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Tema: Ha muerto Pepe Romero

  1. #1
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    Ha muerto Pepe Romero

    Ha muerto Pepe Romero



    La madrugada del 10 de noviembre de 2014, tras varios meses de una grave enfermedad, don José Romero Ferrer, santo y seña del carlismo valenciano, ha pasado de este mundo al Padre.

    La Junta Regional carlista y la junta del círculo cultural Aparisi y Guijarro han manifestado públicamente su pésame por esta dolorosa pérdida, tanto a su hijo y querido correligionario Pepe Romero Moros, como a la junta del círculo católico hermano san Miguel de Líria, del cual fue secretario durante varias décadas, hasta que su estado de salud se lo impidió, y ha rogado oraciones por el eterno descanso de su alma.


    Sus restos se han podido velar en el tanatorio de Líria desde las 10 de la mañana, y a partir de las 16:00 horas se ha celebrado la Santa Misa funeral de cuerpo presente en sufragio de su alma, a la que ha acudido mucha gente del pueblo, donde era muy conocido y querido, así como muchos carlistas que han deseado rendir un último homenaje al bravo y leal luchador de la Tradición, abarrotando la parroquia de la Asunción edetana. Como era su deseo, su féretro estaba cubierto por la bandera de España del tercio de requetés y una sencilla boina roja. Seguidamente, su cuerpo ha sido trasladado al cementerio de Líria donde ha recibido cristiana sepultura en espera de la Resurrección definitiva.




    Pepe Romero (que trabajó como secretario de juzgado durante toda su vida) fue secretario de la junta regional carlista entre las décadas de 1980 a 2000 y presidente de la junta provincial carlista de Valencia durante varios años. Hombre de recios principios y fuerte carácter, que escondía su bonhomía y su ferviente devoción por la Santísima Virgen María, fue- como ha señalado el páter en la homilía de su sepelio- un hombre verdaderamente libre, pues nunca renunció a sus valores e ideales por congraciarse con el mundo, y siempre tuvo la puerta abierta para cualquiera que le necesitara, sin mirar sus ideas o siglas. Amante de la historia, suyo es el mérito del escrupulosamente actualizado Archivo carlista del Reino de Valencia, con sede en el círculo edetano. Trabajador infatigable, se puede decir que llevó sobre sus hombros, casi literalmente, al círculo san Miguel (del cual fue figura señera y casi representativa, y al que amó toda su vida) y a la junta provincial durante muchos años. El Señor le acoja en su Gloria.

    Adjuntamos el obituario escrito por don José Miguel Orts Timoner, que fuera presidente de la Junta Regional durante muchos años en los que compartió fatigas por el carlismo junto a Pepe Romero, y amigo personal.

    Querido Pepe Romero:

    Tu vida se nos ha escurrido de las manos y nos has dejado solos. Tú eras un elemento más de la estructura de nuestra casa común. Sabíamos que tú siempre estarías donde se esperaba que te hallaras. Que en ti encontraríamos todas las veces necesarias el consejo oportuno, aunque, a veces subido de tono. Que tu generosidad solucionaría el problema inesperado. Que tú tendrías archivado el documento perdido y que urgía para el informe. Que tu modo de actuar ante cualquier eventualidad sería el que habría que imitar.

    En fin, Pepe, tú sabías perfectamente la responsabilidad que habías asumido siendo el referente de tanta gente, carlista y de otras ideas, lirianos y de otras tierras, ricos y pobres, dirigentes y dirigidos.

    Y ese papel lo has sabido hacer a la perfección porque tú, a tu vez, a lo largo de tu vida has tenido grandes maestros a los que has admirado y amado. Y has sabido aprovechar de las personas que Dios ha cruzado en tu camino las facetas que considerabas ejemplares. A veces, personajes ilustres y famosos, otras, gentes que pasan silenciosamente por tu lado.

    Tú llenaste las paredes del salón-museo del Círculo Carlista de Liria con un montón de fotos de tus amigos y de los amigos de tus amigos, de tus modelos de vida y los modelos de tus modelos.

    Porque, querido Pepe, tú te has sentido siempre inserto en ese racimo de comunicación mutua que la Iglesia llama “Comunión de los Santos”. Y has entendido que la Causa Carlista ha asumido analógicamente el nombre de Comunión, que a ti tanto te gustaba.

    En la Comunión Tradicionalista valenciana tú lo has sido casi todo. Has desempeñado la mayoría de los papeles y has tocado todos los instrumentos posibles.

    Tú has hecho posible, con muchos otros de los fotografiados en las paredes de ese relicario, el Círculo San Miguel, como lo hiciste con el Aparisi y Guijarro.

    Tú diste impulso para caminar a las Juntas Carlistas de Valencia. Tú les diste disciplina para obedecer y tú supiste cuándo había que decir basta. Has sabido ser leal hasta donde la lealtad era posible. Nunca te has convertido en cómplice de lo que entendías como desviación.

    En los momentos amargos de la ruptura, Pepe Romero no ha convertido jamás un disentimiento en odio. Nunca ha pagado la traición con rencor.

    Tú has entendido, Pepe, con una sensibilidad especial el lazo de unión con la Dinastía. Por el Rey habrías muerto y habrías matado- Pero siempre que sus mandatos reflejaran los del único Soberano que no yerra.

    Los que venimos tras de tiu hemos crecido a tu sombra y nos hemos sentido arropados y queridos por ti, aun en las frecuentes horas de discrepancias y discordias.
    Por eso, si es de justicia que los buenos alcancen premio, al final de la carrera por la vida, todos tus compañeros de armas políticos pensamos que tú eras el perfecto candidato a ingresar en la Orden de la Legitimidad Proscripta que el Rey Don Jaime III creó el 16 de abril de 1923.

    Pero estamos en tiempos de orfandad dinástica. Esa orfandad ha sido una de las cruces de tu vida política.
    Por eso, unos días antes del acto del Monasterio de Santa María de El Puig, en que don Carlos Javier, recién tomado su relevo dinástico, iba a condecorar a doña Trinidad Ferrando Sales y a otras personas, tuve un breve encuentro con una de las personas del entorno del llamado a ser el Rey. Y le pregunté por el procedimiento para solicitar para ti la Cruz de la Legitimidad Proscripta.

    Torció el gesto mi admirado amigo, que no correligionario, para advertirme que esas condecoraciones requerían lealtad dinástica. Y a ti te faltaba.
    Se refería, obviamente, al hecho de que en 1973 tú te hallabas entre los que optaron por el honor y se alinearon tras Pascual Agramunt frente a “los clarificadores del Carlismo” encabezados por Don Carlos Hugo y Doña Maria Teresa. Los otros servicios a la Dinastía quedaban anulados.

    No sé cómo somaticé mis emociones contrariadas, que el influyente colaborador me sugirió que no acudiera al acto al que terminaba de invitarme, si ello me había de procurar disgusto.

    Hoy, amigo Pepe, ante tu cadáver estoy por darle la razón a mi antiguo amigo, en cuanto a las razones que esgrimía para vetarte como posible integrante de la Real Orden de la Legitimidad Proscripta.
    A la vista de las circunstancias que concurren en determinados condecorados y no se dan, afortunadamente, en ti, colijo que tal “lealtad dinástica” va vinculada al singular concepto de la legitimidad y de la proscripción que denotan los hechos y dichos de los que se irrogan la potestad de premiar políticamente.

    Toda tu vida has demostrado cómo valoras la legitimidad y cómo vives la lealtad. Y cómo, al decir de Álvaro D´Ors, tu lucha política ha sido la del leal que busca convertir en legal la legitimidad, en lugar de proscribirla o asimilarla.

    Muchas gracias, Pepe, por lo que nos has amado y nos has enseñado.
    Ayúdanos a ser dignos de seguir tu ejemplo”.

    José Miguel Orts. Valencia, 10 de noviembre de 2014.



    Para terminar esta triste y esperanzada crónica, adjuntamos un artículo escrito por don José Romero, el entrañable Pepe Romero, para el número 9 de la revista “Aparisi y Guijarro”, en unos años difíciles para el carlismo. En él se resume su sentir más hondo y sincero, como hombre de bien y como carlista.
    Quiera Dios, siempre misericordioso, hacer brillar sobre él la luz perpetua.



    Lealtad
    por José Romero Ferrer

    “…Nadie más combatido, nadie más calumniado. Nadie blanco de mayores injusticias que los carlistas y yo. Para que ninguna contradicción nos faltase; hasta hemos visto con frecuencia, resolverse contra nosotros, a aquellos que tenían interés en ayudarnos y deber de defendernos”

    Carlos VII (Testamento Político)

    Signo distintivo esencial del pueblo monárquico carlista, es la extremada lealtad a sus convicciones, a sus principios y a su Rey. Lealtad sentida, auténtica, del que ni espera recompensa, ni pide premio. Lealtad a unos principios, sí, pero sobretodo a una Dinastía que los encarna. Dinastía que a través de las diferentes épocas se personaliza y concreta con las características humanas que aporta el Rey. Pero no fue solamente el pueblo exclusivamente su lealtad a la vida, siempre efímera, de la persona, sino que sabe convertirla en trayectoria, continuada, a lo largo de una sucesión ininterrumpida de la Corona. Una Dinastía, a la que, por legítima, el pueblo se siente entrañablemente unido, considerándola algo propio.

    Si la lealtad nace de la convicción, de una identificación doctrinal entre el rey y el pueblo, ejerce a la vez una función integradora, en cuanto que el Rey viene a ser poseedor indiscutible de la Autoridad máxima. De este modo, por encima de criterios personales –siempre legítimos, por otra parte, cuando los anima la buena fe- existe como punto básico de referencia la persona del Rey, y como módulos orientadores de una política práctica, las órdenes de Él emanadas, conforme a la sana doctrina.

    No se puede, por tanto, identificar al Carlismo actuante, con la personal y particular forma de ver y entender las cosas cada carlista. Aceptar este supuesto significaría en definitiva dar entrada a un principio disgregador, negativo, absurdo. Solo el rey, con cuya personalidad alcanzan plena razón de ser unos principios doctrinales monárquicos propios –compartidos absolutamente por su pueblo- es quien puede y debe señalar caminos, abrir rutas, determinar metas.

    Cuando entran en colisión estas convicciones íntimas, con particulares intereses o personales ambiciones, saliendo triunfantes cualquiera de estos, asistimos unas veces a la defección de la persona y aun, en otras ocasiones, al nacimiento de una escisión. Estas, y no otras, fueron causas primarias de las escisiones integristas y mellistas, y de alguna otra escisión de menor importancia en la historia del Carlismo. Es necesario entonces, justificar tal actitud, y se recurre a todo procedimiento lícito o no, para componer la propia figura. Así, vemos, como unos se escudan tras el ataque calumnioso al Rey que ellos reconocieron en su día y “aclamaron como legítimo”; o la presunta necesidad de “salvar unos principios” colocándose para ello siquiera sea, en las manos de tal o cual…; o en la pretendida defensa de una no menos pretendida ortodoxia doctrinal, que se refugia para triunfar –dicen- ora en el reconocimiento de una dinastía no-carlista, ora al abrigo de cierto organismo creado –se dice también- con tal finalidad.

    Claro que nadie se llama a engaño. El interés que se demuestra en tales circunstancias por conservar sobre sí, el dictado de “carlistas” es harto significativo. Pero –repetimos-, no engañan a nadie. A poco de observar con detenimiento la actuación de estos hombres, saltan a la vista los motivos verdaderos que los han llevado a la claudicación de la lealtad debida a sus convicciones, a sus principios y a su Rey. Porque sin pretenderlo quizá, sin siquiera sospecharlo, la deslealtad a su Rey legítimo, lleva inherentes aquellas otras deslealtades. Y en el fondo, el problema de esta actitud, se reduce las más de las veces, a ambición, a concupiscencia, a soberbia.

    La historia carlista ha demostrado hasta la saciedad, cual es el final, el destino, a que se ven constreñidas estas personas o grupos. Para unos –los mejores-, la vuelta al buen camino, reconocidos sus errores y arrepentidos de sus actuaciones. Para otros-definitivamente desleales a sus convicciones, a sus principios, a su Rey- , la amargura y el fracaso, cuando no el duro castigo por mano de los LEALES. Mientras tanto, el carlismo, siempre vivo, siempre actual, siempre en el recto camino con su Rey legítimo al frente, va laborando con fe en la victoria, con la confianza puesta en Dios.”




    Ha muerto Pepe Romero
    Valmadian dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: Ha muerto Pepe Romero




    En el domicilio familiar de Liria, falleció la pasada madrugada el antiguo carlista don José Romero Ferrer, presidente que fue del Círculo Cultural Católico San Miguel.

    A las cuatro de la tarde de hoy lunes se celebró un funeral en la Parroquia de la Asunción de Liria.

    Requiescat in pace. — en Liria.

    Agencia FARO

  3. #3
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    Re: Ha muerto Pepe Romero

    Ante Dios nunca fuiste héroe anónimo, hoy el Cielo tiene una nueva boina roja.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  4. #4
    Avatar de Ennego Ximenis
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    Re: Ha muerto Pepe Romero

    Ante Dios nunca fuiste héroe anónimo, hoy el Cielo tiene una nueva boina roja.
    Libra zagun, mutillak, España lepratik,
    harturik hontarako fusillak bertatik;
    ekarriko dizkigu pakiak gerratik,
    poztutzen dala oso mundua gugatik.

    Españan española da Don Karlosena,
    ekarri zagun hura ahal degun lehenena;
    konfiantza jar zagun oso harentxena,
    berak emango digu gustorik onena

    POR DIOS Y POR ESPAÑA VICTORIOSOS DE TODOS SUS ENEMIGOS, SIN PACTOS NI MEDIACIONES.

    .“Miguel, Miguel, Miguel guria,
    Zaizu, zaizu Euskalerria”.

  5. #5
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    Re: Ha muerto Pepe Romero

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Ante Dios nunca fuiste héroe anónimo, hoy el Cielo tiene una nueva boina roja.

  6. #6
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Ha muerto Pepe Romero

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    (Fuente: Reino de Valencia, Febrero 1996, páginas 1 – 2)



    La manifestación de hace medio siglo


    El 3 de diciembre de 1945, se celebró en Valencia la primera manifestación pública contra diversos aspectos del régimen del general Franco; fue organizada por la Comunión Tradicionalista, siguiendo las instrucciones del jefe delegado, D. Manuel Fal-Conde. El 3 de diciembre de 1995, al cumplirse los cincuenta años del hecho, el Círculo Aparisi y Guijarro se creyó obligado a recordar el acontecimiento principalmente para demostrar a los que presumen de “demócratas de toda la vida” y de “luchadores antifranquistas”, que el carlismo, sin pasar factura, estuvo presente contra las facetas dictatoriales del anterior régimen. A tal efecto, se remitió al periódico “Las Provincias” diversas notas sobre la manifestación; pese a la buena voluntad del redactor, Ramón Lizondo, el artículo apareció con errores que desvirtuaban el sentido del acto. Nuestro amigo y correligionario, José Romero Ferrer –verdadero archivero de nuestra causa– envió un largo artículo al periódico, detallando minuciosamente los hechos; artículo que objetivamente sintetizó “Las Provincias”.




    Aclaraciones y matizaciones sobre un escrito

    por José Romero Ferrer



    En el periódico Las Provincias del 2 de diciembre de 1995, bajo el epígrafe de “hace cincuenta años hubo una manifestación contra el régimen”, y firmado por Don Ramón Lizondo, se comenta un hecho que tuvo lugar en Valencia, el día 3 de diciembre de 1945 y no el dos como en el epígrafe se dice, y agradeciendo de antemano al Sr. D. Ramón Lizondo la publicación de dicho trabajo, con todo el respeto y consideración que le debo en sí, me permito matizar lo siguiente:

    PRIMERO.– La Comunión Tradicionalista, entidad ilegal después de la publicación en la Zona Nacional del Decreto de 19 de Abril de 1937, programó una serie de actos para el día 3 de diciembre de 1945, a saber uno en Pamplona y otro en Valencia.

    El desarrollo de los actos que tuvieron lugar en Pamplona el expresado día están debidamente documentados en el tomo siete del año 1945, Apuntes y documentos para la historia del Tradicionalismo Español de Manuel de Santa Cruz, y asimismo en el expresado libro y con referencia a Valencia aparecen los actos celebrados en dicha capital el repetido día 3 de diciembre de 1945.

    SEGUNDO.– El acto que tuvo lugar en Valencia, comenzó con una misa en la Catedral de la capital, donde se concentraron, podemos decir a groso modo unos 1.500 asistentes; la mayoría de los cuales, entre ellos el que suscribe, no sabíamos más que íbamos a la celebración de una misa con motivo de la onomástica de Su Alteza Real D. Javier de Borbón Parma, abanderado de la Comunión Tradicionalista, y para celebrar su liberación del campo de concentración de Dachau en Alemania.

    TERCERO.– La asistencia de los carlistas fue numerosísima; la Catedral estaba totalmente abarrotada; la homilía pronunciada por el celebrante, no el oficiante, desde el púlpito, como entonces se acostumbraba, fue sobre la celebración de la festividad de San Francisco Javier y de su espíritu misionero.

    Finalizado el Santo Sacrificio los asistentes salieron al exterior del templo en su mayor parte por la puerta que daba a la entonces plaza de Zaragoza; muchos de ellos nos colocábamos la boina roja al salir del templo; a las puertas de la Catedral se habían colocado unos tenderetes que contenían propaganda carlista considerada por el Régimen clandestina; unos policías de la “secreta”, al parecer quisieron quitar de los tenderetes la propaganda, lo cual les fue impedido por los carlistas; la multitud, calculamos que eran entre 2.000 y 2.500 personas, irrumpió con gritos de ¡VIVA ESPAÑA!, ¡VIVAN LOS FUEROS!, ¡VIVA EL REY!, desde la plaza de Zaragoza en dirección a la calle de la Paz. Entonces empezaron a oírse los disparos que al aire hacían los policías de la “secreta”. No obstante la afluencia de carlistas era tan grande que los arrolló; en la plaza de Zaragoza habían dos filas de Policías Armados al mando de un capitán que pretendía contener a la multitud que salía desde la Catedral; la Policía Armada, después de varias colisiones entre los asistentes y las fuerzas de seguridad, fue arrollada; desde de la confluencia de la Catedral y sus calles adyacentes salieron unos grupos de jóvenes carlistas con pancartas alusivas al acto que estaba celebrándose y con banderas nacionales (rojas y gualdas), y toda la inmensa muchedumbre continuó adelante dando gritos alusivos a los ideales carlistas, adentrándose en la calle de la Paz; la gente que contemplaba el discurrir de la manifestación carlista aplaudía tanto desde las aceras como desde los balcones de los edificios. Antes de llegar a la finalización de la calle de la Paz, con gran estrépito de sirenas llegaron varios coches descubiertos de la Policía Armada, cuyas dotaciones bajando a tierra cargaron contra la cabeza de la manifestación produciéndose graves incidentes y resultando herido entre otros el que entonces era Jefe de la Policía Municipal de Gandía, carlista toda su vida; al ver la fuerza pública que no podía contener a la manifestación empezó a disparar al aire, momento en el que se presentó vestido con un traje azul y sombrero de la época, el Excmo. Sr. Capitán de la Tercera Región Militar, D. José Monasterio Ituarte, que fue aclamado por los carlistas e increpó al jefe de la Policía Armada con estas palabras: “Capitán; son patriotas y españoles, menos tiros y más comprensión”.

    Parte de los manifestantes se dirigieron desde la calle de la Paz a la calle del Mar y confluyeron delante de la Capitanía General; y frente a la Capitanía General y, concretamente, al lado del actual edificio de la Caja de Ahorros, acto seguido por los asistentes se entonó el ORIAMENDI y se disolvieron pacíficamente.

    No hubo en ningún momento de la manifestación presencia de grupos “falangistas”; sí que se presentaron después de finalizada la manifestación y, concretamente, delante del entonces establecimiento El Siglo, increpando a los pocos que quedaban de los asistentes a dicha manifestación. Hubo conatos de agresión mutua, pero que se solucionaron sin ningún problema.

    Al día siguiente, la policía procedió a la detención entre otros de D. José María Barber Adam, Jefe Regional “clandestino” del Carlismo Valenciano, a la de D. Fernando Rojas Dasí, Marqués de Algorfa y de D. José María Melis Saera, a los cuales se les impuso la multa de 50.000 pesetas. Asimismo fue detenido después de la manifestación el carlista de Puebla de Vallbona, D. Silvino Rausell, que estuvo ingresado en la cárcel Modelo 3 días y posteriormente puesto en libertad sin cargo alguno.

    Estos son en síntesis los hechos ocurridos el día 3 de diciembre de 1945, y de los cuales el que suscribe fue testigo presencial; concretamente de Liria y de Puebla de Vallbona, asistieron a la manifestación prácticamente un centenar de Carlistas, en su mayoría jóvenes de ambos sexos y, asimismo, de todas las poblaciones de Valencia, en las cuales existía una somera organización o núcleos carlistas, y especialmente de Algemesí, Gandía, Sueca y Torrente. Toda la comarca del Puig y una nutrida representación de Carlistas de Castellón de la Plana y al frente de los mismos su lealísimo y su jefe nato, D. Carlos Vilar de Villareal de los Infantes, pudiendo decir que no hubo ninguna población de Valencia, Castellón y Alicante que dejara de estar presente en el acto que comentamos. La manifestación o manifestaciones que aquel día tuvieron lugar en España, no fueron autorizadas por el Gobierno y menos por el Jefe del Estado, como erróneamente y con buena intención dice el Sr. Lizondo; pero sí fue la primera manifestación que tuvo lugar en Valencia para recabar Libertad Pública, Sindical y Social. En la manifestación de Pamplona, que fue totalmente prohibida y, concretamente, no se permitió la entrada en la capital a los carlistas, por la tarde hubieron incidentes que se saldaron con varios heridos tanto carlistas como de la fuerza pública; a resultas de ello fue procesado D. José María Valiente Soriano; se impusieron fuertes multas a las autoridades carlistas de la región; y se cerró definitivamente el Círculo Carlista de la Plaza del Castillo de Pamplona.

    En los periódicos de toda España y en el “Levante” de Valencia, se publicó un suelto con el siguiente título: “Falcondistas disueltos en Pamplona”, donde se daban noticias totalmente falsas sobre los hechos de Pamplona, nota sintomática de la censura de prensa que entonces existía y de la que uno de los mayores y acérrimos propugnadores fue D. Ramón Serrano Suñer, el cual al cabo de tanto tiempo se pronuncia contra los hechos de los que fue uno de sus máximos inspiradores.

    Como decimos, la ingente multitud estaba compuesta en su mayor parte de jóvenes de ambos sexos; asimismo militares en activo de ideología carlista; y como nota sintomática había un grupo de sacerdotes, entre los cuales recordamos a los Rvdos. D. Gregorio Agustí Silvestre, D. Ramón Morell, D. Juan Anglés y D. Luis Soler San Félix. La propaganda consistente en octavillas y folios, así como folletos impresos alusivos al acto de la manifestación, fue traída a Valencia días antes por un grupo de jóvenes carlistas de Madrid.

    Puede decirse en síntesis que todos los pueblos de Valencia y Castellón, así como de Alicante, en los que existían y, gracias a Dios, aún existen, núcleos carlistas, estuvieron presentes en la manifestación.

    Y, por último, tenemos que resaltar que la manifestación, convocada al unísono con la de Pamplona y, en el mes de octubre la que tuvo lugar en Zaragoza, respecto a la de Valencia, el carlismo estaba irritado en gran manera contra la represión, que llevaba a cabo el entonces Gobernador de Valencia, D. Ramón Lapuerta Girón, que culminó con la detención, encarcelamiento y posterior destierro de Dña. Sara Peris, miembro activo de la Junta Regional Carlista del Reino de Valencia, y asimismo la sanción económica impuesta y posterior destierro de la provincia de Valencia, a D. Juan Banaclocha Silvestre, médico de Carlet.

    Con el agradecimiento a la Sra. Directora de Las Provincias, Doña María Consuelo Reyna, y con el anuncio expreso de aclarar muchos de los acontecimientos que tuvieron lugar en Valencia en aquellos años, y de los que fue protagonista el carlismo, firmamos la presente en Liria a 3 de diciembre de 1995.


    Visto en: CALAMEO

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