Extraigo del blog de Pío Moa un comentario muy interesante sobre la caída de la natalidad que sufre Occidente, con la esperanza de suscitar un debate provechoso. Aprovecho para pediros información sobre el autor que se cita: Francisco J. Contreras. ¿A qué ensayo se refiere Moa? Igualmente me interesa todo lo relacionado con este asunto, que considero crucial y no suficientemente tratado.
------------
El catedrático de Filosofía del Derecho Francisco J. Contreras ha escrito un importante ensayo sobre los problemas de una Europa envejecida debido a la caída de la natalidad. Fenómenos concomitantes a tal decadencia son la promoción de la soltería, la homosexualidad y el aborto, y de todo aquello que contribuya a minar la familia. El estudio es susceptible de mucho comentario, pero mencionaré ahora un libro citado por el autor y que quiere teorizar estas tendencias llevándolas a su extremo. Dice el señor Contreras:“Con el declive creciente de la religión (en Europa, que no en el resto del mundo) y el descrédito de sus sucedáneos seculares (en los dos primeros tercios del siglo XX todavía muchos europeos creían que era preciso tener hijos “por la patria” o “por el socialismo”: ahora ya no), probablemente la filosofía implícita del hombre de nuestra época viene a ser: “he sido arrojado por azar a una existencia en la que me descubro atrapado, y que carece de todo sentido o finalidad; ya que estoy aquí, intentaré minimizar el sufrimiento durante los años que me toquen, llevarme bien con los demás, etc. … pero nada de sacrificarme por grandes empresas a largo plazo, ni de esfuerzos cuyo fruto no me vaya a dar tiempo a cosechar”. Alguien que interpreta así la vida no sentirá ninguna urgencia por multiplicarla. ¿Seguro que hacemos un favor a nuestros hijos trayéndolos al ser? El filósofo David Benatar se ha atrevido a explicitar lo que muchos europeos piensan ya secretamente, en un libro cuyo título es Mejor no haber sido nunca: El daño de la existencia. Básicamente, está de acuerdo con Schopenhauer y Cioran en que la vida humana es sobre todo frustración: deseo insatisfecho, carencia, tensión constante hacia objetivos que, una vez alcanzados, decepcionan (la “melancolía del cumplimiento” de que habló Hegel); el saldo emocional de la vida es claramente deficitario: existe una asimetría placer-dolor; los contados momentos de plenitud no compensan los innumerables de frustración, temor, decepción, tedio, vacío … “Si contempláramos nuestra vida objetivamente –comenta Peter Singer en su reseña sobre Better Never to Have Been- veríamos que no es algo que debamos infligir a otros”. Singer tiene la valentía de llevar la argumentación hasta el último paso: “Entonces, ¿por qué no nos convertimos voluntariamente en la última generación sobre la Tierra? Si nos pusiéramos de acuerdo todos para esterilizarnos, no serían precisos sacrificios. ¡Podríamos estar de fiesta hasta la extinción!”. No estaríamos violando los derechos de nadie, pues “las generaciones venideras” aún no existen. En todo caso, estaríamos haciéndoles un favor".
La crisis demográfica europea, por tanto, es probablemente la expresión de un cansancio civilizacional y de un nihilismo larvado: para desear transmitir la vida, es preciso creer que ésta tiene un significado.
Hay que decir que la fiesta de Singer no duraría mucho. Requeriría una alta cantidad de producción y el trabajo consiguiente, y terminaría inevitablemente en suicidio masivo cuando no hubiera jóvenes que atendieran a los juerguistas vejestorios. Pero la cuestión principal es la aversión a la vida, subyacente siempre en el ser humano y que, curiosamente, no suele volverse multitudinaria en situaciones de dureza y pobreza, sino en las de abundancia, como las actuales o las de la decadencia helenística y romana, cuando las capas algo acomodadas renunciaban a la descendencia. Pero la tendencia existe siempre: si la vida se reduce a un valle de lágrimas, ¿qué interés puede haber en traer nueva gente a él? Expresiones parecidas la hemos oído todos de algunas personas, sin mayores consecuencias. Lo característico de hoy es que la tendencia se ha vuelto mucho más extensa y teorizada.
Tal teorización es también antigua, encontramos algo parecido en el Eclesiastés, en cuanto a descripción pesimista de la vida, aunque sin extraer de ella consecuencias de suicidio social. En ocasiones esas corrientes han adquirido notable fuerza , por ejemplo en la herejía cátara o albigense. “Credo de misterios e iniciaciones de tipo gnóstico rechazado por la Iglesia desde muy pronto, tenía algo de doctrina del suicidio social. Oponía radicalmente el espíritu a la materia, esta producto de Satán, con quien identificaban al Dios bíblico por haber creado el mundo. Condenaban, por material, el cuerpo, la encarnación de Jesús o la resurrección de la carne, tachaban de satánica la procreación, propugnaban el aborto y condenaban el matrimonio, practicano una mezcla de ascetismo y libertinaje. Recordaban algo al priscilianismo (en Nueva historia de España). El odio al cuerpo no excluía prácticas orgiásticas, resueltas en algunas de sus consecuencias con el aborto. Los cátaros eran protegidos por muchos nobles en el sureste de Francia y tras poco fructuosos intentos de la Iglesia por convertirlos, fueron finalmente derrotados en una cruzada. Un precedente de gran interés, creo.
FUENTE:
Neocatarismo / Persecucin del Valle de los Cados/ Locos por la democracia? - Presente y pasado - Po Moa
Marcadores