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Tema: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

  1. #1
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    Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    César Vidal, "La homosexualidad no es lo que era"

    >> En 1973, en contra de una extendida opinión psiquiátrica, la Asociación psiquiátrica americana (APA) excluyó la homosexualidad de los trastornos psicológicos contemplados en el DSM-III. La decisión fue calurosamente aplaudida por los grupos de presión gays como la liberación de un estigma e incluso como un acto de justicia histórico. En apariencia, la psiquiatría abandonaba un error de años.
    ¿Cómo dejó de ser considerada la homosexualidad un trastorno psicológico?

    El juicio sobre la homosexualidad ha experimentado diversas variaciones a lo largo de la Historia. En general, las culturas de la Antigüedad generalmente la juzgaron moralmente reprobable. Egipcios y mesopotámicos la contemplaron con desdén mientras que para el pueblo de Israel se hallaba incluida en el listado de una serie de conductas indignas del pueblo de Dios que se extendían del adulterio a la zoofilia pasando por el robo o la idolatría (Levítico 18, 22). No en vano, el Antiguo Testamento incluía entre los relatos más cargados de dramatismo el de la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 13, 14, 18 y 19), cuyos habitantes habían sido castigados por Dios por practicar la homosexualidad. Durante el período clásico, la visión fue menos uniforme. En Grecia, por ejemplo, alguna formas de conducta homosexual —masculina y sin penetración— era tolerable mientras que en Roma fue duramente fustigada por autores como Tácito o Suetonio como un signo de degeneración moral e incluso de decadencia cívica. El cristianismo —que, a fin de cuentas, había nacido del judaísmo— también condenó expresamente la práctica de la homosexualidad. No sólo Jesús legitimó lo enseñado por la ley de Moisés sin hacer excepción con los actos homosexuales (Mateo 5, 17-20) sino que el Nuevo Testamento en general condenó la práctica de la homosexualidad considerándola contraria a la ley de Dios y a la Naturaleza (Romanos 1, 26-27) y afirmando que quienes incurrieran en ella, al igual que los que practicaran otro tipo de pecados, no entrarían en el Reino de los cielos (I Corintios 6, 9).

    La condena de la práctica homosexual fue común en los Padres de la iglesia y en los documentos más antiguos de disciplina eclesial aparece como uno de los pecados que se penan con la excomunión. Partiendo de esta base no resulta extraño que el mundo medieval —tanto judeo y cristiano como musulmán— condenara las prácticas homosexuales e incluso las penara legalmente aunque luego en la vida cotidiana fuera tan tolerante —o tan intolerante— con esta conducta como con otras consideradas pecado. Esta actitud fue aplastantemente mayoritaria en occidente —y en buena parte del resto del globo— durante los siglos siguientes. Esencialmente, la visión negativa de la homosexualidad estaba relacionada con patrones religiosos y morales y no con una calificación médica o psiquiátrica. El homosexual podía cometer actos censurables —no más por otra parte que otros condenados por la ley de Dios— que incluso se calificaban de contrarios a la Naturaleza y de perversión. No obstante, no se identificaba su conducta con un trastorno mental o con un desarreglo físico. En realidad, para llegar a ese juicio habría que esperar a la consolidación de la psiquiatría como ciencia.

    Partiendo de una visión que consideraba como natural el comportamiento heterosexual —que meramente en términos estadísticos es de una incidencia muy superior— la psiquiatría incluiría desde el principio la inclinación homosexual —y no sólo los actos como sucedía con los juicios teológicos— entre las enfermedades que podían y debían ser tratadas. Richard von Kraft-Ebing, uno de los padres de la moderna psiquiatría del que Freud se reconocía tributario, la consideró incluso como una enfermedad degenerativa en su Psychopatia Sexualis. De manera no tan difícil de comprender, ni siquiera la llegada del psicoanálisis variaría ese juicio. Es cierto que Freud escribiría en 1935 una compasiva carta a la madre norteamericana de un homosexual en la que le aseguraba que “la homosexualidad con seguridad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que avergonzarse, ni un vicio, ni una degradación, ni puede ser clasificado como una enfermedad”. Sin embargo, sus trabajos científicos resultan menos halagüeños no sólo para las prácticas sino incluso para la mera condición de homosexual. Por ejemplo, en sus Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, Freud incluyó la homosexualidad entre las “perversiones” o “aberraciones sexuales”, por usar sus términos, de la misma manera que el fetichismo del cabello y el pie o las prácticas sádicas o masoquistas. A juicio de Freud, la homosexualidad era una manifestación de falta de desarrollo sexual y psicológico que se traducía en fijar a la persona en un comportamiento previo a la madurez heterosexual.

    En un sentido similar, e incluso con matices de mayor dureza, se pronunciaron también los otros grandes popes del psicoanálisis, Adler y Jung. Los psicoanalistas posteriores no sólo no modificaron estos juicios sino que incluso los acentuaron a la vez que aplicaban tratamientos considerados curativos contra la inclinación homosexual. En los años cuarenta del siglo XX, por ejemplo, Sandor Rado sostuvo que la homosexualidad era un trastorno fóbico hacia las personas del sexo contrario, lo que la convertía en susceptible de ser tratada como otras fobias. Bieber y otros psiquiatras, ya en los años sesenta, partiendo del análisis derivado de trabajar con un considerable número de pacientes homosexuales, afirmaron que la homosexualidad era un trastorno psicológico derivado de relaciones familiares patológicas durante el período edípico. Charles Socarides en esa misma década y en la siguiente —de hecho hasta el día de hoy— defendía, por el contrario, la tesis de que la homosexualidad se originaba en una época pre-edípica y que por lo tanto resultaba mucho más patológica de lo que se había pensado hasta entonces. Socarides es una especie de bestia negra del movimiento gay hasta el día de hoy pero resulta difícil pensar en alguien que en el campo de la psiquiatría haya estudiado más minuciosa y exhaustivamente la cuestión homosexual. Curiosamente, la relativización de esos juicios médicos procedió no del campo de la psiquiatría sino de personajes procedentes de ciencias como la zoología (Alfred C. Kinsey) cuyas tesis fueron frontalmente negadas por la ciencia psiquiátrica.

    De manera comprensible y partiendo de estos antecedentes, el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) incluía la homosexualidad en el listado de desórdenes mentales. Sin embargo, en 1973 la homosexualidad fue extraída del DSM en medio de lo que el congresista norteamericano W. Dannemeyer denominaría “una de las narraciones más deprimentes en los anales de la medicina moderna”. El episodio ha sido relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y ciertamente constituye un ejemplo notable de cómo la militancia política puede interferir en el discurso científico modelándolo y alterándolo. Según el testimonio de Bayer, dado que la convención de la Asociación psiquiátrica americana (APA) de 1970 iba a celebrarse en San Francisco, distintos dirigentes homosexuales acordaron realizar un ataque concertado contra esta entidad. Se iba a llevar así a cabo “el primer esfuerzo sistemático para trastornar las reuniones anuales de la APA”. Cuando Irving Bieber, una famosa autoridad en transexualismo y homosexualidad, estaba realizando un seminario sobre el tema, un grupo de activistas gays irrumpió en el recinto para oponerse a su exposición. Mientras se reían de sus palabras y se burlaban de su exposición, uno de los militantes gays le gritó: “He leído tu libro, Dr. Bieber, y si ese libro hablara de los negros de la manera que habla de los homosexuales, te arrastrarían y te machacarían y te lo merecerías”. Igualar el racismo con el diagnóstico médico era pura demagogia y no resulta por ello extraño que los presentes manifestaran su desagrado ante aquella manifestación de fuerza.

    Sin embargo, el obstruccionismo gay a las exposiciones de los psiquiatras tan sólo acababa de empezar. Cuando el psiquiatra australiano Nathaniel McConaghy se refería al uso de “técnicas condicionantes aversivas” para tratar la homosexualidad, los activistas gays comenzaron a lanzar gritos llamándole “sádico” y calificando semejante acción de “tortura”. Incluso uno se levantó y le dijo: “¿Dónde resides, en Auchswitz?”. A continuación los manifestantes indicaron su deseo de intervenir diciendo que habían esperado cinco mil años mientras uno de ellos comenzaba a leer una lista de “demandas gays”. Mientras los militantes acusaban a los psiquiatras de que su profesión era “un instrumento de opresión y tortura”, la mayoría de los médicos abandonaron indignados la sala. Sin embargo, no todos pensaban así. De hecho, algunos psiquiatras encontraron en las presiones gays alicientes inesperados. El Dr. Kent Robinson, por ejemplo, se entrevistó con Larry Littlejohn, uno de los dirigentes gays, y le confesó que creía que ese tipo de tácticas eran necesarias, ya que la APA se negaba sistemáticamente a dejar que los militantes gays aparecieran en el programa oficial. A continuación se dirigió a John Ewing, presidente del comité de programación, y le dijo que sería conveniente ceder a las pretensiones de los gays porque de lo contrario “no iban solamente a acabar con una parte” de la reunión anual de la APA. Según el testimonio de Bayer, “notando los términos coercitivos de la petición, Ewing aceptó rápidamente estipulando sólo que, de acuerdo con las reglas de la convención de la APA, un psiquiatra tenía que presidir la sesión propuesta”. Que la APA se sospechaba con quien se enfrentaba se desprende del hecho de que contratara a unos expertos en seguridad para que evitaran más manifestaciones de violencia gay. No sirvió de nada.

    El 3 de mayo de 1971, un grupo de activistas gays irrumpió en la reunión de psiquiatras del año y su dirigente, tras apoderarse del micrófono, les espetó que no tenían ningún derecho a discutir el tema de la homosexualidad y añadió: “podéis tomar esto como una declaración de guerra contra vosotros”. Según refiere Bayer, los gays se sirvieron a continuación de credenciales falsas para anegar el recinto y amenazaron a los que estaban a cargo de la exposición sobre tratamientos de la homosexualidad con destruir todo el material si no procedían a retirarlo inmediatamente. A continuación se inició un panel desarrollado por cinco militantes gays en el que defendieron la homosexualidad como un estilo de vida y atacaron a la psiquiatría como “el enemigo más peligroso de los homosexuales en la sociedad contemporánea”. Dado que la inmensa mayoría de los psiquiatras podía ser más o menos competente, pero desde luego ni estaba acostumbrada a que sus pacientes les dijeran lo que debían hacer ni se caracterizaba por el dominio de las tácticas de presión violenta de grupos organizados, la victoria del lobby gay fue clamorosa. De hecho, para 1972, había logrado imponerse como una presencia obligada en la reunión anual de la APA. El año siguiente fue el de la gran ofensiva encaminada a que la APA borrara del DSM la mención de la homosexualidad. Las ponencias de psiquiatras especializados en el tema como Spitzer, Socarides, Bieber o McDevitt fueron ahogadas reduciendo su tiempo de exposición a un ridículo cuarto de hora mientras los dirigentes gays y algún psiquiatra políticamente correcto realizaban declaraciones ante la prensa en las que se anunciaba que “los médicos deciden que los homosexuales no son anormales”.

    Finalmente, la alianza de Kent Robinson, el lobby gay y Judd Marmor, que ambicionaba ser elegido presidente de la APA, sometió a discusión un documento cuya finalidad era eliminar la mención de la homosexualidad del DSM. Su aprobación, a pesar de la propaganda y de las presiones, no obtuvo más que el 58 por ciento de los votos. Se trataba, sin duda, de una mayoría cualificada para una decisión política pero un tanto sobrecogedora para un análisis científico de un problema médico. No obstante, buena parte de los miembros de la APA no estaban dispuestos a rendirse ante lo que consideraban una intromisión intolerable y violenta de la militancia gay. En 1980, el DSM incluyó entre los trastornos mentales una nueva dolencia de carácter homosexual conocida como ego-distónico. Con el término se había referencia a aquella homosexualidad que, a la vez, causaba un pesar persistente al que la padecía. En realidad, se trataba de una solución de compromiso para apaciguar a los psiquiatras —en su mayoría psicoanalistas— que seguían considerando la homosexualidad una dolencia psíquica y que consideraban una obligación médica y moral ofrecer tratamiento adecuado a los que la padecían. Se trató de un triunfo meramente temporal frente a la influencia gay. En 1986, los activistas gays lograban expulsar aquella dolencia del nuevo DSM e incluso obtendrían un nuevo triunfo al lograr que también se excluyera la paidofilia de la lista de los trastornos psicológicos. En Estados Unidos, al menos estatutariamente, la homosexualidad —y la paidofilia— había dejado de ser una dolencia susceptible de tratamiento psiquiátrico.

    Cuestión aparte es que millares de psiquiatras aceptaran aquel paso porque la realidad es que hasta la fecha han seguido insistiendo en que la ideología política —en este caso la del movimiento gay— no puede marcar sus decisiones a la ciencia y en que, al haber consentido en ello la APA, tal comportamiento sólo ha servido para privar a los enfermos del tratamiento que necesitaban. Se piense lo que se piense al respecto —y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes— la verdad era que la decisión final que afirmaba que la homosexualidad no era un trastorno psicológico había estado más basada en la acción política —y no de la mejor especie— que en una consideración científica de la evidencia. Por ello, ética y científicamente no se diferenciaba mucho, por lo tanto, de aberraciones históricas como el proceso de Galileo o las purgas realizadas por Lysenko.
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  2. #2
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    Re: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    Lástima que este estupendo escritor sea protestante, como se puede apreciar en casi todos sus trabajos.

    Pero, en cualquier caso, creo que es un artículo que merece la pena difundir.
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  3. #3
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    Re: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    Texto publicado en LA SANTA CAUSA, Portavoz de las Juventudes Tradicionalistas de España:


    La homosexualidad,
    una mentira normalizada
    por Ferrán G. Vila


    Derecho, derecho y derecho. Es muy común en nuestros tiempos escuchar hablar de derechos, y poco común de obligaciones o deberes. Las obligaciones pesan, y claro, eso no agrada a nadie, y mucho menos aquellos acostumbrados a vivir como las truchas muertas es decir, arrastrados por la corriente. Pero las que permanecen vivas luchan por cumplir con su obligación para contribuir al orden que se observa en la naturaleza. Luchan hasta remontar el río, muriendo muchas de ellas en el intento, hasta llegar al nacimiento del mismo, donde finalmente pueden dar paso a nuevas vidas. Pero, ¿qué pasaría si un colectivo de truchas "evolucionara" espontáneamente y adquiriera racionalidad? Quizás determinaran decidir por ellas mismas y desprenderse de viejas costumbres, para de este modo escoger libremente cómo desean vivir. Con esta decisión conseguirían extinguir su propia especie, y, naturalmente, alterar la cadena alimenticia. Pero qué más da; lo importante no es la comunidad, sino la libertad de la trucha, pobrecita, tantos años reprimida por el yugo de las viejas leyes de la naturaleza. ¡Qué gran injusticia! ¿No les parece? ¿Para qué tanta lucha? ¿Para terminar en un plato combinado al lado de un limón, unas rodajas de tomate y unas croquetas de bacalao? Es indignante y aberrante que la naturaleza tenga leyes ¿No podría cada bestia obrar según su libre criterio?

    En el presente artículo abordaremos desde el rigor del sentido común el porqué de nuestra oposición a la homosexualidad y a la adopción de niños por parejas homosexuales. Para encabezarlo hemos recurrido a la ironía, con la intención de mostrar lo absurdo del mal uso de la libertad. Naturalmente, ese mal uso no podrá darse nunca en bestias, pues ellas no la tienen. Y recurrimos a la ironía porque entendemos la dificultad de argumentar en tan breve espacio lo que a muchos nos parece evidente; pero puede argumentarse, y eso es lo que modestamente procuraremos hacer en las líneas que siguen.
    Hace unas semanas la Santa Sede se pronunció, una vez más, en un documento en el que se abordaba el preocupante fenómeno de la homosexualidad. Naturalmente, casi de modo reflejo, surgieron críticas de multitud de colectivos "pro-homosexualidad", e infinidad de debates en los que unilateralmente se trataba el asunto, no perdiendo ocasión para legitimar ya no sólo la licitud de la unión de parejas de homosexuales, sino también la adopción de criaturas por parte de estos. Las argumentaciones más escuchadas en los medios de comunicación se basaban en el respeto, el derecho (sus derechos), y la naturalidad. Es importante no dejar de lado la ferocidad y el tono amenazante con el que los homosexuales intentan imponer sus puntos de vista, recurriendo con frecuencia a las más diversas descalificaciones contra los que se oponen a la abyección de sus actividades contra natura.
    Lo que a continuación procuraremos será desglosar las diferentes argumentaciones racionales que se oponen a la homosexualidad, que no es más que una desviación afectiva del objeto sexual. De este modo, presentaremos objeciones ordenadas a las vagas argumentaciones presentadas por estos colectivos y, lamentablemente, por la mayoría de la sociedad, que, convertida en masa por el liberalismo, asume una vez más el criterio de lo políticamente correcto como lo único correcto.

    Sobre el respeto a los homosexuales.

    No vamos a entrar en divagaciones; sólo me remitiré al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, y transcribiré literalmente la definición de respeto, para que el mismo lector saque sus conclusiones. Respeto: "Veneración, acatamiento que se hace a alguien". Esto es lo que dice el diccionario sobre el término respeto. Vayamos ahora a la definición de acatamiento: "Acción y efecto de acatar". Y ahora busquemos acatar: "Tributar homenaje de sumisión y respeto". Luego hemos de entender que cuando alguien respeta la decisión de otro, no está diciendo si comparte o no comparte esa opinión, lo que está haciendo de algún modo es someterse al imperativo de dicha decisión. Véase a modo de ejemplo la expresión "respetamos la decisión del tribunal, aunque no la compartimos". Cuando eso ocurre, el que respeta la decisión se somete a lo que decida el juez. Una vez definido el criterio, descenderemos a los diferentes ejemplos.
    Es muy frecuente escuchar en los foros públicos la palabra respeto. "¡No!, es que Vd. debe respetar sus ideas", o "debe respetar al personaje en cuestión". ¿Es tan difícil de entender que puede uno respetar, incluso tener cierto afecto al individuo, pero a la vez no respetar su idea? Cuando esta fuera contraria a la suya, si la respetara, automáticamente entraría en una gran contradicción. Lo que no podemos permitir es que cada vez que alguien manifieste públicamente alguna barbaridad se recurra al respeto para acallar las voces que se elevan contra la misma. No podemos tolerar la normalización de un mal uso de la palabra cada vez que haya que ser políticamente correcto.

    Sobre sus derechos.

    El derecho es lo que ya dice la palabra: lo derecho, lo recto, lo justo. Y para garantizar lo justo se promulgan leyes. De no ser así, quedaría manifiesto el despotismo del legislador. Como es evidente que las uniones de homosexuales no cumplen la primera finalidad natural del matrimonio, que es la procreación, necesaria para evitar una población envejecida, que al tiempo moriría por ausencia de renovación generacional, es evidente que no tiene fundamento jurídico la unión entre homosexuales.
    Sobre el derecho a ser homosexual, poco que decir. Pues uno tiene derecho a ser lo que es, no lo que le gustaría ser y nunca podrá ser; pero esto lo abordaremos en el siguiente punto cuando hablemos del ser.
    Sobre el famoso derecho de las parejas de homosexuales a adoptar niños, aplicaremos una definición que no creo que haga falta ser jurista para entender, pues también se nutre de sentido común. Ninguna persona es un objeto de derecho de otra persona, sino sujeto de derechos y obligaciones. El niño no es un objeto mercantil, no se trata de una mascota objeto del capricho arbitrario de dos hombres, dos mujeres, una mujer soltera, un hombre soltero o incluso un matrimonio.
    Aquí siempre, quien es sujeto de derechos es el niño y nadie más que el niño. Quien tiene derecho a nacer en una familia y/o a ser criado en ella es el niño. No es tolerable que se someta a la criatura a experimentos sociológicos de imprevisibles consecuencias, como si fueran ratas de laboratorio. La familia vierte sobre el niño el valor pedagógico y socializador natural que aporta la complementariedad de los dos sexos diferentes.
    Una vez aplicado el criterio general sobre el derecho, presentaré en contraposición la única argumentación contraria que he encontrado para negar la mayor. La objeción es la siguiente: "se dan muchos casos en que el padre o la madre han fallecido y el niño crece con absoluta normalidad y es absolutamente feliz, y sin embargo carece de la figura paterna o materna". Bien, contra esta objeción afirmamos que sigue sin negarse la premisa mayor, sigue siendo una situación irregular, y no lo natural. Eso sería tal como afirmar que un niño puede vivir con "absoluta normalidad" con una sola pierna, y no por ello se le corta una pierna al nacer. Lo accidental es eso, accidental. El niño que pierde a un padre, sabe o se le explica que ha tenido un padre, y por ello ve a su madre realizando un esfuerzo admirable para salir adelante, pero nunca para suplir lo que no es. Una cosa es la ausencia de, y otra muy distinta la sustitución por.

    Sobre lo natural de la homosexualidad.

    Quizás algún homosexual pueda sentirse agraviado por la analogía presentada al comenzar el presente artículo, donde comparamos al colectivo maricón con las truchas. Ese sentimiento de agravio sería fácilmente comprensible, pues no es comparable una trucha a un hombre. Pero, ¿por qué no? Pues porque sus naturalezas son distintas, obviamente. Pero quizás lo que sigue ahora pueda agradar menos, pues vamos a definir que es un hombre en relación con la naturaleza, y lo haremos, aunque de un modo muy esquemático en todos sus aspectos, desde el prisma ontológico, antropológico y biológico.
    Lo natural, es lo relativo a la naturaleza, y la naturaleza es aquello propio de cada ser, y la ciencia que aborda lo referente al ser es la ontología. Si desarrolláramos ampliamente las definiciones ontológicas del ser, necesariamente tendríamos que preguntarnos cuáles son las finalidades del ser, y entrar poco después en la metafísica, y poco después en la teleológica, de donde se seguiría que una de las finalidades esenciales del hombre a través del Matrimonio es la procreación.
    Si recurrimos a la antropología, vemos, como hemos dicho en el apartado anterior, que sigue sin caber la homosexualidad, pues esta no garantizaría la supervivencia de la especie humana.
    Y en el biológico no hace falta extenderse, pues parece el más evidente, ya que es manifiesta la necesidad de dos sexos diferentes para la funcionalidad del mecanismo biológico.
    De donde concluimos que en las tres vías "casualmente" se busca la misma finalidad. Y que en cualquier argumentación que se quiera justificar con la naturaleza no encontramos más respuestas que las que ya conocía el hombre desde siempre.
    Respecto a las objeciones, aquellas más habituales son las que hacen referencia a los avances científicos, esgrimiendo que hoy es posible mediante técnicas de reproducción asistida el embarazo de mujeres sin necesidad de varones. Pero a eso qué vamos a contraargumentar. ¿Esa es la sociedad que quieren? ¿La de laboratorios y criminales manipulaciones genéticas? Nuestro deber es despertar las conciencias adormecidas de nuestros contemporáneos, es un deber y a mi entender una falta grave no plantar batalla a este colectivo, sobre todo a los que pretenden intelectualizar con la normalización aquello que obviamente no sólo no es normal sino que llevará necesariamente a una sociedad más individualizada, deshumanizada y cruel. Esto es una guerra, una guerra sin cuartel, tienen sus banderas, sus negocios, sus calendarios anuales. Buscan primero una sociedad paralela, y después el poder, el verdadero poder. Si no, ¿para qué el día del orgullo gay? ¿Para qué tanto desfile? ¿Para qué esa demostración de fuerza? ¿Para qué esa provocación en las calles, con carteles agresivos, y en muchas ocasiones pornográficos? ¿Acaso creen que cuando tengan una pizca más de poder, ellos tolerarán y respetarán a los que no pensamos como ellos? Sólo hay que verlos en los debates televisivos, cómo no son capaces de reprimir en sus expresiones faciales el odio que manifiestan cuando se refieren a sacerdotes, o las risas que proclaman abiertamente cuando aparecen dos jóvenes manifestando con normalidad su castidad.
    No seamos como las truchas muertas, no nos dejemos arrastrar por las corrientes de los respetos humanos, y las corrientes de lo políticamente correcto. Ni tampoco seamos lo nuevos fariseos que "señalan con el dedo a los malos". Seamos tolerantes, caritativos y serviciales con quien cometa el error e intransigentes, firmes y combativos contra el error y con quien haga apología de él. El error no tiene derechos.

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  4. #4
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    Re: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    El reconocimiento de la homosexualidad como algo normal causa un daño múltiple:

    - A quien la padece. De alguna forma, se le priva de la posibilidad de curación. Es más, se le hace creer, mediante un engaño social, que no padece disfunción alguna.
    - Al bien común. Porque induce a la homosexualidad a los que no son homosexuales y porque entorpece el reemplazo generacional. También dificulta el conocimiento de la Verdad.
    - En su caso, a los niños adoptados. Porque la adopción por parte de homosexuales es un caldo de cultivo para generar desviaciones.

    Resulta, paradójicamente, que los que creen defender a los homosexuales son sus peores enemigos.

    COPIADO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA:

    Castidad y homosexualidad
    2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. "Persona humana" 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
    2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
    2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

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  5. #5
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    Re: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.
    Leyendo eso, parecería como si ser homosexual fuera un ¿¿don de Dios?? en tanto que debe predisponer a quien lo sea nada menos que a la "perfección cristiana" ...en soledad,claro... o sea: al celibato y al sacerdocio...

    Creo que eso se opone al sentido común más elemental.

    Históricamente, la mayoría de homosexuales (que lo eran en secreto) han contraído matrimonio y tenido hijos sin mayores complicaciones. O bien no reconocían que lo eran; o bien lo llevaban en secreto, sin practicarlo y sin escándalo.

    Ahora; de ahí (ser homosexual en secreto) ...a que, por el hecho de reconocerlo, el homosexual cristiano tenga que acabar casi de sacerdote o monje, como dice ese "catecismo" ... pues hombre...
    Última edición por Gothico; 18/01/2007 a las 23:11

  6. #6
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    Re: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    Algunas referencias interesantes sobre la homosexualidad

    1. Aspectos médicos de la homosexualidad
    Un estudio exhaustivo y, advierto, crudo sobre las consecuencias médicas de la homosexualidad puede encontrarse aquí. Otro, actualizado en el 2005, es accesible en este lugar. Un excepcional documento por la apabullante documentación de que se acompaña es el realizado por Shea et al, disipador de mitos estadísticos sobre la homosexualidad, desvelador sobre las consecuencias somáticas de la homosexualidad y que incluso aborda sucinta pero contundentemente las relaciones entre la homosexulidad y la paidofilia y el “gaymonio”.
    No menos referenciado (¡nada menos que 129!), y particularmente sistemático, es el del Dr. John R. Diggs.
    Para terminar con este apartado nos referiremos a esta otra amalgama que contiene información relevante sobre el deletéreo impacto de la homosexualidad sobre la salud. Finalmente, y abundando más sobre el particular, un punto en la red que reproduce varios artículos es éste.

    2. Interferencia indebida en la investigación sobre la homosexualidad
    Lamentablemente ciertas agendas políticas interfieren con una investigación neutral y aséptica sobre este fenómeno. Este mismo autor ha sido reflejado en lengua portuguesa en una entrevista realizada para Zenit.
    La revista Arbil se ha hecho eco en varias ocasiones de la dificultad de pensar sobre la homosexualidad sin entrometimientos indebidos.

    3. Disminución de la longevidad en homosexuales
    Hogg et al (Hogg RS, Strahdee SA, Craib KPJ, O’Shaughnessy MV, Montaner JSG and Schechter MT. International Journal of Epidemiology 1997; 26: 657–661) concluían lo siguiente en un estudio hecho sobre la expectativa de vida de los homosexuales en una muestra urbana de hombres homosexuales en Canadá:

    “In a major Canadian centre, life expectancy at age 20 years for gay and bisexual men is 8 to 20 years less than for all men. If the same pattern of mortality were to continue, we estimate that nearly half of gay and bisexual men currently aged 20 years will not reach their 65th birthday. Under even the most liberal assumptions, gay and bisexual men in this urban centre are now experiencing a life expectancy similar to that experienced by all men in Canada in the year 1871.”

    Pero esta no es la única referencia acerca de la disminución de la longevidad en la población homosexual. Enlazamos otro estudio sobre este particular que no ha ido sin su correspondiente crítica.
    Sin embargo pueden leerse revisiones históricas sobre homosexualidad y longevidad disminuida que prueban que este punto dista de ser un tema novedoso.

    4. Algunos aspectos psicológicos de la homosexualidad
    No se puede poner todo el énfasis en las consecuencias de las enfermedades venéreas, que esta minoría sufre mucho más que la población general. Hay que analizar también ciertos componentes psicológicos, como el aumento de la violencia en este grupo.
    Los aspectos psiquiátricos y psicológicos de la homosexualidad darían para varios volúmenes. Sirva citar aquí el sucinto trabajo del Dr. P. Thevathasan, Consultor Psiquiatra del Reino Unido, sobre este particular.
    Un trabajo sobre la homosexualidad que merece la pena citar es el más exhaustivo, particularmente centrado en los aspectos psicológicos, es el realizado por la Catholic Medical Association. No va exento de un mensaje de esperanza y a pesar de su longitud es una lectura muy recomendable. La relación entre homosexualidad y abuso sexual en niños es cuidadosamente analizada aquí. Un análisis de conjunto sobre la psicología de la homosexualidad es el realizado por el Dr. Paul Cameron.
    El neuroticismo de la homosexualidad es un artículo que merece la pena ser leído. Muchos estudios, entre otros el de Warner et al (Warner J, McKeown E, Griffin M, Johnson K, Ramsay A and Cort C. Rates and predictors ofmental illness in gaymen, lesbians and bisexual men and women. Results from a survey based in England and Wales. British Journal of Psychiatry 2004; 185: 479-485) confirman la alta prevalencia de padecimientos mentales entre los homosexuales.

    5. Modificación del status de la homosexualidad en la comunidad médica
    Acerca de la retirada de la homosexualidad como enfermedad ya hemos citado en A Casa de Sarto el artículo revelador de César Vidal así como el de Joseph Nicolosi o el de Norman Phodoretz.

    6. Ataque ciego contra la posibilidad de cambio de los homosexuales
    No resultan menos preocupantes los ataques que ciertos grupos de presión pro-homosexual han dirigido hacia aquellos que creen que la terapia psicológica puede ser de ayuda para modificar la inclinación hacia la sodomía.
    Y todo esto a pesar de la evidencia que hay acerca de la posibilidad de esta reorientación. Una revision más a fondo de la literatura científica sobre la posibilidad de este cambio puede leerse aquí.

    7. Resumen
    Más recientemente en España la intervención en el Congreso español de Aquilino Polaino-Lorente, Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid, causó no poco revuelo. Su discurso resume no pocos aspectos generalmente ocultos tras la cortina de humo me[r]diática teledirigida por el lobby homosexual.
    Polaino Lorente, en un tono más académico, expone los aspectos biológicos y etológicos de la homosexualidad en este otro trabajo.
    Quede constancia de que a menudo el “lobby rosa” ha sido responsable de no poca ciencia fraudulenta.

    Rafael Castela Santos
    http://casadesarto.blogspot.com/2005...tes-sobre.html

  7. #7
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    Re: Homosexualidad. Interesante artículo de César Vidal.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Repasando la homosexualidad

    Antes de nada conviene dejar claras las definiciones de sexo natural versus sexo contra-natura. Sin duda uno puede ponderar las pretendidas causas biológicas y psicológicas, pero es un problema inserto en la libertad esencial del ser humano que no es separable de la Moral.
    Desde el punto de vista religioso el problema de la homosexualidad no es ni mucho menos nuevo. De hecho Sodoma es un referente bíblico asociado a un grado enorme de perversidad. Tanto las Sagradas Escrituras como la Patrística condenan sin paliativos este pecado contra-natura. Incluso hay quienes hablan de una conexión entre idolatría y homosexualidad.
    En el plano natural la sodomía fue retirada del catálogo de enfermedades mentales de manera poco ortodoxa. Ya citamos en A Casa de Sarto en su momento los artículos reveladores de César Vidal así como los de Joseph Nicolosi y Norman Phodoretz a este respecto. De facto existe un silencio sobre mucha evidencia científica que derriba no pocos mitos sobre la homosexualidad.
    En el plano político reconocer la homosexualidad como un “derecho civil” es una falacia. Más aún, la política actual en relación a la homosexualidad conlleva la destrucción de Occidente. Pretender equiparar al matrimonio con el “gaymonio” es una aberración porque los aspectos contractuales del matrimonio, sexuales y económicos, no existen en el "gaymonio" del mismo modo con lo que distan de servir el bien común de la sociedad porque –para empezar- hay una conexión íntima entre homosexualidad y abuso sexual a menores. Hemos llegado a una situación donde cuestionar la homosexualidad es perseguido legal y judicialmente, a veces con extremos de venganza inenarrables. Noticias Globales guarda un amplio elenco de estos ejemplos que ha de leerse en sucesivas páginas.
    Tristemente los media promueven la homosexualidad hasta extremos inconfesables siendo, de facto, una quinta columna del lobby rosa. Lamentablemente, también, han centrado su ataque hacia la Iglesia Católica, donde sin duda se han dado casos no tanto de paidofilia, como acostumbra decirse, sino de homosexualidad. En tiempos pretéritos la Santa Iglesia operaba una política de tolerancia cero hacia cualquier clérigo o aspirante con tendencias homosexuales. Parece ser que ahora el Vaticano está decidido a atajar con firmeza el problema de los sodomitas dentro de la Iglesia.
    El summum del despropósito de los invertidos es pretender la adopción de niños. Hay una evidencia amplia de las deletéreas consecuencias de los niños criados entre homosexuales. En cualquier caso hablamos aquí de implementar políticas sin base científica ni real, tan sólo por razones ideológicas (o inconfesables).
    En una entrada anterior de A Casa de Sarto proporcionamos una extensa lista de referencias interesantes sobre la homosexualidad. No está de más repasarlas. Tampoco está de más volver sobre las recomendaciones de JSarto sobre el particular.

    Rafael Castela Santos

    http://casadesarto.blogspot.com/2006...exualidad.html

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