Y también muchas prostitutas son esclavas o poco menos de proxenetas, a los que tienen que entregar buena parte de sus ingresos. No todas ganan tanto, hay de todo. Muchas sí son objeto de explotación, y en todo caso, viven de pecar y hacer pecar a otros contra el sexto mandamiento. Y en muchísimos casos, obligadas o por propia voluntad abortan. Cierto es que es excesivo encarcelar a los clientes de los prostíbulos, y por supuesto que son objeto del odio de las feminazis, pero esos hombres tampoco tienen muchos miramientos con las prostitutas y las tratan eso mismo, como putas, como un objeto de usar y tirar con el que pasar el rato.

Concluyo citando los conocidos versos de Sor Juana Inés de la Cruz:

¿Y quién es más de culpar
aunque cualquiera mal haga,
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?