Interesante articulo de "El Centinela" (lamentablemente un militar que tiene que escribir bajo seudonimo) que deja un sabor bastante agrio pero que en mi opinion merece la pena ser leido:



El Gobierno se esfuerza en convertir en anacrónica la defensa de la Patria.


“Cierto, las cosas van mal, y desesperáis, pero sin razón. Tendríais razón si habiendo hecho todo lo que cada uno de vosotros deberíais hacer, aún así las hubieseis visto ir mal. Pero las cosas van mal porque vosotros no habéis hecho todo lo que hay que hacer para que vayan de otra manera. Si no hacéis lo que deberíais haber hecho, ¿porqué desesperáis ahora?”. (Con permiso de Demóstenes).

Todos tenemos culpa del desmantelamiento de una sociedad que huye de la realidad por no tener la valentía de defender lo que siente y vive así consumiendo la herencia a transmitir desde sus padres a sus hijos y nietos. Por aquí las cosas están mal, como para el conjunto de los españoles; y hay algunos aspectos que, no siendo materiales, afectan más que otros. Lo militar y lo civil, en estos casos, se unen a la hora de sentir y compartir, sin diferencias entre lo uno y lo otro.

Las Fuerzas Armadas son fiel reflejo de las virtudes y defectos de la sociedad, aunque menos corporativistas que otras profesiones. Hay recelos y precauciones entre militares operativos y los de despacho, políticamente correctos y buenos comunicadores.

No todos piensan lo mismo, aunque sientan lo mismo, y hasta esto está empezando a estar en duda. No conocer o no querer Los Ejércitos y sus miembros sufren un abandono endémico por parte de los administradores, Ad-ministros que no conocen o no quieren a los Ejércitos, lo que se refleja en las insuficientes dotaciones (no comparables en porcentaje del PIB con nuestros amigos europeos aliados equivalentes) y en las cosas del espíritu.
Se nombra ministra de Defensa a quien encabezaba una manifestación en favor de “Rubianes somos todos”, aquél que dijo “Me cago en la puta España”. Alguien que cobra y figura, pero no siente. Manda, pero no es responsable. Cada ministro trae su visión dogmática de futuro, sin continuidad en política de personal, ni en armamento, ni en uniformidad, ni en las misiones a desempeñar, ni en la presencia española en el exterior. Se manda al dictado, se legisla sin consenso, sin eficacia y reconocimiento a algo que funciona, y al espíritu de los soldados.

Más de 16.000 recursos, récord histórico, contra la Ley. La esperanza se aleja cuando el recambio se aburre en los desfiles. Se eligen y cambian los jefes de los Ejércitos por razones políticas. Entre ellos se contradicen y siempre el que llega es mejor que el que se va. Alguno tenía que relatar cómo fue su cese y por qué cree que lo eligieron. Se dan explicaciones balbuceantes intentando justificar una actuación lamentable en el caso Alakrana; todos se defienden de lo mal hecho, excepto las Fuerzas Armadas, que quedan en entredicho.

Nos implicamos en Afganistán, como pioneros en nuestros compromisos internacionales, mientras el presidente no se levanta al paso de la bandera de una nación, lo más sagrado para los militares de allí y de aquí. Operación igual que la de Irak; de Policía según la ONU (Resolución 1483) y el Derecho Internacional, pero de combate y guerra para quien recibe los artefactos explosivos improvisados (IED) y los disparos. Respeto y dignidad Algunos, en este río revuelto, inventan una cadena de mando paralela “para las reclamaciones”.

Defienden lo que otros no defienden y deberían defender, “Derechos”, pero no se levanta ni una voz que reclame respeto y dignidad con mayúsculas para unas Fuerzas Armadas legisladas desde la desconfianza y mandadas desde el partidismo e intereses electorales.

Se retira el lema “A España servir hasta morir” y escandaliza que unos soldados coloquen la Bandera de España en la Cruz del Monte Gorbea. Los mismos soldados que dan su vida sin rechistar. Se insiste en la preparación técnica, en la modernización, en los idiomas, en las capacidades, al tiempo que se rebajan los requisitos de ingreso y pertenencia a los Ejércitos en aras de romper lo que funciona y rebajarlo; se habla poco del espíritu que nos ha formado, de las tradiciones que quieren hacer desaparecer, de los muertos que honramos, de los sacrificios que asumimos, del respeto que les otorgamos.

Se crea una cuestionada Unidad Militar de Emergencias, fuera de la cadena orgánica, a la que acuden mandos y soldados llamados por las mejores retribuciones, y se equipa con medios que no tienen las Unidades de Combate. Se unifican las peculiaridades de las Unidades, por abajo, rompiendo tradiciones de algunas a las que se les debe mucho y han sido tirón y guía de otras muchas. Se retira la estatua del fundador de la Legión.

Somos muchos, Legión (civiles y militares), los que compartimos ese espíritu y ese estilo de vida que sintetiza el de todo soldado: la épica y la estética de la milicia. Se ocultan fondos museísticos de un museo falsificado que responde a criterios ideológicos y no históricos, El Alcázar de Toledo, y se retiran los modelos de educación para el servicio y el sacrificio, los héroes Laureados.

Héroes y reconocimientos

Se duda en la concesión de una condecoración para los héroes muertos ¿en guerra, en paz, en maniobras? El mundo está en una guerra no declarada, eufemismo político-jurídico-pacifista, en una guerra sucia donde el enemigo no da la cara en campo abierto y mata por la espalda. Se predica morir antes que matar. ¡Dios mío, que poco les duran los muertos!
Se condecora institucionalmente a los militares de la UMD con la Cruz al ¿Mérito Militar?, sin una declaración institucional hacia el conjunto de las Fuerzas Armadas, ni a éstas se les concede la Orden del Mérito Constitucional. Deprisa y corriendo se hacen programas de armamento y material que dejan al descubierto nuestras carencias ancestrales, de las que todos tenemos culpa.

Se duda de España como Nación y se juega a concesiones independentistas mientras los soldados juran o prometen a España, ante su Bandera, derramar hasta la última gota de su sangre en defensa de España y de su integridad territorial.

A pesar de las leyes y decretos que ni entienden ni pueden cambiar el alma de Soldado, aquí nadie habrá dado nada hasta que no se haya vaciado por entero sin otro interés que el de España. Cierto, las cosas van mal, y desesperáis, pero sin razón.


FUENTE