Si concluimos que no hay masa crítica ni electorado posible aún tiene menos sentido una alianza de mínimos. Por lo que la prioridad sería en ese caso fortalecer el tradicionalismo.
En cualquier caso matizaría: España aún tiene un potencial católico significativo, pero políticamente se puede materializar en cualquier cosa. Por eso el tradicionalismo no puede ni por un momento desguarnecer ni descuidar la batalla doctrinal. Si nos centramos en pactos de mínimos estamos perdiendo nuestra personalidad y tácitamente renunciando a una cosmovisión mucho más amplia.
En mi opinión cualquier entendimiento o alianza tiene que estar determinado como premisa esencial por la confesionalidad católica del Estado (no es ahora el caso de discernir sobre la naturaleza política del Estado). Con eso además nos ahorramos batallitas aisladas, pues sobre ese cimiento se puede edificar una política verdaderamente católica.
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