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Tema: El Vizcondado de Iznájar

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    El Vizcondado de Iznájar

    Lunes 19 de Mayo de 2003

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    LA VILLA DE IZNÁJAR

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    EL VIZCONDADO DE IZNÁJAR

    D. Pedro Fernández de Córdoba no solo era alguacil mayor de Iznájar sino también su alcaide. Había sido elegido para suceder en los cargos a su padre, el primer señor de Baena. Ejerciendo como Mariscal de Castilla, estuvo al servicio de D. Juan II y fue ayo de su hijo Enrique, que más tarde había de reinar como Enrique IV. Muy poco estuvo al frente del alguacilazgo de Iznájar, murió en Segovia en septiembre de 1.435, dos meses antes que su progenitor. El mismo día de su muerte será su hijo, D. Diego Fernández de Córdoba y Montemayor, III señor de Baena, quien al heredar los distintos oficios y cargos del padre pasará a detentar la alcaidía de Iznájar. De forma oficial, el 15 de Noviembre, en Arévalo (Ávila), el rey D. Juan II, le otorgaba cartas de merced con los oficios de alguacil mayor y alcaide de la villa de Iznájar. Antes de la muerte del padre ya venía ejerciendo estos oficios, junto al de Mariscal de Castilla, título que el mismo rey le despachó en Segovia el 20 de diciembre de 1.435 "por facer bien e merced a vos Diego de Córdoba, fijo de Pedro Fernández de Córdoba, mi alguacil mayor que fue de la dicha ciudad, acatando los buenos servicios que el dicho Pedro Fernández fizo a mí e al Principe don Enrique mi fijo."

    D. Diego ampliaría el señorío de Iznájar conquistando la villa de Zexna (Fuentes de Cesna) en 1.435 y el Castillo de Pesquera en 1.436. Estas conquistas originarían años mas tarde diversos pleitos por la delimitación del término con los repartidores de Loja. En 1.444, toma partido por el bando de los príncipes de Aragón perdiendo, entre otros muchos privilegios, la alcaidía de Iznájar, pues una escritura fechada en Córdoba el 18 de febrero de 1.463 confirma que "Rui Mendez de Baena, alcayde de Iznájar por el rey, tomó pleito omenage de Don Diego Fernández de Córdoba, Mariscal de Castilla, señor de Baena y Cabra cuando se la entregó", lo que induce a pensar que Iznájar había pasado a jurisdicción real.

    Luego de algún tiempo volvió a congratularse con los reyes participando en la reducción de Écija en 1.445 y brillantemente en la toma de la villa de Atienza en 1.446. Con la muerte de Juan II en 1.454 y la subida al trono de su hijo, Enrique IV, nuestro personaje va a ver aumentado su prestigio en la corte castellana con dos nuevos títulos nobiliarios; Conde Cabra y Vizconde de Iznájar. En abril de 1.455 el rey Enrique IV realiza una expedición a la vega granadina limitándose a algunas talas y correrías. A su regreso fue muy festejado en Baena por D. Diego y llegando a Jaén le despachó el titulo de Conde de Cabra el 2 de Septiembre de 1.455.

    “E por vos facer bien e merced, mi voluntad es de vos facer e fago Conde de vra. villa de Cabra e quiero e es mi md. q de aquí en adelante seades llamado e intitulado e os llamo e intitulo por la presente Don Diego Fernández, Conde de Cabra.”

    El Conde participó en las expediciones castellanas de 1.456 por las campiñas de Lora, Antequera y Archidona y en 1.457 en el asalto de la villa de Jimena. Estuvo presente en la toma de Archidona en 1.464, distinguiéndose especialmente. Por este motivo una Cédula Real dada en Olmedo el 3 de noviembre le premia con la villa de Castro del Río con su fortaleza, pechos y derechos y jurisdicción alta y baja, civil y criminal, etc. Durante la guerra civil desatada en Castilla en 1.464, con la degradación de Enrique IV y la coronación de su hermano el Príncipe don Alonso, nuestro Conde tomó partido por Enrique IV, sus hijos tomaron Écija y la pusieron en obediencia al rey. Como premio el 23 de Octubre de 1466, Enrique IV le hizo merced de la villa de Iznájar.






    “Considerando los muchos e buenos e leales e continuos servicios que vos, Don Diego Fernádez de Córdova, Conde de Cabra, mi vasallo e de mi Consejo me avedes fecho e facedes de cada día, especialmente después que los movimientos presentes se comenzaron en mis Reinos i los traxos i peligros que avedes pasado por sustentar mi voz e opinion en el reyno de Andalucia , e tomar la ciudad de Ecixa para mi que por los Caballeros mis rebeldes estaba ocupada, e los daños que por ello a vuestra tierra e vasallos sean fecho, que ami son notorios e conocidos e por tales los quiero e alego. E para que aya alguna enmienda e remuneración e pago e satisfacción dellos ...”

    Por tanto al conceder para él y sus herederos y sucesores por juro de heredad, para siempre jamás la villa de Iznájar, frontera de los moros, con toda su tierra, término y jurisdicción, junto con los lugares de Rute y Zambra, que dependían de Iznájar al haber tomado partido su señor Yañez de Barrionuevo por el infante Alfonso, le nombra Vizconde de Iznájar.

    “Don Enrique considerando los muchos e buenos e leales e señalados servicios que vos Don Diego Fernández de Córdoba Conde Cabra mi Vasallo e del mi Consejo me avedes fecho e facedes cada día e por Vos mas honrar e decorar e acrecentar vuestra casa e estado, por la presente vos fago e crio Vizconde de la Villa de Iznaxar de que vos yo agora fize merced e quiero e es mi merced que de aquí en adelante vos e quel o aquellos que de Vos la dicha Villa de Iznájar eredare, ayades e tengades la dicha villa, e con el dicho titulo de Vizconde, e gocedes e vos sean guardadas todas las honras e gracias e mercedes e franquezas, libertades, preeminencias, dignidades , prerrogativas , esenciones, inmunidades e todas las otras cosas e cada una dellas de que an e gozan e son guardadas a los otros Vizcondes de mis reynos, vos sea fecha la salva e ceremonias, e seades servido con todos los otros autos e cosas que según derecho e leyes de mis reynos poderes e debedes ser servido, o yo por la presente os fago e crio por Vizconde de la dicha villa de Iznaxar, igual para todo lo susodicho de los otros Viscondes de los dichos mis reynos.”

    A la muerte de Enrique IV y con la proclamación como reyes de don Fernando y doña Isabel se producen nuevas insurrecciones en las que nuestro Vizconde se encuentra al servicio de los nuevos monarcas. En 1.475 el Maestre de Calatrava, Tellez Girón, se había apoderado del Alcázar de Baena, al cual había puesto cerco el Conde con su gente. Tras seis meses de asedio el concejo de Baena solicitaba a los Reyes la venta de algunas cosas y heredades de la ciudad para poder finalizar con éxito el cerco. Enrique de Figueredo con otros rebeldes tomó la fortaleza de Sabiote en el obispado de Jaén y el Conde junto a otros leales a los reyes salió al campo de batalla prendiendo al insurrecto por lo que fue recompensado por la propia reina Isabel, el día 30 de marzo de 1.476, con el Brial y la ropa que ella vistiese el día primero de Pascua de cada año para su mujer y las demás condesas que la sucediesen. En 1.478 participó en las negociaciones de treguas con el rey granadino Abulhacén. Otorgó testamento el I Vizconde de Iznájar en Baena, el 16 de agosto de 1480, ratificándolo el 17 de enero de 1.481, dejando a su primogénito D. Diego los mayorazgos de Baena, Cabra e Iznájar y vino a morir el 16 de Agosto de 1.481. De esta forma nuestra villa junto con los lugares de Rute y Zambra quedarán vinculadas por testamento al mayorazgo de la Casa de Cabra, manteniéndose el dominio señorial sobre estas tierras hasta el siglo XX.






    LA CASA DE CABRA

    Fue el fundador de la Casa de Cabra D. Diego Fernández de Córdoba y Carrillo, hijo tercero de Gonzalo Fernández de Córdoba, padre del primer alcaide de Iznájar y abuelo del primer Vizconde, I Señor de Baena, Alcaide de Cabra, primer Alguacil Mayor y Alférez Mayor de Córdoba. Creador del escudo de armas que portan los Condes de Cabra y Vizcondes de Iznájar.

    Don Juan I, en 1.382, le nombró Mariscal de Castilla, oficio militar instituido poco antes. Habiendo recibido de su padre la heredad de Baena, el mismo rey D. Juan I le hizo donación de su Señorío el 4 de mayo de 1.386, confirmada después esta merced por su sucesor Enrique III, el 5 de Febrero de 1.394, en agradecimiento por sus servicios en la campaña de Portugal. En 1.405 el rey Enrique III le concedió la tenencia de la villa de Cabra, entonces frontera de los moros, para protegerla de sus correrías, cuya posesión tomó el día 15 de abril. Muerto el rey, durante la minoría de edad de su hijo D. Juan II, se le concedió merced para poblar la heredad de Doña Mencía en 1.415. A la muerte de su padre, D. Gonzalo, recibió el nombramiento de Alguacil Mayor de Córdoba, oficio calificadisimo y de grandes preeminencias, en el que sustituyó a su progenitor. Fue también Rico hombre y como tal confirmaba privilegios.

    Estuvo casado dos veces y de ambos matrimonios tuvo sucesión. El primero con Sancha de Rojas Díaz Palomeque, descendiente de la casa y solar de Rojas en Castilla, octava señora de Pozas, hija de Sancho Sánchez de Rojas y de doña Juana de Toledo Palomeque. Fruto de este matrimonio nacieron los siguientes hijos: Juan Rodríguez de Rojas, Pedro Fernández de Córdova, Sancho de Rojas, Juana de Córdova y Gonzalo, Maria e Isabel, que murieron niñas. Muerta doña Sancha, en marzo de 1.393, el Mariscal contrajo un segundo matrimonio con doña Inés de Ayala, señora de Casarrubios del Monte, hija mayor primogénita de Pedro Suarez de Toledo y de doña Juana de Orozco. De su unión con ella nació doña Marina de Córdoba y Toledo. Antes de casar tuvo fuera de matrimonio dos hijos, uno de ellos, Fernando Alfonso Carrillo de Córdoba, que dio origen al apellido de Carrillo de Córdoba.


    El Mariscal, nacido pobre como él mismo afirmaba en su testamento, llegó a acumular tantas propiedades que se cuenta tuvo bajo su nómina a numerosos caballeros y criados, llegando a pagar por este concepto una cuantiosa suma de maravedíes. Con todas ellas estableció dos mayorazgos; la Casa de Poza en su hijo primogénito y para el segundo la Casa de Cabra. Tenía poder de su primera mujer doña Sancha de Rojas para poder testar por ella y fundar mayorazgo con sus bienes. Los mismos fueron incrementados con Villaquirán, Casa de Vascones, Revenga y Villacisla, bienes heredados de su madre doña Maria García Carrillo, fundando mayorazgo en Juan Rodríguez de Rojas, su primer hijo, que recibió las armas y el apellido de Rojas de la madre. Esta fundación se realizó el 17 de Enero de de 1.423, en Córdoba, fecha de su primer testamento, confirmada después en el segundo el 8 de Marzo de 1.427, en la misma ciudad. De este caballero proceden los sucesores de esta casa que con el tiempo llegaron a ser los Marqueses de Poza para unirse nuevamente con la Casa de Cabra-Iznájar.

    Para el segundo de sus hijos, D. Pedro Fernández de Córdova, fundó el mayorazgo de Baena con las demás heredades y posesiones. Este hijo, a quién el Mariscal tenía en gran estima, fue el elegido para sucederle en el apellido Córdova y en los bienes principales de su Casa. Para evitar conflictos con demás hijos hizo que la villa de Baena le rindiera pleito homenaje antes de su muerte, ejecutándose el mismo el 1 de Enero de 1.427. Dos meses mas tarde, el 8 de marzo, otorgaba testamento a favor de su hijo Pedro Fernández y el 10 de Junio de 1.431 despacha un mandamiento a Baena donde ordena al Alcaide, Concejo, Alcaldes y Oficiales y Jurados, Alguacil, Caballeros, Escuderos y Hombres Buenos de la villa que a Pedro Fernandez, su hijo, Alguacil mayor de Córdoba, lo hubiesen y tuviesen por su señor y le nombrasen por tal en los oficios que eligiesen, y en la ejecución de justicia, el hacimiento de rentas, etc. Era su deseo que todas las mercedes y oficios que disfrutaba pasasen a este hijo. Consiguió del rey que despachara una cedula en Valladolid el día 7 de mayo de Mayo de 1.429 otorgando Cabra a Pedro Fernández, villa a la que él previamente había renunciado en favor de su hijo. Renunció también al oficio de Mariscal para que el rey concediera el mismo a su hijo, aunque no por ello dejó de llamarse Mariscal y continuó firmando privilegios. Lo único que no pudo conseguir para este hijo es que le alcanzase de días pues murió en Septiembre de 1.435, dos meses antes que el padre.

    Murió D. Diego en noviembre de 1.435 y fue enterrado en la Iglesia de San Hipólito de Córdoba. El padre había comparado el 27 de Agosto de 1.375 en 3.000 maravedíes los derechos a enterramiento en el Presbiterio de la Real Colegiata de San Hipólito. En el brazo derecho de la planta de cruz, hay dos sepulcros de estilo renacimiento, pero del siglo XVIII, y sobre ellos dos escudos heráldicos. Estas criptas corresponden a don Diego Fernández de Córdoba y a doña Sancha García de Rojas, su primera esposa. El blasón de la izquierda, con las tres bandas y los castillos, representa las armas de D. Diego y el del lado derecho con las cinco cornejas son las armas de Doña Sancha.

    arriba



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    ARMAS Y BLASÓN DEL VIZCONDE DE IZNÁJAR

    El escudo de armas del linaje Cabra-Iznájar es el organizado por D. Diego Fernández de Córdoba y Carrillo. Se describe como un escudo cuartelado donde el primer y cuarto cuartel traen en campo de oro tres fajas de gules, y el segundo y tercero en campo de gules un castillo de oro, aclarado de azur. En heráldica normalmente en el 1º y 4º cuartel se incluyen las armas del padre. Las tres bandas rojas (gules) pertenecen al linaje de los Córdoba, distintivo usado por su padre D. Gonzalo Fernández de Córdoba. Estas armas, que usan todas las ramas derivadas de este linaje, proceden del fundador de la Casa de Córdoba, el adalid Domingo Muñoz. Conmemoran la toma de Córdoba por los cristianos, cuando el Rey D. Fernando con la mano mojada de sangre se acercó a un Caballero que estaba herido y pasó la mano por su escudo. Solo quedó manchado con tres dedos. De ahí la razón de la tres bandas que representan la Escala y significa la subida peligrosa y honorable por ser el que primero subió y entró al muro y quebrando la Escala o la quemó o la tomó, por cuya causa fue defendida la villa, ciudad o fortaleza. El color rojo significa efusión de sangre, aridez en las guerras, altera, caridad, alegría, victoria y es el primero de los usados en las Armerías. El oro (amarillo) del campo (fondo) entre los metales es el mas preciado, simboliza el sol, el león, el fuego, la caridad y la nobleza. Los que llevan este metal en su escudo están obligados a servir a sus soberanos cultivando las bellas letras.

    En el 2º y 3º cuartel se representan las armas de la madre. El castillo que vemos en el blasón de nuestros vizcondes corresponde con las armas de la madre doña María García Carrillo. Estas son las pertenecientes al linaje Carrillo que provienen de su abuelo Don Pedro Ruiz-Carrillo, primer Señor de Villaquirán, Rico-Hombre de Castilla y Alférez Mayor del Rey Alfonso XI en la batalla del Salado. Sus armas son en campo de gules un castillo de oro aclarado en azur. El rojo del campo simboliza el fuego, la fortaleza, el valor, la fidelidad, la alegría y el honor. Los que traen este color en sus armerías están obligados a socorrer a los oprimidos injustamente. El Castillo por su tamaño y fortaleza, es símbolo de grandeza y poder, empleados en la defensa de los aliados. Otra rama de esta familia, los Carrillo de Córdoba presentan escudo partido donde el 1º de los cuarteles trae las armas de los Carrillo, que son los castillos y el 2º trae en campo de oro tres fajas de gules, que es de los Córdoba, que se puede confundir fácilmente con los de nuestros vizcondes, al representar las mismas figuras pero cambiadas de posición en el blasón.

    Muy raramente los Reyes otorgaron armas nuevas a algunos nobles debido a hechos excepcionales, como ocurrió en el caso de nuestros Vizcondes. Siendo titular el segundo de ellos, D. Diego Fernández de Córdoba, se le concedió llevar en la punta del escudo, cortado de plata, el busto del rey moro de Granada Boabdil el Chico, encadenado por el cuello a una cadena moviente del blanco siniestro, colocando alrededor del blasón las veintidós banderas que fueron tomadas a los moros en la batalla de Lucena. En la bordura trae una leyenda que dice sine ifso factum est nihil , que significa sin él nada se pudo hacer.

    Este privilegio le fue concedido al II Vizconde de Iznájar, en abril 1.483, por la reina Isabel la Católica cuando las tropas del Conde junto a las del Alcaide de los Donceles, su sobrino, derrotaron e hicieron preso al rey de Granada y su suegro Aliatar. Precisamente la batalla se dio en el término de Iznájar. Como curiosidad sobre la leyenda que trae en la bordura se cuenta que el Alcaide de los Donceles añadió por divisa del escudo la frase "Omnia per ipso facta sunt", que está tomada, aunque algo modificada gramaticalmente con usos tardíos del latín, del prólogo del Evangelio de San Juan, Omnia per ipsum facta sunt, I3, y que alude a esta batalla, en el sentido de que él mismo lo hizo todo en ese hecho de armas, de acuerdo con la traducción "Todo se hizo por él".

    A su vez, nuestro Vizconde tomó como lema para su escudo parte del versículo siguiente del mismo lugar de los Evangelios "Et sine ipso factum est nihil", también en referencia clara al mismo hecho, indicando que: "Y sin él nada se hizo". Existe otra versión del lema del escudo, según la cual el Alcaide había sacado su mote latino de una carta de San Pablo a los Corintios, ligeramente distinto, pero con el mismo sentido: "Haec omnia operatur unus", I Ad Corintios, 12, 11, que puede traducirse como "Estas cosas las ejecuta uno", a lo que el Conde de Cabra respondió con el texto de San Juan, tácita rectificación de lo anterior
    Última edición por Ordóñez; 19/07/2006 a las 13:52

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