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Tema: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

  1. #1
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    Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    Fuente: El Pensamiento Navarro, 19 de Febrero de 1970, página 8.



    UN DOCUMENTO HISTÓRICO


    ORGANICÉ LA REAL ACADEMIA DE ALFÉRECES DEL REQUETÉ POR ENCARGO DE MOLA

    DÁVILA, QUE LA CALIFICÓ DE GOLPE DE ESTADO, ME OBLIGÓ A CRUZAR LA FRONTERA

    HUBIERA PODIDO REGRESAR CON SÓLO ACEPTAR LA UNIFICACIÓN, PERO ME NEGUÉ, COMO SE NEGÓ DON JAVIER

    Cuando Hedilla también se negó, experimenté el consuelo de un honroso paralelismo


    Escribe Manuel FAL CONDE




    EL PENSAMIENTO NAVARRO, en su número del sábado 7, y en la acertadísima sección “Leído para ustedes”, me invita cariñosamente a rectificar la noticia errónea de “Arriba” sobre mi destierro a Portugal. Accedo gustosamente para que quede comprobada la afirmación del batallador diario carlista de que yo no huí de la quema. Entiende por “quema” la unificación “manu militari” que se proyectaba.

    De lo que siempre he huido es de estos tres enemigos del alma del político honrado: vividor de la política, escalador de cargos y ¡adulador de los que mandan!

    La biografía de “Arriba” es la de Pyresa. Tiene un gran “mérito”. Yo se lo reconozco al redactor de una biografía –o así– de Manuel Hedilla sin dedicarle ni el más moderado adjetivo. Ni que fue siempre –repito, siempre– un español ejemplarísimo, de altos ideales y conducta heroica, pese a la noticia de que “juzgado por un Tribunal Militar fue condenado a dos penas de muerte”, para que quepa, siquiera en hipótesis, la apreciación del caso de error judicial. O bien que el delincuente político es, en unas circunstancias, vituperable, como en otras, digno de encomio.

    Y tampoco informa Pyresa –y ya eso no tiene nada que ver con el consejo de guerra y sí mucho con el consejo de caridad cristiana– que Hedilla, que en lo político era españolísimo ferviente, en lo privado era de religiosidad y conducta de asceta.

    La biografía termina con este triste colofón: “Manuel Hedilla Larrey falleció a primera hora de esta mañana”.

    Los diarios del sur en que vemos la información de Pyresa, porque no tenemos “Arriba”, no le dedican el adverbio de “edificantemente”. Ni siquiera el de “cristianamente”. Tampoco el R.I.P.

    Ya después, en la información del sepelio en Denia, recogen parcamente, con pinzas, algunas frases que implican alabanzas de sus amigos. Y eso porque a ENEMIGO QUE SE ENTIERRA, LINOTIPIA DE PLATA.


    LA REAL ACADEMIA DE REQUETÉS

    El puente de plata es para mí. Sobre el Tajo: “Mientras que Fal Conde se exilió en Portugal, Hedilla fue condenado a dos penas de muerte.”

    ¡Y tan de plata es el puente que me tiende la Agencia Pyresa! Ya es romper una lanza en mi honor. Primero, porque durante un largo cuarto de siglo ha estado prohibido por Información y Turismo dar mi nombre. Ni en asuntos familiares o profesionales. Policías a la puerta de la casa, de la casa y bufete, vigilancia postal y muy minuciosa excepción al Fuero de los españoles. En segundo lugar, porque silencia que a mí también me rondó el consejo de guerra. No al tiempo que los que condenaron a Hedilla, por lo que va mal el adverbio de tiempo “mientras”, sino cuatro meses antes y por orden de autoridad.

    Porque se me imputó haber querido dar un golpe de Estado, por lo que sobra el pronombre reflexivo “se”. O sea: de pies en polvorosa, nada.

    El motivo fue la creación de la Academia de Alféreces del Requeté.

    ¿No se perseguiría, como finalidad hacia la unificación, decapitar a la Comunión?

    Un día en Pamplona, Mola me preguntó el secreto –y tan secreto que lo habíamos llevado– de la preparación de los oficiales del Requeté. (Nuestros cuadros de los primeros Tercios eran ejemplares. Causaron asombro).

    Le expliqué los cursos de oficiales en Italia.

    Le impresionó hondamente.

    Me encargó que hiciera otro tanto en España, pues que nos faltaban mandos para los contingentes de voluntarios que se nos presentaban –la Loma de los Requetés del Alto del León, mandados los que habían de ser Tercio de Abárzuza por el Pater, demuestra este aserto–. Le ofrecí hacerlo y le pedí dos jefes militares para la Academia.

    Me destinó en el Boletín a mis órdenes al teniente coronel de Estado Mayor don Pedro Ortega, de los de la defensa de Oviedo, y al comandante de Artillería don Hermenegildo Tomé, profesor de la Academia de Segovia. Ellos, con Enrique Barrau que me traje de Sevilla –el verdadero creador de los Requetés del Sur–, redactaron en Toledo el Reglamento.

    Buscábamos un edificio adecuado, de desear en Trujillo.

    Se preparó para la prensa la convocatoria. Escasos de material de escritorio, utilizamos las galeradas del diario, nuestro diario, “El Alcázar”, para enviarlas a toda la prensa. Una de ellas fue a Salamanca a la consulta final, al Generalísimo.


    OBEDIENCIA Y PUNTO EN BOCA

    Para más eficacia y descentralización, habíamos dividido la Junta Nacional en tres comisiones: la de Guerra, con mi presidencia en Toledo; la administrativa en Burgos, con Valiente, Lamamié y Sáenz Díez; y la de política en Salamanca, al lado del Jefe del Estado, con Rodezno, Esteban Bilbao –aunque éste, todavía no repuesto de su crisis espiritual, solía estar en Estella junto a una hermana monja– y Arauz de Robles.

    A éste mandamos las galeradas, y cuando por teléfono me dijo que el ayudante del Jefe del Estado, señor Franco Salgado, le había dicho que S. E. lo consideraba no sólo aprobable sino plausible, se circuló a toda la Prensa, que la dio a conocer al público.

    Su fecha, 8 de diciembre de 1936.

    Un membrete de Comunión Tradicionalista. Jefatura Delegada. REAL ACADEMIA DE OFICIALES DE REQUETÉS DE SAN JAVIER. DECRETO.

    Me llamó Rodezno a Salamanca. Acudí en el acto.

    Me recibió Dávila: “¿Usted –me preguntó– puede dar decretos? Porque éste que usted publica en la Prensa hay quien lo califica de golpe de Estado”.

    – “En los asuntos de la Comunión, desde luego, como el más modesto alcalde en los expedientes municipales”. “Y es Academia de oficiales de lises, no de estrellas”.

    – “¿Pero el uso del calificativo «Real»?”

    – “Claro que yo no dicto reales decretos, sino decretos de régimen. Y el «Real» va referido a la Academia, y está titulada de San Francisco Javier. Pero además, hace pocos días, el día tres, usted ha presidido conmigo en la catedral de Burgos la solemne misa por nuestro Príncipe Regente Don Francisco Javier. ¿Dónde está el golpe de Estado?”

    Cambió la actitud del general y pasó a la persuasión de que había ocurrido algo muy desagradable, y que me convenía que yo me marchara de España por una temporada. De lo contrario, ya me lo avisaba, se me formaría consejo de guerra.

    Reaccioné con la mayor indignación.

    – Escoja –me repetía–, el consejo o la expatriación.

    – Yo no escojo. Escoja usted, y póngamelo por escrito.

    – Escrito no. Márchese a Portugal. Diga el dinero que necesita y la documentación que quiera.

    – Yo no quiero de ustedes dinero. Me llevaré, por unos primeros días, el coche que la junta de generales me dio.

    (¿Cómo, si no, podía irme? Bien pronto lo devolví).

    Salí de España el 22 de diciembre por la frontera de Caya.

    Regresé el 10 de agosto por avión a Salamanca, llamado por Franco mediante su cuñado, mi inolvidable amigo y carlista ejemplar don Alfonso Jaraiz.

    Esa temporada de expatriación que imponía Dávila, en vez de plazo prescriptivo del “golpe de Estado de la Real Academia”, ¿no sería plazo eliminatorio previo a alguna medida política a la que yo pudiera ser óbice?


    LA COMUNIÓN, UNIDÍSIMA CON EL PRÍNCIPE REGENTE Y EL JEFE DELEGADO

    La Junta Nacional de la Comunión, en el acta levantada seguidamente de mi entrevista con el general Dávila, se solidarizó conmigo.

    Yo, tan pronto llegué a Lisboa, puse carta a Don Javier pidiéndole me relevara del cargo para evitar perjuicio a la Comunión si, contra lo que creíamos, había habido culpa en mí.

    El Príncipe Regente, en su carta de 24 de diciembre, lejos de relevarme, se solidariza conmigo, y me dice entre otras cosas: “Has cumplido tu deber hermosamente y heroicamente, y la persecución es el signo de Dios… Expondremos al general con toda claridad nuestras razones y nuestra total identificación con tu conducta… Creo que este acto habrá de ser histórico y base de nuestro porvenir en esta lucha contra el enemigo exterior, que es el comunismo anárquico internacional, y el enemigo interno, que es la masonería”.

    En la carta de 31 del mismo mes dice: “El hecho que te ocurrió es de una gravedad excepcional porque claramente va contra toda nuestra organización tradicionalista”.

    Su carta a la Junta Nacional del día de Reyes de 1937, carta trascendental, toda autógrafa como las antes mencionadas, y de diez páginas tamaño folio, empieza así:

    “A la Junta Nacional Carlista de Guerra. Mis queridos amigos: Ante la orden superior comunicada verbalmente a mi Jefe Delegado por el general Dávila el 20 de diciembre para que abandonara cuanto antes el territorio español, orden que fue cumplida sin pérdida de tiempo por aquél, dando una nueva y magnífica muestra de su alto patriotismo, Yo, como Príncipe Regente y Caudillo de la Comunión Tradicionalista… me creo en la obligación de conciencia de escribiros la presenta carta”.

    Todo el largo y prolijo documento denota la implicación abnegadísima y celosa del Señor en la Causa de España, su colaboración resuelta a la Cruzada, su dolor por la ausencia de España pues no se le permitía entrar, y su asistencia plena y decidida a su Jefe Delegado, al que dedica la mayor parte del documento con alabanzas y encomios para mí abrumadores.

    En otra carta a la Junta, de 6 de marzo, les encarga que se presenten al Jefe del Estado y le lleven carta suya de protesta por mi destierro y petición de levantamiento.


    CORRESPONDENCIA ENTRE EL REGENTE Y EL GENERALÍSIMO

    La carta del Príncipe al Jefe del Estado empezaba así: “Profundo dolor me causó el destierro de mi representante en España, señor Fal Conde, y de manera especial la noticia de que su proceder había merecido calificativos durísimos que imputaban delito contra la Patria, a quien en todo momento, tanto y tan abnegadamente la ha servido y representa dignamente a los españoles meritísimos encuadrados en los Requetés”.

    A esa carta del Príncipe contestó Franco con fecha 30 de abril, o sea, a los diez días del decreto de unificación; y después de los actos unificacionistas y con fecha 5 de mayo, pero enviadas juntas las dos cartas, la de Don Javier de 30 de abril enviada con Olazábal en la que protestaba de la unificación.

    En las dos, el Jefe del Estado reconoce que mi estancia en Portugal es obligada –¿qué se había creído Pyresa?– y que no puede todavía acceder a la petición del Regente de permitirme el regreso: “LA REINTEGRACIÓN DEL SEÑOR FAL CONDE A SUS ACTIVIDADES”.

    La unidad de todos los españoles; la necesidad de encerrar en sus corazones lo que sientan y no sea común; el servicio de España sin plazos ni reservas, que puedan poner en interinidad al Estado: éstos han sido los motivos del decreto de unificación.

    En frase muy explícita reconoce el amor a España y a la Tradición de S.A.


    UN HONROSO PARALELISMO

    Siempre he creído que fui desterrado a Portugal para remover un obstáculo. Los emisarios que me enviaron invitándome a aceptar el proyecto de unificación –nombrar los representantes de la Comunión en el secretariado de FET, y a cambio mi regreso a la Patria– y que volvieron frustrados; como los que, vía Irún, habían ido a pedir igual claudicación a Don Javier, encontraron en el Señor igual repulsa.

    Cuando Hedilla, de cerca, en plena vorágine de las manifestaciones “populares”, se negó a aceptar la unificación, experimenté el consuelo de un honroso paralelismo. Y con esa unión en lo que tenían de común nuestros ideales y por semejanza en la persecución, le he profesado cordial simpatía. Apenas comunicados. Nada relacionados. Pero únase que sus segundas nupcias fueron con una hija de mi queridísimo amigo, muchos años jefe regional carlista del Reino de Valencia, don Fernando Rojas, Marqués de Algorfa.

    Mi telegrama de pésame a su compañera en tribulaciones y merecimientos doña María del Carmen Rojas Dasí fue el siguiente: “Viuda, hijos Hedilla Larrey. Denia. El amor desinteresado a España nos situó posiciones gemelas máximo sacrificio. Siempre admiré querido amigo comportamiento heroico que ahora España agradecerá. De corazón muy sentido pésame. Manuel Fal Conde”.
    Última edición por Martin Ant; 12/12/2017 a las 20:34
    Kontrapoder dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 1

    Fuente: La Voz de España, 18 de Diciembre de 1936, página 4; y La Voz de España, 19 de Diciembre de 1936, página 4.



    DECRETO CREANDO LA REAL ACADEMIA MILITAR DE REQUETÉS



    En la necesidad de ampliar el número de Oficiales de Requetés para cubrir bajas, sustituir a los que han pasado a mandos en el Ejército y dotar las nuevas unidades de la recluta, quiere esta Jefatura poner los medios para dar a los nuevos Oficiales la capacitación técnica que les haga dignos de seguir llevando al Requeté a nuevas y gloriosas empresas, para las que se prepara.

    Es imprescindible, para que un Oficial cumpla los cometidos que se le asignen, que llegue con la debida preparación, así teórica como práctica, si ha de ser útil a la Nación y dar el máximo rendimiento. La primera no puede adquirirse sólo con el ejercicio del mando en campaña, por lo que se precisa que antes de ser Oficiales pasen los Requetés por una Academia, donde, en el menor tiempo posible, puedan adquirir, a la par que los conocimientos de Táctica, Estudios del Terreno, etc., los de Moral militar, adentrándose en las virtudes que todo Oficial debe tener, si se quiere que ejerza sus funciones con la eficacia y celo que a la Patria convienen.

    Esta profesión de mando militar es de sacrificio y abnegación, a veces heroicas, por lo que exige a los Oficiales se les inicie en su ejercicio, para que después en su actuación las perfeccionen y desarrollen.

    Ahora bien; esas virtudes son factor común a todos los mandos, pero no lo son igualmente los conocimientos teóricos necesarios para ejercerlos, variando según el empleo y el Arma: por tanto, estos estudios y esta formación no pueden ser de igual duración en todas las Armas. Para el ascenso al empleo inmediato y superiores al de Alférez, será preciso ampliar estos estudios.

    En consecuencia, la preparación normal de Academia se dará para el empleo de Alférez de Infantería, y los de Caballería y Artillería habrán de prolongar la duración de los estudios; como asimismo, en todas las Armas, para el ascenso al empleo inmediato, se exigirán nuevos exámenes, a virtud del programa de ampliación de conocimiento.

    Esta preparación requiere el internado en régimen militar, tanto para poder intensificar los estudios como para iniciar la formación del carácter en las virtudes militares. Y, por último, que se haga una práctica en el frente, que acredite al Alférez aprobado de buen militar.

    Mas como ahora mismo, en los frentes, en inmenso número, nuestros Requetés se baten gloriosamente, justo es que se les conceda el empleo de Alférez si se capacitan, por los medios que a su alcance pondremos, en los conocimientos teóricos necesarios.

    Los empleos del Requeté que le llevaron a tanta gloria al empezar la guerra y que siguen –muy mermados por sensibilísimas bajas– mandando con extraordinaria capacidad, provienen en su mayor parte de aquellos grupos de Requetés que en España y fuera de España, burlando la persecución marxista, cursaron durante largos plazos preparación muy intensa. Para darla igual a nuevas promociones se crean estos estudios.

    Por estos medios, en breve plazo, el Requeté habrá modificado toda la estructura de sus cuadros, renovándola con nueva idea y mayor eficacia, y de aquí a poco todos los mandos estarán tan capacitados como permiten y a la vez exigen las circunstancias, para seguir, en unión del glorioso Ejército Español, esta gran cruzada, la epopeya más gigantesca de nuestra Historia.

    Atendidas las anteriores consideraciones, y de acuerdo con los excelentísimos señores Delegado e Inspector Nacionales de Requetés, vengo en decretar:


    CAPÍTULO I

    Real Academia Militar de Requetés.


    1.– Con el nombre de “Real Academia Militar de Requetés”, se crea un Centro de estudios y formación militar de Alféreces de Requetés, que funcionará en dos secciones: Sección Primera: de Internado; Sección Segunda: de Campaña.

    2.– La Academia dependerá del ilustrísimo señor Director que después se nombra, y quien designará el profesorado e instructores.

    3.– La Sección de Internado se compondrá del número de Colegios que sea necesario, empezando a funcionar en uno que llevará el nombre de “Príncipe Regente”, y cuyo emplazamiento se hará público oportunamente.

    4.– La Sección de Campaña se dividirá en tantas Escuelas como columnas, en cada una de las cuales se designarán los oficiales que hayan de hacer la preparación del alumno inscrito, en la forma que permita la vida de campaña.


    CAPÍTULO II

    El curso de Alféreces.


    5.– La duración mínima del curso de Alféreces en régimen de internado será de veinte días para Infantería, terminándose con los exámenes de las materias que se fijen en el programa.

    6.– Cuando algún alumno no haya tenido la preparación suficiente en este período, si a juicio del profesorado es apto para adquirirlo con nueva preparación, podrá continuar los estudios el tiempo necesario, hasta el máximo de duración de otros veinte días.

    7.– La preparación que se dará durante el curso ordinario de Alféreces será común a todas las Armas, tanto la teórica como la práctica en la Academia, consistente en la instrucción pie a tierra y manejo de todas las armas de Infantería.

    8.– Aprobado el curso, los de Caballería y Artillería habrán de continuarlo, con duración mínima de diez días los primeros y veinte los segundos.


    CAPÍTULO III

    De las prácticas y títulos de Alféreces.


    9.– Ningún alumno aprobado podrá entrar en posesión de su empleo sin antes realizar una práctica en el mando en su Arma respectiva (a ser posible, en el frente de batalla), durante quince días, y obtener el certificado de aptitud práctica, del Jefe de la unidad. Entonces se le concederá el empleo de Alférez.

    10.– Los títulos serán expedidos por Su Alteza Real el Príncipe Regente, y dará su posesión el derecho al empleo, proponiéndose la Comunión Tradicionalista asegurarles durante el tiempo que estén en servicio activo los mismos emolumentos que disfruten los de igual grado en el Ejército, siendo considerados con derecho preferente en cuantos concursos, empleos o prerrogativas dependa de la Comunión dar o conferir y que se relacionen con la cualidad de Oficial.


    CAPÍTULO IV

    De los cursos en campaña.


    11.– Todos aquellos que se encuentren en columna de operaciones y no deseen pasar al internado, o no puedan obtener los permisos necesarios a ese fin, podrán acogerse al régimen de la Sección segunda de la Academia, matriculándose y realizando la preparación teórica y práctica mediante textos y apuntes que les serán suministrados, sin que pueda durar la preparación menos del tiempo mínimo de los cursos antes indicados, al cabo de los cuales sufrirán examen, si presentan certificado, del profesorado de la columna, de haber cursado los estudios.

    12.– Para estos alumnos, bastará el certificado de aptitud práctica del Jefe de unidad, si le ha hecho practicar en el empleo de Alférez, para obtener inmediatamente del examen el título correspondiente.

    13.– Los que en estas condiciones, siendo de un Arma deseen pasar a otra, habrán de hacer la preparación común y la especial, debiendo hacer después las prácticas de la nueva Arma.


    CAPITULO V

    De los Oficiales actuales.


    14.– Los actuales Oficiales del Requeté no podrán seguir ostentando el empleo desde fin de enero próximo, si antes no convalidan el grado mediante las pruebas de aptitud correspondiente a su empleo actual, con arreglo a lo que se establece en los siguientes artículos.

    15.– No podrán usar las insignias de Oficiales de Requetés que en las nuevas Ordenanzas de Requetés se conceden, sin tener el título de Oficial con sujeción estricta a esta reforma.

    16.– A estos Oficiales se les exigirán los mismos conocimientos teóricos y prácticos que a los antes establecidos, pero sin sujetarse al curso de preparación teórica, aunque sí al examen en todo caso y al período de prácticas cuando no hayan realizado con anterioridad las de campaña en ese empleo, bastándoles, si las hubieran hecho, presentar el certificado prevenido en el artículo segundo.

    17.– Los Oficiales que quieran pasar a otra Arma distinta de las suyas se sujetarán a lo establecido en el artículo 13.


    CAPÍTULO VI

    De los ascensos.


    18.– No procederá ningún ascenso, sin antes: 1.º, aprobar el programa de ampliación de estudios exigidos por el nuevo empleo; 2.º, haber ejercido el inferior, por lo menos, seis meses en activo; y 3.º, ser, además, propuesto por el Jefe del Tercio como merecedor del ascenso por su buen comportamiento.

    19.– La aprobación de los estudios exigidos por la primera condición del artículo anterior se hará por examen en la Academia.

    20.– El tiempo mínimo fijado en el artículo 18 podrá reducirse a dos meses en el frente de batalla, si durante los mismos el interesado ha intervenido en tal número de operaciones y con tal comportamiento que le haga acreedor a la reducción.

    21.– Para la propuesta de los Jefes de Tercio indicada en el número 18, se exigirá que dichos Jefes abran una información suficiente para oír en ella a todos los Jefes y compañeros del interesado que hayan presenciado los hechos objeto de la recompensa, o que afecten al buen espíritu del mismo y a su capacidad de mando.


    CAPITULO VII

    De los ascensos por méritos de guerra.


    22.– Tanto para obtener el ascenso por méritos de guerra al empleo de Alférez como de éste o sucesivos grados al inmediato superior, se requiere que el hecho de armas merecedor de la recompensa esté adornado de todas aquellas cualidades que en el Ejército se exigen para ello, y que sean propuestas por el Jefe de la unidad, o en su defecto se abra la conveniente información por las autoridades del Requeté, a petición del interesado.

    23.– Además, será preciso que el propuesto acredite la preparación teórica exigida, según su Arma, en los artículos precedentes, sin sujeción a curso ni período de prácticas.

    24.– Los ascendidos por méritos de guerra tendrán derecho a usar un distintivo especial que se establezca.


    CAPITULO VIII

    De la admisión de alumnos.


    25.– Para ser admitido como alumno en cada curso, en cualquiera de los modos de los capítulos II y IV, se requiere:

    1.º Edad de dieciocho años cumplidos; la que se acreditará por medio de certificado del Registro Civil o Parroquial y, en su defecto, por informe del Comisario o Jefe a quienes se refiere el número 3.º de este artículo.

    2.º Capacidad física acreditada por reconocimiento médico del de la Unidad de procedencia.

    3.º Condiciones morales y capacidad intelectual acreditadas, por informe favorable a los dos puntos, del Comisario Carlista de Guerra, cuando provenga de guarniciones o pueblos, o del Jefe del Tercio, cuando esté en columna. En los dos casos precederá el informe favorable del Jefe del Requeté.

    4.º Acompañar a la instancia, que será dirigida al Ilmo. Sr. Director de la Real Academia, los documentos o copias auténticas que acrediten la antigüedad, servicios en el Requeté y títulos académicos que posean.

    26.– La presentación de solicitudes se hará durante el plazo de matrícula, y la admisión, eligiendo libremente para cada curso entre los solicitantes el número total de alumnos.

    27.– La admisión de los inscritos en cursos de campaña será ilimitada mientras haya posibilidad de profesorado en las columnas.

    28.– No podrá presentarse en la Academia ninguno a quien no haya sido comunicada la admisión.


    CAPITULO IX

    Plan de estudios.


    29.– El plan mínimo y común para los Alféreces de todas las Armas será el siguiente:

    Ordenanzas. Obligaciones de los soldados, cabos, sargentos y subalternos.– Honores.– Servicio de Plaza.– Guarnición y Órdenes generales para Oficiales.

    Prácticas. Conocimiento del mando de Sección [de] movimientos en orden cerrado y abierto.– Empleo del Arma.

    Armamento y municiones. Estudio de las diversas clases de armamento y municiones que emplea el Arma de Infantería.– Ideas sobre gases de combate.

    Topografía. Estudio de los conocimientos necesarios para situarse en el terreno, así como del aprovechamiento de éste en el combate y marca de aproximación.

    Ideario Tradicionalista. Repaso de las nociones de Religión y Política General necesarias a un buen militar.

    Mando. Conferencias sobre moral militar.

    30.– Los que hayan de obtener el empleo de Alférez de Caballería, acreditarán, mediante los estudios y prácticas adecuados durante la prolongación del curso, que conocen el manejo y cuidado del caballo, estudiando además las tácticas de su Arma y obligaciones desde soldado a Alférez en los Cuerpos montados.

    31.– Los que hayan de prepararse para Alféreces de Artillería tendrán que conocer además las siguientes materias:

    Material de guerra. Estudio del material de guerra de campaña reglamentario en nuestro Ejército.

    Tiro. Ligeras ideas de balística y fundamentos del tiro.– Datos iniciales de tiro.

    Táctica. Formaciones de la Sección; paso de unas a otras.– Servicio de la Batería de fuego.

    Pólvoras y Explosivos. Ligera idea de la composición de las distintas pólvoras y explosivos que utiliza el Ejército.


    CAPITULO X

    De los exámenes para Tenientes y Capitanes.


    32.– Para el ascenso a Teniente o Capitán se requieren los siguientes conocimientos.

    Infantería:

    Táctica. Mando de Compañía.– Compañía de ametralladoras.

    Detall y Contabilidad. Administración de la unidad; documentación que debe llevar. Régimen interior de los Cuerpos.

    Ordenanzas. Obligaciones del Capitán.

    Telefonía. Estudio del teléfono de campaña.– Enlaces.


    Caballería:

    Táctica. Mando de Escuadrón.– Escuadrones de ametralladoras.

    Ordenanzas. Obligaciones del Capitán en los Cuerpos montados.

    Las clases de Detall y Telefonía serán comunes a las de Infantería.


    Artillería:

    Necesitándose para el estudio de las reglas de tiro conocimientos especiales que no pueden adquirirse en tan poco tiempo, la recluta de Capitanes de Artillería se hará por los procedimientos que se determinarán en tiempo oportuno.


    CAPITULO XI

    Reglamento de Régimen interior.


    33.– Con objeto de intensificar la vida militar, cosa imprescindible para suplir de algún modo el corto tiempo de duración de los cursos, los alumnos estarán internos.

    34.– No se percibirá ninguna pensión por la estancia en la Academia. Los que puedan costearse la pensión, la darán para la obra general de los Requetés.

    35.– La dirección espiritual del Internado estará encomendada a un capellán. Será obligatoria la asistencia diaria a Misa y Rosario.

    36.– El régimen de disciplina y la exactitud en el cumplimiento del horario estará enteramente remitido a la propia seriedad de los alumnos y a sus propios mandos de clase de tropa. El alumno perturbador del orden más severo podrá ser obligado a dar palabra de honor de cumplirlo ejemplarmente y, en caso de incumplimiento, expulsado.

    37.– Las faltas se castigarán con todo rigor, pues siendo estas milicias voluntarias, el que llega a ellas ha de tener un elevado espíritu militar que le impida cometer falta alguna, ya que de otro modo no se puede servir dignamente a la Patria. En su consecuencia, la repetición de estas faltas será causa suficiente para la separación de la Academia.

    38.– Todos los días habrá instrucción práctica y teórica, y en ella, una vez que estén perfectamente instruidos, ejercitarán sucesivamente los alumnos el mando, para que adquieran en lo posible la práctica de éste.


    DISPOSICIONES ADICIONALES


    1.ª Nombro Director de la Real Academia Militar de Requetés al señor don Hermenegildo Tomé y Cabrero, Comandante de Artillería.

    2.ª El Ilmo. Sr. Director hará la convocatoria de cursos y publicará los edictos de dicha convocatoria y condiciones de admisión antes fijadas.


    Toledo, 8 de diciembre de 1936.– El Delegado, M. FAL (Rubricado).

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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 2

    Fuente: La Voz de España, 18 de Diciembre de 1936, página 4.



    Real Academia Militar de Requetés


    PRIMERA CONVOCATORIA PARA EL CURSO DE OFICIALES


    Las instancias se dirigirán a su Director, acompañadas de los documentos que a continuación se expresan, y en los plazos que se marcan.


    EXÁMENES DE LOS ACTUALES OFICIALES


    Con objeto de que todos los Oficiales de Requetés procedan de la Academia, los ya nombrados en la actualidad convalidarán su empleo en la forma que se indica en el capítulo V, artículos 16 y 17, del Decreto de 8 de diciembre del año actual.

    El plazo de admisión de instancias terminará el día 31 del mes actual, pudiendo realizar su examen en los días 7 al 30 del próximo enero, para lo cual se les citará oportunamente.


    ADMISIÓN DE ALUMNOS


    Podrán presentar instancias solicitando el ingreso en la Academia, desde el 21 al 31 del mes actual.

    El curso comenzará el día 7 de enero próximo, terminando el 26, realizándose los exámenes del 27 al 31 del ya citado mes.


    CONDICIONES REGLAMENTARIAS DE ADMISIÓN


    Para los que estén en campaña.


    Con arreglo a lo dispuesto en el capítulo IV, antes del examen presentarán:

    1.º Certificado de los profesores del frente, de haber cursado los estudios marcados en el Decreto de creación de la Academia.

    2.º Certificado de haber practicado el empleo de Alférez con la debida aptitud, para después ejercerlo.



    Para los que cursen estudios en la Academia.


    1.º Certificado del Registro Civil o Parroquial, en el que se acredite que se tienen cumplidos los dieciocho años. Si carecieran de estos documentos por las actuales circunstancias, podrán suplirlos por un informe del Comisario o Jefe a quienes se refiere el número 3 de este artículo.

    2.º Certificado del médico de su unidad, o del que esté afecto al servicio de Requetés en su residencia habitual, en el que se acredite la capacidad física necesaria.

    3.º Informe favorable del Comisario Carlista de Guerra, si no está en campaña, o del Jefe de su Tercio, si lo está, de reunir las condiciones morales y de capacidad que le permitan ser Oficial, debiendo preceder en ambos casos el informe del Jefe del Requeté.

    4.º Documentos o copias auténticas que acrediten la antigüedad, servicios prestados en el Requeté y títulos académicos que posean.

    No podrá presentarse en la Academia ninguno a quien no le haya sido comunicada la admisión.


    Toledo, 11 de diciembre de 1936.

    El Director, HERMENEGILDO TOMÉ (Rubricado).
    Última edición por Martin Ant; 12/12/2017 a las 20:38

  4. #4
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 3

    Fuente: Franco, ¿no era normal? Uno de sus hechos injustificable: la persecución a los carlistas, Tomás Echeverría, páginas, 86 y 87.




    ACTA DE LA REUNIÓN DE LA JUNTA NACIONAL CARLISTA DE GUERRA EN SALAMANCA


    En la ciudad de Salamanca, a las ocho de la noche del día veinte de Diciembre de 1936, se reúnen en la Casa de las Conchas los siguientes miembros de la Junta Nacional Carlista de Guerra:

    Don Manuel Fal Conde, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista y Presidente de la misma; Sr. Conde de Rodezno; Don José María Lamamié de Clairac; Don José María Valiente; Don Juan Sáenz Díez; Don Julio Muñoz Aguilar; Don José María Arauz de Robles; y Don José Luis Zamanillo, los cuales desean hacer constar los hechos que siguen:

    En el día de ayer, diecinueve, llamado por éste visitó al Generalísimo Don Francisco Franco Bahamonde el Sr. Conde de Rodezno, al que comunicó aquél su disgusto por la publicidad del Decreto de la Jefatura Delegada, creando la Real Academia de Requetés, hecho que calificó con gran dureza. El Sr. Conde de Rodezno expuso al Generalísimo la seguridad de que en la intención de la redacción del Decreto no podía existir otro propósito que el plausible de proporcionar mayor eficiencia a la actuación de los Oficiales del Requeté, toda vez que si algo se halla fuera del alcance de la duda, es el desinterés y patriotismo de la aportación de nuestra Comunión al Movimiento salvador. En definitiva, recabó del Generalísimo que escuchase las explicaciones del Sr. Fal Conde en próxima visita.

    En la mañana de hoy avisaron del Cuartel General del Generalísimo que cuando llegase el Sr. Fal visitase al Sr. General Don Fidel Dávila, Presidente de la Junta Técnica, como en efecto lo ha hecho apenas ha llegado y ha sido enterado de lo sucedido. Al regresar de la entrevista, y ante los Delegados referidos, Don Manuel Fal Conde ha manifestado que el citado General Dávila le había hecho saber que el acto de la creación de la Real Academia de Requetés era considerado por ellos como un golpe de Estado y que, en consecuencia, de orden del Generalísimo debía abandonar España, yéndose a la nación extranjera que libremente eligiese.

    El Sr. Fal Conde informó igualmente de que había manifestado al señor General Dávila todos los antecedentes que, a su juicio, abonaban la creación de un Centro de enseñanza militar que diese mayor eficacia técnica a los Oficiales del Requeté; Oficiales que, sin interrupción, han venido siendo de nombramiento de la autoridades de la Comunión Tradicionalista, así como de iniciativa de ésta la propuesta y confirmación de estos ascensos, como corresponde a organización de tan acusada disciplina y adhesión a una ideología, hoy puesta, sin pérdida de su propio carácter, al servicio del Movimiento salvador, para el que, sin mengua también de ninguna de sus características, fue requerida.

    Hecha y razonada esta manifestación que en síntesis abreviada se consigna, el Sr. Fal Conde no alegó ante los reunidos otra cosa que su propósito de cumplir inmediatamente la orden que le fue verbalmente transmitida, no obstante la reiterada expresión de su deseo de que le fuese comunicada por escrito.

    Los miembros de la Junta presentes manifiestan su extrañeza y hondo disgusto por una decisión a la que no encuentran justificación alguna en cuanto al propósito de la creación del mencionado Centro. Si algún reparo pudiera ofrecer, a juicio de la Autoridad, la parte formal del documento, no pueden menos de estimar de inusitada desproporción la sanción impuesta. Pero entienden todos que las circunstancias por las que atraviesa España no autorizan a crear dificultad alguna a los que tienen la responsabilidad del Poder y de la Guerra, por lo cual entienden deben permanecer todos en sus puestos más fieles cada día al servicio de Dios, España y el Rey, y al Movimiento Nacional.

    Por todo lo cual, y en atención a la gravedad de lo sucedido y a la necesidad [de] que de ello y de nuestra actitud quede la debida constancia, levantan por duplicado la presente acta, que desean concluir manifestando su más completa adhesión e identificación en todo con D. Manuel Fal Conde.

    ¡VIVA CRISTO REY!

    ¡VIVA ESPAÑA!

    ¡VIVA EL REY!


    Firman: el Conde de Rodezno; José Mª L. de Clairac; José Mª Valiente; José Mª Arauz; Julio Muñoz Aguilar; Juan Sáenz Díez; José Luis Zamanillo.

  5. #5
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 4

    Fuente: Franco, ¿no era normal? Uno de sus hechos injustificable: la persecución a los carlistas, Tomás Echeverría, páginas 100 – 102.


    CARTA DEL PRÍNCIPE DON JAVIER A LOS DIRECTIVOS CARLISTAS DEFENDIENDO LA ACTUACIÓN DE FAL CONDE



    A LA JUNTA NACIONAL CARLISTA DE GUERRA


    Mis queridos amigos:

    Ante la orden superior comunicada verbalmente a mi Jefe Delegado, por el General Dávila, el veinte de diciembre, para que abandonara cuanto antes el territorio español, orden que fue cumplida sin pérdida de tiempo por aquél, dando una nueva y magnífica muestra de su alto patriotismo, Yo, como Príncipe Regente y Caudillo de la Comunión Tradicionalista, después de haber comunicado con vosotros en la forma y medida posible, dentro de las dificultades y tardanza que implica mi vida en el extranjero, y después de haber dejado pasar los días necesarios para poder reunir los suficientes elementos de juicio, me creo en la obligación de conciencia de escribiros la presente carta, tanto por las responsabilidades que sobre Mí pesan en estas horas históricas para la Patria y para la civilización cristiana, como porque vosotros en estos momentos personificáis la representación más calificada de la auténtica Tradición española.

    El silencio que, tanto Mi Jefe Delegado en el destierro, como todos vosotros en España, habéis guardado, sin contribuir a la labor de quienes han divulgado y siguen divulgando hasta en otros países la noticia deformada y monstruosa, implica una actitud de obediencia y sumisión al bien de la Patria, que no puede menos de ser considerada como una prueba más de la lealtad de nuestra Comunión.

    No voy a entrar en detalles del hecho doloroso, porque habiéndolo vivido vosotros, los conocéis mejor que Yo; más bien he de enfocar la cuestión desde un punto de vista, que de momento es el más interesante para todos.

    Fal Conde ha actuado no de un modo personal, sino representando perfectamente el espíritu de nuestra Organización, y adoptando sus usos y costumbres. Porque aquel espíritu es el de rendir la mayor eficacia en la guerra en servicio exclusivo de la Patria, quiso completar los encuadramientos y mandos subalternos del Requeté, siempre bajo la dirección y mando militares, mediante una mayor capacitación de la oficialidad del Requeté, que siempre fue nombrada dentro de la Comunión, y que desde los primeros momentos fue aceptada y utilizada por el Mando, en función propia o auxiliar, según lo estimó conveniente; y adoptó al hacerlo los usos y costumbres de la Comunión al dirigirse a ésta en forma de Decreto, y al buscar el mayor estímulo en el cumplimiento del deber de los Oficiales, mediante la firma de los nombramientos por la más alta jerarquía de la Comunión, ostentada al presente por Mí; que nada ha obligado a nuestros leales tanto para el sacrificio y el heroísmo, como el nombramiento, la condecoración o la carta del Caudillo de la Comunión que, por otra parte, no hay que olvidar que, en la persona de Mi Augusto Tío, fue quien dio la orden de entrar de lleno en el Movimiento, en servicio exclusivo de la Religión y de la Patria, dejando a un lado, ahora, la cuestión del Rey, actitud tanto más patriótica cuanto que era Él quien encarnaba la Institución Monárquica.

    Muerto el Rey, ni Yo, ni Mi Jefe Delegado Fal Conde, nos hemos apartado ni un ápice de esta patriótica línea de conducta que Aquél nos dejó trazada.

    Siendo todo esto así, es claro que la sanción recaída sobre Fal Conde cae de lleno y directamente sobre la Comunión y nos llega a todos. Si una cuestión meramente de forma podía parecer inoportuna e inducir a error sobre el significado del acto a los menos conocedores del régimen interior de la Comunión, y de la organización interna del Requeté, todo ello podía haberse remediado plenamente mediante aclaración que el patriotismo de Mi Jefe Delegado hubiera facilitado en el acto, y en la que se hubiera determinado, sin lugar a dudas, que se trataba de una disposición de régimen interior de la Comunión y del Requeté, ajustada a antiguo uso y costumbre, y dentro de la más perfecta subordinación al Ejército, que precisamente nadie como Fal Conde ha exaltado como necesaria desde que comenzó el Movimiento.

    Si a pesar de cuanto va señalado, todavía se cree que debe tenerse en cuenta la persona de Fal Conde, Yo quiero señalar aquí los extraordinarios y señalados servicios prestados a la Patria, y los méritos por él contraídos que lo hacen acreedor tanto a la estima de todo buen Español como al derecho de que no se interprete ningún acto suyo sino en el sentido recto y patriótico que su vida y su conducta le mandan.

    Fal Conde fue el hombre que sufrió persecuciones, cárceles, confiscación de bienes durante la República, y que no contento con esto, comprendió siempre que sólo una preparación y organización militarizada de la Comunión, junto con una actuación de la parte sana del Ejército, podían salvar a España.

    Fue él quien, frente a las dificultades enormes que entonces se encontraban, y siendo sólo Jefe Regional de Andalucía, organizó ese brillante Requeté Sevillano, que tanto ayudó en los primeros momentos al General Queipo de Llano en Sevilla, y que fue la base de la Columna del hoy Teniente Coronel Redondo, que cuenta las victorias por las acciones de guerra, lo mismo en la cuenca del Río Tinto, que en los avances sobre Ronda y Málaga, o en las recientes operaciones sobre Córdoba y Jaén.

    Fue Fal Conde quien, elevado a la Jefatura de la Comunión en 1934, acomete y realiza la creación y organización en toda España de esos admirables Requetés, buscándoles el encuadramiento en mandos, dándoles un Reglamento y una Ordenanza que condensa todo su espíritu y elevada moral, y hasta procurando a grupos más selectos, con gran sacrificio, una especialización en el extranjero para su mayor eficacia.

    Fal Conde, contra el general ambiente, y adelantándose a lo que es hoy postulado del Movimiento, rehúsa una y otra vez el acudir a las lides parlamentarias, sin admitir un acta de Diputado; y mientras tanto, incluso militares, fiaban la solución a actuaciones posibilistas y de menor riesgo, él lo arriesgaba todo, y en el acuerdo con el heroico y llorado General Sanjurjo (con el General Rodríguez del Barrio, cuando representaba la dirección del Movimiento en Madrid; con el General Varela, cuando pasó a manos de éste; y, por último, con el General Mola), fiaba únicamente la salvación de la Patria; y el hecho incontrovertible es que, cuando estallado el Movimiento, tantas y tan interesantes aportaciones fallaron, hubo una, una sola, que excedió en mucho a lo ofrecido y esperado, y fue la aportación de los Requetés, sobre todo en Navarra, sin la cual no hubiera sido posible sostener la situación, ante el fallo de la escuadra y de importantes guarniciones.

    Pues esa aportación que tan decisiva trascendencia ha tenido, que superó a todo lo esperado, y que en Irún, San Marcial, en todo el frente guipuzcoano y alavés, como en todos los demás, tanta eficacia combativa ha demostrado; esa aportación no fue otra cosa que el fruto de toda la preparación, organización y espíritu en que Fal Conde trabajó con tenacidad y constancia, inspiradas por el más alto patriotismo.

    De quien así ha procedido, y tiene en su glorioso haber tales y tan extraordinarios méritos contraídos en servicio de la Patria, no cabe pensar que un acto suyo, que tiene una lógica y recta interpretación, pueda por una cuestión de forma, menos oportuna para los extraños a la Comunión, tomarse como un acto contra la Patria, contra el Ejército y contra el Generalísimo. Tan monstruoso y absurdo es el supuesto en quien tiene tal hoja de servicios, que no puede menos de ser rechazado.

    Ante lo ocurrido, Yo quiero daros un consejo, que en este momento solemne, que algún día recogerá la Historia, tiene todo el valor de una orden terminante.

    Somos víctimas de una injusticia, no por mala fe, sino por desconocimiento de lo que somos, y de mucho de lo antes consignado; a ello ha contribuido cierta atmósfera creada, y no con buena fe, en torno a los que dirigen, y por la cual se trata de desvirtuar la gloriosa actuación del Requeté con una interpretación absurda de diversos hechos y actuaciones de esa Junta, que no persigue más fin que el de la mayor eficacia en el servicio de España y en su colaboración con el Ejército. Pues bien, a pesar de todo esto, como nosotros no servimos para la intriga ni para la insidia; como nosotros somos incapaces de causar el menor mal a España, a la que amamos exaltadamente; como nuestra misión es ayudar a salvarla; y como, para ello, no hemos regateado sacrificios y estamos dispuestos a otros nuevos sin llegar nunca al límite, Yo espero de vosotros, hoy más que nunca, la mayor disciplina en relación al Ejército, a cuyo lado y en cuyo servicio nos hemos comprometido a salvar la Patria.

    Hagamos el sacrificio de nuestro silencio y de nuestro amor propio. Día vendrá en que este sacrificio de ahora, que tanto tiene que costarnos, se convierta en una gran satisfacción y en título de gloria.

    Porque quienes no nos conozcan verán entonces que la Comunión Tradicionalista sabe llegar en la abnegación a las mismas cumbres que en el heroísmo.

    Os saluda muy cariñosamente vuestro affmo.

    FRANCISCO JAVIER



    En el día de Reyes de 1937.

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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 5

    Fuente: Franco, ¿no era normal? Uno de sus hechos injustificable: la persecución a los carlistas, Tomás Echeverría, páginas 103 – 105.




    CARTA DEL PRÍNCIPE REGENTE DON JAVIER A LA JUNTA NACIONAL CARLISTA DE GUERRA


    6 marzo 1937

    A Mis Delegados en la Junta Nacional Carlista de Guerra.

    Mis queridos amigos:

    Me hago perfecto cargo de la tortura en que os encontráis todos, sin exceptuar a nadie, con respecto al asunto de Mi Jefe Delegado. Veo vuestras dudas y vacilaciones precisamente por el deseo de acertar y conseguir que cese la sanción, ya que todos os solidarizáis con él, y anheláis que ejerza la Jefatura con más efectividad, con más eficacia, y con toda dignidad.

    Pues bien: no os atormentéis más, haced lo que Yo os mando, pues hay que confiar en la misericordia de Dios, que ha de prestarme en el cargo sus asistencias. Llevad esta carta al Generalísimo, presentaos a él, habladle con sinceridad y respeto, y Yo espero que acompañado todo esto de Oraciones a Dios Nuestro Señor, hemos de conseguir nuestros legítimos deseos.

    Si, contra nuestras esperanzas, el resultado no fuese satisfactorio, ya hablaríamos sobre vuestras dimisiones.

    Entre tanto, lleno de confianza en Dios y en vuestra lealtad y celo, queda vuestro afectísimo


    FRANCISCO JAVIER DE BORBÓN








    CARTA DEL PRÍNCIPE REGENTE DON JAVIER AL GENERALÍSIMO


    6 marzo 1937.


    Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde

    Generalísimo y Jefe del Estado Español

    Excmo. Sr.:

    Profundo dolor me causó el destierro de mi representante en España, Sr. Fal Conde, y de manera especial la noticia de que su proceder había merecido calificaciones durísimas que imputaban delitos contra la Patria, a quien, en todo momento, tanto y tan abnegadamente la ha servido, y representa dignamente a los españoles meritísimos encuadrados en los Requetés.

    Creyendo que la medida habría de perturbar las conciencias, y temiendo que repercutiera en el extranjero, decidí callar y mandar a mis leales en carta a Mi Junta de fecha 6 de enero, que guardaran el mismo silencio, para eludir toda responsabilidad en esos perjuicios, y evitar cualquier agravación de los mismos, en la esperanza, por Mi parte, de que no tardaría V. E. en revocar su acuerdo. Lo mismo Fal Conde, en su resignado destierro, que todos los Tradicionalistas españoles, han demostrado una vez más, que se deben a la Patria, ante la que saben ofrendar sus intereses, aún legítimos, de partido.

    Lo que no han podido evitar es que, día por día, la ausencia de Fal Conde causa en los Requetés del frente una insatisfacción que les produce la clara visión del distanciamiento entre el Jefe del Movimiento Nacional por derecho de caudillaje, a cuya obediencia se sujetaron por orden de Mi Jefe Delegado, y éste que, representando en España la Causa de la Monarquía, recoge además la confianza de los carlistas que profesan estos ideales eternos e irrenunciables.

    Esa interior amargura de los Requetés ha llegado a punto de hacer imposible la continuación de Mis Delegados de la Junta Nacional, que me han presentado sus dimisiones, y Yo, antes de aceptarlas, tengo necesidad de remitirlos a V. E. para que le pidan se alce el destierro de Mi Jefe Delegado, y se busque la fórmula de marchar en lo sucesivo en tal compenetración –habida cuenta de la subordinación y disciplina que tienen aceptada– que permita nuestra colaboración más eficaz, que no aspira a cargos públicos, de los que por otra parte, parece que hay designio de alejarlos, y sí sólo a obtener las facilidades necesarias para rendir un mayor esfuerzo guerrero y dar al Estado la savia de la doctrina salvadora que esta gloriosa Comunión ha conservado a costa de infinitos sacrificios, y siempre con la lealtad más acrisolada de que hay ejemplo en la Historia de España.

    Espero confiadamente ser atendido en Mi petición, y como Príncipe Regente, Sucesor en tal cargo de los heroicos Reyes proscritos, complázcome en consignar que es la primera vez, en más de un siglo, que el Representante de la Legitimidad ha podido dirigirse a los Poderes Públicos Españoles, porque hasta ahora no han sido éstos ejercidos con los títulos y por las personas exigidas por el honor de España. Sea ésta la explicación de Mi fundada esperanza y, al par que le felicito por la dirección y éxitos de la campaña, me satisface testimoniarle mi particular devoción.


    FRANCISCO JAVIER DE BORBÓN











    NOTA VERBAL DE LA JUNTA NACIONAL CARLISTA DE GUERRA AL GENERALÍSIMO, QUE ENTREGA A ÉSTE, PERSONALMENTE, EN AUDIENCIA DEL DÍA 10 DE MARZO DE 1937.



    La Junta Nacional de la Comunión Tradicionalista ha recibido del Príncipe Regente, Don Javier de Borbón Parma, la orden de entregar a V. E. el documento que dicho Augusto Señor le dirige, y que en este momento ponemos en sus manos.

    La Junta aprovecha esta ocasión para reiterarle una vez más la lealtad con que los Requetés y la Comunión entera, viene sirviendo, desde el primer día, la Causa de la Patria, encarnada hoy en la persona de V. E.

    La lealtad de los tradicionalistas, su generosidad en el esfuerzo, y su espíritu de disciplina son notorios. Estas virtudes han resplandecido con luz de ejemplaridad, acatando, como han acatado, con respeto profundo, la orden de extrañamiento de su Jefe D. Manuel Fal Conde, quien sin la más leve protesta, en silencio doloroso, abandonó el territorio de la Patria.

    No debemos entrar en el estudio del hecho material que provocó la sanción. Pero lo que podemos afirmar con dignidad es que la intención fue recta y patriótica. Estamos seguros que el claro juicio de V. E. apreciará, como nosotros sostenemos por nuestro honor, en el acto del Sr. Fal Conde, la falta de esa intencionalidad sin la cual, jurídicamente, no puede haber delito. Si alguna duda hubiera podido haber en esto, el rendimiento con que se ha cumplido la sanción habría sido bastante para disiparla enteramente. Y si, a pesar de todo, aún existiese, suplicamos con vehemencia que se abra la más amplia información. Nos ofrecemos a todo; no hay en nuestro espíritu un solo repliegue oculto. Nada ansiamos tanto como que V. E. llegue a conocernos a fondo, porque ansiamos también que nuestra colaboración con V. E. en los altos afanes de estos graves días, sea cada vez más íntima, más cordial, sin recelos ni dudas, sin sombras, hasta llegar a la unidad del espíritu, raíz única de toda obra fecunda. Y hoy reiteramos estas afirmaciones por nuestro honor y por el honor de nuestros muertos.

    Leerá V. E. en el documento del Príncipe, que los Vocales de esta Junta Nacional han presentado su dimisión. Esta actitud nuestra era obligada. Si, a pesar de la falta de intencionalidad, se mantiene la sanción impuesta al Sr. Fal Conde, un deber de compañerismo, de lealtad personal, de sentido jerárquico, nos obliga, no mediado delito, a tomar esta determinación que nadie, mejor que un soldado, sabrá estimar en lo que tiene de honrada y caballerosa.

    Pero tenemos otra razón para dimitir, que diremos a V. E. con entera sinceridad. El mantenimiento del destierro prolongado del Sr. Fal Conde, por un hecho al que no acompañó intención delictiva, determina que la actuación de la Comunión en general, y de los Requetés en particular, aun dentro de su proverbial obediencia y disciplina, carezca de aquella interior satisfacción, necesaria siempre para la eficacia de la colaboración, y que nosotros nos sentimos impotentes para devolverles. Ocultar esto, sería adulación indigna; diciéndole con respeto y verdad, cumplimos el más difícil, pero a la vez, el más alto deber con los gobernantes.

    No queremos terminar sin sumarnos con el mayor empeño a la petición que el Príncipe hace a V. E. Pedimos que se levante la sanción contra el Sr. Fal Conde. Su falta de intención dolosa, y la necesidad de restablecer la satisfacción interior en la lealísima Comunión Tradicionalista, esperamos que inclinen a V. E. a consentir la reintegración de nuestro Jefe a la Patria.


    Salamanca, 10 de marzo de 1937.
    Última edición por Martin Ant; 12/12/2017 a las 20:47

  7. #7
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 6

    Fuente: Franco, ¿no era normal? Uno de sus hechos injustificable: la persecución a los carlistas, Tomás Echeverría, páginas 107 – 108.





    CARTA RESPUESTA DEL GENERALÍSMO AL PRÍNCIPE REGENTE D. JAVIER DE BORBÓN.



    Smo. Señor:

    Oportunamente recibí su grata carta en la que se interesaba por la reintegración del Sr. Fal Conde a sus actividades, sin que entonces encontrase posible hacerlo, ya que las vicisitudes del momento y el error sufrido por Fal, impedían recoger tan bondadosa solicitud.

    La Guerra exigía unidad y fortaleza, y contraria a ella es el mantenimiento e invocación de cuanto no fuese común a todos los españoles.

    La terminación de la lucha igualmente nos ha de imponer la unión más estrecha para enfrentarse con los problemas humanos de odios y rencores que la liquidación de la guerra civil forzosamente crea.

    Nada conseguiríamos, sin embargo, con ganar la guerra y liquidar ésta, si no desarraigásemos las causas que la motivaron y no llevásemos al pueblo con la paz, la autoridad, el principio jerárquico, la justicia social y el progreso económico, que hagan desaparecer el estado moral y la injusticia que ha facilitado las propagandas rojas.

    Para esta gran obra nacional que pugna con tantos egoísmos seculares, situaciones de privilegio y humanas resistencias, es necesario todavía más la unión de todos los españoles.

    Por todo lo expuesto, se ha de comprender el grado de sacrificio a que el interés de la Patria obliga a todos los españoles, para que, encerrando en su corazón lo que sientan y no sea común, se unan en lo que lo es, para el servicio de España; sin plazos ni reservas, que puedan poner en interinidad al Estado, necesitado de fortaleza.

    Estos han sido los motivos del Decreto de Unificación, recientemente promulgado, en que por el interés de la Nación y para su salvación, tan leal y generosamente se han unido nuestros bravos, puros y leales tradicionalistas y nuestros heroicos y dinámicos falangistas.

    No he dudado nunca que su amor a España y a la Tradición española reflejados en los acentos de su carta le hará compartir la solemnidad del momento en que los puros principios tradicionalistas van a tomar vida, en el cuerpo del Estado, con los que son comunes a todos los españoles.

    Aprovecho esta ocasión, Smo. Sr., para ofrecerle el testimonio de mi sincera simpatía y devota devoción.


    Salamanca, 30 de abril de 1937.



    FRANCISCO FRANCO



    Smo. y Exmo. Sr. Príncipe Javier de Borbón.

  8. #8
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 7

    Fuente: Archivo Fal Conde. Universidad de Navarra.





    CARTA DE DON JAVIER A FAL CONDE DE 24/12/1936.



    St. Jean de Luz, 24 Diciembre 1936.

    Mi querido Fal Conde,

    Estamos en la noche de la Navidad y acabo de pasarla contigo, porque la distancia no cuenta en esta noche.

    “Hodie scietis, quia veniet Dominus, et salvabit nos; et mane videbitis gloriam ejus. Crastina die delebitur iniquitas terrae: et regnabit super nos Salvator mundi”.

    Mi pensamiento, querido Fal, no se aparta de ti, y quiero darte muy cariñosas y expresivas gracias por tu actitud tan digna y tan patriótica en estas circunstancias.

    Has cumplido tu deber hermosamente y heroicamente, y la persecución es el signo de Dios.

    Hay cosas que nosotros, como Católicos y Carlistas, no podemos admitir; y era una necesidad que quedara separada la responsabilidad de nuestra Comunión Tradicionalista de ciertos hechos y de una dirección que no puede ser la legítima.

    Te estoy agradecido de todo corazón, porque tu actuación era la única que había.

    No te hablo largamente del hecho mismo, pero no es la primera vez que se crea un verdadero golpe de traición a nuestra colaboración tan fiel y hermosa hasta hoy.

    Y nosotros continuaremos colaborando con todas nuestras fuerzas al esfuerzo militar para la salvación de España.

    Los hombres no valen nada, caerán las estrellas falsas de hoy, y no es para ellas por lo que luchamos.

    Nosotros también pudiera ser que desapareciésemos, porque la vida es breve, pero no desaparecerá ni la Comunión Tradicionalista, ni la eterna España profundamente católica y monárquica, que pone hoy su esperanza en nosotros.

    No puede desaparecer, porque “Dios no muere”, y la sangre de nuestros mártires, los sacrificios de todos, y el tuyo hoy, cuentan más que un ejército, en las manos de Dios.

    Por el contrario, el hecho de estos días, para mí, significa la certidumbre que Nuestra Victoria, que es la de Nuestra Causa, triunfará más pronto que lo que los pequeños hombres ciegos creen.

    Lamamié vino antes de ayer para encontrarme, en Burdeos, y de aquí tomo el contacto con nuestra Junta Central.

    Nosotros no protestaremos clamorosamente; no pediremos nada para ti, porque sería indigno de la Causa e indigno de ti.

    Pero expondremos al General con toda claridad nuestras razones y nuestra total identificación con tu conducta.

    Creo que este acto habrá de ser histórico y base de nuestro porvenir en esta lucha contra el enemigo exterior, que es el Comunismo Anárquico internacional, y el enemigo interno, que es la Masonería y sus sustentadores.

    Mi propósito es ir en seguida a Portugal y hablaremos de todo, tomando las medidas necesarias.

    Querido Fal, no necesito decirte que nuestra unión es tan fuerte que jamás podrá romperse.

    Te doy un fuerte abrazo.

    Créeme tu afectísimo



    Francisco Javier


  9. #9
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 8

    Fuente: Archivo Fal Conde. Universidad de Navarra





    CARTA DE DON JAVIER A FAL CONDE DE 31/12/1936



    31 Diciembre 1936
    S. J. de L.

    Querido Fal Conde,

    No he podido enviar la carta escrita en la noche de Navidad no conociendo tu dirección en Portugal, y hoy llega Lamamié y Tirso Olazábal con la tuya del 25 de Diciembre.

    Entiendo muy bien las razones que me expones en tu carta, que he leído con grande emoción, porque todo lo que me decí[a]s lo había yo pensado en estos días tristes.

    Pero hay que olvidar tu persona, como yo olvido la mía, y ponernos en frente de la verdadera situación política, porque si fuese un hecho personal sería contra mí nel [sic] mismo modo que contra ti.

    El hecho que te ocurrió es de una gravedad excepcional porque claramente va contra toda la nuestra organización tradicionalista.

    Te agradezco, querido Fal, de todo corazón, tu actitud tan digna.

    No es posible hoy que tú dejes de dirigir a nuestra Comunión, porque sería reconocer el derecho a extraños de imponernos sus voluntades en una cuestión absolutamente interna. Nosotros somos en forma Monárquica, y sería una falta grave de aceptar una imposición de un Jefe extranjero a cosas nuestras.

    He consultado claramente cada miembro de nuestra Junta Nacional, no siendo Rey, pero Regente, había que conocer el modo de ver de cada uno de los miembros.

    Y tuve el gusto de oír de Lamamié que todos eran del mismo sentido, que no se podía pensar sustituirte como Jefe Delegado, y que todos están juntos para sostenerte.

    Lamamié marcha hoy, en este momento, para Portugal y te dará todas las explicaciones.

    Te ruego, querido Fal Conde, de excusar esta carta escrita deprisa, sin diccionario, pero conoces mi sentido, y no podemos pensar de separarnos en esta lucha. No tengas miedo, que en poco tiempo la hora nuestra llegará. Te doy un fuerte abrazo, y créeme tu afectísimo


    Francisco Javier


    Quanto primo vendré a Portugal y hablaremos de todo.

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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

    APÉNDICE 9

    Fuente: Mis conversaciones privadas con Franco, Teniente General Francisco Franco Salgado-Araujo, Ed. Planeta, Barcelona, 1976, página 508.





    CARTA DE DON JAVIER AL GENERAL FRANCO DE 30/04/1937.



    Excmo. Sr. Don Francisco Franco. Jefe del Estado Español.

    Mi general:

    Vengo –bien lo sabe– unido al Movimiento Nacional desde el primer día, con la más íntima y fervorosa participación.

    Al hacerlo así, pongo por obra no sólo mis propios designios sino el mandato de honor y de confianza de que fui investido por mi inolvidable Jefe y tío el Príncipe Alfonso Carlos (q.s.g.h.).

    Me siento orgulloso de la lealtad y el brío con que las fuerzas tradicionalistas y sus magníficos requetés respondieron al mismo impulso, con una grandeza esculpida ya en la Historia por la sangre generosa de millares de héroes.

    Quiero, por mi parte, acreditar en todos mis actos el mismo elevado espíritu de desinterés y de sacrificio. En tal estado de ánimo y de voluntad, como un soldado más de la Causa Santa de España, le envío estas líneas a fin de rogarle que señale día para una conferencia.

    A ella habré de asistir con el único empeño de cooperar eficazmente al anhelo de unidad política a que responden sus últimas disposiciones.

    Quiero hacerlo así también como el mejor medio de inspirar el documento que haya de dirigir más tarde a las fuerzas tradicionalistas.

    Confío esta carta a mi dilecto amigo el Sr. Don Rafael de Olazábal, a quien puede entregar su respuesta.

    Le reitero, mi General, el testimonio de mi sincera simpatía y amistad.


    Francisco Javier de Borbón.


    París, 30 de abril de 1937.

  11. #11
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    Re: Fal Conde y la Real Academia de Alféreces del Requeté

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    APÉNDICE 10

    Fuente: Archivo Fal Conde. Universidad de Navarra






    CARTA DEL GENERAL FRANCO A DON JAVIER DE 05/05/1937.



    Semo. Sr.:

    Cerrada la anterior carta y pendiente de emisario, me entrega Olazábal la suya del 30, y me es muy grato el recibir una nueva y más valiosa muestra de vuestro amor a España y a la causa Nacional.

    Cuanto más pura, leal y sin reservas sea la unión de todos los españoles, más grande y duradera será la gran obra que acometamos, en que la espiritualidad del tradicionalismo ha de presidir la tarea de forjar la nueva España.

    Sus deseos de celebrar una entrevista, que sería para mí muy grata, tropieza[n] con los inconvenientes que la movilidad de la campaña me impone, al supeditar a las vicisitudes de la guerra todos mis movimientos; por ello, y dada su identificación con los problemas nacionales y empeño de cooperar eficazmente al anhelo de unidad política, podría, si así lo estima, el dilatar nuestra entrevista a momentos en que, más adelantada la campaña, pueda dedicarle la atención y solicitud que es mi deseo.

    Por otra parte, los resultados no serían más halagüeños, dados los sentimientos que se reflejan en su misiva, y así, no ocultándose a vuestra clara inteligencia los comentarios que nuestros comunes enemigos tratarían de provocar con la entrevista, y que no pesan en mi ánimo por despreciables, dejo a su claro sentido la redacción del documento, el cual, una vez conocido por mí, sería difundido a través de todos los servicios de propaganda, con toda la sonoridad que acto tan trascendental exige, y en el momento que estimáramos más oportuno.

    Su deseo de cooperar eficazmente a la unidad política sentida por los españoles, ha de llenar de íntima satisfacción, como llena a vuestro afectísimo y devoto amigo q.e.s.m.


    Francisco Franco


    Salamanca, 5 de Mayo de 1937.

    Srmo. y Exmo. Sr. Príncipe Francisco Javier de Borbón.

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