Muy similar a lo que ocurrió hace siglos cuando los sacerdotes jesuitas que fueron a China en el siglo XVI recomendaron al papa de Roma que Confucio fuera canonizado como “santo” de la Iglesia Católica Romana.
Hubiese sido también escandaloso en aquella época que la Iglesia hubiese canonizado a un pagano, aunque tuviese bastante sabiduría.
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