Hace tiempo que llevo pensando que el Romanticismo, al menos lo peor de él, todavía sigue agitándose entre nosotros. He pensado que no estaría mal echar un vistazo a los errores del romanticismo que han propiciado todo un linaje de errores que hemos heredado.
Los rasgos del romanticismo:
1. Egocentrismo: Este egocentrismo en gran parte remite al filósofo Fichte: el Yo es la única realidad existente, pues "no hay más objetos que aquellos de los cuales tienes conciencia. Tú mismo eres tu propio objeto". Por tanto sólo el Yo es real, es el Absoluto, y la poesía permite hacer sensible y comunicativa esta experiencia en tanto que es representación del alma y representación del mundo interior en su totalidad. El poeta es alma y Universo. El romántico vive enamorado de sí mismo y todo lo que "ama" fuera es reflejo y proyección de sí mismo. Es un ser infeliz y desgraciado por su intrínseca incapacidad de abrirse a los demás.
2. La Libertad: El reino de la libertad absoluta es el ideal romántico, el principio de toda ética romántica: libertad formal en el arte, entendida como necesidad del individuo para explorarse y explorar el mundo exterior, y para lograr la comunicación del Uno con el Todo, en una marcha progresiva hacia la infinitud, sin plegarse a las reglas que marca la tradición. El romántico se concibe como un ser libre que busca la verdad. No puede aceptar leyes ni sumisión a ninguna autoridad. Muchos románticos heredaron la crisis de la conciencia europea que la Ilustración provocó al cuestionar, en nombre de la razón, los dogmas religiosos. De la crítica de estos dogmas religiosos se pasó a cuestionar -criticar- toda autoridad, no sólo la religiosa, sino también la artística, la política...
3. El amor y la muerte: El romántico asocia amor y muerte, como ocurre -en la ficción literaria- con el Werther de Goethe, o como acontece -en la historia real- a Heinrich von Kleist que termina levantándose la tapa de los sesos. El amor atrae al romántico como vía de conocimiento, como sentimiento puro, fe en la vida y cima del arte y la belleza. Pero el amor acrecienta su sed de infinito. En el objeto del amor proyecta una dimensión más de esta fusión del Uno y el Todo, que es su principal objetivo. Pero no alcanzará la armonía en el amor; pues la realidad no cumple ni satisface las expectativas egocéntricas del romántico. El romántico ama el amor por el amor mismo, y éste le precipita a la muerte y se la hace desear, descubriendo en ella un principio de vida.
En el amor romántico hay esterilidad y una peligrosa aceptación de la autodestrucción. En el amor se encarna toda la rebeldía romántica: "Todas las pasiones terminan en tragedia, todo lo que es limitado termina muriendo, toda poesía tiene algo de trágico" (Novalis). El amor romántico, como casi todo lo romántico, es una enfermedad. Cuando Goethe adjura del romanticismo dice: "Se me ha ocurrido una frase que me parece bastante expresiva: llamar sano a lo clásico y enfermo a lo romántico".
4. La religión de los románticos: Las posturas románticas acerca de la religión son variadas. No obstante, en general la creencia no la fundan los románticos en ninguna norma establecida, en ninguna moral instituida, sino en un sentimiento interior y en una intuición esencial de lo divino que conduce a una unión mística con Dios (así el teólogo protestante romántico Schleiermacher).
Lo que hay de esencialmente nuevo en la religión de los románticos, sobre todo en Alemania, es este sentimiento interior. Pero, ¿puede reducirse la religión a un sentimiento? Hegel, pese a todos sus errores, llegaría a decir que si la religión era ese "sentimiento de dependencia" que postulaba Schleiermacher... "El perro sería el mejor de los cristianos".
Por otra parte, el intercambio o comunicación entre el individuo y el universo denota una vida superior, y la primera condición de la vida moral. La conciencia de pertenecer a un todo, de formar parte de él desde la propia individualidad, conlleva una responsabilidad moral. Pero muchos románticos que entendieron que el mundo era un organismo vivo dotado de Alma (Ánima mundi, el Alma del Mundo), disolvieron la religión en la magia. Todo lo contrario a la religión: pues si en la religión el individuo somete su voluntad a la voluntad de Dios, en la magia lo que se pretende es someter las fuerzas de la naturaleza a la voluntad del individuo.
Para todos los románticos no existe Dios fuera del mundo y del hombre, y los románticos actuarán motivados por el entusiasmo y el amor ("sintiéndose lleno de Dios", F. Schlegel), pretendiéndose una comunicación directa entre el hombre y la Naturaleza, el hombre y Dios, el Uno y el Todo. Pero, ¿es "eso" Dios o un Dios a la medida del hombre?
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