Todo lo que no sea contraponer la legalidad y legitimidad política tradicional española anteriores al mal llamado derecho nuevo (dentro de lo cual se incluye también la legimitidad monárquica, por supuesto, actualmente encarnada en Don Enrique de Borbón), no sirve de nada para justificar una oposición contra los revolucionarios de Barcelona.
Tanto los revolucionarios juancarlistas de la Carrera de San Jerónimo como los revolucionarios de Barcelona comparten la misma ideología revolucionaria de la soberanía del pueblo. Por tanto, ¿a razón de qué iban a quejarse o a oponerse los revolucionarios de Madrid contra el lógico ejercicio que hacen de esa misma ideología de la soberanía popular los revolucionarios barceloneses? A mí me parece perfectamente lógico y coherente la actitud política de los revolucionarios catalanes en estricta aplicación de la misma doctrina política revolucionaria de los revolucionarios madrileños estatalistas.
En estricta lógica, los revolucionarios de Madrid no tienen ninguna justificación (siguiendo su misma doctrina revolucionaria) de oponerse o poner cortapisas a los lógicos efectos que se siguen de esa misma ideología, y que los revolucionarios barceloneses no hacen más que seguirlos -esos mismos efectos lógicos- hasta sus últimas consecuencias.
Los revolucionarios juancarlistas de las "Cortes" de Madrid no son más que unos conservadores de la Revolución, que cometen el mismo intento fútil de tratar de contener los efectos de la Revolución dejando en pie sus causas. Cometen el mismo intento fútil que Cea Bermúdez, que Martínez de la Rosa, que Narváez, que Cánovas del Castillo, que Maura, que Primo de Rivera y que Franco. Como muy bien dijo Vázquez de Mella de estos malignos conservadores de la Revolución: "ponen tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias".
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