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Tema: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

  1. #141
    Avatar de Mexispano
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    Re: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

    ¿Cómo Adoran a los Ángeles Caídos Grandes Empresas y Movimientos Sociales?

    🌟 ¡Conspiración contra Dios!

    La adoración a ángeles caídos se extiende cada vez más en la sociedad y se torna más visible.

    En la medida que también se rechazan los mandamientos de Dios.

    Porque la oscuridad es la ausencia de luz y el mal es la ausencia del bien.

    La adoración a ángeles caídos ha penetrado visiblemente en las organizaciones políticas internacionales y en el mundo del espectáculo.

    Y ahora veremos cómo lo ha hecho en el mundo empresarial y en los movimientos sociales.

    En este video hablaremos sobre como uno de los principales ángeles caídos es el emblema de una gran empresa multinacional y del movimiento feminista radical.

    💡 El texto completo de este video y los links que se mencionan los puedes encontrar acá 👉 https://www.youtube.com/post/UgwXiQSz...





    https://www.youtube.com/watch?v=jt9jm9vVHxw

  2. #142
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    Re: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

    La mujer engranaje

    La felicidad de los padres, por Jean Eugène Buland (1903)

    PUBLICADO POR: CIRCULO TRADICIONALISTA GASPAR DE RODAS - MEDELLIN
    MARZO 11, 2021


    Hay un pasaje de Chesterton que ha aparecido de nuevo en los últimos días con ocasión del pasado 8 de marzo. Parafraseándolo, el feminismo sostiene que la mujer es libre cuando sirve a su jefe y esclava cuando sirve a su marido. Con el fin de añadir algunos elementos a esta idea, para el feminismo la mujer es libre cuando marcha semidesnuda, destruye, mata a sus hijos, toma su prescripción diaria de pastillas contra la depresión, paga el alquiler de su apartamento de mala muerte, se pulveriza los ojos frente a un monitor y da su último suspiro en solitario.

    La mujer se ha convertido en un objeto tanto para la izquierda como para la derecha (que al final conforman un todo homogéneo). Para el capitalismo rampante, es una empleada más encadenada a la empresa o un símbolo sexual que explota para su mercadotecnia. Para el izquierdista es mera arma política, que si no forma parte del Movimiento es una «adoctrinada» o que, simplemente, no tiene conciencia. Ambos usos de la mujer son, en última instancia, consecuencias del feminismo.

    Los liberales conservadores han adquirido el vicio en los últimos años, de intentar reivindicar una clase de feminismo con cierta ingenuidad: el de la «primera ola», cuya raigambre luciferina ya se dejaba entrever por aquellas épocas. Lo cierto es que el feminismo desde sus inicios ha sido un desastre para nuestras sociedades. Ha desintegrado la familia, perjudicado el crecimiento moral e intelectual de miles de jóvenes y atomizado a cada mujer.

    Con sus rutilantes y duros dientes, la mujer engranaje es sólo una parte más de esa vil máquina de nuestros tiempos, que escinde la célula básica de la sociedad a su antojo. Aparta a los integrantes de la familia entre sí y da pie a conflictos dentro de ella.

    Nuestra «cuestión femenina» contemporánea no debe ser si la mujer eleva su posición social, si se le aumenta el salario, si puede atentar contra la vida de sus hijos o si puede atentar contra la modestia. La cuestión femenina hoy es dirigirla a la libertad que puede encontrar dentro de la familia natural.

    Felipe Criollo, Círculo Tradicionalista Gaspar de Rodas de Medellín

    https://periodicolaesperanza.com/archivos/4064

  3. #143
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    Re: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

    A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga

    Pelusa -V. Fioretti. Museo Nacional de El Prado

    PUBLICADO POR: MARGARITAS HISPANICAS
    MARZO 13, 2021


    La propia realización personal –signifique esto lo que signifique, ya que siempre me ha parecido una frase huera– pasa necesariamente en nuestros días por el éxito en el mundo laboral. Es una concepción casi incuestionable, que, casualmente, favorece al capitalismo imperante.

    Todo trabajo o esfuerzo que no conlleve una sustanciosa remuneración, o una notable dosis de reconocimiento social, que no adorne debidamente el curriculum, que no cotice, que no deje constancia en la vida laboral o en las oficinas de la Seguridad Social es despreciado.

    La principal damnificada, desde esta nueva perspectiva, vendría a ser la mujer, cuyas obligaciones familiares a lo largo de los siglos le habrían impedido pertenecer a ese club de excelencia que hoy llamamos mercado laboral.

    Es lastimoso que las propias mujeres nos creamos de verdad que somos –o éramos- víctimas y que nuestro esfuerzo sólo es reconocido si es remunerado y se hace fuera del hogar. Al menos yo, me resisto a creer que cuidar a nuestros seres queridos en las etapas más vulnerables de su vida sea inútil, que educar e instruir a las nuevas generaciones en sus primeros años sea un desperdicio de talento, que mantener un hogar con sus buenas costumbres y su orden sea una tarea vergonzosa. Efectivamente, no son tareas que reporten éxito mundano ni halaguen la vanidad, pero todo católico, hombre o mujer, debería huir de tales aspiraciones.

    En los últimos meses se han producido en las residencias de mayores situaciones dantescas, que han llevado a algunos profesionales de la geriatría y la gerontología a recomendar que no se ingresara en ellas a los ancianos. Pero tocar una pieza, supone poner en cuestión todo el sistema. Si los ancianos no deben estar en residencias, es necesario que tengan un hogar. Para que puedan estar en dicho hogar, éste debe estar cuidado y atendido. Para que esté atendido, es precisa la dedicación de una persona durante varias horas. Para poder dedicar tal atención a la casa y a las personas que en ella habitan, es necesario que alguna otra no entre en el mundo laboral y dedique su esfuerzo a realizar estas tareas.

    Las labores del hogar no pueden ser desatendidas sin que tiemblen los cimientos de cualquier civilización. Por ello, las mujeres que, sea voluntariamente, sea por motivos económicos, han salido –o han sido lanzadas- al mundo laboral siguen haciéndose cargo de ellas, añadiendo tales tareas a la jornada de trabajo.

    La pregunta clave es la siguiente: ¿tiene la mujer en la actualidad la posibilidad de elegir dedicarse en exclusiva al hogar? ¿Puede optar por ello sin presiones sociales y, sobre todo, económicas en contra?

    Parecería que la liberación de la mujer ha consistido, sencillamente, en quitarle una obligación –el hogar- que le era propia y que beneficia a la comunidad para imponerle otra obligación –el trabajo remunerado- que beneficia a un sistema que, enemigo declarado de la familia, no tolera esfuerzos que no estén sometidos al perverso régimen financiero actual de monetarización de todo lo existente.

    El cuidado de los hijos, de la casa, de la familia y del hogar es una responsabilidad de capital importancia, que no debe menospreciarse por inútil, ni eludirse por costosa. Y ahora, dadas las circunstancias, es también un privilegio inalcanzable para muchas mujeres.

    Elena del Rosario Risco Donaire, Margaritas Hispánicas



    https://periodicolaesperanza.com/archivos/3878


  4. #144
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    Re: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

    El machismo que se esconde tras el nuevo feminismo

    Se juega con el revanchismo de mujeres que han tenido que vivir a la sombra de los hombres, para tapar a los verdaderos promotores y beneficiarios de esta nueva ideología.

    de Alejandra Soto Moreno

    25 marzo, 2021



    La Real Academia Española (RAE) define el feminismo como la “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres”. Concepto a partir del cual podríamos incluir en el movimiento tanto a las sufragistas del siglo pasado y aquellas que lucharon por el derecho a la propiedad privada de las mujeres casadas, como a todas aquellas que dieron la ardua batalla para entrar en la Universidad y poder acceder a cargos de responsabilidad empresarial y gubernamental. Feministas a las que le debemos gran parte del nivel de calidad de vida que llevamos en pleno siglo XXI y que, desde luego, no pueden caer en el olvido. Concepción Arenal, Clara Campoamor, Rosalía de Castro… ¿por qué nadie habla de ellas? Porque lo que tenemos ahora no es feminismo.

    Haciendo una mirada retrospectiva ¿cuáles han sido los grandes campos de batalla del nuevo feminismo? El aborto, las cuotas y el fin de la feminidad. Todo eso envuelto en una confrontación constante con el hombre, donde se juega con el revanchismo de mujeres que han tenido que vivir a la sombra de los hombres, para tapar a los verdaderos promotores y beneficiarios de esta nueva ideología.

    El aborto ¿a quién beneficia? ¿a la mujer que entra en quirófano? ¿a la que se juega no solo su futura maternidad sino hasta su propia vida en ocasiones? ¿a la misma mujer que en un considerable número de ocasionas desarrolla problemas de ansiedad, de falta de libido sexual, insomnio, oscilaciones en el estado de ánimo y tanatofobia? ¿o al hombre, que continua su vida con completa normalidad sin responsabilizarse de sus actos y desde luego sin secuelas para él? ¿Estamos seguras de que es a la mujer a quien liberaliza el aborto?

    Las cuotas, el eterno debate sobre las leyes de paridad, en la empresa, en las listas electorales y en los puestos de la administración pública. ¿Beneficia a la mujer? Porque a mi lo único que me queda claro con esta reserva de plazas, es que necesitamos esa ayuda, ese guiño, ese empujoncito para llegar a los sitios, porque no somos tan buenas, porqueno nos elegirían por nuestras aptitudes y actitudes, y tenemos que acudir a la pena del “sexo débil” para llegar alto. ¿Soy la única que opina que esto nos deja de inútiles? ¿Que es un menosprecio a la mujer introducido sin ningún tipo de sutileza? A mi se me caería la cara de vergüenza si me pidieran entrar en unas listas electorales porque necesitan a gente con falda y no con cerebro, o si me reservasen una plaza en la administración porque ya hay bastante testosterona en el ambiente y no porque necesitan a gente con aptitudes diferentes. Hasta dónde hemos llegado…

    ¿Y qué decir del fin de la feminidad? ¿Por qué está mal visto ahora hasta que la mujer quiera depilarse? ¡Pero si es pura comodidad no tener pelos enganchados en las medias! poder ponerte tu crema hidratante y dejarte unas piernas suaves y brillantes… No tener un animal muerto en las axilas después de hacer deporte… ¿por qué si queremos ser madres somos malas mujeres y si decidimos vivir por y para el trabajo somos ejemplos de la causa? ¿por qué no puedo arreglarme y verme guapísima un día cualquiera de la semana? Hay mujeres que se maquillan hasta para ir al Mercadona, y es que ellas lo disfrutan ¿por qué no pueden? Pensar que sólo nos arreglamos para los hombres es de un razonamiento tan patético como simplista. Quieren que la pureza, la dulzura y la belleza de la mujer baje a la suciedad del mundanal subsuelo, donde perdamos nuestra esencia, nuestro anhelo de ser cuidadas y tratadas con delicadeza, con dignidad, porque no merecemos menos. Quieren que vayamos como un saco de pienso, para poder ser tratadas como tal. Usar y tirar. Ni parecemos la mujer del César ni vamos a ser tratadas como tal. Señoras, por favor, un poco de amor propio. Si nosotras mismas no nos cuidamos, desde luego no lo harán los demás.

    Y todo esto se envuelve en una lucha constante contra el hombre, también su esencia y su comportamiento tradicional con la mujer. No quieren caballeros que les den los buenos días, le abran la puerta, y le digan lo bonitas que están. Tal vez prefieran animales que las traten como la presa de la noche, aquí te pillo aquí te mato, y mañana no recordaré ni tu nombre. No quieren hombres que se arreglen y demuestren su hombría aun habiéndose perfumado para nosotras. Parece que está de moda el hombre se asea poco pero se depila mucho, el que le dice que sí a todo, porque tiene menos personalidad que un insecto palo (pero sabe que así se asegura la “conquista”). Desde luego cada vez es más fácil conseguir una mujer. La competencia es entre nula y patética, y la mujer se valora entre poco y nada. Todo ventajas. Pero ventajas no para una relación seria, eso tampoco es feminista, sino para pasar el rato. Como decía: usar y tirar. La mujer como cacho de carne desaliñado acudirá la semana próxima a abortar, mientras que el sucio chico que la llevó a su piso de solteros ya está metiendo a otra en su cama. Ni siquiera se ha cambiado de calzoncillos, y lo peor de todo, es que a la siguiente también le dará igual.

    El machismo se define como “La actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer”. Saquen sus propias conclusiones.



    https://www.ifamnews.com/es/el-machi...evo-feminismo/




  5. #145
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    Re: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

    Mascaradas feministas


    Prenden fuego a Iglesia de San Francisco de Bogotá durante una movilización por el 8-M. Sec. de Gobierno (Bogotá)


    PUBLICADO POR: CIRCULO SAN JUAN BAUTISTA - ALTO PERU
    MARZO 25, 2021


    Toda revolución tiende a radicalizarse, es inevitable que así suceda. Al fin y al cabo, se compone de fuerzas que pretenden instaurar un nuevo orden. La revolución condena el pasado y anuncia el paraíso; y todo eso en nombre del pueblo.


    Así sucedió con la Revolución Francesa, que proclamaba libertad para el pueblo y cometió genocidio contra ese pueblo por el que decía luchar: miles de campesinos asesinados en la Vendée. Lo mismo pasó con la Revolución Bolchevique.


    Necesariamente, lo mismo va a suceder con la Revolución Feminista. Ya lo vemos en nuestros días: a la mujer católica y devota que rechaza estas ideas, la desprecian y desean que sea violada «para que sepa lo que se siente». ¿Por qué? Por estar en contra del aborto.


    Lo vimos en las manifestaciones de este 8 de marzo en varias partes del mundo: las feministas anuncian la aprobación del infanticidio, el fin de la Iglesia y la instauración de un régimen totalitario hostil al varón. Al igual que las grandes revoluciones de la historia, el feminismo necesita una máscara para agradar a la gente: las mujeres desaparecidas y violadas.


    Quizás muchas simpatizantes del feminismo no noten que tal asunto es una máscara porque actúan de buena fe para pedir justicia por las víctimas. Pero deben entender que la justicia no se logra con buenas intenciones: ni los muros pintarrajeados ni las iglesias quemadas detienen a los violadores.


    El feminismo dice luchar por la vida de las mujeres, pero irónicamente mata a la inmensa mayoría de las mujeres asesinadas, en el vientre materno. Dice ser descolonizador, pero sus representantes más influyentes son de clase alta. La cereza del pastel: es una ideología importada del primer mundo, o sea, «colonizadora».


    Por si fuera poco, dice rechazar la violencia, pero no tiene reparo en destrozar negocios, pintar paredes, golpear mujeres y quemar iglesias. En suma, dice no ser histérico, pero grita, insulta, blasfema y no se le puede discutir nada.

    No se puede buscar coherencia en algo que intrínsecamente no lo tiene. Así son las ideologías: ven la parte de la realidad que más se les antoja, no la realidad completa. Al igual que el fascismo, el comunismo y el liberalismo: el feminismo fabrica su propia verdad. Y justifica sus desmanes con sofismas y cantos de protesta que no pasan de literatura pintoresca.

    Seguramente alguien dirá: «¡Pero es normal! En el camino va a haber inocentes afectados, ¡la revolución es siempre buena y deseable!». Sí, señor, buena y deseable para los burgueses de escritorio que las diseñan. Ya sea Voltaire, Marx, Gramsci o Beauvoir: toda revolución comienza dentro de cuatro paredes. No es el pueblo quien conquista o quien lucha. Es la voz de los embusteros que acarrea al ganado para llevarlo al precipicio.


    La revolución es la renuncia al orden natural: es como una roca que quiere desobedecer la ley de la gravedad y elevarse por mero capricho. Pero ni las rocas, plantas o animales pueden desobedecer la ley natural que les conforma. Sólo nosotros, que tenemos raciocinio y libre albedrío para seguir la verdad o seguir el error. Y al militar en el feminismo, decidimos seguir el error.

    En el fondo, el feminismo es una transformación del calvinismo: dice que todas las mujeres están predestinadas a ser feministas. O sea, que no tienen voluntad ni inteligencia propia. El feminismo no se la cree cuando ve mujeres que aman ser madres, usar vestido y cocinar en plena libertad y conciencia.


    ¿La solución? ¡Ni se pretenda confiar en los conservadores! ¿Qué es lo que conservan? La revolución. Les encanta, les apetece el fruto exquisito del Jardín del Edén: la libertad, pero «hasta ahí no más». Cuando la revolución alcanza el nivel de podredumbre que ellos toleran cómodamente, la detienen.

    El feminismo no puede ser vencido por el liberalismo, que maltrata a la mujer y la considera un objeto. Tampoco por el comunismo, que la considera una pieza mecánica al servicio del Estado. Usted comience por googlear «Cristiandad», «orden natural», «santidad» o «contrarrevolución» y hallará algunas respuestas.

    Aarón Mariscal, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista




    https://periodicolaesperanza.com/archivos/4385
    Última edición por Hyeronimus; 27/03/2021 a las 02:44

  6. #146
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    Re: La desfiguración de la mujer: el feminismo esoterista

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    Nos acercamos a un nuevo aquelarre femiestanilista degenerado a propósito del 25N, refutando las mentiras del feminismo.

    Por Carlos Aurelio Caldito



    Carlos Aurelio Caldito Aunión - 15 noviembre 2021



    Recuerdo que en aquellos primeros años de lo que algunos llaman de forma ampulosa, pomposa, "la transición", conocí a través de los anarquistas españoles una canción que decía algo así como ... todos nacemos iguales, la naturaleza no hace distinción... guerras no queremos, ni la explotación... Y también había una máxima anarquista que decía: a cada cual, según sus necesidades, de cada cual según sus posibilidades.

    Pero, ¿de verdad nacemos todos -y todas- "iguales"?

    Somos muchos los que pensamos que ésta es una de las muchas falsedades enésimas veces repetida, por eso que comúnmente se denomina "izquierda política y sindical" (y también por parte de cierta derecha progre, boba y acomplejada, todo hay que decirlo).

    Este asunto es parecido a aquello que la generación de nuestros padres y educadores repetían hasta la saciedad de yo educo a mis hijos por igual, les doy a todos lo mismo, procuro no darle a ninguno trato de favor, no tengo preferencia por ninguno, los quiero a todos por igual... Lo cual era absolutamente falso (pero había que decirlo para quedar bien) pues no todos los hijos eran –son- iguales, ni todos necesitan, demandan, lo mismo, pues no todas las personas tienen las mismas necesidades. Quienes obraron así, en la generación de nuestros padres y abuelos, y quienes tienen por norma esa falacia, lo único que consiguen es maleducar, malcriar a sus vástagos, y conseguir producir en ellos enormes carencias de todo tipo.

    El feminismo triunfante, subvencionado y políticamente correcto, nos vende una mentira semejante, una tremenda falsedad: las agrupaciones de mujeres (y las secciones femeninas de los partidos políticos (casi todos, salvo excepciones) sindicatos, y demás oenegés) dicen que representan la causa –legítima- de las mujeres, que defienden sus intereses, que luchan por liberación de la mujer... Decir esto, es lo mismo que decir que la totalidad de las mujeres es algo homogéneo. Es afirmar que todas las mujeres son iguales (por eso hablan de la mujer, en singular, y no de las mujeres) que todas las mujeres tienen los mismos intereses, las mismas aspiraciones, las mismas necesidades, son merecedoras de los mismos derechos.

    Pero, ¿realmente es cierto todo ello?

    Basta con mirar un poquito a nuestro alrededor, para darse cuenta que esto es una completa estupidez. No todas las mujeres son iguales -afortunadamente- ni tampoco son las mismas sus circunstancias personales –desafortunadamente en muchos casos- No todas las mujeres sienten igual, ni son de la misma opinión, ni tienen los mismos intereses, ni las mismas aspiraciones.

    Como tampoco los hombres son un todo homogéneo. La diversidad, la heterogeneidad, son lo común entre los seres humanos (para bien y para mal).

    Es obvio que la cotidianidad de una mujer, de eso que denominamos primer mundo, bien poco tiene que ver con la forma de vida de las que viven en esos otros segundo y tercer mundos. Como tampoco tiene nada de parecido la actual forma de vida de las mujeres occidentales con las de nuestras abuelas y tatarabuelas. Como tampoco es igual la vida de quienes viven en zonas urbanas y zonas rurales. Lo que resulta alucinante es que haya que recordar estas cuestiones tan obvias en pleno siglo XXI.

    El actual discurso feminista es un cúmulo de falsedades, de insensateces, e incluso habría que hablar simple y llanamente de charlatanería, como en el caso de la astrología u otras pseudociencias.

    Los grupos feministas suelen afirmar –como un dogma de fe- que las mujeres están sojuzgadas, oprimidas, marginadas, etc., que hay una verdadera conspiración de lo que llaman clase hegemónica del patriarcado masculino, heterosexual e imperialista contra ellas. E incluso, también afirman que las mujeres no tienen apenas acceso a las instituciones, que no se les permite tener capacidad de decisión, que no se las respeta, etc.

    Pero, ¿Todo ello es realmente cierto? La consigna feminista de que la mujer española, europea, occidental es una víctima impotente es una idea absolutamente absurda que, se ha ido imponiendo con machaconería, acabando por instalarse como un axioma que nadie se atreve a cuestionar.

    La tozuda realidad es muy diferente:

    – Las mujeres españolas viven, como media siete años más que los hombres. – Las mujeres controlan de "facto" más del 80% de las rentas familiares y son ya más del 55% en la universidad. – Las mujeres representan alrededor del 55% de los votos en cualquiera de todas las elecciones que se convocan en España, motivo por el cual difícilmente pueden las feministas afirmar que están siendo dejadas de lado en el proceso de toma de decisiones políticas.
    – Las mujeres tienen a priori ganado, de manera sistemática cualquier contencioso referido a custodias de menores tras el divorcio, como tienen garantizada la posibilidad de repudiar y desahuciar a sus esposos, apartarlos de sus hijos, expulsarlos de sus vidas, e impedir que participen en su educación y crianza.
    – Las muertes ocurridas por accidentes laborales afectan escasamente a las mujeres (un 6% únicamente, el otro 94% es cosa de hombres).
    – Sólo en el 35% de los crímenes violentos las víctimas son mujeres; pese a ello, el Parlamento ha legislado una normativa especial para castigar "la violencia contra las mujeres" como si ésta fuera un crimen más horrendo que el de "la violencia contra los hombres". (Este es un ejemplo de lo que la igualdad significa para el fundamentalismo feminista, esto en castellano se denomina trato de favor).
    – Dos de cada tres euros que el Sistema Nacional de Salud gasta, van destinados a las mujeres; e incluso, sin tener en cuenta los cuidados relacionados con la maternidad, las mujeres reciben más atenciones que los hombres. A pesar de ello las feministas siguen gritando que la salud de las mujeres está descuidada
    – De los 25 empleos peor considerados, teniendo en cuenta factores como salario, stress, seguridad y esfuerzo físico, 24 de ellos son predominantemente, si no son casi en su totalidad, masculinos. Evidentemente esto explica por qué los varones suelen ser más propensos a accidentarse y a suicidarse (80%).

    Si tal como repiten hasta el hartazgo las feministas, los hombres han planeado todo, de manera egoísta, para que el mundo en que vivimos sólo sea maravilloso para ellos, obviando totalmente las necesidades y los intereses de las mujeres... ¿tendría algo de verdad todo aquello de lo que hablábamos al principio?

    Por supuesto que no. Si se observa con las gafas apropiadas la realidad tal cual es, y no la caricatura, la imagen distorsionada que nos presentan las fanáticas feministas, y todos aquellos a quienes han acabado manipulando, lograremos ver una situación completamente diferente. Ropa deportiva |

    Las mujeres españolas, occidentales constituyen el grupo social con mayores privilegios de la historia de la humanidad, ostentando (o ¿tal vez detentando?) una capacidad de influencia, un grado de poder, de bienestar, y salud nunca antes conocidos.

    Platón en su libro La República, afirma que, para crear una utopía eficaz, es necesario que ésta esté dotada de censura y de engaño, requisitos imprescindibles para obtener la virtud pública. Esto es lo que en castellano se llaman mentiras piadosas, la "Mentira Noble" de Platón.

    El lobby feminista políticamente correcto, y altamente y de manera generosa subvencionado, ha adoptado como estrategia, la «Mentira Noble" para conseguir sus objetivos. El feminismo utiliza la censura, mientras mantiene un aura de rectitud moral, ética, en la que subyace un profundo cinismo, cinismo que reina en el mundo académico y el gobierno, sin apenas disidencia-contestación.

    Todo lo que el academicismo feminista enseña es realmente peculiar: Enseña una nueva versión de la Historia, diferente y repensada con respecto a la que se venía enseñando hasta ahora. El feminismo tiene una visión de la Ciencia que sólo asume de forma selectiva lo que le interesa de lo que se enseña en los departamentos de ciencia y, paradójicamente, con un enfoque no liberal, puritano, retrógrado de la moralidad, en la que una acción es correcta dependiendo de quién la realice.

    La visión del mundo creada por el feminismo contemporáneo tiene mucho en común con la de un ilusionista, que crea un escenario impresionante, que sólo es perceptible desde un determinado ángulo, y siempre y cuando todos los intentos de un estudio crítico sean abortados. Para más INRI, los hombres han ido interiorizando que es un gran pecado, una barbaridad, atacar a las mujeres, incluso si esas mismas mujeres adoptan un discurso disparatado y delirante en su afán de atacar de forma virulenta a los hombres. Ni que decir tiene que el mayor fraude de esta ideología –perspectiva de género la llaman-, es asumir que la agenda propuesta por las feministas, se realiza en verdad para beneficio de las mujeres. Si el feminismo fuera sinceramente liberador, promovería relaciones armoniosas entre ambos sexos y fortalecería la familia; sin embargo, la agenda feminista, al hacer lo contrario, perjudica a la mayoría de las mujeres, y por descontado a los hombres. Como resultado de una eficaz propaganda (todo hay que decirlo) divulgando falsedades y medias verdades, la gente de buena voluntad, la gente educada ha ido aceptando todo el discurso demencial del feminismo sin hacer apenas cuestionamientos.

    Las feministas no se privan de hablar con frecuencia, de que los últimos miles de años son el período del ascenso del patriarcado, un enunciado con el que tratan de imponer la idea de que en otros tiempos mejores las cosas fueron diferentes. Incluso hay quienes sostienen que durante el Neolítico, Europa disfrutó de una sociedad pacífica e igualitaria, con igualdad de sexos pero centrada en la mujer, antes de la invasión de las brutales hordas patriarcalistas indo-europeas, hace más de cuatro mil años... (Marija Guimbutas)

    Obsérvese que, en esta nueva versión del Génesis Bíblico, la raza humana ha sido expulsada del paraíso debido –solamente- a los pecados del hombre, no los de la mujer. Téngase en cuenta que, en la fábula feminista, únicamente los varones son los responsables de lo negativo, mientras que las mujeres representan todo lo positivo. Este planteamiento está presente una y otra vez en toda la doctrina feminista, dando a entender sin tapujos, que la mujer es superior moralmente al hombre.

    Estas son algunas de las mentiras que se enseñan a los estudiantes hoy día, en nombre del feminismo.

    La terca y cruda realidad es que la totalidad de la historia de la humanidad, es un continuo sin interrupción del denominado patriarcado, tal vez llegando incluso hasta nuestros primeros ancestros primates. En las sociedades humanas, sin excepción (aunque no guste a las feministas) el liderazgo está asociado al varón, y el cuidado y crianza de los niños a la mujer.

    Quienes afirman que la socialización guarda relación con los roles sexuales, son incapaces de explicar por qué la socialización avanza siempre en una dirección uniforme, cuando – de acuerdo con sus premisas – debería ser de forma aleatoria, dando como resultado unas veces matriarcados y otras, patriarcados. ¿Por qué todas las sociedades, sin excepción, educan a los hombres para el liderazgo y a las mujeres para las tareas domésticas? ¿Por qué no al revés? La aplicación de la perspectiva de género de forma estricta, acaba inevitablemente en una regresión infinita, y termina postulando una causa sin causa: se dice que el dominio masculino que observamos en todas las sociedades es causado por la socialización, a pesar de que la socialización (que siempre origina el liderazgo masculino) en sí misma no tiene causa, y de alguna forma siempre fue así.

    Como afirma Steven Goldberg, las teorías feministas cometen el error de tratar al ambiente social como una variable independiente, no logrando explicar por qué el ambiente social siempre se acomoda a los límites fijados por, y siguiendo, una dirección acorde con lo fisiológico (es decir, el ambiente nunca actúa como contrapeso suficiente para permitir que una sociedad evite el dominio masculino de las jerarquías) Dicho de otro modo, no es verdad, como las feministas dicen, que las sociedades inventan roles sexuales arbitrarios. Muy al contrario, todas las sociedades humanas poseen pautas de conducta que la biología parece hacer inevitables y, en consecuencia, tratan de socializar-educar a los hombres y mujeres tomando como referencia roles que se espera que ellos serán capaces de cumplir.

    Se ha demostrado sobradamente que las hormonas masculinas y femeninas, invariablemente, crean características profundas que alteran el estado de ánimo. Sin embargo, las feministas atribuyen la conducta de los hombres a la socialización. La razón por la que las teorías feministas intentan forzarnos a ignorar el rol fundamental de las hormonas masculinas y femeninas (como determinantes de la conducta) es que inevitablemente tendrían que reconocer que los roles sexuales no solamente no son arbitrarios, sino que de hecho son permanentes (salvo una intervención quirúrgica radical).

    Las feministas contemporáneas, así como los neomarxistas, se sienten obligados a postular una explicación puramente ambientalista, cultural, para todas las diferencias de tipo sexual, ya que, si las diferencias biológicas fueran admitidas como factores relevantes, la presunción de que las mujeres son víctimas de la discriminación no puede ser apoyada de ningún modo. Entonces, las feministas estarían obligadas a separar los efectos de lo que ellas denominan discriminación de aquéllos producidos por la biología, una tarea a todas luces imposible. Por consiguiente, según la perspectiva de género es imprescindible afirmar a manera de dogma de fe, que las diferencias biológicas varón/mujer no tienen consecuencias posibles que sean observables.

    Como dice el biólogo Garrett Hardin, suponer que la conducta humana no está influida por la herencia, es lo mismo que decir, que los seres humanos no son parte de la naturaleza. La premisa darwiniana es que sí lo somos; los darwinianos insisten que el peso, la carga de la prueba debe recaer en aquellos que afirman lo contrario.

    El filósofo Michael Levin describe la teoría feminista como una forma de Creacionismo, una negativa a aplicar la teoría de la evolución a los humanos.

    Cambiando de tópico y dogma: Si fuera realmente cierto que las mujeres estuvieron recibiendo 59 céntimos de euro (o cualquier otro número que usted elija) por cada euro que el hombre gana, por realizar el mismo trabajo y con el mismo nivel de habilidades, entonces posiblemente ningún negocio sería rentable ni productivo si emplearan a algún hombre.

    En este asunto ninguna explicación será admitida por las feministas contemporáneas a menos que presente a los hombres como explotadores y a las mujeres como víctimas. Para justificar el uso de la teoría de la conspiración, las feministas deben sostener que, o bien no existen diferencias genuinas, innatas, en las capacidades, actitudes y habilidades, entre hombres y mujeres, o bien que tales diferencias pueden existir, pero no tienen un efecto observable, en absoluto. Tan pronto como se admiten dichas diferencias como un importante factor que está influyendo en la elección de carreras y de actividades laborales, el argumento de la supuesta discriminación, de la brecha salarial –omnipresente- se desvanece.

    Si nos trasladamos a la práctica deportiva, en las diversas modalidades donde existen registros de las marcas masculinas y femeninas, los hombres superan, de forma significativa, a las mujeres. Esas diferencias no son un truco; lo corriente es que los atletas varones que ya comienzan a destacar cuando son estudiantes de secundaria igualen los records de las mujeres adultas que poseen marcas mundiales en su especialidad deportiva. A las feministas no les queda otro remedio que admitir, aunque sea a regañadientes que al menos en el ámbito deportivo la diferencia entre hombres y mujeres es debida a factores innatos, y no consecuencia del entorno, del condicionamiento social. Ningún adoctrinamiento de género intensivo acabará transformando a una mujer en un jugador respetable de la Liga Nacional de Fútbol.

    Como es lógico, todo esto sitúa al lobby feminista de género en la curiosa posición de tener que admitir que, los factores innatos sí cuentan para explicar las profundas diferencias en el rendimiento de hombres y mujeres en la práctica deportiva y el ejercicio físico en general, a la vez que afirman que no están presentes en ningún ámbito más.

    Indudablemente cuando las feministas acaban admitiendo la tozuda realidad de que existen cualidades-potencialidades diferenciadas debido al sexo, se ven obligadas a confesar que el mayor rendimiento de los hombres en los trabajos agotadores es debido a factores innatos, y no a la discriminación o a la socialización. No cabe duda alguna de que es una cuestión ideológica y no de lógica, la que mueve la hipótesis de la absoluta intercambiabilidad varón/mujer (cuando se vean necesitadas de ello, las feministas acabarán negando la intercambiabilidad, pese a que como norma defiendan vigorosamente todo lo que se deduzca de ella).

    El feminismo contemporáneo, el lobby feminista de género, haciendo hincapié en los derechos grupales, colectivos, y las ofensas al grupo, nada tiene de liberal, es profundamente reaccionario, y por supuesto representa una ruptura radical con la larga tradición humanista que enfatiza los derechos individuales, la igualdad de oportunidades, la promoción social teniendo en cuenta la capacidad, la destreza, el mérito, etc.

    Más todavía: el movimiento feminista ataca constantemente a la libertad de expresión, siempre que sea usada de manera que los colectivos de mujeres la consideren contraria a sus intereses. Esta perversa ideología pretende reemplazar la idea liberal de igualdad ante la ley por el siniestro algunos somos más iguales que otros, premiando a las mujeres con derechos y protecciones especiales que les son negados a los hombres.

    Sin embargo, cuando se dirigen a un público escasamente informado e ingenuo las feministas no dudarán en proclamar que ellas sólo quieren igualdad. Pero si fueran sinceras y honestas, deberían especificar a qué privilegios están dispuestas a renunciar. En el retablo de las maravillas del feminismo contemporáneo la segregación o apartheid por razón de sexo es, o muy necesaria, o muy mala, dependiendo de cuál sea el sexo que está siendo excluido. A fin de cuentas, todos los argumentos feministas son ad hoc: utilizan cualquier argumento que se encuentren para intentar probar lo que desean probar en ese momento (victimización, discriminación, opresión, persecución, lo que sea) No importa que el argumento que el feminismo usa hoy, sea o no coherente con el que usó ayer, o el que use mañana. Los hombres, simultáneamente, son y no son más agresivos, son y no son mejores en matemáticas, son y no son más persuasivos, etc., dependiendo de qué es lo requerido por las exigencias del momento.

    Al feminismo no le preocupa lo más mínimo que alguna mujer objete que el argumento de hoy es contrapuesto al de ayer: cualquiera que lo haga será etiquetada como enemiga de las mujeres, cómplice del patriarcado, y lindezas por el estilo, y será expulsada-excomulgada del movimiento...

    Este texto es una adaptación, resumida, del ensayo que lleva por título "Refutando las mentiras feministas más comunes y el pseudo-academicismo" de Robert Scheaffer.



    https://elcorreodeespana.com/politic...o-Caldito.html


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