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Tema: Atentado en Argel.

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    Atentado en Argel.

    AL MENOS 23 MUERTOS Y 162 HERIDOS

    El brazo de Al Qaeda en el Magreb asume la responsabilidad del doble atentado de Argelia

    § El recuento es provisional, ya que fuentes hospitalarias elevan la cifra de fallecidos a 30
    § 'Se trata de un ataque suicida y el chófer murió dentro de su automóvil', según testigos.

    ARGEL.- La Organización de Al Qaeda en los Países del Magreb, antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, ha asumido la autoría del doble atentado perpetrado en Argel, que ha costado la vida de al menos 23 personas. Los ataques se dirigieron contra el Palacio de Gobierno y contra una comisaría de las afueras.

    La cadena de televisión qatarí Al Yazira, que no ha dado más detalles, ha anunciado en sus informativos una llamada confirmando ese extremo. El mismo movimiento se ha responsabilizado de la masacre en un sitio de Internet, en el que explica que los ataques han contado con tres terroristas suicidas, de los que además publica foto.
    En su último comunicado, Protección Civil informa de que la cifra de víctimas es de 23 muertos y 162 heridos. El recuento es provisional, según la misma organización, dado que algunos de los heridos que fueron trasladados a los hospitales se encuentran muy graves. Fuentes sanitarias han elevado la cifra de fallecidos a 30.
    El atentado contra la sede del Palacio del Gobierno, situada a unos 400 metros de la delegación de Efe, se produjo a las 10.45 hora local (11.45 hora peninsular española) y la explosión desató escenas de pánico entre la población.
    Según los testimonios recogidos en el lugar de los hechos, el autor del atentado, que logró penetrar en el aparcamiento de la sede del Ejecutivo, habría muerto en la explosión de su coche bomba. "Se trata de un atentado suicida y el chófer murió dentro de su automóvil", indicaron varios testigos.
    Según Protección Civil, el mayor número de víctimas corresponde a los policías que se encontraban de servicio delante de la puerta del edificio gubernamental. "Varios transeúntes murieron también o resultados heridos", ha asegurado un miembro de este organismo, mientras envolvía en una tela los restos de un hombre destrozado.
    Por lo menos ocho automóviles que circulaban cerca del lugar fueron también seriamente afectados y sus pasajeros heridos, así como los inmuebles colindantes con la sede oficial.
    La policía argelina acordonó rápidamente el lugar adonde llegaron varias ambulancias para evacuar a las víctimas a diversos centros hospitalarios.

    El segundo atentado, en un escenario similar, tuvo lugar frente a la comisaría de Bab Ezzuar, no lejos del aeropuerto, y las víctimas han sido también agentes y personas que pasaban por el lugar.
    El historial del Grupo Salafista
    Los servicios de seguridad ya aseguraron que los atentados tenían la huella de Al Qaeda en el Magreb, que hasta hace poco era conocida como Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC).
    Este grupo fue creado en 1997 como escisión del Grupo Islámico Armado. Desde sus orígenes, esta organización terrorista está vinculada con la Yihad islámica y, desde 2002, con Al Qaeda. Su líder es el jordano Abu Qutada.
    Entre sus ataques más destacados se encuentra el secuestro de 32 europeos en 2003, el asesinato de 40 militares argelinos en2001, un atentado en julio de 2005 en el que fallecieron 20 mauritanos y su vinculación con el golpe de Estado de agosto de 2005 en Mauritania.
    El primer ministro de Argelia, Abdelaziz Beljadem, ha calificado el acto de "cobarde y criminal". Los atentados, según éste, se han cometido en un momento en que se realizan esfuerzos para lograr la "reconciliación nacional".
    Desde octubre de 2006 Argel no había sufrido ningún atentado. En esa ocasión, tres personas murieron y 24 resultaron heridas también en dos ataques.
    -----------------------------------


    Por cierto, aquí no se dice, pero los terroristas han revindicado la vuelta al Islam del al-Andalus y Jerusalén.., que bien ¿no?
    Ah, y cuando dicen al-Andalus no se refrieren sólo al sur de España, a Andalucía, como creen algunos, sino a toda España. Al-Andalus para los islámicos es toda la península ibérica, incluido Portugal y el sur de Francia, que corresponde al antiguo reino visigodo hispano.

  2. #2
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    Re: Atentado en Argel.


  3. #3
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    Re: Atentado en Argel.

    Mediterráneo y Mundo Árabe La amenaza del activismo terrorista del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino (ARI) Carlos Echeverría Jesús
    ARI Nº 20/2007 - 13.02.2007 Tema: La aplicación de distintas medidas de gracia en el Magreb, y sobre todo en Argelia, a miembros de grupos yihadistas salafistas puede incentivar aún más el terrorismo en lugar de combatirlo.

    Resumen: El Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino destaca por ser un grupo yihadista con carácter transmagrebí, que se presenta como franquicia de al-Qaeda en el Magreb, y cuya acción también se extiende a países de Europa y el Sahel, así como a Irak y Afganistán. El GSPC ha renovado en la segunda semana de enero su rechazo a acogerse a la Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional promulgada por el presidente de Argelia y aprobada en referéndum popular el 29 de septiembre de 2005, cuya generosa aplicación ha permitido liberar en Argelia a lo largo de 2006 a más de 2.600 condenados por terrorismo, dando lugar con ello a un escenario que lejos de apagar puede incentivar más aún el terrorismo.

    Análisis: El GSPC como federador y hábil exportador de terrorismo que es, en la línea de su inspiradora la red al-Qaeda, no sólo está obligando a blindar el Rally Lisboa-Dakar 2007 a su paso por suelo magrebí y continúa golpeando cotidianamente en Argelia, sino que es cada vez más temido en Marruecos, donde los atentados suicidas del 16 de mayo de 2003 y acciones terroristas ejecutadas o abortadas previas y posteriores a dicha fecha dan fe de la existencia de un terrorismo autóctono. Asimismo, el GSPC acaba de reaparecer con enorme crudeza en Túnez, un Estado donde la férrea política de control de su presidente, Zine El Abidine Ben Alí, había neutralizado dicha actividad durante tres lustros, con la única excepción del atentado suicida contra la sinagoga de La Ghriba, producido en la isla de Yerba en abril de 2002 y que provocó 22 muertos, de los cuales 14 eran turistas alemanes. Ahora, un enfrentamiento entre fuerzas de seguridad y terroristas yihadistas tunecinos que se habrían entrenado con el GSPC en Argelia se saldaba el 3 de enero en la localidad de Soliman con entre 25 muertos –según la agencia británica Reuters y que era la cifra ofrecida por el diario Al Hayat el 5 de enero– y 12 –según unas fuentes oficiales tunecinas que también ahora, como ya lo hicieran respecto al atentado suicida de Yerba, han tratado de ocultar la gravedad del hecho hasta que un discreto comunicado del Ministerio del Interior del 4 de enero, primero, y las explícitas declaraciones del titular del mismo, Rafik Haj Kacem, después, lo hicieran ya público–. Más lejos del escenario magrebí, el GSPC se ha hecho sentir tanto en suelo europeo como en Irak, donde su activismo permite que los argelinos constituyan más del 20% de todos los yihadistas extranjeros que combaten contra el Gobierno nacional iraquí y contra las fuerzas de la Coalición, la comunidad extranjera más numerosa dentro de la nebulosa terrorista internacional allí desplazada.



    [1]

    En esa línea de un activismo cada vez más ambicioso, los salafistas argelinos terminaban el mes de enero confirmando sus juramentos de fidelidad a al-Qaeda y anunciando en su página web el cambio oficial de denominación, pasando a llamarse “al-Qaeda en la Tierra del Magreb Islámico”. Con ello pretenden mostrar “la vitalidad del grupo, la fortaleza de su coalición [con Osama Bin Laden] y la sinceridad del vínculo entre los muyahidín en Argelia y otros hermanos de la organización al-Qaeda”. Inquietante también es aprehender a través de la lectura de dicho mensaje que, si tal paso no se había dado en el juramento de fidelidad anterior realizada el 14 de septiembre pasado, fue porque se estaba a la espera de recibir el consentimiento del propio Bin Laden para dicho cambio de denominación y lo que ello pueda conllevar en el futuro.[2]

    Medidas de gracia en Argelia
    El hecho de que esta ofensiva terrorista que más adelante describiremos con más detalle coincida con la aplicación de la última de las tres grandes medidas de gracia concedidas en Argelia en una década lleva a plantear una serie de preguntas que requieren de respuestas rápidas y de medidas correctoras para evitar consecuencias perniciosas para la seguridad no sólo de Argelia y de los demás países magrebíes, sino también para otros vecinos como son los Estados europeos, donde las células terroristas argelinas están bien asentadas, y en un círculo mucho más amplio para la lucha contra el yihadismo salafista a escala global. ¿Tiene la aplicación de la Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional alguna similitud con las medidas de gracia otorgadas anteriormente, en 1997 y 1999, o cuenta con algún elemento novedoso? ¿Constituye esta aplicación, a la que el GSPC se ha opuesto desde un principio, un elemento positivo en el marco de la lucha antiterrorista o puede dar lugar a un escenario contrario en el que la flexibilidad del Estado sea interpretada por los terroristas como muestra de debilidad, llevándoles a intensificar su activismo letal? ¿Puede esta práctica argelina ampliarse a los demás países magrebíes, extendiendo con ello sus potenciales debilidades para la lucha global contra el terrorismo?

    Si la primera medida de gracia –la Ley de la Rahma bajo la presidencia del general Liamine Zeroual– tuvo como objetivo prioritario, y logrado, la disolución del brazo terrorista del Frente Islámico de Salvación (FIS) –el Ejército Islámico de Salvación (EIS) nacido en Jartum (Sudán) en diciembre de 1993–, la segunda, conocida como Ley de Concordia Civil, y ahora la tercera –ambas propiciadas por el presidente Abdelaziz Buteflika tras su primera elección en abril de 1999 y legitimadas por sendas consultas a la población en referéndum el 16 de septiembre de 1999 y el 29 de septiembre de 2005, respectivamente– han tratado de arrancar a miembros de los múltiples grupos terroristas encuadrados tras una larga lista de siglas (GIA, GSPC, FIDA, MIA, MEA, DHDS, DSM, GSPD y otros) de su activismo criminal y devolverles a la vida civil bajo unas determinadas condiciones. Desde el MIA, que surgiera entre 1981 y 1982, hasta el GSPC, nacido como franquicia de al-Qaeda el 14 de septiembre de 1998, y pasando por el sanguinario Grupo Islámico Armado (GIA), creado en octubre de 1992, la nebulosa terrorista de origen argelino ha estado marcada siempre por profundas divisiones internas –fruto de rebuscadas interpretaciones pseudoteológicas y políticas o de luchas por el liderazgo entre distintos emires– que a veces han facilitado el combatirla (los enfrentamientos entre el EIS y el GIA a mediados de los noventa lo atestiguan) pero que en general dificulta su erradicación y explica su perduración en el tiempo a pesar de la creciente eficacia en la lucha antiterrorista. Las negociaciones entre el emir nacional del EIS, Madani Mezrag, designado como líder en marzo de 1995, y el Ejército argelino pasaron por diversas fases pero permitieron llegar a un resultado óptimo en la medida en que apartaron a un grupo terrorista disciplinado de la circulación. Por otro lado, en 1999 Abdelaziz Buteflika accedía a la Presidencia de la República e impulsaba como segunda medida de gracia la Ley de Concordia Civil, logrando su aprobación en referéndum. Con ella 1.200 terroristas se rindieron durante los seis meses de vigencia de la Ley y los miembros del EIS se desmovilizaron definitivamente tras llevar dos años de inactividad a raíz de la tregua negociada con el Ejército entre 1996 y 1997 y efectiva desde octubre de 1997.[3] Estas dos amnistías se produjeron en momentos en los que, en el orden interno, crecía la fortaleza del Estado frente al terrorismo y, en el orden internacional, la ofensiva yihadista salafista no era en absoluto equiparable a la actual.

    La Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional
    La aprobación en referéndum el 29 de septiembre de 2005 de la Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional y su aplicación a lo largo de 2006 ha sido contestada por círculos cívicos por su extrema generosidad en un momento en el que el terrorismo comenzaba de nuevo a ocupar posiciones centrales entre las preocupaciones de los ciudadanos, y era también vista con recelo desde fuera de Argelia en el contexto del recrudecimiento del terrorismo yihadista salafista a escala mundial. El hecho de que un individuo como Abdelhak Layada (alias Abou Adlane), primer emir del GIA entre mediados de octubre de 1992 y el 21 de julio de 1993 (cuando fue detenido en Marruecos y posteriormente extraditado a Argelia el 24 de septiembre de 1993, y que fue juzgado y condenado a muerte), saliera libre en la primavera del año pasado y comenzara a hacer declaraciones a los medios en términos victoriosos aparecía como una burla a las decenas de miles de víctimas del GIA y de los demás grupos terroristas. Lo mismo es aplicable para el caso de Alí Belhadj, antiguo número dos del FIS, quien ya cumpliera 12 años de prisión y que en julio de 2005 era de nuevo encarcelado tras justificar en una entrevista telefónica con la cadena qatarí al-Yazira el secuestro y posterior asesinato en Bagdad de dos diplomáticos argelinos por la red de Abu Mussab al-Zarqawi. Belhadj fue condenado por apología del terrorismo, aunque poco después fue liberado en la primavera de 2006 gracias a la Carta. Ahora, tales liberaciones masivas se dan además en un momento definido por el efecto combinado de tres realidades: por un lado, el islamismo está bien asentado en Argelia, tanto en círculos de poder presentes en el Gobierno de coalición como en el poder legislativo; en segundo lugar, y siempre dentro de Argelia, el GSPC cobra fuerza cada día bajo el liderazgo de su emir Abdelmalek Droukdal (alias Abu Musab Abd El-Wadoud) e hizo en el verano de 2006 su tercer juramento de fidelidad a al-Qaeda tras los dos anteriores realizados uno tras el 11-S y el otro en 2005; y, finalmente, se produce cuando el yihadismo salafista multiplica sus frentes de combate en el mundo y perfecciona sus instrumentos de propaganda y de captación. Entre estos instrumentos siguen siendo extremadamente útiles los mensajes emitidos por los líderes de al-Qaeda. Aquí cabe recordar que, en el vídeo de Ayman al-Zawahiri emitido a través de la cadena al-Yazira el 11 de septiembre de 2006, éste definía al GSPC como un instrumento ideal para “destruir los pilares de la alianza de cruzados”, citando expresamente a estadounidenses y franceses. En un mensaje anterior, del 7 de junio de 2006, al-Zawahiri había llamado al activismo “desde Al Andalus hasta Irak” en un escenario de actuación privilegiada para el GSPC.

    El GSPC en Argelia
    Sobre el activismo terrorista del GSPC en suelo argelino en los últimos años destacaremos tan sólo algunas acciones que reflejan sus capacidades y sus múltiples frentes de batalla. Si ya en el año 2000 Osama Bin Laden consideraba al GSPC como el grupo mejor estructurado de la región, en 2001 enviaba a Argelia a un adjunto suyo, un yemení, para reunirse con la cúpula del GSPC y coordinar esfuerzos, pero fue eliminado por el Ejército argelino. En 2003 el GSPC secuestraba a 32 turistas occidentales en el sur de Argelia y aunque la mitad de ellos fueron liberados por el Ejército el resto lo fueron en Malí tras el pago de un fuerte rescate por parte del Gobierno alemán. El 8 de junio de 2005 el GSPC asesinaba a 13 miembros de la Guardia Comunal en Ain Rich, y el 30 de junio un grupo del GSPC que trataba de introducir armas desde Malí mantenía duros enfrentamientos con el Ejército argelino que se saldaban con la muerte de 13 terroristas. Más recientemente, el 15 de octubre de 2006 el GSPC asesinaba a siete guardias comunales en Ain Defla; el 19 de octubre colocaba una bomba en el Cuartel militar de Beaulieu en el barrio de El Harrach, en Argel, hiriendo de gravedad a seis militares y a dos civiles; el 21 de octubre tendía una emboscada a una patrulla de la Gendarmería Nacional en Beni Belaid, a 40 kilómetros de Jijel, matando a tres gendarmes; y el 23 de octubre el GSPC mataba en la región de Taoudenit, en el norte de Malí, a siete rebeldes Tuareg de la Alianza Democrática del 23 de Mayo por el Cambio (un grupo enfrentado con el Gobierno de Bamako, pero en proceso de negociaciones con éste, gracias a la mediación diplomática argelina y con el que el GSPC rivaliza sobre el terreno por diversos motivos). Aunque sus múltiples enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y con el Ejército provocan muchas bajas en sus filas –destacaremos la importante detención el 26 de diciembre de 2005 de tres cuadros del GSPC en la provincia de Medea, al sur de Argel, entre ellos Abu Bilal Al-Albani, responsable de relaciones exteriores del Grupo y Abu Omar Abd Al-Bir, responsable de comunicación, y que conllevó además la intervención de 23 millones de dólares en metálico– el GSPC se regenera aprovechando indudablemente la salida masiva de presos a lo largo de 2006.

    Dentro del GSPC se ha luchado en estos últimos meses contra los intentos aislados de deserción para acogerse a las medidas de gracia de la Carta. Se puede afirmar que esta organización salafista, merced tanto a su férrea disciplina interna como a su propia ideología yihadista salafista que rechaza de partida cualquier diálogo, negociación o rendición frente a sus enemigos, no se ha visto afectada negativamente por la puesta en marcha de esta tercera amnistía, sino más bien al contrario. Para ilustrar lo primero, el 27 de noviembre de 2006 las fuerzas de seguridad detenían a seis sospechosos de pertenecer al GSPC en Si Mustafa cuando trataban de asesinar a un antiguo emir del mismo que se había acogido a dichas medidas, mientras que la rendición constatada por los medios de comunicación de dos miembros del GSPC en Bumerdes el 5 de enero de 2007 es una entre las poquísimas que se han producido entre sus filas.

    El GSPC en Europa
    Algunas operaciones policiales llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad en España, Francia e Italia entre fines de 2005 y principios de 2007 vienen demostrando que la capacidad de captación de miembros así como la organización interna del GSPC siguen intactas e incluso se están reforzando en pleno período de aplicación de la susodicha Carta en Argelia. Sin ánimo de ser exhaustivos, citaremos entre dichas operaciones las siguientes para el caso de España: en junio de 2005 la Operación Tigris; en noviembre de 2005 la Operación Gamo; en diciembre de 2005 la Operación Green; en enero de 2006 la Operación Chacal; y en enero de 2007 la Operación Sello II. La citada Operación Chacal permitió desarticular parte de la red de captación de combatientes para Irak que había permitido al argelino residente en España Belkacem Bellil provocar 35 muertos en su ataque suicida al acuartelamiento de los Carabinieri en Nasiriya el 12 de noviembre de 2003. A finales de julio de 2005 Francia había deportado a Argelia a dos imames radicales defensores de un discurso yihadista, Abdelhamid Aissaui y Reda Ameurud, y en 2006 abría una investigación sobre 11 imames radicales –cinco de ellos argelinos próximos al GSPC– y expulsaba a una decena de sospechosos a Argelia. Finalmente, en Italia la Operación Tuareg de la Guardia di Finanza, dirigida contra círculos próximos al GSPC y hecha pública el 3 de octubre de 2006, permitía realizar detenciones tanto en Italia como en Suiza. Tal actividad transfronteriza del GSPC se ponía también de manifiesto cuando en abril de 2006 una operación coordinada entre las policías de Francia e Italia permitía la detención en Nápoles de un grupo de argelinos vinculados al GSPC para el que elaboraban documentación falsificada.

    El GSPC en el Magreb
    Hay que destacar la actividad exportadora de terrorismo por parte del GSPC en los países del Magreb, en especial en Mauritania, Marruecos y más recientemente en Túnez. La reaparición con tal intensidad de la amenaza terrorista en suelo tunecino alarma en extremo a sus autoridades. Si bien un primer enfrentamiento producido el 24 de diciembre cerca del barrio de Hamman Chott, en la capital, se había saldado con dos muertos, y otro choque entre fuerzas del orden y terroristas había tenido lugar el 31 de diciembre ya en el centro de Túnez City, en pleno barrio de Bad Sadoun, el Gobierno había guardado un inquietante silencio hasta que el luctuoso enfrentamiento de Soliman obligó al Ministerio del Interior a hacer público un comunicado el 4 de enero en el que reconocía 12 “peligrosos criminales” muertos y 15 detenidos. El texto no hacía referencia a terroristas ni tampoco daba detalles sobre la utilización por parte de estos de fusiles de asalto y de lanzagranadas RPG-7, en un último intento, vano, por desdramatizar la realidad. A partir de ahí la fluidez de la información fuera de las fronteras tunecinas, incluyendo a la prensa argelina, ha llevado al poder a ir filtrando a los medios tunecinos, poco a poco, importantes datos sobre el grupo yihadista. El 9 de enero el diario privado progubernamental Echourouk hablaba ya de un grupo salafista y se refería a que el jefe del mismo había sido herido en Soliman y que falleció después. El 5 de enero el diario francés Libération daba el nombre del fallecido, Lassad Sassi, al parecer un antiguo gendarme tunecino que se habría entrenado en Afganistán y en Argelia.

    Por otro lado, la detención a fines de diciembre de varios terroristas tunecinos en Argel había confirmado el papel federador del GSPC, intensificado tras su tercera declaración de fidelidad a al-Qaeda. Según la agencia Reuters, los muertos y los detenidos en los enfrentamientos del 25 de diciembre y del 3 de enero en Túnez venían de Argelia y su preparación y el material de guerra empleado demostraban que habían recibido formación del GSPC. De hecho, tras su entrada en Túnez se habían ocultado en la región boscosa de Hamman Lif, situada a 45 kilómetros al sur de la capital, para desde allí llevar adelante su empresa criminal. Ya en una nota fechada el 1 de septiembre de 2006 la Unidad de Coordinación para la Lucha Antiterrorista (UCLAT) francesa destacaba la gravedad de la amenaza representada por el GSPC, añadiendo que “elementos originarios de otros países del Magreb, tunecinos, libios, marroquíes y mauritanos son formados en los grupos argelinos del GSPC”. Algo más atrás en el tiempo, el 5 de junio de 2005, seis estudiantes yemeníes eran detenidos en el este de Argelia acusados de conformar una célula yihadista y ello tan sólo un mes después de que, el 8 de mayo, se anunciara la creación del grupo Qa‘idat Al Yihad fi Al-Jaza’ir (“base del yihad en Argelia”) para estimular el combate yihadista en el país. En Mauritania en aquellos momentos se sufría el peor ataque del GSPC en su suelo: el 4 de junio de 2005 un grupo de unos 150 terroristas mataban a 17 militares mauritanos en Lemgheity y en julio se producía un enfrentamiento entre soldados mauritanos y yihadistas federados por el GSPC en el desierto de Malí.

    En las últimas semanas el activismo del GSPC en suelo argelino ha ganado impacto mediático internacional con su emboscada contra trabajadores de la compañía petrolera estadounidense Halliburton en el bosque de Bouchaui, en las proximidades de Argel, realizada el 10 de diciembre de 2006, y que se saldó con dos muertos, un libanés y un argelino, y ocho heridos (dos estadounidenses, un británico, un holandés y un libanés, entre otros) y ello tras haber hecho estallar dos camiones-bomba junto a dos comisarías en Argel el 30 de octubre, provocando tres muertos y 24 heridos, o tras el asesinato de diez militares en Lakhdaria en noviembre, en una diezmada región que vio nacer en 1989 las primeras células terroristas del entonces legal FIS. Junto al llamamiento colgado en páginas yihadistas el 9 de enero en el que el líder del GSPC, Abdelmalek Droukdal, llama a “combatir a los residentes de Francia y a los agentes de los cruzados que ocupan nuestra tierra” son frecuentes los enfrentamientos en estos días y en varias regiones: junto a varios atentados en la región de Bumerdes –una bomba mataba a un policía el 28 de diciembre y otro policía era asesinado a tiros el 2 de enero–, destaca el enfrentamiento el 10 de enero entre fuerzas de seguridad y terroristas del GSPC en Oued Zeguère, en la región de Skikda, que se saldó con la muerte de seis terroristas y la detención de dos tras verse obligadas las fuerzas de seguridad a utilizar cuatro helicópteros de combate para atacar su refugio en las montañas de Collo.

    En la susodicha nota de la UCLAT francesa se ubica a las células terroristas en el Magreb pero también se destacan sus conexiones con escenarios como Irak, el eje afgano-paquistaní y la región del Sahel. El 3 de diciembre un tribunal de Argel condenaba a 12 personas por canalizar el envío de combatientes a Irak y es sabido que los argelinos constituyen el porcentaje más alto de terroristas yihadistas actuando en suelo iraquí, pero ello sin menospreciar la creciente importancia de los marroquíes en dicha empresa. En efecto, en el vecino Marruecos diversas operaciones antiterroristas llevadas a cabo a lo largo de 2006 atestiguan la gravedad de la amenaza. En marzo de 2006 la policía de Casablanca detenía a ocho marroquíes y a un tunecino acusándoles de preparar atentados en Italia –contra el Metro de Milán y contra una iglesia en Bolonia– por encargo del GSPC. Por otro lado, tanto las detenciones de agosto como otras producidas el 20 de noviembre, con 17 detenidos, y el 4 de enero –contra una red que reclutaba combatientes para Irak con más de 40 detenidos y cuyo epicentro estaba en Tetuán– están en el centro del debate actual sobre el creciente activismo yihadista en y a partir del reino alauí. Respecto a las detenciones realizadas en la región tetuaní, el ministro marroquí de Justicia, Nabil Benabdalá, sólo reconocía 26 detenidos en declaraciones realizadas el 4 de enero en las que aludía a la conexión de los mismos con al-Qaeda y con el GSPC. Antes de estas, otras operaciones han sido también ilustrativas del activismo terrorista yihadista en suelo marroquí, como la que en julio de 2005 permitía la detención de una treintena de radicales en Casablanca y otras ciudades.

    Ante la evolución de la situación, es probable que las autoridades de los países magrebíes adopten medidas cautelares y que incluso el Gobierno argelino asuma por sí mismo o reciba invitaciones de vecinos y aliados para que corrija algunas de las derivas de la política aplicada hasta ahora. Por otro lado, también los demás países del Magreb han iniciado en los últimos tiempos la aplicación de medidas de gracia hacia islamistas condenados en causas de terrorismo: en Marruecos, Mohamed VI indultaba el 20 de agosto de 2005 a seis condenados por terrorismo en 2004, previa petición de perdón de éstos y en el marco de una liberación de 347 presos para celebrar el cumpleaños del monarca; en Libia, un proceso de reconciliación nacional en marcha desde 2005 permitía también en el verano de ese año vislumbrar medidas de flexibilización como las que se dieron en el marco de la liberación de 131 presos políticos, con miembros de grupos islamistas entre ellos; en Mauritania el régimen surgido del golpe de Estado del 3 de agosto de 2005 aprobaba medidas beneficiosas para islamistas detenidos por el presidente depuesto, Maauiya Uld Sid Ahmed Taya, liberando el 7 de agosto de ese año a 21 islamistas radicales de los 81 que estaban encarcelados por haber recibido entrenamiento del GSPC para luchar en el Magreb o ser enviados a Irak o a Afganistán. Tales medidas de gracia, simbólicas si las comparamos con las concedidas en 2006 en Argelia o las otorgadas en el mismo año en Egipto a terroristas de la Gama’a Al Islamiya, indican no obstante una tendencia marcada por la generosidad hacia militantes y grupos que pueden hacer y hacen una lectura muy particular de tales decisiones y que debería ser revisada de inmediato.

    Conclusiones: Aunque el yihadismo salafista tiene múltiples frentes, no hay que olvidar que lo que el terrorismo en Argelia ha supuesto en términos de referencia y lo que los grupos terroristas argelinos, y en especial el GSPC, aún representan en términos de modelo a emular o de maestros de los que aprender sigue y seguirá siendo muy importante. Es por ello que la amnistía ofrecida por el régimen argelino a la nebulosa terrorista es, a pesar de su legitimidad por basarse en una ley aprobada en referéndum y a pesar también de la eficacia que pueda tener respecto a algunos individuos y células, motivo de preocupación para muchos dentro y fuera del país.

    El que EEUU haya querido establecer en Argelia su mando regional para África (US African Command o Africom) dice mucho sobre la importancia que Washington concede a la experiencia argelina y la confianza con que ven a sus autoridades políticas. Sin embargo, el hecho de que la Presidencia y el Gobierno argelinos se hayan negado a ello dice también mucho en clave de percepciones nacionalistas, así como de sensibilidades arabo-musulmanas y tercermundistas. Por otro lado, tal negativa es también reflejo de los difíciles equilibrios internos que se viven en el país y de cómo la elite política percibe que puede acabar con el terrorismo. Tal realidad refleja de nuevo las dificultades que conlleva combatir a un terrorismo yihadista salafista que aprovecha su elaboración ideológica islamista para impedir, o dificultar en extremo, determinadas aproximaciones y alianzas por parte de los Estados arabo-musulmanes con el resto de actores estatales de la sociedad internacional, presentándolas como contradictorias con la religión y con la política y ralentizando en consecuencia un combate que debería ser más multinacional, multidireccional y sostenido contra un enemigo muy determinado. Mientras tanto, el GSPC sigue cobrándose múltiples vidas, en su inmensa mayoría musulmanas, aprovechando eficazmente lo que considera como muestras de debilidad de sus adversarios.

    Carlos Echeverría Jesús
    Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y Subdirector de la Unidad de Investigación en Seguridad y Cooperación Internacional (UNISCI)

    [1] Nawaf Obaid y Anthony H. Cordesman, Saudi Militants in Iraq: Assessment and Kingdom’s Response, Center for Strategic and International Studies (CSIS), Washington DC, 19/IX/2005, p. 5.

    [2] Evan Kohlmann, “GSPC in Algeria Announces New Name: ‘Al-Qaida in the Land of the Islamic Maghrib”, Counterterrorism Blog, 26 de enero de 2006. Disponible en: http://counterterrorismblog.org/2007/01/gspc_in_algeria_announces_new.php.

    [3] La aplicación de las leyes de la Rahma y de la Concordia Civil permitieron la liberación de unos 6.000 terroristas. Véase Carlos Echeverría Jesús, Las Fuerzas Armadas argelinas: desafíos nacionales e internacionales, Documento de Trabajo 2004/3, Real Instituto Elcano, Madrid, 1/III/2004, pp. 17-18, http://www.realinstitutoelcano.org/documentos/178.asp





    http://www.realinstitutoelcano.org/w...be/ARI+20-2007
    Última edición por Arnau Jara; 15/04/2007 a las 00:37
    Vita hominis brevis:
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    Que no me abandone la Fe,
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    ¿Cuál es la amenaza que el terrorismo yihadista supone actualmente para España? (ARI)

    Fernando Reinares
    ARI Nº 33/2007 - 8/03/2007


    Tema: Señalamiento de España como blanco de al-Qaeda, redimensionamiento de las redes norteafricanas del terrorismo yihadista y consecuencias para la seguridad nacional.

    Resumen: Hay que repensar la amenaza que el terrorismo yihadista supone actualmente para España. Por una parte, debido al frecuente y agresivo señalamiento de nuestro país como blanco que se viene haciendo desde el directorio de al-Qaeda, con reiteradas alusiones a la recuperación de al-Andalus como parte de un califato panislámico. Por otra parte, en atención al redimensionamiento de las redes que el movimiento de la yihad neosalafista global tiene establecidas en el Magreb y que se extienden por territorio español. Ambos desarrollos tienen muy posibles consecuencias en términos de seguridad nacional tanto a corto como sobre todo a medio y largo plazo. Caben alteraciones significativas en el estilo de los atentados yihadistas que traten de ser perpetrados en nuestro país, donde un próximo acto de terrorismo internacional no parece algo inverosímil.



    Análisis: Es posible estimar la amenaza que el terrorismo yihadista supone actualmente para España, transcurridos tres años desde que ocurrieran los atentados del 11 de marzo de 2004, mediante un estudio de dos tipos de indicadores relevantes. No se trata de información confidencial, puesto que sobre los mismos pueden encontrarse datos más que suficientes en fuentes abiertas tales como numerosas páginas de Internet, los propios sitios web de instituciones oficiales con competencias en materia de seguridad, las publicaciones especializadas accesibles en bibliotecas universitarias o los medios de comunicación. El primero de aquellos indicadores se refiere a las señalizaciones de España como blanco del terrorismo internacional que hayan sido formuladas recientemente por figuras de referencia en el entramado de la yihad neosalafista global y, en particular, desde el directorio de al-Qaeda. Conviene recordar que, aun cuando nuestro país era blanco genérico de ese terrorismo internacional desde mediada la década de los noventa, como los demás del ámbito occidental, fue en octubre de 2003, apenas cinco meses antes de la masacre de Madrid, cuando Osama bin Laden lo convirtió en blanco declarado a través de un comunicado ampliamente difundido en la prensa de todo el mundo.



    Además, para llevar a cabo una adecuada valoración de la amenaza que el terrorismo internacional plantea en nuestros días a ciudadanos e intereses españoles, dentro o fuera del territorio nacional, no menos relevante es atender al segundo de los aludidos indicadores. En este caso, el que se refiere a la composición, actividades y desarrollos recientes de las tramas de terrorismo yihadista existentes en nuestro país, especialmente, aunque no exclusivamente, las de origen magrebí. Su realidad ha quedado de manifiesto con las sucesivas operaciones policiales, marcadamente preventivas pero también reactivas, que han tenido lugar en los últimos años. Tomando, por una parte, en consideración el señalamiento de España como blanco del terrorismo yihadista por parte de figuras de referencia para los actores individuales o colectivos del mismo y, en concreto, los eventuales pronunciamientos de al-Qaeda en este sentido y atendiendo, por otra parte, a la evolución estructural de la amenaza que se deduce de los individuos detenidos o de las células desmanteladas en nuestro país y sus conexiones internacionales, cabe incluso apreciar las implicaciones de todo ello en términos de seguridad nacional. Es decir, preguntarse también cómo sería un próximo atentado yihadista en territorio español, en caso de que ocurriese de nuevo algo así.



    Señalamientos de España como blanco

    Cualesquiera declaraciones agresivas que desde el directorio de al-Qaeda se hagan sobre algún país equivalen en la práctica a un señalamiento de blanco, instigan la comisión de atentados contra el mismo y advierten de que la propia estructura terrorista que es núcleo fundacional y matriz permanente de referencia para el movimiento de la yihad neosalafista global en su conjunto puede llegar a implicarse, directa o indirectamente, en la ejecución de los mismos. Pues bien, a lo largo del último año, Ayman al Zawahiri, quien ocupa el segundo lugar en la jerarquía de mando de al-Qaeda y es reconocido por el conjunto de actores individuales y colectivos insertos en las redes del terrorismo global como su máximo estratega, ha efectuado una serie de inquietantes alusiones a España. Veamos brevemente cuándo y cómo se han emitido algunos de esos señalamientos de España como blanco declarado del terrorismo internacional. Señalamientos que, en principio, estarían en consonancia con niveles altos de la amenaza que supone para nuestro país ese fenómeno.



    En julio del pasado año, Ayman al Zawahiri, preeminente subalterno de Osama bin Laden desde hace más de una década, emitió un comunicado en el que, al precisar el sentido de lo que denomina “yihad por la senda de Alá”, añadió literalmente: “una yihad cuyo objetivo es liberar Palestina, toda Palestina, y todo territorio que fue musulmán, desde al-Andalus hasta Irak”. Además de intentar por enésima vez entrometerse en la cuestión palestina y de enfatizar la centralidad que para al-Qaeda tiene la contienda iraquí, sus palabras implican una declaración agresiva e intemporal de España como blanco preferente, en la medida en que la práctica totalidad de su suelo ha de ser recuperado, como parte sustancial de un imaginario nuevo califato que unifique al mundo islámico, mediante actividades de guerra santa. Además, en ese mismo comunicado sostiene que los musulmanes son “hijos” de, entre otros, Yusuf Bin Tashfin, emir almorávide que aglutinó los reinos de taifas peninsulares para incorporarlos a su dominio norteafricano y en 1086 combatió victoriosamente a las tropas de Alfonso VI de Castilla.



    Mucho más recientemente, en febrero de 2007, casi a un mes de cumplirse el tercer aniversario de los atentados de Madrid, Ayman Al Zawahiri reiteraba esa fijación suya con al-Andalus que implica la demarcación del territorio español como parte de los objetivos últimos de la yihad neosalafista global y señaliza a España como blanco. En esta ocasión lo hizo tras una referencia a la evolución de los grupos y organizaciones yihadistas en el espacio del Magreb, mostrar su respaldo a los “leones” que batallan en esos denominados márgenes occidentales del islam y añadir exactamente esto: “pido a Alá que os conceda que mantengáis vuestros pies firmes para obedecerle y que os conceda su ayuda y su victoria, y así liberéis el Magreb islámico e icéis el estandarte de la yihad para que ondee victorioso sobre su tierra, y que Alá os conceda el favor de pisar pronto con vuestros pies puros sobre el usurpado al-Andalus”. Aquí se indica cuál continuará siendo el principal foco de la amenaza que el terrorismo internacional supone para ciudadanos e intereses españoles, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, además de que posiblemente se esté instando a no demorar en exceso la comisión de atentados en suelo peninsular[*].



    Estas y otras citas belicosas sobre al-Andalus no son, es cierto, una novedad en el discurso fundamentalista que subyace al terrorismo global. Abdullah Azzam, mentor ideológico de Osama bin Laden durante la guerra que enfrentó a los muyahidín y los ejércitos soviéticos en Afganistán, promotor luego de la yihad defensiva en otras zonas del mundo, ya a finales de los ochenta mencionaba expresamente a al-Andalus entre las tierras que fueron musulmanas y deben recuperarse. Adalides religiosos muy influyentes entre los seguidores de al-Qaeda tanto en países norteafricanos como europeos, casos de Abu Qutada y Mohammed Fazazi, han hecho frecuentes menciones al retorno de al-Andalus bajo dominio islámico. La misma idea es recurrente en no pocos documentos de orientación neosalafista incautados en operaciones policiales desarrolladas en territorio europeo desde hace años, así como en foros privados de Internet donde la noción de una campaña yihadista en al-Andalus se asocia habitualmente con expresiones de venganza hacia España. Incluso los terroristas que reclamaron la autoría de los atentados del 11 de marzo se presentaban como “brigada en al-Andalus” y a fines de ese mes grabaron un vídeo en el que afirmaban: “continuaremos nuestra yihad hasta el martirio en la tierra de Tarek ben Ziyad”.



    Pero es la frecuencia y agresividad con la que últimamente se evoca al-Andalus desde el directorio mismo de al-Qaeda lo que resulta inquietante en una perspectiva española. Esas alusiones, que se corresponden con una señalización de blanco y la instigación o incluso posible facilitación de atentados terroristas contra España, adquieren particular significación en la actualidad por tres razones. En primer lugar, porque se combinan con otras muestras específicas de hostilidad hacia nuestro país, como la que el propio Ayman al Zawahiri hizo en diciembre de 2006 sobre la “ocupación española de Ceuta y Melilla” en un mensaje emitido por el canal de televisión al-Yazira. Llama especialmente la atención que en dicha mención se compara ese supuesto referido a las dos ciudades norteafricanas de soberanía española con lo que su autor describe como las ocupaciones israelí de Palestina y rusa de Chechenia. Esto es, mediante una narrativa de equiparación, Ayman al Zawahiri pareciese estar demarcando a Ceuta y Melilla como zona de conflicto, lo que acarrearía graves consecuencias potenciales para ambas en términos de amenaza terrorista.



    En segundo lugar, los señalamientos de España como blanco del terrorismo yihadista a través de las alusiones a al-Andalus tienen un especial significado porque se combinan con una serie de amenazas genéricas igualmente proferidas por los líderes del terrorismo global y que incumben a nuestro país. Como cuando al-Qaeda amenaza a los países con tropas desplegadas en Afganistán o Líbano, donde hay destacados centenares de soldados españoles[**]. En tercer lugar, porque la idea de recuperar violentamente al-Andalus ha permeado ya el discurso de las redes norteafricanas del terrorismo yihadista y, en concreto, del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), de origen argelino, que cambió recientemente de nombre para adoptar el que corresponde a una extensión regional magrebí de al-Qaeda. En un comunicado fechado el 9 de enero de 2007, a poco de anunciar el cambio en su denominación, el GSPC se pronunciaba así: “abrazamos la yihad para cumplir con un precepto divino ineludible que se nos impuso desde la caída de al-Andalus y la venta de Palestina, y desde que nos dividieron las fronteras que inventaron los invasores”. Apenas una semana antes, su máximo dirigente se había dirigido solemnemente a los musulmanes argelinos también como “nietos de Tarek ben Ziyad” e “hijos de Yusuf bin Tashfin”.



    Desarrollos en las redes yihadistas

    La amenaza que el terrorismo internacional plantea actualmente a España ha de ser también repensada en atención a la evolución de las redes del neosalafismo yihadista global con actividad detectada en nuestro país. Repensada muy especialmente, aunque no sólo, en atención al redimensionamiento de las tramas originarias de los países norteafricanos, en particular de Marruecos y Argelia, asimismo extendidas por otras naciones de nuestro entorno europeo occidental. Exactamente un 79% de cuantos individuos han ingresado en centros penitenciarios españoles entre 2001 y 2006 como sospechosos de estar implicados en actividades de terrorismo yihadista proceden del norte de África, pero hasta un 77,7% lo hacen del Magreb. En concreto, el 39,7% ha nacido en Marruecos y un 31,4% es originario de Argelia. Pese a que el número de inmigrantes marroquíes en España es más de 10 veces superior al de argelinos, la sobrerrepresentación de estos últimos está relacionada con los casi tres lustros de trayectoria que el terrorismo islamista tiene en el país del que proceden y la difusión de su urdimbre en la otra orilla del Mediterráneo.



    Así, no resultará extraño que las organizaciones terroristas relacionadas con al-Qaeda que han venido constituyendo un especial motivo de preocupación para la seguridad interior en España sean, precisamente, el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). Este último, surgido en Argelia hacia 1998, como resultado de una escisión en el seno de los grupos islámicos armados activos en dicho país desde el inicio de los noventa, ha sido la formación terrorista preeminente en el Magreb durante más de una década. Desde aproximadamente el año 2003, los sucesivos dirigentes de dicha organización han ido acomodando su discurso al de al-Qaeda, evolucionando desde los planteamientos propios de una insurgencia argelina a los panislámicos de una yihad global. El Grupo Islámico Combatiente Marroquí, por su parte, es una formación de contornos más imprecisos y composición menos definida. Se supone que fue constituido ya avanzados los años noventa. Aspiraría al establecimiento de un régimen islámico rigorista en Marruecos pero está afiliado con al-Qaeda e incluso algunos de sus miembros lo son al mismo tiempo de esta última estructura terrorista.



    En buena medida, los individuos y las células relacionados con el GSPC o con el GICM que han desarrollado actividades terroristas en España están dedicados a la captación de personas, la movilización de recursos económicos a menudo ilícitamente y la facilitación, por ejemplo mediante la provisión de falsos documentos de viaje u otras fórmulas de apoyo logístico, de operaciones emprendidas tanto dentro como fuera de nuestro país por cuadros de aquellas entidades yihadistas o de otras relacionadas con las mismas, como Ansar al Islam o la Organización de Al-Qaeda para la Yihad en el País de los Dos Ríos, en referencia al actual territorio iraquí. En los últimos cuatro años, docenas o quizá ya unos centenares de jóvenes a veces todavía adolescentes y de adultos no demasiado entrados en años han sido reclutados en el seno de las colectividades musulmanas establecidas en España. En algunos casos, para trasladarlos luego a perpetrar atentados o convertirse en bombas humanas en determinadas zonas en conflicto, sobre todo Irak, pero también Afganistán, Chechenia y puede que Cachemira. Otras veces, para enviarlos al desierto del Sahel, donde el GSPC dispone, al norte de Mali, de campos móviles de adiestramiento en el uso de armas y explosivos o a instalaciones de la propia al-Qaeda en suelo paquistaní.



    Estos datos sobre individuos y grupos relacionados con el terrorismo internacional en España, así como el hecho de la proximidad geográfica entre los países de la ribera sur mediterránea y la Península Ibérica, que en buena medida explica aquellas evidencias, son fundamentales para interpretar el previsible impacto que un redimensionamiento de las tramas yihadistas en el Magreb podría tener sobre la seguridad interior de España, al igual que de Francia o Italia. Es en estos tres países donde las redes norteafricanas del terrorismo global se extendieron con especial notoriedad en el pasado. Pero ocurre que un redimensionamiento como ese está teniendo ya lugar en aquella región geopolítica del mundo. Y es que el GSPC ha culminado recientemente su proceso de internacionalización, pasando de ser una entidad afiliada con al-Qaeda a fusionarse con dicha estructura terrorista para convertirse en una extensión regional de la misma e incluso cambiar de nombre y denominarse ahora, con el beneplácito expreso de Osama bin Laden, Organización de Al-Qaeda en el Magreb Islámico.



    Es un arreglo de mutua conveniencia con implicaciones para la evolución del terrorismo global tanto en el Magreb como al sur, este y norte de ese ámbito. El GSPC adquiere una cobertura que seguramente favorecerá su acceso a recursos económicos y humanos, compensando así la relativa debilidad en que se encontraba tras numerosas operaciones contraterroristas desarrolladas durante los últimos años en el norte de África y en Europa occidental. Por su parte, al-Qaeda dispone por fin de una plataforma para introducirse en el Magreb y en el Sahel, así como posiblemente una mayor ascendencia sobre redes argelinas introducidas en algunas naciones europeas, incluida España. Además, la incorporación del GSPC a al-Qaeda y la aparición de Al-Qaeda en el Magreb Islámico conllevan previsiblemente un efecto de sinergia que incide sobre el redimensionamiento de la amenaza norteafricana del terrorismo yihadista, asimismo con consecuencias para nuestro país. Se estaría produciendo una absorción de grupos menos articulados y células independientes existentes en el Magreb o en territorio europeo, concretamente en suelo español.



    Al incremento de la amenaza terrorista para nuestro país que se derivaría del redimensionamiento de las redes magrebíes insertas en la yihad neosalafista global hay que añadir algunos otros elementos de creciente preocupación. Por ejemplo, el que nos remite a individuos ligados a organizaciones paquistaníes afiliadas con al-Qaeda y que se han introducido en comunidades inmigrantes de su misma procedencia asentadas en España, especialmente en Cataluña. Suelen provenir del Punjab, provincia colindante con la frontera india y la disputada Cachemira, donde prevalece una cultura yihadista ligada al credo deobandi y grupos terroristas como Lashkar e Tayiba o Jaish e Mohammed disponen de infraestructuras. Tampoco debe olvidarse el peligro aún más imprevisible que en sí mismo plantean células independientes autoconstituidas dentro de España de acuerdo con los fines y los métodos propugnados desde al-Qaeda. En definitiva, redes, grupos y células que intentan movilizar en su beneficio el apoyo que esa estructura terrorista y su líder parecen recibir de entre el 10% y el 15% del millón de musulmanes que se calcula viven en España, de acuerdo con sondeos como los del Office of Research del Departamento de Estado norteamericano o el Pew Global Attitudes Survey. Actitudes propiciadas por la intervención de asociaciones islamistas de orientación salafí contrarias a la integración social de esos inmigrantes y que incluso facilitan la radicalización yihadista de algunos españoles conversos.



    Implicaciones de seguridad nacional

    El creciente señalamiento de España como blanco por parte de al-Qaeda y el concomitante redimensionamiento de las redes norteafricanas incorporadas a esa estructura terrorista, unidos a otros peligros en evolución con los que ambos se relacionan, tienen implicaciones en términos de seguridad nacional. Por una parte, debido a la continuada posibilidad de que se perpetren nuevos atentados susceptibles de incidir gravemente sobre el orden constitucional o la cohesión de una sociedad abierta que, por cierto, es crecientemente plural precisamente como consecuencia de la inmigración y en especial de la que procede de sociedades mayoritariamente musulmanas, a las cuales tienen por su población de referencia los actores del terrorismo yihadista. Por otra, debido a que esos posibles actos de terrorismo internacional pueden afectar muy seriamente infraestructuras críticas o intereses estratégicos fundamentales para nuestro país. Finalmente, debido a que el estilo de los atentados que traten de ser cometidos contra instituciones o ciudadanos españoles, dentro o fuera de las fronteras nacionales, podría registrar algunas alteraciones respecto los procedimientos y modalidades hasta ahora considerados como más probables.



    En principio, el tipo de atentados que es previsible planifiquen y traten de ejecutar en España los actores individuales o colectivos de origen principal pero no exclusivamente magrebí relacionados con el movimiento de la yihad neosalafista global corresponde a actos de terrorismo cuyos propósitos inmediatos sean los de ocasionar un notable número de víctimas mortales, ejercer un considerable impacto social y atraer gran atención por parte de la prensa internacional. Esta combinación de letalidad, impacto y publicidad se traduciría en atentados ejecutados, en primer lugar, por medios convencionales pero suficientemente mortíferos que se acomoden, por una parte, a la pericia que los terroristas o alguno de sus cabecillas hayan adquirido en distantes campos de adiestramiento o en instalaciones mucho más cercanas y, por otra, a la disponibilidad del entorno donde prevean sus autores llevarlos a cabo. Por ejemplo, haciendo uso de sustancias y complementos necesarios para el montaje de artefactos explosivos a los que los terroristas o sus colaboradores tengan acceso legal o ilegalmente.



    Se trataría, en segundo lugar, de acciones terroristas cometidas a través de modalidades habituales en la práctica del terrorismo internacional, como deflagraciones múltiples y concatenadas entre sí que se inicien gracias a dispositivos de control remoto o mediante el uso de temporizadores. En tercer lugar, estaríamos refiriéndonos a atentados dirigidos contra blancos desprovistos de medidas especiales de protección y localizados preferentemente en espacios urbanos donde se producen aglomeraciones humanas o en sistemas de transporte que, aun fuera de zonas densamente pobladas, caso de ser blanco de una acción terrorista aseguren consecuencias suficientemente cruentas, favorezcan la generalización de estados mentales de ansiedad y hagan ineludible que se produzca una cobertura de alcance mundial por parte de los medios de comunicación. También las zonas donde se combinan la industria turística y concentraciones masivas de gente ofrecen blancos estacionales atractivos para los terroristas, como ha quedado de manifiesto en otros lugares del mundo. Es decir, el tipo de atentado de terrorismo yihadista más probable en España, caso de ocurrir de nuevo alguno, hipótesis esta que en modo alguno es posible descartar al la luz de lo que se ha conocido estos últimos tres años, es asimilable en sus aspectos básicos, aunque no necesariamente en sus blancos específicos y localización, a los del 11 de marzo de 2004.



    Quizá sea de interés recordar ahora que los grupos y organizaciones implicadas en el terrorismo yihadista han manifestado una singular inclinación a intentar perpetrar atentados contra blancos que habían tratado de afectar con anterioridad pero sin éxito, bien sea porque los resultados estuvieron muy por debajo de sus expectativas, bien porque las agencias policiales y los servicios de inteligencia desbarataron a tiempo sus planes. Las torres gemelas de Nueva York fueron destruidas como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001, pero habían sido objeto de otro, de consecuencias mucho más limitadas claro, por parte de individuos imbricados ya en el entonces incipiente entramado neosalafista global, en 1993. Hace apenas unos años, las agencias británicas de seguridad consiguieron impedir un atentado en el aeropuerto londinense de Heathrow y detuvieron a quienes lo preparaban, pero otros correligionarios de su misma trama retomaron tiempo después exactamente los mismos planes, frustrados otra vez por una operación antiterrorista. Quiero decir con esto que el tren de alta velocidad que discurre entre Madrid y Sevilla, la Audiencia Nacional sita en la capital de España o algunos conocidos edificios altos de Barcelona podrían seguir en el punto de mira del terrorismo yihadista y acaso requieran medidas especiales de protección.



    Ahora bien, que algún acto de terrorismo internacional con las características básicas de los atentados del 11 de marzo de 2004 sea más probable, caso de volver a producirse uno nuevo en nuestro país, no quiere decir que sea el único tipo de atentado yihadista posible. Cabe que tanto el creciente señalamiento de España como blanco por parte de al-Qaeda como sobre todo el surgimiento de su extensión regional para el Magreb, a partir de un proceso de internacionalización del GSPC argelino, influyan sobre el estilo de atentados que pudieran perpetrarse contra intereses o ciudadanos españoles, sobre todo dentro pero también fuera del propio territorio nacional. Así, por ejemplo, resulta actualmente más verosímil de cuanto lo era hace dos o tres años que un nuevo acto de terrorismo internacional en España adopte la modalidad del atentado suicida. No sólo porque se acomoda a las preferencias operativas del directorio de al-Qaeda, sino también porque el GSPC ha justificado explícitamente ese tipo de actos desde febrero de 2005 y nada impide que individuos reclutados en nuestro país para llevar a cabo misiones suicidas en Irak o en otros lugares puedan cometer atentados así pero en territorio español.



    Al estilo de atentados cuya ejecución planifica y controla directamente al-Qaeda es además común la selección de blancos de especial relevancia simbólica y considerablemente mejor protegidos que otros más fácilmente imaginables. La frecuencia y agresividad con la que desde el directorio de dicha estructura terrorista se viene señalizando a España, así como el hecho de que exista ahora una extensión regional de la misma en el Magreb con ramificaciones europeas obliga a reflexionar sobre la posibilidad de que el rango de blancos propicios para actos de terrorismo internacional se amplíe, en el interior de nuestro país, a los más simbólicos o dotados con una mayor protección. Este es el caso de aeronaves comerciales, monumentos o edificios prominentes, importantes infraestructuras críticas, sedes gubernamentales y de las agencias de seguridad o de las fuerzas armadas. Sin descartar la posibilidad, aún remota pero cada vez menos impensable, de algún acto terrorista no convencional como los que deberían perpetrarse en sociedades occidentales según un tratado de estrategia yihadista muy visitado en Internet y escrito por un español de origen sirio, Mustafa Setmarian, fundador de la célula de al-Qaeda establecida en España en los años noventa, poco antes de ser detenido en Pakistán durante la segunda mitad de 2005. Por cierto, que a inicios de la primavera de ese mismo año, este individuo, también conocido por su sobrenombre de Abu Musab al Suri, hizo público un documento en el que amenazaba con futuros atentados en España.





    Conclusiones: España es hoy más blanco de al-Qaeda que antes de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Incluso es probable que nuestro país sea ahora más blanco del terrorismo internacional que nunca antes y, por la naturaleza de los indicadores que lo ponen de manifiesto, en modo alguno se trata de una situación pasajera. Que Ayman al Zawahiri insista en la violenta recuperación de al-Andalus como parte de un nuevo califato panislámico, consiguiendo que su discurso impregne la narrativa de los grupos y organizaciones norteafricanos relacionados con aquella estructura terrorista equivale a convertirnos en blanco permanente de los actores individuales y colectivos que forman las redes multinacionales del movimiento de la yihad neosalafista global en su conjunto. Esto, en sí mismo, obliga a repensar la amenaza que el terrorismo internacional supone en la actualidad para nuestro país y que conlleva señalizaciones más precisas, como las relacionadas con la presencia de soldados españoles en territorios musulmanes o la demarcación de Ceuta y Melilla como zona de conflicto.



    Además, la amenaza que el actual terrorismo internacional supone para ciudadanos e intereses españoles, especialmente dentro pero también fuera del propio territorio nacional, se ha incrementado como consecuencia del redimensionamiento de las redes norteafricanas insertas en el aludido movimiento de la yihad neosalafista global y del efecto de sinergia que para ese entramado tiene el surgimiento de Al-Qaeda en el Magreb Islámico. Estas y otras preocupantes circunstancias podrían tener consecuencias para la seguridad nacional tanto a corto como sobre todo a medio y largo plazo, al producirse alteraciones en la modalidad de posibles nuevos actos de terrorismo internacional, siendo ahora más verosímil de cuanto lo era hace dos o tres años que se perpetren en España atentados suicidas o contra blancos altamente simbólicos y dotados de considerables medidas de protección. Sin que ello suponga olvidar la imprevisible operatividad de células independientes autoconstituidas, cuyo rango de acciones iría del asesinato individual al uso de artefactos explosivos improvisados contra blancos desprotegidos.



    A lo largo de los últimos tres años se ha avanzado mucho en la adaptación de nuestras estructuras nacionales de seguridad ante los desafíos que plantea el terrorismo yihadista. Ahora bien, puede que la amenaza que al-Qaeda, su extensión regional en el Magreb y otras organizaciones yihadistas procedentes del sur de Asia o de Oriente Medio pero con conexiones en nuestro país suponen para ciudadanos e intereses españoles esté evolucionando a una cadencia no suficientemente compensada por los esfuerzos antiterroristas y contraterroristas. Ahora es fundamental que el flujo y el consumo de inteligencia en relación con la amenaza del terrorismo internacional para España sean los adecuados y permitan informar una certera toma gubernamental de decisiones en esta materia. Los atentados del 11 de marzo de 2004 quedaron atrás, pero es momento de repensar la amenaza que el terrorismo yihadista supone en la actualidad para España y de que las autoridades obren, como es lógico, en consecuencia.



    Fernando Reinares

    Investigador principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano, donde dirige el Programa sobre Terrorismo Global, y catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos



    --------------------------------------------------------------------------------
    [*] [N.A]: Tres días después de la publicación de este análisis en la página web del Real Instituto Elcano, se difundió un nuevo vídeo en el que Ayman al Zawahiri reitera, una vez más, sus alusiones agresivas en relación a al-Andalus.



    [**] [N.A]: El mismo 11 de marzo de 2007 el canal de Internet La Voz del Califato, establecido desde al-Qaeda en septiembre de 2005, emitió un mensaje en el cual se amenazaba a España porque el Gobierno había enviado más soldados a Afganistán.
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