Aquí llevamos años exponiendo argumentos y razones, pero de pronto llega alguien nuevo, que no se ha podido leer todos esos hilos (que están ahí y se pueden consultar) y en vez de demostrar se limita a repetir como un loro el discurso políticamente correcto.
Acabo de cumplir 58. No es tanto, pero lo suficiente para haber conocido otra realidad. Hasta hace pocos años, cuando aún no se le había dado la vuelta a la sociedad como a un calcetín, antes del transbordo ideológico, antes de la corrección política, cuando la sociedad todavía era cristiana, el mundo era otro. No había cambiado tanto todavía. Sé lo que he visto, lo que he vivido. Y también he leído mucho por mí mismo, y no sólo de los textos políticamente correctos ahora al uso, sino también de todas las épocas, y créame, si lo hiciera se llevaría muchas sorpresas. Vería que las cosas no son como se las han contado.
Las mujeres siempre han trabajado. En muchos gremios medievales había mujeres, porque trabajaban. Y en el campo siempre han trabajado las mujeres. Aunque los trabajos más fuertes se dejaran a los hombres (arar, cavar, y a veces también había excepciones) las mujeres siempre han trabajado en la recolección de cosechas, el ordeño de las vacas y otras funciones. Y cuanto más cristiano fuera el país, más ámbitos había en que las mujeres trabajaban o ejercían cargos, incluso en la tan calumniada Edad Media. Lea los libros de la historiadora francesa Regine Pernoud y se sorprenderá del peso que tenía la mujer en la sociedad. Y en las tierras hispánicas, donde el régimen cristiano se mantuvo más tiempo, hemos tenido mujeres enseñando en la universidad: A Nebrija lo sucedió en su cátedra la conocida Luisa Medrano, e incluso la hija de él ya había sido su suplente en algunas ocasiones. O Beatriz Galindo (la Latina), maestra de Isabel la Católica. Todavía en el ilustrado siglo XVIII había profesoras en las universidades españolas (hay un hilo sobre esto en Hispanismo), como María Teresa Guzmán de la Cerda. Y también ejercían cargos políticos: por ejemplo, Beatriz de Bobadilla, gobernadora de la Gomera en el momento del descubrimiento de América, Isabel de Bobadilla (si mal no recuerdo, sobrina suya), que cuando su marido Hernando de Soto tuvo que irse a Florida quedó de gobernadora en Cuba. El caso de Beatriz de la Cueva es más notable, porque fue el propio cabildo de Guatemala el que la eligió como gobernadora.
¿Que el divorcio no existía? Pues gracias a Dios. ¿Acaso es bueno cambiarse de cónyuge como quien se cambia de camisa, burlándose de Dios y haciendo que los hijos paguen el pato y sufran las consecuencias?
El feminismo está mal, tanto como el machismo. Porque en ambos casos es sexismo. De lo contrario no se llamaría feminismo sino igualitarismo.
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