidad política fiel a sí misma que aspira a la perfección, equivalente a lo que para la comunidad espiritual supone el “Ecclesia semper reformanda”, y una Reforma que implica un comportamiento negativo, una conversión al revés, una apostasía; hay, en suma, una Reforma, como la carmelitana de Teresa y Juan de la Cruz, o la franciscana de Pedro de Alcántara, que nacen del propósito de acabar con la relajación y de volver a la regla fundacional, y hay una Reforma, como la de Lutero o la de Calvino, que acabaron saliendo de la Iglesia para fundar otra Iglesia distinta.

    ***

    Nosotros admitimos la viabilidad y hasta la conveniencia de la Reforma en la línea de pensamiento que acabamos de exponer, pero, aun así, lo que no llegamos a entender es que este tipo deseable de reformas, y menos aún lo que se nos propone y que rechazamos, se quiera tramitar con urgencia y con trámite acelerado.

    Reformas que afectan tan profundamente al ordenamiento constitucional, que tienen tanta repercusión y alcance, no deben hacerse con la rapidez y premura que se exige. Al contrario, requieren tiempo, sosiego, reflexión, madurez de juicio, contrapeso en la serenidad que tanto se nos predica, de los pros y los contras. Con este método precipitado e incongruente se da la impresión: o bien de que el sistema recibido estaba profundamente tarado, lo que no es verdad, pues ha funcionado a la perfección en el momento difícil de ponerse en marcha el juego necesario, o bien de que presiones foráneas y fuerzas inconfesables obligan a que el cambio se produzca de esta forma, lo cual debe considerarse inadmisible.

    ***

    Entiende la Ponencia -y esto es lo grave, a mi juicio-, que el artículo 10 de la Ley de Sucesión al prever la posibilidad de reforma de nuestro sistema constitucional a través de un especial 'quórum' de votación en las Cortes y del referéndum de la nación, engloba en esa posibilidad modificativa a la Ley de Principios, y ello, según la Ponencia por las siguientes razones:

    Primera, porque la misma, a tenor de su artículo 3°, tiene el mismo rango fundamental que las otras leyes así calificadas (son, diríamos, leyes hermanas);

    Segunda, porque la permanencia e inalterabilidad que su artículo 1° predica, lo es en tanto en cuanto los Principios que en ella se recogen son, por su propia naturaleza, síntesis y resumen de los que informan las otras Leyes Fundamentales; por lo que, pudiendo modificarse éstas, podrían modificarse aquéllos, y

    Tercera, porque constituye un razonamiento “ad absurdum" tener que llevar el mismo traje jurídico "por los siglos de los siglos', a pesar de los cambios que se operen en la sociedad española.

    La argumentación esgrimida para el rechazo de la enmienda es inválida. Vayamos por partes.

    Primero: La Ley de Principios no es del mismo rango político que las Leyes Fundamentales, pues no se trata de leyes hermanas sujetas al mismo trato.

    La alusión que hace la Ponencia al artículo 10 de la Ley de Sucesión es incompleta. Efectivamente, dicho artículo, en su párrafo 2, dice que para derogar o modificar las Leyes Fundamentales será necesario, además del acuerdo de las Cortes, el referéndum nacional. Pero olvida la Ponencia que el párrafo 1 de dicho artículo enumera las Leyes Fundamentales que se pueden derogar o modificar por ese procedimiento extraordinario.

    Tal enumeración, exhaustiva, comprende: el Fuero de los Españoles, el Fuero del Trabajo, la Ley Constitutiva de las Cortes, la Ley de Sucesión y la del Referéndum Nacional y cualquier otra que en lo sucesivo se promulgue calificándola con tal rango.

    ¿Quién autoriza a la Ponencia a incluir la Ley de Principios en la enumeración del artículo 10 de la Ley de Sucesión? (1)

    El que las Leyes Fundamentales se puedan modificar y derogar y no los Principios, responde a la distinta naturaleza de aquéllas y de éstos. Los Principios y la ley que los recoge, son, algo así, como lo subyacente a la Constitución, o lo que los juristas alemanes llaman `Constitución de la Constitución'; es decir, la filosofía política de un sistema determinado, la expresión viva de las valencias que definen e identifican a una comunidad concreta, y en este caso a España; la base de lo permanente, que decía José Antonio, y que no puede ponerse en peligro.

    Por eso, Franco, previendo la argumentación de la Ponencia (risas) de que, desde el punto de vista legal, todas las Leyes Fundamentales tienen el mismo rango jurídico, aseguraba que la Ley de Principios "posee su propia singularidad", y con ella “un valor relevante". Y “esto es así" -añadía- no porque los principios contenidos en dicha Ley, se declaren por su propia naturaleza permanentes e inalterables", sino porque en ellos se perfila y descansa la estructura de nuestro sistema político" (28-XI-1967).

    Por eso, más allá de la Constitución francesa o de la Constitución soviética -por poner algunos ejemplos-, subyace una filosofía política inderogable (como no sea por medio de una sustitución del Estado) de signo liberal o marxista.

    Un ilustre soldado decía no hace mucho saludando oficialmente al Rey de España: "En la vida de las naciones hay unos principios consustanciales con su manera de ser, incrustados en su alma, que cuando se olvidan o simplemente se vulneran, la vida de la Nación se desarrolla en un estado de inquietud e intranquilidad y al final surgen el caos, la destrucción y la miseria" (Mateo Prada, 9-VI-1976).

    Quizá por eso: a) el artículo 9° de la propia Ley de Sucesión, distinguiendo el rango diferente de las normas en juego, establece que el Rey ha de "jurar las Leyes Fundamentales", así como lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional; b) el artículo 43 de la Ley Orgánica del Estado, con análogo carácter diferenciador, habla de que el juramento de fidelidad que han de prestar las autoridades y funcionarios públicos se refiere a "los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino" ; y c) el artículo 2.° de la propia ley de 17 de mayo de 1958 preceptúa, no un juramento genérico a todas las Leyes Fundamentales, sino a la de estos Principios.

    El juramento, pues, se presta a una Ley -la de Principios-, que no puede modificarse por su propia naturaleza porque es presupuesto de la Constitución, y a unas leyes que, por ser constitucionales, pueden modificarse y derogarse, según el procedimiento que la propia Constitución establece.

    Decir, como lo hace la Ponencia, que "la expresión por su propia naturaleza no puede referirse más que a su naturaleza constitucional", porque "las calificaciones legales sólo son relevantes en el mundo del Derecho", es una interpretación muy respetable, pero forzada y retorcida, que no puedo compartir. Que la inscripción de un derecho en un Registro público sea constitutiva o declarativa podría ser una calificación legal sólo relevante en el campo del Derecho, pero que la ley diga, por ejemplo, que el matrimonio es indisoluble, es una calificación que no sólo escapa al mundo del Derecho, sino que el Derecho positivo recoge de la naturaleza misma de la institución matrimonial.

    Segundo: Dice la Ponencia que la modificación o derogación de los Principios cabe, además, porque, según la propia Ley (artículo 1.°), son "la síntesis de los que inspiran las Leyes Fundamentales". Por tanto, si éstas pueden modificarse, de esta modificación no seguirá la de aquéllos.

    El argumento es muy pobre, porque entonces huelga que ese mismo artículo los declare "permanentes e inalterables". Ello supone una "contradictio in terminis", una falta absoluta de lógica, imperdonable en asuntos de tan vital importancia.

    Pero es que, además, las cosas no son así. Los Principios no son una síntesis extraída de las Leyes Fundamentales, obtenida por destilación meticulosa de éstas, de tal forma que si cambiamos los ingredientes de la infusión, el líquido resultante tendrá un color y un sabor distintos, no ; las cosas, como digo, no son así, sino que son todo lo contrario, pues tales Principios coinciden, como señala el breve preámbulo de la Ley, con "los ideales que dieron vida a la Cruzada"; Cruzada e ideales que son los únicos que históricamente legitiman el Estado actual, la Monarquía y la Constitución.

    Los Principios son "síntesis', es verdad, pero no como resultado, sino como savia, como fuente inspiradora y animadora de ese mismo Estado y de su ordenamiento jurídico. Los Principios, por serlo, son inmutables; es lo que permanece a pesar de los cambios. Más aún, partiendo de su fuerza genesíaca y creadora, los cambios han de producirse bebiendo de su manantial, acudiendo a las ideas que cobijan. De las Leyes Fundamentales no se obtienen los Principios, sino que tales Leyes son fruto y emanación de ellos.

    A partir de los Principios toda perfección es posible cara al futuro, como ahora se dice. Toda vulneración de ellos es un error incalculable y un regreso al pasado, porque, como dijo Franco, “no hemos configurado una doctrina para que esté sólo vigente en el momento en que vivimos, sino para que en el mañana siga proyectándose con ímpetu y vigor sobre las instituciones que hemos creado".

    Tercero: De aquí que el último argumento de la Ponencia, en línea con su propósito "petrificante" del que os hablé, sea no sólo poco elegante, sino también poco afortunado. Afirmar, rechazando la enmienda, que según nuestra tesis habría que seguir "per secula seculorum', con el mismo traje jurídico, "ya que nos oponemos a la Reforma", es un absurdo todavía mayor que su propio razonamiento "ab absurdum" ; porque una cosa es el traje, jurídico o no, y otra, como vulgarmente se dice, la percha; es decir, la persona, el ente político, la comunidad nacional que lo lleva; y la Reforma que se pretende, a mi juicio, no afecta al traje, que conviene cambiar según la estación, llevar al quitamanchas cuando se ensucia o reponer cuando quedó raído o fuera de moda, sino que afecta a los Principios, a lo permanente, al ser mismo de España, que se rescató a un precio excesivamente alto para que ahora, envueltos en la confusión y en la prisa, lo juguemos a cara o cruz en un procedimiento de urgencia.

    El pueblo, con una clara intuición, cuando habla del cambio de traje, de camisa o de chaqueta, cosa frecuente y llamativa ahora, no se refiere, claro es, a las mudanzas accidentales y perfectivas, sino a la "metanoia" interior, al cambio de ideología o táctica, al acomodo intrínseco a las situaciones en que ingresamos o que ya se vislumbran.

    ***

    Me quedan, señor Presidente y señores Procuradores, dos motivos breves para comentar de mi enmienda, a los que sólo de una forma implícita se me ha contestado.

    Uno, constituye, como decía de entrada, el argumento moral, y el otro, el argumento estrictamente jurídico.

    Argumento moral

    Se trata del valor y alcance que cada uno dé a su juramento. Si cuando juramos, de conformidad con lo prevenido en la ley, entendimos, como yo al menos lo entendí y lo entiendo, que juraba unos Principios inamovibles y un orden constitucional sólo modificable en función de aquéllos, la respuesta al proyecto de Reforma Política, debe ser un voto negativo; y negativo, claro es, será mi voto.

    Para los que con esta perspectiva nos enfrentamos con el tema, está claro que la modificación o derogación de los Principios permanentes e inalterables, sólo pueden realizarla aquellos que no los juraron, aquellos que, desde una posición distinta y adversaria, pero, a la postre, honesta y congruente, discrepan de ellos y tratan de suprimirlos. Pero los que hemos puesto a Dios como testigo de nuestra fidelidad, empeñando en ello nuestra palabra para conservarlos, no podemos quebrantar nuestro juramento sin gravar la conciencia y sin escándalo.

    Argumento jurídico

    "Serán nulas las leyes y disposiciones de cualquier rango que vulneren o menoscaben los Principios" (dice el art. 3° de la Ley en que se proclaman).

    Esta nulidad se declara y hace efectiva a través del recurso de contrafuero, vicio grave en el que incurre según el artículo 59 de la Ley Orgánica del Estado: "Todo acto legislativo o disposición general que vulnere los Principios del Movimiento Nacional o las demás Leyes Fundamentales del Reino".

    Ahora bien, ¿cómo determinar si una ley de rango constitucional, una de las Leyes Fundamentales -ésta, por ejemplo, que se nos ofrece- es contrafuero, si no se mantiene la permanencia e inalterabilidad de la Ley de Principios, a la luz de los cuales será preciso examinar si tal Ley se inspira en ellos o los desconoce, deteriora o conculca?

    El artículo 85 de la Ley Orgánica del Estado preceptúa que: "el Jefe del Estado, antes de someter a referéndum un proyecto o proposición de ley elaborados por las Cortes, interesará del Consejo Nacional que manifieste, en el plazo de quince días, si, a su juicio, existe en la misma motivo para promover el contrafuero". Pues bien, ¿qué esquema de normas habrá que traer a colación para formular ese juicio, como no sea la Ley que recoge los Principios, que son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables?

    Si esa ley, subyacente al orden constitucional, no se mantiene, el contrafuero de una ley que tenga ese rango sería inviable, y no puede suponerse, en materia como la que ahora nos ocupa, una disposición tan absolutamente ineficaz y vacua.

    ***

    La tesis final de la Ponencia de que lo importante es que "la reforma se haga desde la legalidad constitucional vigente", se vuelve, claro es, contra su propósito, ya que, como estimo haber demostrado, la Reforma Política que el Gobierno nos propone no se hace desde esa legalidad, sino en abierta contradicción con ella. No se nos invita a una ruptura desde la legalidad, bautizándola de Reforma, sino a una ruptura de la propia legalidad.

    Y en este caso, lo importante es el fin que se pretende -la sustitución del Estado nacional por el Estado liberal, y la liquidación de la obra de Franco-, aunque los medios para lograrlo sean distintos. Si un cambio en la identidad personal se acaba produciendo, a la postre es lo mismo que se consiga por medio de un tratamiento de hormonas o por medio de ablación y trasplante, a través de un internista o de un cirujano.

    Yo ruego al Presidente de las Cortes (Torcuato Fdez. Miranda) que no tome a mal lo que le voy a decir, que no se enfade, que no agite la campanilla y que no me aplique el aparato ortopédico. (Risas.) Pero la verdad es que el Presidente, a quien quiero y estimo hace muchos años, ha tomado postura en torno al tema que ahora nos reúne. Ha dicho, o así por lo menos lo recoge la prensa ("Ya" del 13 de noviembre de 1976), que "es evidente que el cambio que se va a producir es radical", y que este cambio le "parece extraordinariamente positivo". El Presidente ha hablado de "crear un supuesto político radicalmente distinto", y ha resuelto que la consideración de este cambio sustancial como ruptura "es, con todos los respetos, terquedad".

    ***

    Yo, señor Presidente, soy uno de los aquejados de terquedad. Por ello, con todos los respetos también para la Presidencia, para mí mismo y para esta Cámara, me atrevo a pedirle que, después de su toma anticipada de postura, añadida a la elaboración de un trámite de urgencia sin el concurso del Pleno, baje a su escaño para litigar sobre la legalidad o ilegalidad de la Reforma y hasta lo conveniencia o inconveniencia de los mecanismos correctores del proyecto, pasando la dirección de los debates a uno de los Vicepresidentes de las Cortes. (Aplausos.)

    Entre las últimas palabras, y termino, que Franco dirigió a su pueblo congregado en la Plaza de Oriente -que para mí no es sino la Plaza del Caudillo- el 1 de octubre de 1975, recordamos éstas: "El pueblo español no es un pueblo muerto". Pues bien, yo estoy seguro de que estas Cortes, que fueron elegidas viviendo Franco y que están nutridas por hombres del pueblo que veneran su pensamiento y su obra, responderán ante el proyecto de ley que se nos propone con lealtad al único imperativo exigible: el de su propia conciencia, debidamente ilustrada. Si el enmendante que se retira de la tribuna ha contribuido a ilustrarla y esclarecerla, se da, desde luego, por satisfecho.

    Muchas gracias. (Aplausos.)


    ***

    (1) Para aclarar toda duda que pudiera surgir se añade la siguiente aclaración, que no aparece en el texto de la defensa.

    La Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de julio de 1947, fue modificada por la Ley Orgánica del Estado, de 10 de enero de 1967. Pues bien, si nos atenemos a la primera fecha, la Ley de Principios, de 17 de mayo de 1958, al ser posterior y declarar que tales Principios son “permanentes e inalterables”, los excluye, por derogatoria en este aspecto -a pesar de ser declarada fundamental- del procedimiento reformador del párrafo 2º del artículo 10 de la Ley Sucesoria.

    Si nos atenemos a la segunda fecha, es evidente que el mencionado artículo 10, de haber estimado el legislador que dicho procedimiento le era aplicable, habría enumerado y no excluido la Ley de Principios.

    Por añadidura, la propia Ley Orgánica del Estado (1967) -que modifica la Ley Sucesoria-, aprobada, además, por referéndum, establece en su artículo 3º, al enumerar los fines fundamentales del Estado. “Todo ello bajo la inspiración y la más estricta fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional, promulgados por la Ley Fundamental de 17 de mayo de 1958, que son por su propia naturaleza, permanentes e inalterables”.



    Última edición por ALACRAN; 24/10/2021 a las 00:30
    Pious dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  3. #23
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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Ante la entonces inminente legalización por el perjuro Suárez del trapo separatista antiespañol llamado "ikurriña", Blas Piñar en Bilbao, replicó con un discurso de homenaje a la bandera española:


    Revista FUERZA NUEVA, nº 519 18-Dic-1976

    Blas Piñar en Bilbao

    HOMENAJE A LA BANDERA ESPAÑOLA

    (Discurso pronunciado por Blas Piñar, el 14 de noviembre de 1976, en el teatro Campos, de Bilbao, en homenaje a la bandera española y en acto organizado por la Asociación Cultural Berriochoa)

    Este acto, camaradas y amigos, tenía que celebrarse aquí y ahora. Aquí, en Bilbao, junto al Nervión herido de la Patria.

    Ahora, en medio de un colapso huelguístico paralizante, de una ola de terror sin misericordia, que no ha descendido, y que cobra nuevas víctimas cada vez que se lo propone; de la amenaza separatista, que con una u otra envoltura renace desde la oscuridad, amparado por las componendas y las debilidades de dentro y las complicidades y las presiones de fuera.

    Este acto, camaradas y amigos, tenía que celebrarse aquí y ahora, porque aquí y ahora se ha quemado, destrozado, y ultrajado la bandera nacional; porque aquí y ahora se ha levantado frente a ella otra absolutamente injustificable; porque aquí y ahora se ha utilizado esa bandera injustificable -demostrando así la falsedad de su causa- no como divisa que se enarbola, y enseña que se defiende con hombría, sino como trampa y cepo para el asesinato y el crimen.

    Pues bien, si la bandera de España ha sido profanada aquí y ahora, era preciso, ya que no un acto de desagravio, pues el acto de desagravio solo incumbe a quienes de oficio se encargaron con juramento de su defensa, sí, al menos, de homenaje, como este al que concurrimos y que hemos agradecer a la Asociación Cultural Berriochoa, de Bilbao, cuyo patriotismo, en esta hora de cobardía y de fingidas serenidades y prudencias, ha permitido poner de manifiesto vuestro amor a España, vuestro amor a la bandera que a España simboliza, al mismo tiempo que vuestra indignación y vuestra impaciencia por tanta pasividad incalificable ante la magnitud de las ofensas.

    Impaciencia e indignación, que recojo a su vez, haciéndome su portavoz e intérprete, para gritar desde Bilbao, desde la “Vasconia españolísima” de monseñor Zacarías de Vizcarra, de qué forma se ama aquí, quizá con más quilates que en ningún otro lugar, a España y a la bandera que España símboliza.

    ***
    Y ya que hemos hablado de símbolos, conviene que reparemos en algo que puede pasar inadvertido. Estamos en una época en la que se trata -según se dice- de desmitificarlo todo; y ello no obstante, los signos y los símbolos se multiplican. Y se multiplican porque son necesarios. El propósito desmitificador no es sincero. Se trata tan solo de eliminar unos símbolos, de dejarlos sin valor significante o transignificante, y de sustituirlos por otros. Se ultraja, por ejemplo, la bandera de la Patria, pero no con el fin de privarnos de la bandera, sino de reemplazarla por la bandera roja, con la hoz y el martillo, o por la bandera separatista, es decir, por la bandera de un mundo esclavizado por la tiranía marxista o por la bandera de una comarca que se desprende de la triple unidad de historia, de convivencia y de destino, para correr aislada, y después sometida, su propia aventura.
    (...)

    La bandera nacional es un símbolo, que da noticia y representa una realidad que llamamos España. La bandera es, por lo tanto, síntesis y personificación de España. Todo ataque a la bandera es un ataque a España. Todo homenaje a la bandera es un homenaje a España. Por eso, hoy, al congregarnos en torno a la bandera nos congregamos, como una guardia de honor en torno y homenaje a España.

    La tela con colores diversos fue escogida, entre otros medios materiales, para simbolizar la Patria o las instituciones que de alguna manera con ella se confundieron históricamente.

    Desde la “Vexila Regis” hasta la Partida III, en la que Alfonso X el Sabio habla de las “señas o pendones”, fijando la distinción entre banderas, estandartes, lábaros, guiones, gallardetes, confalones, y grimpolas, hay un largo estudio heráldico en el que no nos podemos detener.

    Lo que nos interesa y atrae nuestra atención ahora es la bandera de España, cuyos colores, carmesí y oro, fueron los colores nacionales desde tiempo inmemorial, como prueban quienes, con detalle minucioso, se han ocupado del tema. Carlos III no hizo más que restituirlos y devolverlos, al advertir que los buques de guerra de España, al enarbolar la bandera blanca de la casa de Borbón, se confundían con los franceses. Su decreto de 1785 se completó en 1843, que generalizó y oficializó el uso de la bandera roja y gualda en todos los institutos armados.

    La bandera que nos preside es, por lo tanto, la bandera nacional, y, por añadidura, popular, pues guio a los combatientes españoles en la guerra de la Independencia, a los voluntarios de la Cruzada, encabezados por los requetés -antes del decreto de 29 de agosto de 1936- al iniciarse la guerra de Liberación.

    No es la bandera bicolor, como se ha dicho con mala fe o con ignorancia, un símbolo dinástico, ni siquiera monárquico, pues la conservó como enseña patria la primera República, y como símbolo nacional fue defendida por conocidos republicanos, como Benito Pérez Galdós, Vicente Blasco Ibáñez, Miguel de Unamuno, el general Gil Yuste, Alejandro Lerroux y Gregorio Marañón.

    El color morado que incorporó la segunda República a la bandera española, suprimiendo una de sus franjas de color carmesí, ni era el color de Castilla ni fue el de los comuneros levantados contra el emperador. El morado, contra lo que se supone, como fruto de una información errónea, fue color real, y por ello muy poco republicano. Morado era el pendón de la guardia personal de Fernando el Católico, y el color elegido en 1833 por Isabel II (*), y el que se izaba en el navío de guerra en que viajaba Alfonso XII.

    Lo que sí es la bandera española -e interesa subrayarlo en Bilbao- es una bandera muy vizcaína. Esteban Calle Iturrino, en la línea de Navarro Villoslada y de Layburu, nos recuerda lo que ocurrió en la batalla. de Candespina, allá por el año 1111:

    «Un vizcaíno de apellido Olea, el famoso Alférez de Baquio, llevaba la enseña blanca del ejército castellano. Huir cuando todos huyen puede hacerse sin particular afrenta y sonrojo, arrastrado el guerrero por la obediencia o por el ímpetu de la ciega muchedumbre, pero huir teniendo en sus manos el emblema del honor, la bandera del campo, por nada era disculpa a los ojos del caballero Olea.

    Esperó, pues, a pie firme, solo, con algunos soldados que no pudieron resistir a tan noble ejemplo, con su estandarte en la izquierda y el acero en la diestra. De la primera, cayeron muertos cuantos a su lado estaban; él, sin embargo, quedó ileso; defendíase con la mayor bizarría; pero de un tajo vino al suelo la mano con que empuñaba el asta del castellano pendón, que no por eso dejó de seguir enarbolando. Quedaba al caballero Olea una mano todavía y, antes que defender con ella la vida, debía sostener el honor de su bandera; asióla con la derecha, gozoso de que al trasladarla no se hubiera inclinado ni abatido ante sus contrarios.

    ¡Olea! ¡Olea! clamaba con entusiasmo el heroico Alférez, cuando otro tajo vino a partirle por mitad el brazo que
    le quedaba. Ni aun así cayó al suelo la bandera de Castilla. Con los dos brazos rotos, cruzados al pecho, continuaba sosteniéndola y radiante de gozo porque permaneciese erguida clamaba con fervoroso acento ¡Olea! ¡Olea!
    ¡Ríndete! —le gritaron; ¡Castilla y Olea! —respondió el Alférez, con altanera sonrisa de triunfo.

    Uno de los contrarios echó mano del asta para arrancársela, pero los brazos partidos de Olea parecían dos barras
    de hierro enclavadas en la coraza. Recibió luego un mandoble en el hombro derecho. El brazo cayó cortado de raíz y Olea acudió con los dientes en auxilio del izquierdo, que mantenía aún la enseña como si estuviese fija en el suelo. Otro golpe vino a derribarle el brazo que le quedaba, y entonces aquel tronco sin ramas, no pudiendo hacer más por el honor de su estandarte, dejóle caer y se arrojó encima, como para defenderle todavía con su cuerpo mutilado.

    ¡Olea! ¡Olea! Gritaba, cubriendo los pliegues de la bandera y dándola besos con entusiasmo ferviente, y no cesó de gritar ¡Olea! hasta que un soldado le remató segándole la garganta.

    Sólo entonces pudieron arrebatarle el pendón que se le había encomendado. Desenrolláronlo: las armas de Castilla habían desaparecido borradas con la sangre del Alférez”.

    Y Layburu añade:

    Así defendieron siempre y así defenderán hoy los hijos de Vizcaya la bandera nacional que, si en el siglo XII era sólo de Castilla, hoy es de España”.

    De este modo, y merced a la sangre de un vizcaíno, el castillo dorado, símbolo de Castilla, se destaca desde entonces sobre fondo de gules y el pendón castellano, que antes era blanco, fue, en lo sucesivo, rojo.

    ***
    ¿Cómo puede extrañarnos que la bandera no haya despertado la inspiración y la fantasía de los poetas?

    Yo me recuerdo de niño, con unos seis años, en una función infantil en el patio del colegio. Yo salía de teniente abanderado y recitaba una poesía que no olvidé nunca, pese al tiempo transcurrido. Decía así.

    Salve, bandera gloriosa,
    salve, emblema de la Patria,
    paraíso de recuerdos,
    horizonte de esperanzas;
    a tu abrigo siempre amable,
    a tu sombra, siempre amada,
    los pensamientos se elevan,
    los corazones se ensanchan.
    Eres luz, luz de colores
    que los cerebros inflamas,
    y tienes, porque Dios quiere,
    en las calles y en las plazas,
    como un reguero de flores
    que brotan cuando tú pasas,
    por solio, el azul del cielo,
    por pedestal, nuestras almas”.

    Y Salvador Rueda, en dos preciosas poesías, exclama:

    La bandera es nuestra frente,
    nuestro pecho, nuestra mano,
    todo sabio, todo artista,
    todo niño, todo anciano,
    a dos madres bendecimos,
    y ella ondula entre las dos;
    quién la ultraja, a sí se ultraja,
    quien la eleva, a sí se eleva,
    quien al sol su honor levanta,
    su virtud en alto lleva;
    quien la mancha a sí se mancha,
    ¡quien la besa, besa a Dios!

    ***
    La bandera es evangelio
    por la raza consagrado,
    es el lienzo de sus glorias,
    a los hombres desplegado;
    es la antorcha que, triunfante,
    rasga el ancho porvenir;
    nuestra sangre en el martirio,
    nuestras luchas victoriosas;
    nuestro amigo, nuestro hermano,
    muestra madre, nuestra esposa.
    ¡Y el sudario en el que envuelto
    mereciéramos morir!

    Y Sinesio Delgado, en su precioso “Himno a la bandera española”, canta:

    “¡Salve, bandera de mi patria, salve,
    y en alto siempre desafía al viento;
    tal como en triunfo de la tierra toda,
    te llevaron indómitos guerreros!
    Tú eres, España, en las desdichas, grande
    y en ti palpita con latido eterno
    el aliento inmortal de los soldados
    que a tu sombra, adorándote, murieron.
    Cubres el templo en que mi madre reza
    las chozas de los míseros labriegos,
    la cuna donde duermen mis hermanos,
    la tierra en que descansan mis abuelos.
    ¡Por eso eres sagrada! En torno tuyo,
    a través del espacio y de los tiempos,
    el eco de las glorias españolas,
    vibra y retumba con marcial estruendo.
    ¡Salve, bandera de mi patria!, salve»
    y en alto siempre desafía al viento,
    manchada con el polvo de las tumbas,
    teñida con la sangre de los muertos!”

    La jota popular, por su parte se expresa de este modo:

    Colores de sangre y oro
    lucen nuestra bandera;
    no hay oro para comprarla
    ni sangre para vencerla.”

    ¿Y los himnos militares? ¿Cómo expresan lo que la bandera simboliza para el soldado? ¿Recordáis el de la Academia de Infantería?:

    Si al caer en lucha fiera
    ves flotar
    victoriosa la bandera
    ante esa visión postrera
    orgullosos morirás.
    Y la Patria, al que su vida
    le entregó,
    en la frente dolorida
    le devuelve agradecida
    el beso que recibió.”

    ¿Y la Canción del legionario?:

    Legionario, legionario,
    de bravura sin igual,
    si en la guerra hallas la muerte,
    tendrás siempre por sudario,
    legionario,
    la bandera nacional.”

    ¿Y el “Novio de la muerte”?:

    Cuando más rudo era el fuego
    y la pelea más fiera,
    defendiendo su bandera,
    el legionario avanzó.
    y sin temer al empuje
    del enemigo exaltado,
    supo morir como un bravo
    y la enseña rescató.”

    Los himnos de la Cruzada, los que pusieron en pie a la mejor juventud española, tuvieron presente a la bandera.
    El “Oriamendi” dice en su primera estrofa:

    Por Dios por la Patria y el Rey,
    carlistas con banderas.

    Y el “Cara al Sol” de las escuadras falangistas prometería sonriendo:

    Volverán banderas victoriosas
    Al paso alegre de la paz.”

    Y volvieron victoriosas de los frentes de batalla, aquel primero de abril, cuando la guerra caliente terminó, cuando al desfile de la victoria que había soñado Rubén Darío, el poeta nicaragüense e hispánico de la “Salutación del optimista”: para ese primer desfile parece que hubiera escrito su “Marcha triunfal”, en la que canta:

    La gloria solemne de los estandartes
    Llevados por manos robustas de heroicos atletas.”

    ***

    La bandera no solo ha sido fuente de inspiración literaria, sino estímulo para gestas heroicas. Narrarlas, aunque sólo fuera concisamente, sería interminable. Pero no hay más remedio que espigar entre las mismas para ver hasta qué punto la enseña nacional ha puesto en flor el más elevado espíritu de sacrificio.

    Carlos V, el flamenco hispanizado, en el sitio de Túnez, que recuerda la estatua que se eleva en el centro mismo del Alcázar toledano, dijo a los suyos: “Si en la pelea veis caer mi caballo y mi estandarte, levantad a éste primero que a mí.”

    Prim, en la batalla de los Castillejos, arengando al Regimiento de Córdoba, el primer día del año 1860, gritaba: “¡Soldados! Vosotros podéis abandonar esas mochilas, porque son vuestras, pero no podéis abandonar esta bandera porque es de la Patria”.

    Joaquín Vara del Rey, en Cuba, en el año 1898, en el fuerte de El Viso, mantiene a punto de morir, la bandera enhiesta. “La bandera cayó, escribe un adversario, porque un proyectil rompió el asta”. Ninguna mano española la arrió. Fue preciso arrancarla a balazos.

    Pascual Cervera, año 1898. Santiago de Cuba. Nuestros buques están destrozados, y las dotaciones extenuadas o
    Malheridas. El almirante español es trasladado al “Iowa”. Y Evans, al estrechar su mano, le dice: “Caballero, sois un héroe; habéis realizado la hazaña más sublime de todas cuantas guardas la historia de la Marina”.

    Enrique de la Morena. Filipinas. Sitio de Baler. La guarnición española, que ha resistido hasta lo indecible, sale de la Iglesia, donde se ha cubierto de heroísmo y de sangre, con la bandera española en cabeza, mientras, con admiración, presenta, armas al adversario.

    El Alcázar. Toledo. 1936. Pemán, en su “Poema de la bestia y el ángel”, narra:

    Y ni un gesto desmorona.
    La quinta torre del Alcázar fiel
    ¡Pero yo he visto, coronel,
    al lado de tu cruz, una corona.
    de espinas… que se finge de laurel.”

    Esta quinta torre fue la bandera, que un grupo valiente de defensores colocó, después de la explosión de la mina y del avance de las milicias rojas, en el mismo lugar en que había ondeado, por breves instantes, el trapo rojo con la hoz y el martillo.

    La bandera de España la saludan con emoción los españoles cuando un buque de la Patria se aproxima a los puertos americanos o pasa de largo ante San Juan de Puerto Rico.

    De mí sé decir con qué profunda emoción contemplé, flameando sobre el castillo y fuerte de San Agustín, en los Estados Unidos, la enseña de mi Patria

    Por tantas y tantas cosas, por lo que tiene de símbolo y de síntesis, hay un saludo a la bandera, y la bandera se bendice y se jura, y en las unidades castrenses hay una Sala de Banderas donde las mismas se guardan con respeto y amor. Por eso, igualmente, como representación de la Patria, que reconoce la soberanía divina, la bandera se alza cuando se lee el Evangelio por el sacerdote, en el sacrificio de la misa, y se abate, inclinada, en adoración y homenaje de España entera, cuando se alzan la Hostia y el Cáliz sobre el altar.

    La bandera, todas las banderas de los pueblos hispánicos se dan cita como prueba de la devoción a Nuestra Señora, en torno a la Virgen del Pilar, en Zaragoza, y en torno. a la Virgen de Guadalupe, en su Monasterio de Cáceres.

    La bandera de España, en fin, envuelve los féretros que cobijan a los que caen por la Patria, a las víctimas del terrorismo de la ETA, desde Carrero a Araluce, pasando por los trabajadores, los funcionarios de policía asesinados sin piedad en los últimos años.

    ***

    El acto al que hoy concurrimos, en tan extraordinario número y con tan fervoroso entusiasmo, tiene, a mi juicio, tres aspectos que conviene subrayar:

    Es un acto de fe y de lealtad a España y a su bandera, que ahora nos preside.

    Es un acto de afirmación de unidad, de la unidad española, de la triple unidad de los hombres, de las tierras y de las clases, de historia de convivencia y de destino, y, en última instancia y sobre todo, de la esencia metafísica de España.

    Es un acto de ratificación de una actitud, que se opone resueltamente a toda ruptura de lo logrado y conseguido, y que quiere la perfección en la continuidad.

    No somos un Estado que vincula artificiosamente un conjunto heterogéneo de nacionalidades, sino una sola nación -España-, cuyo espíritu se manifiesta a través de la rica multiplicidad de las regiones que la integran.

    Vizcaya es una tierra de hombres recios, trabajadores e inteligentes. No dejaros engañar por las voces de sirena que ahora se escuchan por todos lados. Los que quieren deshacer España y disolverla, los enemigos de Franco y del franquismo, pretenden, para conseguir sus fines, la sustitución del Estado nacional por el Estado liberal.

    Ante la maniobra, recordemos, para no tener que repetir la misma historia, cuarenta años después de enderezarla con sangre y con dolor. Los versos que sirven para recordar están ahí, aun cuando quizá no quiera ahora respaldarlos su autor (**):

    Pero hay muertos calientes que reclaman luceros
    Y que dicen: España, cumplirás tu misión.
    Muertos de España: no hozarán los cerdos
    sobre vuestros sepulcros, ni los nombres
    de vuestros hijos pisará el traidor.
    Porque vosotros sois la sementera,
    la palabra y el sol.
    ¡Patria quiere decir tierra de padres!
    ¡Por los muertos tenemos la vida y el honor!

    ***
    Nosotros, al menos, continuamos en línea. Nuestra moral, pese a todo, es alta, y cuando vuelve a atacarse lo español, gritamos al mundo, con descaro, los versos de Rubén:

    Yo siempre fui por alma y por cabeza
    español de conciencia, obra y deseo.
    Y yo nada concibo y nada veo
    sino español por mi naturaleza.
    Con la España que acaba y la que empieza,
    canto y auguro, profetizo y creo”.

    Nada nos detiene en nuestro propósito de servicio. El próximo 20 de noviembre estaremos en la gran plaza del Caudillo, que es la plaza de Oriente de Madrid, formando parte de la marcha de la unidad. Recordaremos a José Antonio y a todos los caídos por Dios y por España, y a Franco, el general victorioso de la Cruzada, el artífice de la paz; y oiremos con devoción su último mensaje, su testamento político, que es la lección suprema de un jefe a quienes le siguen.

    Para esa marcha os convoco, vizcaínos, y como testimonio público de vuestra fidelidad a España, ante su bandera, gritad conmigo:
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡ARRIBA ESPAÑA ¡

    (Al final, y con el público puesto en pie, se cantó el “Cara al Sol” y el “Oriamendi”)
    (*) Querría decir la reina Cristina ya que si el año 1833 es correcto, la reina Isabel II contaba entonces tres años.
    (**) J. M. Pemán
    Última edición por ALACRAN; 30/12/2021 a las 13:58
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Blas Piñar en Blanes (Gerona)


    Revista FUERZA NUEVA, nº 522, 8-Ene-1977

    Blas Piñar en Blanes (Gerona)

    POR LA UNIDAD DE ESPAÑA

    Texto del discurso que pronunció Blas Piñar, el día 28 de noviembre de 1976, en el pabellón polideportivo de Blanes, Gerona.

    "Acudir a Blanes para un acto público de FUERZA NUEVA es ocasión de regocijo singular, y ello por varias razones:

    Porque Blanes está junto al mar Mediterráneo, por donde amanece en España, por donde nos vinieron la fe y la cultura y por donde caminaron también las grandes aventuras españolas. Blanes fue puerto de abrigo para algunas de las épicas expediciones catalano-aragonesas por el Mediterráneo, y cuna de Jaime Ferrer, el cartógrafo de Colón, y de alguna manera, por tanto, el artífice técnico de la empresa americana.

    Porque Blanes es un compendio de la España múltiple, pues aquí, junto a la población autóctona, viven españoles de todas las latitudes, que con su esfuerzo y trabajo contribuyen al desarrollo de la ciudad.

    Porque Blanes es económicamente equilibrada, pues lejos del monocultivo agrícola o de la polarización industrial en una sola rama, reúne en armonía ejemplar, agricultura, pesca, comercio, industria y empresas turísticas.

    Porque Blanes es cabeza de la Costa Brava; lo que hoy me interesa destacar. Cuando el tiempo es bonancible, las olas discurren mansamente sobre la arena, la humedecen, pero pronto la porosidad de una parte, y la fuerza del sol, por otra, secan la playa. Pero cuando arrecia el temporal la playa se deshace y mil objetos extraños acaban por ensuciarla o invadirla. Ahora estamos en vísperas de temporal. La marejada ha comenzado. Es el tiempo de los rompeolas -que son artificiales- o de las Costas Bravas, como la que aquí se inicia. Por eso, aquí hemos venido a decir cosas bravas y con bravura, porque sabemos que sus gentes están dispuestas a reaccionar con idéntica bravura frente a la amenaza y al caos.

    Porque Blanes es un pueblo. ¿Quién ha dicho que nosotros no vamos a los pueblos? Ni puedo recordarlos todos. Pero en estos años de lucha estuvimos en Vall de Uxó y en Villavieja; en Pedreguer y en Colmenar Viejo; en la cuenca minera de Asturias y en Puebla de Almoradiel, en Almansa y en Talarrubias, en San Celoni y en Granollers.

    ¿Cómo no ir a los pueblos? Mosén Cinto (Jacinto Verdaguer) recorrió el Ampurdán y Cataluña la Vella, para encontrar el léxico de la Atlántida y del Canigó.

    Porque venir a Blanes es volver a Gerona. Dos veces, en nombre de FUERZA NUEVA, estuve en la capital, y otra en Bañolas, con ocasión de unos juegos florales.

    Y ahora estamos en Blanes, en el polideportivo, ante un público numeroso y entusiasta.

    Bolívar, que fracasó en su intento de conseguir la Confederación hispánica, dijo al morir: “Hemos arado en el mar”. Pero se equivocó, porque desde la siembra a la cosecha ha de transcurrir su tiempo. Hiela y graniza. Y hay que saber esperar que la espiga se alce y madure el grano bajo la caricia del viento y del sol.

    Pero no hemos venido ni a recordar el pasado -aunque ello importe mucho-, ni a hacer literatura -aunque ello nos agrade-. Hemos venido a hablar del tiempo presente y del futuro inmediato, y a tomar decisiones concretas actuales para después de la larga reunión de las Cortes del 16 al 18 de noviembre último.

    Habló Fraga de que para consumar la obra reformista hacían falta: dos semanas, dos meses y dos años.

    No se equivocó: la piqueta es más fácil de manejar que la escuadra. Es más sencillo demoler que construir.

    ¿Y qué es lo que se nos propone?: una Reforma política desde la legalidad y de signo democrático.

    Pero la verdad es que no se trata de una reforma, sino de un cambio radical y, por consiguiente, de la ruptura del Sistema, es decir, de un cambio a la baja; pues el cambio no se hace desde la legalidad, sino infringiendo la legalidad, puesto que se derogan los Principios, que son inalterables, al menos para quienes los juraron.

    La verdad es, igualmente, que dicho cambio no es de signo democrático, pues se realiza:

    • por un procedimiento de urgencia, creado sin intervención del Pleno, e interpretado por su presidente (Torcuato Fdez. Miranda);

    • sin que se sometan a votación las enmiendas a la totalidad;

    • con votación nominativa, a pesar del voto secreto;

    • buscando apoyos fuera de la Cámara;

    • escamoteando la información al pueblo, a través de la radio y televisión;

    • incumpliendo el artículo 65 de la Ley Orgánica del Estado;

    • dando cinco días para nombrar a aspirantes a interventores, notificándolo el día 25, jueves, entregando los impresos el 26, viernes, por la tarde, y dejando como margen el sábado, el domingo (con oficinas solo por las mañanas) y lunes. Es decir, dos días y medio para montar el aparato interventor, que es la garantía de la veracidad y el único antídoto posible para evitar el “pucherazo”.

    ***

    El espectáculo de la votación en el Pleno de las Cortes fue, para mí, indecoroso: 425 a favor y 59 en contra del proyecto. De los 40 de Ayete, sólo 11 votamos negativamente. De los que votaron que sí -sólo de este grupo-, 14 eran ex ministros.

    Fernández de la Vega y el que os habla defendimos las enmiendas a la totalidad. Ninguno de los dos hemos sido ministros o embajadores de Franco. Luchábamos por las ideas, y no por los puestos. Enfrente, la burocracia del Régimen, los beneficiarios, los seudofranquistas, los que vistieron camisas, boinas y emblemas a todas horas y en todo lugar.

    De la Comisión encargada de defender la Reforma formaban parte: López Bravo, ex ministro de Industria y de Asuntos Exteriores; Fernando Suárez, ex ministro de Trabajo. Al frente de los bancos azules estaba Adolfo Suárez, ex ministro secretario general del Movimiento. (Vamos progresando; en Trento tuvimos un Suárez; en las Cortes de la Reforma, dos [IRONÍA]).

    Parece mentira, pero es realidad. Ellos destruyen el Régimen del que fueron colaboradores, porque en el fondo, como han dicho, eran liberales reprimidos, simpatizantes de Willy Brandt, o “demócratas de toda la vida”.

    Nosotros los combatimos desde muy atrás. Otros comienzan a darse cuenta ahora. Los enemigos del 18 de Julio los utilizan, los alientan, los adulan y en el fondo los desprecian. Porque no pueden fiarse de quienes juraron una cosa y después hacen lo contrario.

    ***

    Cara al referéndum (15 dic. 1976) caben cuatro posturas: SI, NO, EN BLANCO, ABSTENCIÓN.

    A) Rechazamos el SÍ, porque los argumentos a su favor son equívocos.

    Franco y el franquismo -se dice- han muerto. Hay que ponerse al día. Pero el franquismo no ha muerto. Al contrario. Porque cuando Franco vivía, él se bastaba: porque el franquismo es un recordatorio de lo logrado, frente al desastre que comienza; porque lo importante del franquismo no es lo que hizo, sino lo que descansando en él puede conseguirse.

    La Reforma -se afirma- es irreversible. Para Alianza Popular desde luego, porque ha pactado con el Gobierno para convertirse en la derecha turnante de un Régimen liberal. Por eso ha contribuido con su voto a deshacer la obra de Franco, y eso que, de sus directivos, seis fueron sus ministros.

    Franco -se añade- nos pidió que estuviéramos unidos al Rey. Ya estamos hartos de que los demócratas se resguarden en el Rey, al que califican de motor e impulsor del cambio. ¿No quedamos en que el Rey, según vuestra doctrina, reina pero no gobierna? Estamos dispuestos a ayudar al Rey, pero no queremos convertir al Rey en instrumento demoledor de la obra de Franco, la cual, en virtud de un juramento solemne, ha de mantener.

    ¡Por favor, no invocarnos una línea del testamento de Franco, para desconocerlo en su totalidad!

    B) La abstención es una fórmula hábil. La aconsejan los enemigos del 18 de Julio, pues suma a la abstención deliberada, la del enfermo y la del cobarde.

    C) El voto en blanco produce pena: significa que no se tiene opinión sobre algo fundamental y trascendente para el futuro inmediato de España.

    D) El NO. Tal es nuestra respuesta, y mostrando el voto. Como los 59 de la fama. A cara descubierta. El secreto del voto es un derecho, jamás una imposición.

    ***

    ALCANCE DEL NO


    • No rechazamos la reforma, sino la ruptura camuflada de reforma. Para nosotros, el programa del Régimen es intangible. No se puede derogar; pero sí se puede enriquecer.

    Rechazamos el liberalismo y no la democracia. Una cosa es la democracia y otra el liberalismo y, como decía Platón, “si queréis terminar con aquella implantar éste”.

    • No queremos que en nombre de las libertades formales se acabe con la justicia y la libertad. (Las revoluciones por la justicia incluyen la libertad, como la del 18 de Julio).

    ***

    ¿Cómo hemos llegado a esta situación, que parece imposible?


    Por haber contrapuesto el Estado a la Nación. Cuando ello sucede, la Nación se levanta fiel a sí misma; así ocurrió en la guerra de la Independencia, en las guerras carlistas y en la Cruzada de Liberación, de igual modo que en los levantamientos espontáneos de los Comuneros y de las Germanías en lucha por la dignidad personal y nacional heridas. Esta es nuestra constante histórica. Desde el alcalde de Zalamea al tambor del Bruch; desde Agustina de Aragón hasta Álvarez de Castro; desde Zumalacárregui a Cabrera; desde los mártires de Gerona de 1936 a los millares de voluntarios catalanes en la Cruzada.

    Un español no se sacrifica por el Estado, pero sí por su honor y su Patria. Las guerras las hemos hecho con voluntarios. Y porque apreciamos más la honra que la vida, gritamos cuando el conflicto se produce: ¡Viva la muerte!

    Yo comprendo la depresión de muchos. Pero es inútil y contraproducente. Los hombres fallan, pero las ideas nobles no. Se hunden los ídolos, pero Dios permanece. Caen los intrigantes y los pasteleros, pero continúan en la brecha los que en serio y de verdad sirven a la Patria.

    ¡Sursum corda! En medio de todo se clarifican las posturas. Sabemos quién es quién. En lugar de agua contaminada, vemos ahora el agua limpia y pura.

    Nosotros seguimos fieles a España. El Régimen de Franco no fue un pronunciamiento militar. Ni ha sido una dictadura. Ha sido un intento de rehacer España y de ganarla para sí misma y para su destino: una, grande, libre; unida y en orden; con yugo y con flechas y con la cruz de San Andrés como guía.

    España se levantó contra la Europa antiespañola de todos los signos. Por eso, lo que aún quedaba de español en la zona roja acabó rebelándose también contra la tiranía comunista-separatista.

    De aquí que se pretenda destruir el ser de España. A tal fin, todos los separatismos son buenos: de los hombres, de las clases, de las regiones. Y en eso estamos. No por obra de los enemigos, sino por entrega gratuita de la Victoria. Yo tengo más respeto por los que me atacan que por aquellos que me traicionan o por aquellos que desertan. En los primeros, admiro su valor, aunque luche contra sus ideas. En los segundos no puedo admirar ni el valor -pues les falta- ni los ideales, que en el fondo jamás profesaron.

    ***
    FUERZA NUEVA EN EL MOMENTO ESPAÑOL

    • Fieles a los tres postulados, es decir, al 18 de Julio, a la obra de Franco y a la Monarquía tradicional.

    • Propugnamos la continuidad perfectiva del Régimen en lo económico, social y político.

    • Queremos un Frente Nacional.

    • No queremos para nosotros la responsabilidad de las palabras equívocas y de los silencios, fruto de la cobardía y de la soberbia.

    • Entre el protagonismo de los héroes, las masas y las minorías “inasequibles al desaliento”, José Antonio escogió a las minorías heroicas, capaces de sacrificarlo todo, y más que nada, las pequeñeces, las críticas que emocionan y las adulaciones que engañan, que se dirigen al hombre del común de “bona rahó”.

    ¿Me está oyendo alguno de los que tienen vocación? La mirada de Cristo bastaba. Su palabra conmovía: “¡Ven y sígueme!” No os extrañe el lenguaje. La España mística es trascendente, y por eso incita a la conversión y a la entrega. En el polideportivo de Blanes alguno se sentirá tocado llamado, fustigado, encendido. Yo soy uno de los elegidos, se dirá. España me lo pide. No lo dudes. ¡Adelante! Te esperamos con los brazos abiertos y el corazón arrebatado por el espíritu.

    Quizá nos entiendan mejor los trabajadores: os quieren arrancar el salario para convertiros en ariete del mayor supercapitalismo que ha registrado la Historia, en esclavos de la tiranía: os quieren arrebatar el alma, para convertiros en borregos, hormigas sin personalidad, productores y consumidores sin alegría; os quieren arrancar la Patria, la raíz de vuestro ser, para convertiros en fantoches y marionetas del separatismo que os dejaría sin honor; os quieren convertir en proletarios miserables, arrancándoos vuestra dignidad de hombres y de cristianos. ¡Venid con nosotros!

    ¡Jóvenes de España! A pesar de todo, ¿no os indigna la mediocridad, el enjuague sucio, la pornografía y las drogas? Limpios de cuerpo y de alma. Al aire libre. Mar y Montaña. Patria y Dios.
    ¡Venid con nosotros!

    ¡Mujeres! Vuestra feminidad se halla en peligro. Os quiere asexuadas, libres, antimaternales. En nombre de la liberación femenina se trata de confiscaros vuestro propio ser. ¡Novias, esposas, madres de España!
    ¡Venid con nosotros!

    ***

    FUERZA NUEVA no es un fin, sino un instrumento al servicio de España. En Cataluña esa idea del servicio está viva; quizá se durmió, pero despierta. La campana nos invita a levantarnos. La luz de este día único se cuela hasta el fondo del alma.

    Nada de depresión ni de miedo. ¡Cataluña otra vez por España! Con nuestra mística, con nuestras banderas gloriosas, con la sangre de nuestros héroes y mártires, con el testamento político de Franco en el recuerdo.

    Camaradas y amigos: ahora, mañana y siempre:

    ¡Arriba España!"

    (Terminado el discurso, el público que llenaba el pabellón, enardecido y puesto en pie, entonó las estrofas del “Oriamendi” y el “Cara al Sol”)


    Última edición por ALACRAN; 30/12/2021 a las 16:37
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    “Reflexiones sobre el referéndum y para después del referéndum”

    Revista FUERZA NUEVA, nº 524, 22-Ene-1977

    Blas Piñar, en FUERZA NUEVA

    “REFLEXIONES SOBRE EL REFERENDUM Y PARA DESPUÉS DEL REFERENDUM”

    Texto del discurso pronunciado por Blas Piñar, el 13 de enero de 1977, en el aula de conferencias de FUERZA NUEVA, en Madrid.

    (…) Cuando Franco, octogenario y enfermo -acosado por los dos grandes enemigos que con valor señalara desde el balcón de la Plaza de Oriente el 1 de octubre de 1975- nombró jefe del Ejecutivo a Carlos Arias, y cuando Carlos Arias se levantó en las Cortes, traspasado por el espíritu del 12 de febrero (1974), estaba claro, para cualquiera que reflexionase con atención, que España había cambiado de rumbo.

    Es verdad que los síntomas, para los más agudos, habían aparecido con anterioridad. Desde la invasión tecnócrata de 1962 a los indultos de 1970 -interpretados y aprovechados no como signo de fortaleza y misericordia, sino como prueba de debilidad y repliegue- había pasado tiempo e historia, bastantes para explicar, entre otras cosas, la razón por la que, en 1966 -ha hecho ya diez años-, constituíamos FUERZA NUEVA: no para insertarnos en el aparato del Régimen y hacer carrera política, en el más torpe sentido de la palabra; no- tampoco- para unir nuestra voz a la de aquellos que aspiraban a destruirlo, hiriendo así gravemente a España; sino para limpiarlo de escoria, dignificarlo, devolverle su autenticidad y hacerlo -fiel a su origen y a su doctrina- más eficiente.

    La reforma constitucional, que en un principio el señor Arias consideró imprudente, al referirse a la inalterabilidad y a la fuerza creadora de los Principios, se transformó en un punto clave de. Su programa de Gobierno, al ser confirmado por el Rey como presidente del mismo. Su proyecto no prosperó: quizá en otros medios parecía contemporizante y tímido: no llegaba a romper del todo con el Sistema heredado. Era preciso un Gobierno nuevo, un jefe con menos lastre y con un propósito, llamémosle renovador, más explícito y audaz. Adolfo Suárez y sus Tácitos -el propósito de ruptura de estos últimos era bien conocido a través de su programa, expuesto en el diario del oficialismo católico (“Ya”)- asumieron la tarea.

    Vertiginosamente, como los caballos, una diligencia a los que se fustiga con ardor, el trabajo se puso en marcha. Hay que cumplir lo ordenado, y hasta adelantarse en el tiempo. La prisa era más importante, que la madurez; cubrir aguas, más serio que cimentar en firme.

    El ordenamiento jurídico violado

    Un nuevo proyecto de reforma, que incidía gravemente sobre el Sistema, que derogaba su filosofía, que dejaba sin vigor los Principios Fundamentales del Movimiento, que desconocía y hasta denunciada y condenaba implícitamente la contienda que tanta sangre costó a los españoles, se fue abriendo paso.

    El ordenamiento jurídico, a mi modo de ver, y al de muchos españoles, ha sido gravísimamente violado. Siendo Adolfo Suárez ministro secretario general del Movimiento (dic.75-jul.76), y sin el trámite del referéndum, se volvió al régimen de los partidos políticos, con lo cual el Punto VII del Movimiento se esfumó en el aire.

    Yo soy de los que entienden, por las razones que expresé y conocéis, que los Principios, en cuanto constituyen el presupuesto doctrinal de la Constitución (Leyes Fundamentales), son inderogables. Ahora bien, si retorciendo la argumentación y la letra del texto legal se llega a concluir que los Principios pueden modificarse observando la tramitación procesal establecida para las Leyes fundamentales, no llego a comprender que para declarar la soberanía del pueblo como origen del poder se exija el referéndum, y no se precise para sustituir los cauces naturales de participación por el cauce artificial de los partidos políticos.

    He aquí uno de los grandes enigmas, que no puede tener más que dos explicaciones teóricas: la falta de lógica jurídica de quienes aplican la ley, o el deseo irrefrenado de llevar a término la ruptura, sin demasiados miramientos, de cualquier modo y cuanto antes.

    El proyecto Suárez de reforma política, que con algunas correcciones fue llevado al referéndum del pasado 15 de diciembre (1976), tuvo que pasar, para informe no vinculante, al Consejo Nacional. Todos recordaréis la razonada intervención del señor Fernández de la Mora, amparando su enmienda parcial; y todos recordaréis también cómo, en nombre del grupo político que representaba, declaró que la reforma era irreversible. A mí, personalmente, esta postura me conturbó, pues era tanto como admitir que la reforma Suárez, que ya arrancaba del reconocimiento anticonstitucional de los partidos políticos y de la legalización “de facto” de las organizaciones subversivas, constituía un punto de arranque admisible, aunque con algunas correcciones de detalle.

    El Gobierno se limitó a enviar el proyecto a las Cortes, sin corrección alguna, es decir, haciendo caso omiso del informe. El Boletín de la Cámara legislativa trascribió el proyecto de ley, y a continuación el informe del Consejo.

    Entre el Pleno del Consejo y el de las Cortes, que se ocupó de tema tan importante en un procedimiento “ad hoc” de apresurada urgencia, se produjo un hecho decisivo: aparece, en torno a Fraga, una agrupación política, Alianza Popular, en la que se agrupan: Reforma Democrática, que preside el propio Fraga, con una orientación centrista; Unión Nacional Española, que preside Fernández de la Mora, con una base originaria, mayoritariamente, del tradicionalismo; Unión del Pueblo Español, que había puesto en marcha Solís, había presidido Adolfo Suárez y hoy (1977) preside Martínez Esteruelas, integrada por hombres del Movimiento; Asociación Nacional para el Estudio de Problemas Actuales (ANEPA), que, auspiciada por el fallecido Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidió Leopoldo Stampa y ahora, en situación litigiosa preside Enrique Thomas de Carranza; un grupo demócrata cristiano, escindido de la Unión Democrática Española, que preside Federico Silva; otro grupo de tendencia regionalista, a cuyo frente se halla Laureano López Rodó, y, finalmente, otro, que con el nombre de Democracia Social trata de constituir Licinio de la Fuente.

    Los contactos y conversaciones de UNE, UDP, ANEPA y Falange Española, que dieron origen a notas conjuntas, y que hacían esperar un entendimiento cada vez mayor entre las cuatro asociaciones, más o menos ligadas al Movimiento, y nacidas al amparo de su estatuto asociativo, quedaron en nada. Por razones que desconozco, Falange Española, según mis noticias, se enteró por la prensa del nacimiento de la Alianza Popular, quebrándose así los pactos iniciales que pudieran existir entre las últimas organizaciones mencionadas.

    Sesión de cortes histórica

    En estas condiciones, y con una actividad cada vez más coordinada de la oposición al franquismo -desde la Izquierda Democrática de Ruiz-Giménez al Partido Comunista de Santiago Carrillo-, y con una mayor audiencia de la misma por parte del Gobierno, se produce la larga sesión de Cortes del 16 al 18 de noviembre de 1976.

    A cambio de prácticamente nada, Alianza Popular regala sus votos afirmativos al Gobierno, y el proyecto de Reforma -que sin tales votos no hubiera prosperado- obtiene 425 votos favorables, muchos de ellos, naturalmente, y aunque parezca mentira, de los ministros de Franco; de consejeros nacionales del grupo de Ayete; de procuradores en Cortes de libre designación del Caudillo; de antiguos combatientes del Ejército nacional -algunos hoy con altas graduaciones en las Fuerzas Armadas-; de personas, en fin, ligadas entrañablemente al fundador de la Falange o al pensamiento tradicionalista.

    No hace mucho me escribía un alemán que sigue de cerca y con cariño nuestras cosas, que no acababa de entenderlo. Y es verdad que es difícil la comprensión de lo ocurrido, pero no imposible. Este rechazo de su obra por la clase dirigente de un Sistema político, sólo puede imputarse a una desmoralización colectiva, incubada hace tiempo, o a una falta de fe en las propias convicciones, o una descubierta apresurada de cuanto se quiso ocultar durante años, o a una ingenuidad rayana en lo temerario y suicida.

    Menos mal que, como en las luchas gloriosas, quedó a salvo el honor. Fernández de la Vega, Raimundo Fernández Cuesta y el que os habla nos opusimos, con argumentación diversa -y creo que incontestable- al proyecto de reforma. Mi enmienda fue a la totalidad. Por vez primera subí al estrado para dirigirme al Pleno de las Cortes.

    Jamás se me dio una oportunidad semejante, a pesar de que había formado parte de ponencias muy distintas y de que había intervenido en los debates acalorados de algunas Comisiones. Excuso deciros que subí con emoción, y no tanto por ese motivo como por coincidir mi estreno en el gran hemiciclo con una sesión que pasará a la Historia.

    Tengo noticias de que mi discurso, que había de ser breve por razones reglamentarias, era esperado con inquietud, y también me consta que había un plan para silbarme e interrumpirme. Por las razones que sean, mi intervención fue escuchada -en sus dos fases- con respeto y hasta premiada con aplausos nutridos por quienes, en su inmensa mayoría, se levantaron el día 18 para aprobar precisamente lo que yo atacaba.

    Por cierto, que la noticia del fallo de mi grabación magnetofónica tuvo amplia acogida en la prensa, con el tono burlón que sabe utilizar cuando quiere. Pero lo cierto es que hay grabación del discurso ante el Pleno de las Cortes y que la cinta se está convirtiendo en un “best-seller” que no podíamos imaginar.

    Un “No” en la Cámara de 59 procuradores

    El honor fue salvado. 59 procuradores en Cortes mantuvimos, con nombres y apellidos, el “No” a la reforma Suárez. Quienes en la Cámara representan de algún modo el antifranquismo, los franquistas evolucionados de Alianza Popular y el Gobierno, naturalmente, votaron que “Sí” a la ruptura, más o menos anfibológicamente camuflada.

    Si en el momento de la euforia y de los aplausos recíprocos -a los, que, naturalmente, no pude sumarme- hubiera aparecido uno de esos dobles de Franco por la espalda del presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, ex presidente del Banco de Crédito Local, ex presidente del Gobierno, ex secretario general del Movimiento, ex director general de Enseñanza Universitaria y consejero nacional nombrado por el Caudillo, don Torcuato Fernández Miranda, ¿qué hubiera ocurrido?

    Ante una posible e inesperada resurrección del que ahora llaman “anterior Jefe del Estado”, la escena es fácilmente imaginable. Ya la dibujé en el almuerzo que tuvimos en Huelva, después del acto de afirmación nacional. Ahora añadiría que ante esa aparición, los paraguas, tan del gusto del señor Fernández Miranda,
    hubieran sido una prenda adquirida a cualquier precio, para cubrir el rostro y ahogar el estrépito, bruscamente interrumpido de los aplausos.

    ***

    En estas condiciones se hacen los preparativos para cumplir un nuevo trámite de la reforma: el referéndum. Luego de ciertas vacilaciones, se fija la fecha del 15 de diciembre de 1976 para su celebración.

    Ante la pregunta formulada al cuerpo electoral, ¿aprueba o no aprueba usted el proyecto de ley de reforma política?, cabían, teóricamente, muchas posturas: la afirmativa, la negativa, la neutra y la abstencionista. (…)

    Parecía evidente que el Gobierno rechazase, partiendo de sus propósitos democratizadores, la postura abstencionista, sobre todo cuando con ella se pretendía capitalizar un supuesto estado de opinión refractario a la reforma, por ser partidario claramente de la ruptura.

    Planteado así, dialécticamente, el tema de la abstención, la misma, a la hora del referéndum, no podía interpretarse como fruto de la desgana o de la indiferencia, sino -en frase de los que lo defendieron- como una abstención activa, como una votación computable de signo contrario a lo que el Gobierno pretendía.

    Postura de la Iglesia

    Quizá por eso, quienes asumen en este período difícil la dirección de la Iglesia, concordes con su postura de adaptación al medio, aunque ello no esté en comunión con la doctrina, manifestaron públicamente, y con el peso de su autoridad espiritual, que el propósito del Gobierno de combatir la abstención era antidemocrático y contradictorio. La abstención, diría en síntesis quien habló en nombre de la Iglesia, no es lícita cuando supone el incumplimiento de un deber ciudadano, pero es lícita, y nada cabe argüir contra ella ni contra la propaganda que la estimula, cuando es precisamente el deber ciudadano el que se cumple por medio de la abstención beligerante y activa.

    De este modo, la campaña inicial del Gobierno contra la propaganda de la abstención, fue paralizada en seco. Los abstencionistas coligados en la oposición al franquismo, marxistas ateos en su inmensa mayoría, encontraron así en la Iglesia sus más ardientes paladines. Y el Gobierno, dando una prueba de debilidad, entre tantas, contempló sin ruborizarse cómo ciudades y pueblos se plagaron de pintadas y carteles, con la hoz y el martillo, pidiendo la abstención ante el referéndum.

    A partir de esta concesión a la Iglesia y a la política abstencionista de la oposición ilegal, aunque mimada con creces, la propaganda oficial, que en su programación de partida urgía el voto pero no su signo, varió de muestra. A la neutralidad democrática siguió una actitud rabiosamente encaminada a la consecución del “Sí”. Un “Sí” a toda costa y a cualquier precio. El marxismo y sus cómplices se sonrieron abiertamente: la abstención era lícita y podía argumentarse públicamente a su favor; y el Gobierno, con todo lo que suponen los medios que maneja, sacaría -porque el asunto y el compromiso eran suyos- un “Sí” en el que el propio Gobierno podría apoyarse para pactar con los enemigos del sistema franquista y acceder, en todo o en gran parte, a sus pretensiones. Me parece que a Fernando VII no se le podían poner mejor las bolas sobre el paño verde de la mesa de billar.

    Propaganda masiva

    Una suma que rebasa en mucho los mil millones de pesetas -y que también podría haberse invertido, como ahora se nos dice con motivo del alza del precio del café, en obras sociales- se dedicó a la propaganda gubernamental. Las mejores agencias publicitarias, las emisoras de radio, la televisión, los periódicos, se pusieron al servicio de la gran tarea. Millares de pasquines volanderos y pintadas oficialistas llegaron a anonadar a los españoles. El idioma oficial y los idiomas regionales se utilizaron también; sin dejar a un lado las promesas de concesiones, que habrían desencadenado en otro tiempo, disturbios graves, a favor de quienes había que ganar de cualquier modo para la causa del “Sí”; ni los viajes del Rey, a los que se quiso anudar la campaña oficialista; ni el contrato con un grupo coral que aturdió el aire y lavó los cerebros.

    “Habla pueblo, para que la violencia calle”. Pero la violencia no podía callar, como no calla en los países en que la democracia liberal impera desde hace muchos años. Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado, consejero del Reino, consejero nacional y procurador en Cortes, ex ministro de Justicia, ex director general de Beneficencia y Obras Sociales, ex capitán provisional, hombres de empresa, tradicionalista y, en suma, pese a nuestras discrepancias de carácter táctico, un caballero y un gran español, en plena campaña del referéndum, fue secuestrado, a pleno día, en el centro de Madrid. De esto hace más de un mes. Y aquí no ha pasado nada, como no pasó nada, porque el clima es el mismo, cuando un 20 de diciembre la ETA dinamitó el coche de Carrero Blanco y consumó la famosa operación “Ogro”, eliminando al jefe del Gobierno, o cuando un 13 de septiembre (1974) Madrid se llenó de sangre con ocasión del acto terrorista de la calle del Correo. (…)

    ¡Menos mal que para que la violencia calle no es el pueblo el que habla, sino la voz desafiante y retadora que pide la liberación inmediata de los asesinos! Con ellos en libertad, y luego, aupados al poder, la violencia callará definitivamente, porque especialistas en el arte del silencio matarán en silencio y en la impunidad, como lo hicieron durante la guerra en la zona roja, a los que el habla se les convirtió en un quejido de angustia dolorosa ante la muerte. ¡Qué pena, para aumento de nuestra cruz, que algunas voces episcopales, incluso con ocasión del Año Santo Compostelano, se hayan unido con palabras de amor aparente a las palabras de odio disfrazadas de reconciliación y amnistía!

    Es curioso que la campaña del “Sí” haya utilizado todos los resortes, amén de todos los instrumentos de propaganda. Por un lado, el “Sí” era el cambio del Régimen, el olvido y la negación del pasado. “¿Te abstendrás o votarás que no a la libertad que te ofrecemos?” “¿Cuarenta años sin poder votar y ahora que puedes te retiras o te opones?” Por otro lado, el “Sí” era la continuidad, lo que Franco hubiera dicho, lo que el pensamiento pragmático del hombre irrepetible quería para después de su muerte.

    Ex ministros del Régimen, colaboradores del Caudillo que, por supuesto, habían votado que “Sí” en ambas Cámaras, miembros destacados de Alianza Popular, refrendaron en los días próximos al 15 de diciembre el punto de vista señalado. Había que decírselo hasta la saciedad al pueblo franquista. Y el jefe del Gobierno, disparando el último cartucho en el lindero mismo de la jornada decisiva, afirmó que con la Reforma “no ignoramos nuestro inmediato pasado” -el construido por “la excepcional figura de Franco”-, sino que, mediante ella, “lo asumimos con responsabilidad y recogemos su herencia para perfeccionarla”.

    ***
    Claro es que ha habido propaganda del “No”. Con la modestia de nuestros medios, pero con el entusiasmo y el sacrificio que merece la causa que servimos.

    El Gobierno tuvo la delicadeza liberal y tranquilizante de su escrupulosa conciencia democrática, de conceder a la propaganda del “No” nueve minutos televisivos: tres minutos a Falange Española; tres minutos al PAN y tres minutos a FN.

    Yo traté de retrasar mi intervención. Adelantada al máximo, perdería vigencia ante el pueblo, atropellada y atacada, directa e indirectamente, por la campaña oficialista y sus ayudantes de ocasión. Pero no conseguí la demora. Con toda cortesía, se me vino a decir: “ahora o nunca”. Y el 2 de diciembre, aproveché, a toda velocidad, mi espacio de tres minutos para exponer las razones de nuestro “No”.

    Puedo aseguraros que he tenido que sacar tiempo de no sé dónde para contestar a cada una de las cartas y todos y cada uno de los telegramas que he recibido rubricando nuestra postura y adhiriéndose a ella. Y me consta, porque mantenemos contacto con el pueblo, la impresión favorable entre los afines, y respetuosa entre los adversarios, que mis palabras en la televisión produjeron. (…)

    Así estaban las cosas cuando llegó el memorable 15 de diciembre de 1976. Los fallos conocidos en la mecánica del referéndum son innumerables y no son leves. Amputaciones del censo, que han impedido el voto de decenas de millares de personas; falta de precinto en un número incalculable de urnas (lo que tenemos autenticado notarialmente); escamoteo de papeletas con él “No” e imposición del “Sí”, poco menos que por orden gubernativa; plazo inverosímil para la propuesta de interventores, y consiguiente ausencia de una verificación controlada del escrutinio; medidas no aclaradas en relación con ciertos funcionarios que de alguna forma tenían relación con el procesamiento de datos; voto sui generis de los emigrantes; quebranto por el Gobierno a través de la prensa y la radio oficiales, de la prohibición de propaganda en uno u otro sentido (por ejemplo, el “Sí” en la portada de “Arriba”, órgano de un Ministerio, en la mañana del día 15, y la reiteración -ese mismo día- del discurso a favor del “Sí” del presidente del Gobierno).

    El rey, en las urnas

    Todo, como veréis, muy liberal y muy democrático. Hasta el Rey acudió a las urnas. La prensa extranjera ha comentado el hecho. Y aquí, José María Gil Robles ha escrito en “El País” (4-1-1977) que la presión moral desencadenada por el Gobierno, a través de una “propaganda desaforada, mediocre y hasta irritante”, no ha excluido al propio Jefe del Estado, olvidando que es lógico que éste vote cuando es cabeza de partido en una república, o jefe de partido único, como lo era Franco, pero no cuando es encarnación de una institución que debe estar por encima de diferencias partidistas, en un régimen monárquico.

    (...)

    No se puede creer en la derrota

    Quien se contente con un examen de las cifras podrá creer en la derrota y hasta sentirse desanimado. Pero hace mal. En primer término, porque la derrota sólo existe cuando se pierde la última batalla y, en segundo lugar, porque nosotros no hemos perdido ninguna posición. Estamos donde estábamos. Son los hombres del “Sí”, o al menos muchos de los hombres del “Sí” los que han cedido y ocupan una trinchera diferente a aquella que un día ocuparon. Lo que importa es que se aperciban a tiempo, que no abandonen definitivamente y por supuestos indicativos tácticos, la línea que nosotros mantenemos; que tomen conciencia de que, quizá por error, favorecen con su retroceso al adversario, y que no olviden, si quieren ser leales a su diario de origen y al ejemplo de los que dieron la vida en su defensa, que es preferible morir en la vanguardia, de un tiro en la frente, que un tiro en la nuca, durante la huida.

    ***
    ¿Qué ha pasado después del referéndum?

    Vamos a examinar a las fuerzas políticas en litigio, dejando al margen, por ahora, la indisciplina social, la inflación creciente, el terrorismo exacerbado, el desafío separatista, la crisis económica y el descenso de la moralidad.

    La Alianza Popular, con una base si no total si mayoritariamente de signo franquista, advierte que ha jugado con torpeza. Los miembros de la UNE y los de la UDP, especialmente, se dan cuenta del equívoco engañoso y del juego político a que fueron llevados los procuradores en Cortes vinculados a los dos grupos. Votando a favor de la Reforma, la hicieron posible y facilitaron la victoria del Gobierno; y ahora el Gobierno -como ya anunciamos-, conseguido con extrema facilidad lo que quería, prescinde de la Alianza Popular y dialoga y pacta con la oposición abstencionista que quiere, sin camuflaje, la ruptura.

    No soy yo el que lo dice. Cruz Martínez Esteruelas, un hombre excepcionalmente listo y bien dotado, aunque no comparto su doctrina y menos aún su postura política, acaba de expresarse en estos términos:
    No es admisible que pretendan poner condiciones al proceso democrático abierto por el referéndum quienes repudiaron precisamente su validez e incitaron a la abstención. Negar el referéndum y negociar luego con el Gobierno el proceso constitucional y la participación en las elecciones supone una cínica e importante contradicción”.

    Puede resultar en extremo peligroso para España polarizar la situación política en un pacto entre el Gobierno y aquellas fuerzas políticas cuyas posiciones dialécticas son la ruptura con el pasado, la demagogia y el internacionalismo... mientras se busca desplazar a las fuerzas políticas nacionales, coautoras de la reforma y del resultado positivo del referéndum”. (Conferencia Santa Cruz de Tenerife; “El Alcázar”, 8-1-77).

    El presidente de la UDP tiene toda la razón, pero olvida que cuanto denuncia era previsible, y que la aceptación, en principio, de la reforma por Alianza Popular no debía hacerse sin que el Gobierno negociara plenamente con su cuadro directivo, y aceptase, para lograr su apoyo, aquellas modificaciones sustantivas que hicieran imposible lo que ahora a todas luces es viable: una ruptura moldeada por el antifranquismo, y apoyada en un “quórum” y en un referéndum que, con la ayuda de Alianza Popular, como Martínez Esteruelas proclama, tuvo un resultado positivo.

    No se comprenden ciertas actitudes

    Este error es muy grave y muy aleccionador para el futuro, como lo es que Alianza Popular se conjugue -y ello puede explicarnos muchas cosas- en torno a Reforma Democrática y a su presidente, Fraga Iribarne, porque, si no recordamos mal, fue el señor Fraga el que, como vicepresidente del Gobierno y ministro de la Gobernación, legalizó “de facto” a “las fuerzas políticas cuyas posiciones dialécticas son la ruptura con el pasado, la demagogia y el internacionalismo”, a las que Martínez Esteruelas sitúa en “cínica e importante contradicción”.

    Yo, la verdad es que no comprendo cómo grupos y personalidades cuyo pensamiento ha estado en línea, y creemos que interiormente lo sigue estando, pueden unir programas y esfuerzos con quienes apuntan la posibilidad de que se entreguen a Marruecos Ceuta y Melilla, o incorporan el divorcio a su programa, apartándose de la doctrina católica y de las exigencias de la ley natural, evitando el diálogo, mirando evasivamente o dejando al margen a quienes en vida de Franco y después de su muerte mantuvimos y mantenemos, con toda su pureza y lealtad, unos Principios que estimábamos sagrados y comunes a la vez.

    Si éste es el binomio Gobierno-Alianza Popular, veamos la otra cara del espectáculo: las relaciones entre el Gobierno y el antifranquismo, es decir, entre el Gobierno de la Monarquía, que existe gracias a Franco, y aquellos que, sin rubor y con absoluta claridad, no quieren, como lo quiere Suárez, asumir el pasado, sino destruirlo, como algo ominoso y oscuro que convendría olvidar.

    La famosa Comisión de los nueve, en la que tiene plaza de honor el Partido Comunista, negocia con el Gobierno a través de los señores Tierno Galván y Jordi Pujol, marxista el primero y capitalista y catalanista el segundo. Naturalmente que la negociación, cuyo detalle no conocemos, versa sobre el contenido práctico de la llamada Reforma, lo que revela que no se trata de pormenores accidentales, sino de temas sustantivos y de fondo, con las elecciones al final del paisaje.

    Por debajo y más allá de los términos objetivos de la negociación, se halla el aspecto subjetivo y lo que podríamos conocer como coacción ambiental.

    De una parte, el secuestro de Antonio María de Oriol continúa, sin que el Gobierno pueda ofrecer a la nación nada, absolutamente nada, que aclare su zozobra y su inquietud. Y está claro que lo que con el secuestro se persigue no es sólo en la liberación de los asesinos terroristas, sino también dar la impresión -ya lograda- de que la iniciativa la tienen los adversarios y de que éstos, a su capricho, pueden disponer de la vida y de la libertad de cualquiera.

    Considerando que…

    El Gobierno sabe quiénes piden la libertad de los asesinos de Carrero, de Araluce y de tantos españoles de menor relieve político. pero de igual o mayor entereza y lealtad a la Patria, y, aún sabiéndolo, negocia y pacta con ellos. ¿Cómo extrañarse de que, teniendo tantos y tan apreciados valedores cerca del Gobierno, no se sientan envalentonados los secuestradores del señor Oriol, sea cual sea el grupo político que los maneja o al que sean afectos?

    De otra parte, y ya después del referéndum, se produce la detención de Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista.

    Varias son las consideraciones que conviene hacer al respecto:

    1.ª El señor Carrillo entró en España en febrero de 1976. Antes o por entonces había llegado su familia, que se domicilió en Madrid. Sus hijos consiguieron inmediatamente puestos de trabajo: uno de ellos fue contratado como profesor en la Universidad Autónoma de Madrid.

    Sin embargo, el Gobierno negó reiteradamente la presencia en España del secretario general del Partido Comunista. Y esto es muy grave, pues una de dos: o el Gobierno sabía que Carrillo estaba entre nosotros y deliberadamente y por razones desconocidas faltó a la verdad, o no sabía que Carrillo estuviese en España, y en ese caso todos los servicios de información del Gobierno revelaron su total ineficacia.

    2.ª Al señor Carrillo se le procesa por un delito supuesto de asociación ilegal, lo que se contradice con el hecho de mantener el Gobierno conversaciones negociadoras con la asociación ilegal de la que el señor Carrillo es secretario. aunque su representación haya sido delegada por la misma en los señores Jordi Pujol y Tierno Galván.

    3.ª No queda aclarado: a) si el señor Carrillo entró o no con pasaporte en España; b) qué autoridad expidió dicho pasaporte, si es que no tenía; c) si dicho pasaporte, en su caso, era español o extranjero.

    4.ª Queda sin aclarar si ha sido legalizada o no a posteriori la reunión clandestina y las declaraciones a los medios informativos, que estos últimos recogieron con la máxima amplitud.

    5.ª La libertad provisional, bajo fianza de 300.000 pesetas, es modesta en comparación con el millón de pesetas constituido por FUERZA NUEVA en un caso todavía “sub iudice”; de las 500.000 pesetas exigidas a Herminia Villena por un Juzgado de Murcia, y de las multas de 500.000 pesetas, recientemente impuestas por el gobierno civil de Madrid a Jesús María Palacios y a José María Pérez de Herrasti.

    6.ª La libertad bajo fianza de Santiago Carrillo, acusado por el solo delito de asociación ilegal, supone, implícitamente, que queda facultado para moverse, actuar, hablar y negociar, por sí y en nombre de su Partido, todavía en situación ilegal.

    7.ª El Gobierno tolera una campaña de agitación, típicamente comunista, que embadurna y ensucia a España entera, exigiendo la libertad de Santiago Carrillo, dando la impresión, aun cuando así no sea, de que esta libertad no ha sido concedida, sino arrancada a gritos, con el puño en alto, las banderas rojas en la calle y la “Internacional”.

    No entro en otras consideraciones porque son harto conocidas: responsabilidades por el genocidio de Paracuellos del Jarama; preparación y mantenimiento de la guerrilla; aliento constante a la subversión; declaraciones intencionalmente homicidas con relación a Franco, etc.

    ****

    No hemos sido derrotados. Lo decíamos antes y lo vamos a comprobar ahora.

    No hemos sido derrotados, porque el resultado oficial del referéndum, sea o no sea correcto, confirma nuestra postura frente a la democracia liberal.

    Si el resultado del referéndum es correcto, es decir, si no ha habido error ni manipulación en el escrutinio, el sistema liberal es malo, pues revela cómo es posible cambiar en unos meses y por medio de una propaganda hábil la voluntad de un pueblo, partidario ayer del franquismo y dispuesto -engañado o no- a abrir las puertas a una reforma que, de seguir como vamos, acabará con él, acabando al mismo tiempo con España.

    Si, por el contrario, el referéndum hubiera sido manipulado, de tal manera que las cifras reales no coinciden, sino que se distancian en gran medida de las oficialmente confesadas, entonces el Sistema liberal sigue siendo malo, pues revela que, incluso en el momento más puro, que es el inicial de su puesta en marcha, se desvirtúa en su raíz, suplantándose por la voluntad del Gobierno la voluntad de la mayoría. El reclamo “Habla, pueblo”, si tal manipulación se hubiera producido, por amputado e incompleto, debería sustituirse por otro que dijera: “Habla, pueblo, para que yo diga lo que me parezca conveniente”.

    (...)

    El Gobierno se engaña

    No hemos sido derrotados nosotros. Es el Gobierno y quienes, como Alianza Popular, han apoyado al Gobierno los que se engañan a sí mismos, valorando como un apoyo a la “Reforma Suárez” el voto mayoritario del referéndum.

    Sería curiosa una encuesta objetiva entre los que han votado que “Sí”, preguntando por los móviles, razones y objetivos de su voto. Encontraríamos entonces que, salvo un número pequeño de partidarios conscientes de la Reforma oficialista, la mayor densidad de votantes diría que el “Sí” (...) era un “Sí” a la continuidad del franquismo, con las modificaciones inherentes a la desaparición del Caudillo y a la perfección y mejora del Sistema heredado; un “Sí” al Régimen que Franco implantó y que se perpetúa en la Monarquía del 18 de Julio, cuyo Rey Franco eligió y formó a su lado, jurando por dos veces ante Dios, las Cortes y el pueblo, los Principios Fundamentales del Movimiento; un “Sí” como rechazo de un “No” que sonaba a gesto de hostilidad, a enfrentamiento con el orden recibido, a postura, análoga a la de aquellos que con su no, explícito e implícito, venían atacando la obra del Caudillo; un “Sí” a cuanto los ex ministros y los antiguos y devotos colaboradores de Franco pedían, con inclusión de la mayor parte de los que él designó como sus albaceas, para que velaran por la doctrina política que hizo posible la Cruzada; un “Sí” rotundo, como respuesta a la petición del jefe del Gobierno, nombrado por el Rey que sucedió a Franco en la Jefatura del Estado y que, solemnemente, como antes decíamos, se comprometió ante todos los españoles, la víspera misma del referéndum, a asumir la obra de pasado, creación genial de un hombre irrepetible, y a perfeccionarla en el futuro. ¡Lástima que cuanto quiso expresarse con él “Sí” no tenía más camino viable que la papeleta con él “No”!

    ¡Cuántos de los que en aquella fecha se pronunciaron afirmativamente estarán arrepentidos o con graves escrúpulos de conciencia! Son ellos los que, delante de Dios y pensando en España, en sus familiares y en sí mismos, han de meditar y reaccionar con energía y con valor cuál ha de ser su postura en un futuro inmediato, en el que otra vez, por la desgana, la frivolidad o el resentimiento de la clase dirigente, se pone en juego la existencia misma de la Patria.

    Al lado de esa aplastante mayoría de votos positivos, destaca, según los datos oficiales, el número escaso de votos negativos. Según la proclamación hecha por el presidente del Tribunal Supremo, que lo es asimismo de la Junta Central del Censo: 450.102. Hemos bajado desde la información gubernativa. Si se hacen nuevos cómputos, a lo mejor seguimos retrocediendo hasta límites insospechados; quizá hasta doscientos mil votos menos cero.

    Algunos diarios del exterior se han quedado atónitos ante las cifras. O el pueblo español es muy voluble o se han rebasado, víctimas del triunfalismo que tanto se criticó, los márgenes de la credibilidad europea. (...)

    Cada “No” es una joya, manifestación cálida y resuelta de una ideología y de una actitud, prueba de un cuerpo militante de 450.102 españoles, que no se han dejado lavar ni el cerebro ni la conciencia, inmunes y refractarios a toda propaganda, que han obrado conforme a su propia conciencia, que están dispuestos a seguir luchando por los ideales al precio de lo que sea, que se saben integrados -con la coincidencia afirmativa en el “No”, aunque suene a paradoja- en aquella minoría “inasequible al desaliento”, leal y fiel a las banderas del 18 de Julio, en la que José Antonio pensaba y confiaba para enderezar otra vez el destino del pueblo español.

    Si con nueve minutos de televisión-de los que tres correspondieron a FUERZA NUEVA- reforzamos y alentamos la resulta voluntad de 450.102 españoles, ¿qué hubiera sucedido si hubiéramos dispuesto sólo de la décima parte del tiempo y de los medios de publicidad, amén de los resortes psicológicos que confluyen en el poder, para explicar claramente nuestras razones y ofrecer nuestros puntos de vista? Pero así es la democracia liberal, una auténtica “contradictio in terminis”, y ello en el instante mismo de nacer, como ocurrió en la memorable jornada del pasado 15 de diciembre.

    (...)

    Sin ningún propósito de encabezamiento o hegemonía, llamamos, para ese Frente Nacional, a los ex combatientes de la Cruzada, a nuestros hermanos de Falange Española, a nuestros hermanos de la Comunión Tradicionalista, y a los españoles sin más encuadramiento que la lealtad a la obra de Francisco Franco.

    Vuelvo a repetir que la base de nuestras organizaciones es fundamentalmente la misma, y que todo retraso en el lanzamiento del Frente Nacional produce desmoralización y zozobra.

    Está claro que, por nuestra parte, no hay reserva de ningún tipo. El Frente Nacional puede ser, de momento, un Frente electoral del 18 de Julio, cara a los meses que se avecinan; puede ser, ahora o más tarde, una Federación de agrupaciones políticas, con una actuación coordinada, y común, sin perjuicio de la autonomía de las partes; y puede ser -nosotros, en aras de la unidad y por el bien de España, estamos dispuestos- la fusión en un partido único en el que se integren todos los militantes de nuestras respectivas organizaciones.

    Yo estoy seguro que si el Frente Nacional cuaja y se presenta al pueblo español con su mística arrolladora, atraerá a sus filas a muchos de los que, confusos aún, creen en la fracasada postura derechista del mal menor, que ya les ha llevado no sólo a dar paso libre a la ruptura antifranquista, sino a vincularse con quien [Fraga Iribarne] desde el primer Gobierno de la Monarquía autorizó el Congreso de la UGT y desde fuera del Gobierno incorpora a su programa político la legalización del divorcio.

    Tengo para mí que si los jefes políticos de las agrupaciones que a sí mismas se califican ahora de derechas mantienen su alianza con quienes asumen tesis tan contrarias a lo que han venido diciendo y escribiendo, los que los han seguido y respaldado tendrán que incorporarse a las filas de quienes, como nosotros, no están dispuestos a transigir en cuestiones que reputamos fundamentales. La unión hace la fuerza sólo cuando se unen factores distintos pero homogéneos. En otro caso, la unidad debilita y hasta lleva a situaciones tan equívocas y falsas como la unión de católicos y masones en el que fue llamado “bienio negro” de la segunda República, que dio paso al Frente Popular y al trauma, doloroso, pero ya inevitable, de la guerra.

    La arquitectura política se asemeja hoy a un tren conducido en éxtasis por un bisoño jaleado y entusiasta. Lo que interesa es llegar, aunque no importa cómo. Y llegar, ganando marcas a la estación, luminosa pero reconfortante. del liberalismo. Que se salten los discos rojos; que se rompan las barreras de los pasos a nivel; que se arrastra sobre las vías y se arrojan al precipicio los obstáculos; que suben polizontes sin billete; que se dispara desde los trigales sobre los viajeros, que caen bañados en sangre entre el dolor de los suyos; que se rapta y secuestra al revisor o a los vigilantes; que se descompone y deshace, por el traqueteo desquiciado de la marcha, el orden y la eficacia de las instalaciones…, no importa. Lo que importa es llegar a la meta en un viaje alocado, absurdo y peor que inútil. Llegar al espejismo con un tren cargado de muertes y de escombros.

    ***
    Con toda lealtad, queremos decir que la situación política, tal y como ha sido encauzada por el Gobierno, nos constituye en un estado de oposición total. Volvemos a repetir, aunque con más abundancia de razones, lo que dijimos en aquel artículo “Señor Presidente” (1974), a raíz de unas declaraciones de Don Carlos Arias, cuando era primer ministro: no nos hemos marginado ni autoexcluido nosotros. Nos ha marginado a conciencia, contra todo buen criterio político y contra la misma ley puesta en vigor, el propio Gobierno de la Monarquía.

    Es absolutamente inexplicable, claramente antidemocrático y radicalmente antijurídico que el Gobierno negocie con los partidos ilegales y no tenga ni un solo contacto, a ningún nivel, con agrupaciones como FUERZA NUEVA, que están legalmente reconocidas, que no han boicoteado el referéndum, sino que han participado en él, y que representan un estado de opinión real, que respaldan cerca de 500.000 votos, conforme al Estado de cuentas oficialmente proclamado.

    No llegamos a entender cómo se dialoga y se pacta con el Partido Comunista y con sus aliados, y se niega el saludo político o la posibilidad de un cambio de opiniones a Falange Española, al Tradicionalismo, al Partido de Acción Nacional y a FUERZA NUEVA.

    La línea de pensamiento y la conducta del Gobierno hace pensar que hay unas agrupaciones ilegales, que merecen su máxima consideración, y otras legales, que sólo merecen su desprecio. Las primeras tienen un trato de favor. A las segundas se les aparta o ignora. ¿Cuáles son, entonces, las ventajas de la legalidad y las desventajas de la ilegalidad?

    Creo que es absolutamente inútil la apelación a un Gobierno que, como indicaba antes, ignora o desprecia a quienes con un claro sentido nacional hemos proclamado la lealtad al 18 de Julio, al pensamiento y a la obra de Franco y a la Monarquía que él quiso instaurar. Su conducta, por las consecuencias que de la misma se están derivando y se van a derivar a un plazo muy corto, podrá enjuiciarse sin demasiados quebraderos de cabeza. A nosotros solo nos queda elevar al Jefe del Estado, desde esta tribuna, nuestro recurso de última instancia, esperando que nuestra voz, que creemos tan honorable, al menos, como la de los demás, sea escuchada, tal y como el Rey dijo en primer mensaje de la Corona.

    En cualquier caso, con fortaleza y alegría, sin desmayo en la empresa, sin que por un solo instante decaiga nuestra firma voluntad el servicio, seguiremos con la moral muy alta en línea de combate.

    “Organizarse hoy para vencer mañana”. Tal es la consigna.

    ¡Arriba España!

    (Grandes aplausos y ovaciones cerraron las palabras del fundador de FUERZA NUEVA. Anteriormente, su conferencia había sido interrumpida por las adhesiones en numerosos pasajes de la misma. Se cerró el acto con el “Cara al Sol”)



    Última edición por ALACRAN; 20/01/2022 a las 16:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Declaraciones en exclusiva de don Blas Piñar a “La Vanguardia Española” de Barcelona




    Revista FUERZA NUEVA, nº 525, 29-Ene-1977

    DECLARACIONES EN EXCLUSIVA DE DON BLAS PIÑAR A “LA VANGUARDIA ESPAÑOLA” DE BARCELONA

    El viernes 14 de enero pasado “La Vanguardia Española” de Barcelona publicaba una entrevista en exclusiva de su redactora Mary Mérida, con nuestro presidente y fundador Blas Piñar.

    Creemos que las declaraciones de éste son lo suficientemente interesantes como para transcribirlos en su totalidad, ya que no sólo aportan una opinión actual sobre la vida política española, sino que recogen algunas consideraciones sobre el futuro inmediato, que sintetizan la postura de FUERZA NUEVA con claridad y realismo. Tenemos que hacer constar que las palabras finales del texto, que nosotros recogemos en negrita, no aparecieron en el diario barcelonés, aunque fueron pronunciadas por nuestro presidente contestando a la última pregunta.

    *****

    “EL CAMBIO CONSTITUCIONAL NO SE ESTA HACIENDO DESDE LA LEGALIDAD”

    Don Blas Piñar no necesita presentación, porque es uno de los personajes políticos más controvertidos, polémicos y atacados del país. La corriente o fuerza política que representa y que se ha calificado como de «ultra» o, extrema derecha tiene muchos detractores; sin embargo, como él dice, después de conocer los resultados oficiales del referéndum, parece que son alrededor de 450.000 los españoles que les respaldan. Es decir, los que han votado «no» a la reforma política, aunque, claro está, muchos de estos votantes negativos no se identifiquen estrictamente con su ideología y, sobre todo, con su actitud política. A él no le influye que tras el referéndum le llamen «mister 2,5 %», por ejemplo, ni que le ataquen por su “agresividad”; porque considera que «lo que se le imputa es fruto de una campaña constante de difamación, a lo que su partido le es muy difícil hacer frente».

    Anti-llberal por convicción, dice, sin embargo, que no le parece mal la democracia. Esencialmente franquista, en las cuestiones de principio es absolutamente intransigente y su trayectoria y postura política es tan audaz y firme como coherente. Aun los que no están en absoluto de acuerdo con él, no pueden por menos de reconocer que en su línea política no ha habido ni oscilaciones ni «chaqueteos». El dice lo que piensa y lo que siente al «lucero del alba...».

    El señor Piñar López nació en Toledo el 22 de noviembre de 1918. Es notario y presidente de la junta de fundadores de «Fuerza Nueva». Doctor en Derecho, es miembro del Instituto de Derecho Comparado. Es procurador en Cortes en su condición de consejero nacional designado por Franco. Ha sido vicepresidente de la Junta Nacional de la Juventud de Acción Católica y director del Instituto de Cultura Hispánica. En 1966 se le otorgó el premio periodístico «Fraternidad Hispánica» y es doctor «honoris causa» de la Universidad de llo-llo (Filipinas).

    Éstas son las declaraciones que nos ha hecho con carácter de exclusiva, en las que argumenta y razona sus puntos de vista sobre los aspectos más importantes de la actualidad política.

    —¿Cómo valora usted el resultado del referéndum, señor Piñar?
    Supongo que se refiere usted al resultado oficial del referéndum. Si es así, lo valoro como una prueba más de que el Poder consigue lo que quiere cuando se trata de una votación secreta.

    —¿Esperaba esa mayoría aplastante de «síes»?
    Esperaba que el propósito de homologación con la Europa liberal exigiría un número de «síes» menos aplastante.

    —Se dice que con ello han recibido ustedes un duro golpe y que hasta cierto punto se han puesto en evidencia.
    ¿Qué puede decirme a esto?
    En absoluto. Nosotros, es decir, la corriente política de la que podamos ser portadores, no ha sufrido ningún golpe duro. Al contrario. Si el escrutinio fue correcto, el cambio de voluntad de un pueblo, en materias fundamentales, prueba que una tarea política seria no puede apoyarse sobre algo tan movedizo. Si, por el contrario, el escrutinio no fue correcto, el Sistema pone de relieve con qué facilidad se escamotea y varía de signo lo qué el pueblo quiere.

    —¿Está usted decepcionado, asombrado o, quizás aún, más «fortalecido»?,
    Nosotros, con la ayuda de Dios, no perdemos la fortaleza. Los acontecimientos, al darnos la razón, contribuyen a ello.

    —¿Este resultado es indicativo y significativo de que tienen ustedes poca gente detrás que íes respalde?
    Si el resultado oficial es correcto, contamos con más de 450.000 militantes. El que ha votado «no», es un hombre o una mujer consecuente con su ideología; que; no se ha dejado manipular por la propaganda masiva del Gobierno a favor del “sí”; que no ha aceptado la salida fácil y cómoda de la abstención; y que está dispuesto a luchar donde sea preciso por una causa noble.

    —¿No cree, señor Piñar, que la mayoría del país, a estas alturas, está más por un centrismo moderado que por los
    extremismos o las posturas más radicalizadas, tanto de derechas como de izquierdas?
    Según lo que se entienda por centro, y según lo que se entienda por extremismo. Lo que yo creo es que la mayoría del país se apunta a la unidad de España, a la justicia social, al orden en la calle y a la estabilidad y al progreso económicos. Todo eso lo consiguió y lo legó Franco a los Gobiernos de la monarquía. Si eso se califica por los, periódicos de centrismo o extremismo, a la mayoría le trae sin cuidado, pues lo que importa son los hechos y no las denominaciones, casi siempre académicas o tendenciosas.

    El franquismo no ha muerto

    —¿Piensa usted que en las próximas elecciones se le puede dar la vuelta a todo? ¿Cómo cree usted que se desarrollarán éstas?
    No lo sé. Depende de la negociación del Gobierno con el único interlocutor qué acepta y ante el cual se inclina: el de los enemigos del franquismo.

    —¿Qué ha querido usted, decir con la frase que se ha puesto en boca suya de que Franco ganaría la batalla después de muerto y que ya la estaba ganando?
    Que al morir Franco el franquismo no ha muerto, sino que cobra toda su vitalidad, y recobra, al verse liberado de un magma poco limpio, su fuerza originaria. El recuerdo de una época colmada de logros, servirá de contraste y de incentivo; y las ideas sugestivas y los sacrificios fabulosos que la hicieron posible, estimularán a los españoles para engarzar con ella y continuarla.

    —¿Cree usted, realmente, que después de muerto Franco puede continuar el franquismo?
    Me atrevería a preguntarle como contestación: ¿no ha continuado el régimen soviético después de la muerte de Lenin?; ¿no ha continuado la Compañía de Jesús, después de la muerte de San Ignacio?; ¿no ha continuado el «Opus Dei» después de la muerte del P. Escrivá?; ¿no continuaron las empresas del señor Godó después de la muerte de su fundador?

    —¿Cómo contempla usted el proceso político del país en este momento, señor Piñar?
    Como un proceso de desmantelamiento de las instituciones y de entrega cobarde de la victoria y de la paz, heroicamente ganadas por el pueblo y el Ejército el primero de abril de 1939.

    —¿Cómo juzga usted la actuación del Gobierno, hasta ahora? ¿Está usted de acuerdo con la mayoría de que lo está haciendo muy bien, incluso mejor que la Oposición?
    El Gobierno actual, en líneas generales, no puede hacer nada bien. Le falta moral, vive en contradicción con el Régimen y carece de apoyo en la calle. Sólo el miedo a lo peor y la inercia le permiten subsistir.

    El liberalismo acaba con la democracia

    —¿Por qué le parece a usted mal la democracia? (Si es que le parece mal.)
    A mí no me parece mal la democracia. Lo que me parece malo es el liberalismo que acaba con ella.

    — ¿Y en qué fundamenta usted su rechazo?
    Yo rechazo la democracia inorgánica pero no la representación del pueblo en la tarea legislativa, a través de los cauces naturales de participación. Lo único que hemos pedido y pediremos es la autenticidad de estos últimos y un riguroso índice de incompatibilidades.

    —¿Por qué aparece usted tan «agresivo» en ocasiones y tan intransigente en sus posturas y declaraciones?
    Creo que lo de la «agresividad» que me imputa es fruto de la campaña constante de difamación, a la que, con nuestros medios modestísimos, es muy difícil hacer frente. Por lo que respecta a las cuestiones de principio a lo que estimamos fundamental, es lógico que sea intransigente. No olvide, por otro lado, que la flexibilidad en las aplicaciones de los principios básicos de una doctrina, ha de ser fruto de la tolerancia y nunca de la indiferencia.

    —¿No le importa que la mayoría se ponga frente a usted-, porque cree usted tener la «razón política»?
    No me importa, porque la razón, cuando es objetiva, no cambia porque la inmensa mayoría se oponga a ella.

    El país no demanda el cambio

    —¿No cree usted que es evidente que el país demanda un cambio de acuerdo con el paso del tiempo y de los
    acontecimientos y las circunstancias cambiantes?
    El país no, el régimen político de España sí. Pero ese cambio de postura no puede identificarse con su destrucción. Entre el desarrollo homogéneo y la ruptura hay una diferencia abismal. Precisamente porque el franquismo descansa en una Constitución abierta, ese cambio es posible y deseable, en función no sólo del nivel de vida alcanzado por nuestro pueblo, sino en función de los esquemas ideológicos que lo pusieron en marcha.

    —¿Le parece realmente improcedente el cambio constitucional, aunque como dice el Gobierno, ésta se haga desde la legalidad?
    El cambio, a mi modo de ver, no se está haciendo desde la legalidad, sino quebrantándola y abrogándola. Los calificativos que esa conducta me merece no tengo por qué repetirlos.

    —¿Por qué creería usted que no se hace desde la legalidad?
    Porque entre los presupuestos de la Constitución y las leyes constitucionales o fundamentales hay una diferencia jerárquica o de rango. Aquéllos, sintetizados en los Principios, son la filosofía del Régimen, mientras que los últimos son instrumentos para aplicarlos. Si los instrumentos pueden variar, a través de los mecanismos de modificación que el ordenamiento jurídico establece, perfeccionando así el Sistema, los Principios son intocables, pues de incidir en ellos el Sistema se desmorona. Esto es lo que está sucediendo. De aquí que la reforma no se haga desde la legalidad, sino contra ella.

    —Dígame, por favor, qué personajes políticos, a su juicio, están actuando bien en este momento y quién de manera reprobable y quién de manera discreta.
    Conducir, no el temario de preguntas, pero si las respuestas, sobre personas determinadas, no me parece elegante. De forma implícita el lector sabrá, al conocer mi postura, qué líneas de pensamiento y acción considero acertadas, reprobables o discretas.

    Pronóstico político

    —Hágame un análisis, en síntesis, y un pronóstico de cómo ve el futuro a corto y medio plazo.
    De no haber una quiebra en el programa político, vamos al caos social y económico, con la pérdida de todo freno moral. Lenin habló con acierto de las condiciones objetivas para la Revolución. A eso vamos, aunque, en última instancia, no lo quieran ni al Gobierno de Su Majestad ni algunos de los que Espero, sin embargo, que los 450.000 militantes del «no», organizados, multiplicados y enfervorizados, lo eviten.

    «No sé si habrá elecciones»

    —¿Cree usted que en las próximas elecciones ganarán las derechas o esto no está asegurado?
    Yo no sé si habrá o no elecciones. En el supuesto de que las haya, con un enfrentamiento de derechas e izquierdas, volveríamos a repetir —tropezando de nuevo con la misma piedra— la triste historia de una etapa liberal, que acaba siendo fratricida. Yo no sé si las derechas ganarán o no. Lo que sí sé es que el liberalismo y la derecha que se inscribe en él, como grupo turnante, están fracasados. El que gane la derecha, mientras el liberalismo siga, supone muy poco a casi nada.

    —¿Desea usted, añadir algo más?
    Felicitar a cuantos en Cataluña han votado «no» al proyecto de ley de reforma política, y pedirles que si ya no lo estuvieren, se pongan en contacto con nuestro grupo, que cuenta con delegaciones en las cuatro provincias catalanas.

    Mary MERIDA



    Última edición por ALACRAN; 15/02/2022 a las 13:40
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Campaña de Blas Piñar contra el referéndum de Adolfo Suárez a la Ley de Reforma Política para desmantelar la obra de Franco


    Revista FUERZA NUEVA, nº 525, 29-Ene-1977

    BLAS PIÑAR EN HUELVA

    “CAMPANA PARA DESPERTAR”

    Discurso pronunciado por Blas Píñar en el Teatro Oriente de Huelva, el 5 de diciembre de 1976.

    Peregrinos de España, caminantes de todas sus andaduras, llegamos con ilusión a Huelva. El domingo pasado en Blanes (Gerona) junto al Mediterráneo, en la provincia norteoriental de la Península, por donde entraron en España la fe y la cultura. Hoy, en Huelva, junto al Atlántico, en la provincia suroccidental de la Patria, por donde España salió con la fe y la cultura camino de las Indias, para extender a un tiempo las fronteras del castellano y las fronteras del cristianismo.

    Alguien dijo que éramos algo así como los cruzados mágicos. De Gerona a Huelva, una diagonal. Como hay otra desde La Coruña, donde ya estuvimos, a Almería, donde pronto iremos. Una X, pero no como signo de empate, sino como signo multiplicador del número y del entusiasmo de nuestros militantes, vanguardia aguerrida y resuelta de España; animosa cuando los otros desmayan; dispuesta cuando los otros huyen; convencida cuando los otros dudan; inasequible al desaliento cuando los otros, desalentados, negocian o arrían las banderas.

    ***
    Teníamos necesidad espiritual de venir a Huelva; y ello por dos razones: la razón de América y la razón del Tinto y del Odiel.

    La razón de América

    Rubén Darío, el poeta nicaragüense, escribió lleno de optimismo y de fe: “Mientras haya una América oculta que hallar, vivirá España”.

    No aludió el poeta a ninguna Europa, oculta la desvelada, sino a América. En la Europa de hoy, efectivamente, nada o muy poco se nos ha perdido. Da pena contemplar cómo se acercan, mendicantes, a ella nuestros cuadros dirigentes y cómo responde a sus llamadas con gesto de molestia y frases despectivas.

    Presionados por la Europa Occidental, acaba de tolerarse el Congreso del PSOE y la llegada de Mitterrand, Nenni, Willy Brandt y Olof Palme. Lo último sería que el Gobierno impusiera la visita del Rey de semejantes huéspedes; la visita de quienes lucharon contra el Régimen que hizo posible la Monarquía y la Corona, y que están dispuestos a terminar con ambas, como un recuerdo intolerable del franquismo.

    “Una América oculta para que España viva”. Pero América no comienza en Guanahani, comienza aquí, junto a La Rábida, con el padre Marchena dialogando con el gran Almirante, y con los hermanos Pinzón, y con los marineros onubenses de Palos de Moguer, y con las tres carabelas cargadas de Evangelio y de pasión, que un día zarparon agua hacia adelante, en busca de lo desconocido.

    Y menos mal que no vivíamos en víspera de democracia, porque entonces, a lo mejor, se hubiera frustrado la gran aventura ultramarina, el descubrimiento de América y la vida fecunda de veinte naciones de la otra orilla del mar, ante la presencia de las lanchas marroquíes, que confundiendo las tres naves con una flota pesquera zarpada de aquí mismo, y sin protección preventiva o represiva alguna, se las habría llevado a un puerto de soberanía alauita.

    La razón del Tinto y del Odiel

    Con La Rábida en su confluencia. Es una elección política. Así como el gran estuario lo forman ambos ríos, la Cruzada se hizo -en el lecho del espíritu castrense, que aportaron las Fuerzas Armadas- por el Requeté y la Falange.

    La unidad se impuso no sólo por las necesidades de la guerra, sino por una exigencia de la doctrina, de la táctica y de los grandes objetivos nacionales.

    El obstáculo a la unidad nació, no de Hedilla ni de Fal Conde, como está demostrado, sino de los falsos falangistas y requetés, aupados a la carroza del vencedor, que ahora se escabullen, se arrepienten y entonan el “mea culpa”, afirmando con deshonor que siempre fueron liberales y demócratas, y contestando que “Sí” a la liquidación del Régimen que los hizo hombres y por el que aparentemente trabajaron, con adulación y servilismo.

    Pero el espíritu de José Antonio rebrota con fuerza en nuestras juventudes, las que no conocieron la guerra, pero la entienden, la comprenden y viven, porque saben lo mucho que se sacrificó para ganar de nuevo a España; como resurge la Tradición en esos magníficos luchadores, que fueron a rescatar Montejurra del marxismo y los falsos carlistas, como Márquez de Prado y Marín García-Verde, cuyos procesos nos gustaría se acelerasen, para que, de una vez, se sepa con claridad quiénes fueron los culpables -todos los culpables- de aquellos lamentables sucesos.

    Pero hoy el tema de máxima actualidad, el que reclama los grandes titulares en los periódicos, es el de la Reforma Política.

    Vamos a examinarla en tres capítulos.

    CAPÍTULO I

    En la Cámara

    A) En el Consejo Nacional se produjo la gran sorpresa: Para la UNE la reforma es irreversible y la UNE se vincula seguidamente a la AP (Alianza Popular), que acepta la Reforma.

    B) En las Cortes, la AP cede sus votos al Gobierno y se produce el resultado de 425 contra 59. Fernández de la Vega y el que os habla defendimos al franquismo contra los presidentes, vicepresidentes y ministros de los Gobiernos de Franco y contra bastantes excombatientes del Ejército de Franco. ¡Inaudito, pero cierto!

    Y se aprobó la Reforma. Veamos su alcance. El diario “’Ultima hora”, de Palma de Mallorca, gritaba alborozado en su número del 19 de noviembre:
    En el día de hoy, caduco y desarbolado el Estado totalitario, han conquistado las fuerzas democráticas sus primeros objetivos nacionales. El franquismo terminado. Cortes españolas Madrid. 18-11-1976”.

    He ahí vuestra obra: la puesta en marcha por 425 procuradores en Cortes. ¡Y para aplaudirla y rubricarla vienen ahora los enemigos europeos del franquismo! Es posible que algunos de los que votaron “Sí” tengan el pudor de avergonzarse, pero otros -cuanto más azules antes, más envilecidos ahora- acudirán a cepillar los abrigos de quienes nos visitan y a limpiar sus zapatos.

    CAPÍTULO II

    En la calle

    Mi intervención en televisión, como representante de FUERZA NUEVA, sólo fue de tres minutos. Parva concesión, tranquilizadora para conciencias liberales, frente a la propaganda masiva de otro signo, que ha seguido y seguirá hasta la jornada misma del referéndum.

    Así y todo, en las Canarias fue interrumpida, por los saboteadores de siempre, la retransmisión de nuestro punto de vista; lo que si, de una parte, prueba hasta qué punto los medios de comunicación del Estado pueden paralizarse desde dentro; de otra, pone de relieve cómo el enemigo trata de impedir que el pueblo español nos conozca de frente y en directo.

    Demasiado sabéis que nosotros, entre la abstención, el voto en blanco, el “Sí” o el “No”, elegimos, por causas muy diversas y todas fundamentales, el “No”; un “No” rotundo y abierto, sin vacilaciones ni dudas.

    Habló José Antonio de que el mejor destino de las urnas consistía en romperlas. Yo, en este caso, lo creo inútil; y más en tiempo de ahorro. Las urnas no se deben romper materialmente. No se puede despilfarrar. Pero cabe que las rompamos o intentemos romperlas espiritualmente, oponiéndonos con nuestro voto a la Reforma política, al retorno al Estado liberal que de ellas, con él “Sí”, se pretende obtener.

    Ya sabemos que no es fácil ganar el referéndum. Si en la votación nominativa de las Cortes el Gobierno supo doblegar voluntades, ¿cómo no doblegar monosílabos, cuando no habrá interventores designados por los grupos políticos en las 53.000 mesas encargadas del escrutinio?

    Pero no importa. Nosotros debemos dar la batalla. Sabemos que de las urnas, de éstas y de las de unas posibles elecciones, no va a salir resuelto el problema, porque el problema es de fondo y el enfrentamiento no es de papeletas, sino de dos concepciones antagónicas: del hombre, como animal biológicamente desarrollado o portador de valores eternos; de la comunidad, como manada de productores y consumidores, o como sociedad jerarquizada y libre; del Estado, como monstruo que dispone, espía, deporta y concentra hasta la muerte en los “archipiélagos Gulag”, que nos ha descrito Soljenitsin y que conocimos en la zona roja de España, o como órgano supremo del bien común; de la vida, en suma, como paraíso marxista y único, de horizonte exclusivamente temporal, o como valle de lágrimas, en el que se trabaja y merece, para ganar un cielo, cuya eternidad nos garantizan la muerte, la resurrección y la gloria de Jesucristo.

    CAPÍTULO III

    La campaña del “No”

    No cabe duda que frente a la campaña del Gobierno a favor del “Sí”, apoyada con sus gigantescas de dinero -gasto impropio de un tiempo de austeridad y de una proclamación reiterada de liberalismo- nosotros podemos hacer poca cosa. Pero lo que podamos hacer, lo haremos y lo estamos haciendo ya.

    El supremo argumento de: “Franco hubiera votado no”, aunque se impone, es exacto. En sus declaraciones a Bárcena que publicó “Blanco y Negro” (ver:
    http://hispanismo.org/historiografia-y-bibliografia/28183-ultima-entrevista-franco-por-j-m-barcena-julio-1974-publicada-en-1976-a.html?highlight=) y ha reproducido parte de la prensa española, el Caudillo afirmó, respaldando ese argumento:

    • “Yo no he negado jamás la democracia. Pero no creo en la democracia liberal; en ella las libertades se pierden en la anarquía. La democracia liberal es un mito, una burda trampa tendida por la masonería y el comunismo que tratan de convertirnos en país colonial, proveedor de mano y consumidor de productos importados”.

    • “Las grandes obras necesitan para lograrse de unidad política y de disciplina”.

    La obra de Franco ha sido, sin duda, una gran obra y Franco supone:

    • “No van a ser ustedes tan tontos que la conviertan después de mi muerte en una etapa negativa sin pensar en esa otra generación que ya avanza por el horizonte”.

    • “La carroña que corrompió al país antes de Primo de Rivera pudo más que éste. Y el vacío constitucional en que aquella Dictadura se debatió acabó con la misma, mientras los caciques y los viejos demagogos se preparaban a dar el asalto al último reducto de la Monarquía”.

    • “Estimo mucho más que el dolor de una sensible pérdida (lágrimas de cocodrilo, diría yo) el respeto a la memoria (véase, añadimos nosotros, revistas y libros, a pesar de lo que dijo el Rey) y la fidelidad a los ideales que sirvieron de norma y guía a quien dedicó su vida entera al servicio incondicional de la Patria”.

    • “La única forma de no pensar en un suicidio colectivo es consolidar la política nacional de unidad” (por eso está claro que se trata ahora de destruir las tres unidades de la Patria).

    ***
    ¿Que encontró Franco? ¿Qué nos entregó Franco?

    • “Nunca se encontró un pueblo en mejores condiciones para entrar en el futuro. Tienen ustedes los medios. De ustedes es ya toda la responsabilidad”.

    ***
    ¿Qué hubiera votado Franco ante la propuesta de Reforma política? Hubiera votado: ¡NO!

    Pero la respuesta no le corresponde a él, que ni propuso esa Reforma ni puede rechazarla después de morir. Nos corresponde a nosotros.

    ¿Se parece la España de hoy (la de Franco) a la de 1931?

    “En vuestras manos está -en las nuestras, españoles de 1976- que se parezca o no después de la muerte” del Caudillo. Por eso, contra los fantasmas del paro, de la inflación y el desorden,

    Votaremos ¡NO!

    ***
    Hay dos tipos de corazones, decía Franco:

    • el de aquellos que han albergado la torcida estrategia de preparar problemas para cuando yo falte;

    • el de aquellos que me fueron leales (aun cuando no hayamos gobernado con él, ni hayamos estado en el círculo de sus amistades).

    Nuestros corazones son leales. No creemos en el mito, pero sí en el hombre que confiesa con humildad: “He tenido que recurrir a la fe en Dios para no tambalearme”

    Y que nos dejan los españoles la joya espiritual y política de su testamento.

    Si Franco es -según se afirma- irrepetible, lo será por su obra. Entonces, ¿por qué en lugar de perfeccionarla, deshacerla con premura, desde dentro y por los que no se hartaban de corearle?

    ***
    Estamos en Huelva, nosotros nómadas de España. Yo tengo veneración por dos grandes onubenses: Juan Ramón Jiménez y Manuel Siurot. El poeta de Moguer y el pedagogo de la Palma del Condado. En el primero admiro su sensibilidad lírica; en el segundo, su entrega generosa a los niños, porque en ellos está nuestro futuro. (…)

    Acerquémonos a La Rábida. Admiremos los frescos de Vázquez Díaz. Arrodillémonos ante el Cristo del Altar Mayor, el de los Pinzones, el Señor de la Fe y de la Patria, y pidámosle hierro en la voluntad y poesía en el alma, que esto es Huelva, en definitiva: “Portus maris et terrae custodiae”; puerto del mar donde comienza otra vez la singladura; guarda vigilante de una tierra varonil, que sabe del peligro y se dispone para el combate.

    ¡ARRIBA ESPAÑA!

    (Al final, entre grandes aplausos, comenzó el canto del “Oriamendi” y el “Cara al Sol”)


    Última edición por ALACRAN; 18/02/2022 a las 13:36
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Blas Piñar en Comarruga (Tarragona)


    Revista FUERZA NUEVA, nº 529, 26-Feb-1977


    Blas Piñar en Comarruga (Tarragona)

    “ESPANYA US DEMANA”

    Discurso pronunciado por Blas Píñar en el cine-teatro Brisamar de Comarruga (Tarragona), el 13 de febrero de 1977


    Desde su nacimiento, FUERZA NUEVA ha estado presente en Cataluña. Hemos recorrido las cuatro provincias catalanas en actos diversos. Estuvimos en Gerona, en Lérida, en Barcelona -para conmemorar el aniversario de su liberación-, en el Palau de la Música. Y ahora, cumpliendo una vieja solicitud de la “Peña 18 de Julio” de Vendrell, nos reunimos en la provincia de Tarragona, a fin de recordar la liberación completa de Cataluña de la horda rojo- separatista, por los ejércitos victoriosos de Francisco Franco.

    Pues bien, la España que hemos recibido de Francisco Franco trae causa de la España de 1936. Por eso, y para no repetir la historia y el drama cruento que Franco superó conviene que volvamos la mirada hacia atrás; no para el recreo narcisista y contemplativo, sino para aprender las grandes lecciones de la experiencia.

    A esta luz se entiende sin rodeos que la gran responsabilidad de la clase dirigente de la nación radica en que, lejos de seguir después de la muerte de Franco la política prudente de la continuidad y de la perfección, ha elegido la del regreso, la del retrocambio, la torpe y nefasta política de la rápida y frívola destrucción de un Régimen que nos ha deparado cuarenta años de paz y de progreso.

    Pues bien, si la España que hemos recibido de Franco arranca de la España de 1936, tenemos obligación de repasar una historia reciente para no cometer los mismos errores; y si la clase directora los comete -como los está cometiendo-, para levantarnos en la plaza pública, y con el respeto necesario, pero también con la pasión enardecida ante las consecuencias que ya presenciamos, manifestar nuestro desacuerdo y nuestra repulsa.

    En esta línea de pensamiento cabe preguntarnos por lo que ocurrió en Tarragona durante los años en que se debatió a vida o muerte el destino de España.

    Por las dudas y vacilaciones que se producen en los momentos de peligro, el Alzamiento Nacional fracasó en la provincia. Ese fracaso no nos impide sino que nos obliga a rendir un homenaje a quienes, con uniforme o sin él, aquí se dieron cita para ponerlo en marcha. Por eso mencionamos, con el respeto que se merecen por su hombría, a los capitanes, Sentís, luego secretario general de la Comunión Tradicionalista, y García Rebull, el divisionario, y a Landa, Forteza, Arizmendi, Obregón, Ochando, Iranzo.

    El coronel Julio Rivera Alienza -cuyo hijo, militante de FUERZA NUEVA, ha querido unirse al acto y ahora nos acompaña- fue detenido y fusilado en Castellón. El coronel Julio Castro Vázquez, juzgado por un Tribunal popular, fue condenado a muerte y ejecutado en Tarragona.

    Y junto a los militares -a los que hoy no se permite recordar a sus camaradas caídos en la guerra, so pretexto de apoliticismo neutralizante- cayeron los hombres civiles: falangistas y requetés, españoles sin más filiación que su españolísimo cristianismo.

    El barco “Río Segre” fue convertido en inmensa prisión flotante. Al jefe de los requetés en Tarragona, don Tomás Caylo Grau, se le asesinó en Valls. El médico José María Vives Salas fue quemado vivo.

    ¡Cuántos mártires anónimos, sin tumba conocida!

    Luis Climent dedica así en su libro “Rojos en Tarragona y su provincia”: “A mi padre. Cayó un día de un mes y en un sitio que los suyos ignoran. Que estás páginas sean oración y mortaja”.

    ¿Olvidamos la historia so pretexto de reconciliación? La reconciliación estaba hecha. Es ahora cuando “la evolución pacífica y la convivencia en marcha” han comenzado, con esa bandera reconciliadora, a erosionarse.

    ¿No veis las pintadas llenas de odio, las manifestaciones con el puño en alto, los crímenes del terrorismo impunes; la campaña de un liberalismo creciente que legaliza de “iure” o de “facto” a los que ayer cometían tan horrendos delitos?

    ***
    Todo el esfuerzo gigante de la Cruzada está a punto de resultar inútil, y en ocasiones hasta estúpido; pero no porque el enemigo, rehecho y fuerte, haya arrebatado las posiciones a los que ganaron la Victoria, sino porque los mismos que la lograron con tan inmenso sacrificio, la entregan sin rubor y sin respeto.

    Es la hora de las chaquetas nuevas que cubran arrugadas y descoloridas camisas viejas; la hora del entreguismo y de la traición; de los juramentos quebrantados; de los arrepentimientos públicos y tardíos ante un adversario con más pudor y elegancia, que los utiliza, pero que en el fondo los desprecia.

    Claro es que esto ha ocurrido siempre, aunque en menor escala y en ambos sentidos. Un amigo de Alcoy me ha recortado un trozo en verso de un sainete bilingüe que se representó hace muchos años en su ciudad. Ese trozo dice así:

    Empezó republicano,
    y hoy se llama liberal,
    hizo el cambio de casaca
    por llegar a concejal
    Y si ofrecen elegirle
    diputado o senador
    cambiará de vestidura
    y se hará conservador.”

    No hay solo páginas tristes o jocosas en este examen retrospectivo. Hay páginas llenas de honor y de gloria, de heroísmo y de fidelidad. Aquí, en Cataluña, en Tarragona, en esta tierra que ahora pisamos, se libró y se ganó la gran batalla decisiva, junto al Ebro.

    Aún queda por hacer la evocación, a un tiempo lírica y épica de los ríos de España, el itinerario sentimental e histórico de nuestra última epopeya. En este itinerario, el Miño nos haría evocar a las brigadas gallegas, cuya intervención fue tan valiosa en la Cruzada; el Tajo nos recordaría que sus aguas, al desembocan en el Atlántico, llevaron hasta la América española el mensaje único de los defensores del Alcázar; el Guadalquivir, chispeante de gracia andaluza, nos diría de nuevo que el humor salto mil veces, en medio de los combates, por encima de las trincheras y de los parapetos.

    Pero el Ebro, el gran río ibero, el río por excelencia de la Patria, nos dice, desde el Cantábrico al Mediterráneo, que su agua limpia, enhebra, cose y aúna varias regiones españolas; las penetra y fertiliza, las nutre y las fecunda.

    Es curioso que Barcelona, “cap y casal de Catalunya” quiera acapararlo. Aquellos que lo codician, quizá no piensan en otra cosa que en aumentar su fortuna con nuevos o más amplios negocios. Pero, en fin de cuentas, y más allá de esa pretensión puramente económica, subyace la realidad de que el Ebro, río ibero, río de la gran patria española, es el símbolo del alma nacional, y que solo alimentándose de ella, Cataluña, bebiendo de España, por ser España misma, puede seguir por un camino de prosperidad y de grandeza.

    Quizá por eso aquí se libró la gran batalla en Cataluña, en Tarragona, junto al Ebro; en una orilla y otra, con el conocimiento bien claro de que la contienda, en última instancia, se decidía en este lugar.

    Aquí, ha escrito un catalán “luchamos los catalanes por la segunda, eterna y definitiva unidad de España”, y aquí, en Villalba de los Arcos, se cubrieron de gloria, como en tantas partes, los requetés del Tercio de voluntarios de la Mare de Deu de Montserrat.

    La batalla comenzó a vida o muerte el 25 de julio de 1938, día de Santiago, Patrón de España. Duró casi cuatro meses. Pero, en febrero de 1939, Cataluña estaba liberada: Reus y Tarragona, el 15; y Barcelona, el 26 de enero.

    Pero los monumentos, las cruces, los hitos que conmemoran aquel sacrificio, razón de ser de cuanto ha sido progreso y paz, son abandonados o destruidos. A la Victoria la están dejando sin alas, y una Victoria sin alas, sin fuerza para elevarse, es un peso muerto y grávido que cae y se hace añicos al golpearse contra el suelo.

    ***
    Tal es el espectáculo que asistimos como fruto de la llamada reforma democrática, al que abrió la última puerta el “tele-referéndum”, que consiguió transformar el “no” de muchos a la desaparición del franquismo, en el “sí” a la continuidad prometida por quienes lo dirigieron.

    De todas las frases publicitarias que se utilizaron por el Gobierno para la propaganda masiva y obsesionante del “sí”, no cabe la menor duda que aquella que decía, ampulosamente, “Habla, pueblo, para que la violencia calle” debe ser tenida como la menos afortunada. En plena orgía de carteles invitando con dicha frase a la aprobación de la ley de reforma, se produjo el secuestro de Oriol; después, entre atracos y actos diversos de terrorismo, el secuestro del teniente general Villaescusa, y la semana trágica y sangrienta de Madrid, que nada tiene que envidiar a la que hace muchos años vivió estremecida Barcelona. Por si fuera poco, anteayer caía asesinado un inspector de Policía en la Ciudad Condal, víctima del tristemente famoso GRAPO.

    ¿De qué nos sirve la reforma democrática, se preguntan hoy muchos de los que víctimas de la manipulación votaron que “sí” cuando su voluntad era lo contrario?

    ¿De qué me sirve la libertad de afiliarse a un partido político, la libertad de votar, si me faltan las auténticas libertades?

    Libertad para vivir (sin estar a merced del capricho de los criminales que asesinan o secuestran).
    Libertad para los trabajadores (sin estar a merced de los piquetes de huelga).
    Libertad para los empresarios (sin estar a merced del caos económico que nos arruina).
    Libertad para la honradez (sin estar presionados por la coacción ambiental de la pornografía creciente, de la propaganda divorcista y de los ataques, en muchas ocasiones por hombres de Iglesia, de nuestras más profundas creencias religiosas).

    ***
    Un balance sintético de lo acaecido desde la puesta en marcha por el segundo Gobierno de la Monarquía de su proyecto de reforma, se vislumbra el discurso pronunciado por su presidente (A. Suárez) al concluir la semana trágica madrileña.

    Es curioso advertir el juego drástico que el señor Suárez hizo de las palabras “todo” y “nada”; y digo que es curioso, porque después de tantas y tan reiteradas, condenaciones de los extremismos y de los ultraísmos, y de la elevación a dogma de los vocablos “centro”, “moderación”, “equilibrio” y “serenidad”, se recurre oficialmente, y no sin subrayados de entonación, a posiciones maximalistas y en absoluto confrontadas.

    Como el presidente del Gobierno sólo dialoga con quien le parece oportuno, y de un modo especial y casi a diario con partidos políticos en su mayoría ilegales, y algunos radicalmente enemigos de la Monarquía, negándonos incluso el saludo político, procuraremos desde aquí -pues hasta las Cortes parece que no son cauce adecuado a los ojos oficialistas- contestar y comentar algunos de los pasajes de su discurso ante las cámaras de Televisión.

    I. Dijo el señor Suárez: (Con estos crímenes) “se trata de hacer inviable nuestro camino hacia una convivencia civilizada”.

    Por lo visto, antes de la Reforma no había convivencia; y si ésta existía, no era civilizada. Pues bajo ella, y en ella, transcurrió la vida del presidente Suárez y del pueblo español.

    Pues bien, a mi juicio, es el Gobierno el que está quebrantando con su torpe política la convivencia civilizada en que vivíamos.

    II. Dijo el señor Suárez: “Ustedes han decidido su destino como nación”.

    Lo que, a mi juicio, equivale a esta deducción lógica: primero, se os hace decir lo que no queréis; luego, hago lo que me parece oportuno; y después, cuando salen mal las cosas, os echo la culpa.

    Algo parecido, aunque no idéntico, hizo Pilato: “Vosotros quisisteis crucificar a Jesús; no os quejéis si al morir, en el Calvario, se rasga la cortina del Templo”.

    III. Dijo el señor Suárez: “conseguirán su objetivo si ustedes se atemorizan, si consiguen hacerles creer que se han equivocado al aprobar la reforma”.

    Pero ¿cómo no se van a atemorizar?, ¿quién los defiende?, ¿quién defiende al obrero apaleado por no querer secundar la huelga?, ¿a la empresa que quiere anunciarse en una publicación de signo nacional?, ¿a la familia de los asesinados en el País Vasco?

    Sin duda, señor presidente, que usted está atemorizado. Si no ¿por qué ha abandonado su casa y el edificio de Castellana, 3, para refugiarse entre policías con metralletas en el búnquer del Palacio de la Moncloa? ¿por qué ha sustituido su automóvil por un Mercedes blindado y antibala?

    Claro que la mayoría que el señor presidente alude se ha equivocado con el “sí”. Pero esa conclusión ha llegado tal mayoría no por el clima de inseguridad que los asesinos han creado, sino por el clima de incertidumbre y de abandono que ustedes han creado y que los terroristas, lógicamente aprovechan.

    IV. Dijo el señor Suárez: “No estamos ante un problema de autoridad, porque allí donde hay un criminal dispuesto a matar, existe la posibilidad de que se cometa un crimen.

    ¡Valiente perogrullada! Porque allí donde hay una nube existe la posibilidad de que llueva. Pero para tal fin están los paraguas, los impermeables, las canalizaciones, los aljibes, las presas y las obras hidráulicas. (…)

    V. Dijo el señor Suárez: “Sí, tenemos conciencia de todo ello, yo les aseguro que el terrorismo será desplazado”.

    Ya lo saben ustedes: es un problema de conciencia. Si ustedes tienen conciencia de que ha comenzado un incendio; si tienen conciencia de que sus llamas invaden las habitaciones de su casa; si tienen conciencia de que los incendiarios lo que pretenden es dejarles en la ruina; si tienen conciencia de que hay unos extintores que pueden apagarlo; si tienen conciencia de todo ello, y además, mientras el incendio sigue, ustedes están atentos a lo que el presidente les dice por televisión, estén seguros de que la piromanía, al haberse quemado la nación entera, habrá sido definitivamente desplazada. ¡Palabra de honor!

    ***
    Lo que importa, camaradas y amigos no son las palabras, sino las realidades. Si el presidente dijo “no queremos ni podemos engañar al pueblo español”, lo que nos parece perfecto, también habrá de parecerles perfecto a los que gobiernan que nosotros tampoco queremos engañar a nuestro pueblo. Y para que haya contraste de pareceres y el pueblo juzgue, no sólo con palabras, sino con hechos -los de ayer y los de hoy-, por un imperativo de conciencia, peregrinamos por España.

    ¿Y qué nos dicen, entre otras, algunas de esas realidades que, en evitación de todo engaño, no se deben ni se pueden escamotear?

    • Los asesinatos de Madrid (abogados comunistas de la calle Atocha) son todos repudiables y condenables. Matar a sangre fría revela una catadura moral incalificable. Nadie más que nosotros -difamados hasta la náusea- desea, quiere y urge que los hechos se clarifiquen y que se descubra y castigue a los asesinos.

    Pero, sentado esto, la diferencia de trato, el privilegio que condenó el primer mensaje de la Corona, ha sido evidente. Los (abogados) comunistas, que no cayeron con la toga puesta, tuvieron un cortejo triunfalista por las calles más céntricas de la capital de España. Los cadáveres de los soldados del orden, que cayeron en acto de servicio y vistiendo uniforme, fueron sacados del hospital Gómez Ulla a deshora, en descampado, sin anuncio previo, para que nadie se enterara.

    ¡Pues claro que el honor está -y sobre todo en situaciones como ésta- mucho más alto que la pura disciplina!

    • Anteayer ha sido asesinado un inspector de Policía, en Barcelona, por militantes de un partido comunista. Estoy seguro de que tampoco se paralizó la vida ciudadana para que el pueblo pudiera rendir su último homenaje al que dio su vida por la Patria; y dejó viuda y un pequeñín, para el cual su padre solo será una fotografía añeja.

    • Ya sé que los partidos marxistas han condenado todos los crímenes y han puesto esquelas sin cruces en los periódicos, dedicadas a los policías victimados. Es curioso que no las pusieron antes; y es más curioso que acudan conmovidos a las exequias, y a continuación pidan, con la insistencia y el reto de siempre, la amnistía inmediata para los asesinos.

    No hay concordancia entre la condenación del crimen y la impunidad que solicitáis enseguida. Esa conducta, en castellano, si la estudiáis con detenimiento, os llevará a calificaros de hipócritas.

    • No hay frontera, en la España que vivimos, entre la legalidad y la ilegalidad, ha dicho, y con harta razón, Santiago Carrillo. El Gobierno pacta con las agrupaciones ilegales, y la Alianza Popular, cometiendo un gravísimo e irreparable error, ha avalado la reforma que nos conduce a tan pésimos resultados.

    • ¿Estamos, de verdad, inaugurando una democracia? Pues bien, nunca como ahora se ordena y manda. acudiendo a la fórmula de los decretos leyes. Así, se deroga todo lo que al Gobierno Suárez le viene en gana; se modifica y tergiversa el ordenamiento jurídico: desde la obligación de servir a la Patria en el Ejército hasta el régimen de constitución de los partidos políticos.

    • Dijo el señor Suárez que el Gobierno “no se despreocupaba de los grandes temas que pueden rozar la unidad, la independencia o la seguridad de la Patria”. Pero, ¿es que no rozan gravemente esos temas la autorización de la “ikurriña” y las relaciones con la URSS?

    La crisis social, la ruptura mundial y la ruina económica ¿no son evidentes? 4.500 millones de dólares de deuda y 110 millones de horas de trabajo perdidas, ¿no significan nada, no dicen nada al Gobierno sobre la inmensa equivocación y el desastre absoluto de la reforma democrática, que continúa impulsando, como si el lema tabú fuera ¡viva la democracia y mueran los españoles!?

    Frente a estas realidades, NUESTRA POSTURA es clara, congruente. Por eso, las campañas de difamación a que aludía y que se estrellan ante nuestra fortaleza. Nuestra formación cristiana nos impide la utilización de métodos inconfesables, pero no nos impedirá defendernos y apelar al derecho natural, si fallan los cimientos de la comunidad política.

    Como partido, dentro de un sistema liberal impuesto, deseamos mantener nuestras tres fidelidades programáticas: al 18 de Julio, a Franco y a la Monarquía que él quiso instaurar.

    Por eso confesamos que un escalofrío de lógica repugnancia nos ha conmovido al contemplar el saludo al Rey del poeta comunista Alberti, el que insultó a su abuelo (Alfonso XIII) y a Franco, y a los héroes de la Cruzada, el que no se ha retractado de ello; el que no fue a pedir perdón, sino exigir la libertad de los asesinos de Carrero, del alcalde Legorburu, de Araluce (consejero del Reino) y de los policías recientemente asesinados.

    ***
    Nuestra postura, decíamos, es clara y congruente, no busca enmascaramiento, no trata de oscurecer nada ni de halagar a nadie. Es limpia y valiente: queremos la perfección del sistema recibido -cuyas líneas doctrinales son anteriores a Franco- en la continuidad y en la autenticidad.

    Y, para ello, entre tantas metas a conseguir, en primer término, colocamos la formación de la juventud trabajadora y universitaria en la virtud, en el patriotismo y en las técnicas respectivas. Por eso nos pronunciamos por la selección frente a la masificación, repugnándonos que, mientras las Universidades se multiplican y devienen inoperantes o se transforman en focos subversivos, aún haya pueblos sin escuelas, escuelas sin maestros y maestros sin la remuneración y el prestigio profesional que les corresponde.

    Nosotros defendemos la propiedad privada frente a la confiscación paulatina del gran capitalismo y del monopolio total marxista; y con la propiedad privada, estamos en línea de combate a favor de las empresas de todo género pequeñas y medianas.

    Nosotros queremos el Sindicato único de empresa, la participación de los trabajadores en sus beneficios y el Servicio sindical de Crédito.

    Nosotros queremos la erradicación de la inmoralidad privada y pública; de la pornografía, de la trata de blancas y del tráfico de drogas.

    Nosotros luchamos contra el separatismo, por ello fomentamos el amor a lo regional, cómo riqueza y patrimonio de la nación.

    Pero todo esto, que ya parece nuevo a juzgar por la situación que contemplamos, no tiene de nuevo nada más que la exposición: Franco, cuyo pensamiento cada día adquiere mayor vigencia, lo dijo de manera tajante:
    “Hay que soldar al pueblo dividido por los partidos”.
    “Hay que unir medio siglo de separaciones”.
    “Hay que borrar los prejuicios de la lucha de clases”.

    Las tres unidades de José Antonio: de los hombres, las tierras y las clases, montada sobre la Tradición, garantía del ser de España y de su continuidad histórica.

    ***
    Permitidme dos citas del adversario: una de Negrín, otra de Besteiro, que ni siquiera sus discípulos -no digamos el Gobierno de la Monarquía- han meditado.

    Negrín aseguró: “No estoy haciendo la guerra para que en Barcelona retoñe un separatismo estúpido y pueblerino. No hay más que una nación: ¡España!”

    Besteiro escribió: “La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique, la representan genuinamente los nacionalistas que se han batido en la Cruzada... Para construir la España nacional vencedora, habrá que contar con la experiencia de los que han sufrido los errores de la República bolchevizada”.

    Me parece que ni los discípulos de Negrín de Besteiro ni los vencedores de la España nacional han aprendido la lección. Pero nosotros, al menos, sí.

    Por eso, inasequibles al desaliento, con la mirada en Dios y el corazón en alto, con el recuerdo del heroísmo de ayer y la ilusión abierta, a pesar de todo, para cada día que amanece: “Catalans: escolteu, alveu vos. Espaya us demana”. Y ahora gritad conmigo: ARRIBA ESPAÑA.

    (Terminado el discurso, una gran ovación del público que abarrotaba el cine-teatro cerró el último grito. Después, el “Cara al Sol” puso broche final al acto conmemorativo.)




    Última edición por ALACRAN; 04/04/2022 a las 13:35
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

    Blas Piñar en Alcázar de San Juan (Ciudad Real)

    Revista FUERZA NUEVA, nº 532, 19-Mar-1977

    Blas Piñar en Alcázar de San Juan (Ciudad Real)

    TENTACIONES

    (Discurso pronunciado por Blas Piñar, el 5 de marzo de 1977, en el Salón Impala de Alcázar de San Juan, ante más de mil personas que habían cenado en el mismo y en otros restaurantes de la población para escuchar, al final, este discurso.)

    Después de unas alusiones a Toledo, que completaron las que previamente había hecho el presidente de FUERZA NUEVA en Ciudad Real, Blas Piñar dijo que no había venido a hacer una evocación lírica de la Mancha, por sugestivo que fuera el tema, ni a recordar la Historia pasada, sino a enfrentarse con la situación española de nuestro tiempo.

    ***
    “Cuando José Antonio puso en marcha su antipartido, su movimiento nacionalsindicalista, fruto del manantial inagotable de la tradición hispana, trazó una línea diferenciadora y demarcadora en el campo de las ideas, una línea de combate en torno a la cual, con todos sus perfiles, se configuraban las fuerzas en lucha.

    En la trinchera en que se encontraba José Antonio nos encontramos los que aquí nos reunimos. En esa trinchera doctrinal, el hombre no es un animal biológicamente desarrollado, sino un ser aparte, portador de valores eternos, que nace, vive, trabaja y muere en una comunidad política que se ordena a él para el logro de su destino temporal y trascendente.

    El hombre, con ese destino, es el eje del sistema político; pero el hombre, creado por Dios, caído de su estado original de gracia, y redimido por el propio Dios hecho hombre, no es el dueño de la Creación, sino la criatura elevada de rango y elegida, a la que Dios encomienda el señorío de las cosas con aquellas palabras que, a modo de mandamiento, permanecen después del Paraíso: “multiplicaos y dominad la tierra”.

    Esta jerarquía: creación-hombre-Dios, afecta a intrínsecamente al individuo y a la comunidad política en que el hombre se mueve. Cuando esa jerarquía se quiebra, el hombre cae en el pecado y la sociedad en el caos de los ácratas o en la esclavitud de la tiranía.

    De aquí que en todo problema político se halla subyacente, como decía Donoso Cortés, una cuestión teológica. No hagáis caso a quienes nos aturden diciendo que una cosa es la religión y otra muy diferente el quehacer político. El orden temporal está sujeto a sus leyes -que, por otra parte, no se ha impuesto a sí mismo- y es autónomo, pero no independiente, navegante extraño en un mar distinto, sin exigencias sobrenaturales o de tipo moral.

    Dicen los filósofos y antropólogos modernos que el alma está en el cuerpo como el alcohol en el vino o como la sal disuelta en el agua. Pues bien, de igual modo, lo teológico y trascendente está, o debe estar, vivificando lo político y temporal. Por ello, a la hora de las opciones o alternativas políticas, en el plano subjetivo, y de la elaboración de las declaraciones programáticas, en el plano objetivo, no pueden dejarse a un lado, olvidadas o despreciadas las ideas religiosas.

    Las fuerzas políticas que con su aportación doctrinal y sus combatientes hicieron posible la guerra de liberación y la Victoria, entendieron así el enfrentamiento doloroso pero necesario, como una Cruzada. Los ejércitos nacionales se alzaron en defensa del hombre y del orden social cristiano frente al capitalismo liberal, cuyo desmonte urgía José Antonio, y frente a su última consecuencia, el capitalismo marxista, que concentra, con un monopolio absoluto, el poder económico, el poder político y el poder cultural en manos del Estado, y por medio del mismo en la nueva clase que constituye la oligarquía del Partido Comunista.

    ***
    Este planteamiento espiritual es el único que corresponde a nuestra época: época de arcángeles.

    No podemos empequeñecer el tema: ni geográficamente (basta contemplar el mundo) ni ideológicamente (creyendo que se trata de puras discordancias accidentales a ventilar en las próximas elecciones).

    El mal planteamiento de un problema conduce, lógicamente, a una solución inadecuada o pésima del mismo.

    En los dos niveles fundamentales: hombre y comunidad política; pero también en un tercero -agrupación de hombres para intervenir en la política- surge la batalla. Es muy importante no caer en la tentación en ninguno de esos niveles; y el Hombre -con mayúscula, para tipificar el combate-, por razón de la libertad, de su capacidad de escoger y decidir, que le hace responsable de su destino, es tentado.

    Pero la libertad teórica no significa nada; la libertad tiene significación y alcance en tanto en cuanto se le ofrece una posibilidad de ejercicio: si se la ejercita con dignidad, eleva; si se la ejercita con indignidad, degrada. Si el billete de mil pesetas que me sobra lo doy a un pobre, hago una obra de caridad; si lo quemo, porque es mío y porque soy libre, soy un miserable. Si al ciego que vende cupones le defiendo contra el ladrón que le golpea y roba, soy un hombre de honor, pero si permanezco impasible, buscando el pretexto de que me repugna la violencia hasta para rechazar la violencia injusta, soy un cobarde.

    Todo hombre es tentado. El Hombre, con mayúscula, la humanidad, las comunidades políticas, las agrupaciones de hombres que se constituyen para actuar políticamente, están sujetos a la tentación.

    El hombre tiene dos arquetipos en los que se sintetiza y en los que debe mirarse: Adán y Cristo. El primero corresponde al estado de gracia original. El segundo, al estado de desgracia y redención objetiva subsiguiente.

    Adán fue tentado en el Paraíso, que es el ambiente del estado de gracia. Cristo fue tentado en el desierto, que es el ambiente del estado de desgracia.

    En ambos supuestos aparece Luzbel, el Ángel de la Tiniebla, el Padre de la Mentira, cuyo apelativo, por lo que tiene de engaño, nos interesa ahora destacar.

    La tentación al hombre en estado de gracia del Paraíso es única: “Desobedece”. Es un eco a la altura de la humanidad recién aparecida del “non serviam”: para ser como dioses no hagáis caso del mandamiento divino.

    La tentación al Hombre (aun cuando en este hombre habite la plenitud de la divinidad) en el estado de desgracia que sigue la ruptura del orden: criatura-hombre-Dios, se triplica y afecta de un modo directo a cada uno de esos tres escalones jerárquicos.

    A nosotros, los hombres que vivimos después de la redención objetiva realizada por Cristo, nos interesan, más que la tentación de Adán, las tentaciones de Cristo. San Agustín decía que en Él fuimos tentados cada uno de nosotros, porque de nosotros tiene Cristo la humanidad; y si en ella Él fue tentado, de Él procede la respuesta a la tentación, y en Él, y en su respuesta, está la clave de la victoria sobre la misma.

    De aquí que, no sólo individualmente hablando, como hombres concretos, sino también en cuanto que somos una comunidad política integrada por hombres (España) y una agrupación de hombres empeñados en trabajar en esa comunidad política para ordenarla a su fin, debamos reflexionar sobre esas tentaciones que susurran a nuestro oído y que, a veces, nos hacen vacilar.

    Primera tentación:
    Que todo se transforme en pan

    Se trata -sin darnos cuenta en ocasiones, y en el plano de hacer político, identificando el “finis operis” y el “finis operantis”- de desplazar a Dios y sustituirle por las cosas, llegando a la idolatría.

    La concepción materialista de la Historia no es sólo característica del marxismo. José Antonio denunció con ironía al materialismo de derecha, la confianza puesta sólo y exclusivamente en los medios materiales, el crepúsculo de las ideologías, el estado de obras.

    Pero no solo de pan vive el hombre. Vive de pan, pero le sostiene, dignifica y eleva la palabra de Dios, el espíritu, la mística, la poesía que promete y que moviliza el esfuerzo para crear y construir.

    José Antonio quiso dar a su movimiento político una fibra religiosa y militar, y anhelaba para conducirlo una minoría inasequible al desaliento, integrada por monjes y soldados.

    No solo de pan vive el hombre. Cuando el hombre vive sólo de pan, cuando aspira a resolverlo todo con medios materiales, con sus medios, y en el orden político con técnica de la propaganda, discursos, ficheros, organización y dinero, se ahoga en sí mismo y su propio peso le hunde y abruma.

    El hombre vive de pan, pero también de la idea por la que lucha y sufre. Cuando a España le faltó el pan y todo lo que esta palabra simboliza, cuando, después de la última contienda, se le redujo al hambre, supo vivir sin pan, de puro espíritu, y al fin, con su idea inmaculada y limpia, mantuvo su espíritu y ganó de nuevo su pan.

    Segunda tentación:
    Lánzate desde lo alto; los ángeles te guardarán

    Si la primera tentación puede conducir a la idolatría, pues en el lugar de Dios ponemos las cosas, la segunda tentación nos lleva a la egolatría.

    La tentación al hombre se transforma en tentación del hombre a Dios: el hombre le desafía, no le invoca; le exige, no le ruega; le manda, no le obedece.

    Es la tentación de la temeridad, de la holgazanería, de la pereza, del quietismo.

    Es una interpretación torpe y abusiva de la confianza en Dios, semejante a la del siervo que enterró el talento.

    Dios no ayuda al que no hace lo posible para ser ayudado: el paralítico estaba junto a la piscina de Siloé; los leprosos clamaban la curación en el camino; Pedro y los suyos echaban la red, aunque el tiempo no parecía propicio para la pesca.

    A Dios rogando, pero con el mazo dando: levantando nuestra vela para que recoja el soplo del espíritu; arrojando nuestra red a la mar; negociando con brío los talentos; empeñando nuestra ilusión y nuestro sacrificio en busca de los medios, que son precisos, pero que no bastan, para la noble aventura en que nos hemos empeñado.

    No tentarás a tu Dios, despreocupándote de lo que libremente has de poner de ti mismo y de lo tuyo, colaborando, como decía Laínez, en Trento, con tu libertad a la gracia.

    Tercera tentación:
    Te daré el poder de este mundo, si postrado me adoras

    Estamos ya en pleno satanismo, en la tentación más sutil y espiritual, pues con ella se pretende que sustituyamos a Dios por su enemigo, de tal manera que a la Verdad (“Yo soy la Verdad”) la reemplace el Padre de la Mentira, al que de una manera o de otra, explícita o implícitamente adoramos.

    Y en esta tentación se cae -¿acaso no se ha caído ya?- cuando para tener o compartir el poder de este mundo, el poder económico y el poder político, se pacta con mil pretextos, con el Padre de la Mentira, aceptando sus leyes y conculcando la Ley de Dios, con olvido de que lo primero es la búsqueda de su Reino y de su Justicia, porque lo demás, incluso el poder, como el pan y la victoria, nos será dado como añadidura.

    Por eso, nosotros, porque sabemos que sólo la Verdad íntegra y no desgajada ni comprometida ni recortada es la que salva, no podemos aceptar ni el marxismo ateo ni el liberalismo indiferente.

    La aceptación de una reforma política, la que se nos ha propuesto -no la que perfeccionando el Régimen hubiera sido deseable y necesaria- supone pactos con el liberalismo, admitir que la soberanía emana del pueblo, que el poder trae causa, como de su fuente, de la voluntad mayoritaria, cuando, para nosotros, conforme a nuestra doctrina, y en el campo que trazó esa línea demarcadora dibujada por José Antonio, de acuerdo con los principios básicos de la Tradición, el pueblo puede ser cauce para elegir a quien recibe de Dios la autoridad y el poder, pero no su manantial. Pilato no fue elegido en una convocatoria electoral, sino que fue nombrado por el César. Pero su poder le venía no del César, sino de lo Alto. Y por ello mismo, la ley fundamental, a la que obedecer el elegido por el César, el César mismo, el monarca absoluto, el presidente de la República o el Parlamento que nace de las urnas, es la ley divina revelada y la ley natural, cuya desobediencia, como indicábamos al principio, por quebrantar la esencia misma del orden, conduce al caos o a la tiranía.

    Sólo a tu Dios y Señor adorarás, para no caer en la tentación de compartir la gloria y el poder de los reinos del mundo, aceptando la desobediencia a la ley divina.

    Por eso, no hay argumentación bastante, incluyendo la del mal menor, la simpatía de Europa, las exigencias del tiempo que vivimos, para aceptar el divorcio, que disuelve la unidad sagrada de las nupcias y rompe un vínculo que por derecho natural y divino es indisoluble. Por eso rechazamos una reforma política que no sólo nos lleva a la liquidación atolondrada de cuarenta años de paz, sino que sustituye la filosofía de un Régimen político, desplazándolo al voluntarismo caprichoso, y que tan fácilmente maneja la plutocracia capitalista, de las multitudes.

    ¡Que nadie se asuste, apelando a unos Principios en los que oficialmente ha dejado de creer, cuando mayoritariamente se acuerde, legalice y “moralice” lo que va en contra de la dignidad y de la libertad del hombre!

    ***
    Por eso sucede lo que está sucediendo. Nadie tiene derecho al escándalo si se quiere edificar sobre una cimentación falsa. Nosotros no somos por ello responsables de cuanto ocurre. Con tenacidad nos hemos opuesto a la desintegración doctrinal y práctica del Régimen, y con gallardía y coraje hemos denunciado las incrustaciones foráneas al mismo, y hemos pedido lealtad y reforma auténtica, contemplando el esquema del comienzo, desde que hace más de diez años comparecimos en la vida pública.

    No puede sorprendernos que Carrillo haya regresado y que por trescientas mil pesetas disfrute no sólo de la libertad provisional, sino de trato preferente, haciendo declaraciones, dialogando con el Gobierno y entrevistándose con los jefes de los partidos comunistas de Italia y Francia en el propio Madrid.

    Y dentro de poco volverá La Pasionaria, y acabaremos por derribo con las tres unidades: de los hombres, que ya nos enfrentamos en los partidos; de las clases, que ya han roto el abrazo del Sindicalismo vertical, y con sindicatos revanchistas detienen el progreso y deshacen la economía; de las tierras, que, al perder el norte de su unidad de destino, se recluyen en el suyo propio, en contradicción, a veces, con otras regiones que integran la Patria.

    Pero no importa. Nosotros, que no hemos puesto por delante la añadidura del poder a cualquier precio, al valor de la verdad, la seguiremos proclamando.

    Nosotros queremos un Estado unitario con una administración descentralizada a su servicio, y no tantas administraciones como Estados autónomos vinculados por un gobierno federal. Nosotros queremos un Estado al servicio de la nación, y no tantos Estados como nacionalidades, con su propio destino, asociados para cosas mínimas de interés general. Nosotros queremos un Estado unitario y fuerte al servicio de la sociedad y no al revés, porque el Estado es para la sociedad, y no la sociedad para el Estado.

    Por eso la sociedad debe ser dinámica, llenarse de vida, moverse con espontaneidad para exigir al Estado el cumplimiento de su misión, su actividad encaminada sólo y para el bien común. Cuando el Estado absorbe a la sociedad y la maniata, o cuando la cohíbe, obligándola a asumir una tarea que contradice su modo de vivir, la sociedad, si aún tiene brío, se levanta para librarse de sus cadenas, para arrancar al Estado su máscara y para sustituirlo por otro que responda a las exigencias vitales de una sociedad libre, fiel a su Historia y a su destino. Eso fue, en definitiva, lo que sucedió en España en 1936, cuando no sólo el Ejército, o una parte del mismo, sino el pueblo, la sociedad, los campesinos, los estudiantes, los profesionales, los trabajadores se pusieron en pie, en nombre de España, para rescatarla de un Estado que le empujaba a la destrucción y al abismo.

    Queremos también propiedad privada y capital, que es fruto del trabajo y del ahorro, y empresa libre creadora de riqueza. Pero a la vez, para defender y multiplicar todo ello, nos oponemos al capitalismo de los grandes monopolios oligárquicos y a las multinacionales sin escrúpulos que devoran a los empresarios modestos.

    Propiedad privada con función social, capital creador de riqueza, empresa libre, participación de los trabajadores en los beneficios, y planificación racional de la economía, en lucha constante contra la inflación y la demagogia, han de ser, entre otras, las grandes líneas que enmarquen todo gran proyecto de convivencia nacional.

    ***
    No hemos pedido vuestro voto para las próximas elecciones, pero sí os hemos hablado de nuestra verdad. Porque es la verdad lo que nos importa, y nada acepta a nuestro espíritu de combate sacar escaso fruto de las urnas si, al menos, como una luz de esperanza, nuestra antorcha brilla para el futuro en medio de la oscuridad.

    Pero sea de ello lo que quiera, lo cierto es que nuestros actos, de los que la prensa casi no se ocupa, son siempre como el de hoy: multitudinarios y entusiastas. Y es lógico, por dos razones: en primer lugar, porque nuestra voz es mensajera de una palabra sentida, nuestra, que nos satura y desborda, y que lleva el sello de la autenticidad; y en segundo término, porque quienes acuden a nuestros actos, venciendo en muchas ocasiones el temor a la amenaza, sintonizan con nuestro pensamiento y escuchan exactamente lo que no saben, no pueden o no se atreven a decir. Sólo de esta manera puede explicarse este clamor, este derroche de alegría, este patriotismo ardiente, desbordante y contagioso, que nos hace salir de aquellos lugares en que nos congregamos, rebosantes de fe y con espíritu renovado de lucha.

    ¡Qué alegría, parece que repetimos recordando otras palabras, cuando me dijeron: vamos a seguir combatiendo por los ideales sagrados de siempre!

    Ceñíos a los flancos las espadas, manchegos, españoles, como canta el salmo 44, porque la espada es vuestro orgullo y vuestra gloria. Y subid a los caballos, y cabalgad con empuje, seguros de la victoria, por la verdad y la justicia de España.

    ¡Arriba España!

    (Una ovación unánime cierra el grito del fundador de FUERZA NUEVA, cantándose a continuación el “Oriamendi” y el “Cara al Sol”)


    Última edición por ALACRAN; 20/05/2022 a las 13:25
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")

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    Blas Piñar, en Murcia


    Revista FUERZA NUEVA, nº 534, 2-Abr-1977

    Blas Piñar, en Murcia

    (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el Teatro-circo Villar, de Murcia, el día 13 de marzo de 1977)

    Yo tenía una deuda de gratitud con Murcia.

    Al cesar como director del Instituto de Cultura Hispánica, Murcia me invitó, por Pascua Florida, a pronunciar un discurso de primavera.

    Fue una caricia que no olvidaré nunca.

    • como si todos los jazmineros de la huerta hubieran querido brindarme su perfume;

    • como si el agua juguetona de todos los azarbes hubiera querido compensar con su frescura el dolor de entonces.

    Era mi tiempo penitencial, y para Murcia tiempo de júbilo y regocijo.

    Y ahora, cuando Murcia y España entera han comenzado a vivir -y no solo en el sentido estrictamente litúrgico de la palabra- un tiempo cuaresmal, yo he querido pagar a Murcia mi deuda de gratitud, trayéndole, como bálsamo y esperanza, el perfume de nuestras ideas -las ideas de siempre, de las que no hemos abdicado- y el agua viva que sigue brotando en nuestro pozo interior, el agua del patriotismo, de la lealtad a la sangre vertida en la Cruzada, a los ideales del 18 de Julio, a las banderas victoriosas del 1 de abril, a los héroes de las guerras carlistas, a la memoria de José Antonio, al pensamiento y a la obra, cada día más inolvidable, de Francisco Franco.

    I

    Cómo conviene traer al recuerdo, ahora, cuando el Movimiento se niega a sí mismo, desconoce su origen de identidad, y carece de la gallardía necesaria para sentirse continuador y solidario de los que, desde uno y otro cauce, le dieron vida, de la fiesta de los Mártires de la Tradición, instituida por Carlos VII, y que, con carácter oficial, ha dejado de celebrarse, la hermosa poesía dedicada a los requetés caídos que dice así:

    Los demandó el honor y obedecieron; los requirió el dolor y lo acataron; con su sangre la empresa rubricaron; con su esfuerzo la Patria redimieron. Fueron grandes y fuertes, porque fueron fieles al juramento que empeñaron; por eso, como púgiles lucharon; por eso, como mártires murieron. Inmolarse por Dios fue su destino, salvar a España su pasión entera, servir al Rey su vocación y sino. No supieron querer a otra bandera; no supieron andar otro camino; no supieron morir de otra manera”.

    Y a este recuerdo hay que unir el de los camaradas de la Falange, como Federico Servet o el estudiante Manuel Bruquetas, fusilado por los rojos en agosto de 1936, en el puerto de la Cadena, hijo de un oficial de la Marina asesinado y arrojado al mar en cabo Tiñoso.

    ¿Acaso no es bello y estimulante traer a colación y como signo de unidad -en la que nosotros permanecemos y que nosotros avivamos- a los tradicionalistas que soñaron con libertar a José Antonio, preso en Alicante, y que con él murieron? Ellos, por una parte, sellaron con su sacrificio y con la sangre derramada en común, la unidad irrompible del Requeté y de la Falange en el servicio abnegado y sin fisuras a Dios y a la Patria, al Pan y a la Justicia; y por otra, hicieron llegar, como un homenaje póstumo y varonil, al joven fundador y al heroico capitán, la admiración del río, de la huerta y de los hombres de la Vega Baja del Segura.

    ***
    Permitidme ahora la debilidad, un poco nostálgica, de una confesión:

    Me refiero a una conferencia que pronuncié en Murcia, durante el ejercicio de mi profesión entre vosotros. Se titulaba “Silueta espiritual de una generación española”. Fue el 5 de junio de 1948, y en ella recordé a:

    Vázquez de Mella, en su discurso sobre “Los tres dogmas nacionales”,

    a Calvo Sotelo, con su lema “España unida y en orden”,

    y a José Antonio, en aquellos textos que muchos aprendimos de memoria:

    • “una nación no es un rebaño, sino un quehacer en la Historia”,

    • ”la tarea de nuestro tiempo consiste en devolver a los hombres los sabores antiguos de la norma y del pan”,

    • “la milicia es una necesidad ineludible de los hombres y de los pueblos que quieren salvarse”,

    • “hay que romper las dos grandes losas que asfixian la vida de la nación: por abajo, la losa de la injusticia social, que agolpa frente a los ricos a los pobres, y por arriba la losa de los mezquinos afanes localistas de pueblos, de provincias y de regiones, que en una torpe y ridícula lucha, nos hablan del patriotismo que nos ata a la tierra y nos priva y escamotea el patriotismo trascendente, el patriotismo de misión, el patriotismo de la gran España, que concibe a España como unidad de destino en lo universal”.

    Pero en el orden personal, hiriéndome en lo más profundo del alma estas frases de José Antonio, la que justifica que años después apareciese FUERZA NUEVA y que hoy esté aquí entre vosotros, teniendo que sofocar el pudor de ver mi nombre por las calles, difamado o aclamado, es aquella otra consideración audaz y acusatoria de:
    Hay coyunturas de conmoción de la Patria en las que puede resultar monstruoso permanecer bajo la lámpara de la propia celda”.

    Leí por entonces también un bello poema del escritor nicaragüense Pablo Antonio Cuadra:
    Yo invito a nuestra juventud, no a esperar el retorno de la tradición, sino a conquistarla”.

    Ni durante mis años de vida profesional en Murcia, ni muchos años después, el que os habla estuvo en el juego político. La política, incluso la mejor, es sucia. Pasa como en los talleres de engrase. Son necesarios para el automóvil, pero uno, sin querer, se mancha o le manchan. Hay como una reacción instintiva y explicable a no entrar en ese juego donde toda mezquindad y ambición innoble parece que se dieron cita. Por otra parte, las cosas, en España -el espíritu en alto-, marchaban francamente bien y no realmente mal, como parece que sucede ahora y había comenzado a suceder, aunque con timideces de tanteo y ensayo, mucho antes.

    Cuando vislumbré y comprobé, en 1966, que íbamos a entrar de nuevo en una época de conmoción para España, que se pretendía sacar la Tradición de la que había emanado la Falange, no quise ni esperar el retorno de la Tradición sentado en la cuneta, ni seguir tranquilo bajo la lámpara de mi propia celda, sino que abandoné mi estudio para salir a la pelea ideológica, aunque no apague mi lámpara, porque la lámpara debe continuar encendida para la meditación, y a la intemperie, contra la subversión de fuera y la deserción de dentro, fieles y contestatarios a la vez, con un puñado de amigos y camaradas, de hombres y de mujeres, que cada día es mayor en número y en entusiasmo, me lancé a predicar y a espolear, a despertar y a agilizar a los que dormían cómodos y tranquilos, soñando con ingenuidad inefable que Franco sería eterno y que el enemigo había depuesto sin condiciones sus ideas y sus armas, y que la paz y el progreso estaban garantizados para siempre.

    II

    Creo que ahora la situación es clara para todos: el diagnóstico resulta evidente. Sólo podemos diferir en las causas y en la terapéutica.

    Por eso hay que plantear el tema a la altura de 1936.

    El desastre liberal, que nos llevó al trauma de la guerra, fue el fruto de la derrota del carlismo. De la Monarquía de Sagunto al Alzamiento Nacional y a la República de 1931 -que no fue más que un episodio- hay toda una línea concordante.

    Pero España, en un supremo esfuerzo, se rescató para sí misma. Aquello, lo de 1936, no fue un golpe militar, un golpe de fuerza. Lo militar y ejecutivo no fue pura acción, sino la puesta en acción del alma española para librarse de cuanto le era sustancialmente extraño.

    Toda la gesta -heroísmo, martirio- tiene su explicación en las ideas matrices que la hicieron viable.

    ¿Qué valor no tendría ese equipaje ideológico para levantar una Cruzada y ganarla asombrando al mundo:

    • para edificar un Estado nuevo a pesar de haber sido puestos en cuarentena;

    • para sacar al país de la postración y de la miseria;

    • para hacer una gran política social sin caer en el socialismo;

    • para prescindir de las libertades formales y mantener la auténtica libertad;

    • para hacer de Murcia, que en mis años de vida profesional aquí era un pueblo destartalado y grande, sin más circulación que las bicicletas, las motos “colorás” y unas tartanas, la ciudad grande y hermosa, nueva y distinta, en la que me perdí, por desconocerla, cuando hice una escapada con los míos para recordar con amor sus calles, y contemplar en silencio las imágenes barrocas de Salzillo?

    “¡Oh, qué buen vasallo cuando tiene buen señor!”, hemos repetido tantas veces. Pero el señor que hizo posible nuestro milagro, el gran milagro de convertir a España en una nación en paz, floreciente y próspera, no fue tan sólo Franco, el capitán, sino la doctrina que le sirvió de apoyo para edificar el Régimen que hoy se halla en trance de derribo.

    Pero yo estoy seguro que nuestro pueblo, aun cuando no fuera más que por instinto de conservación -y no por gratitud, experiencia o convencimiento- y a pesar del “sí” manipulado del 15 de diciembre, se opondrá a su destrucción.

    El franquismo no ha muerto

    Ya sé qué no opinan así hombres tan distantes como Carrillo, que atacó a Franco, y López Rodó, que fue ministro de dos carteras con el propio Franco. Pero se engañan ambos:

    • Porque también murió Lenin, y el marxismo no ha muerto, y murió el padre Escrivá y el señor López Rodó no se ha dado de baja en el Opus Dei.

    • Porque Franco fue el artífice, pero no el autor de los planos. La mística creadora, el empuje vital, le vino dado. Su habilidad fue recogerlos, sintetizarlos y ponerlos en ejercicio creador.

    • Porque el pueblo, después de la muerte de Franco, le aclama; y aclamar a un Caudillo muerto sería una estupidez si no se aspirase a continuar su obra.

    • Porque si es verdad que muchos de los que gobernaron con Franco fueron al Valle de los Caídos a enterrar, no solo su cadáver, sino también su obra, avergonzándose de ella, nosotros, que sin rubores combatimos las imperfecciones del Régimen al que minaban sus propios colaboradores, fuimos allí a renovar nuestro juramento y nuestras fidelidades, a enterrar a Franco, pero a recoger el espíritu, que no muere, de un hombre genial, su mensaje y su testamento, para luchar, no por la reforma que hoy asusta a los mismos que la pusieron en marcha -la reforma del cambio-, sino por la reforma de la continuidad, la purificación y la perfección del Sistema recibido, es decir, por la Reforma de la autenticidad en función de los Principios nacionales, y no por la Reforma constituyente que las Cortes pusieron en marcha, derogando con su voto tales Principios.

    III

    La situación hoy y cara a las elecciones

    Yo no sé si se celebraran o no elecciones, dado el clima de violencia en que hemos comenzado a vivir. Lo que sí sé es que las Cortes dieron un cheque en blanco al Gobierno para que elaborase -lo que ha hecho sólo con la Oposición al Régimen- la ley electoral. En esa elaboración, el pueblo muy democráticamente ha estado al margen. (…)

    Ante ellas, se decía en un reciente Congreso celebrado en Madrid (Alianza Popular), no caben sino tres opciones fundamentales: socialismo, centrismo o Alianza Popular. Nosotros, pues, despectivamente, no constituimos ninguna opción seria. ¡Qué le vamos a hacer!

    La última, la que ofrece Alianza Popular, la conocemos a través de las declaraciones de siete grupos políticos, o mejor, siete personalidades que han ocupado puestos de la más alta responsabilidad con Franco y que se declaran a la vez de centro, de derecha, liberales, conservadores y demócratas cristianos, homologables a los partidos que en Europa merecen semejante calificación.

    En su programa inicial no se aludía personalmente a Franco y se aceptaba como irreversible la Reforma. En el último Congreso de la Alianza Popular se ha puesto el énfasis en el franquismo, y las alusiones a Franco levantaban ovaciones inacabables. Alguien me dijo que los oradores habían hecho un curso intensivo por correspondencia para conocer con premura lo que se ha escrito en nuestro semanario. Pero vamos, no al ruido, sino a las nueces de “reformar lo necesario y conservar lo valioso”.

    ¿Cuál es la línea directriz de esa Reforma que los dirigentes de la Alianza Popular propugnan, y votaron en el Consejo Nacional y en las Cortes, y aconsejaron el referéndum?

    Esa reforma, propugnada o aprobada por la Alianza Popular descansa en el principio de la soberanía del pueblo.
    Ahora bien, este principio liberal es antifranquista. Lo valioso del franquismo y de la doctrina que lo inspiró está en el acatamiento de un orden superior objetivo que no se halla a merced del voluntarismo caprichoso de la mayoría. Por eso no se puede ser franquista y aceptar el liberalismo.

    Por otro lado, cuando se acepta un principio, no se pueden repudiar sus consecuencias. Quien acepta el libre examen, no tiene derecho al escándalo por la fragmentación del protestantismo. Del mismo modo, cuando se acepta el principio liberal, no puede decirse, con Fraga, que “a la democracia no se puede llegar con demasiados partidos”, ni entender que las opciones posibles, cara a las elecciones, quedan acotadas en las tres que su Congreso enumeró, una de ellas, precisamente, y dentro del trámite con exclusiva, la que propone Alianza Popular.

    En un sistema democrático y liberal auténtico, no hay argumentación lícita para oponerse a la legalización del Partido Comunista, porque la voluntad del pueblo, que es soberana, puede querer su legalización, aunque repudie su doctrina. Y si esto es así, ¿en nombre de qué principio puede cerrársele la puerta?

    Aquí sucede lo mismo que ocurre con la objeción de conciencia. Si se admite, hay que atenerse a sus resultados. En una reunión, el que hablaba, defendiendo la objeción de conciencia como última norma de conducta, entendía que el soldado que repudia el uso de la violencia para defender a la nación, debe tirar las armas. Uno del auditorio, levantándose, pregunto: “¿Y si al soldado, siendo anarquista, su conciencia le exige disparar contra sus oficiales? Por favor, deme una respuesta”. Se produjo un silencio cargado de tensión. Si el conferenciante aconsejaba seguir el dictado de la conciencia, estaba condenando a muerte a los oficiales del Ejército, lo cual no parecía muy alentador; pero si afirmaba lo contrario, destruiría el principio que acababa de sostener con tanto énfasis y quedaba en ridículo.

    Pero hay más, es que la Reforma que nos ha llevado a la situación tan censurada justamente por los directivos de Alianza Popular, es la que ellos pusieron en marcha.

    Bastaría recordar las conversaciones en el restaurante Horno de Santa Teresa con el señor Tierno Galván; el Congreso autorizado de la UGT; el regreso de los exiliados, y especialmente los insultos a Franco de Salvador de Madariaga, en Zaragoza; la defensa del centrismo en una conferencia en el aula de la revista “Mundo” de Barcelona; los contactos de Londres; los artículos sobre “La Reforma” en “ABC”; el propósito de aislar a lo que se viene llamando con inexactitud la extrema derecha, y que no es más que el franquismo auténtico; la política del cambio, que se inició desde el oficialismo del primer Gobierno de la Corona; la presencia de Carrillo en España desde febrero de 1976, etc.

    Ha dicho don Manuel Fraga, con harta razón: “Está en juego todo”. Pero esto ya lo habíamos dicho nosotros.
    Lo importante es que sepamos quién lo ha puesto en juego. Porque (a diferencia de él) nosotros no hemos sido ministros de Franco ni ministros de la Monarquía, y no hemos querido, primero, impulsado después, votado y aconsejado, más tarde la Reforma.

    Ha dicho don Manuel Fraga: “Nos negamos a aceptar la voladura de la obra gigantesca de los últimos cuarenta años”. Pero, ¿quién la defendió en las Cortes (B. Piñar), cuando el primer Gobierno de la Monarquía (Fraga) disolvió el Movimiento al proponer la legalización de los partidos políticos y al suprimir los cauces orgánicos de representación, destruyendo así la obra de Franco?; ¿y quién defendió la obra de Franco en esas mismas Cortes (B. Piñar) cuando se debatió la ley de Reforma política?

    Porque me parece recordar que fue quien ahora os habla el que, frente a los exministros de Franco, algunos de ellos dirigentes de Alianza Popular, defendió su obra de cuarenta años, y se encontró con el “sí” masivo a favor de la Reforma que los destruye, de quienes ahora se quejan de la voladura.

    Lo malo es que esa voladura va a consumarse, a pesar de la protesta retórica, puesto que Alianza Popular acepta la sustitución del Estado nacional por el Estado liberal, que es lo que en esencia quiere la ruptura.

    Ha dicho el señor Elorriaga: “Si algunos creen que atacar la memoria de Franco es un buen sistema para ganar votos, que Dios les conserve la vista”. Pero también podíamos añadir nosotros: “Si algunos creen que elogiando la labor de estos cuarenta años, cuando no se ha hecho nada para evitar que se dinamiten, y se ha hecho bastante para contribuir a su destrucción, van a conseguir votos, que Dios haga que los españoles de buena voluntad descubren a tiempo el equívoco”. Porque no se puede ser a un tiempo de derechas y de centro; franquista y reformista del signo que conocemos; no es posible coordinar la doctrina heredada -que es lo valioso- con la reforma que se acepta en lo que es necesario, es decir, con la tesis que hace del pueblo fuente de la soberanía y con el régimen de partidos políticos.

    Volver a las experiencias fracasadas y que tanta sangre costaron, como la de don Antonio Maura, con la Monarquía de Sagunto, y la de José María Gil-Robles, con la segunda República, sería un error imperdonable, teniendo en cuenta que la masa electoral con que ha de contarse es la misma.

    Quienes en febrero de 1936 votaron a quienes, siguiendo la táctica de Alianza Popular, aceptaron la República, tuvieron que irse al frente en julio del mismo año, o fueron víctimas del terror marxista y separatista en una época no por olvidada menos aleccionadora.

    ¿Vamos a tropezar de nuevo con la misma piedra?

    ¿Votaremos al mal menor y no al bien posible?

    ¿Votaremos al juramento quebrantado y no al juramento mantenido?

    ¿Votaremos al miedo y no votaremos al valor?

    ¿Votaremos a lo que entonces representó Gil-Robles -y doy por supuesta la buena fe y la rectitud de intención- y no a lo que ahora supondría José Antonio?

    Nuestra postura es distinta, porque, como sabéis, nosotros sólo nos homologamos con el 18 de Julio, y podemos combatir una reforma-ruptura a la que nos hemos opuesto antes y después de Franco, durante el primero y durante el segundo Gobierno de la Corona. Nosotros no hemos aprobado los 1.350 millones invertidos en el referéndum, ni hemos regalado al Gobierno los votos, facilitando así el diálogo con la subversión y el reconocimiento de la URSS y de los gobiernos comunistas, cuyas redes de espionaje comienzan a descubrirse.

    Mientras, se sigue jugando con la farsa de la internacional fascista, y Sánchez-Covisa aparece como un fabricante de armas, con una taladradora, unas llaves inglesas y papel de lija, alcanzando las cotas más altas de pedidos de los países más desarrollados en industria militar (ironía).

    Mientras, se tolera el marxismo y las hoces y martillos, y la cumbre eurocomunista, a pesar de la no legalización hasta la fecha del Partido Comunista.

    ¿Qué hubiera ocurrido si me regalara un Mercedes el señor Pinochet, o si nos entrevistáramos en Madrid, Giorgio Almirante, el presidente del Partido Nacional alemán y el que os habla?

    Mientras, se rompe la paz social y se nos lleva a la ruina, se legaliza el separatismo al autorizar la “ikurriña”, y se violenta a los campesinos hasta hacerles sacar los tractores a las carreteras.

    V

    Hemos venido a Murcia, no sólo a hablar sino a aprender. Y Murcia, políticamente hablando, nos enseña la lección del espíritu, que la torre de la catedral simboliza; del río, que es su naturaleza virgen, y de la huerta, que es el fruto del trabajo sobre ella.

    El espíritu animó al huertano, y después de mucho trabajar convirtió las tierras albares en vergeles, e hizo nacer “civitas” y agro, esta “universitas personarum et rerum” que es la totalidad de Murcia, tejida por acequias, hijuelas, brazales y regadores, por donde el agua, amorosamente, fertilizándolo todo, se mueve, corre y circula.

    La “universitas” está defendida -no olvidemos, pensando en España- por el Malecón, de una parte, y por el Reguerón, de otra. ¿Los hemos tenido, ideológicamente, para el salvamento de la “civitas” y del agro doctrinal?

    Aunque la hora sea difícil y recojamos las consecuencias de errores que a nosotros no se nos pueden imputar, no desmayemos. La dificultad nos debe fortalecer, y la experiencia es un caudal inapreciable de conocimiento para el futuro. No nos dejemos arrastrar por la “cansera” que tan bien definió entre vosotros el poeta Vicente Medina.

    Vosotros sois un pueblo enardecido, sentimental y varonil. Necesitáis, para un rendimiento absoluto de vuestras virtudes y posibilidades, pasar a la ofensiva. Y a ello os invitan los auroros y el alcalde perráneo, con un original y político Bando de la Huerta, en el mejor y más popular de los panochos

    Pero no nos quedemos en el monte Tabor, cercanos a la nube, y transfigurados. Hay que bajar de la montaña y acordarnos, en el tiempo duro de la incomprensión y de la fatiga, de las blancas vestiduras de los ideales, y de la voz divina que puso en la Verdad su complacencia, guardando nuestro gozo interior, nuestro secreto entrañable.

    Porque estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Estamos en la vida pública, pero no somos políticos, iremos a las elecciones, pero no somos electoreros.

    No hemos venido a pedir nuestro voto, ni a meter miedo, sino a convencer y a convertir, a ganar inteligencia, corazones y voluntades. Lo demás, el voto, es la añadidura.

    (Al final, tras una ovación ensordecedora, se cantaron el “Oriamendi” y el “Cara al Sol”)


    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 12:14
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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