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Tema: Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo

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    Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo

    Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo (1968)

    Tras la muerte en tiroteo del etarra Echevarrieta, asesino del sr. Pardines, guardia civil de tráfico, primer asesinado oficial de ETA (primavera de 1968) comenzaron a decirse “misas” a diestro y siniestro por la geografía vasca (es decir mítines separatistas y pro-terroristas bajo cobertura “religiosa”) en honor del etarra fallecido; a la vez que aparecían inverosímiles complicidades clericales (depósitos de armas en sacristías, ocultación de terroristas en conventos…) comenzando el goteo de curas y religiosos de la región vasca que comenzaban a ser procesados y enviados a la cárcel “concordataria” de Zamora.

    Además del Régimen, aquellos frailes y curas vascos revoltosos hasta entonces contaban con el disgusto y la condena del “conservador” mons. Pablo Gúrpide, obispo de Bilbao (por entonces ya gravísimamente enfermo y que moriría durante la revuelta). Aquel venerable prelado pasó a ser objeto de la ira y las protestas de aquellos curas gamberros, varios de los cuales “okuparon” el seminario de Derio para pedir su dimisión y otras reformas político-religiosas disparatadas (amparados en las tesis del entonces reciente Vaticano II), con toda publicidad, descaro y escándalo.

    Una vez fallecido mons. Gúrpide, los revoltosos se saldrían con la suya; cesaron en la okupación del seminario de Derio y poco antes del fin de aquel 1968, el papa Pablo VI, por su cuenta, les “premió” con un “administrador apostólico” a su medida: el tristemente famoso y proetarra Cirarda (obispo entonces de Santander). Así evitaba Pablo VI el engorro de nombrar un obispo titular que, por haber debido ser acordado con el Régimen de Franco (como establecía el Concordato de 1953), hubiera dado un enfoque conservador al asunto.

    Una vez nombrado Cirarda, cómplice de los curas gamberros, ya podía decirse que, oficialmente, la Iglesia vasca era separatista y pro-etarra; dado que al obispo Argaya de San Sebastián también le iba la marcha.

    Pocos años después, los obispos Añoveros, en Bilbao, Setién en San Sebastián y el granadino Asensio, en Pamplona, completarían el trío calavera de la iglesia proetarra-antifranquista, teledirigidos por el nuncio Dadaglio en Madrid y “Su Santidad” Pablo VI en Roma.



    Pueden interesar estos hilos ya enviados:


    Listado (no exhaustivo) de actos subversivos del Clero contra Franco (1963-1975)

    y

    Vandalismo sacrílego de curas pro-etarras en la cárcel de Zamora (año 1973)


    .
    Última edición por ALACRAN; 02/12/2023 a las 21:31
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo

    Comentarios ante la okupación del seminario de Derio (Bilbao) por una cuarentena de curas contra su obispo, mons. Gúrpide :


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 97, 16-Nov-1968

    Soviet de curas en Bilbao

    Los soviets de obreros y de campesinos fueron el procedimiento de encuadramiento y acción que permitió a la minoría bolchevique hacerse con el Poder en Rusia, tras lo que se implantó la llamada “dictadura del proletariado”, que cuando ha coronado ya los cincuenta años de vida (1968) no presenta síntoma alguno de querer dar paso a la “libertad” en cuyo nombre se convocó a las masas.

    Más adelante hemos visto actuar a los soviets de estudiantes, especie de relevo en los países desarrollados, cuando los obreros y campesinos han comenzado a perder el interés por las barricadas y por las dictaduras de un “proletariado” en el que no se sienten incluidos.

    Lo que faltaba por verse era un soviet de curas, aunque eran notorios los síntomas de que cualquier día podía aparecer. Y así ha ocurrido en Bilbao, donde cuarenta clérigos, reunidos en un soviet (lo llamen ellos como lo llamen, si es que lo llaman de alguna manera) han ocupado un seminario, igual que los soviets de obreros ocupaban las fábricas en Rusia; los de campesinos, las fincas, y los de soldados, los Regimientos. Las ideas, los motivos alegados e incluso circunstancias concretas puede que sean diferentes, pero, en el fondo, el procedimiento es el mismo: sustitución de la autoridad legítima por la “revolucionaria”, desafío a las normas de derecho y voluntad de imponer “por la brava” el programa del partido. Todo muy evangélico, muy profético, muy carismático, muy posconciliar.

    Puede que no falte quien considere excesivo calificar de soviet lo que para muchos no pasa de ser una gamberrada clerical. Pero los hechos son así, y no vale disimularlos. La prudencia que tantas veces ha aconsejado tapar las debilidades de un sacerdote en beneficio de su ministerio, en este caso no puede ser reclamada, ya que el escándalo está en la calle, libre y voluntariamente provocado por los culpables. La prudencia en este caso exige la condena de tales actos con la misma publicidad con que han sido cometidos. Otra cosa sería hacerse cómplice por silencio.

    Si la ilegal ocupación de un seminario, en contra de la voluntad de su obispo, por un grupo de clérigos es por sí sola condenable, cualesquiera que fueran los motivos alegados, mucho más lo es cuando, como ocurre en este caso, las razones que se alegan no son honorables. Se trata, según manifiestan los mismos protagonistas, de imponer una línea socio-pastoral al obispo y de forzar su dimisión. Y todo porque no se ha prestado a servir de amparo para las actividades políticas de un grupo de clérigos, que, escudándose tras sus hábitos y los privilegios concordados, atacan algo tan sagrado como son la unidad de la Patria, el orden, la paz y la propia vida de sus ciudadanos. Curiosa pastoral la que quieren imponer estos clérigos, que prefieren la metralleta al crucifijo, elogian a los asesinos y menosprecian a sus víctimas.

    Ha sido la “Revista Internacional”, de Praga (Checoslovaquia comunista), la que en su número de agosto del presente año, al exponer las experiencias de los comunistas españoles, escribía: “Los curas progresistas desempeñan cada día un papel más importante en la lucha contra la dictadura. Existe ya un auténtico movimiento de sacerdotes que sostienen la justa lucha de la clase obrera”.

    Si tenemos en cuenta lo que denominan los comunistas “justa lucha de la clase obrera” (y lo ocurrido en Praga al poco de escribirse lo transcrito bien lo demuestra), queda bien clara cuál es la colaboración que confiesan estar recibiendo de los “curas progresistas”. La fruición con que difunden y elogian la ocupación del seminario de Derio las radios rojas demuestra cuál es el papel que desempeña dentro de la estrategia general del partido para llegar, mediante acciones parciales, a la gran huelga general política que les abra el camino del Poder.

    Puedo objetarse que la idea predominante entre los “ocupantes” del seminario no es la comunista, sino la separatista. Pero las colusiones y colaboraciones entre rojos y separatistas las conocemos bien desde nuestra guerra de Liberación. No sólo en el Gobierno del llamado “Euzkadi” hubo un ministro comunista, más otros procedentes del socialismo marxista, sino que los diputados nacionalistas siguieron perteneciendo a las Cortes “republicanas” y no sabemos que entre tantos miles de asesinatos de obispos, sacerdotes, religiosos y católicos laicos se elevara ni una voz de los señores diputados separatistas para interpelar al Gobierno o protestar. En cambio, el prohombre separatista Irujo no tuvo empacho en ser ¡ministro de Justicia! del Gobierno rojo, mientras se realizaba la más cruel persecución de la Iglesia que se haya conocido en España.

    A esto los separatistas pueden replicar que se trataba de un asunto que no afectaba a los “vascos”. Y con esto entramos en otro de los aspectos más significativos de la “ocupación”: el carácter racista de los ocupantes. En las declaraciones que han hecho a través de “Arriba” para explicar su actitud, reproducidas con arreglo a sus deseos, sin cambiar una coma, hablan de su “afán de servir a la Iglesia en nuestro pueblo vasco trabajador”. Más adelante afirman que, con su actitud, “servimos a la Iglesia de nuestro pueblo”, insisten en los problemas de “nuestro pueblo trabajador” y repiten lo de “nuestro pueblo” poco más o menos en cada respuesta.

    Se observa así que el término “pueblo de Dios”, tan grato a la dialéctica progresista, ha sido sustituido por el de “pueblo vasco” o “nuestro pueblo”, que marcan un carácter racista inconcebible en quienes a todas horas se amparan con el Concilio y con los “signos de los tiempos”, mucho más si pensamos en los cientos de miles de españoles de otras regiones que viven en las diócesis vascas, y que no parecen merecer ninguna inquietud “socio-pastoral” de tales clérigos. No es aventura suponer que si fueran de Georgia o Alabama pertenecerían al más extremado Ku-Klux-Klan, con la diferencia, en favor de los racistas de Norteamérica, de que allí existe una verdadera diferencia de razas, mientras en nuestro país los españoles de las diversas regiones estamos unidos por siglos de Historia, identidad de cultura y mezcla de sangre.

    En cuanto a las peticiones hechas al obispo, y en cuya exigencia se amparan para justificar la “ocupación”, son totalmente inaceptables no sólo por el tono conminatorio con que están hechas, sino porque piden cosas tan peregrinas como “organizar la elección directa del próximo obispo con la intervención directa del pueblo”, con lo cual no solo atacan la autoridad de su prelado, sino la del mismo Papa, que no sabemos haya renunciado el derecho a nombrar obispos en los curas amotinados en el seminario de Derio. Como ha comentado “La Gaceta del Norte”: “Conviene tomar nota del fondo político y del tufo cismático que encierra esta petición, que responde, ciertamente, al ambiente que está creando la minoría sacerdotal a la que tristemente hemos tenido que referirnos y que hasta el momento persiste en su actitud”.

    Para concluir, nosotros confiamos en que la jerarquía eclesiástica resuelva este atentado a la autoridad y este escándalo para el pueblo cristiano en la forma que el bien de la Iglesia y de las conciencias exija. No es asunto nuestro y respetamos la decisión de la jerarquía. Pero con la misma sinceridad, queremos proclamar que las actividades de estos clérigos y de otros similares que salgan del marco religioso para entrar claramente dentro del político, deben ser enjuiciadas por el poder civil con la energía que la unidad de la Patria y el bien de los ciudadanos exigen. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.


    Última edición por ALACRAN; 02/12/2023 a las 22:10
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo

    "LA ENCERRONA DE BILBAO"



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 98, 23-Nov-1968

    LA ENCERRONA DE BILBAO

    Sacerdotes en rebeldía

    La contumacia asumida voluntaria, deliberadamente, por ese grupo de sacerdotes de la diócesis de Bilbao acantonados en el seminario de Derio reclama, de modo inexcusable, un severo comentario.

    Si se tratase de una divergencia diocesana, vivida en la discreta intimidad de los ámbitos institucionales, no diríamos palabra por respeto a la condición eclesiástica de cuantos pudieran ser parte en el problema. Pero el conflicto no es exclusivamente religioso; el conflicto entraña carga política y, por su parte, los sacerdotes en rebeldía le han procurado la máxima publicidad, aun a costa de un máximo escándalo; no es posible, pues, acogerse a las discreciones del silencio. En definitiva, no han sido los periódicos quienes con la difusión de escritos y cartas han hecho materia pública de pretensiones y actitudes. Y ellos mismos son, no la prensa, quienes pudieran lesionar su propia fama y quienes se colocan al margen de la consideración respetable que merece su ministerio.

    Desde ningún punto de vista, ni siquiera desde aquellos que contemplan estos gestos de rebeldía como reacciones comprensibles en un clima de renovación eclesial, puede justificarse la insubordinación adoptada por estos sacerdotes frente a su obispo. En las Constituciones y Decretos del Concilio Vaticano II, con todas las renovaciones y reformas que se contienen, no está alterado, sino reafirmado con reiteración prudente, el principio de obediencia y sumisión de los sacerdotes a sus prelados, por cuyas manos son ordenados y por quienes pueden ser suspendidos. “Quien a ellos escucha, a Cristo escucha, y quien los desprecia, a Cristo desprecia y al que le envió”.

    A la reprobación del nuncio de Su Santidad se ha unido la nota desaprobatoria de la actitud de estos sacerdotes hecha pública por la Comisión Permanente del Episcopado español. A estas reprobaciones jerárquicas, y en cuanto tiene el caso de claras derivaciones políticas, puede añadirse una censura pública, una condenación ciudadana.

    El conflicto suscitado por estos presbíteros participa de una innegada tendencia separatista. Pretenden una conferencia episcopal vasca, un obispo elegido con participación del pueblo, una Iglesia indígena… ¿No es todo esto especie de flagrante separatismo eclesiástico, que actuaría consecuentemente como acicate del separatismo político?

    Estas situaciones, aunque se presenten enmascaradas tras muy modernas y celosas inquietudes pastorales, inciden en la vida política nacional y sus consecuencias sobre la misma significarían un grave ataque a la unidad española. Y aun atendidas las exigencias todas de la corrección fraterna, un recto entendimiento de la ciudadanía, un elemental y sereno sentido del patriotismo nos llevan al rechazo de posiciones tan inadmisibles, tan intolerables.

    En nombre de nada, y menos en el nombre de una doctrina de unidad y armonía pacífica entre los hombres y los pueblos, es lícito preconizar separatismos, en cuyo fondo late, para mayor daño, una vanidosa creencia de singularidad racial, tan opuesta a la religión católica como cualquier otra intransigencia racista.

    Nunca hemos creído que, dentro de la predicación de la doctrina de la Iglesia incluida su doctrina social, estén comprendidas y amparadas, actitudes sacerdotales públicas de injerencia perturbadora tan evidente y tan inmediata en la política del país.

    Los sacerdotes en rebeldía deberían meditar que así no se hace religión en ningún pueblo: así lo probable es que se agriete y se deshaga la conciencia religiosa de los más.

    Salvado el reconocimiento que justamente merecen ciertas realidades regionales -por la lengua, por la cultura, por el régimen económico-, no existe daño mayor ni más nocivo en la política española que el separatismo (…)

    Es, de verdad, lamentable tener que escribirlo, pero de la conducta de estos curas no florecerá bien para nadie. Y menos para ellos, que han preferido contraviniendo su deber de ejemplaridad, el camino del escándalo; y a quienes no ha importado enturbiar su misión religiosa con un activismo político contrario al espíritu de solidaridad, fraternidad y unión de la familia humana resplandece a todo lo largo de las enseñanzas católicas.

    («ABC»)

    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo

    “Los curas separatistas”


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 100, 7-Dic-1968

    Los curas separatistas

    Cuando escribo estas líneas está ya en el coro de la catedral el obispo de Bilbao (mons. Pablo Gúrpide) como grano de trigo enterrado para ser germen de perpetua juventud.

    Cuando escribo estas líneas parece que ha terminado la rebeldía y desobediencia de unos cuantos sacerdotes que, aparte las penas canónicas, han sido autores del delito de allanamiento de morada, con nocturnidad y en cuadrilla.

    Me importa hoy ignorar toda la conducta delictuosa en el aspecto canónico e incluso eclesial para detenerme a pensar en las motivaciones sociológicas, políticas, incluso étnicas, de esta sorprendente actitud. Habría que remontarse en la historia por lo menos a 1832, cuando Fernando VII agonizaba. “Las Vascongadas -dice mi amigo Joaquín de Zugazagoitia- fueron absolutamente cristianizadas hacia el siglo XII y comenzaron a comer decentemente (maíz, alubias…) después del descubrimiento de América”. Por ello, añade,“hemos llegado a la misa y a la mesa con el fervor del catecúmeno”.

    Cuando en los siglos XVIII y XIX el proceso secularizador se acentúa simultáneamente con el proceso centralizador de los Borbones, se superponen, perfectamente indiferenciadas para los vascongados, dos cuestiones: el laicismo y el Poder central. Entonces Madrid, el Poder central, los Ejércitos liberales se hacen símbolo de las dos cuestiones: Madrid anula la legislación foral y Madrid dicta las leyes impías del divorcio, de la libertad de cultos, etc. Nos encontramos en una región marginada todavía de la era industrial y ello dentro de la marginada Península Ibérica. Las guerras carlistas son todavía unas guerras románticas que pertenecen al antiguo régimen y en las que el lema Dios, Fueros, Patria, Rey, tiene una vigencia capital. Si consideramos además que el clima cultural de los Vascongadas no alcanza la altura de ninguna de las ciudades universitarias de entonces, empezaremos a entender un poco del contexto social en el que el clero puede adquirir un determinado predicamento político.

    Hay datos históricos. Cuando el pobre Sabino Arana inventó el separatismo vasco, enviaba su propaganda a los señores curas ecónomos. Eran los más eficaces elementos para constituir una barrera al laicismo invasor en un país que daba el más alto índice de religiosidad en España.

    De otra parte, en Vizcaya, como en toda España rural, el predicamento del sacerdote ha venido siendo definitivo. Este predicamento tenía una justa razón: el sacerdote vascongado ha sido siempre un magnífico sacerdote y simultáneamente ejercía su sagrado ministerio sobre una población rural, aldeana, fervorosamente católica, que se encontraba enfrentada, después de las guerras carlistas con un Estado liberal y centralista.

    El planteamiento, entonces, en esquema, era éste: Cuando vivíamos sometidos a nuestras costumbres y a nuestros fueros, vivíamos en paz con Dios y con los hombres. Cuando nuestros fueros han sido anulados, nos invaden la religión y la tiranía. En consecuencia, hay que volver al “status” anterior.

    Y así el clero, intentando defender la cristiandad vascongada, se enreda en una lucha o en una polémica puramente políticas.

    Del fuerismo al separatismo no hay sino un paso, que se da como iniciación en “Vizcaya por su independencia”, folleto de Sabino Arana, históricamente deleznable y sin valor, pero que, a través de cuatro dudosas escaramuzas feudales, viene a decir que Vizcaya constituye una unidad política con rango de nación. Absolutamente indefendible la tesis en ningún nivel, adquiere especial relieve “el hecho diferencial”, el idioma, la fisionomía, la raza, la “etnia”. Ni el Führer en sus más febriles noches llegó a las aberraciones racistas a las que llegó el separatismo vasco. Y una postura que nació -con los errores que se quiera y que son muchos y graves- para defender el catolicismo y las viejas libertades del pueblo vasco, en la hora angular del 18 de Julio de 1936 se encontró aliada del comunismo ateo y del socialismo centralista.

    Después, sobre la España de la paz han llovido las bienandanzas económicas y las bendiciones espirituales. Y el pueblo vasco va (1968) a la cabeza del nivel español. Pero esa cabecera tiene un precio: se han disuelto las razones románticas y bastante cursis que podrían abonar una postura nacionalista a lo Manzoni.

    La etnia vasca, guste o no, se desvanece en aquello que don Sabino llamó el “mestizaje”. Pero simultáneamente también, la población se ha escolarizado, la televisión, la radio, la prensa, las comunicaciones sobre todo con un Bilbao de 400.000 habitantes de los que ninguno habla vascuence, ha colocado el vivir social de Vizcaya en un lugar en el que el predicamento clerical, caso de mantenerse, ha de establecerse sobre otras plataformas que la simple inercia de las buenas costumbres o la romántica nostalgia de los tiempos idos.

    Pero sucede que el clero en Vizcaya constituía, por aquella tradición, una auténtica clase social rodeada de respeto y veneración, escuchada con devoción y humildad, respetada por su propia autoridad humana y divina. Y sucede que aquel respeto, aquella devoción, aquella veneración por los niveles del “tiempo social” se han disuelto. Y, sociológicamente, no hay nada más resistente a la disolución de una clase social. Entonces el clero, en cuanto clase, se ha estado defendiendo en Derio.

    Ni entro ni salgo en las cuestiones eclesiales y canónicas. Afirmo que en el doloroso y amargo juego, en el que se ha querido introducir incluso a la santidad de Pablo VI, están jugando, puede que inconscientemente, unas determinadas situaciones de clase, junto a otras que pueden venir disfrazadas de teología, de humanidad y de falsa historia. El clero que ha estado desobedeciendo en Derio no lo ha hecho por ninguna razón, lo ha hecho por pasión, aunque esa pasión se disfrace de una sola cosa.

    Xavier Domínguez Marroquín


    Última edición por ALACRAN; 26/12/2023 a las 14:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Los inicios revoltosos del clero separatista y pro-etarra en el franquismo

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    "Hechos de una rebeldía clerical"


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 100, 7-Dic-1968

    Cartas al director

    Hechos de una rebeldía clerical

    (…) Comencemos por decir que los curas separatistas son los autores de diferentes proclamas de marcada tendencia política, no siendo difícil de observar que bajo la capa de una fingida preocupación social mezclan ésta con la puramente política, separatista naturalmente, encubriendo esta última con maliciosa actitud. Los que los pergeñan y cuantos con su firma se adhieren a los mismos saben perfectamente que tales documentos nada tienen que ver con la religión ni con ninguna preocupación social, y sólo tiene un objetivo especialmente de cara al exterior: denotar una presencia separatista que, cuanto más escandalosa, resulta más efectiva para sus planes.

    Tales escritos no son conspiraciones aisladas o esporádicas, sino que van acompañados por hechos provocativos, tales como

    el negarse a que entre la bandera española en sus iglesias;

    ser los principales promotores de las manifestaciones políticas (léase funerales) por el asesino del guardia civil señor Pardiñas;

    asalto a la iglesia de Gauteguiz de Arteaga, arrancando la bandera española que un párroco vasco tenía allí colocada, siendo sorprendidos en la acción, detenidos e identificados los dos sacerdotes que de paisano cometieron tal tropelía;

    asistencia a los intentos de manifestación promovida por los comunistas el 1º de mayo en Bilbao;

    ser los autores de cartas insultantes, firmadas, dirigidas al señor gobernador de la provincia;

    ser, a su vez, los autores de cartas ofensivas, y con el objeto de provocarles, a las autoridades municipales de diversos pueblos de Vizcaya.

    Sus domicilios, como bien sabe la policía, son los refugios de los terroristas de la ETA;

    son poseedores de multicopistas, que ocultan en sus domicilios o en locales de organizaciones católicas, comprometiendo a éstas;

    multicopistas que emplean para lanzar propaganda subversiva de tipo separatista;

    ETA los emplea como “buzones” para repartir consignas y la propaganda que introducen desde el exterior;

    sus homilías son auténticas arengas induciendo a la rebelión;

    sus contactos con ETA han quedado bien a las claras en las recientes detenciones de elementos de esta organización.

    En una residencia eclesiástica de Bilbao la policía encontró matrículas falsas de coche, planos, propaganda y planes de acciones terroristas que iban a ser ejecutadas, entre las que destacaba el asesinato por ETA de una persona que en cierta ocasión les había denunciado;

    llevaron a cabo aquella cómica manifestación de curas por la Gran Vía de Bilbao, que les valió el nombre de “baldomeros”;

    han sido protagonistas de tres o cuatro juicios memorables;

    han propugnado en escritos y públicamente de palabra que se permita la celebración de la fiesta separatista (sin la menor tradición vasca, ya que la primera se celebró en 1933) llamada Aberri-Eguna (día de la patria vasca);

    defienden públicamente ideas racistas, despreciando u olvidando a los miles de católicos que siendo de otras provincias habitan en nuestra región, invitando a los de origen vasco a que no se mezclen matrimonialmente con éstos para mantener así pura la raza vasca;

    exigen obispos vascos, pero cuando comprueban que éstos no son separatistas piden incesantemente su dimisión, les desobedecen y calumnian, creándoles continuamente problemas;

    se encierran en el Obispado y luego en el Seminario, al tiempo que envían documentos racistas a las jerarquías católicas, conminándoles a que acepten sus exigencias político-racistas, ya que en caso contrario se mantendrán ante ellos en constante rebeldía, etcétera.

    ¿Dónde hay una persona que pueda negar un solo hecho de los que se relatan más arriba? Pues de todos ellos, unas veces unos y otras veces otros, son protagonistas alguno de los “cuarenta”, los mismos que se encierran en el Obispado o en el Seminario, haciendo creer, o intentándolo, que es todo el clero vizcaíno (más de 800 sacerdotes seculares) el que está en rebeldía ¡Que más quisieran ellos!

    Nada valen ante estos hechos esas campañas intentando equivocar a la gente y a los clérigos de otras regiones y naciones a base de mezclar palabras ecuménicas con hechos políticos de claro y descarada matiz separatista. ¿No ha habido homilías tan absurdamente políticas que algún párroco se vio obligado a subir al púlpito y bajar a empujones a un tristemente célebre sacerdote?

    No; no han sido móviles de gloria a Dios, de amor a la Iglesia ni de preocupación social los que han impulsado a tales y tan desgraciadas actitudes, sino un auténtico constante y meditado intento de agitación política de clara tendencia separatista aprovechándose de la Iglesia. Por eso, a la gente, al pueblo, no le han equivocado. Porque, como nuestro escrito, el pueblo se basa en los hechos que conoce y ve claramente qué quieren sus protagonistas. Y por eso mismo el pueblo estuvo siempre junto a su obispo (mons. Gúrpide), y cuando éste murió fue el protagonista de la mayor manifestación de duelo, llenando la catedral, plaza y calles adyacentes, que se ha conocido en Bilbao. Y es que al pueblo es difícil engañarse con palabras cuando conoce los hechos.

    José Miguel de Larrañaga

    Bilbao

    Última edición por ALACRAN; 03/01/2024 a las 14:07
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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