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Tema: Bibliografía patriótica de postguerra

  1. #21
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    Re: Bibliografía patriótica de postguerra

    El libro del general Díaz de Villegas "La División Azul en linea", es muy bueno aunque no es facil de conseguir.

  2. #22
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    Re: Bibliografía patriótica de postguerra

    Un homenaje y una carta


    Revista FUERZA NUEVA, nº 69, 4-May-1968

    Un homenaje y una carta

    Un homenaje surgido a flor de corazón: el tributado por la Hermandad de la División Azul al general Díaz de Villegas y al periodista Fernando Vadillo, por sus libros “La División Azul en línea” y “A orillas del Voljov”, documentos inolvidables para la historia de una gesta gloriosa. Juntos entre sus camaradas, los camisas azules que fueron a tierras de Rusia a defender a Europa contra el comunismo (cual adelantados de un Occidente que hoy, en otros lugares del mundo, tiene que hacer frente a la amenaza de Lenin, cuya frase no podemos dejar de recordar: “El camino de Europa pasa por Pekín y por África…”), José Díaz de Villegas y Fernando Vadillo: el primero, jefe de Estado Mayor de la División, y Vadillo, un esforzado voluntario. Esto es muy elocuente, pues significa la unidad del Ejército y el pueblo, donde reside el futuro de España.

    Carlos Pinilla, presidente de la Hermandad de la División Azul, pronunció unas palabras al ofrecer el homenaje, cuya valentía, lealtad y claridad merecieron la entusiasta adhesión de unos hombres que representaban a miles de españoles. Pinilla habló con diafanidad, con mesura y con ese estilo que para algunos “bandeirantes” parecía ya pasado de moda. Se refirió al presente de España, a una paz que intentan perturbar, mediante una cobarde subversión, los “tontos útiles” y aquellos que sirven a un mercenarismo cuyo objetivo es atacar los principios de la autoridad. Habló de la Universidad y también de determinados problemas que afectan a la economía de nuestro país. Con frases precisas expuso que quienes formaron en las filas de la División Azul no pueden consentir la agitación ni tampoco la ambición de un capitalismo desaforado que dificultan gravemente, intentando vanamente truncarlos, los ideales de un Movimiento en marcha, cuyos militantes mantienen en su alma, incólumes, los principios del 18 de Julio y su inquebrantable lealtad a Franco. Y de esta lealtad al Caudillo son vanguardia, como se puso de manifiesto en un acto trascendente dentro de lo político, los antiguos divisionarios contra el comunismo, que conservan ese espíritu joven del servicio a la Patria, residente en una veteranía, en una abnegación y en una esperanza ante el mañana que debe ser escuchada y atendida.

    Díaz de Villegas expuso con la experiencia de un hombre de estudio, atento a los problemas mundiales, el peligro comunista y advirtió el engaño de algunos que estiman que ha evolucionado un sistema enemigo número uno de España, destacando la adhesión al Generalísimo Franco de aquellos que combatieron un día en tierras de Europa oriental.

    Fernando Vadillo habló con el entusiasmo de una juventud que hoy más que nunca tiene fe; lo hizo con el corazón, y sus frases, muy concisas, manifestaron la vigencia de los anhelos falangistas por una España mejor, que, como decía José Antonio, amamos tanto porque todavía no nos gusta…

    Quizá la nota más destacada de una reunión de hermandad y camaradería fue la carta de adhesión enviada por más de un centenar de estudiantes de la Universidad de Madrid, haciéndose solidarios de un acto donde se defendieron claros ideales, al mismo tiempo que, por la voz de Carlos Pinilla, se vino a decir: ¡Ya está bien!... Y en verdad, sin pasión, que ¡ya está bien!, pues la paciencia tiene un límite y en ocasiones, la prudencia puede ser interpretada por los imbéciles como ausencia de gallardía.

    La carta de los universitarios -que reproducimos seguidamente- a los miembros de la División Azul resulta muy aleccionadora. La juventud actual, en su enorme mayoría, es sana y merece comprensión, dentro de sus afanes lógicos, pero también en el seno de la misión que le ha sido confiada, como portadora de un relevo, cuyo destino es ocupar un día cargos de responsabilidad. La misión de la juventud -lo dijo Carlos Pinilla- es estudiar, y la de los profesores -que deben percibir retribuciones honorables-, enseñar. Hacer política es salirse del marco de unos deberes que ha y que cumplir para exigir derechos, que no negamos existen.

    “La División Azul en línea” y dispuesta a no olvidar jamás las “Orillas del Voljov”. Esto, sépase bien, debe tenerse muy en cuenta, en estos momentos, por aquellos que estiman estultamente que la sangre de los héroes y de los mártires puede ser traicionada o vendida por “cuatro dineros”…

    Ramiro SANTAMARÍA



    *****

    JÓVENES EN LÍNEA

    ¿Podrá ocurrir que dentro de 40 o 50 años, estos españoles, que hoy son jóvenes y entonces serán ancianos, contemplen a distancia, con angustia y tristeza, cómo fue desaprovechada, cómo resultó fallida la gran coyuntura de este momento, y ello por su cobardía, por su deserción, por su debilidad?”.
    (Ramiro Ledesma Ramos)

    “Al general Díaz de Villegas.
    Al camarada Fernando Vadillo.
    A todos los presentes, combatientes divisionarios en Rusia.

    Somos un grupo de universitarios que hemos querido aprovechar este merecido homenaje para adherirnos de todo corazón a la idea que representáis y a la empresa que realizasteis. No es fácil encontrar hoy apologistas de la División Azul, y es por ello por lo que queremos hacer patente nuestra admiración, nuestra gratitud y nuestro respeto a dos hombres que aún no han arriado la bandera.

    La mayoría de nosotros no conoce vuestros libros: ya sabéis, entre estudiantes abundan más las apologistas de Marx, Engels, Castro o Guevara. Pero la gesta de la División Azul es lo suficientemente conocida como para que haya llegado a nosotros con toda nitidez. Días malos se avecinan. Pues los enemigos con los que os enfrentasteis, primero en España y luego en los campos de Rusia, se hallan nuevamente en el primer campo donde el comunismo sufrió una derrota. Es en la Ciudad Universitaria de Madrid, regada por la sangre generosa y valiente de los que murieron “por una concepción cristiana de la vida y de la Historia” (a los enemigos muertos hay que perdonarle su grave equivocación, aunque sus hechos no deben olvidarse). Han vuelto, lo sabéis todos, con una virulencia en muchos casos más exaltada que la de antes, los enemigos de España; el enemigo, el comunismo.

    De la contemporización se pasó el diálogo; de éste a veleidades democráticas; de ellas, a pedir el amor libre, a insultar a España, a destruir todo orden, constituido o no, que no sea el suyo. Muchos síntomas nos hacen ver cosas algo raras, que preferimos no comprender: repasad la prensa de todos los días y veréis benévolas alusiones a sus actividades, pidiendo comprensión para los que jamás la tuvieron, salvo la del tiro en la nuca y el aceite hirviendo. Muchas personalidades, especialmente académicas, enquistadas desde antes o después de la Cruzada en puestos de trascendencia, en cátedras, en tantos y tantos sitios, les apoyan constantemente, sin que los que debían actuar de una forma patriótica, dada su ideología y dados a veces los caminos de favoritismo con los que consiguieron su puesto, hagan en contra suya nada. Ya se queman banderas españolas y se tiran Cristos por las ventanas, y acabarán quemando en satánica hoguera, si les dejamos, el ser y la esencia de la Patria. Todo lo que no sea luchar contra estos elementos y contra los que les apoyan será suicida o cobardía. No eran comunistas los occidentales de la II Guerra Mundial, pero ahí tenemos media Europa sometida a la peor dictadura que vieron los siglos.

    En la Universidad española se debaten una vez más, como os sucedió a vosotros, hace algunos años, dos concepciones de la vida y de la Historia que nunca podrán coexistir. Es Patria o es comunismo, y nada más que esto, no os engañéis, lo que se debata en el “campus” de Madrid, como hace treinta años. Y en esta situación sólo caben, como entonces, dos posturas: una a favor y otra en contra. Los del centro no son moderados, sino enemigos. Hay una carta de la Pasionaria, fechada en 1963, que habla con toda claridad: en ella se indica que es esencial hacerse con los estudiantes: “a un universitario, con doce razones firmes que le des, lo tienes convencido”. Habla de atraer a los católicos e incluso los falangistas, y que con una buena campaña pacifista y la pronunciación de palabras como libertad y democracia se convence a los jóvenes y se agrupan diferentes ideologías para amasarlas en un fin premeditado de antemano. En otra carta tranquiliza a los “camaradas españoles”, diciendo que cargos decisorios del país se encuentran en sus manos.

    Se vive, asimismo, intensamente en la Universidad, la tremenda crisis religiosa que afecta al mundo entero, en la que no es ajena la acción del comunismo, que hoy, reconociendo su error pasado, prefiere, con maquiavélica astucia, actuar desde dentro de la propia Iglesia y atraerse a los católicos por medio del progresismo, que no es sino un quiste maligno que está minando los fundamentos del catolicismo. Pues bien: ante todo esto, ciertos responsables eclesiásticos, con honrosísimas excepciones, no muestran sino miedo o falta de interés, permitiendo que el mal se desarrolle y ponga en peligro la secular fe católica español. Recientemente visteis cómo elementos eclesiásticos, ante el vil sacrilegio del Cristo profanado, nos pusieron pegas y trabas sin número para celebrar los actos de desagravio, que, como tenía que ocurrir, pues la fe del pueblo sigue en pie, luego fueron un rotundo éxito, ante la vergüenza y el ridículo de los oponentes.

    Ciertos políticos de nuestra nación tampoco son para nosotros hoy un ejemplo. En ellos domina la inseguridad, la flaqueza y el miedo, como si el ejemplo que vosotros disteis hubiera sido vano. Se nos persigue, se nos va a buscar a nuestros propios domicilios, se nos expedienta impunemente, y ante todo esto esos políticos, muchos de ellos detentadores de cargos, se cruzan de brazos y prefieren dedicarse a especular y a calificarnos de “extrema derecha”, con lo que intentan colocarse en una vergonzosa y poco viril posición de “centro” con vistas a futuras evoluciones de nuestro sistema político.

    Nos preguntamos si la situación actual es semejante a la de los años de la República, pues ya han empezado los “paseos” a la Casa de Campo (los casos de los estudiantes Chacón y Yáñez aún están recientes), las sanciones a los estudiantes que hacen alarde de anticomunismo militante, e incluso las condenas o linchamientos por “tribunales del pueblo” se hacen en la más completa impunidad.

    Por otro lado, empezamos ya a perder las esperanzas que teníamos en vosotros: bien es cierto que nos indigna no veros en los cuadros de mando de la nación, pero asimismo echamos de menos el oír vuestra voz en protesta y reivindicación por el terreno que condescendientemente se está cediendo al enemigo, y echamos de menos el no ver vuestros plantes y vuestra oposición enérgica ante determinadas decisiones y abstenciones de ciertas autoridades políticas y académicas.

    Pero es el momento de evitar diferencias entre nosotros. Nos entristece ver que hoy, entre los grupos y personas que un día estuvieron luchando contra la invasión del comunismo, no hay sino diferencias, y cada día en aumento, sin ver la verdadera guía o fin que a todos nos une y que es la única salvación para la España inmortal. En este sentido, vosotros podríais hacer una incalculable labor, pues vosotros, eso esperamos por lo menos, aún conserváis encendido y libre de mancha la llama del fuego eterno del Movimiento Nacional.

    En cualquier caso, nuestra acción sigue en marcha, y llegaremos hasta el final en la defensa de nuestros signos y nuestros ideales, ya tengamos ayuda, ya no la tengamos, pues son sentimientos hondamente enraizados en lo más profundo de nuestro ser, que aprendimos precisamente de vuestro ejemplo de ayer.

    Terminamos esta carta recordándoos que la bandera aún está alzada en vuestras manos, y hay que defenderla claramente, honradamente, lejos de los festines de los fariseos, limpiando en la pureza de su raíz el oprobio y la vergüenza de los que intentan corromperla, como es mandato ineludible de una legión de caídos”.

    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #23
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    Re: Bibliografía patriótica de postguerra

    LA LUCHA EN TORNO A MADRID” (1966) libro delcoronel Martínez Bande sobre la batalla sobre Madrid (1936-1937) durante la guerra civil





    Revista FUERZA NUEVA, nº105, 11-1-1969

    LA LUCHA EN TORNO A MADRID- Servicio Histórico Militar. Ponente: Coronel de Artillería José Manuel Martínez Bande. 244 págs. ilustrado con mapas, documentos y fotografías. Librería Editorial San Martín. Madrid.

    Estamos ante Madrid, al que hay que tomar como una fortaleza. La fortaleza tarda en caer. Y la lucha se complica. El conflicto no sólo está localizado dentro de la frontera española, sino que entran en las refriega contingentes extranjeros. Todo ello obliga a desistir, el 23 de noviembre de 1936, del ataque de frente a la capital de España.Entretanto, cuatro largos meses de guerra han ido dejando, día a día, su pequeña y breve historia, a través de importantes operaciones bélicas, por entre los intentos de penetración para liberar a Madrid.

    Y tales operaciones y tales intentos son los que relata con la puntualidad de los planos ejecutivos el coronel de Artillería José Manuel Martínez Bande.

    De los cuatro grandes teatros de operaciones, el Norte, Aragón, Andalucía y el Centro,es en este último donde se espera el éxito definitivo. Pero el éxito no llega con la celeridad deseada y la batalla se plantea sobre una situación militar de equilibrio. La superioridad numérica del bando defensor está contrarrestada con la mejor calidad de las fuerzas nacionales. Las fuerzas expedicionarias de África no han alcanzado el objetivo, pero tampoco han sido derrotadas y a pesar del durísimo quebranto pese al avance.Todo ello hace que la guerra cambie de signo. Al no ser posible la rápida ocupación de la capital, la lucha es distinta.Y a las milicias exclusivamente políticas sucede un Ejército. Hay posibilidades de que caiga Madrid y, por lo tanto, se apuran todos los objetivos para su conquista.

    Martínez Bande expone ahora la vida en ese Madrid, cruzado por las primeras escaseces, que se apresta a vivir con estoicismo muy español. No deben ser aceptadas determinadas deformaciones parciales, de todas formas, sobre lo que fue la vida en Madrid en los terribles meses del invierno de 1937, que terminaron cansando a los madrileños y a los refugiados.El autor de este libro establece perfectamente las coordenadas para su estudio, así como del ambiente y del poder político que asumían la dirección del esfuerzo de la guerra: la Junta de Defensa de Madrid. A continuación se analiza el teatro de operaciones y la línea del frente en un estudio acabado del factor terreno en el que no cabe olvidar el problema de las comunicaciones, que revistió gran importancia en la lucha en torno a Madrid.

    Al tocar el punto de las fuerzas en liza y con relación a los efectivos nacionales, no se limita a enumerar las unidades del Ejército expedicionario, sino que nos ofrece el cuadro de las columnas mandadas por jefes del mayor prestigio.Los efectivos totales del Ejército expedicionario podían cifrarse en unos 25.000 hombres,mientras las fuerzas del defensa de Madrid se aproximaban a los 40.000 hombres. Dentro de este planteamiento, Martínez Bande vuelve a hacer revivir las operaciones de la carretera de La Coruña -operaciones sobre Pozuelo y Humera, ataque a Sigüenza, etc.-, la batalla del Jarama -en sus tres fases de avance hasta el río, el pase y la formación de la cabeza de puente, la contraofensiva y la estabilización- y la batalla de Guadalajara en la rotura del frente y explotación y la contraofensiva.

    Una amplia documentación, una seleccionada bibliografía y una puntual cronología coronan de perfección esta extraordinaria monografía que viene a seguirla ya publicada -y comentada en FUERZA NUEVA-, “La marcha sobre Madrid”, editada por el Servicio Histórico Militar.Una serie de fotografías prestan un incalculable valor gráfico al ya reconocido valor histórico y técnico del libro, que alcanza un tono indudablemente monumental y definitivo.

    Última edición por ALACRAN; 20/02/2024 a las 13:02
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #24
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    Re: Bibliografía patriótica de postguerra


    Tema relacionado con: 100 libros básicos sobre la guerra de España, de Ricardo de la Cierva


    Revista FUERZA NUEVA, nº 115, 22-3-1969

    MÁS LUZ SOBRE LA GUERRA DE ESPAÑA

    Ricardo de la Cierva, un historiador nato, construye la historia de “la primera guerra de la historia escrita por los vencidos”; 14.000 títulos, el catálogo más completo sobre la guerra y sus antecedentes aclaran muchas leyendas…

    (…) 1965: fecha decisiva para todos, comienza a hacerse la historia de la guerra española

    Para salir al paso de cuantas deformidades contaban los propios y los extraños, en 1965, el ministro de Información y Turismo, Fraga Iribarne, creyó absolutamente necesario crear en su Ministerio una sección con criterio netamente histórico que se dedicara a relatar la auténtica historia de aquellos terribles años. El departamento se creó y un historiador joven, valioso, de rancia estirpe española, Ricardo de la Cierva, se hizo cargo de él. Desde aquella fecha, él y un corto, pero eficiente equipo de colaboradores, compuesto por dos licenciados en Historia, dos colaboradores técnicos y dos administrativos, se han dedicado (1965-69) a sondear, a bucear, podría decirse mejor, en aquellos años.

    -Tomando como base los antecedentes históricos que llevaron a España a la guerra civil, hay que remontarse a los años anteriores a la Segunda República. Hay que a partir de un vacío histórico en la época anterior al año 36, ya que realmente no existe una historia sobre Alfonso XII que nos añada luz a los hechos que luego tendrían lugar y que necesariamente habrían de ser una consecuencia de aquéllos.

    - Y ¿cómo hay que empezar a “confeccionar” la historia de aquella época?

    - “Partiendo de la base de que para el historiador que escribe en 1969, la historia contemporánea es la del siglo XX, mucho más integrado para nosotros en el bloque “moderno” anterior que en nuestras vertiginosas décadas que se abrieron con la aviación y la ecuación energética. En historia contemporánea no puede haber excepciones: se edifica sobre fuentes primarias, que equivalen a testimonio -consciente o no- directo: observación, reflejo o consecuencia del propio hecho que se trata de historiar. En segundo lugar, de los testimonios orales, pues contra todo esquema teórico, Tucídides es el padre de la historia científica y a él se debe, sin duda, el mito de la superioridad del testimonio oral.

    En la Sección de Estudios de la Guerra de España -este es el nombre de departamento que se creó en el año 65 en el Ministerio de Información y Turismo- se están recogiendo centenares de testimonios orales sobre la historia española del siglo XX. Tienen algunos inconvenientes; por ejemplo, los testigos importantes tienden a exagerar su participación o por lo menos a hacernos su apología. Los ocasionales o secundarios suelen ser bastante dogmáticos, aunque involucran sus experiencias primarias con datos leídos o comunicados después de los hechos. Un campesino de la ribera izquierda del Jarama, que asistió al paso por el puente de San Martín de la Vega, insistía en llamar “La Marañosa” a la famosa “White House” de los internacionales, situada en pleno Pingarrón. Este error se ha visto reproducido en más de un relato secundario.

    En tercer lugar, en orden de importancia para hacer la historia, están los testimonios escritos: documentos oficiales. Hasta 1936 la publicación más importante para el historiador es el “Diario de las Cortes”. La segunda etapa arranca de julio del 36, el período de la guerra, cuyas convulsiones afectan también al, hasta entonces, plácido fluir de las publicaciones oficiales. Lo primero que sucede es la duplicación de éstas en las dos zonas, mejor aún, la multiplicación.

    Hay que añadir a los documentos escritos los documentos públicos y los privados, y, en lugar muy destacado, la prensa, documento susceptible de error, con el que cuenta el historiador, inherente a la noticia y a la información periodística”.

    La guerra española es, en gran parte, una batalla de propaganda

    Este erudito, este estudioso de la Historia que es Ricardo de la Cierva, trabajador infatigable, conocedor de todo cuanto se ha escrito sobre aquel periodo, habla ahora de las fuentes secundarias y terciarias: los libros, los folletos, la literatura, en fin, objeto de un importante volumen que acaba de publicarse bajo el título de “Bibliografía sobre la guerra de España y su antecedentes”, donde aparecen reseñados minuciosamente hasta 14.000 títulos que hablan, casi en su mayoría, errónea y de modo partidista de aquel periodo.

    - “Dice Carlos Robles Piquer, director general de Cultura Popular y Espectáculos (1969) que la nuestra ha sido la primera guerra de la historia que ha sido escrita por los vencidos…, y es cierto completamente. Hasta hace muy poco años los exiliados, los enemigos de España, se han dedicado a inundar el mercado con libros que no contienen una sola verdad histórica, o si alguna se vislumbra, está deformada y, desde luego, es política. Lo cierto es, que con todo ello, la guerra española ha tenido muy mala historia, porque no ha sido estudiada en sus documentos ni en el resto de sus fuentes primarias; es una guerra de folletos y libros. Es, por tanto, una guerra sobre la que se ha hablado mucho y se ha estudiado poco.

    -¿Hasta qué punto son importantes estas fuentes secundarias para la visión total de la historia?

    - Forman la opinión de ciertos sectores importantes. Son necesarias y engañosas, porque introducen ya elementos interpretativos más o menos inconscientes. Las monografías magistrales sobre las que pueda apoyarse nuestra historia contemporánea no abundan, por desgracia. Las obras de síntesis son, junto a las monografías, el campo más específico de los verdaderas fuentes secundarias. Existen (1969) conocidas síntesis, como la de Raymond Carr, traducida al castellano, abierta y magistral; la también reciente: “The Spanish Republic and the Civil War”, de Gabriel Jackson, demasiado breve a pesar de algunos acertados enfoques. Aun así, nuestro siglo XX sigue siendo una incógnita, a pesar de la historia de Joaquín Arrarás, de la de Salvador de Madariaga y la de Antonio Ramos Oliveira.

    -Y la literatura española contemporánea, ¿aporta algo al terreno histórico?

    - En la mayoría de los casos deforma o no añade nada, desde el punto de vista histórico, me refiero, salvo dos títulos: “Tres días de julio”, de Luis Romero, que es un auténtico documento histórico, y “Diccionario para un macuto”, de Rafael García Serrano, la mejor novela, sin duda, sobre la guerra de España.

    Ricardo de la Cierva se levanta, busca en su bien documentada biblioteca, repleta de volúmenes que hablan de la guerra y saca un pequeño folleto:

    - Como la guerra española es, en gran parte, una batalla de propaganda, se manifiesta sobre todo en una fuente terciaria típica: los folletos, de los que se entresacan importantes datos de ambos bandos.

    - Para usted, ¿cuál de estas fuentes históricas que ha señalado es la más importante?

    - Quizá la humana y esos incalculables documentos que algunos que vivieron e hicieron la guerra me han legado a la hora de morir, como el del general Hungría. A mí me gusta enfrentarme con los que fueron testigos de la guerra y que en una conversación de horas terminan diciéndole a uno, cuando empiezan asaltarles los recuerdos, la hora exacta de la toma de una posición o del comienzo de la Cruzada, que fue el atardecer de un domingo cuando las gentes volvían de paseo.

    Después de culminar el trabajo de tres años en la publicación de este importante volumen que es la “Bibliografía de la Guerra de España”, y que es, podríamos decir, la base para posteriores estudios, Ricardo de la Cierva, descendiente de españoles ilustres que le dieron a la Patria gloria y nombre, historiador nato, apasionado de los documentos y de las tradiciones que van haciendo la historia de los pueblos, prepara una “Historia de la Guerra Civil Española” en tres tomos, que será un compendio muy importante para los amantes de la verdad, y en torno a ella se han agrupados los historiadores de todo el mundo y, naturalmente, los españoles. De esta manera se confrontan datos, se evitan falsedades y “leyendas negras”, como la que se han ocupado en hacer hasta ahora nuestros enemigos.

    - Y así no habrá quien se atreva a escribir, como ha habido quien lo ha hecho, que en un solo día las tropas nacionales fusionar a doscientos mil hombres cuando la verdad histórica demuestra que aquellos fusilamientos, durante toda la Cruzada, no llegaron a doscientos.

    O aquellos actos heroicos que nadie conoce y que de los que está repleta la guerra. Personajes como el teniente Romanillos, que con cuarenta hombres defendió la posición de Villanueva de la Serena contra seis brigadas internacionales de las mejores, entre las que estaban la del Campesino y la 15… Hechos que erizan los cabellos cuando se leen detenidamente los partes de guerra

    Raquel Heredia

    Última edición por ALACRAN; 18/04/2024 a las 13:02
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Un soldado catalán”



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 115, 22-3-1969

    Un soldado catalán

    Uno de los mejores libros que se han escrito sobre nuestra guerra se debe a la pluma de un catalán ilustre, jovial y desenfadado, falangista antiguo y combatiente activo: José María Fontana. El libro, que alcanzó un éxito extra, acaso un tanto silenciado precisamente por la ficha del autor, se titula “Los catalanes en la guerra de España”, y lleno de notas de mi puño y letra y de un trabajo de años sobre él, ha desaparecido de mi biblioteca -en manos de algún amigo honestamente desmemoriado- y a la fuerza he de referirme a él sin exactitud, porque en su hueco no me queda más que la desvencijada sobrecubierta con las rocas montserratinas, mucho más eternas que el abate Escarré y sus sucesores.

    Habla Fontana en su libro de la aportación de su tierra y sus paisanos a la causa nacional con detalles tan emocionantes y lacónicos como el de aquel payés gerundense, creo, que al preguntarle los rojos por qué cinco de sus hijos se habían pasado a las filas del Ejército Nacional respondió: “Porque no tengo más”. Y recuerdo las hazañas del Tercio de Montserrat y de las centurias catalanas, enraizadas con el folklore de la guerra (…)

    Pues bien, ahora acabo de leer un libro curioso, ingenuo y magnífico, también sobre la guerra de España y escrito por otro catalán: “Al dejar el fusil. Memorias de un soldado raso en la guerra de España”. Llordés es un “pipi” campesino leridano, a quien la guerra sorprende haciendo la mili en Cazadores de Melilla, de modo y manera que el hombre se ve metido, sin comerlo ni beberlo, de hoz y coz en el Alzamiento. Llordés es un catalán típico, un arquetipo de español perfecto. Él no sabe de qué va. Pero obedece, sin que esa obediencia signifique la menor renuncia a juzgar cuanto ve y a dolerse, por ejemplo, del fusilamiento en Marruecos de un oficial, para sus soldados enérgico, simpático y bondadoso, pero que se situó frente a un hecho revolucionario infinitamente superior al clásico pronunciamiento. El error de considerar el Alzamiento así, fue una de las causas de las dolorosas e infinitas sorpresas que sufrieron los políticos rojos, tanto al iniciarse la guerra “a la africana” como posteriormente. Confundir una guerra de independencia con una cuartelada es cosa grave.

    Llordés que, en los años de la paz, fue trazando sus memorias, las ha publicado ahora (1969) con un inteligente prólogo de Carlos Seco Serrano y ha contribuido con su prosa ingenua, directa y fresca, que va desde la dedicatoria a sus mandos y camaradas hasta la última palabra, a trazar un cuadro perfecto de lo que fue el Ejército Nacional y su cada vez más amplia zona de retaguardia.

    Llordés cuenta sinceramente la desconfianza primeriza que en nuestras filas se notaba -un tanto palurdamente- hacia los catalanes, que donde de verdad combatieron hasta el heroísmo fue bajo la bandera que tiene su origen en las barras de Cataluña. “Si me quisiera pasar, ya me hubiera pasado”, viene a decirle a un oficial que en cierto momento le puso discreta vigilancia a consecuencia de haber saltado hacia el enemigo algún paisano suyo, más llevado por la nostalgia del terruño que por sentimientos políticos.

    Los catalanes nacionales pesaron en la guerra: los jóvenes y muchos viejos con su aportación de sangre en el combate. Otros, con su capacidad de ingenio y trabajo, desde la invención del “crédito facial” al montaje de industrias inexistentes en la ancha zona campesina que, en principio, fue la nacional. Tanto pesaron en la guerra, que hicieron posible aquel famoso chiste, según el cual los catalanes habrían dirigido un telegrama a Companys redactado en estos términos: “Ríndete, Burgos es nuestro”.

    Llordés terminó la guerra como sargento provisional, uno de aquellos excelentes mandos subalternos que fueron clave para la victoria, recordados ahora (1969) por Domingo Álvarez Aristu, en un libro titulado precisamente “Sargento provisional”.

    Quien quiera oler la guerra de verdad, el dolor, la alegría y la tranquilidad de la retaguardia nacional, rastrear el maravilloso clima de voluntad de vencer que siempre dominó en nuestra zona, habrá de pasar por las páginas de Llordés como quien se pasea por una tierra varia y unánime. Es un libro éste que yo me atrevería a recomendar a la gente joven con las palabras finales del autor, que deja como herencia sus páginas “a mis tres hijas, para que tengan recuerdo y visión de lo que fueron aquellos tres años de lucha entre soldados de un lado y otro, al final todos españoles”.

    Rafael GARCÍA SERRANO


    (“EL ALCÁZAR”)
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 12:56
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Bibliografía patriótica de postguerra

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    La batalla de Brunete (1937), por el comandante de Estado Mayor Rafael Casas de la Vega


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 118, 12-4-1969

    “BRUNETE”

    Un libro que relata una de las tres batallas más importantes de nuestra guerra de liberación, vista y estudiada desde los dos bandos

    Es, creo, la primera historia honrada, con elementos de juicio orales y escritos, que no resulta una caricatura”, afirma su autor: el comandante de Estado Mayor, Rafael Casas.

    Tenía Rafael Casas de la Vega diez años cuando comenzó la guerra española. Un “mocoso” al que le encantaban los soldados, las bombas, las granadas y la guerra. En Aranjuez, donde vivía con su familia, la cosa estaba muy fea. Por la cuesta de la Reina se “cargaban” a los hombres, y para los chiquillos aquello constituía un motivo más de entretenimiento.

    Rafael Casas de la Vega no vivió la guerra en la lucha porque sus años se lo impedían, pero sí vivió la guerra como humano, sí sufrió sus horrores y recibió su vaho de hambre, sí se quedó sin los cinco hombres que componían su familia más directa: padre, abuelo, anciano de setenta y tres años, tíos… y aquel recuerdo de la guerra, aquel amor por todo lo guerrero le marcaron su vocación: la militar, que abrazó (la milicia, en cierto modo, se abraza como a una novia), y a la cual ha dedicado su vida por entero, hasta llegar al momento presente (1969) en que acaba de ser ascendido a comandante de Caballería del Servicio de Estado Mayor.

    Al comandante Casas le gustaba también escribir y hasta hizo su ingreso en la Escuela Oficial de Periodismo. Dirige desde hace catorce años un periódico titulado “Empuje”, dirigido al soldado y al marinero. Ha escrito numerosos artículos sobre temas de su profesión y acaba de publicar (1969) un libro, “Brunete”, primero de una serie sobre relatos de las grandes batallas de la guerra de España, editado por Uriarte.

    -¿Qué es “Brunete”?

    -La historia y el relato exacto de esta batalla, una de las tres más importantes de nuestra guerra; con datos, fechas y documentos de ambos frentes. Es, creo, la primera historia honrada, parcial desde luego, porque esto no se puede evitar, pero en la que he tratado de buscar todos los elementos de juicio, tanto escritos como orales, para que saliera una auténtica historia, no una caricatura.

    -¿De dónde ha sacado sus datos?

    -Del Archivo de la Guerra de liberación; esto es, del Archivo Histórico Militar. Ya sabe usted que una de las grandes manías, llamémosla así, que tenemos los militares es esta de guardar todos los papeles…, que luego, a la larga, sirven. Otra fuente muy importante es la humana. He buscado personajes reales de la guerra que, a treinta y dos años de distancia de ella, cuentan la verdad; personajes de ambos lados, pues ya le digo que mi libro es una historia de la batalla y ésta fue librada por dos bandos: uno, nacional y otro, rojo.

    Insiste el comandante Casas en la denominación de “rojo”, que es como se llamaba a sí mismo en los partes de guerra, el Ejército que ahora, y para suavizar los términos, se ha dado en llamar “republicano”. Puntualizando, que es tarea de historiador…

    -¡Cómo surgió en usted la idea de escribir este libro?

    -A instancias de un editor, que quiere hacer la historia de la guerra de España contada a través de sus batallas más importantes: “Brunete”, “Teruel” y “El Ebro”.

    -¿Será usted el autor de estas dos segundas?

    -Ya las tengo en preparación. “Teruel” está prácticamente mediada. Ahora bien, es un trabajo ímprobo para el que se necesitan muchos datos y muchas horas de estudio.

    En pequeñas carpetas se halla guardado el “tesoro” documental, los partes y mapas de guerra de nacionales y rojos. Los relatos del comandante Casas no tienen nada de imaginario, aunque sí mucho de literario, con una exposición original de los hechos. Cada capítulo lleva un índice de datos documentales, unos horarios, unos motivos, para luego comenzar con el relato en sí, que tiene un muy buen estilo narrativo y literario. Sin querer hacer comparaciones, es un estilo narrativo parecido al que usa Ryan en su novela “El día más largo”.

    -¿Qué significó Brunete en la guerra de España, desde el punto de vista militar?

    -Fue la primera gran batalla. Hasta julio del 37 no había un ejército republicano realmente organizado y gracias a ello el Ejército nacional podía ir mejorando su situación hasta que al llegar a Brunete, Vicente Rojo lanza contra los nuestros un verdadero ejército superior en número, desde luego, al nuestro. Hay que darse cuenta que en esta batalla, la más importante, como he dicho, de nuestra guerra, hubo cuatro fases que yo trato de poner de relieve en mi libro, con un prólogo que sirve de ambientación y comprensión a los veinte días que duró y a la actuación de los 90.000 hombres que en ella intervinieron, de los cuales 40.000 resultaron bajas, heridos o desaparecidos.

    -¿A quién ha dedicado su libro?

    Me enseña la dedicatoria, emotiva y recia, que explica muchas cosas: “A mi padre Isaac Casas Jiménez, sargento de Caballería, retirado, que fue preso, en la mañana del día 2 de octubre de 1936, por elementos del Frente Popular, en Aranjuez, Madrid, y muerto a tiros, aquella misma noche, a las puertas del cementerio de dicho pueblo por haberse negado a vestir el uniforme militar al servicio de la República una vez sublevado contra el Gobierno, sus compañeros”.

    La charla del comandante Casas es tan amena e interesante, tan salpicada de anécdotas y curiosidades de su profesión, que llevamos conversando más de una hora y apenas nos hemos dado cuenta.Es un militar que ama su profesión ante todo. Escribe porque le gusta, como un “hobby”, pero siempre refiriéndose a la guerra, lo que no quiere decir que se ame la guerra; precisamente el militar tiene como misión conservar la paz. Siente, por otro lado, una verdadera vocación, esa llamada irresistible, que le ha llevado a dedicar su vida al Ejército y al esclarecimiento de hechos importantes de una guerra de la que a los treinta y dos años de su comienzo, los vencedores empiezan a escribir sobre ella para contar la verdad.

    -Por último, usted como entendido en la materia, ¿podría explicar qué es lo que mueve a los hombres a las grandes heroicidades que usted relata en su libro?

    -Indudablemente, sus valores espirituales.

    Raquel Heredia



    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 13:00
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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