EL REY QUE VETÓ EL ABORTO
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Hubiera sido una hermosa historia. Incluso una historia de amor entre un Rey y su pueblo. Un compromiso entre la monarquía y la vida, pero no fue así. (Por cierto acabo de leer una noticia donde se manifiesta que entre las mujeres que abortan, la incidencia de suicidio es tres veces mayor. Pequeños detalles que no importan a casi nadie dentro de los autollamados “progresistas”). Dejemos los sueños y los idealismos, que todavía es de día, y volvamos a la cruda realidad, con sus luces y sombras.
Liechtenstein es un pequeño país centroeuropeo. Muchos tendrían problemas para señalarlo en el mapa, pero existe y es uno de los que tienen más alto nivel de vida y una más larga historia de tradiciones y libertades. Hasta ahora el aborto ha estado duramente penado en Liechtenstein, aunque sus ciudadanas lo hayan realizado fuera del país, pueden ingresar en prisión durante un año (en realidad la pena no me parece dura; es más duro lo que ocurrirá en la mente y el espíritu de esas mujeres). Pues bien su Rey “de facto” el sucesor que ha asumido la función de sancionar las leyes, es el príncipe Alois.
El día 18 de Septiembre se celebrará un plebiscito sobre la aprobación de una ley abortista. El príncipe Alois, católico con 43 años de edad, ya ha advertido que si el resultado es favorable, él no piensa sancionar, con su firma, la referida ley . Esta decisión está muy relacionada con el efecto que podría tener sobre los disminuidos psíquicos, al amparar la eugenesia, permitiendo el asesinato de los no nacidos con riesgo de malformaciones . Y es que hay veces en las que el tratamiento protocolario de Señor y Majestad, no es una imposición formal, sino que sale de nuestros labios con afecto y naturalidad.
El 29 de Marzo de 1990 siempre será recordado por todos los católicos, por todos los amantes de la vida y por todas las personas sensatas y responsables, como el día en el que el Rey Balduino de Bélgica, profirió dejar de ser Rey, antes de actuar en contra de su conciencia, por negarse a sancionar una ley que permitía despenalizar parcialmente el aborto. Fue necesario reunir a las dos cámaras legislativas y establecer una regencia pues el Rey se negó a cometer un acto innoble. Después de unas horas recuperó su trono. En realidad no fue gran cosa, pues la ley siguió adelante, pero fue un gesto noble que le evitó manchar sus manos de sangre y, por lo menos, ahí queda un ejemplo de hombre libre, que no vende su conciencia ni por un reino.
El ejemplo a seguir, de cómo ha de actuar un Rey digno de tal cargo. En España no sucedieron así las cosas:
El 5 DE JULIO DE 1985 y sin que le temblara el pulso, Juan Carlos de Borbón firmaba la sangrienta Ley de “despenalización del aborto” que hoy desea imponer a la sociedad nuevamente el PP y que ha permitido asesinar legalmente a más de 1.000.000 de niños no natos en España.
E pasado día tres de Marzo del 2010 el “rey” Juan Carlos firmó y sancionó impunemente la nueva ley abortista de ZP, que disfrazada bajo el mezquino nombre de “salud sexual y reproductiva” o algo semejante, resulta aun más permisiva que la primera. Para nada le importó al Borbón el rechazo social mayoritario de la población, ni las más de sesenta mil firmas recogidas en la plataforma “majestad no firme”… Un paso más en la pérdida de vidas y en la degradación moral de Las Españas .
¿Y qué dice la Iglesia Católica de toda esta situación? Como no soy un especialista en Derecho Canónico ni en teología, me limito a resumir lo que he leído al respecto. Pues la realización del aborto puede llevar a la excomunión o, por lo menos, a ser apartado de los Santos Sacramentos:
-El Código de Derecho Canónico dice al respecto en el nº 1398: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en “excomunión latae sententiae”. Es decir, que se está excomulgado sin necesidad de un proceso previo o de declaración expresa. En otras palabras, la persona queda expulsada de la Iglesia, no pudiendo acercarse ni a la confesión. En este apartado incurrirían todos los que participan activamente en la realización del aborto.
-Los políticos, como senadores y diputados, cuya firma y voto ha sido imprescindible para la aprobación de la ley (que a su vez posibilita el aborto) incurrirían en el artículo 915 según el cual “no deben ser admitidos a la sagrada comunión los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”. Aunque no están excomulgados se les exige que se retracten públicamente y acudan a la confesión.
-¿Y en qué situación queda un “rey” que ha sancionado una ley del aborto?
Monseñor Martínez Camino afirmaba en su día que “el caso del Rey es único, distinto del político que da su voto, pudiendo no darlo”.
Las anteriores consideraciones sobre derecho canónico y las manifestaciones de Monseñor Martínez Camino están publicadas. Evidentemente, comparar a Juan Carlos con el Príncipe Alois de Liectestein o con Balduino de Bélgica, es como comparar la virtud con el pecado, pero que cada uno saque sus conclusiones.
A los españoles nos gusta llamarle “al pan pan y al vino vino”. Como personas llanas, conocedoras de que muchos de nosotros tenemos arraigado el viejo, en realidad siempre nuevo, espíritu del carlismo, poco amigos de leer la letra pequeña y con el ideal de D. Gonzalo de Berceo cuando comenzaba a escribir “en román palatino como fablan los vecinos” , el pueblo sensato(probablemente la mayoría del pueblo) aborrece de los “dobles raseros”, de los atajos legales y del famoso dicho de “donde dije digo, digo diego”. Gustamos más bien de esa iglesia humilde que dice las cosas claras “aunque salga el sol por Antequera” y sin doblegarse ante el poder, con la seguridad de que “más vale ponerse una vez rojo, que ciento amarillo”.
Enhorabuena Señor Príncipe Alois por vuestra valentía, creencias y sentido del honor.
Grupo de Estudios Asociación Cruz de San Andrés
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