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Tema: Elogio breve de la virtud de la castidad

  1. #1
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    Elogio breve de la virtud de la castidad

    ELOGIO BREVE DE LA VIRTUD DE LA CASTIDAD


    LA PUREZA

    Breve el elogio, pues uno no acabaría cuando encuentra las fuentes de agua limpia y sin contaminar. Oportuno también, pues en nuestro tiempo la pureza tiene muchos enemigos cerriles y pocos abogados.

    Una psicología depravada nos ha instado a la impureza durante décadas. Y así la presunta "liberación sexual", en nombre de la "salud mental", se ha erigido como una de las más grandes mentiras contra la vida limpia, a la vez que se ha aplicado como uno de los más eficaces instrumentos de esclavitud.

    La castidad es "la virtud sobrenatural moderativa del apetito genésico". Es una virtud angélica, pues hace al ser humano semejante a los ángeles, pero exige continua vigilancia y severa austeridad. La castidad tiene varias formas:


    Virginal: abstención voluntaria y perpetua de todo deleite contrario a ella.

    Juvenil: firme propósito y resolución a abstenerse del deleite sexual antes del matrimonio.

    Conyugal: que regula según la razón y la fe los deleites lícitos dentro del matrimonio.

    Vidual: que se abstiene totalmente después del matrimonio.

    La Iglesia Católica -contra lo que por ahí propalan los desinformados o los embusteros empedernidos- nunca ha dicho que la lujuria -el pecado capital que se opone a la castidad- sea el peor de los pecados; pero la larga experiencia espiritual sí que confirma que la lujuria es el vicio más vil y degradante de todos cuantos se pueden cometer. De la lujuria se derivan la ceguera de espíritu (esa invidencia para lo espiritual, pues lo carnal ofusca los ojos espirituales), la precipitación, la inconsideración, la inconstancia, el amor desordenado de sí mismo, el odio a Dios, el apego a esta vida y el horror a la futura.

    La literatura fue uno de los primeros medios por el que se denigró la virtud de la castidad. Anatole France (1844-1924) escribió: "No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maniacos y locos." Con antelación a Anatole France, los libertinos -el marqués de Sade a la cabeza- se habían convertido en los apologistas de la lujuria, exaltando las más demenciales y depravadas "artes" para alimentar la concupiscencia de la carne, que es insaciable en su dinámica. En su retorcida y enfermiza mente degenerada, incluso habían soñado con ultrajar la castidad en todas sus formas. Después llegaron algunos psiquiatras y teorizaron sobre la conveniencia de destruir la castidad, entendiéndola como un mito y como un sistema de represión psicológica. Y así tenemos el mundo que hoy tenemos... Una colosal cloaca de inmundicia.

    Los pecados contra la pureza eran censurados socialmente antaño. Hoy se les llama "opciones sexuales". Se apela a la desinhibición, a la fantasía, al conocimiento de rudimentarias técnicas eróticas que estimulen mucho más... Y se desprestigia la castidad. Mejor dicho, se trata de desprestigiar sin poder lograrlo, aunque sí que haciendo mucho daño a las almas. Lo que ocurre es otra cosa. Lo que pasa es que esa "ceguera espiritual" derivada de la lujuria es la que impide ver las cosas tal y como son. ¿Y cómo son?

    La impudicia y la impureza ejercen en un primer momento cierto atractivo. Pero es un atractivo efímero que pronto se disipa; que, en vez de apegar, lo que al final hace es repeler. Sin embargo, allí donde encontramos pureza, cuando nuestros ojos están capacitados para ver la verdadera belleza, el atractivo no es pasajero; pues nunca nos repelerá lo que es puro, lo que no está contaminado. Todo lo contrario, nos adherimos a ello y nos enamora sin que podamos desenamorarnos nunca.

    Quien vive la castidad descubre que su contraria la lujuria es la peor enemiga del amor.

    Pues la verdad, se pongan como se pongan esos psicólogos, es que el verdadero amor no se conciliará nunca con la suciedad. La suciedad no es amiga ni del amor (por razones metafísicas), ni de la salud (por razones higiénicas).

    LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
    Pious dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: Elogio breve de la virtud de la castidad

    BRILLO CLARÍSIMO DE LA VIRGINIDAD

    Santa Inés. Patrona de comprometidos en matrimonio; castidad; pureza; niñas; vírgenes; víctimas de violaciones; y jardineros.

    Es la castidad una virtud moral y cristiana que templa y reprime los deseos desenfrenados de la carne. En todos los estados, sea de solteros, sea de casados, o de viudos se deben guardar las leyes de esta virtud, dado que a todos se dirigía San Pablo, cuando escribía: «La fornicación y toda especie de impureza ni aún se nombre entre vosotros… Porque tenedlo bien entendido: ningún fornicario o impúdico… será heredero en el reino de Cristo y de Dios». (Ephes. v, 3, 4, 5). Y hablando con los solteros y viudos, enseña que están en el deber de abstenerse de todo placer voluptuoso, y aún exhorta a que perseveren castos toda la vida. A la verdad, les dice, me alegraría que todos fueseis tales como yo mismo, es a saber, célibes: más cada uno tiene de Dios su propio don, quien de una manera, quien de otra; pero sí que digo a las personas no casadas o viudas: Bueno es que perseveren como están.
    Y aquí esparce su perfume la flor de esta virtud, que solamente puede brotar entre solteros, o casados que siempre hubieren vivido en pureza angelical, es decir, la virginidad, la cual consiste en una firme e inquebrantable renunciación de todos los placeres carnales. Distinguen los doctores dos linajes de virginidad: una material, que florece con cierta física integridad, belleza y lozanía, nunca mancillada con ningún deleite voluptuoso; y otra moral, que brota de la firmísima y voluntaria privación de todo goce sensual; aquélla se pierde y se marchita con cualquier violación, aunque involuntaria; ésta sólo muere con falta culpable. Si la culpa es sólo mental, recóbrase con la penitencia la angelical virtud; pero si la culpa es exterior o corporal, aunque por la penitencia se perdona el pecado, no se repara por ella la virginidad.
    Por esto, hablando Santo Tomás de la virginidad moralmente entendida, enseña que una doncella puede ser virgen y madre a la vez, como sucedería en una que perdiera inculpablemente la integridad virginal. Por esto Santa Lucía, después de haber confesado que los que viven piadosa y castamente son templo del Espíritu Santo, amenazada por Pascasio el tirano de que la llevaría a un lupanar, donde con la honra perdiera al divino Huésped, contestó impávida: Si invitam iusseris violari, castitas mihi duplicabitur ad coronam. Si contra mi voluntad mandares violentarme, mi castidad conseguirá doble corona; no porque la castidad tenga doble aureola, sino porque a la corona de virgen juntaría a la de mártir por la injuria violentamente recibida.
    Era este grato aroma de la virginidad casi desconocido de los antiguos, puesto, que, por más que algunos pueblos fue la castidad tenida en grandísima estimación, y aún entre los judíos, según se dice, Elías y Eliseo permanecieron vírgenes toda su vida, no obstante, en ninguno, mayormente entre casados, se conoció ligada con voto esta voluntaria, resuelta y perpetua abdicación de todos los placeres sensuales, hasta María Santísima y San José. Reservada estaba esta gloria para la ley evangélica. Esta nos enseñó que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, tiene un cuerpo, bien que de carne, destinado a ser por la gracia templo del divino Espíritu, a resucitar glorioso y adornado con dones angelicales, y a sentarse en el trono perdido por el ángel prevaricador.
    Por esto mismo en su carta primera a los de Corinto, capitulo sexto, después de haber dicho el Apóstol San Pablo que ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas… poseerían el reino de Dios, añade: «¿No sabéis, por ventura, que vuestros cuerpos son miembros de Cristo, nuestra cabeza?¿Y he de abusar yo de los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? ¡No lo permita Dios!… Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa el hombre, está fuera del cuerpo; pero el que fornica contra su cuerpo peca. ¿Acaso no sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, que habita en nosotros?» Tal es el razonamiento del Apóstol; por el cual nos descubre la nobleza de nuestro cuerpo, muy poco y mal conocida de los antiguos. Tal es la gloria de la castidad.
    A la castidad parece haber vinculado Jesucristo lo más grande y augusto de nuestra santa Religión, porque donde más limpia y pura se conserva la Iglesia católica, o sea en el occidente, no sólo se determinó y prescribió por medio de sus Vicarios y de sus verdaderos Concilios que los administradores de los sacramentos, los sacerdotes todos, que debían ofrecer la Hostia pura, santa e inmaculada, se ligasen perpetuamente con la obligación de guardar castidad, sino que también dispuso con providencia soberana que las obras más admirables de caridad se llevaran a cabo por sus queridas esposas, o vírgenes consagradas a su culto. En vano la irreligión y la masonería han querido sustituir esos ángeles de caridad, esos maestros y maestras célibes en las escuelas, asilos y hospitales por otros ministros del error y de la lascivia. En todas partes los vergeles, cultivados por vírgenes con tanta belleza como esplendor, se convirtieron después por obras de laicos en eriazos secos y estériles y pestilentes, sin que todos los esfuerzos del vicio hayan bastado a comunicarles verdor y lozanía. ¡A cuantos pueblos precipitó el vicio abominable a su ruina! Al contrario, ¡a cuantos ganó para Dios la castidad! ¡No prueba esto con la evidencia de los hechos la fecundidad de tan balsámica y angelical virtud?
    Nada, pues, tiene de admirable que la Iglesia santa hubiese lanzado el rayo de anatema contra los que ponen el matrimonio sobre el estado de virginidad; y con razón, porque el matrimonio, aunque grande y santo en Cristo, se acomoda al hombre según su parte inferior, en la cual se asemeja a los brutos; y la virginidad le cuadra según la parte superior, en que se parece a los ángeles: el matrimonio tiene su esfera y su término en la tierra; la virginidad tiene su aspiración y asiento en el cielo. Por donde bellamente dice San Bernardo: Nuptiæ terram replent, virginitas paradisum. Las bodas pueblan la tierra, la virginidad llena el paraíso.
    No fenecen aquí las glorias de esta olorosa flor; es en el cielo la virtud privilegiada, porque los que concluyeron su carrera mortal sin marchitar esta bella azucena, siguen allí al divino Cordero donde quiera que va, y cantan un cantar como nuevo, que no es permitido a los demás ciudadanos de la celestial Jerusalén; ciñen allí gloriosa y peculiar aureola, más cándidos que la nieve, más nítidos que la leche, más rubicundos que el marfil antiguo, más bellos que el zafiro. ¿Quién no amará virtud del Altísimo tan querida y privilegiada?
    San Casimiro, rey de Polonia, prefirió la muerte antes que permitir se le ajara el brillo de su virginidad. Como los médicos le instasen a que alargara su vida sacrificando su amor de la bela virtud, contestóles resueltamente: No compro a tanta costa mi vivir; eligo virgo mori - prefiero morir virgen.
    Y con todo, para conservar lozana esta delicada flor, si atendemos a la fuerza con que la combaten los enemigos que la rodean, necesitase una muerte continuada, y estar siempre con las armas en la mano. La vigilancia, la fuga, la oración, son armas poderosas para defenderla. Si no desconfiamos de nosotros mismos, si no acudimos a menudo al amparo de Jesús, María y José, si no confortamos con frecuencia nuestras almas con el pan de los ángeles, no salvaremos la pureza de la virginidad.
    «La casta virginidad, siempre es tímida, huye de las miradas, pone en su rostro un velo, como fuerte armadura contra los golpes de las tentaciones, los dardos de los escándalos y los tiros de sospechas y habladurías» Tertuliano
    Decía San Gregorio Nacianzeno: Virgo sis oculis, sis ore, atque auribus ipsis. Sé virgen con los ojos, con la lengua y con los oídos mismos; porque por la puerta de todos los sentidos entra el enemigo para robarnos este preciosísimo tesoro. Ejemplo nos dieron de ello Nuestro Señor Jesús y María Santísima, primero por la grande estima en que lo tuvieron, y luego por el recato con que lo guardaron, aún sin tener el menor peligro de perderlo. Estima tuvieron y grande de esta virtud, ya que Jesús quiso nacer de madre virgen y permanecer virgen toda su vida, y María hubiera preferido dejar de ser madre de Dios antes que empañar el brillo de su virginidad. Siendo, pues, esta virtud de tanto precio, y habiendo Dios asegurado en ella sus obras más encumbradas, ¿dejaría de adornar con ella a su Padre nutricio? ¡Imposible!

    BRILLO CLARÍSIMO DE LA VIRGINIDAD « Ecce Christianus
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  3. #3
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    Re: Elogio breve de la virtud de la castidad

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    "Prefiero seguir siendo como soy, a convertirme en cristiana y ser una reprimida sexual"

    - una atea de internet

    ¿Somos los cristianos reprimidos sexuales?


    Hay ciertos prejuicios, que abundan en torno a la vida cristiana y entre esos prejuicios se encuentra el pensamiento que si uno se hace cristiano, no disfrutará del sexo. He aquí el pensamiento predominante entre la juventud secular.

    Pero, ¿es eso realmente cierto?

    1.- Primero: Desde una cosmovisión cristiana, el sexo es esencialmente sagrado.

    Dios nos dió este hermoso regalo, para disfrutarlo en el matrimonio. No tan solamente con fines reproductivos, sino también, para satisfacer las necesidades sexuales tanto del marido como de la mujer.

    La Biblia dice:

    "El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido (...) No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia"

    -1º de Corintios 7:3-5

    He aquí la importancia del sexo en el matrimonio. Usted como marido debe satisfacer las necesidades sexuales de su esposa, y la esposa debe satisfacer las necesidades sexuales de su marido. Esto no es una "sugerencia", es un deber. ¿Por qué es tan importante suplir las necesidades sexuales de nuestros cónyuges? Pablo nos da inmediatamente una respuesta, para que no nos tiente Satanás a causa de nuestra incontinencia.

    Es decir, si usted no está preocupado en satisfacer sexualmente a su esposa, usted está exponiéndola a cometer adulterio -al no cubrir su necesidad sexual-. Igualmente la esposa, que no se preocupa de satisfacer sexualmente a su marido, lo está exponiendo a cometer adulterio. Y esto, a causa de nuestra incontinencia, porque, mi estimado amigo, somos de carne y hueso.

    La Biblia nos dice:

    ¡Bebe del agua de tu «propia» cisterna, y los raudales de tu «propio» pozo! ¿Se habrán de derramar tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas? ¡Sean solamente tuyos, y no de extraños contigo! ¡Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud! Como hermosa cierva o graciosa gacela, sus pechos te «satisfagan» en todo tiempo, y embriágate siempre con su amor.

    -Proverbios 5: 15-19

    En este pasaje de la Biblia, se nos exhorta de una forma poética y hermosa, a disfrutar del placer sexual en el matrimonio, y toma especial relevancia cuando dice: (...) "Tus corrientes de aguas sean solamente tuyos, y no de los extraños contigo" lo que nos confirma que la biblia está absolutamente a favor del placer sexual, pero dentro del límite establecido por Dios, es decir, un hombre con una mujer hasta que la muerte los separe y al mismo tiempo, nos dice que "no debemos disfrutar de nuestra cisterna con extraños" lo que deja fuera; tríos, orgías y todo tipo de relaciones sexuales con terceros.

    De la misma manera, la palabra de Dios nos hace reflexionar sobre el irracional acto de adulterio, al decirnos:

    ¿Por qué, hijo mío has de enceguecerte por la ajena, y abrazar el seno de la que no te pertenece?

    -Proverbios 5:15:20

    Es decir, mi estimado amigo, si usted está casado, ¿Para qué buscar el placer sexual afuera, si lo puede disfrutar dentro del matrimonio?


    2.- Segundo: La Biblia está a favor del placer sexual, pero solo dentro de los límites del matrimonio.

    Y alguien me dirá; ¿Disfrutar del sexo solo con una única persona en la vida? ¡Eso es estúpido y retrógrada! No mi amigo, eso es vivir sabiamente. Y usted replicará : (...) Ya? Y por qué sería vivir sabiamente según usted?

    Permítame decirle: Las leyes de Dios, son para nuestro beneficio. Cada vez que Dios dice "no", lo que él está diciendo es: "cuidado, no te lastimes". Y Cada vez que Dios nos dice "si", lo que él nos está diciendo es "¡Disfruta de la felicidad!". Cuando Dios dice: "No cometerás adulterio" no nos está privándo del sexo, lo que él hace es librarnos de hacernos daño a nosotros mismo.

    Cuando usted le dice a su hijo: "hijo, no juegues en las escaleras porque te puedes caer" usted no lo está tratando de privar de la diversión, usted está tratando de evitar que se lastime, y esto, porque usted lo ama. Y sin embargo, si su hijo no le obedece, se está exponiéndo a sufrir un accidente que en el peor de los casos, podría costarle la vida.

    Hoy se habla mucho del "sexo seguro" pero, la pregunta es ¿Por qué el sexo tendría que ser peligroso? Al desechar los mandamientos de Dios, el mundo ha cosechado las consecuencias debidas a su extravío: enfermedades venerias, sida, muerte, y destrucción.

    Permítame ilustrarlo:

    "Cuando usted compra un electrodoméstico, viene con su respectivo manual de instrucciones, para un seguro y correcto funcionamiento. El manual de instrucciones de la vida, es la Biblia, y si usted no sigue las instrucciones, su vida irá de mal en peor, hasta que el daño causado por su propia negligencia, sea irreversible".

    La Biblia dice:

    "Camino a la vida es guardar la instrucción;

    Pero quien desecha la reprensión, yerra.

    -Proverbios 10:17

    Los hombres nos dicen que el sida no se puede curar. La Biblia nos dice que si se puede curar.

    ¿Cómo? se preguntará usted. Bueno, sólo ponga a un hombre y a una mujer hasta que la muerte los separe, y la epidemia del sida se evaporaría de la noche a la mañana.

    Mi querido amigo:

    La palabra de Dios lo protegerá de tantas heridas, de tantos pesares, si tan solo usted baña su alma en su verdad y camina en su luz.

    Mas si usted deshecha la instrucción, no espere que le vaya bien, pues "los caminos del hombre están ante los ojos de YHVH, Y Él observa todas sus sendas. En su propia iniquidad quedará atrapado el inicuo, amarrado con la soga de su pecado. Morirá sin corrección, extraviado en la inmensidad de su Iocura"

    -Proverbios 5: 15:23 (BTX4)

    Así pues, mientras los cristianos disfrutamos del sexo en el matrimonio, libres del peligro de contraer enfermedades venéreas, los ateos y demás "libres pensadores" siguen contrayendo enfermedades venéreas, y auto destruyéndose por la vida inmoral, promiscua y desenfrenada que llevan, como consecuencia de desechar los sabios mandamientos del creador.


    -Apolos-





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