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Tema: ¿Traición? No, Constitución

  1. #1
    Avatar de rey_brigo
    rey_brigo está desconectado la TRADCIÓN es la ESPERANZA
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    ¿Traición? No, Constitución

    Los políticos catalanes -todos, ¡ojo!- han sacado adelante el nuevo Estatuto en su versión nacional, aunque necesite una segunda vuelta en Madrid y otro entendimiento posterior, éste más complicado. Nos quejamos de su redacción, llena de atributos soberanistas -como se dice ahora- y de blindajes económicos que satisfagan las finanzas de aquella comunidad, que ya es nación, al menos en el texto aprobado ahora. Todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza, incluidos los socialistas de la Moncloa y los periódicos de Barcelona, que ni siquiera nombran el término para no recordar la soga en casa del ahorcado, pero yo no me echo las manos a ninguna parte porque la palabra nacionalidad está en la Constitución, desde 1978, para que, si algún día, alguien quisiera avanzar en materia autonómica, tuviese abierto el camino sin obstáculos insalvables. "El término nación está en el texto constitucional", dice Maragall. Es incontestable. Él no ha hecho más que aprovechar la ocasión, a ver hasta dónde llega.
    Es muy sencillo escandalizarse cuando aparecen los huracanes políticos, pero nadie, o casi nadie, se acuerda de quién ha soplado antes para que éstos se produzcan. Asistimos, aparte todos los datos que pretendamos justificar en el terreno de la traición, a una enorme hipocresía. Y a una sustancial perversidad, que abraza también a los sucesores de Jordi Pujol y a los de Fraga, no sólo a los del tripartito. La ocasión la pintaban calva para ellos, ahora que no gobiernan allí: nos han arrebatado la bandera de la nación catalana, nos dejan sin sustancia republicana, somos la derecha de la secesión, pues vamos a por la nuestra: la bolsa. Y así salvamos los muebles pero empujamos en el empeño separatista.


    Esto es la normalidad
    Cuando aquellos sesudos varones -siete- entre ellos separatistas ilustres, pero también ex ministros de Franco y jóvenes flechas, culminaban su proyecto de Constitución, un 6 de diciembre de 1978, con el sufragio de un pueblo bien encandilado para creerse el engaño, sabían perfectamente lo que podría suceder en el futuro. Pudiera caber la duda acerca de si actuaban como traidores, hipócritas o perversos, pero como tontos en ningún caso. Manifestaron que era lo mejor para el entendimiento de los españoles y para que no volvieran los enfrentamientos entre hermanos. Es lo mismo que dijo Alfonso XIII camino de Cartagena, con aquel abandono voluntario de trono y de compromiso. Y ya vimos lo que pasó. Pudiera existir el error temporal en algunos de aquellos progenitores, e incluso la certeza de que no iría, con suerte, a ocurrir nunca, porque por encima estaría siempre el parapeto de la Corona. Pero no hicieron bien el cálculo de resistencia de materiales y no vieron que los votos, bien administrados por los políticos de las democracias liberales, desgastan el hormigón de los diques, adquirido en la época de los embalses, y lo convierten en azucarillo. Y ya de un rey a otro no hay más que un paso.
    ¿De qué nos podemos escandalizar ahora? ¿Tal vez de que la presunta ruptura que sin duda existe entre los socialistas de Cataluña y del resto de España va a impedir el problema? Sería bienvenido un rasgo de patriotismo, pero éste no se va a dar porque el poder tira más que dos carretas y aquí nadie está dispuesto a perder el sitial. Maragall, además -creo que imaginan en la Moncloa-, no es Companys, y aunque tiene a su lado otro que lo puede ser, éste no tiene escamots armados a su servicio ni sindicatos dispuestos al sacrificio por el Estatut de la Monarquía Federal, que sería la nueva fórmula a considerar. Pero aquella República no tenía socialistas viciados de nacionalismo hasta las entrañas ni tampoco un presidente capaz, con todos los reparos que se quieran poner, de entregar un trozo de España al albur de unos desaprensivos.


    Memoria histórica
    La madeja, por todo ello, está tan liada que puede dar lugar a un sinfín de maniobras para desliarla. Si sobresale la paciencia y el sentido común, puede que alguien esté dispuesto a hacer algún tipo de sacrificio. Pero como los ánimos se encrespen, los companys de turno opten por la vía del conseller Casanova contra los borbones y la poesía política del señor Carod arme dialécticamente o de cualquier otra manera a sus huestes, entonces ya no alcanzo a conocer lo que puede suceder. El conseller en cap de octubre de 1934 era muy republicano, tanto o más que el propio presidente de la II República, y no tuvo empacho en proclamar el Estat Catalá por unas cuantas horas, las justas para que el presidente del Gobierno trasladase una orden al Capitán General y un coronel, al grito de "¡Viva España!", irrumpiese en el Palacio de la Generalidad y detuviese al consejo de gobierno en pleno. Pero Rodríguez Zapatero no es ese presidente ni entonces sus socios de Cataluña estaban tan metidos en el enjuague. Y en Cataluña, al día de hoy, confieso que no conozco si existe Capitanía General, o algo que la sustituya, y ni siquiera si Barcelona cuenta con fuerza militar.
    La realidad más severa es que en aquel miniparlamento la palabra España se pronuncia a todas horas como oponente a Cataluña y adversaria -o enemiga- de un proyecto político. Se hace con desprecio y en tono de amenaza permanente. Y los del tripartito, aunque no sea más que por razones tácticas, son más prudentes en el lenguaje que los sucesores del catalanismo de la Lliga, que salieron del poder envueltos en la mierda de los tantos por ciento en la construcción y lo quieren recuperar a base de estimular el cobro, no de un tanto, sino del ciento por ciento del cupo que corresponde a las regiones. Pero como son una nación, a ver quién es el guapo que discute que no tengan derecho a un estado, un gobierno, un territorio, una legua única y una soberanía sin compartir A ver. Y sin necesidad de reptar por las alcantarillas de la Plaza de San Jaime, como en aquella memorable fecha de barras y estrellas. La diferencia con el ayer es que entonces resultaba un atentado contra la unidad de España y su soberanía, y hoy está contemplado en la Constitución que idearon los ex ministros y flechas de Franco, entre otros, y que sancionaron sus sucesores. ¡De qué nos quejamos, hombre!

  2. #2
    miguel tenreiro está desconectado Proscrito
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    Re: ¿Traición? No, Constitución

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    Senor Brigo: Espero que dentro de 30 anos, Espana, como nacion, tenga el mismo grado de independencia y/o autonomia politica ,que Catalunya hoy en dia en el ambito constitucional europeo .Que Dios nos coja confesados !!!

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