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Tema: La Iglesia de Oriente - Historia

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    La Iglesia de Oriente - Historia

    Hubiera sido más fácil pegar los enlaces a tan extenso trabajo pero recordé que Donoso siempre pide que peguemos el contenido en el foro por si la web en cuestión desaparece.

    HISTORIA DE LA IGLESIA DE ORIENTE - por Luis Ignacio Amorós. (4 entregas).


    La Iglesia de Oriente (I)

    A las 10:26 PM, por Luis I. Amorós
    Categorías : Iglesias orientales



    Introducción


    Inicio con este artículo una nueva serie temática: la de la historia y características de las iglesias orientales. Reconozco que se aleja notablemente de las coordenadas de esta bitácora, pero no puedo ocultar el interés que siempre he tenido hacia aquellas iglesias separadas de la comunión con Roma (y con frecuencia, de la comunión entre ellas), comunidades con una riqueza espiritual, mística y litúrgica desconocida en occidente, que con frecuencia han sufrido enormemente por mantener la fe en Cristo en ambientes hostiles, mereciendo con justeza ser llamadas iglesias mártires. Espero que mis lectores conozcan algo mejor estas comunidades, y que, con la acción del Espíritu Santo, puedan reintegrarse (como algunas han hecho) a la plena comunión con el papa y los obispos latinos, para ser Una, como Cristo quiso que fuéramos uno con el Padre.

    Y el primer artículo lo dedico a la llamada, precisamente, Iglesia de Oriente; probablemente la más desconocida de todas, con frecuencia llamada “iglesia nestoriana” de forma peyorativa. La razón de comenzar por ella es que concita dos circunstancias particulares que así lo indican: es la más oriental, geográficamente hablando, y fue la primera en separarse de la comunión de la Iglesia, cronológicamente hablando. Una iglesia que ha saltado a la actualidad por haber sufrido (y estar sufriendo) persecución en sus países de implantación en las guerras de Oriente medio de las ultimas décadas, con un éxodo tal que algunos apuntan ya a una agonía. Una Iglesia mártir, siempre minoritaria en su tierra, siempre perseguida de un modo u otro, siempre testimoniando a Jesucristo; una Iglesia históricamente misionera cuyas comunidades vestigiales puntean buena parte de Asia. La Iglesia del fantástico Preste Juan y la que evangelizó a chinos e indios.

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    Los cristianos de Santo Tomás


    Según Eusebio de Cesarea (Historia ecclesiae 1.13; III.1), el rey Agbar V de Edesa sufría una enfermedad incurable. Habiendo oído hablar de Jesús, le envió por medio del archivista de la corte, Hanán, una carta, rogándole que acudiera a Edesa a sanarle. Cristo, que se hallaba en Jerusalén en vísperas de su Pasión, habría dictado a Hanán una contestación anunciando su inmediata misión redentora, pero prometiendo enviar un mensajero dotado con su poder tras su epifanía. Mientras permanecía junto a él, Hanán (aficionado a la pintura), habría hecho un retrato en vida del rostro de Jesús. Eusebio estaba convencido de que el retrato y la correspondencia (escrita en sirio) se guardaba en la ciudad de Edesa en su época. Poco después de la Ascensión, en el año 29 o 30, cumpliendo esta promesa, el apóstol Tomás envió al rey Agbar, a uno de sus discípulos, un judío edesano llamado Addai, o Tadeo (no confundir con el apóstol del mismo nombre). Tras recibir el Evangelio, el rey quedó limpio y se convirtió de inmediato, siendo el primer monarca cristiano conocido.
    En el siglo I, Edesa era la capital del pequeño principado sirio de Osroene, en la cuenca alta del río Éufrates, junto a su afluente Balik (sus ruinas están en el sudeste de la actual Turquía). El análisis de las copias de las supuestas cartas que han llegado a nosotros concluye que se trata de apócrifos escritos en torno al siglo II, pero tanto el icono como éstas fueron conservados celosamente en la ciudad como prueba de su ancestral celo cristiano y protección divina, hasta su toma por los persas en el siglo VII.

    Efrén el Sirio y la monja Egeria en su Itineraria Egeriae, hablan de la veneración por el apóstol Santo Tomás y la basílica a él consagrada en Edesa. La tradición afirma también que predicó a Cristo “entre los partos”, que en aquella época (por el gobierno que la nobleza parta ejercía) equivalía a decir “el imperio persa”. Su periplo le llevó finalmente a la India. En la región de Kerala, bajo el gobierno del rey indoario Gondofares, se le atribuye la construcción de las “Siete iglesias y media” y la conversión de numerosos nativos del pequeño reino. Según la misma tradición murió martirizado el 3 de julio del año 72. A su sepultura se le atribuyen varios milagros, tanto en la India como en Edesa, donde otra tradición afirma que fue llevado de vuelta tiempo después. Aparentemente, su misión en la India no llegó a arraigar, ya que se perdieron tanto las iglesias como la organización de la comunidad cristiana india tomasiana. No obstante, su recuerdo no murió, y muchos indios se siguieron considerando cristianos de Tomás, aunque completamente desvinculados de la doctrina del resto de la Iglesia.
    De los primeros siglos de la presencia cristiana en el Oriente nos quedan las tradiciones escritas por varios escritores siríacos de la baja edad media, entre los que destaca Bar Hebraeus, la principal fuente. En Edesa, Addai/Tadeo quedó a la cabeza de la naciente iglesia. A su muerte (se cree que en torno al año 66), dos discípulos suyos, Mari y Aggai, continuaron predicando y formando comunidades. Mari se encargó de evangelizar las ciudades mesopotámicas, y Aggai, que parece haber ocupado la posición preeminente, viajó por Partia, Media, Elam, Persia y hasta los confines de la India, siguiendo los pasos de su maestro Tomás. Regresó en el año 87 a Edesa, preocupado por las supersticiones del hijo y sucesor de Agbar V, que vacilaba en la fe. A manos de este fue torturado en una iglesia, rompiéndole las piernas hasta que murió. Para entonces la Iglesia ya estaba firmemente establecida en la región.

    Esta introducción acerca de las tradiciones tomásicas es importante, puesto que la posterior Iglesia de Oriente casi calcó el área de influencia de la predicación de Tomás, por lo que, con justicia, sus miembros se pueden considerar los “cristianos de Santo Tomás”, del mismo modo que los italianos se consideran de Pedro y Pablo.
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    La iglesia siríaca


    La misión apostólica oriental arraigó con fuerza en Mesopotamia, y dependía canónicamente del patriarca de Antioquía del Orontes, capital administrativa de Siria y segundo patriarcado más antiguo, después de Jerusalén. San Pedro, san Pablo y san Bernabé habían sido sus primeros obispos (Hech caps. 11 y 15, y Gal, cap. 2). Era en aquella ciudad donde por primera vez a los seguidores de Jesús se les había llamado “cristianos”. Aunque helenizada desde el siglo IV a.C, Antioquia poseía una fuerte personalidad: su liturgia tenía como idioma litúrgico al siríaco, una variante culta del arameo que emplearon Jesús y sus discípulos. Asimismo, el rito siríaco introducía infinidad de pequeños detalles y variaciones que le diferencian del rito griego: número de lecturas (cinco), uso de su propia versión en siríaco de la Biblia, llamada Peshitta (distinta de la Vulgata), salmo de introito, una redacción del credo ligeramente variable con respecto al niceano, etc, etc.

    A finales del siglo II el sacerdote Luciano el mártir fue el primer precursor de la Escuela teológica antioqueana, caracterizada por una interpretación literalista y aristotélica de las Escrituras, en contraposición al alegorismo y neoplatonismo de la Escuela alejandrina representada por Orígenes o Clemente. Brilló pronto con luz propia, y entre sus discípulos se contaron muchos nombres ilustres, algunos ortodoxos, como san Juan Crisóstomo, y otros heréticos, como Arrio. Uno de los más relevantes fue Teodoro de Mopsuestia (350-428), que en sus controversias contra los arrianos propugnó una cristología que separaba de forma bastante tajante la naturaleza divina de Cristo de la humana: afirmaba que no hay “comunicación” entre las dos naturalezas de la persona de Cristo, viniendo la divina a habitar en la humana como en un templo, sin poder relacionarse: lo que se afirma de la naturaleza divina no puede afirmarse igualmente de la humana, y viceversa. Esta ambigüedad en la hipostasis de Cristo prefigura un difisismo incipiente (existencia de dos naturalezas en dos personas distintas). No obstante, murió en el seno de la Iglesia, sin que sus tesis fuesen refutadas ni condenadas en vida.

    La Iglesia de Oriente aportó otras particularidades añadidas al ya peculiar rito siríaco, sobre todo la llamada “liturgia de Addai y Mari”, atribuida a estos fundadores pero de origen posterior al siglo II. Incluye himnos de san Efrén, y presenta una anáfora o plegaria eucarística única, que no incluye el “relato” o “palabras” de institución de Cristo, y que ha creado no poca controversia, pues para el resto de comunidades cristianas, sin esas palabras dichas por Cristo en persona, es muy dudoso que la consagración sea eficaz. Se desconoce si esta particular anáfora se hallaba desde el principio o si las palabras de institución fueron eliminadas posteriormente (algunos creen que en el siglo VII). Por esta y otras diferencias, se creó progresivamente una variante del rito siríaco que (a partir del año 200 d.C aproximadamente) se dio en llamar “rito siríaco oriental”, para distinguirlo del antioqueano formal u occidental, y que en cierto modo se convirtió en símbolo de la Iglesia de Oriente.

    Todos los primeros evangelizadores orientales fueron canonizados. La palabra en siríaco para apocopar a un santo es “Mar” (san).

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    Los primeros siglos de cristianismo en Mesopotamia


    Tras el martirio de Mar Aggai, su condiscípulo Mari se convirtió en cabeza de la comunidad oriental hasta aproximadamente el año 120 d.C. La cabeza de esa comunidad pasó de la protosede de Edesa al obispado de Ctesifonte (la antigua Seleucia, muy cerca de Babilonia, en la Mesopotamia media), la capital del reino parto. La tradición conserva una lista semilegendaria de obispos. Los tres primeros supuestamente fueron de la familia de José, el padre adoptivo de Jesucristo; judíos traídos por revelación desde Palestina y a los que se atribuyen las mismas virtudes de aquel santo: humildad, justicia y castidad. Son Abris (120-137 d.C), Abraham (137-171) y Yacub (o Jacob, 171-190). Fue un discípulo de este último, Ahadabui, enviado a Antioquía para formarse con el patriarca, el que logró sobrevivir a la persecución desatada allí por el gobernador romano, y sucederle entre 204 y 220.
    La tradición afirma que a partir de Ahadabui los obispos mesopotámicos eligieron entre ellos al primado sin la necesaria consagración del patriarca de Antioquía (autocefalia). No obstante, se trata probablemente de una interpolación de varios siglos después que tratara de reforzar la antigüedad de la autonomía de la Iglesia en Persia. Lo que sí es cierto es que desde entonces los obispos de Ctesifonte ya fueron naturales del país, como hicieron con su sucesor, Shahlufa (220-224). Un personaje relevante en esa época fue Bardasaines de Edesa, un filósofo bautizado en 179, preceptor del rey de su ciudad, que posteriormente derivó hacia el gnosticismo de la escuela valentiniana, siendo muy populares sus cantos apologéticos en la Alta Mesopotamia durante varios siglos. Se desconoce si finalmente regresó a la ortodoxia antes de morir en Armenia.

    La dinastía parta de los arsácidas había gobernado Persia durante 400 años. De origen semibárbaro, eran bastante tolerantes en temas religiosos. En 224 su último rey murió en combate al enfrentarse a Ardacher, que inauguró la dinastía genuinamente persa de los sasánidas. Estos pusieron sus ojos sobre todo en el Oeste, y se puede decir que durante 4 siglos sostuvieron en guerra casi permanente con el imperio romano, salpicada de transitorias treguas. Mesopotamia, junto a Armenia y Siria, fueron los campos de batalla habituales de estas guerras. Los primeros shahan-shah (rey de reyes) sasánidas fueron tolerantes y erráticos en materia religiosa (Sapor I incluso favoreció el maniqueísmo y el judaísmo), pero a partir del siglo IV, con el ascenso de Sapor II (en el año 309), el zoroastrismo fue la religión oficial, y el resto de cultos discriminados y perseguidos.
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    La Gran persecución de Sapor II


    Hasta 280 la sede primada permaneció vacante, cayendo la Iglesia en Mesopotamia en la desorganización y decadencia. Ese año, el obispo de Arbil (Alto Tigris) y el de Susa (capital de Elam, entre Mesopotamia y Persia), elevaron a Papa bar Aggai como obispo de Ctesifonte-Seleucia. Es el primero del que se tiene constancia histórica, más allá de la tradición, y ha pasado a la historia como el organizador de la Iglesia en Mesopotamia. Fue nombrado oficialmente por la corte como melet-bashi, esto es, dirigente de la minoría religiosa, pues el shah Bahram II toleraba el cristianismo. Se sabe que alrededor de 285 el obispo David de Maishan dejó su cargo para ir a buscar a los cristianos de santo Tomás en la India, aunque no se conocen con exactitud los detalles de su misión.
    Mar Papa ejerció de forma efectiva su autoridad: los demás obispos, resistentes a perder la autonomía disfrutada durante 60 años, convocaron un sínodo en 315 (el primero oriental del que se tiene constancia), acusándole de varias faltas personales. Uno de ellos juró sobre los Evangelio que los cargos eran ciertos. Indignado, Papa rompió el libro sagrado y al instante cayó fulminado por un infarto cerebral. El sínodo, espantado por lo que se interpretó como un signo divino, le juzgó culpable y lo depuso, elevando en su lugar a su coadjutor Simeón Bar Sabae (hijo de un batanero de Kirkuk, Alto Tigris), que rechazó el nombramiento. El caso es que Papa recuperó la salud (aunque le quedó una parálisis en un brazo), y con el apoyo de algunos obispos logró recuperar su posición como arzobispo, deponiendo a su vez (o al menos intentándolo) a sus acusadores, hasta su muerte en 328. Entonces fue sucedido efectivamente por Mar Simeón.

    Simeón desarrolló durante muchos años el crecimiento de la Iglesia organizada por su predecesor. El nuevo shah Sapor II toleraba con muchas reservas a los cristianos, pero la situación dio un giro radical en 337. Ese año, el emperador romano Constantino fue bautizado en su lecho de muerte, y sus hijos (que se repartieron el imperio) se convirtieron en cristianos. Ese fue el año elegido por Sapor II para romper la última tregua acordada y declarar una nueva guerra al emperador oriental, Constancio II. Durante muchos años los únicos movimientos militares fueron el asedio de las grandes plazas que los romanos conservaban en la Alta Mesopotamia desde la época de Trajano. Entre ellas se hicieron famosos los tres sitios infructuosos de Nisbis (Alto Tigris) por las tropas persas.

    Constancio II cayó en la herejía arriana, y el obispo Simeón le escribió en varias ocasiones con objeto de retornarle a la fe ortodoxa. Para su desgracia, la correspondencia cayó en manos del shah. Sapor, ignorante de las sutilezas teológicas, sólo vio en ella una comunicación con el monarca enemigo, correligionario de algunos de sus súbditos mesopotámicos. La conversión de los emperadores a la fe cristiana, que significó el triunfo humano de la Iglesia en el Imperio, supuso para los cristianos de Santo Tomás el inicio de un prolongado calvario, ya que el shah desató contra ellos la Gran persecución, dándoles como única alternativa la apostasía o la muerte.

    Arrestado por orden del shah, Mar Simeón alcanzó la palma del martirio al ser decapitado junto a varios cientos de sacerdotes y monjes en 341, acusado de traición. Su sucesor fue su sobrino y paisano Shahdost (cuyo nombre persa significaba, irónicamente, “amigo del rey”), elegido clandestinamente; fue descubierto y detenido junto a 128 cristianos (incluyendo algunos obispos y clérigos) en 343. Encerrados y torturados para que abjuraran durante 5 meses, fueron todos ejecutados, salvo Shahdost y las mujeres. Llevado a presencia del shahan-shah, este le preguntó “Yo mandé matar a Simón ¿cómo has osado convertirte en la cabeza de un pueblo que tanto detesto?”, a lo que el primado contestó “la cabeza de los cristianos es Dios Altísimo. No puedes destruir al cristianismo, cuantos más ejecutes, más se convertirán”. El rey le ofreció un puesto de sacerdote y noble (mago), pero al rechazarlo aquel, ordeno su muerte, junto a la de sus familiares. Clandestinamente, se eligió como obispo de Ctesifonte a otro sobrino y paisano de Simeón, Barba´shmin (“el de los cuatro nombres”). Capturado en 346, junto a 30 sacerdotes y diáconos, fueron encarcelados y torturados regulares durante 3 meses. Nuevamente, el shah les prometió riquezas y puestos de honor si se convertían al zoroastrismo, y nuevamente aquellos alcanzaron el martirio tras negarse, y replicar al rey: “Cuantos más cristianos mates, más aumentará su número”.


    Tras los martirios de Simeón y sus sobrinos (los Bar Sabae), la Iglesia clandestina decidió no nombrar otro primado en la capital. La terrible persecución (más sostenida en el tiempo y crueldad que la del peor de los emperadores romanos) causó el martirio de entre 16.000 y 30.000 cristianos, según las fuentes contemporáneas. Finalmente, en el año 363 el emperador romano Juliano (providencialmente, un pagano) invadió Mesopotamia. En la batalla culminante, en Ctesifonte, cuando la derrota del shah era inminente, Juliano fue alcanzado mortalmente por una flecha, librándose el imperio persa de su destrucción. Dicen que Sapor II entendió que su enemigo había muerto castigado por Dios por perseguir el cristianismo, y se arrepintió de sus crímenes. Sea por esa u otra razón, firmó la paz con el Imperio romano, y desde ese momento el cristianismo fue permitido en el imperio sasánida, poniéndose fin a 22 años de martirio, en los que la Iglesia en Mesopotamia había demostrado sobradamente su fidelidad a Cristo. Sapor II ganó con justicia el sobrenombre el Diocleciano de Oriente.

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    El “arpa del Espíritu Santo”


    Entre las cláusulas del acuerdo de paz se hallaba la entrega a Sapor de la ciudad de Nisbis, que había soportado heróicamente tres largos y duros asedios persas. Se hallaba en todos ellos Efraím el diácono, o Efrén de Siria, nacido en la ciudad en 306, y bautizado por el obispo san Jacobo en 324. Hombre austero y lleno del Espíritu Santo, había dedicado muchos años a la apologética contra los errores gnósticos de Bardasaines. Copiando su método de componer himnos apologéticos, creó los primeros himnos litúrgicos de la Iglesia, que posteriormente se extenderían hacia occidente, dando lugar a las corales. En 363, al ser entregada la ciudad al shah, huyó de Nisbis como la mayoría de los cristianos, aterrorizados por la conocida crueldad de Sapor contra la Iglesia. Se instaló como anacoreta en una cueva cercana a Edesa. Vestía con andrajos y apenas comía, predicando con frecuencia en la ciudad, donde dejó escritas, en siríaco, cientos de obras de temática muy variada: la devoción por los títulos de la Santísima Virgen María, el misterio redentor de la Cruz, comentarios al Antiguo y Nuevo Testamento, muchísimos himnos teológicos, etc.


    En 370 visitó en Capadocia a otro coloso, el venerable san Basilio, a quién admiraba profundamente. Rechazó siempre cualquier dignidad eclesial por considerarse indigno, y sólo al final de su vida consintió en ser ordenado diácono, el título por el que más se le conoce. Murió en la pobreza en que había vivido en el año 373. Los autores orientales siempre le tuvieron por uno de los grandes y más inspirados teólogos cristianos, dándole el apodo de “arpa del Espíritu Santo”. Venerado como santo desde muy pronto, es patrón de los directores espirituales, y el papa Benedicto XV le proclamó doctor de la Iglesia en 1920. Es el único cristiano oriental que ha alcanzado tal reconocimiento.
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    La separación de la Iglesia de Oriente


    El nuevo y tolerante Sapor permitió la elección pública de un nuevo primado en Ctesifonte. Fue elevado Tomarsa o Tamuza (el nombre del planeta Marte en caldeo), obispo de Kaskar (hoy Wasit) en el Bajo Tigris, que se entregó a la tarea de restaurar la Iglesia: reedificó y reparó numerosos templos destruidos, prohibió el concubinato- que se había extendido entre los relajados cristianos- obligando a contraer matrimonio, y durante un periodo prohibió a los jóvenes tomar las órdenes monásticas, pues deseaba que tuviesen hijos para recuperar el número de fieles, muy disminuido por las matanzas de los magos. Tamuza murió en 371 y el nuevo shah, Bahram (hijo de Sapor), entró en guerra con los romanos y volvió a prohibir la Iglesia. Para el gobierno persa, el cristianismo se había convertido en la religión de su principal enemigo (en 381 Teodosio la declaró culto oficial), y sus fieles, en traidores potenciales.

    Temerosos de la persecución, los obispos dejaron la silla de Seleucia vacante hasta 377, cuando se vio que la anarquía se extendía entre la comunidad cristiana. Contra su voluntad, fue elevado Qayyoma, un sacerdote ignorante y poco dotado, que llevó a cabo su tarea lo mejor que pudo.

    En 399, Arcadio, hijo de Teodosio y emperador de Oriente, envió al obispo Marutha de Diyarbakir (la antigua capital armenia Tigranocerta, en el curso alto del Tigris) para ajustar una nueva paz. El nuevo shah (casado con una judía) deseaba liberarse de la tutela de los magos, y la Iglesia volvió a ser autorizada. Qayyoma (que era consciente de sus limitaciones) obligó a los obispos a aceptar su renuncia. Fue elevado Isaac (familiar y paisano del difunto Tomarsa), que en 410 convocó el sínodo de Seleucia-Ctesifonte que, aconsejado por Marutha, aprobó las condenas al macedonismo del Concilio ecuménico de Constantinopla de 381, reafirmando la consubstancialidad del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. Asimismo estableció nuevas disciplinas para el clero. Asimismo, el sínodo confirmó los títulos de “primado” y “Gran metropolitano” al obispo de Ctesifonte anticipando una autocefalia completa. La tolerancia permitió un florecimiento de la Iglesia: en Nisbis, por ejemplo, la labor del obispo Marutas había logrado convertir a casi toda la población al cristianismo.
    A Isaac le sucedieron Ahai (410-414), un austero monje que escribió las actas de los mártires de Sapor; Yahballaha (415-420), a quién se atribuía la resurrección de un muerto; y Mana (420), obispo de Fars (Persia). Creyeron los cristianos agradar al shah eligiendo un primado de raza y lengua persa, pero no fue así. En 420 el obispo Abdas de Susa (Persia) tuvo una disputa con el clero zoroastriano local, que acabó con el incendio del templo de Ahura Mazda por parte de un grupo de cristianos. El shah ordenó que Abdas reconstruyera el templo a sus expensas. Este se negó, alegando que esa sería una forma de idolatría. Yadegard ordenó el martirio de Abdas (apaleado hasta la muerte), así como la de dos sacerdotes (entre ellos Isaac, que había sido secretario de Mar Efrén el Diácono), y varios laicos, incluyendo familiares del obispo. Luego llamó al primado y varios obispos, conminándole a convertirse al zoroastrismo, alegando que “el cesar es señor absoluto en su reino, y yo lo soy en el mío, donde se hará lo que yo disponga”. Narsai, presbítero de Seleucia, le recordó que el cesar cobraba impuestos y mataba a sus enemigos, pero que no tenía poder para forzar a sus súbditos a cambiar de religión, poniendo como ejemplo la presencia de judíos, paganos y herejes en el Imperio. Indignado, el shah ordenó que fuese decapitado si no abjuraba, como así ocurrió. Dos obispos que quisieron interceder por él fueron desterrados. Mana salió en su defensa, y el rey le destituyó. Poco después ordenó su ingreso en prisión de por vida. Ese mismo año el shah fue asesinado por nobles persas. La Iglesia de Oriente cayó en el caos: Marabokht (421), obispo de Fars, sobornó a los cortesanos del nuevo shah Bahram, para que obligara a los obispos a elevarle al Primado. Tras un año lo depusieron y eligieron a Dadisho.

    Estamos en el año 424. Para evitar la persecución con que Bahram V les amenazaba y probar su lealtad al shah-in-shah, el primado convocó a los obispos de su territorio en el sínodo de Ctesifonte, y no hallaron mejor medio que declarar la independencia con respecto a Antioquía y, en conjunto, con el resto de patriarcados. Todos los obispados al oriente del Éufrates se constituyeron en iglesia autocéfala. Dadisho fue elevado como Patriarca de Oriente, comenzando a llevar también el título de Catholicós. Fue el primer cisma de la Iglesia universal. Gracias a este sometimiento a la autoridad política, la Iglesia de Oriente pudo subsistir. Parafraseando a Churchill con respecto a la libertad y la guerra, se podría decir que los cristianos de Oriente se sometieron para evitar el martirio, y acabaron teniendo sometimiento y martirio.
    ALACRAN dio el Víctor.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  2. #2
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    Re: La Iglesia de Oriente - Historia



    La Iglesia de Oriente (II)


    A las 9:57 PM, por Luis I. Amorós
    Categorías : Iglesias orientales


    El nestorianismo. El cisma teológico de la Iglesia de Oriente.

    En 428, el sirio Nestorio, patriarca de Constantinopla, propuso una versión radicalizada de las enseñanzas de Teodoro de Mopsuestia: María había sido madre de Jesús, pero no madre de Dios, estableciendo indirectamente que Cristo tuvo dos personas igual que dos naturalezas, y que ambas estaban separadas (difisismo). El patriarca de Alejandría, Cirilo, defendió la maternidad divina de María. Ambos apelaron al papa Celestino que, tras someter a examen las proposiciones en un sínodo, otorgó la razón al alejandrino, encargándole corregir a Nestorio.


    Un sínodo egipcio presidido por Cirilo redactó doce anatematismos, que incluían inexactitudes sugestivas de un proto-monofisismo (sólo hay una naturaleza en la persona de Cristo, y es la divina). Nestorio las detectó y rechazó firmarlas, escribiendo a su vez doce “antianatematismos”. El patriarca Juan de Antioquía trató de mediar, advirtiendo que ambos extremos estaban errados. El conflicto teológico estaba servido, e involucraba nada menos que a los cuatro patriarcas de la Cristiandad. Para resolver las diferencias, el emperador Teodosio II convocó el III concilio ecuménico en Éfeso el año 431. Cirilo obtuvo la condena de la doctrina difisista y la deposición de Nestorio en ausencia del mismo. Cuando este se presentó, junto a los obispos sirios, condenaron a Cirilo por arriano y le depusieron. Las sesiones fueron tumultuosas en extremo, con presiones, amenazas y sobornos por ambos lados. Los legados papales, llegados dos semanas después, apoyaron la primera declaración (dos naturalezas en una sola persona), que fue la que firmó el emperador. Nestorio fue depuesto y enviado a un monasterio. Este concilio sentó las bases de una monumental disensión teológica que llegaría a provocar la separación de otras iglesias nacionales con el tiempo, y que trataremos en sus respectivos artículos.

    La única escuela de teología que defendió las tesis nestorianas fue la de Edesa, donde Narsai (nacido alrededor de 400) enseñaba que era falso que “Dios sufrió en la cruz” (teopasquismo), negaba la “comunicación” de las propiedades del Hijo al hombre-Jesús (communicatio idiomatum), y afirmaba que en Cristo se ayuntaban dos naturalezas y dos personas (pero empleando el término gnoma, y no el usual “hipóstasis”) en una sola manifestación (prosopon), desarrollando las enseñanzas de Teodoro de Mopsuestia en un sentido cercano al difisismo de Nestorio. Al publicarse los decretos imperiales que prohibían enseñar la herejía, Narsai y muchos de sus alumnos emigraron al territorio persa, donde fueron bien acogidos. La clase dirigente zoroastriana animó a los cristianos orientales a adoptar las tesis condenadas por el concilio de Éfeso, como forma de mostrar su rechazo al enemigo del shah Peroz. Los huidos se establecieron sobre todo en la escuela teológica de la cercana Nisbis (Alto Tigris) que, dirigida por Narsai, se convirtió en el principal foco de enseñanza nestoriana, y donde estudiaron Barsauma, obispo de la ciudad, y Acacio.

    Desde 457, Babowai era patriarca de Ctesifonte-Seleucia, donde había fundado una escuela teológica. Era un converso del zoroastrismo y fue perseguido (incluyendo prisión y torturas) por la casta sacerdotal de los Magos. Su ortodoxia y fuerte carácter le habían granjeado la enemistad de Barsauma de Nisbis, muy leal al shah. Babowai envió en 484 una carta a varios obispos griegos para que rogaran al emperador que intercediera por los cristianos de Persia. El mensaje fue interceptado por leales a Barsauma: en ella empleaba algunos términos ofensivos para Peroz, cuyos dominios eran llamados “reino maldito”. El metropolitano mostró la carta al shah, y esté ordenó su ejecución inmediata por traición.


    Los obispos elevaron a Acacio como nuevo patriarca; pronto este se convirtió en muñeco de Barsauma. Reunió en 486 el sínodo de Beth Edrai, pueblo cercano a Nisbis. Inicialmente se discutiría la conveniencia o no de preservar el celibato sacerdotal, una antigua tradición que había sido establecida como norma por el papa Simplicio (muerto en 483), con quien la Iglesia de Oriente no estaba en comunión desde 424. Los zoroastrianos consideraban la vida familiar sagrada, y muchos obispos deseaban agradar al shahan shah para evitar nuevas persecuciones. El sínodo abolió el celibato sacerdotal (incluidos obispos y monjes), pero Barsauma propuso también que se debatieran las enseñanzas de Nestorio. Así lo hicieron los obispos, que aceptaron públicamente las tesis de Teodoro de Mopsuestia como la Cristología correcta. En 487, un nuevo concilio de Ctesifonte-Seleucia confirmó la condena de la Iglesia de Oriente a las conclusiones del sínodo de Éfeso, con lo que a su cisma de comunión se unió el cisma teológico. Algunos obispos orientales mantuvieron su adhesión a las conclusiones del concilio de Éfeso, pero un tercer concilio convocado por el patriarca Babai en 497 confirmó definitivamente las decisiones del de Nisbis de 486.

    El asunto del nestorianismo de la Iglesia de Oriente es controvertido. Nestorio había sido más radical que Teodoro, llevando sus tesis al difisismo puro (dos personas en dos naturalezas), extremo al que el obispo de Mopsuestia jamás llegó. Técnicamente hablando, el concilio de Beth Edrai de 486 no habría aceptado el nestorianismo explícito, sino la cristología de Narsai (cuasi-difisista). De hecho, en muchas expresiones teológicas posteriores de dicha comunidad es difícil encontrar explícita o implícitamente una referencia al difisismo, y el propio Acacio, en un viaje a Occidente, negó conocer las doctrinas de Nestorio, y atribuyó ese rumor a sus enemigos. Los orientales siempre se han aferrado al hecho de que Teodoro de Mopsuestia jamás fue rebatido ni condenado en vida (en realidad, posteriormente varias de sus proposiciones fueron consideradas incorrectas tras la controversia de los Tres Capítulos). La denominación de “iglesia nestoriana” que le dieron los griegos, y por su medio los latinos, probablemente tenga más relación con el acogimiento a partidarios exiliados de Nestorio. Los propios cristianos orientales siempre han considerado el apodo de “nestoriano” como peyorativo e incorrecto.

    En 489 el emperador de Oriente Zenón cerró la escuela de Edesa por la heterodoxia de sus enseñanzas. Los profesores que en ella quedaban se mudaron a Nisbis, en territorio persa, y el nestorianismo quedó oficialmente erradicado del Imperio. La ruptura entre la Iglesia ortodoxa imperial y la nestoriana persa se convirtió en definitiva: la Iglesia de Oriente tuvo su propio rito (el siríaco oriental), su propia autoridad (el patriarca de Ctesifonte, o Catholicós) y su propia teología.

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    Los conflictos de la Iglesia de Oriente durante el dominio sasánida

    La presión de los monarcas persas sobre la Iglesia varió desde la persecución a la tolerancia. En 531 ascendió al trono uno de sus más grandes monarcas, Cosroes I. Aunque declaró el zoroastrismo como religión del estado, Cosroes fue tolerante, e incluso uno de sus hijos se convirtió al cristianismo sin ser castigado.

    El patriarca Shila (503-523), dominado por su mujer, legó el cargo a su yerno Elisha. Varios obispos no le reconocieron y elevaron a Narsai, ejerciendo ambos en discordia, hasta que el shah se inclinó por Elisha. Los obispos depusieron a Elisha en 537 y elevaron a Pablo de Jundishapur (Elam), que rigió unos meses. El patriarca Mar Aba I (un zoroastriano converso de Mesopotamia), discípulo de Nisbis, puso fin al desorden, negociando con varios obispados que se habían declarado autocéfalos, convocando un sínodo en 544 cuyas actas confirmaron las tesis de Teodoro de Mopsuestia (e incluían la prohibición de matrimonios entre primos, práctica usual entre los mazdeístas). El sínodo ratificó también las actas del Concilio ecuménico de Calcedonia de 451 (que condenaba la doctrina monofisista de Eutiques y Dióscoro de Alejandría). Aba I introdujo en la liturgia siríaca oriental las anáforas de Teodoro de Mopsuestia y Nestorio, que sí contienen las palabras de la Institución eucarística.

    Buscando atraerse a los monofisistas, el emperador Justiniano convocó el III concilio ecuménico de Constantinopla en 553, que condenó el nestorianismo y también las proposiciones de Teodoro de Mopsuestia y otros autores pre-difisistas, basándose en la llamada “condena de los Tres Capítulos” (la cual fue rechazada en Occidente).

    Mar Aba I sufrió persecución por parte de los Magos, acusado de apóstata. Fue exiliado y pasó varios períodos en la cárcel, muriendo finalmente en 552. El shah elevó al patriarcado a su médico personal, un tal Joseph (552-567), hombre arrogante y necio, que llegó a ser desposeído privadamente (por miedo al monarca) por los obispos 3 años antes de su muerte. Fue elegido Ezequiel (570-581), obispo de Zabe (Mesopotamia Media) y discípulo de Mar Aba, durante cuyo mandato se desató una terrible epidemia en Asiria. Los obispos locales ordenaron unos servicios de penitencia que pretendían evocar la que hicieran los ninivitas bíblicos ante las prédicas de Jonás, por lo que se les llamó la “rogativa de los ninivitas” (todavía practicada hoy por los cristianos de Asiria). El patriarca despreció tales rogativas como un gesto vano, acusando a dichos obispos de ser “ciegos que guían a otros ciegos”. Unos años más tarde él mismo quedó ciego, lo que fue visto como un castigo a sus palabras presuntuosas. Antes de ello, visitó el norte de Arabia, donde predicó el cristianismo, como veremos. Su sucesor Ishoyab I (582-595) murió mientras intentaba convertir al rey Numán de los árabes al nestorianismo.
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    El movimiento monástico: el Monte Izla, el Atos de Oriente



    La herencia monástica siria prendió con fuerza en los cristianos de Oriente. Aunque los hubo en todas las regiones, en 350 Mar Awgin (san Eugenio) fundó el primer monasterio cenobítico de Mesopotamia en el Monte Izla, cerca de Nisbis, sobre un modelo egipcio. Pronto otros muchos se fundaron en ese lugar, que con el tiempo se convirtió en una suerte de Monte Athos oriental, con docenas de cenobios (muchos de los cuales aún se conservan). La abolición del celibato obligatorio que dispuso el concilio de Beth Edrai (486) minó la disciplina de los monasterios, que sufrieron una crisis imparable, con continuos abandonos y muchos monjes que cruzaban la frontera hacia la Siria imperial.


    En 553 el celibato de los monjes fue reimplantado, y en 571, Mar Abraham de Kashkar (Baja Mesopotamia), un monje que había predicado a Cristo entre los mazdeístas, fundó un nuevo monasterio con estrictas reglas en el Monte Izla. Este floreció, dando lugar a una generación de jóvenes monjes impregnados de los ideales de la vida monástica. Abraham fue el padre del monasticismo oriental y maestro de patriarcas.


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    La controversia miafisita. Babai el Grande



    Uno de sus ermitaños, Sabrisho I (596-604), fue elevado al patriarcado e impulsó el movimiento monástico. Durante su gobierno estalló una controversia en la escuela de Nisbis, cuando su director, Henana de Adiabene (al norte de Asiria), influido por las enseñanzas de su maestro miafistista Moisés, defendió públicamente las conclusiones antinestorianas del concilio de Éfeso, añadiendo postulados origenistas. El revuelo organizado fue de importancia: el diácono Elías fundó una escuela rival (la de Beth Sahde) en la misma Nisbis, donde se seguían sosteniendo las tesis de Teodoro de Mopsuestia, y a la que pronto se produjo un importante trasvase de alumnos desde la antigua escuela. El patriarca, ferviente nestoriano condenó las enseñanzas de Henana. Este contaba con apoyos importantes: el sirio Gabriel de Shiggar, médico de la corte, había conseguido la conversión al cristianismo miafisista de la esposa favorita del shah Cosroes II, Shirin la aramea, tras curarla de su esterilidad. Tras la muerte de Sabrisho fue elevado Gregorio de Kashkar (605-609), un avaricioso y mediocre teólogo cuyo único mérito era haber sido mayordomo de Shirin. Gabriel indujo al shah a que forzara a los cristianos de Oriente a adherir la doctrina miafisita (la fusión de las dos naturalezas- divina y humana- de Cristo en una única), rechazada por los patriarcas de Constantinopla y Roma, y adherida por los de Alejandría y Antioquía. A la muerte de Gregorio, el monarca prohibió elevar otro patriarca si el escogido no era un miafisita. La sede patriarcal quedó una vez más desierta, ya que ningún obispo oriental quiso acceder.

    La organización por aquellos años contemplaba varias provincias eclesiásticas gobernadas por metropolitanos: en el curso alto de Tigris y Éufrates el metropolitano estaba establecido en Nisbis (incluía obispados de ciudades importantes como Amida o Harran); algo más al sur estaba la provincia de la alta Asiria, con el metropolitano en Mosul (incluyendo el obispado de Nínive entre otros muchos); la de la Baja Asiria, cuya capital metropolitana era Karkh; la llamada “provincia patriarcal”, que abarcaba toda la Mesopotamia media con su capital en Ctesifonte-Seleucia, así como provincias “exteriores” en la Baja Mesopotamia, Elam, Persia, Media, Atropatena… de menor importancia.

    Babai de Beth Zabdai, el más brillante alumno de Abraham, era abad de su monasterio en 604. Cuando se produjo el vacío de la silla patriarcal, los obispos eligieron dos regentes para coordinar la acción pastoral. Babai fue escogido como “visitador” de la Iglesia en el sur del reino: con firmeza, expulsó a todos los monjes que aún conservaban a sus esposas, impulsando un movimiento de reforma monástica que retomara la regla de oración y disciplina. Se convirtió asimismo en el principal autor de Cristología de la Iglesia de Oriente. Defendió las enseñanzas de Teodoro de Mopsuestia y Diodoro de Tarso, aunque también se apoya en autores ortodoxos sirios, como Juan Crisóstomo y Efrén el diácono. En su “libro de Unión” (que pretendía unificar y explicar claramente la doctrina de la Iglesia de Oriente) enseñó que en Cristo hay dos “esencias” (el siriaco gnome, lo que los griegos llamarían más bien ousia) unidas en una sola persona (parsopa) o hipostasis, según la definición de Calcedonia. Rechazaba parcialmente el teopasquismo (por ejemplo, aceptaba la afirmación “Cristo murió”, e incluso “El Hijo murió”, pero no “el Verbo murió”), separándose así de la escuela alejandrina y el miafisismo. De este modo, acercó la Cristología de la Iglesia de Oriente a una interpretación de Teodoro más en consonancia con el concilio de Calcedonia y más alejada del difisismo radical de Nestorio.

    Es importante destacar que al emplear términos teológicos de significado no completamente fijado, era posible que, honestamente, dos teólogos emplearan palabras diversas con la convicción de que expresaban ideas análogas. Con frecuencia era la incomprensión mutua, más que el fondo de la fe, lo que llevó a muchas disputas teológicas.

    La llamada Teshbokhta (Himno de alabanza) de Babai es análoga a la definición de la Segunda Persona en el Credo ortodoxo y resume la cristología oriental: “Uno es Cristo, el Hijo de Dios, reverenciado por todos en dos naturalezas; En Su divinidad engendrado del Padre, sin principio antes de todos los tiempos; en Su humanidad nacido de María, en la Plenitud de los tiempos, unidas en un cuerpo; Ni Su divinidad es de la naturaleza de la madre, ni Su humanidad es de la naturaleza del Padre; Las naturalezas son preservadas en su substancia, en una persona y una filiación. Y así como la divinidad es tres substancias en una naturaleza, del mismo modo la filiación del Hijo está en dos naturalezas y una sola persona. Así lo ha enseñando la Santa Iglesia.

    Babai publicó su teología en 612, siendo aceptada mayoritariamente como la correcta, pero algunos obispados persas, influidos de mazdeísmo, la rechazaron, produciéndose su separación. Mientras, Cosroes II se había embarcado en una guerra final contra el Imperio de Oriente. En 614 tomó Jerusalén, llevándose como trofeo la reliquia de la Vera Cruz. Ordenó colocarla a los pies de su trono en una grandiosa ceremonia, para simbolizar su triunfo sobre los romanos; más tarde Shirin (su esposa cristiana) la guardó en sus aposentos, preservándola. Para 620 había tomado Egipto y en 626 uno de sus generales llegó a sitiar Constantinopla. La derrota fue desastrosa, y en la reconquista, el emperador Heraclio atacó por la espalda a los persas, aplastándolos en la batalla de Nínive (627) y avanzó hacia Ctesifonte. Cosroes II fue asesinado por orden de su propio hijo Kavad II en 628, y los persas se rindieron. La Vera Cruz fue devuelta en triunfo a Jerusalén. Con la muerte de Cosroes, sus protegidos miafisitas desaparecieron de la escena.

    El nuevo shah permitió la elección de un patriarca, y todos los obispos pidieron a Babai que aceptara el cargo, pero el anciano declinó el honor y se retiró a su celda en el monasterio del Monte Izla, donde murió poco después, siendo pronto venerado como Mar Babai el Grande. Fue elevado Isoyahb II de Gdala (Asiria), también alumno de Nisbis (628-645). En 630 encabezó una delegación oriental para reunirse con el emperador y varios obispos griegos. Con los sasánidas postrados, era momento para evaluar una posible reunificación con el patriarca de Constantinopla. En el encuentro de Alepo, el patriarca de Ctesifonte trató de convencer a Heraclio que la reverencia de los orientales por Teodoro no significaba que sus doctrinas fueran heréticas. El emperador le pidió que adhiriera el monotelismo (novedosa doctrina oficial que afirmaba que “en Cristo había dos naturalezas y una sola voluntad” y que pretendía solucionar las diferencias entre monofisistas y calcedonianos), e Isoyahb contestó con una declaración de fe (suponemos que basada en las ahora oficiales enseñanzas de Babai) que los obispos imperiales aceptaron como ortodoxa. Dos misas (una según el rito griego y otra según el siríaco oriental), en la que todos comulgaron, pusieron fin al encuentro. Aunque sólo se había tratado de un inicial tanteo, a su regreso a Mesopotamia los obispos orientales consideraron que el patriarca había hecho muchas concesiones sin contrapartidas a los romanos, y le desautorizaron.


    No obstante, estas querellas teológicas pronto quedarían obsoletas, pues una nueva religión aparecida entre los árabes les uniría en un impulso conquistador. Tal vez, como veremos, no tan nueva.
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    Los árabes cristianos y los árabes musulmanes



    Las tribus del norte de Arabia recibieron la influencia del Evangelio, y se convirtieron al cristianismo a partir del siglo III. Los Gasánidas, en la actual Jordania, influenciados por Egipto, fueron miafisistas y aliados del emperador de Oriente. La tribu de los Lájmidas, establecidos en el sur de Eufrates en torno a la ciudad de al-Hira, llegó a expandirse hasta el Yemen, pero tras sus derrotas ante los persas, quedó establecida como reino vasallo del shah, y a partir del siglo VI adoptaron el difisismo predicado por los mesopotamios. En al-Hira se inventó la escritura árabe en base al alfabeto persa, y sirviendo a sus señores, lájmidas y gasánidas, desde su distinta corriente cristiana, combatieron el uno contra el otro hasta el fin de ambos.

    Los lájmidas también ejercieron labor misionera allí donde viajaron, y se tiene constancia de una catedral cristiana en Sana (Yemen). Sin duda en relación con estas misiones tenemos que situar a Waraqa ben Naufal, primo del abuelo de Mahoma. La tradición musulmana ha dejado bien documentado que Waraqa era el sacerdote cristiano de La Meca, y fue un personaje fundamental en la vida de Mahoma. Hombre culto, intentó traducir la Biblia del hebreo (que conocía), al árabe. Tenía por costumbre retirarse a meditar a una cueva, costumbre que sin duda Mahoma aprendió de él. Tomó cariño a su sobrino-nieto, y fue quién le enseñó los rudimentos de la teología judeo-cristiana, así como arregló el matrimonio con su sobrina Jadicha. Waraqa presidió esa ceremonia, que no pudo desarrollarse de otro modo que como una boda cristiana, pues el presidente lo era. Cristiano murió a los cien años, y fue el tutor religioso de Mahoma, por bien que las tradiciones musulmanas posteriores establecieran la absoluta originalidad de las “revelaciones” que este afirmó haber recibido del arcángel san Gabriel. El propio Mahoma, en las suras más antiguas del Corán (Al-Quran, “la recitación”), recomienda tratar con tolerancia a cristianos y judíos, como antecesores en la fe.

    Convertido a ojos de sus seguidores, por la predicación del Islam (la sumisión) y la espada, en el último y principal profeta de Yahvé, Mahoma unificó a todos los árabes, y sus sucesores establecieron un exitoso califato (califa: comendador de los creyentes) que, tras la muerte de su fundador en 632, aprovechó la debilidad de persas y romanos para atacarles. En lo que respecta a Mesopotamia, Ctesifonte cayó en manos del general árabe islámico Saad ben Abi en 637. Desde ese momento, la historia de los cristianos de Oriente pertenece a la del califato musulmán, aunque los sasánidas continuarían combatiendo en Persia hasta su completa derrota en 651.
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    La Iglesia de Oriente bajo los musulmanes



    El califa Omar ben Al Jattab estableció la capital en Kufa, un campamento militar a orillas del Eufrates, algo más al sur de al-Hira, pero en 661 la dinastía omeya trasladó la capital a Damasco de Siria. La Iglesia de Oriente fue admitida como dhimmi, minoría religiosa oficial, sometida a un impuesto y con libertad de culto (salvo para evangelizar a los musulmanes), y el Patriarca reconocido como su cabeza.

    En cierto modo, la dominación árabe (que permitía una amplia independencia bajo sus condiciones) supuso una liberación para la Iglesia de Oriente, siempre sometida a las arbitrariedades del shah pagano. Ishoyahb II fue sucedido como Catholicos por Maremmeh (646-649), también monje de Mar Abraham; Ishoyahb III (649-659), alumno de la escuela de Nisbis; Giwargis I (661-680), discípulo del anterior, que sufrió tortura por emir árabe; y el anciano Yohannan I (680-683).

    A su muerte los obispos elevaron a Hnanisho, un hombre de fuerte carácter. Cuando en 686 el califa Abd al Malik le preguntó su opinión sobre “la fe de los árabes”, el Catholicos no se mordió la lengua y respondió “es un reino fundado por la espada; y no, como la fe de los cristianos, o la vieja fe de los judíos, confirmada por milagros divinos”. La intercesión de unos amigos del califa evitó que se le arrancara la lengua en castigo por su insolencia, pero cayó en desgracia y Yohannan el leproso, metropolitano de Nisbis, maniobró para que fuera despojado de su cargo y ser elevado en su lugar. La usurpación duró hasta su destitución por desfalco, siendo repuesto Hnanisho hasta su muerte en 698. Su cuerpo incorrupto fue descubierto por los cristianos en 1349. El califa no permitió la elevación de otro patriarca durante 16 años, hasta que fue elegido Slibazkha (714-728), que borró el recuerdo de Yohannan y rehabilitó el de Hnanisho.

    Tras él rigieron ocuparon el cargo de Catholicos Pethion (731-740), Aba II (741-751) y Yaqob II (753-773). La dinastía siria de los omeyas fue sustituida en 750 por la de los abásidas, que establecieron la capital en la nueva ciudad de Bagdad, junto a las ruinas de la vieja Babilonia, en 716. El centro del poder califal retornaba a Mesopotamia, donde ya lo tuvieran los sasánidas. De esta época es la historia del cristiano Isa (Jesús) el farmacéutico. Un día, hallándose a la puerta de su botica, fue abordado por una mujer que, tomándole por un médico, le mostró un tarro con orina, rogándole que le diagnosticara el mal que manifestaba aquella. Isa la examinó y dictaminó (sin tener verdaderos conocimientos) que se traba de la orina de una mujer sana, embarazada de un varón que sería el señor del mundo. La mujer resultó ser la dama de compañía de la concubina favorita del califa Al Mahdi. Cuando la profecía se cumplió (en el célebre Harún-al Raschid), Isa se convirtió en uno de los cortesanos más influyentes. El Catholicos Hnanisho II (773-780) fue uno de sus protegidos. En 775, trasladó la sede patriarcal a Bagdad, ante la decadencia imparable de Seleucia, aunque la ceremonia de consagración del patriarca se mantuvo en la antigua sede.

    Su sucesor fue Timoteo I de Adiabene (780-823), uno de los grandes patriarcas orientales. Era un hombre culto, que escribió numerosas obras, incluyendo traducciones al árabe de Aristóteles (de las cuales bebieron muchos filósofos musulmanes), así como una apología del Cristianismo frente al islam, bastante respetuosa con este último. Su elección estuvo acompañada de las ya tradicionales maniobras cortesanas, sobornos e incluso la sospechosa muerte repentina de un rival respaldado por el influyente Isa, sin faltar diversos tumultos entre sus partidarios y los de obispos rivales que en una ocasión concluyeron tristemente con peleas entre cristianos en las calles de Bagdad. No obstante, es recordado sobre todo por el impulso misionero que dio a la Iglesia. Suya es la creación de numerosos metropolitanos orientales “exteriores” (autónomos pero sin derecho a participar en la elección del Catholicos): en Siria (Damasco), en Armenia (Barda), en Arabia (Saná de Yemen), en Irán central (Rai), en Tabaristán (sur del mar Caspio), para los turcos de Asia central, donde dependían del metropolitano de Merv obispos de ciudades tan sugerentes como Samarcanda, Nishapur o Tashkent, en Segestán (Herat, en la actual Afganistán) y en China. Había también un obispo nestoriano en Alejandría, el centro del miafisismo. Se cree que incluso planeó crear un metropolitano para el Tibet. Asimismo, separó la provincia de India del metropolitano de Fars (Persia), para hacerla depender directamente de Bagdad.
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    Las misiones de los cristianos de Oriente



    La actividad misionera llevaba mucho tiempo desarrollándose por tierras cada vez más lejanas. Alrededor del año 520, Cosme el monje o Indicopleustes (viajero a la India) un alejandrino convertido al nestorianismo por Aba I, recaló en la costa occidental del subcontinente. Allí describió la existencia de una iglesia cristiana con fieles en la isla de Trapobana (Ceilán). Es el primer testimonio de la persistencia de los cristianos de santo Tomás, tal vez evangelizados de nuevo por el misionero David de Maishan en el siglo III. También describió la presencia de cristianos en Kerala (la costa sur Malabar), y en la región de Calliana, en cuya capital, Kalyan (cerca de la moderna Mumbai-Bombay), había un obispo consagrado por el metropolitano de la provincia de Persia. El obispo de Kalyan empleaba la Biblia y liturgia siríacas orientales.

    Ishoyahb III, alrededor de 650, estableció la provincia de la India (aunque dependiente de la sede de Fars), si bien fue el patriarca Slibazkha (alrededor de 720) quien consagró y envió su primer arzobispo. Timoteo I tomó bajo su responsabilidad personal la provincia india, y envió en 823 al metropolitano Sabrisho, junto a los obispos persas Shapur y Peroz. Lograron de Shakirbirti, rey de Kerala, tierras para edificar una catedral y una ciudad cristianas. A petición de los fieles indios, el Catholicos Enosh (alrededor de 880) consagró un nuevo metropolitano llamado Yohannan, que estableció su sede en Cranganore (Kodungallur, norte de Kerala). A la vez envió a los obispos Dua (a la isla de Socotra) y a Tomás (sur de China). En los registros de finales del siglo IX ya no consta metropolitano en India; debido a la lejanía y dificultad del viaje, por segunda vez los cristianos de la India se quedaron sin obispos a partir del siglo X y perdieron el contacto con la Iglesia de Oriente.

    La ruta de la seda sirvió a los monjes orientales para evangelizar más allá. Un registro atestigua que en 635 un persa llamado Alopen llevó a cabo la primera misión cristiana al imperio de China donde gobernaba la tolerante dinastía Tang. De esta época sólo tenemos testimonios fragmentarios. Se cree que alrededor de 720 se nombraron los primeros obispos en China (Sinaye) por el patriarca oriental. En 745 el emperador Xuanzong decretó que las iglesias nestorianas, conocidas popularmente como “templos persas”, se llamarían “templos Da Quin (romanos, o más bien, sirios)”. Una estela de 781 hallada en Changan (actual Xi´an, capital de la dinastía Tang) cita al metropolitano Adam de Sinaye (China) y al patriarca Hnanisho II de Seleucia, junto a otros obispos y monjes, casi todos de nombre persa. Alrededor del año 800 había comunidades cristianas en casi todas las ciudades importantes de China; existían las diócesis de Tangut, Ongut y Datong; la sede metropolitana estuvo en Changan, y luego en Beijing (Pekín). Se sabe que existían monasterios, y se conservan estelas en chino con textos bíblicos (Génesis, salmos, Hechos de los Apóstoles, etc), así como pinturas que representan actos devocionales, como la procesión del día de Ramos.

    En 845 el emperador Tang Wuzong cambió la tradicional política religiosa de su dinastía, y desató una persecución contra los cultos “extranjeros”, prohibiendo el cristianismo, el budismo y el zoroastrismo. La Iglesia de Oriente en China pasó a la clandestinidad y se fue agostando lentamente, empeorada por la fragmentación política con el fin de la dinastía Tang, a partir de 906. Un monje sirio que la visitó en 986 describe iglesias en ruinas y una comunidad “prácticamente extinta”. En realidad, algunas comunidades lograron pervivir, pero muy lejos de la difusión y esplendor anteriores.

    Timoteo I también procuró establecer misiones entre los mongoles. Estas fueron las más exitosas, pues en algunas tribus los cristianos nestorianos llegaron a ser mayoritarios: se conocen las misiones de los kirguises, uigures y kara-kitanos (donde existió la sede metropolitana de los mongoles, Amalig, en la frontera de las actuales Kazajastán y República de China).
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    Auge y caída del califato de Bagdad



    Durante la era de esplendor del califato abbasí, la Iglesia de Oriente conoció un período de estabilidad y prosperidad. Con frecuencia los cristianos desempeñaban profesiones liberales, entre las que destacaron los médicos: fueron cristianos como Masawaiyh (siglo VIII) o Jabril ibn Bukhtishu (siglo IX) los que crearon la escuela de medicina de Bagdad, famosa en todo el Islam, donde estudiaron figuras brillantes como la de ar-Razí o Alhacen. Fue también un cristiano, Hunain ben Ishaq quién fundó la escuela de traductores de Bagdad (donde se vertieron al árabe los textos de Platón, Aristóteles o Hipócrates, y otras obras médicas o filosóficas). Los mesopotamios se fueron mezclando cada vez más con los árabes, hasta considerarse parte del mundo árabe (con el nombre de Iraq), aunque los cristianos mantuvieron siempre una identidad particular por su vinculación en la fe a una comunidad anterior a la invasión sarracena. Las controversias teológicas eran un recuerdo del pasado, y las únicas discusiones eclesiales versaban sobre mezquinos repartos de rentas y rivalidades humanas. La lista de los patriarcas que sucedieron a Timoteo I es bastante anodina: monjes y obispos oscuros y avariciosos, enredados con frecuencia en disputas personales en las que no faltó la intervención de los califas, a los que acabaron allanándose como antes se habían sometido a los sasánidas. Usualmente compraban el cargo o eran elegidos por sorteo. También hubo ocasionales episodios de persecuciones locales por los musulmanes, y algunos períodos breves de sede vacante.

    Isho Bar Nun (823-828), crítico brillante contra Timoteo, fue recomendado por este en su lecho de muerte; Giwargis II (828-831), anciano y piadoso monje centenario; Sabrisho II (831-835) metropolitano de Damasco, que construyó escuelas y hospicios de peregrinos; Abraham II (837-850), monje ignorante, manejado por su sobrino Efrén; Teodosio (853-858), encarcelado por orden del califa al-Mutawakkil; Sargis (860-872), un favorito del califa; Enós (877-884), enfrentado contra el obispo Israel por su elevación; Yohannan II (884-891); Yohannan III (893-899), sobrino del Catholicos Teodosio; Yohannan IV (900-905) célebre en su época por honrado y recto; y Abraham III (906-937), que accedió al cargo con engaños y sobornos, obteniendo del califa la preferencia de los nestorianos frente a las comunidades siríacas occidentales establecidas en Mesopotamia (ortodoxos y miafisistas), a las que se prohibió establecer metropolitanos en Bagdad. Asimismo, enterado de que muchos fieles daban grandes banquetes al volver de misa, introdujo una costumbre que todos los cristianos de Oriente seguirían en adelante: prohibir la misa antes de la noche los domingos y en Cuaresma. Le siguió Emmanuel I (937-960) un monje casto pero orgulloso y avaro; Abdisho I (963-986), elegido por sorteo entre varios candidatos, envío una última misión a China; Mari (987-999), un abogado elegido a mandato del califa, fue el primero en recibir el firman o confirmación real (costumbre que seguirían todos los sucesivos); Yohannan V (1000-1011) que compró el cargo al gobernador de Shiraz; Yohannan VI (1012-1016), con fama de corrupto; Isoyahb IV (1020-1025), hijo de un obispo, rechazado por haber comprado el cargo; Eliya I (1028-1049), elegido por sorteo.

    Para entonces el califato había degenerado, con las regiones independizándose (y reduciéndolo hasta abarcar únicamente Iraq y partes de Siria). Los califas abbasíes, cada vez más ineptos, fueron manejados por sus visires, que acabaron creando sus propias dinastías, al estilo de los mayordomos de palacio francos, imponiéndose entre todas la de los chíitas buyíes. Los últimos años fueron de conflictos constantes religiosos y étnicos entre musulmanes. Finalmente, el sultán Toghrül, de la dinastía turca sunní de los selyúcidas entró en la capital del califato en 1055, poniendo al “comendador de los creyentes” bajo su protección, como figura simbólica, mientras su dinastía asumía la verdadera autoridad de lo que quedaba de califato (a modo del shogun de Japón). Los turcos se habían convertido al islam en su mayoría sólo unas décadas atrás. A diferencia de los tolerantes árabes, eran fanáticos musulmanes (y fanáticos sunníes) y sus gobiernos en general se caracterizaron por una elevada intolerancia religiosa hacia los no-sunníes.

    Por entonces había sido elevado Yohannan VII (1049-1057), que había intentado reconstruir el patriarcal “palacio griego” de Bagdad, siendo nuevamente destruido por los musulmanes. Trasladó su residencia a un monasterio. Durante su gobierno tuvo lugar el último y más importante de los Cismas relevantes de la Iglesia: la excomunión mutua entre el papa de Roma (Iglesia católica o latina) y el patriarca de Constantinopla (Iglesia ortodoxa o griega) en 1054. Tras un período de sede vacante por las agitaciones, fue elegido Sabrisho III (1064-1072) el mudo; Abdisho II (1074-1090); Makkikha I (1092-1110) de Bagdad, piadoso, que fue el primero en emplear el árabe para las lecturas sagradas en la misa, y durante cuyo patriarcado tuvo lugar la primera Cruzada, en la que los francos católicos llegaron a conquistar Edesa; Eliya II (1111-1132); Bar Sauma (1134-1136), al que siguió un nuevo período de sede vacante debido a la debilidad progresiva de los seljúcidas, que condujo a un nuevo caos de guerras intestinas; Abdisho III (1139-1148) fue elevado con la protección del califa; Isoyahab V (1149-1175); Eliya III (1176-1190), que restauró el palacio patriarcal de Bagdad; Yahballaha II (1190-1222), que compró su cargo al gobernador, y fue sucedido por su sobrino Sabrisho IV (1222-1224), y posteriormente por Sabrisho V (1226-1256), quién también compró el título.

    Alrededor de 1206, un noble llamado Temujin había unificado a todas las tribus mongolas, recibiendo el título de Gran Khan (con el nombre de Gengis Khan). Aunque su fe era la chamánica, varios de sus hijos casaron con mujeres del clan nestoriano Kerait, y la fe cristiana fue una de las más aceptadas en su corte, llegando a ser muy influyente (su bisnieto Satraq se convirtió al cristianismo). Dada la naturaleza itinerante de los mongoles, sólo se tiene constancia de una iglesia en Karakorum, la capital. Los monjes y sacerdotes cristianos tuvieron un papel importante en la diplomacia del imperio mongol que Gengis Khan forjó durante las décadas siguientes, mediante los contactos que sus hermanos de fe les proporcionaban en muchos países. Eso fue muy importante durante la vida de Hulagu Khan, un nieto de Gengis, hijo y marido de cristianas, enviado por su hermano Möngke (Gran Khan entre 1251-1258) a conquistar Persia y Mesopotamia. Con un inmenso ejército asedió Bagdad en noviembre de 1257.


    Tras una reñida disputa entre tres metropolitanos (en las que no faltaron los habituales sobornos al califa), hacía poco había sido elevado al patriarcado Makkikha II (1257-1265). La primera esposa de Hulagu, Dokuz Hatun, era una nestoriana de la tribu Kerait, y mandó aviso discreto al patriarca para que sus fieles se mantuvieran en el barrio cristiano y no temieran. En efecto, en febrero de 1258 Bagdad se rindió, y los mongoles arrasaron completamente la ciudad más emblemática de los árabes, saqueándola, masacrando a sus habitantes y ejecutando al califa, un relato de horror que conmovió a todo el islam. Únicamente los cristianos se libraron de la destrucción. Se abrió así un período novedoso en la historia de la Iglesia de Oriente: por vez primera, estaban sometidos a un gobernante que, aunque pagano, estaba inclinado favorablemente a los cristianos. Y no sólo eso, los mongoles cristianos eran además difisistas como los iraquíes. Las relaciones de Makkikha II con el khan Hulagu no pudieron ser mejores: el nuevo soberano de Mesopotamia entregó el antiguo palacio califal (o lo que de él se había salvado) al patriarca, y ordenó la construcción de una catedral en Bagdad como sede. Una nueva era de esplendor aguardaba a la Iglesia de Oriente.
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    Re: La Iglesia de Oriente - Historia

    La Iglesia de Oriente (III)

    A las 7:37 PM, por Luis I. Amorós
    Categorías : Iglesias orientales


    Los cristianos de Oriente durante el dominio mongol



    Hulagu Khan conquistó Siria, auxiliado por sus vasallos cruzados, en 1260; la muerte de Möngke provocó una crisis sucesoria que impidió su proyectada invasión de Egipto. El pleito finalizó con la elevación de Kublai como Gran Khan, pero varios pedazos del inmenso imperio de Gengis se independizaron definitivamente. Los mamelucos de Egipto recuperaron en poco tiempo toda Siria, ayudados por un príncipe mongol que se había convertido al islam. Buscando ayuda contra la formidable alianza musulmana, Hulagu (ahora khan de Persia) envió una misión al papa y todos los príncipes latinos, a cargo de varios monjes cristianos nestorianos de la tribu de su esposa.


    Estos contaron que la reina de los mongoles era hija de un poderoso señor cristiano de oriente, y que Hulagu, como su yerno, deseaba ayudar a la Iglesia. Naturalmente, se referían al padre de Dokuz, jefe de la tribu Kerait, mayoritariamente cristiana. Esta historia (Khan se pronuncia Jan) puede estar detrás de la leyenda del Preste Juan que conmovió intensamente la imaginación de la Cristiandad, incluso hasta bien entrado el Renacimiento. La profusión de misiones de religiosos o embajadores que los reyes europeos enviaron durante los siglos siguientes no sólo deseaban entrevistarse con el poderoso Khan mongol, sino también buscar la alianza con el supuesto Preste Juan.

    Para cuando la misión regresó, Hulagu ya había sido derrotado y muerto en 1265. Su hijo budista Abaqa, prohibió el islam, promovió el cristianismo y contrajo matrimonio con una hija del emperador bizantino. Acuñó algunas monedas que muestran una cruz y la inscripción trinitaria “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, un sólo Dios”. Su reinado coincide casi exactamente con el patriarcado de Denha I (1265-1281), y es conocido por la llegada a Bagdad de dos monjes nestorianos uigures de China: Bar Sauma y Markos, en su peregrinación hacia Jerusalén. Denha I les retuvo para que intercedieran por él ante Abaqa. A la muerte de Denha, Markos fue elevado como nuevo patriarca con el nombre de Yahballaha III (1281-1317), un signo de la influencia mongola en la Iglesia de Oriente. Los obispos esperaban que un patriarca mongol pudiera influir favorablemente sobre el Khan.

    La alianza entre cruzados y mongoles tomó cuerpo en la Novena cruzada (dirigida por el rey Eduardo I de Inglaterra) que recuperó Alepo y Trípoli de manos del sultán mameluco Baibars auxiliada por 10.000 jinetes mongoles. Abaqa incluso envió un delegado al II concilio de Lyon en 1274. En 1280, mongoles, armenios, georgianos y caballeros hospitalarios invadieron Siria, pero fueron derrotada cerca de Homs a finales de 1281. Abaqa fue asesinado por musulmanes en 1282, siendo sucedido por su hermano Ahmed. Había nacido como cristiano (con el nombre de Nicolás Tekuder), pero se convirtió al islam y comenzó a perseguir a los no musulmanes. Su sobrino budista Arghun (hijo de Abaqa) le derribó en 1284, y proyectó restablecer la alianza con el papa y los reyes de la Cristiandad contra los mamelucos de Egipto. El patriarca Yahballaha III le sugirió como embajador a su compañero Bar Sauma, que emprendió en 1287 un periplo impresionante (anterior al regreso de Marco Polo a Venecia) que le llevó a recorrer las principales cortes europeas, incluyendo la del papa, que le regaló un anillo para Yahballaha, al que reconoció como patriarca de la Iglesia de Oriente tras ocho siglos y medio de cisma. A la muerte de Arghun en 1291 se sucedieron varios débiles monarcas de la familia, bien musulmanes o budistas, en guerra civil perpetua, cada vez más debilitados hasta la disolución del khanato persa en 1335 en varios pequeños emiratos.

    En mayo de 1304, Yahballaha III envió una carta al papa Benedicto XI haciendo profesión de fe católica. Todos los obispos de la Iglesia de Oriente la rechazaron, y quedó en meramente personal. En 1310, se retiró a Maragheh (cerca del Lago Urmia, actual Azerbaiján), la capital política del khanato. Allí murió en noviembre de 1317 el único patriarca mongol de la historia. En su sustitución fue elevado Timoteo II (1318-1332), autor de un tratado sobre los sacramentos, que convocó un concilio en febrero de 1318, para confirmar el Nomocanon de Abdisho de Nisbis como el primer código canónico de la Iglesia de Oriente; sus actas fueron las últimas conservadas de un concilio de la Iglesia de Oriente hasta el siglo XIX. Denha II (1336-1382) trasladó la sede epsicopal a Karamlish de Asiria (a orillas del Alto Tigris), una ciudad casi enteramente cristiana, donde estableció contactos amistosos (muy diferentes a los del pasado) con los obispos miafisistas locales, de las comunidades siria (llamados jacobitas) y armenia. Durante su gobierno, los registros de los padres franciscanos documentan la primera presencia (desde 1348 hasta 1575) de sacerdotes cristianos orientales entre los custodios del Santo Sepulcro en Jerusalén.

    La conquista de China supuso el establecimiento de la nueva dinastía mongola Yuan, en el poder desde 1271 hasta 1368. Su tolerante gobierno budista permitió un postrer florecimiento de las lánguidas comunidades cristianas de Oriente (cuyo metropolitano se trasladó a la nueva capital, Beijing), como queda registrado en diversos cementerios, monumentos y estelas; el último de 1365. Apenas tenemos datos de esta época, y al advenimiento de la dinastía china de los Ming (1368), los cultos no confucio-taoistas fueron prohibidos, y la Iglesia nestoriana en China desapareció de la historia para siempre.

    A partir del siglo XIV tenemos nuevas pruebas de que el contacto con los cristianos de la India había sido retomado. Un manuscrito de 1301 cita al metropolitano Yaqub de Cranganore (la capital de los reyes de Malabar, actual Kerala) y al patriarca Yahballah III. La provincia de la India es citada como uno de las metropolitanas exteriores en una lista de 1348. La comunidad empleaba su propia variante del rito siríaco oriental, llamado Rito Malabar. En la ciudad de Mylapore (en Tamil, costa oriental de la India) se veneraba el sepulcro de Santo Tomás.

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    Tamerlán. Abrupta decadencia de los cristianos de Oriente



    Para el siglo XIV los mongoles, divididos en numerosos reinos, habían adoptado la fe budista (Los septentrionales) o el islam (los meridionales). Tamerlán (Timur el Cojo, 1336-1405), un noble de origen mixto mongol-turco, se convirtió en el caudillo más importante de entre todos los khanatos herederos del Gran Khan. Basado en su prestigio personal, levantó un poderoso ejército de mongoles musulmanes, conquistando en 25 años de campañas un gran imperio entre Siria y la India. Tomó Bagdad en dos ocasiones, 1393 y 1399, destruyéndola hasta los cimientos en la última, como hizo con otras muchas ciudades y regiones.

    La Iglesia de Oriente, que había alcanzado su máxima extensión geográfica a finales del siglo XIII, sufrió pronto una rápida decadencia. Las comunidades cristianas en Asia Central y Persia comenzaron un declive imparable a partir de la década de 1340, debido a las continuas guerras entre los príncipes mongoles; los timúridas (Tamerlán y sus sucesores) liquidaron la Iglesia de Oriente fuera de Iraq, con persecuciones, conversiones forzosas y martirios de cristianos.

    En el siglo XV, la Iglesia de Oriente había quedado confinada a la Alta Mesopotamia, por lo que los cristianos recuperaron el antiquísimo nombre de asirios, civilización de la que se consideraban los genuinos herederos.



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    El cisma de la Iglesia de Oriente



    Debido a la falta de fuentes y a la inestabilidad política, apenas conocemos nada más que los nombres de los patriarcas que siguieron a Denha II. Son Shemon II (1385-1405), Elija IV (1405-1425), Shemon III (1425-1450), Shemon IV (1450-1497), Shemon V (1497-1502), Elija V (1503-1504) y Shemon VI (1504-1538). Desde Shemon IV el principio hereditario se había establecido en su familia (la de Bar Mama, o Abuna), y los últimos patriarcas designaban a sus sucesores (llamados natar kursi) entre sus hermanos o sobrinos. Para entonces, el sultán otomano había ocupado Iraq, y la dominaría durante casi 4 siglos.


    En 1538 fue elevado Isoyahab, el hermano de Shemon VI, con el nombre de Shemon VII (1539-1558). Era detestado por su costumbre de vender cargos eclesiásticos y permitir el concubinato, pero cuando en 1552 designó a su hermano adolescente Eliya como su sucesor, el malestar estalló en una revuelta. Un grupo de obispos y abades (sobre todo en la región del Alto Eufrates), se rebelaron contra el patriarca y eligieron al abad Yohannan Sulaqa del monasterio del Beato Hormisdas (Alqosh, Asiria). Como entre ellos no había ningún metropolitano con autoridad para consagrarlo obispo (pues el patriarca solo elevaba metropolitanos entre miembros de su propia familia, y estos le eran fieles), con la recomendación de unos misioneros franciscanos viajó a Roma. Ante el papa Julio III presentó una carta de apoyo de los prelados orientales que le seguían, y realizó una profesión de fe católica. También afirmó que el patriarca había muerto y que su sobrino estaba incapacitado para el cargo, aunque la Santa Sede no conoció el engaño hasta 7 años después. En abril de 1553, el papa Julio III consagró a Shemon VIII Yohannan Sulaqa (1553-1555) como obispo y arzobispo en la basílica de san Pedro, y consecuentemente “Patriarca de Babilonia de los Caldeos”. Caldea era el nombre tradicional de la región al sur del Eufrates meridional, empleado con frecuencia por autores latinos. Se permitió a los caldeos mantener sus tradiciones y ritos, aunque incluyendo la recitación eucarística en la consagración durante la liturgia de Addai y Mari. Dado que Sulaqa no tenía el apoyo más que de una parte de la congregación, este acto supuso en la práctica la escisión de la Iglesia de Oriente en dos.


    A su regreso a Asiria, obtuvo el reconocimiento de las autoridades otomanas, consagró diversos obispos y metropolitanos, y estableció su sede en Amida. Shemon VII Isoyahab sobornó al pasha o gobernador de Amida, que encarceló a Shemon VIII Sulaqa, torturándolo y finalmente ejecutándolo en 1555. Fue reconocido como mártir por la Iglesia católica.

    _
    División de la Iglesia de Oriente en la India



    El relativamente brusco hundimiento de la Iglesia de Oriente afectó una vez más a la única provincia externa que sobrevivió, la India. Los cristianos malabares (también llamados nasranis- “nazarenos”) tenían como lengua común el malayalam (lengua de Kerala) y como litúrgica el siríaco. Mantenían su liturgia siríaca oriental y resto de tradiciones de la Iglesia de Oriente.
    Los obispos debían ser consagrados y enviados desde Iraq; todo el clero local quedaba bajo la autoridad de un archidiácono, el cargo más elevado que podía ocupar un indio. A lo largo del siglo XV nuevamente se perdió el contacto, y conforme fueron muriendo los últimos obispos nombrados, nuevamente los cristianos quedaron sin cabezas rectoras. Esto provocó que, con el tiempo, el cargo de archidiácono fuese el poder efectivo sobre la comunidad, aunque la cabeza honoraria se seguía reconociendo en los “padres” que consagraban y enviaban desde “Persia”, que daban legitimidad a la Iglesia india. En 1491, el archidiácono mandó emisarios solicitando nuevos obispos al patriarca. Shemon IV Basidi consagró y envió dos nuevos obispos, pero estos ya ejercieron como invitados de honor en su diócesis, más que como el verdadero poder. Desde el primer viaje de Vasco de Gama, en 1498, los portugueses se establecieron rápidamente en la costa occidental de la India, firmando tratados tanto comerciales como políticos con los cristianos, que veían en sus hermanos de fe un escudo contra el poder cada vez más amenazante de los rajás de Kerala. El rey de Portugal creó la colonia de Goa en 1510, donde se estableció un arzobispado latino para toda la India; con su estrecha colaboración fueron fundadas diversas misiones jesuitas para evangelizar a los indios.

    A raíz del cisma de 1552, ambos patriarcas enviaron metropolitanos a la India, aumentando la confusión. El arzobispo de Goa aprovechó el momento para exhibir la autoridad de un documento papal (el Padroado Real) que le otorgaba derecho de veto sobre nombramientos, permitiendo únicamente la instalación de Mar Joseph Sulaqa y Mar Elias (los designados por el Patriarca católico de Babilonia de los Caldeos, Shemon VIII Yohannan), y de ese modo, erigiéndose en árbitro de la cristiandad india. Tras la muerte en 1599 del último metropolitano católico oriental, Mar Abraham, el arzobispo Aleixo de Menezes convocó al archidiácono Jorge y resto de clero local al sínodo de Diamper, que prohibió el sistema de castas y eliminó del rito malabar todo aquello que chocaba con el rito romano. Tras este sínodo, oficialmente los cristianos de la India pasaron a formar parte de la Iglesia Católica, empleando un rito parecido al latino.

    No obstante, la pérdida de sus tradiciones por imposición portuguesa produjo el progresivo descontento de la comunidad india, que envió algunas misiones secretas e infructuosas pidiendo al patriarca de Oriente que nombrara un metropolitano. En 1653, tras la evacuación por parte del arzobispo de un misterioso clérigo sirio llamado Ahatalla que pretendía ser el “metropolitano de las Indias” enviado por el patriarca de Seleucia (y que había causado una fuerte impresión en los nativos), se dio la señal a la rebelión. El archidiácono Tomás (que había sucedido a su tío Jorge), reunió en la Iglesia de Nuestra Señora de Mattancherry (cerca de Cochin, Kerala) a los jefes religiosos y políticos más representativos, y junto a ellos prestó el conocido como “Juramento de la Cruz de Coonan”, por el que rechazaban el dominio de los portugueses y los jesuitas, y se sujetaban a Tomás hasta la llegada de obispos enviados por el patriarca legítimo de Oriente. Prácticamente todos los cristianos de la India adhirieron esta nueva comunidad, que recuperó los ritos y tradiciones siríacas orientales. El archidiácono Tomás fue elevado por doce sacerdotes indios como primer metropolitano autocéfalo.

    Las malas relaciones y la expulsión por parte de los holandeses de casi todas sus colonias malabares (salvo Goa) en 1662, eliminó a los portugueses como interlocutores adecuados. El papa Alejandro VII envió en 1663 una misión de carmelitas encabezada por el obispo católico siro-oriental Joseph Sebastiani, como administrador de la Iglesia en Malabar. Lograron convencer a la mayoría de los miembros de la comunidad de que la elevación de Tomás era ilegítima, pues no había sido consagrado por obispos. Sebastiani consagró como obispo y vicario apostólico a Chandy Parampil, siendo el primer indio elevado a la dignidad episcopal. Chandy encabezó la llamada “Vieja facción”, que reconocía la autoridad de Roma (y conservó 84 parroquias), y Mar Tomás la “Nueva facción”, que se vinculaba al antiguo patriarcado mesopotámico pero era virtualmente autocéfala (que retuvo 32 parroquias).

    La llegada en 1665 del iraquí Mar Gregorio Abdul Jaleel, obispo de la Iglesia miafisista siria, fue saludada (confusamente) por el metropolitano autocéfalo Tomás, como la venida de un legítimo representante del patriarca de Oriente. La “Nueva facción” aceptó el rito siríaco occidental (ligeramente diferente al oriental, como vimos), con unas variantes propias que lo conformaron como el llamado rito malankara. Asimismo, entró en comunión con el Patriarcado miafisista de Antioquía, dando lugar con el tiempo a la llamada Iglesia siria Malankara (Maliankara era el nombre de la isla, cerca de Muziris, donde la tradición situaba el desembarco de Santo Tomás a su llegada a la India). La “Vieja facción” mantuvo el rito malabar (variante del siríaco oriental) y una dependencia del Patriarca católico de Babilonia de los Caldeos (o más bien directamente de Roma), y con el tiempo se conoció con el nombre de Iglesia católica Malabar. También la Iglesia de Oriente en la India conoció la división.

    _
    Linajes patriarcales. La compleja relación con Roma



    A partir de 1555 se produjo en la Iglesia de Oriente en Iraq una escisión en los linajes patriarcales; seguirlos será lo más práctico para describir este período.

    La línea “nestoriana” del sucesor de Shemon VII fue la llamada “de Eliya (Elías)”- la antigua familia Abuna- porque todos sus miembros se llamaron así. Tuvo su sede en el monasterio del Beato Hormisdas, en Alqosh (cerca de Mosul). Fueron Eliya VII (1558-1591); Eliya VIII (1591-1617), que en 1610 entró en comunión con Roma (con gran rechazo de los suyos), por lo que durante 7 años ambos patriarcas orientales lo estuvieron; Eliya IX (1617- 1660) rompió de inmediato la comunión con Roma. Fue sucedido por Eliya X Yohannan (1660-1700), Eliya XI Marogin (1700-1722) y Eliya XII Denha (1722-1778).

    Los sucesores en el patriarcado de Babilonia de los Caldeos de Shimun VIII Sulaqa formaron la línea llamada “de Shimun (Simón)”: Abdisho V Maron (1555-1570), que recibió el palio del papa Pío IV en 1562 (el cual confirmó los usos propios y el rito siríaco oriental de la Iglesia caldea), entregó al concilio de Trento un tomo explicando la situación de su Iglesia, pero no se quedó a las sesiones; fue sucedido por Shimun VIII (1570-1580) y Shimun X Dinkha (1580-1600), que reintrodujo el patriarcado hereditario en un familiar, práctica prohibida por el papa, por lo que a su muerte, su sucesor Shimun X Eliya (1600-1638), no fue reconocido por Roma. Ya sin reconocimiento papal, le sucedieron Shimun XI Esjuyow (1638-1656), Shimun XII Yoalaha (1656-1662) y Shimun XIII Dinkha (1662-1700). En 1692 Shimun XIII abandonó la fe católica, renunció al título de Patriarca de Babilonia de los Caldeos y retomó la bandera del nestorianismo, proclamándose a sí mismo como auténtico sucesor del antiguo patriarcado de Bagdad hasta su muerte en 1700, trasladando la sede a la ciudad de Qochanis (en las montañas que separan Iraq de Armenia).


    En esa época, la antaño pujante Iglesia de Oriente no ofrecía más que linajes hereditarios de patriarcas y dos Iglesias (ninguna de ellas en comunión con el papa o entre sí) en una reducida región del norte de Iraq. Para aumentar la confusión, en 1672, el metropolitano de Amida, Joseph (sometido al patriarcado de Alqosh), tras escuchar las prédicas de una misión capuchina, se convirtió al catolicismo. El patriarca Eliya X le depuso fulminantemente y lo encerró en prisión, nombrando un sustituto. Tras lograr escapar, protestó al papa por su deposición anticanónica. Regresó en 1677 y tomó posesión de su sede gracias al reconocimiento de los gobernantes otomanos. En 1681 llegó de Roma el palio que le concedía el título de “Patriarca de la nación Caldea, privada de su patriarca”, plenamente católico, que ostentó hasta su abdicación en 1696; una especie de “patriarca sustituto” del de Babilonia de los Caldeos, que había roto su comunión con el papa. Ahora había tres linajes que se consideraban a sí mismos herederos del Catholicos de Oriente.
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    Re: La Iglesia de Oriente - Historia

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    La Iglesia de Oriente (y IV)

    A las 7:24 PM, por Luis I. Amorós
    Categorías : Iglesias orientales
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    La creación de la Iglesia Católica Caldea y la Iglesia Ortodoxa Asiria

    La línea “Josefita” (de Joseph I), católica, estuvo basada en Amida. Aunque no hereditaria, todos sus patriarcas adoptaron el nombre de Joseph por delante del suyo. Así: Jospeh II Sliba (1696-1713), que murió de una plaga; Joseph III Timoteo (1713-1757) que logró muchas conversiones, pero por ello fue encarcelado en varias ocasiones por influencia del patriarca nestoriano de Alqosh; y Joseph IV Lazaro Hindú (1757-1796), que hizo varios viajes a Europa para recabar dinero con el que pagar el impuesto especial a su arruinada congregación que habían establecido los otomanos; trató de designar a su sobrino sucesor (es obvio que esta era una inclinación muy fuerte entre los cristianos orientales), pero esta vez la Santa Sede lo prohibió enérgicamente, para evitar un enésimo cisma.
    Con el permiso del sultán otomano, Roma estableció a lo largo del siglo XVIII varias misiones católicas en Iraq. Su éxito fue importante, sobre todo entre los cristianos de las clases altas de Mosul, y pronto jugarían un papel importante en los acontecimientos de la fragmentada Iglesia de Oriente. En la década de 1770, el papado decidió tomar en consideración la debilidad y dispersión de los patriarcados orientales. La firmeza nestoriana de los cristianos de Oriente se había debilitado, y no pocos de entre los principales eran partidarios de buscar la protección del papa, cuyas ligas católicas habían logrado frenar a los otomanos en Europa.

    Se enviaron embajadores a los dos patriarcas que mantenían la transmisión hereditaria y no estaban en comunión con Roma: el de Alqosh (linaje de Eliya) y el de Qochanis (linaje de Shimun). Eliya XII Denha, de Alqosh, presionado por los muchos conversos de Mosul, respondió favorablemente con una profesión de fe católica en 1776, poniendo fin al cisma con Roma. Tras su muerte en 1778, su sobrino Isoyahab profesó el catolicismo y con el apoyo de los misioneros latinos fue elegido patriarca, con el nombre de Eliya XIII Isoyahab. Un año después, tras obtener el firman del sultán, abjuró del catolicismo. Los notables cristianos de Mosul resolvieron deponerle y elevar en su lugar a Yohannan VIII Hormisdas, otro sobrino de Eliya XII, comprándole al gobernador de Mosul el firman del sultán. La Santa Sede reconoció a Yohannan como “administrador del patriarcado de Babilonia” (patriarca en todo salvo el nombre), título que teóricamente recaía en Joseph IV Lázaro, de Amida.
    El gobierno de Yohannan VIII fue probablemente el más agitado de la historia de la Iglesia de Oriente. Aunque destacó como apóstol del catolicismo (convirtiendo numerosas villas y aldeas), su gobierno fue débil y cayó en irregularidades. Tuvo que enfrentar, además del depuesto Eliya XIII (que ensayó una nueva conversión al catolicismo para obtener apoyos), la desafección de los misioneros latinos y el vicario apostólico Campanile, y los desencuentros con Gabriel Dambo, un devoto mercader de Bagdad que restauró el esplendor del monasterio del Beato Horsmidas, con riquezas materiales y espirituales, un seminario y numerosos monjes. Por supuesto, no faltaron las intervenciones de diversos pashas otomanos en favor o contra suya. En varias ocasiones fue denunciado ante la Sagrada Congregación, y finalmente en 1812 fue suspendido como administrador, y elegido en su lugar Joseph V Augustino (sucesor de Joseph IV Lázaro desde 1796 en Amida), que recibió el apoyo de los monjes de Beato Hormisdas. Yohannan no aceptó, apoyado por los afectos a la vieja familia patriarcal, y se creó un nuevo conflicto entre ambos administradores, que duró hasta la absolución pontificia de Yohannan en 1826, y la muerte de Augustino en 1827.

    Tras pasar una nueva investigación papal, y a despecho de sus muchos enemigos, Yohannan VII Hormisdas fue elevado a la dignidad de Patriarca de Babilonia de los Caldeos en 1830. Con este nombramiento se suprimió el patriarcado “josefita” de Amida, reunido con el de Alqosh. El patriarca trasladó la sede a Mosul, y esto supuso el nacimiento de la Iglesia católica Caldea. Yohannan VII gobernó como patriarca durante otros 8 años hasta su muerte, y con él se extinguió el linaje patriarcal “de Eliya”.
    Mientras tanto, el pequeño patriarcado nestoriano de Qochanis (del que apenas tenemos datos) pervivió en la línea “de Shimun”, en sus sucesores Shimun XIV Shlemon (1700-1740 aprox); Mar Shimun XV Mikhail (1740-1780 aprox) y Shimun XVI Yohannan (1780-1820 aprox). Rechazaron las embajadas papales, y desde la unificación que dio lugar a la Iglesia católica Caldea, usaron oficialmente un nombre que ya venían empleando anteriormente, el de Iglesia Ortodoxa Asiria. Curiosamente, el linaje que primero se acercó a Roma resultó ser el único que finalmente persistió nestoriano. Le sucedieron Shimun XVII Abraham (1820-1860 aprox); Mar Shimun XVIII Rubil (1861-1903) y Mar Shimun XXI Benyamin (1903-1918), todos en herencia de tío a sobrino o entre hermanos.

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    Las comunidades nasrani en la India



    Si la profusión de linajes y patriarcas en Iraq son difíciles de seguir, la atomización de la Iglesia de Oriente en la India es proverbialmente confusa, incluso para los expertos en eclesiología oriental. A partir del siglo XVIII los británicos desplazaron a los holandeses en la influencia en la costa malabar.
    La Iglesia sirio-Malankara (dependiente del patriarca miafisista de Antioquía), fue la que con más intensidad ha sufrido divisiones. En 1772, una disputa entre el metropolitano Mar Dionisio y el obispo vicario del patriarca siro-miafisista, Gregorio, concluyó en la ordenación de un monje (Cirilio), como rival del metropolitano. Unas pocas parroquias de Cochin le siguieron, y creó la minúscula Iglesia siro-malabar independiente (también conocida como Iglesia Thozhiyur), que ha tenido relaciones amistosas continuas con las demás Iglesias malabares y con los anglicanos británicos. Actualmente cuenta con no más de 30.000 miembros.

    Con el apoyo de los gobernantes británicos, el protestantismo llegó a la India a principios del siglo XIX. El pastor Claudio Buchanan persuadió en 1806 al metropolitano siro-malankar, Mar Tomás VI, para traducir la Biblia del siriaco al malayalam. Ese año tuvo lugar la “Declaración de Arthat”, que establecía la independencia de la Iglesia sirio-malankar de la autoridad doctrinal o jurisdiccional de Roma o Antioquía. En 1818 el metropolitano Tomás XI, junto al predicador Abraham Malpan “reformaron” la Iglesia siro-malankar en un sentido protestante, con el apoyo de los misioneros anglicanos. No obstante, Tomás XII, en el sínodo de 1836 aprobó el retorno a la obediencia al patriarcado miafisista de Antioquía y las tradiciones doctrinales en el sínodo de Mavelikara. Las disputas continuaron con los seguidores de Abraham Malpan, en 1875 se produjo un cisma y en 1889 un veredicto del rajá de Travancora dictaminó la independencia de la llamada Iglesia siro-malankara de Santo Tomás, que es totalmente protestante y forma parte de la Comunión Anglicana; tiene aproximadamente medio millón de fieles en todo el mundo. En 1961 sufrió a su vez una escisión evangelista llamada Iglesia evangélica de Santo Tomás (unos 50.000 fieles actualmente).


    En 1912 la Iglesia siro-malankara vio una nueva escisión debida a una discusión sobre las prerrogativas del patriarca de Antioquía. Los que reconocían su autoridad plena (el “partido patriarcal”) formó la Iglesia siria-jacobita; la mayoría (partido “metropolitano”) solo reconocía al patriarca la autoridad en asuntos espirituales, y elevó al metropolitano al rango de Catholicos de Oriente para la India, reconociéndose autocéfala. Ambas Iglesias comparten dogmas y rito malankara (variante del siríaco occidental), y han mantenido frecuentes reuniones para reunificarse (lo estuvieron efectivamente entre 1958 y 1975), hasta la actualidad. La Iglesia Ortodoxa Siro-Malankara cuenta con 2,5 millones de fieles, 30 diócesis (incluyendo 3 fuera de la India) y 24 monasterios. La Iglesia Ortodoxa Siro-jacobita tiene 2 millones de fieles, 18 obispados indios y 5 exteriores.
    Uno de los obispos presentes en aquella escisión, Mar Ivanios, fundador de un monasterio y con evidentes inclinaciones a la vida religiosa, llegó a la conclusión en 1930 de que debía entrar en comunión con la Iglesia Católica. Tras realizar su solicitud a Roma, en 1932 la constitución apostólica Christo Pastorum Principi aprobó la creación de la Iglesia católica siro-malankara en comunión con el papa, y la elevación de Mar Ivanios a arzobispo metropolitano de Trivandrum (elevado al título de Catholicos en 2005). En años posteriores, varios obispos de diversas confesiones malabares entraron en esta congregación. Actualmente cuenta con 440.000 fieles, 10 seminarios, dos arzobispados, 6 eparquías y un exarcado en Estados Unidos. En todo es similar a la Iglesia católica siro-malabar salvo en su uso del rito malankar (siríaco occidental). En todo es similar a la Iglesia siro-malankar salvo por su comunión con Roma.

    La Iglesia católica siro-malabar mantuvo mayor unidad, pero no se vio libre de controversias. La demanda de ordenación de obispos locales siguió siendo creciente. Dos representantes viajaron a Roma en 1778, y lograron ser reconocidos sucesivamente como arzobispos de Cranganore. La iniciativa no tuvo continuidad, y cuando una nueva embajada solicitó el nombramiento al Patriarca de Babilonia de los Caldeos, el enérgico Joseph V Audo, este envió a Elías Mello, obispo caldeo de Acra a cumplir la misión en 1874, sin esperar la respuesta (que resultó ser negativa) que el papa Pío IX hubiera de dar a su solicitud. Elías Mello tuvo gran éxito en la ciudad de Thrissur, donde logró que le nombraran obispo. En 1882 fue devuelto a Iraq por unos enviados papales, pero la infraestructura de una diócesis propia ya estaba implantada, y una tercera parte de los feligreses decidieron mantener su independencia y no reintegrarse a la estructura anterior. Tras un peregrinaje que les llevó a intentar ser reconocidos por el arzobispo anglicano de Canterbury, finalmente obtuvieron el placet de Shimun XXI Benyamin, patriarca asirio de Qoochanis, que en 1904 envió un legado que reintrodujo en la diócesis el dogma nestoriano y la liturgia siríaca oriental genuina. Los cambios doctrinales motivaron a muchos fieles a regresar a la Iglesia siro-malabar, pero la minúscula congregación de Thrissur, autodenominada Iglesia caldea siria, ha persistido en el tiempo y tras una breve separación en el siglo XX, se mantiene unida al patriarcado asirio. Cuenta con unos 15.000 fieles.
    Los movimientos identificativos de las particularidades indias han obrado importantes cambios en los últimos cien años, siendo la Iglesia católica siro-malabar pionera en lograr adaptaciones de usos católicos a su propia tradición. En 1896, el delegado apostólico para la India obtuvo permiso para traducir el pontifical romano al siríaco. Desde 1923 se creó definitivamente el “Metropolitano de Todas las Indias”, usualmente elevado al cardenalato por los papas. En 1934 el papa Pío XI retiró cualquier rasgo de latinización como necesario para las Iglesias católicas orientales a pedido de los indios. En 1962 esta fue la primera Iglesia que obtuvo permiso pontificio para emplear la lengua vernácula (malayala) en la liturgia. También se revisó el rito malabar, haciéndolo más fiel a la liturgia siríaca oriental original. La Iglesia católica siro-malabar es la mayor congregación de los nasrani, con 4,2 millones de fieles, repartidos en cinco archidiócesis en Kerala y 25 eparquías “externas” (todas en la India, salvo una en Estados Unidos).

    Para resumir, los cristianos de Santo Tomás en la India (malabares o nasrani) están divididos en:


    Católicos (Siro-malabares, de rito malabar- siríaco oriental; y Siro-malankares, de rito malankar- siríaco occidental), unos 4,6 millones de fieles.
    Miafisistas (Siro-malankares, autocéfalos; Siro-jacobitas, dependientes del patriarca de Antioquía; y Siro-malabares independientes), unos 4,5 millones de fieles.
    Protestantes (Siro-malankares de Santo Tomás, anglicanos, y Evangélicos de Santo Tomas, evangelistas), unos 550.000 fieles.
    Difisistas (Iglesia caldea siria, diócesis de Thrissur, en comunión con el patriarca de la Iglesia asiria), aproximadamente 15.000 fieles.

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    El genocidio asirio



    Para acabar definitivamente con las herencias patriarcales, a la muerte de Yohannan VII en 1838, el legado papal elevó como sucesor al obispo persa Nicolás I Zaya. Los obispos asirios se sintieron ofendidos, y su corto gobierno, hasta su abdicación en 1846, estuvo preñado de conflictos. Fue elegido en su lugar su principal adversario, el obispo Josep VI Audo (1846-1878), monje de Beato Hormisdas. Fue un patriarca enérgico, con fuerte personalidad: obtuvo de los otomanos el reconocimiento de comunidad religiosa oficial, reforzó el poder de los obispos, vivificó la vida monástica, creó el Seminario Patriarcal Caldeo san Pedro de Mosul (escuela de futuros obispos) y convirtió al catolicismo muchas aldeas nestorianas, aumentando la capacidad de la Iglesia Caldea para regirse sin el constante concurso de los legados papales. Fundó el nuevo monasterio de Nuestra Señora de la Simiente, que sustituyó pronto al Beato Hormisdas como centro de la espiritualidad caldea. Tuvo muchos conflictos con la Santa Sede, pero no por motivos dogmáticos sino jurisdiccionales, tanto en la elección de obispos (privilegio que el papa llevaba a cabo escogiendo entre ternas y que el patriarca se resistió a ceder), como en aceptar la constitución Pastor aeternus sobre la infalibilidad doctrinal del papa del Concilio Vaticano I, siendo el último metropolitano en firmarla, en 1872, tras grandes presiones y una carta encíclica de Pío IX, Quae in Patriarchatu, dirigida a los obispos y fieles caldeos. Los principales conflictos los tuvo en su empeño por nombrar obispos y metropolitanos para la Iglesia siro-malankar de la India, contra las disposiciones de la Santa Sede, estando a punto de ser excomulgado en más de una ocasión. Fue sucedido por los más dóciles Eliya XIV Abulyonan(1878-1894); Adishu V Khayyath (1894-1899) y Yousef VI Emmanuel (1900-1947), con el que la Iglesia caldea entró en el conflictivo siglo XX.
    Tanto asirios como caldeos, aunque utilizaban el árabe como lengua vehicular (el siríaco como litúrgica) y se hallaban integrados normalmente en la sociedad iraquí, se consideraban como los herederos de los habitantes originales de Mesopotamia (de ahí el uso de denominaciones pre-islámicas), en cierto modo los auténticos nativos, frente al predominio árabe, que a fin de cuentas sería “extranjero”. Esa conciencia de pueblo (y su fe cristiana) les permitió pervivir a lo largo de los siglos y las numerosas dominaciones de poderes no cristianos, con frecuencia acompañados de discriminación y persecuciones. La Iglesia Caldea fue haciéndose predominante en la rica llanura de Mosul, en el Alto Tigris, mientras el patriarcado asirio quedó confinado a las montañas del norte, en un área de mayoría poblacional de los kurdos, otro pueblo nativo, fanáticamente sunní. Con frecuencia, bandas kurdas lanzaron desde la década de 1840, ataques a pueblos cristianos (tanto asirios como armenios), en los que no faltaron saqueos, conversiones forzadas y martirios, con la complacencia de las autoridades otomanas.

    La Primera Guerra Mundial estalló en 1914. El Imperio otomano se alineó con las Potencias Centrales (El Imperio Alemán y el Imperio Austro-húngaro) contra el zar de Rusia (que se había declarado protector de todos los cristianos orientales), y declaró la guerra santa (jihad) dentro de sus fronteras. Derivadas de esa orden, tuvieron lugar en los siguientes años una serie de matanzas de cristianos, conocidas como los genocidios armenio, griego, póntico y asirio.
    A partir de julio de 1915, están documentadas las primeras órdenes de masacres (llamadas literalmente “limpieza de cristianos”), por columnas del ejército dirigidas por los gobernadores militares, inicialmente en los vilayatos de Diyarbakir, Mardin y el lago Van. Más de 300.000 armenios y unos 25.000 asirios fueron asesinados sólo en ese verano, incluyendo dos metropolitanos de la Iglesia católica Caldea. Las matanzas continuaron esporádicamente, y a partir de 1918, cuando ya se atisbaba la derrota del sultán en la guerra, una nueva ola de terror se desató, esta vez por parte de bandas de kurdos y circasianos armados por el gobierno. Los asirios presentaron una resistencia organizada por su Mar Shimun XIX Benyamin. Los combates fueron duros, y el patriarca murió en una emboscada en marzo de 1918, junto a 2.800 personas (incluyendo mujeres y niños no combatientes torturados o violados previamente) en Khoi. Aunque obtuvieron algunas victorias, los asirios fueron finalmente arrollados por la superioridad musulmana, y muchos pueblos quedaron desiertos, bien por las matanzas o por el exilio hacia el sur de sus habitantes. Ese mismo año, 30.000 asirios de Irán fueron deportados a un campo de concentración en Babuqa (Iraq), de los cuales casi un tercio murieron durante el traslado, víctimas de ataques de bandidos árabes o por las malas condiciones. Entre ellos estuvo el patriarca asirio, Shimun XX Paulos (1918-1920), hermano de Benyamin.

    El descubrimiento de campos de petróleo en las llanuras de Mosul fue providencial: tras la derrota del Imperio otomano, el Reino Unido exigió que esa provincia fuese unida al protectorado británico de Irak, y allí pudieron instalarse los refugiados de las montañas del norte. Se calcula que de los 750.000 asirio-caldeos que vivían en el Imperio otomano e Irán en 1914, casi 250.000- una tercera parte- murieron en el genocidio. Muchos de los militares otomanos que participaron en las masacres formaron parte del grupo de jóvenes oficiales turcos que se hicieron con el poder del imperio de la mano de Mustafá Kemal Atatürk tras la guerra. Seguidores del nacionalismo exacerbado que se puso de moda en Europa a partir de la década de los años 20, convirtieron en norma la limpieza étnica de cristianos en el país. Los cristianos de Oriente no pudieron volver a las montañas del sur de la nueva República de Turquía, donde habían tenido su hogar inmemorial. El patriarcado de la Iglesia ortodoxa asiria se trasladó a Mosul, donde tuvieron su sede ambos patriarcados durante un tiempo.

    _
    La Iglesia de Oriente en la actualidad



    Las comunidades cristianas vivieron en paz mientras Iraq fue un protectorado británico. En 1932 obtuvo la independencia (tutelada por el Reino Unido, al que seguía interesando el petróleo local), como una monarquía de la dinastía árabe Hachemita. El patriarca nestoriano, Shimun XXI Eshai (1920-1975), temeroso de las represalias de los musulmanes, trasladó la sede a Chipre, siendo la primera vez en la historia que salía de Mesopotamia. Él mismo se trasladó pronto a Estados Unidos, donde muchos asirios se habían exiliado tras el genocidio, y a partir de 1954 la sede patriarcal estuvo radicada en San Francisco (California).
    En 1964, el patriarca Shimun XXI Eshai decidió sustituir el viejo calendario juliano por el gregoriano, empleado en la mayor parte del mundo. Un asunto tan aparentemente menor (junto al hartazgo con el sistema de linaje familiar) sirvió a un grupo de prelados ortodoxos asirios, descontentos con el patriarcado en el extranjero, para crear la cismática “Antigua Iglesia de Oriente”, basada en Bagdad. Su primer Catholicos fue el metropolitano oriental de la India, Tomás Darmo (1968-1969), a quién sucedió Addai II Giwargis (desde 1970). Esta comunidad (que cuenta actualmente unos 100.000 miembros), alumbró una modesta expansión, con una completa organización eclesial, incluyendo eparquías exteriores (sobre todo en el sudeste asiático). Desde los años 90, con varios trasvases de obispos entre la Iglesia asiria y esta, las relaciones han mejorado. En junio de 2010 adoptó el calendario gregoriano (excepto para la Pascua), en lo que se ha entendido como un signo de acercamiento y posible reunificación con la Iglesia Asiria, estando planeado un sínodo conjunto para la reconciliación.

    Las desavenencias dentro de la Iglesia Ortodoxa Asiria se incrementaron a partir de la década de los años 60, cuando muchos deseaban acabar con el sistema hereditario, y devolver el patriarcado a Irak. Shimun XXI Eshai se planteó dimitir, pero desgraciadamente, su gobierno terminó con su asesinato a manos de un agente asirio disidente en noviembre de 1975 en su casa de san José (California). Los obispos asirios, reunidos en un sínodo en Londres en 1976, eligieron a Dinkha IV (que todavía ocupa la silla patriarcal) para sustituirlo, acabando con 470 años de principio hereditario en el linaje patriarcal “de Shimun”. Ha establecido su sede en Chicago (Ilinois), aunque dialogó con la autoridad kurda de Irak en vistas a retornar a Ia Asiria histórica. Se ha destacado por defender la personalidad del pueblo asirio (aunque, a diferencia de los kurdos, no pide un estado-nación, como ya solicitan algunos nacionalistas asirios), y por buscar el entendimiento tanto con la Iglesia Católica Caldea como con el papa. Como resultado, han tenido lugar varios encuentros personales, así como el permiso de los seminaristas asirios para estudiar en colegios y universidades católicas en Irak y Roma. También ha buscado el acercamiento con las Iglesias miafisistas (coptos, jacobitas), con las que ha pactado un levantamiento de anatemas mutuos, así como con la Antigua Iglesia de Oriente. Incluyendo la diáspora en Siria, Escandinavia y Estados Unidos, la Iglesia Ortodoxa Asiria reúne entre 400 y 500.000 fieles.


    La situación de la Iglesia Católica Caldea fue mejor, y se ha convertido en la principal y mejor organizada de todas las cristianas de Irak. Yousef VII Ghanima, patriarca de Babilonia de los Caldeos entre 1947 y 1958, trasladó nuevamente la sede patriarcal a Bagdad, muy cerca de la histórica Ctesifonte-Seleucia y la no menos legendaria Babilonia, casi cuatro siglos después. Fue sucedido por Pablo II Cheiko (1958-1989) y Raphael I Bidawid (1989-2003). Tras la caída de la monarquía hachemita en 1958 y el ascenso al poder del partido panarabista nacionalista Baaz en 1963, se conformó una república laica de corte nasserista (socialista), cuya constitución anuló el papel de la religión en favor del nacionalismo árabe. Supuso la elevación de los cristianos al papel de ciudadanos (teóricamente) al mismo nivel que los musulmanes. El presidente Saddam Husein tuvo a un católico caldeo, Tariq Aziz, como ministro de exteriores, durante el largo periodo de guerra con la República Islámica de Irán.
    El derrocamiento del partido Baaz tras la invasión de Irak por una coalición internacional occidental en 2003 dio comienzo a una larga guerra civil que todavía sigue latente en nuestros días, entre chíitas, sunnitas y kurdos. La comunidad de la Iglesia caldea sumaba antes de la guerra unos 600.000 fieles, sobre todo en el norte, en la llanura de Mosul. Muchos de ellos han emigrado debido a los atentados y secuestros de grupos islamistas, asentándose sobre todo en Norteamérica y Oceanía, donde se han establecido eparquías exteriores para atenderles según sus ritos litúrgicos y tradiciones. Actualmente, se considera que viven en Irak unos 500.000 fieles.

    Tanto el cardenal Emmanuel III Delly (2003-2012), como su sucesor actual en el patriarcado de Babilonia de los Caldeos, Louis Raphael I Sako (elegido por los obispos caldeos en un sínodo en Roma), han procurado fortalecer la Iglesia restaurando iglesias, colegios y monasterios, mantener buenas relaciones con los jefes musulmanes moderados, fomentar la reconciliación nacional y evitar a toda costa el exilio de cristianos hacia Occidente, lanzando continuas peticiones al resto de católicos para que intercedan por ellos.

    _
    Ecumenismo. La reunificación de la Iglesia de Oriente



    Una de las principales iniciativas de los últimos patriarcas caldeos y la Santa Sede ha sido profundizar en las relaciones con la Iglesia Ortodoxa Asiria en busca de una reunificación. En una entrevista en 2003, Emmanuel III afirmaba que el nombre de caldeos era una tradición bíblica, pero que tanto él como su comunidad se consideraban de etnia asiria, como sus hermanos nestorianos.
    El 11 de noviembre de 1994, el papa Juan Pablo II y el patriarca Dinkha IV de la Iglesia Ortodoxa Asiria firmaron una Declaración Cristológica Común, en la que se afirma que “El Verbo, la Segunda Persona de la Santa Trinidad, se encarnó […] en la Virgen María como un cuerpo animado por un alma racional, con el cual estuvo indisolublemente unido desde su concepción. Así pues, Nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, consubstancial con el Padre y consubstancial con nosotros en todo salvo el pecado. Su divinidad y su humanidad están unidas en una sola persona, sin confusión ni cambio, sin división ni separación. En él se han preservado la diferencia de naturalezas divina y humana, con todas sus propiedades, facultades y operaciones. […] La divinidad y la humanidad están unidas en la persona del mismo y único Hijo de Dios y Señor Jesucristo, que es objeto de una sola adoración. Cristo en sí mismo no es un “hombre ordinario” que Dios adoptó para residir en él e inspirarle, como en los justos y los profetas.” También se estableció una declaración común sobre la maternidad divina de María, el gran motivo para la excomunión de Nestorio: “La humanidad a la cual la Bienaventurada Virgen María dio a luz siempre fue la del mismo Hijo de Dios. Esa es la razón por la que la Iglesia Asiria de Oriente reza a la Virgen como Madre de Cristo nuestro Dios y Salvador. A la luz de la misma fe la tradición católica se dirige a la Virgen María como la Madre de Dios y la Madre de Cristo. Reconocemos la legitimidad y derecho de estas expresiones de la misma fe y ambos respetamos las preferencias de cada Iglesia en su piedad y vida litúrgicas.”

    Esta declaración, de inequívoco trasfondo católico, en lo tocante a la maternidad divina de María sortea las discrepancias evitando la terminología teológica clásica para realizar una definición aceptable por ambas Iglesias. Solventa el principal principal obstáculo dogmático para el reconocimiento mutuo.


    Desde ese momento, se creó una comisión teológica mixta de ortodoxos asirios y católicos caldeos, que en noviembre de 1996 elaboró un documento de proposiciones comunes que firmaron ambos patriarcas y aprobaron en 1997 los sínodos respectivos, en vistas a una progresiva restauración de la unidad. Fruto de ella, en enero de 2001 la Santa Sede declaró que la anáfora de Addai y Mari puede ser considerada válida en razón de su vinculación con las primeras comunidades, por la preservación sincera que ha hecho la Iglesia de Oriente del sentido auténtico de la eucaristía, y porque aunque las palabras de la consagración no sean citadas expresamente, su sentido está inserto en otras expresiones de la misma. Por su parte, el sínodo ortodoxo asirio de 1978 en Bagdad autorizó a sus sacerdotes a introducir la recitación de la instauración eucarística en la consagración de Addai y Mari cuando había fieles caldeos en la asamblea.
    Asimismo, en 2010, el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los cristianos elaboró una guía para la admisión eucarística entre ambas comunidades, pensando sobre todo en aquellos que se hallan en la diáspora y no encuentran con facilidad un sacerdote de su rito y obediencia. En ella se reconoce la sucesión apostólica y la validez de los sacramentos de la Iglesia de Oriente (en la que subsiste la Iglesia Ortodoxa Asiria), y se acepta la recepción de la Comunión de la otra Iglesia, si no es posible hallar una eucaristía de la propia.

    Actualmente, la unificación de la Iglesia Ortodoxa Asiria con la Católica Caldea es una de las más avanzadas del proceso de ecumenismo. Si Dios quiere, en unos años podremos ser testigos de ese fausto reencuentro cuando queden borradas las huellas del cisma de 486, y la Iglesia Asiria de Oriente, renacida, esté en plena comunión dogmática y disciplinar con la Santa Sede romana. A mayor gloria de Dios.
    Invito a rezar por ello.
    _

    BIBLIOGRAFÍA


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    Yacoub, J. Babylone chrétienne: géopolitique de l´Église de Mésopotamie. 1996


    ENLACES:

    La Iglesia de Oriente I
    La Iglesia de Oriente II
    La Iglesia de Oriente III
    La Iglesia de Oriente (y IV)
    ALACRAN dio el Víctor.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







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