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Tema: Orígenes de los actuales valencianos. Falsos mitos (2). La herencia árabe.

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    Orígenes de los actuales valencianos. Falsos mitos (2). La herencia árabe.



    En el anterior artículo intentamos dar una explicación acerca de la falsedad del mito autoctonista sobre nuestro origen como pueblo, en éste nos proponemos, en la medida de nuestras posibilidades, desmontar lo que podríamos denominar como el mito de la herencia árabe. Éste es en el fondo una variedad del mito autoctonista estricto, que como explicamos mantiene la creencia de que los valencianos ya formaban un pueblo antes incluso de la conquista de Roma y que iría superando a los distintos dominadores a lo largo de la historia (romanos, visigodos, árabes, catalanoaragoneses) hasta la actualidad de manera relativamente pura. Hemos de tener en cuenta esta teoría acientífica en tanto que forma el núcleo duro de la ideología blavera y en este sentido es necesario para los creyentes de esta ideología, la creencia mágica en la no catalanidad original de los valencianos medievales y de su idioma, para ello nada mejor que creer como dogma de fe en el mito autoctonista. Tengamos claro que a nivel político son los propagadores de este mito los que detentan el poder, y lo que es peor, son los que van a detentarlo en los próximos años, con la consiguiente divulgación de estas teorías mediante libros, conferencias, etc.

    A nivel universitario y de historiadores serios, como es lógico, estas teorías no se las tiene en cuenta.

    Pues bien, el mito de la herencia árabe es probablemente menos defendido por la ideología blavera, aunque hay personas y teorías para todos los gustos como veremos más adelante. El hecho de la no defensa de una excesiva herencia árabe viene dado porque dentro de los más preparados de los ideólogos blaveros existe la tendencia a una defensa de la teoría tradicionalista referente a la historia del Islam en España que reivindica el hispanismo u occidentalismo de los habitantes musulmanes de la península durante la Edad Media. Este mito está quizás más arraigado a nivel popular.

    El mito de la herencia árabe afirmaría que los valencianos actuales somos un poco moros, que descendemos de moros, o que en el fondo somos moros hasta la médula. Por ello, se supone, que nuestras costumbres, nuestra forma de ser, como trabajamos o actuamos a nivel festivo nos viene dado por nuestra herencia árabe. En este sentido no tendríamos nada que ver con nuestros vecinos del norte, los catalanes, puesto que al descender en gran medida de moros nos diferenciamos de ellos claramente y esto es lo que más atrae a la ideología blavera. El tristemente famoso “abans moros que catalans” se hace realidad al intentar estructurar este mito, aunque curiosamente ya en este dicho existe una cierta actitud peyorativa con respecto a la idea del moro. El origen de éste es posible encontrarlo a finales del siglo pasado y a principios del actual, enlazándose en buena medida con la creencia en una época dorada en estas tierras anterior a la conquista y colonización, época donde reyes cultísimos y elegantes vivían en palacios maravillosos protegiendo las artes, la poesía, la filosofía y las ciencias, tiempos donde reinaba la tolerancia y donde el país era todo un jardín próspero, urbanizado y elegante donde la gente vivía feliz, donde todos eran limpios, vestían elegantemente y se pasaban el día escribiendo o recitando poesías entre baño y baño en agua perfumada.

    Es posible que esta forma de ver la historia tuviese su origen en la ideología blasquista de principios de siglo. Como un dato cuando menos a tener en cuenta habría que observar la relación estrecha de muchos de los miembros de los partidos blasquistas con la masonería y por lo tanto por aquí podría venir la fobia anticristiana y antitradicional europea que representarían en sí la figura de los conquistadores medievales, incluso hoy en día es bien notoria la estrecha relación de organizaciones “filantrópicas” como el Club de los Rotarios con los más rancio de alta burguesía, empresarios y dirigentes o ideólogos del blaverismo.

    Son varios los textos que se pueden encontrar en diarios republicanos de ideología blasquista. Como ejemplo reproduciremos una parte de uno aparecido en el diario El Pueblo titulado “La lepra catalanista” decía así: “Valencia... ha sido siempre menospreciada y vejada por Barcelona, desde que nos conquistó un rey clerical, supersticioso y sucio, que aniquiló la civilización árabe en nuestra tierra, rica, científica, tolerante, rica en principios de cultura, poética y soñadora, para sustituirla por una dominación sanguinaria e inquisitorial”. Toda una joya de la fobia antieuropea y prosemita sustentada por estos masoquistas/blasquistas. Como diría Joan F. Mira “No es pot demanar més. I encara dura: en llibres, en pel.licules, en articles de premsa, i en una certa fascinació permanent. Els moros eren nets i els cristians bruts, els moros cultes i els cristians ignorants, els moros avançats i els cristians endarrerits, els moros delicats y els cristians bésties, i etcètera. És una llastima, i una forma de masoquisme històric: perquè “els cristians” som nosaltres. Nosaltres, els valencians: nosaltres, els europeus. I que hi farem si no venim dels conquistats sinó dels conquistadors, no del l’islam del sud sino de la cristiandat del nord. Com els catalans de Lleida i de Tortosa i com els mallorquins, com els aragonesos de la vall de l’Ebre i de Terol”.

    Es posible encontrar actualmente escritos en los que se une la fobia antinórdica al filosemitismo más irracional, construyendo teorías de historia ficción de tal magnitud que sólo nos producirían risa a no ser que libros en los que se exponen semejantes teorías están prologados y/o subvencionados por los miembros del actual partido gobernante en nuestra tierra. Como muestra extraeremos un texto del libro Valencians front al Catalanisme de Manuel Zarzo prologado por Carles Recio, presidente de un instituto de estudios “valencianista” y que se ha atrevido a decir en una artículo reciente que la victoria de Zaplana y del PP en la Comunidad Valenciana representa la victoria del “nacionalismo valencianista del siglo XXI” (suponemos que espera recibir buenas subvenciones, de lo contrario no entendemos que se pueda decir semejante tontería). Es realmente increíble lo que se llega a defender, veamos:

    “Es del sur que arriba la llengua a Catalunya i no del nort. El rei Al-Balanci (el valencià) en el segon intent de conquista de les terres mes amunt de l’Ebre, diu l’historia, conquista terres fins a Poitiers. Per tant son els moros valencians que tiren fora de Catalunya, del sur de França, fins a la mateixa frontera d’Alemania, als cristians preminents d’eixes terres, que s’exilien al nort de França i en la mateixa Alemania.
    La reconquista, que es tornar a conquistar allo que s’ha perdut, fa que els exiliats catalans tornen a les seues terres. I eixos catalans conquistaren Girona i s’assentaren en ella casi un sigle. Pero dels tres sigles que han estat en França i Alemania els ha quedat el so dur del parlar alema i porten algunes paraules franceses. D’eixes es poden destacar “sortir”, “noi”, la negacio francesa “no... pas”, etc.
    I despres de casi un sigle en Girona fan la conquista de Barcelona. El parlar barceloní ya es manco dur que el gironi. Ya s’ha diluit un poc l’accent dur ya que no son els propis retornats, sino els seus fills que han naixcut en terres de Girona els qui, en barrejar-se en el parlar mes dolç dels habitants de Barcelona, fan que ixca un llenguage barrejat que no es tan dur.
    ¿Qué passa despres en la llengua que es parla en Lleida i en Tarragona? Son terres que no son reconquistades pels catalans, sino pels aragonesos. L’aragones no lluita contra el moro per a apropiar-se del seu territori, sino per a alluntar-lo de les fronteres d’Arago. Lluita, derrota i torna a sa casa. No deixa la llengua ni part d’ella mai, perque no es queda en el lloc conquistar al moro. Per aixo, a lo llarc des sigles següents, Lleida i Tarragona continuen parlant d’una atra manera que els catalans de Girona i Barcelona.
    ¿I qué es lo que es parla en Lleida i Tarragona? Simplement el valencià, llengua naixcuda del “vulgo llati” dels habitants de l’Hispania Romana, transformada pels arabics en terres valencianes. I eixa es la llengua que els valencians porten a Catalunya en la conquista dels arabics valencians ad eixes terres”.

    Si todavía no se ha caído de la silla nuestro estimado lector, prepárese a leer la prueba definitiva que confirma que la lengua hablada en Tarragona y Lleida es la lengua enseñada por los “árabes valencianos”.

    “Hi ha un cas molt clar d’eixa realitat. Les torres humanes que des de temps immemorials son fetes en Valls (Tarragona) pels habitants d’eixe poble, porten el nom encara a hores d’ara dels homens que les fan i els diuen “els chiquets de Valls”. Chiquets i no “nois”.

    Es mes posible que el valencià siga la llengua mare i el catala de Lleida i Tarragona una modalitat dialectal d’ell, com el Barceloni i el Gironi. I si la mare es la que dona nom al fill, jamai al contrari, si tinguera que haver alguna vegada una unitat idiomatica per igualment de les llengües en el curs dels anys, la llengua comu tindria que portar un sol nom per dret d’antiguetat: llengua valenciana.”

    Toda una lección de historia y filología. Ahora resulta que el catalán que hablan los habitantes de Lleida y Tarragona es un dialecto de la lengua que hablaban los musulmanes prejaumines, y que el catalán de Barcelona y Girona también, pero matizado por los trescientos años en que los catalanes expulsados de su tierra por Al-Balanci permanecieron en Francia y Alemania. Un ejemplo claro de historia ficción.

    En otro nivel podemos decir que parte del mito de la herencia árabe puede remontarse al siglo XIX proveniente de un folklorismo local promovido por ciertos autores populares de la Restauración y que todavía perdura en medios poco ilustrados y populares, estos autores propagarían la idea de que visitando la huerta valenciana se podía encontrar con un cuadro etnográfico puramente islámico. Els saraguells o pantalones cortos, la manta con un pliege cosido que hace las veces de capucha, los nombres de algunos de los instrumentos y hasta cierto aire físico existente en algunos de nuestros labradores, sobre todo en aquellos más delgados y morenos o cierta belleza que podría apreciarse en la mirada y el cuerpo de algunas de las mujeres de la huerta valenciana vienen de nuestra herencia árabe, se supondría que el color de pelo y ojos oscuros vendrían de la huella dejada por los árabes, cuando de hecho, el tener el color del pelo y los ojos oscuros es más bien en nuestra península ibérica herencia de la raza mediterránea occidental considerada como una raza europea que se puede incluso encontrar en países como Gales o sur de Inglaterra, aunque abunde más en Italia, sur de Francia y en nuestra península. También se podría decir que no sólo existe gente morena en la huerta de valenciana, fue M. Bañuelos, autor del libro “Antropología actual de los españoles”, quien dijo que “es bien frecuente que recorriendo la huerta de Valencia, se encuentren rubios y rubias de extraordinaria belleza”, este dato no debe sorprender puesto que incluso Blasco Ibáñez en sus primeros ensayos costumbristas, incidirá sobre la rubeidad y blanca tez de las muchachas de la huerta de Valencia. Teófilo Gutier, que hacia 1840, después de referirse a los labradores de la Huerta escribía: “las mujeres, pálidas y rubias como las venecianas, tienen en los labios una sonrisa triste, y en la mirada, suaves rayos azules” o también Carlos Dembowski, tras hablar de los recios huertanos que vio en Valencia, añadía: “en contraste, (a los rudos labradores valencianos), cuya apreciación dejo a los psicólogos, sus mujeres son tan dulces y tan rubias que, sin la peineta –peine alto de plata sobredorada que se colocan coquetonamente en el pelo-, diríase que eran verdaderas alemanas”. “Porque, contra lo que pudiera creerse por una deducción ligera, en la Huerta de Valencia abunda el tipo de mujer rubia y también el de la pelirroja”, terminaría afirmando Almela y Vives. En nuestra personal experiencia podemos decir que es cierto que en la Huerta valenciana es posible encontrar numerosos ejemplos de mujeres rubias y/o de tez muy clara, aunque el tipo predominante es el Mediterráneo en su variedad Atlanto-Mediterránea (variedad más alta en general que la Ibero-insular o Grácil). Estas observaciones están confirmadas por los estudios de antropología física, tanto es así que en el trabajo antropológico hecho por T. de Aranzadi De antropología de España da unos datos interesantes y que tal vez ayuden a desmitificar ciertas ideas, por ejemplo comenta que “La combinación de abundancia de piel morena y escacez de cabello rubio se da principalmente en la frontera portuguesa, con alguna menor intensidad en Castilla la Vieja y la Mancha; la escacez de piel morena y abundancia de rubios se da en la costa levantina; Santander y algunas provincias meridionales”. Refiriéndose a Castellón y Alicante comenta que “Estas dos provincias son las más escasas en hombres de piel morena, entre todas las de España, según la estadística del señor Sánchez, y la de Valencia tiene menos que el término medio español; –este termino medio es de un 45,7 por ciento y aparecen como provincias extremas Alicante con 25 por ciento y Zamora con 73 por ciento – no por abundancia de pálidos, sino más bien de sanguíneos”. En cuanto a color de ojos garzos nos dice que Valencia alcanza el término medio español y las otras dos provincias están muy cercanas a este valor, considerado como de un 17,6 por ciento. De hecho la provincia de Castellón quedaría incluida dentro del grupo de provincias españolas donde más abundan los individuos de cabellos rubios y los ojos claros ya que afirma: “Que los cabellos rubios y los ojos garzos tengan su representación más numerosa, más general y coherente en el triángulo limitado por Guipúzcoa, Gerona y Castellón, a nadie extrañará, si considera los Pirineos como puerta de entrada de esta raza”. Esperamos que no se nos malinterprete cuando citamos estos temas ya que solamente lo hacemos como información, pero lo que queda claro es que no se puede considerar a los valencianos como los más morenos de la península a tenor de los datos aportados por Aranzadi en su trabajo fechado en 1915, fecha interesante de observar en tanto que en aquellos tiempos todavía no se había llevado a cabo las inmigraciones de los años 60 y posteriores. Pero hay más, Hoyos Sainz en su obra Investigaciones de Antropología prehistórica de España tiene que reconocer una serie de datos que en principio no concuerdan con algunas de sus teorías, nos referimos a los datos de los grupos sanguíneos ya que en lo que para él corresponde, las provincias valencianas confirma que la “característica más destacada es los bajísimos porcentajes en los grupos A y AB, contra lo que podría presumirse, así como la inesperada analógía a la zona vasco-cántabra, mientras la sangre A figura con máximos valores que, aunque algo atenuados, se mantienen en el O, formando cada provincia en una categoría distinta de valores. A pesar de ello y de tener cifras semejantes a los de los pueblos del norte y centro de Europa, como en Cataluña, nótase cierta influencia meditarránea” finalmente reconoce que serológicamente “no hay semejanza alguna con los árabes ni judíos del litoral africano, ni con los griegos”, es decir que a nivel de grupos sanguíneos no hay nada que indique la supuesta influencia árabe.

    Pero dejando aparte cuestiones de antropología física es curioso comprobar que precisamente fue en la zona de la huerta valenciana desde Puzol hasta la Albufera y desde Manises y Paterna hasta el mar donde en un principio se llevó a cabo una política de eliminación más drástica del elemento musulmán durante la conquista, esto debido a la dureza y mayor duración de la campaña. Según la Crónica de Jaime I 50.000 moros abandonaron esta zona quedando sólo pequeñas morerías en Valencia y algunas localidades de donde, poco a poco, serían expulsados a través de los años, debido a la venida masiva de colonos. Fue precisamente toda esta área repartida enteramente y fue la que recibió desde un principio el núcleo esencial de los repobladores, transformándose en un centro irradiador de colonos que se expandieron por todo el reino.

    Llegado este punto creemos necesario hacer unas aclaraciones. Estamos intentando ver cuál es el origen étnico y cultural de los valencianos. Tenemos bastante claro que la mayoría de la actual población valenciana tiene su origen en las repoblaciones llevadas a cabo durante el siglo XIII y posteriores, esto es lo que confirman los historiadores serios y es tema que trataremos con amplitud en un próximo artículo. Por el momento deberemos centrarnos un poco y vamos a considerar las varias tesis existentes que tienen que ver con la historia general de la península a la hora de averiguar cuál es nuestro origen étnico y cuáles son nuestras raíces. Veamos:

    1) Una primera tesis sería la autoctonista que afirma que existe una continuidad de la población valenciana desde el Neolítico hasta la actualidad y que supone que los distintos conquistadores de estas tierras supondrían leves capas dirigentes sin influencia étnica apreciable (romanos, visigodos, árabes y bereberes, catalanes y aragoneses).

    2) A esta línea habría que adjuntar la que afirma que si bien existe una continuidad desde tiempos prehistóricos la influencia de los árabes fue fundamental en la composición étnica valenciana.

    3) Otra tesis, la tradicionalista, la más aceptada, afirmaría el occidentalismo de los musulmanes peninsulares debido al escaso número de inmigrantes árabes y bereberes que llegaron a la península, pero además confirman el cambio poblacional que supuso la conquista, repoblación y colonización del Reino de Valencia.

    4) Por último estaría la tesis que si bien reconoce el cambio poblacional que supuso la Reconquista daría una mayor importancia que la de la teoría tradicionalista ha dado hasta ahora al elemento árabe-bereber en la composición étnica de los musulmanes con los que se encontraron los colonos que vinieron a repoblar el reino, musulmanes con los cuales tuvieron que convivir hasta su final expulsión. En esta línea estarían los que darían una mayor importancia al elemento estrictamente árabe y otra que ve más importante la influencia del elemento bereber. En ninguno de estos dos casos repito, se pone en duda el cambio poblacional y la europeidad de los valencianos en cuanto herederos de los colonos y pobladores catalana-aragoneses que vinieron al país.

    La primera y la segunda tesis estaría bien representada por Mourelle de Merma entre otros, y ya rebatimos en la primera parte de este artículo (véase el número 4 de Terra Nostra).

    En cuanto a las tesis 3 y 4 sería interesante poner en conocimiento de nuestros lectores cuáles son sus posturas.

    Ambas entran dentro del debate existente entre la occidentalidad y la orientalidad de la civilización andalusí. Podemos decir que hasta el siglo XIX este tema casi no se plantea históricamente en tanto existía una visión de la historia de la península muy cercana a la medieval, esta visión consideraba la España cristiana y la islámica como dos realidades totalmente distintas en la que no hay puntos en contacto, excepto los relativos a la lucha entre las visiones del mundo encontradas entre los musulmanes y los cristianos. En esta visión de la historia los árabes no serían más que unos extranjeros que habrían usurpado unas tierras que habría que reconquistar.

    El estudio de hispanismo de los musulmanes de la península durante la Edad Media empezaría en el siglo XIX con la reintegración de la historia y la civilización hispano-musulmana a la historia nacional. El autor más notorio en un principio será Francisco Javier Simonet que escribiría la obra De la influencia del elemento indígena en la civilización arábigo-hispana en ésta se demostraría el alto nivel cultural de la España islámica como fruto del elemento hispano-godo y afirmaría que la población hispano-goda sería la que enriquecería culturalmente a la minoría de elementos arábico-bereberes venidos a la península. En líneas generales Simonet reivindicará la continuidad esencial de la historia hispánica existente bajo las apariencias del cambio sufrido, a nivel lingüístico y religioso, producido tras el triunfo de los sarracenos en tierras hispanas.

    Pero sin duda el gran historiador y medievalista Claudio Sánchez Albornoz será el que con más autoridad defenderá esta línea de pensamiento. En su obra Lo premuslim en la España musulmana se estructurará la síntesis más demoledora y completa de la argumentación tradicionalista.

    Don Claudio afirmaría lo siguiente: “a la superioridad espiritual de los vencidos y al reducido número de musulmanes –poquísimos orientales y unos pocos bereberes- venidos a establecerse entre millones de hispanogodos que habitaban España, se unieron: la variedad étnica y cultural de los conquistadores, la juventud –no tenía un siglo de vida- no ya del imperio que los agrupaba, sino la misma estructura medular de el islamismo, todavía sin madurar definitivamente en el 711, y la falta de integración en ella de la mayor parte de los inmigrantes llegados a la Península en las décadas inmediatas a la invasión. Para que los cristianos españoles hubieran adoptado las formas de pensamiento, de sensibilidad y de creación artística de los musulmanes orientales habría sido preciso que los islamitas de Al-Ándalus hubieran renunciado rápidamente a su herencia temperamental, hubieran mudado su estilo de vida por arte de magia y hubieran aceptado pronto y por entero los hábitos mentales, los procesos emotivos y las proyecciones creadoras de los árabes. Los mejores conocedores del Islam español nunca han aventurado tal conjetura. Al contrario, todos han defendido la amplia recepción por los muslimes españoles de la tradición cultural de la España anterior al Islam”.

    En la misma línea tradicionalista autores como Gómez Moreno, Llambert o Torres Balbas han demostrado la relación existente entre el arte hispano-musulmán con el anterior arte hispano-romano y el hispano-godo.

    Hay un hecho claro y es que los que se convirtieron al Islam fueron los mismos antes y después de convertirse, esto es, que no cambiaron de raza.
    Cuando comenzó la islamización en el año 711, no de los cristianos del norte, fueron unos ocho millones los que quedaron bajo el dominio de unos miles de orientales y bereberes.

    Para Menendez Pidal “Al-Ándalus, independizado pronto de Oriente, había hispanizado su islamismo; los escasos elementos raciales asiáticos y africanos se habían casi absorbido en el elemento indígena, de modo que la gran mayoría de los musulmanes españoles eran simplemente ibero-romanos o godos, reformados por la cultura muslímica, y podían entenderse bastante bien con sus hermanos del norte que habían permanecido fieles a la cultura cristiana. Así cuando el norte inició su preponderancia militar, el Al-Ándalus se inclinaba fácilmente a la sumisión, falto como se hallaba de un espíritu nacional y religioso”.

    La tesis contraria, defendida por muy pocos historiadores, como por ejemplo Pedro Chalmeta, estaría en contra de la tendencia general de los historiadores hispanos que defienden que vinieron pocos árabes, que tuvieron poca influencia y que perduró una fuerte raigambre hispánica en la etnia y la cultura del Al-Ándalus.
    La teoría general de esta línea histórica defendería a grandes rasgos lo siguiente: con la invasión islámica no vinieron sólo guerreros sino que fueron desplazamientos colectivos que justificarían el ambiente tribal y que formarían células familiares al traerse a sus miembros con ellos una vez asentados. Los bereberes, el grupo más numeroso sería el grupo más coherente llegando con Tariq como aliados-rehenes asentándose principalmente en las llanuras toledanas, extremeñas, turolenses y levantinas. Estos bereberes fueron mucho más numerosos que los árabes ya que las cifras citadas dan para los primeros cifras de miles o diez miles, mientras que para los segundos se dan cifras de cientos o miles. En general esta tesis tiende a una sobrevaloración del elemento oriental y norteafricano venido y a una subestimación del elemento hispanogodo. De este modo se dan cifras, nunca confirmadas históricamente, que hacen ascender el número de inmigrados a 150.000 o 200.000 guerreros en la España del siglo VIII, además esos guerreros en posición dominante lograrían una mayor expansión de su etnia frente a la hispanogoda para la cual calculan un total de tan sólo dos o dos millones y medio de habitantes, cifra inferior a la existente, por ejemplo, en la época de Marco Aurelio cifrada en unos siete millones de habitantes. Justifican estas cifras argumentando que las muchas dificultades políticas, religiosas y socio-económicas existentes a principios del siglo VII hicieron decrecer la población. Ciertamente el descenso demográfico que se argumenta, resulta cuanto menos, discutible, pero esto es lo que se defiende y así lo exponemos. Así pues según estos cálculos se admite que los llegados árabes más bereberes representarían entre un 10 y un 15% de la población de Al-Ándalus. Ésta es la base por la que se aboga que se han de replantear los fundamentos de estudio de la Hispania musulmana por cuanto que a partir de un contingente tan cuantioso de llegados es posible empezar a dudar en que fuera el elemento indígena hispano-godo el que triunfe finalmente al absorber al elemento árabe y bereber. Así pues se negará que Al-Ándalus fuera una prolongación geográfica-temporal de la Hispania visigoda sino que por el contrario fue tan arábigo-musulmán como lo pudieron serlo el Magreb, Siria o Irak, pero que se diferenciaría de estos países en su peculiar substrato, el cual forjaría una personalidad distintiva.

    J.G.


    Continuará...
    Última edición por WESTGOTLANDER; 12/02/2006 a las 10:51

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    Re: Orígenes de los actuales valencianos. Falsos mitos (2). La herencia árabe.

    Sin ser “españolistas” precisamente Joan Fuster, Sanchis Guarner o Dolors Bramons han defendido la tesis de la poca influencia étnica aportada por árabes y bereberes al conjunto hispano y particularmente al elemento aborigen pre-valenciano. Por ejemplo Fuster en Poetes, Moriscos i Capellans dice: “Tot fa pensar que en substancia els moriscos valencians no eren sinó la població aborigen del país, que s’havia sotmés a les repetides invasions colonitzadores i que aleshores vivia encara sota els efectes de la contaminació cultural – en el sentit més ampli del mot- sarraïna. Islamitzats fins al moll dels ossos, tenien, probablement, ben poca sang àrab: els colonitzadors africans assentats en les comarques valencianes no van ser tants com perquè poguessin desvirtuar el fons racial autòcton. Tanmateix, els indigenes van acabar adoptant la llengua, la religió, les formes de vida dels conqueridors musulmans, i les van adoptar fins al punt de fer-les entrayablement seves i de defensar-les amb una tenecitat admirable”.

    Sanchis Guarner en La llengua dels valencians explica como “L’Islam és una comunitat màgica en què s’ingressa només pronunciar la professió de fe mahometana, sense tenir en compte la raça ni la condició social del qui l’adopta. La integració d’un país dins el món musulmà, no implicaba la desaparició de la seua cultura autòctona, almenys inicialment; tampoc els nous dominadors no fomentaven la conversió dels indígenes, puix que preferien explotar-los cobdiciosament. Amb els invasors, àrabs i barbarescs, pocs numèricamente, convivia la gran massa dels indígenes, amb prou llibertat de primer antuvi, mantenint vigència quesi plena, les institucions jurídiques visigodes, la religió cristiana, i el llatí provincial, decadent i empeltat de germanismes”.

    Dolors Bramón en la obra colectiva Raons de identitat del País Valencià dirá: “Ja ha estat assenyalat repetidamet que, en general, els nostres sarraïns no eren sinó els descendents del romano-visigots valencians. Naturalment, aixó no vol dir que hom negue el fet cert de l’establiment de gent nova al país i que s’hi produís una assimilació, tant religiosa i cultural, com mental i social, i sempre en benefici de l’element estranger. Aixó no obstant, hom conclou que la islamització de l’actual País Valencià no significà de cap manera un canvi qualitatiu i/o quantitatiu de la seua població. Entendre la inclusió de la Península Ibèrica al domini musulmà en el sentit d’una invasió fou una moda, que, en general, ja no es porta i, per tant, creiem que no cal ara insistir-hi”.

    Esta línea teórica es la más aceptada comúnmente por todos los historiadores y es a la que nosotros personalmente damos más crédito.

    Sería interesante señalar un aspecto que creemos importante y es el hecho de averiguar cómo se produjeron los repartos de tierras entre los distintos grupos étnicos venidos con la invasión islámica. En general se ha dicho que los elementos árabes y sirios se instalaron en las principales ciudades y en las mejores tierras de las llanuras de Andalucía, Levante, Toledo y centro de Aragón. Pues bien, actualmente, Pierre Guichard defiende que para la zona del Levante fue mucho mayor la importancia del elemento bereber que la del elemento estrictamente arábigo, con lo que habría habido una cierta berberización en la zona valenciana en la época musulmana. Estos bereberes, según Martín Almagro “eran mediterráneos mucho más afines a la etnia nórdico-mediterranoide que la Península ofrecía” y por lo tanto no estaban alejados, racialmente hablando, de la población sobre la que se superpusieron. Por lo demás Guichard al que se le ha acusado de defender con alguno de sus estudios el tópico de que “España es diferente” recuerda que “mis tesis “anticontinuistas” en cuanto al periodo musulmán no pueden afectar lo más mínimo la “europeidad” española actual, pues he defendido siempre la existencia de dos rupturas históricas, la conquista musulmana y la Reconquista cristiana. Para mí, no cabe duda de que los actuales valencianos, en su conjunto no son los descendientes de los musulmanes que vivían en Valencia antes de la ocupación de la región por los cristianos durante el segundo cuarto del siglo XIII, sino los herederos de los colonos y pobladores catalanoaragoneses que vinieron entonces al país.”

    Siguiendo con los tópicos hay quien ve como temperamento de herencia árabe el gusto por la pólvora de los valencianos. Podríamos preguntarnos por qué no temperamento chino, cuando todo el mundo sabe que el origen de esta afición viene de China. Hoy en día el gusto por la pólvora y sobre todo el de los castillos de fuegos artificiales está muy extendido y posiblemente esta afición por el fuego tiene más bien una influencia que habría que rastrear en el paganismo y no en la religión islámica.

    Algo parecido pasa con las fiestas de moros y cristianos que hay quien ve como de origen árabe, nada más lejos de la verdad, como explica Enrique A. Llobregar: “Quelcom de semblant esdevé a les festes de Moros i Cristians, que hom preté d’origen quasi coetani dels moments de la història islàmica i la conquesta cristiana. L’anàlisi freda dels induments més antics coneguts i del text de les ambaixades més velles ens mostren en lloc de moros els mamelucs de Napoleó, vestits a la otomana, amb calcòns bombatxos, faixa, camisa i xopetí, i al cap tarbuix de vegades envoltat per un turbant, tal i com els pintà Goya als seus grans quadres, i, sobretot, als aiguaforts dels “Desastres de la Guerra”. Seguiremos con la cita por lo que de interes tiene en cuanto a sintesis de lo que intentamos explicar en estos artículos: “La inspiració de la lluita contra l’invasor naix de la invasió francesa, no del llarg període d’aculturació pacifica que vingué amb els primers contactes, normalment poc guerreres, dels musulmans amb la població tardo-visigoda, que en un temps no massa llarg es va anar islamitzant. Una vegada més diré que els musulmans foren pocs en nombre i fou la població anterior, la que venía d’aquells homes de la Cova del Parpalló, de la de L’Or, dels poblats en la Edat del Bronze i de les ciutats ibèriques, la que es va romanitzar i llatinitzar, per esdevenir desprès musulmans, la que hi va comptar. Tallar el vincle amb la terra per força de l’expulsió, poc o res ens ha quedat d’aquell món, torne a dir, pre-valencià, per a ser substituït per una nova cultura, vinguda de fora, una nova religió, el cristianisme, i tota una concepció del món i de la vida que no tenen res a veure amb les poblacions anteriors. Son aquestes noves concepcions les que rauen en la base de l’actual País Valencià i en bona hora siga. Però, apel.lar a una antiguitat anterior a la conquesta cristiana del segle XIII és desconeixer el procès històric de la nostra terra, i desconeixer-ho a consciència, per pròpia voluntat d’amagar el cap sota l’ala i no veure el que no es vol creure.”

    En realidad lo que podemos considerar como herencia árabe solamente se puede circunscribir a ciertos aspectos que en nada tienen que ver con el estrictamente étnico. Entre ellos tenemos la continuidad de los regadíos existentes anteriores a la conquista, de los cuales la mayoría tienen origen romano y aunque hoy en día la cuestión de los orígenes del sistema de riego está todavía abierta al debate podemos recordar a historiadores de esta tierra como Roque Chabás, que dudaba que un pueblo tan apático como el árabe fuese capaz de perfeccionar la técnica romana, o la del arabista Ribera que afirmaría que “el sistema de riegos de la huerta de Valencia no es obra de los árabes” basándose en el carácter democrático de la organización de los riegos, contraria al carácter individualista y autocrático de los sistemas hidráulicos del mundo árabe. Bien, sin llegar a tales extremos, se ha de admitir una serie de mejoras en época islámica, que fuese obra de árabes o de de la población aborigen islamizada es otra cuestión, pero estas mejoras existieron sobre todo a nivel de conducción y elevación de aguas, además de aquella época es característica una intensificación de los cultivos. También del siglo IX y X nos viene el arroz y otros productos tan típicos de esta tierra -aunque se desarrollarían su cultivo, tal como lo conocemos actualmente de manera posterior y debido al trabajo duro de nuestro pueblo- como la naranja y el limón. Entre el siglo X y XII se extiende la berenjena, la alcachofa, la espinaca, la sandía, la caña de azúcar, el algodón y el cultivo de la morera, este último permitió el florecimiento de la industria sedera que desaparecerá con la expulsión de los moriscos. También tenemos el precedente islámico del Tribunal de la Aguas y por todo ello han quedado unas cuantas palabras de origen árabe en nuestra lengua relativas a plantas y frutos (albercoc, albergina, alficós, arrós, bacora, carxofa, cotó, espinac, dacsa, llima, safonoria, sucre, taronja, xirivia etc.); a nombres relativos a la agricultura (aljub, almaixera, safareig, senia, naquera, noria), a utensilios e indumentaria (aixeta, alforja, marraixa, safa, setrill, saragüells etc.); pesos, medidas y monedas (fanecada, taulla, cafis, almud, arrova morabatí etc.). También han quedado nombres de animales, arreos, construcciones, armas, vientos etc. Pero hay que decir que en total han quedado menos palabras de origen árabe en nuestra lengua que las que existen en el castellano.

    Ahora bien, a pesar de la herencia existente en la agricultura será interesante estar atento a las observaciones siguientes: “Els cristians conservarien dels moros només allò que fóra estrictament utilitari: elements de defensa, fonaments d’edificis, la xarxa de regadius, utillatge agrícola, el sistema jurídic dels regs... El camp que sovint conreaven els mahometans fou adaptat a les noves demandes. Conservaria, però, la sòlida organització musulmana com a base.

    “Durant el segle XIII, els pobladors cristians emprengueren una ferma política de regadius. L’horta adquiriría llavors un aspecte que servà fins no fa gaire, amb els seus assuts, safareigs, sénies. Els rics terrenys de regadiu, prop dels centres urbans, van ser dedicats al cultiu d’hortalisses, llegums, fruites o canyamel, productes més rendibles que no els cereals. Es conreava així mateix, la vinya, prop de Castelló, de València , de Xàtiva, d’Alcoi, de Sagunt, de Sogorb i de Denia, més per la proximitat de les grans viles que no perqué el sòl hi fóra l’adient. Els inmigrants arribaven del Nord amb fam de terra conrreable. No tot era horta, però. D’una banda, hi havia les muntayes; de l’altra, les marjals, que ocupaven, llavors, una ampla faixa costanera. La marjal proporcionaba pesca, caça, canyes, joncs, plantes barrelleres (amb les quals es feia la sosa); produïa arròs, malgrat que hom prohibís ades i ara el seu cultiu per tal d’estalviar pestilències. Calia, doncs, deixar el llom en la terra campa, drenar marjals inhòspites, lluitar contra els matossars, contra les inundacions; calia, sobretot, rompre els ermots, pujar muntanya amunt guanyant-hi sòl conreable a la natura, pasturar el bestiar en campussos alts y gèlids... Milers d’hectàrees foren guanyades al cultiu durant la nostra edat mitjana. Carboners, llenytaires, ramaders i agricultors taleren, així mateix, taques inmenses de forest. Els bosc era, aleshores, un espai bullent on es fabricava quitrà per a les naus, calç, carbó; La mayoria dels llocs tenien un bosc comunal d’ús collectiu. Hi havia també boscos reials i els poders pùblics eren ja conscients dels perills que comportava la deforestació. Les línes bàsiques d’un paisatge que ha perdurat fins fa ben poc eren ja marcades. Canviariens els cultius, es conrearien més terres, se n’abandonarien d’altres; la nostra terra, però, estaria marcada pel signe de l’artificialitat, pel treball de l’home tot intentant vencer la natura”. (Eduard Mira)

    Pero no todo nos ha venido de aquellos tiempos primeros y posteriores de la colonización catalanoaragonesa, especialmente después de la Guerra de Sucesión y el desastre demográfico que ésta produjo, amén de las destrucciones y ruinas desatadas, se puso en marcha de manera intensiva la explotación de las dos únicas auténticas riquezas de los valencianos: la tierra y el pueblo. La tierra productiva se extendió ampliamente, nuevos pozos y nuevas obras de riego se pusieron en marcha, se sacó provecho de los terrenos pantanosos, se construyeron nuevos bancales en las montañas y se explotaron nuevos terrenos de secano, todo esto se llevo a cabo mediante un gran esfuerzo y continuó en el siglo XIX y parte del presente. El mito de Levante feliz no es más que eso, un mito sin fundamento puesto que para nada es ésta una tierra que regale algo sin esfuerzo.

    Como dijo Cavanilles “La industria y la aplicación de los naturales ha sabido convertir en jardines útiles un suelo que hubiera quedado estéril en otras manos”. Son estos “hombres al parecer diversos” refiriéndose a sus vecinos de poniente y del sur. Así pues no vemos ninguna supuesta herencia de los “apáticos” árabes en nuestro amor por el trabajo, antes bien creemos que lo que hay que hacer es buscar nuestra herencia en otra dirección y si no recordemos el dicho famoso: “Els catalans, de les pedres trauen pans”.

    Queda bastante claro que aunque quedan algunos rastros de la herencia árabe a nivel de ciertas técnicas, productos agrícolas y en un cierto número de palabras. Pero el hecho incuestionable es que el actual paisaje agrario valenciano no es obra de árabes, sino mayoritariamente del trabajo de los colonos venidos del norte y sus descendientes, de nuestros antepasados y en algunos casos hasta de alguno de los que pueden estar leyendo este artículo. Si en algo se caracteriza el pueblo valenciano es por su amor a la tierra y el trabajo, existe toda una cultura alrededor de estas palabras. El supuesto Levante feliz tan tópico no tiene nada que ver con la realidad, esta tierra es el fruto de un pueblo que trabaja duro, de manera constante, metódica y que ha sido capaz de transformar pedregales y montaña en bancales productivos, marjales en tierras de cultivo y tierras de secano en regadíos.

    Por otro lado, a nivel muy popular, la gente del país cuando quiere expresar que algo es muy antiguo enseguida recurre al tópico de que aquella cosa viene del tiempo de los moros, el pueblo no ve más alla de aquel tiempo; aunque estas construcciones o restos sean de origen prehistórico, ibérico, romano o visigodo. Pero la realidad es otra, aquí lo único que ha quedado son alguna torre aislada, alguna fuente, restos de murallas, ruinas de fortificaciones etc. Por no ser, ni siquiera los “baños árabes” de Valencia son árabes puesto que fueron construidos en los siglos XIV y XV y son cristianos. Algunas de las fortificaciones o castillos como los de Villena, Elche o Biar o los palacios nobiliarios de Alacuás, Onil o Buñol fueron modificados por los picapedreros cristianos y sería muy difícil reconocer un alcázar o un palacio árabe en estas construcciones. El hecho, muy significativo, es que aquí no hayan quedado monumentos, palacios o mezquitas como las que se pueden encontrar en Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Granada o en tantos otros lugares de la Península. En tierras castellanas o aragonesas la influencia arquitectónica islámica es muy notable. Los musulmanes que quedaron en aquellas tierras, hasta ser finalmente expulsados, trabajaron para sus amos decorando al gusto árabe construcciones cristianas, creando el arte mudéjar. En nuestras tierras tan sólo escasos ejemplos son visibles y siempre en tierras de repoblación aragonesa cercanas a Aragón. Los grandes señores aragoneses estaban acostumbrados a emplear estos detalles arquitectónicos mudéjares en su tierra de origen y podían utilizarlo tranquilamente sin que a nadie se les ocurriera tacharlos de moros.

    Algunos han querido hablar de genocidio cultural el cometido por nuestros antepasados contra los musulmanes de estas tierras y el hecho claro, dejando aparte cuestiones morales, es que hubo una voluntad expresa de hacer desaparecer todo lo que había anteriormente de origen islámico. Los cristianos venidos del Norte que bajaron a esta tierra de frontera venían a construir una sociedad nueva a construir un nuevo orden, el espíritu de cruzada era notable en aquellos primeros años de lucha, en este ambiente pocas eran las posibilidades de perduración de formas culturales islámicas. El campesino-guerrero que venía a colonizar esta tierra, el almogávar, el caballero o el “home honrat” de las ciudades etc., traía consigo su forma de ser y los recuerdos de la tierra de donde venía. Tenía otra sensibilidad y otra forma de hacer y construir las cosas. Los que venían de Lérida, Tarragona o Tortosa, muchos de ellos con lejana raíces en masías pirenaicas, despreciaban todo aquello que pareciese moro, del mismo modo acabaría actuando el hombre de Teruel o de Zaragoza. El campesino libre jamás emplearía elementos de origen islámico en sus construcciones y menos todavía la gente de las ciudades, tengamos en cuenta que los moros estaban considerados una casta inferior de la que el inmigrante estaba claramente separado por una consciencia de superioridad clara y determinante. También sería interesante mencionar como hace Eduard Mira que “No tots els que vingueren a València foren gent pràctica i senzilla. En la host conquistadora de València i de Mallorca i entre els colonitzadors, hi havia grans nissages, a mès d’una munió de provençals amb moltes closques al damunt. Sens dubte, molts d’ells havien estar càtars, cristians herètics que predicaven la unió directa amb allò que, de diví, n’hi ha dins un mateix, sense haver d’esperar el dia dels justos i sense mediació eclesiàstica. L’heretgia s’havia estés pel que hui és el sud de França, per Occitània, per les corts de Provença. L’Església predicà una croada en contra; els dominicans i els senyors de França els perseguiren a matadegolla. Molts dels provençals que cercaren recer en terres de Catalunya, que s’embarcaren amb el rei cap a Mallorca, que baixaren a València, guardarien dins del seu sarró formes arquitectòniques de la perduda Occitània. Eixes formes els portarien ecos de ventres materns, de catacumbes, de comunions íntimes amb el món; els portarien nostàlgies d’amor cortés. Eixes llavors arrelarien en els regnes de València i de Mallorca; hi assolirien saó plena durant el segle XIV, hi donarien els seus fruits originals el segle XV”.

    Con esta mentalidad, con este espíritu y con la determinación de extirpar todo lo que oliera a Islam se creó una arquitectura que alguno ha llamado de la voluntad, una arquitectura con una clara determinación ideológica. Se alzaron por todo el país nuevas iglesias, fortificaciones y palacios góticos que poco se diferenciaban de los edificios de aquella época de Cataluña, Mallorca o del sur de Francia, de Occitania. Las iglesias cubiertas de madera sobre arcos apuntalados cubrieron rápidamente la geografía valenciana con el propósito de cristianizar los nuevos lugares y dar servicio a los inmigrantes. De norte a sur las formas constructivas de los colonizadores cubrirán el país. Las órdenes religiosas propagarán el estilo gótico cargado de una espiritualidad diferente. Maestros constructores y picapedreros venidos de Cataluña, de la Provenza o incluso de más lejos como mestre Nicolau (originario de la Champaña y que creará el “Portal dels Apostols” y el primer cuerpo del cimborio de la Seu de València) hicieron un trabajo del que hoy nos podemos sentir orgullosos, de estos hombres y de este espíritu nacerá la puerta románica de la Catedral de Valencia, la “Porta del Palau”, es casi idéntica la “Porta dels Fillols” de la antigua Seu Leridana y de hecho fue llamada hasta el siglo XVIII “Porta de Lleida”. En ella se muestran siete cabezas de hombres y siete de mujeres, que la leyenda hacer retratar de los siete matrimonios de Lérida que traerían a Valencia setecientas doncellas leridanas para casarse con otros tantos repobladores. Son muy similares, comparadas a las existentes en nuestro ámbito lingüístico, muchas de las maravillosas obras públicas de las que hoy podemos disfrutar, muchas de ellas excelentes muestras del denominado gótico civil catalán. Como por ejemplo “les Cases de la Ciutat” de Valencia y Barcelona, “les Drassanes” (Valencia, Barcelona); “les Llotges” (Barcelona, Perpiñán, Mallorca, Valencia). Obras a las que habría que añadir, aunque ya propias nuestras, el “Portal dels Serrans”, el “Pont dels catalans”, actualmente “Pont de la Trinitat”, la “Torre del Miquelet” etc. Debe ser doloroso saber, para los catalanófobos me refiero, que por ejemplo dos de los más emblemáticos, hoy considerados símbolos de la ciudad de Valencia, monumentos arquitectónicos tienen clara influencia catalana, como por ejemplo el Miguelete, el cual encuentra sus modelos en las torres octogonales de Catalunya – en Santa Maria del Pi, en Pedralbes, etc.- o que por ejemplo Pere Balaguer (otro valenciano de linaje catalán), a la hora de construir las “torres dels Serrans”, subirá hasta el monasterio de Poblet para inspirarse en su portal real, pero qué le vamos a hacer. Todas estas obras arquitectónicas son un ejemplo claro del cambio producido en estas tierras a partir de 1239, fue el cambio de Oriente por Occidente, ya que desaparecerán de manera clara y rápida todo lo que pudiera considerarse oriental, no sólo arquitectónicamente sino a todos los niveles artísticos, y comenzará a implantarse en estas tierras la civilización europea con todas sus consecuencias, civilización que trajeron los nuevos cristianos venidos del norte, aragoneses y catalanes. A este respecto, es interesante señalar que algunos historiadores han querido poner de relieve que la repoblación del Reino de Valencia fue una empresa mayoritariamente aragonesa, mientras que la inmigración catalana habría sido menos numerosa proporcionalmente, ya veremos en un próximo artículo que esto no fue así, pero las conclusiones que podemos sacar a tenor de la producción artística de toda aquella época –sin hablar de la producción literaria- corrobora una influencia predominantemente catalana y es lógico que fuera así en tanto que Cataluña fue hegemónica dentro de la Corona de Aragón, tanto a nivel de arte, como de historia o cultura y por lo tanto es normal que lo que hoy denominamos “oferta cultural” mayoritaria durante los siglos XIII y XIV fuera la de origen catalán. Por ejemplo de arquitectura de tipo aragonés sólo tenemos como ejemplo el campanar de Jérica y por el contrario iglesias romanas de tipo catalán se encuentran por todas las zonas del Reino.

    Para finalizar diremos que con el decreto de expulsión puesto en práctica a partir de 1609, pueblos enteros quedaron vacíos y algunos despoblados para siempre. Esta expulsión vino a suponer una extirpación definitiva y total -tan sólo se salvaron algunos pocos niños menores de doce años y que fueron repartidos entre determinadas familias pudientes, rectores y otras personas de influencia para ser utilizados como sirvientes- de la población y la presencia de musulmanes o de descendientes de ellos en nuestras tierras. Ni siquiera a los portadores de algunos apellidos comunes actuales de etimología arábiga como Medina, Mezquida, Almunia etc. podemos considerar como descendientes de musulmanes, no son linajes árabes sino que son apellidos que se derivan de topónimos de etimología árabe. Esto es, son linajes que nos señalan que el primer antepasado que lo llevó venía de una población o lugar cuyo nombre era de etimología arábiga. Como conclusión diremos que hoy en día en tierras valencianas no quedan descendiente de árabes o moros y que la herencia debida a aquéllos podemos considerarla como despreciable, descendientes de moros sólo podemos considerar los venidos durante este siglo como inmigrantes.

    Nos gustaría terminar este artículo ofreciendo un texto de Sánchez Albornoz que quizás haga meditar a aquellos que influenciados por un humanismo mundialista nos quieren imbuir un sentimiento de culpabilidad por el hecho de la acción llevada a cabo contra los moriscos en aquellos tiempos. Está actualmente de moda las peticiones de perdón públicas por parte de políticos a comunidades o etnias que en nuestra península o fuera de ella sufrieron hechos que hoy consideramos deplorables moralmente. Sin embargo “Imaginamos las posibilidades que habría brindado a Richelieu, por ejemplo, el descontento y la fuerza numérica de una masa morisca que, dos generaciones después de 1609, por su no interrumpido crecimiento demográfico habría alcanzado a constituir alrededor del 50 % de la población del Reino de Valencia y del 33 % de los cristianos de Aragón; Y no se necesita imaginación para calcular los problemas que a la España de los siglos XIX y XX, desde la “Guerra por nuestra Independencia” convulsionada por muchas y graves cuestiones internas, habría suscitado una morería valenciana, al cabo de trescientos años casi superior a la población cristiana del país y una masa de moriscos no muy inferior a la de los cristianos de Aragón”.

    Un cuerpo social tan extraño, de carácter endogámico y con una cultura tan distinta habría creado enormes problemas. No habría sido posible la asimilación ni la convivencia pacífica. Hoy vemos las trágicas consecuencias producidas por los rencores étnicos acumulados después de siglos de odios entre las comunidades cristiano-ortodoxas serbias y la islámico-albanesa en Kosovo. No podemos hacer otra cosa que reconocer lo acertado de aquella medida de expulsión a pesar de que moralmente nos parezca algo reprochable.

    J.G.

  3. #3
    lironnne está desconectado Miembro novel
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    Re: Orígenes de los actuales valencianos. Falsos mitos (2). La herencia árabe.

    Hola, solo me gustaría saludar y dar las gracias por el artículo al autor, en tanto por sus palabras descaradamente catalanistas, es decir parcialistas, y por su tendencia nacionalista, absolutista y de derechas que tanto se vanaglorian de criticar y ellos (los catalanistas como el autor) no aceptan las teorías de aquellos investigadores, historiadores, filólogos y antropólogos, que no opinan como ellos, con palabras como..."no son serios, blavistas, etc" esta falta de clase por parte de los catalanistas, no es mas que la demostración de debilidad de sus teorías y su descarada mala educación, puesto que con un poco de sentido común se pueden aceptar muchas teorías del origen autóctono valenciano, tanto, como las teorías de la repoblación y origen catalán, el cual es la única aceptada, por el solo y único motivo del "poder político de los catalanes y catalanistas", es decir y como siempre, "abusando y creyéndose algo que no son".
    Hay infinidad de dudas y temas que aclarar que nadie ha hecho y sí algunos datos que evidencian el nacionalismo radical catalán que tanto odiamos los valencianos.
    En resumen, a cada uno lo suyo y basta ya de abusos e insultos de los catalanistas.
    Un saludo.

  4. #4
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    Re: Orígenes de los actuales valencianos. Falsos mitos (2). La herencia árabe.

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    Cita Iniciado por lironnne Ver mensaje
    Hola, solo me gustaría saludar y dar las gracias por el artículo al autor, en tanto por sus palabras descaradamente catalanistas, es decir parcialistas, y por su tendencia nacionalista, absolutista y de derechas que tanto se vanaglorian de criticar y ellos (los catalanistas como el autor) no aceptan las teorías de aquellos investigadores, historiadores, filólogos y antropólogos, que no opinan como ellos, con palabras como..."no son serios, blavistas, etc" esta falta de clase por parte de los catalanistas, no es mas que la demostración de debilidad de sus teorías y su descarada mala educación, puesto que con un poco de sentido común se pueden aceptar muchas teorías del origen autóctono valenciano, tanto, como las teorías de la repoblación y origen catalán, el cual es la única aceptada, por el solo y único motivo del "poder político de los catalanes y catalanistas", es decir y como siempre, "abusando y creyéndose algo que no son".
    Hay infinidad de dudas y temas que aclarar que nadie ha hecho y sí algunos datos que evidencian el nacionalismo radical catalán que tanto odiamos los valencianos.
    En resumen, a cada uno lo suyo y basta ya de abusos e insultos de los catalanistas.
    Un saludo.
    Sabias palabras lironnne, cuando tenga un poco más de tiempo expondré algun que otro dato de la repoblación de nuestro Reino recojido per el Llibre del Repartiment, aquel que Ubieto tanto estudió, aunque parece ser que para el señor WESTGOTLANDER no es catedrático...
    Edició original de la Biblia de Bonifaci Ferrer (germà de Sen Vicent Ferrer). La primera biblia en una llengua romanç que es coneix


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