Yo tampoco creo que haya que impedir que se hagan este tipo de preguntas, existen todo el tiempo.

Es notable que aunque la cuestión se entiende fácil, cuando te pones a definirla de forma más concreta, aparecen multitud de complicaciones. ¿quiénes son los capaces y quiénes los incapaces? ¿Por qué impedir a los incapaces la procreación nos iba a hacer más felices a todos?

Pero de todas formas, quiero llamar la atención sobre algo que está por debajo de muchas de estas preguntas y que parte de ciertos presupuestos menos evidentes.

- Partimos de que es posible llegar a un futuro ideal donde hay felicidad para todos y no hay sufrimiento. Las condiciones del mismo son indefinibles ya que nunca ha existido, sólo está en nuestra cabeza. Se le suele conocer entonces mucho más por lo que no tiene (un mundo sin clases, un mundo sin hambre, un mundo sin enfermedades, un mundo sin tal o cual).
- Partiendo de que es posible llegar a ese futuro que nunca ha existido, se decide qué cosa que hay ahora en el mundo y que no habría en el mundo ideal es la más prioritaria a eliminar. Se asume también que la razón del sufrimiento es la existencia de esas cosas, y que sin ellas habría más felicidad.
- Cualquier medio imaginable es entonces articulado para llegar al mundo ideal mediante la eliminación de lo que lo impide. El fin es tan grandioso y lo combatido tan detestable, que su justificación moral para a ser prácticamente evidente.

Este esquema mental es que el viene operando en la cabezas de los hombres desde hace tiempo, y es el que pretende cambiar el mundo real para hacer que se parezca a un mundo ideal. Las teorías políticas, sociales y económicas de los últimos tiempos se han fabricado de esta manera. Y los resultados son siempre monstruosos.

Tenemos un futuro ideal donde la gente no padece enfermedades de origen genético. Allí son más felices gracias a eso. Así que si queremos llegar ahí, tenemos que eliminar esas enfermedades de entre nosotros. ¿Cómo? Sencillo, simplemente que los genéticamente marcados no procreen. ¡Es tan fácil!

Pero entonces sucederá que aunque eliminemos a todos los Down (o cualquier otro que decidamos que no pueden existir en el mundo ideal) del planeta, no seremos más felices. Y la conclusión más evidente será que no se ha aplicado de forma correcta el método, hay más gente genéticamente incapacitada de la que suponíamos. De tal forma que ampliamos el concepto y lo hacemos más estricto. Como seguiremos sin ser felices, pasaremos a una regla más estrica: no puede procrear nadie salvo los que reúnan las condiciones ideales para dar a luz a generaciones felices. Como tampoco funcionaría, no sería cuestión de mucho tiempo llegar a la conclusión de la que procreación es un error.

Todos estos sistemas pecan de lo mismo: como no sabemos dónde está el sitio al que queremos llegar y ni siquiera cómo es (ese mundo ideal), no tenemos nunca ni idea de si estamos llegando o vamos bien. Nuestra única guía es comprobar si efectivamente estamos siendo más felices con nuestro proceso de eliminación de defectos. Nunca sucede. El idealismo es la filosofía más mortal que se puede sostener. Y la que más frustración produce.

En un mundo realista, la cosa es mucho más sencilla. El sufrimiento se acepta como algo que siempre estará ahí, los más fuertes y sanos deben cuidar de los más débiles y enfermos, que siempre existirán. Y si podemos mejorar algo, que sea conseguir que los débiles y enfermos estén mejor atendidos. Sanos o enfermos, cada uno encontrará la felicidad (o no) en lo que haga con su vida. Eso es todo.