He leído el relato de esa excomunión del siglo XV y he quedado maravillado por muchas razones:

El poder simbólico que tenía la Iglesia de aquel entonces, capaz de abrumar a los "pecadores públicos". Hoy, su poder espiritual sigue intacto, pero los ecumenistas ramplones y traidores no se atreven a ponerlo a funcionar.

Esta excomunión es cultura (culto), y lo demás son pamplinas.

Voy a recitar este ritual de excomunión para todos los traidores. Lo voy a hacer en lo privado (ya que se nos va prohibiendo las manifestaciones en público). Creo en el poder del Verbo (el Logos) y creo que esta oración, recitada desde lo más profundo de mi perfecto odio a los enemigos de Dios va a ser oída por el Señor, pese a mis muchos pecados.

Y no lo voy a hacer tan solo para los que dice Martínez Camino, sino para todos los que desde 1975 han perpetrado "pecados públicos" que merecen este ritual.

Y, ya puestos, a lo mejor compro unas velas y las sumerjo en el agua mientras recito estas magníficas oraciones exorcísticas.

¡Magnífico, Aquilífero!