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Tema: La crisis del estado-nación

  1. #1
    Avatar de Cavaleiro
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    14 mar, 05
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    La crisis del estado-nación

    Artículo algo extenso, pero que creo de interés y que someto a opinión de los foristas
    Crisis del estado-nación y advenimiento del estado servil
    Descomposición del estado-nación liberal, fractura social y respuestas posibles desde posiciones tradicionalistas.



    1. Rumbo y deriva de la España democrática (6/12/1978-11/03/2004) y posdemocrática.

    Lo inmutable es lo divino; todo lo demás es perecedero, sujeto a la veleidad humana y a lo pasajero de este mundo. Kant, Hegel, Marx y Francis Fukujama no tomaron nota de esta realidad, ni mucho menos del Verbo, lógicamente, y se les escapó el hecho de que ninguna utopía puede durar, aunque se alcance, ni es posible un fin de la historia mientras su Autor no ponga rúbrica a su obra y mande correr el telón del gran teatro del mundo.

    Que el estado-nación se acaba, a pesar de sus últimos coletazos, es cosa sabida y reconocida por los teóricos mismos de la llamada Globalización. Lo que nunca nos dijeron, y estamos sufriendo, es que con ella se hunden los pilares mismos del estado contemporáneo que cristalizó a tenores de la Revolución Francesa: aquello de los tres poderes, la llamada seguridad social, la educación entendida como competencia estatal y hasta el monopolio de la fuerza por parte del estado.


    Un ejemplo de lo que decimos se manifiesta no sólo en la insolvencia del sistema judicial, sino en su falta real de independencia política, que Montesquieu en su idealismo nunca previó. La insolvencia ha salido a la luz en recientes casos de inoperancia como el de la niña Mariluz; la dependencia política de la judicatura es innegable en la participación de ANV en las elecciones locales de 2007 y en el reciente nombramiento partidista del CGPJ. En cuanto a legislación, especialmente en cuanto a código penal, los asesinos de Sandra Palo corretean por las calles al igual que miles de prevaricadores, políticos corruptos, violadores y asesinos. En una encuesta de El Mundo en agosto de este año, con motivo de evaluar a la difunta democracia, el 64% de los españoles opinaban con razón que el sistema legal español defiende más al criminal que a la víctima.


    El estado de inoperancia y corrupción de la Justicia es sólo un ejemplo. A la firma de este artículo, ningún economista imparcial puede afirmar que las pensiones están garantizadas, la OCDE y el Informe Pisa sitúan el sistema educativo español en posiciones de cola y los cuerpos policiales del estado no se bastan a combatir el crimen organizado de mafias, aluniceros y narcotraficantes, ni mucho menos a reprimir el entorno batasuno, ni a los nuevos sans-culottes personificados por los grupos violentos de okupas y radicales de extrema izquierda que se definen a sí mismos como “anti-sistema”.

    Mientras tanto, no sólo es frecuente encontrar a profesores, jueces y policías, entre las redes de pedófilos desmanteladas cada dos o tres años, sino que son también policías los que aparecen implicados en redes de proxenetas o escándalos como los del Sheriff de Coslada, que no por ser el de mayor envergadura es el único caso de un crimen parapolicial salido de filas de la propia policía. Individualmente, los funcionarios de policía se defienden y/o quejan del estado de cosas: “cuidado con tocar un pelo al detenido”, “si sacas la pistola te la cargas”, “es mejor mirar para otro lado”, “no sé cómo ni para qué todavía denuncia la gente ciertas cosas”.

    Lo dicho ya: el monopolio de la fuerza por el estado, principio del estado moderno, al menos desde Hobbes, está fallando para indefensión de la ciudadanía en general, que religiosamente trabaja y paga impuestos. Y para más inri, al contrario que en otros países, en España una mujer ni siquiera puede comprar por vía legal un espray de autodefensa, no vaya a ser que se tome conciencia de la necesidad básica de defender su propia vida; las armas sólo para los malos y si te ocurre algo que un vecino llame a la policía para que venga a tomarte nota después de que te agredan o violen, o para levantamiento del cadáver.

    Seguir enumerando ejemplos sería caer en un bucle. El caso es que el estado de derecho es ya estado de descomposición.


    Política internacional y crisis económica aparte, en España ese estado de descomposición se ha acelerado en los últimos años. Como veremos, el origen de la descomposición es muy heterogéneo y no responde a una sola causa; en él confluyen tendencias de larga duración así como fuerzas concretas que han pasado del laissez faire a una entusiasta actitud proactiva hacia la desintegración. Por cierto, no pretende este artículo defender el estado moderno ni al estado-nación de matriz centralista y demoliberal, sino solamente certificar la principal tendencia que va a determinar la evolución del sistema político español en los próximos años.



    2. Hacia la disolución del estado-nación


    Pero empecemos por el principio –por el principio del fin. La caída del bloque soviético entre 1989-91 aceleró una preeminencia del Mercado sobre el Estado basada en el aumento de los flujos de capital financiero transnacional a nivel global –lo que recibió el confuso nombre de Globalización y no es más que un fortalecimiento a nivel mundial de los principios del librecambismo liberal. El estado-nación perdió la iniciativa política en el siglo XXI y sus fronteras de desdibujaron con la integración de bloques políticos y comerciales (UE, NAFTA, ASEAN, etc.) y con los nuevos flujos migratorios que sirvieron de capital humano a la “bonanza” económica de la década 1997-2007.

    El neoliberalismo asumió está tendencia con naturalidad. La España del PP fue una fiel ejecutora de políticas determinadas por instancias transnacionales como el GATT, la UE o el BCE de Frankfurt. El pensamiento neoliberal nunca tuvo en cuenta que ese rol subsidiario del estado implica la erosión del poder del propio estado-nación y, por consiguiente, de la identidad artificial de la España contemporánea, basada en el constitucionalismo y el monopolio de la fuerza para garantizar el orden constitucional vigente en cada momento. Lo que es más, la Globalización por fuerza implica una erosión de la democracia por cuanto aleja todavía más los centros de decisión política del ciudadano, amén de la pérdida de poder las instituciones estatales y de menor nivel. Para política interior, la lucha contra ETA, en la que el PP tuvo su único acierto (aunque no completo) y su cuota de poder exclusiva como “asunto interno” de España.


    A la erosión del estado-nación y de la identidad de la España contemporánea, la ciudadanía respondió de una manera unívoca: la creciente y boyante clase media disfrutó de la bonanza económica, se endeudó, disfrutó de la Champions, y lloró con la victoria de Rosa en la primera edición de Operación Triunfo. ETA estaba más o menos controlada, y mientras todo fuera bien en el bolsillo, no pasaba nada si los ayuntamientos eran corruptos, las escuelas realizaban el ideal rousseauniano de hacer salvaje al hombre, la justicia era “lenta” o los nacionalistas ampliaban sus mecanismos de control parcelario, cultural e ideológico.


    El 11 de Marzo de 2004 todo cambió. La economía iba bien, pero el sistema político español –sin importar el resultado electoral ni las teorías conspirativas– reveló una total debilidad ante el terrorismo. Al revés que en el 11-S o tras los atentados de Londres, la partitocracia prevaleció sobre el interés general y la razón de estado, que imponían la declaración del estado de emergencia, la unidad de las instituciones y el aplazamiento de los comicios. Más bien al contrario, España vivió unas jornadas de agitación partidista nunca vividas desde la Transición. La élite de iluminados que pretenden hacernos felices a la fuerza volvió a demostrar su destreza en la manipulación de lo que ellos llaman “masa” y nosotros llamamos personas, familias y pueblo. De todo ello, el estado salió nuevamente erosionado, pues sus instituciones se mostraban enteramente vulnerables a acciones terroristas y al sans-culottisme de agitadores profesionales.


    El PSOE de Zapatero dio un paso adelante en la erosión del Estado con respecto al laissez-faire neoliberal del PP de Aznar. El nuevo gobierno salido en 2004 no se vio en la obligación de hacer política económica ni exterior, pues en estas materias bastaba con no hacer nada en lo económico y con retirar las tropas españolas de Iraq, aunque no de Afganistán, ni posteriormente del Líbano; por lo demás, se habló menos con un idiota (Bush) y se habló más con un demente (Chávez).


    Sin embargo, se volvió a dinamitar el poder del estado-nación al negociar con ETA y permitir la concurrencia de ANV a los comicios municipales de 2007, se disipó todavía más la identidad de España y de Europa al emprender aventuras como la Alianza de Civilizaciones y al apoyar el ingreso de Turquía en la Unión Europea, y se diluyeron más las fronteras al iniciar un proceso de regularización masiva de inmigrantes ilegales y al establecer relaciones diplomáticas de complicidad con el régimen marroquí a pesar de sus posiciones antiespañolas (régimen al que, por cierto, Zapatero ha aprobado la venta de material militar español en al menos una ocasión).


    También se erosionaban el estado-nación y las instituciones democráticas al iniciar un debate sobre los estatutos autonómicos que era en sí mismo una moneda de pago a socios políticos, en vez de un debate fundamentado en la necesidad de reforma de una España que se asemeja cada vez más a un mosaico de taifas predadoras del erario público, y no a una España que realmente vertebre sus tradicionales realidades socio-políticas.


    Por lo demás, el PSOE ha combinado el laissez-faire del PP con un claro nihilismo proactivo que acelera la desintegración de las instancias del estado-nación clásico: en materia educativa no se hizo nada –nada bueno ni nada nuevo, pues lo mismo viene a ser la LOGSE que la LOCE que la LOE, mientras que se instituía un instrumento curricular similar al de los satélites del bloque soviético: Educación para la ciudadanía. Mientras tanto, la sanidad, la policía y la justicia han continuado su deriva: falta de medios, lentitud, inoperancia, inadecuación a los retos que plantea la sociedad globalizada y multicultural, etc. Si acaso, la principal obra del PSOE en sus años de gobierno ha sido el no hacer nada a pesar de que la desintegración se aceleraba afianzamiento de sus múltiples y variados instrumentos de propaganda, que es tema para otro un artículo. Baste decir que asuntos como la “memoria histórica” (¿quién se acuerda ya de lo prometido hace sólo cinco años?), el matrimonio homosexual, el canon digital o el feminismo de galería (Carme Chacón pasando revista a sus tropas), son políticas-nicho destinadas a no sólo a servir de cortinas de humo, sino principalmente como vehículos ideológicos.


    Todo lo dicho se expresa en síntomas perceptibles que podemos denominar como estado de descomposición.


    La España que estrena siglo es una demarcación territorial administrativa sin identidad clara, fundamentada en un papel mojado, ya que el texto constitucional de 1978 resulta cuestionado por palabra, obra y omisión de sus teóricos defensores –PSOE y PP– y lógicamente por sus detractores (neorepublicanos, nacionalistas). Su simbología, aunque no sea española ni legítima, se quema en público, por ejemplo los retratos del regente, o se omite en la llamada guerra de banderas en el Reino de Navarra y en los territorios vascongados. La soberanía territorial no se defiende suficientemente ante incendiarios como Ibarreche ni ante el régimen alauita que auspicia a los grupos que se manifiestan en Ceuta y en Melilla reclamando el dominio de un estado sin legitimidad histórica –el marroquí– sobre plazas que sólo han sido y son españolas. Los cayucos no se interceptan y se devuelven a su origen, sino que se rescatan de alta mar, en extraña colaboración con el esclavismo y las mafias de tráfico de personas.

    Pero lo más grave no es todo esto, ya que los hechos citados arriba tendrían arreglo gubernativo.

    Lo realmente grave es la transformación social que la situación política genera y acompaña. Analicemos sólo tres casos. Primero: causan vértigo los datos que se hacen públicos con cierta periodicidad sobre el comportamiento anormal y violento, el consumo mediático, la falta de lectura, el consumo de drogas y alcohol, el estado de salud mental, el fracaso escolar y la opinión pública de la juventud española –la más cocainómana y pastillera de Europa.

    Segundo: la desintegración de la familia, así como la intromisión del estado y del mercado en el mundo personal y familiar es cada vez más flagrante. Las cifras de divorcios, abortos y familias declaradas “disfuncionales” (¿existe la familia perfecta?) van en aumento rampante. El estado y el mercado se han erigido en defensores ideológicos del hijo sin arraigo familiar, de la “familia monoparental” y de la “familia homosexual” y no en defensor –en lo moral, lo económico y lo fiscal, por ejemplo– de la verdadera familia que sigue siendo el núcleo de la convivencia humana y de la economía de consumo.


    Tercero: el aumento de la violencia criminal de todo tipo es más que rampante; representa un salto cualitativo en relación al panorama criminal que se conocía en décadas anteriores: los criminales proceden de realidades culturales (Rusia, Centroamérica, Sudamérica, etc.) en que la violencia se ha hecho endógena, la vida no vale nada y las organizaciones mafiosas se van equiparando al estado en fuerza y tecnología. Mientras tanto, el ciudadano de a pié no tiene más remedio que el retraimiento del espacio público y la esperanza de que no le toque a él sufrir el crimen, ya que no tiene derecho a defenderse y el estado no puede protegerle efectivamente.
    En cuanto a la crisis económica, el ciclo a la baja del mercado mundial no hará sino exponer los defectos estructurales de la economía española: balanza exterior negativa, pocas exportaciones, excesiva dependencia del petróleo importado, del turismo y de multinacionales extranjeras (automoción), deficiencia del capital humano más joven, paro juvenil desorbitado, salarios bajos, burocracia y mentalidad funcionarial e insuficiente desarrollo del I+D+i. Todo esto agravará la situación social de descomposición que venimos describiendo.

    Sobre el mercado global cabe no hacerse ilusiones: tarde o temprano su colapso es bastante probable; sin embargo, es también probable que el actual ciclo de crisis económica no sea todavía el principio del fin, y más nos vale que sea así porque nadie está preparado para una situación generalizada de colapso financiero e industrial. Una economía interdependiente como la globalizada se presta más que ninguna otra estructura humana a un derrumbamiento en cadena, como lo haría un juego de dominó. Estas afirmaciones parecen hallar respaldo en los prometidos rescates por parte de EEUU y de gobiernos de la UE a las entidades financieras que ha declarado su quiebra en 2008 o estén a punto de hacerlo.

    A modo de resumen, la Globalización ha decretado el debilitamiento del estado-nación desde afuera de sus fronteras, como ya se ha venido diciendo desde la década pasada. Sin embargo, las instituciones del estado-nación están sufriendo una implosión desde dentro, causadas por un desgaste de origen múltiple que podemos resumir en dos factores: por un lado, la sociedad posmoderna ha superado el marco del estado-nación (masificación de servicios “públicos”, insolvencia del sistema legal y judicial, corrupción generalizada, pérdida de identidad nacional, etc.); por otro lado, los partidos políticos no sólo adoptan una posición de pasividad ante la crisis del estado, pues no combaten la tendencia generalizada, sino que a menudo la fomentan directa o indirectamente con políticas que avanzan en el mismo sentido de la tendencia general de la crisis.

    Por último, la crisis del estado-nación es más grave en España que en otros estados europeos. Ello se debe a que la nación en sí misma es un objetivo de ciertas fuerzas (nacionalistas, Marruecos, Islamismo), mientras que para liberales, socialistas y comunistas la nación debe ser reducida a al contrato político entre una élite llamado constitución (liberales), o a un federación asimétrica de feudos determinados por alianzas políticas (socialistas), o a una república confederal semejante a la Yugoslavia de los años 1980 (comunistas y neorepublicanos). En aras de sus objetivos, todas estas fuerzas contribuyen a fomentar la descomposición del estado-nación tal y como lo hemos conocido en España desde comienzos del siglo XIX.


    Teniendo en cuenta las tendencias políticas y sociales imperantes, así como el retorno al capitalismo de matriz liberal y mercantilista, es de esperar que el estado-nación deje paso a regímenes más totalitarios, donde un poder político sin fisuras ideológicas se refugie en el núcleo del estado mientras los síntomas de caos y fractura social en la base de las sociedad vayan en aumento –algo así como la China capitalista de hoy, aunque pasando primero por una reformulación de las estructuras de poder similar a las de las dictaduras populistas de izquierda de Sudamérica. En cualquier caso, un estado más totalitario y una economía más esclavista –el Estado Servil, término acuñado por Belloc– será el sucesor del estado-nación liberal. En España, dada la coexistencia de colectivismo y nacionalismos, lo más probable es que la cohesión nacional y territorial padezca en propia carne el proceso de descomposición del estado-nación clásico.



    Crisis del estado y respuesta política desde posiciones tradicionalistas


    La conquista del estado puede no ser una prioridad cuando no se dispone de los medios necesarios y cuando el estado que se pretende conquistar es un estado en ruinas –el sistema político está asimismo cerrado o “blindado” a cualquier cambio de raíz que apunte a reconstruir el estado desde el sistema de partidos o desde las instituciones actuales, que son a un tiempo espectadores impasibles y a la vez agentes de la deriva estatal.

    Quizá sea preferible que nos preparemos para lo que haya de venir después del estado en crisis. Por lo menos, deberíamos estar preparados para formular una verdadera alternativa al estado en descomposición cuando éste se encuentre al borde del precipicio. La lamentable historia política europea desde el último tercio del siglo XVIII demuestra que en tiempos de crisis profunda y descomposición –fenómeno que la Modernidad ha convertido en cíclico y al que llama dialéctica– la carencia de una reformulación teórica de lo tradicional beneficia directamente a las fuerzas causantes, rectoras o simbióticas de la descomposición.


    Mientras tanto, existen tres frentes que nos permitirían desarrollar de antemano una labor reconstructiva, sin sufrir el desgaste que ocasiona una constante confrontación directa con el sistema en relaciones de fuerza asimétrica (una de las muchas razones por las cuales ninguno de los movimientos llamados “alternativos” se enfrentan realmente al sistema).


    Llamo a estos tres frentes de la siguiente manera: reformulación, propaganda y vertebración.

    Reformulación. Es necesario que empecemos a diseñar una alternativa de la España futura, al menos sobre el papel o sobre el disco duro. Esto implica varias tareas posibles como la elaboración de una Constitución española conforme a la tradición, tal y como en su momento hizo Aparisi o como intentó fallidamente Jovellanos en Cádiz. Otras opciones son la realización de un programa político, no ideológico, ni retórico, breve y genérico, organizado en epígrafes como “instituciones”, “economía”, etc. Finalmente, un programa debe sintetizarse en ideas-fuerza que resulten fácilmente comunicables.

    Veamos un ejemplo de contraposición de ideas- fuerza. El sistema ha logrado asociar a su extraña concepción de la democracia la noción de libertad –una libertad sin poder político real, que nunca es económica, que ni siquiera implica la pretendida autonomía moral de la persona y que promueve el alejamiento de los hombres a Dios. De todo el complejo de ideas de la Modernidad, esta es la idea-fuerza más difícil de enfrentar, por cuanto el sistema ha organizado toda una serie de simulacros tendentes a fomentar la ilusión de libertad –y no poco libertinaje– en la sociedad actual. Para combatir la noción moderna de libertad, debemos hablar en primer lugar de justicia, término que el sistema no puede pronunciar sin causar escepticismo o carcajadas; nuestra divisa es simple: sin justicia no puede haber libertad –no me refiero a que la persona deje de ser libre, como Dios la ha hecho, pero cuanta menos justicia social hay, más constreñida se encuentra la voluntad falible y por tanto la libertad de acción del hombre. Nuestro concepto político de libertad debería basarse en la libertad moral –contra lo políticamente correcto, capacidad de discernimiento conforme a la única autoridad moral superior y externa al hombre: Dios; libertad económica de las familias –mayor autosuficiencia y acceso a la pequeña propiedad; libertad política –para participar de forma directa y abierta en las instituciones, empezando por las de más bajo nivel, que son las más cercanas a la persona y a las familias.

    Propaganda. El orden actual tiene su primera y más eficaz herramienta de control en el conglomerado mediático y en el mecanismo totalitario de autocensura denominado “corrección política”. Al mismo tiempo, en un contexto de abaratamiento progresivo de ciertos medios y su transmisión telemática, lo lógico sería adaptar la alternativa fruto de la reformulación al lenguaje inteligible por los diferentes targets políticos. Los medios serán más modestos en la difusión, pero al menos serán medios propios. Lo importante es que el mensaje llegue a quienes están a la busca de una verdadera alternativa, aunque hoy esa necesidad todavía no sea sentida por mayorías conscientes. Además, la producción de propaganda puede ayudarnos a conectar mejor con la aciaga realidad, a la vez que a reducir los esfuerzos que dedicamos a la disensión interna y a la sectarización en nichos-trinchera –sitio, por cierto, donde al sistema le encanta tenernos. Como ejemplos: el tradicionalismo es acaso la voz que menos se oye en un medio como YouTube; falta un ThinkTank susceptible de comprensión por personas que no conocen el tradicionalismo; en ciudades pequeñas y villas la irrupción de cualquier hoja, boletín, folleto, etc. –p.ej. sobre un hecho puntual o sobre política local o comarcal– puede tener una repercusión notablemente mayor a los recursos empleados: la ampliación de los horarios comerciales, los ataques a Iglesias, la estatua del Che que erige el Ayuntamiento, la seguridad ciudadana en la localidad o comarca, etc.

    Vertebración. Sería deseable que participáramos en la vida social a diferentes niveles, en foros exclusivamente tradicionales y fuera de ellos, sin querer instrumentalizar causas nobles salidas de la respuesta popular a los problemas actuales, sino imprimiendo, en lo posible, una inclinación tradicional a esas soluciones, a la vez que irradiando confianza en las personas y grupos tradicionalistas de cada localidad. Asociacionismo y municipalismo son la clave. Quien pueda reunir una lista municipal, mejor que mejor. Quien “sólo” pueda fundar o participar en una asociación cultura o ecologista, estupendo. En el futuro, es probable que la inseguridad ciudadana vaya en aumento, con lo que sería bueno pensar en la posibilidad de plataformas vecinales por la seguridad ciudadana que recojan firmas, presionen en las instituciones, hagan comunicados y ofrezcan información a la población sobre problemas relacionados. Mejor todo esto, creo yo, que el nicho ideológico de las siglas en continua secesión unas de otras. Hay que salir fuera. De las élites solas no dependen los cambios políticos: eso raya con el Leninismo puro y duro. Por lo que tengo entendido, ninguno de los llamados Enciclopedistas del XVIII se puso a gritar contra Dios a la salida de las iglesias; antes bien fueron a misa y empezaron a subvertir ciertos dogmas en libelos, debates, tertulias, reuniones de salón, etc.

    Como colofón, es necesario adoptar las formas, el estilo y la estética que nos son más propios y tradicionales: el siglo XIX y lo anos 1930 han pasado. La organización paramilitar de corte colectivista, al estilo de milicias y juventudes de partidos fascistas, socialistas y comunistas de los años treinta de pasado siglo, ya no sirve sino a la autocomplacencia historicista, al modo de quienes escenifican en trajes de época las batallas de Austerlitz, Elviña o Waterloo los fines de semana. Lo propio al momento histórico que vivimos es la forma de movimientos cívicos del tipo AVT o más bien del tipo Solidarnosc, es decir, plataformas cívicas en las que personas y asociaciones de orientación tradicionalista contribuyan a la formación del espíritu crítico y a la organización de la ciudadanía para su defensa ante la inseguridad, etc. El gran orgullo del sistema consiste en ser “democrático”; démosles pues algo de democracia real, orgánica, de base, acercándonos a aquella que Menéndez Pelayo denominaba “democracia frailuna” y no era sino expresión de un sistema cuyas instituciones tradicionales se inspiran en el Evangelio y en la Doctrina de la Santa Madre Iglesia. Hasta hace pocas décadas, hemos pecado más de comunitarismo que individualismo. Ya se quejaba Ortega, con su cabeza prusiana, de que aquí todo lo había hecho “el pueblo”. Estupendo, ¡qué le vamos a hacer si hemos sido un pueblo heroico, ojalá volviéramos a serlo!

    Como nota y aviso, creo que deberíamos tener extremo cuidado con las familias, asociaciones o grupos de la Iglesia Posconciliar. A pesar de la entrega y buena voluntad de muchos religiosos, laicos o no, la Iglesia está descuidando el apostolado y la salvación de las almas –que es su primera finalidad– para realizar el programa masónico que ya le asignaban los ministerios de Carlos III: reducir su misión social a aquellas funciones que sean de “utilidad pública”. Así, la Iglesia Posconciliar se ha convertido muchas veces en una ONG –cuando no en un lamentable apoyo ideológico del neoliberalismo, como en el caso de la Conferencia Episcopal. Como vemos a menudo, no por haberse vuelto una ONG respeta más el sistema a la Iglesia, sino que la ataca y debilita todavía más. Por citar ejemplos graves de lo expuesto, ha llegado a mis oídos el caso de sacerdotes –excelentes cristianos- que han desatendido a sus rebaños para procurar vivienda y empleo a criminales oriundos de Colombia o Ecuador, algunos de ellos asesinos convictos o antiguos miembros de las FARC, que maltrabajan tres meses para luego vivir del INEM; al igual que en muchas parroquias se está ayudando a la adopción de niñas chinas por parte de familias españolas. La Iglesia no puede negar su caridad en base a credos, razas o nacionalidades, pero debe administrarla con la justicia y criterio que le fue propio en sus mejores días. La Iglesia no debe ser usada por el sistema como parche a los problemas sociales que el propio sistema genera sin contención alguna. Tal y como en su día la Iglesia denunció los efectos de la proletarización en la Rerum Novarum, la Iglesia debería denunciar la inmigración masiva en tanto que forma de desarraigo y explotación de millones de personas, así como criticar la venta de niños bajo el nombre de “adopción internacional” como lo que es: tráfico burocratizado de seres humanos. Mientras la Iglesia no se ocupe en primer lugar de su verdadera misión, en vez de adoptar contra natura el rol político que le adjudica la Modernidad, pocas serán las voces que desde las parroquias apoyen nuestro mensaje; más bien deberíamos hacer que nuestro mensaje llegue a también a las parroquias, pues es allí tan necesario como en la calle. Es una lástima que tantos sacerdotes comulguen hoy con el credo ideológico de la Modernidad.

    Las familias son comunidades, como lo son las parroquias, los oficios, las localidades, las comarcas. Al fin y al cabo, España es una gran comunidad –con un ideal y una misión histórica trascendente que le confieren perfecta unidad y sentido en la Creación, como actor colectivo y filial en el gran teatro del mundo que ha dispuesto su divino Autor, Dios Todopoderoso, Uno y Trino, para perfección y salvación de sus hijos los hombres. La comunidad y la misión –lo que somos y a qué empresa nos debemos; Hispania y su secular “fiat” al Verbo–, las dos estrellas-guía que pueden ayudar a orientarnos. ¡Dios nos ayude en esta empresa!


    Excusus·in·Hispania·AD·MMVIII.


    Laus·Deo·Virginique·Matri
    ...
    Da patria e religion o fogo santo
    Na gente de Galicia atéa tanto,
    Que morrer só deseja,
    Primeiro que sufrir á negra mingua
    De que os Mouros lle manchen a sua lingua.
    Nin as leis, nin costumes, nin a Igrexa ...

    En toda las edades os Gallegos
    De España muy leales defensores
    Probaron po lo mar e po la terra
    Que non se presentaban nun-ha guerrra
    Soldados mais valentes nin mellores ...

    Non te acòres ti pois, nobre Galicia, ...
    Quizais teus fillos inda che precuren
    Un novo menumento,
    E ardendo no amor patrio que eu che juro
    Resóe traspasando o firmamento
    O nome de Galicia santo e puro.

    D' aqui non nos arrincan herejes nin gentios,
    Nin tod' os protestantes con mouros e judios.
    ---
    A' Galicia - Joan Manoel Pintos, 1861

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  2. #2
    HISPANO está desconectado Usuario en espera de confirmación
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    África volverá a empezar en los Pirineos

    África volverá a empezar en los Pirineos

    Francisco Rubiales

    Las medidas de rescate y la subida de las garantías para los depósitos bancarios no detienen las caídas de las bolsas ni frena la crisis, que sigue avanzando imparable y perfilándose como peor que la de 1929 y la más grave de la era capitalista.
    Lo peor de esta crisis es que se llevará por delante la prosperidad de España y África volverá a empezar en los Pirineos. No es pesimismo sino análisis sin miedo y sin peajes. Sin una industria competitiva, con un Estado hipertrofiado donde sobran más de dos millones de funcionarios, asesores, enchufados y compañeros colocados del partido, con una formación inedecuada de los jóvenes, minada por el mal gobierno y presa de la corrupción y de la caída de los valores, España no es viable como país próspero y avanzado.
    Las crisis son procesos dolorosos que sirven también para hacer limpieza y colocar a cada uno en su sitio. De esta crisis, con esfuerzo y cambios profundos, saldrán adelante los países que tengan las bases sanas, pero no los que están enfermos. España, sin otra riqueza real y competitiva que su turismo e infectada de males tan terribles como el despilfarro público, la insoportable obesidad del Estado, la corrupción, la caída de los valores, la pérdida del sentido del esfuerzo, la degradación de la democracia y el mal gobierno, es un país sin sitio en la prosperidad.
    Nuestras credenciales reales son tan preocupantes como vergonzosas: primer consumidor y distribuidor de drogas en Europa; primer consumidor de alcohol; número uno en prostitución, líder en impuestos; los índices de delincuencia, inseguridad, fracaso escolar y retraso en innovación disparados; primer puesto en decepción ciudadana frente a la política y un Estado insaciable que se lleva el 37 por ciento del PIB en forma de impuestos, atosigando al ciudadano y al tejido productivo.
    Si a eso se agrega que los políticos han incrementado su poder constantemente, a costa del ciudadano, que ha sido relegado de todo proceso de toma de decisiones, que la democracia ha sido traicionada por los partidos políticos y transformada en una sucia oligocracia, que el costo de una administración obesa y plagada de reyezuelos nacionales, autonómicos, provinciales y locales es insoportable, no es posible que esta España noqueada y débil pueda levantarse de la lona cuando la crisis cierre sus puertas.
    Para escapar a la guadaña de la crisis, España debería realizar proezas que los poderosos no van a permitir porque para ellos significaría perder poder y privilegios. Deberá adelgazar la administración del Estado al menos en un 50 por ciento, lo que significa licenciar a más de millón y medio de funcionarios y enchufados de todo tipo, tan innecesarios como improductivos. Deberá también mimar a sus empresas, único sector del país relativamente libre de parásitos, que ha demostrado que funciona y crea riqueza. Tendrá que devolver al ciudadano el puesto de protagonismo que le corresponde en democracia y que le ha sido arrebatado por los políticos. No tendrá más remedio que reformar drásticamente la enseñanza, volviendo a instaurar el esfuerzo y el sacrificio en el corazón del sistema educativo. Deberá también reconstruir la destrozada escala de valores, recuperando la honradez, el respeto, el apoyo mutuo y la decencia. Tendrá España que reformar a su clase política, ineficiente e infectada, y recuperar conceptos perdidos en el liderazgo como el ejemplo, el servicio, la austeridad y la solvencia moral e intelectual. Tendremos que ganarnos el respeto internacional perdido en los últimos años. Será vital reconstruir la sociedad civil, ocupada y esquilmada por los políticos, que la han colocado en estado de coma. Habrá que ser implacables con los delincuentes y con los corruptos. Los partidos políticos tendrán que perder poder y dejar de ser los monstruos incontrolados que hoy son, además de haberse convertidos en el principal obstáculo para que funcione la democracia, la justicia, la igualdad y la decencia.
    Cuando hayamos conseguido todo eso, con altas dosis de esfuerzo y sacrifico, tal vez consigamos entonces que la frontera de África se mantenga en el Estrecho de Gibraltar y no en los Pirineos, a donde la está llevando nuestro fracaso como sociedad y como nación.

  3. #3
    Avatar de Litus
    Litus está desconectado "El nombre de España, que hoy
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    Re: La crisis del estado-nación

    Creo que es un articulo estupendo apartir del que podemos empezar a desarrollar algún tipo de trabajo. No podemos seguir siendo espectadores que desde el ordenador critican cuanto les rodea como si fueramos invalidos.

    Hemos hablado varias veces de organizar unas jornadas, vamos a buscar el sitio y la fecha y preparemos la Reformulación, la Propaganda y la Vertebración, o por lo menos intentemoslo.
    "El nombre de España, que hoy abusivamente aplicamos al reino unido de Castilla, Aragón y Navarra, es un nombre de región, un nombre geografico, y Portugal es y será tierra española, aunque permanezca independiente por edades infinitas; es más, aunque Dios la desgaje del territorio peninsular, y la haga andar errante, como a Délos, en medio de las olas. No es posible romper los lazos de la historia y de la raza, no vuelven atrás los hechos ni se altera el curso de la civilización por divisiones políticas (siquiera eternamente), ni por voluntades humanas.
    Todavía en este siglo ha dicho Almeida-Garret, el poeta portugués por excelencia."Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica" .España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Catalunya. A tal extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano e incurren en otras aberraciones por el estilo."
    Marcelino Menéndez Pelayo.

  4. #4
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    Re: La crisis del estado-nación

    ¡¡¡Enhorabuena Cavaleiro!!!

    Fantástico artículo.

  5. #5
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    Re: La crisis del estado-nación

    Están en crisis el Sistema y la omnipresencia del Estado en la vida de los ciudadanos. El primero con los problemas de la economía a escala global que demuestran que pueden acabar con el capitalismo imperante. Esto no es malo, al contrario, pero es peor el hecho de que no haya una alternativa , por lo que su colapso definitivo nos podría llevar a la anarquía e incluso a una guerra. El segundo, porque va perdiendo fuerza por un lado -en parte motivada por los mismos políticos, según se expone en el artículo-, y por otro cuanta menor es dicha fuerza, más aprieta aunque parezca un contrasentido. El Estado actual es totalitario, es decir, no hay aspecto de la vida institucional, social y económica, que no esté legislada; el proteccionismo frente a cualquier eventualidad es agobiante ( véanse sino las medidas restrictivas con juguetes, parques infantiles, controles alimentarios, etc.), y se nota diariamente en los noticiarios (suma de acontecimientos a gran velocidad de transmisión y que apabullan al espectador), y en nuestras propias existencias (si conduces miras más el velocímetro que la carretera, por poner un ejemplo, pero lo podemos hacer extensivo a cualquier esfera de actividad personal y familiar), incluído el lavado de cerebro que es el sistema educativo. Al final, es fácil llegar a la conclusión de que el estado es un reflejo de la sociedad y ésta lo es del Estado y ambos están afectados de paranoia. Y tanto el Sistema como el Estado, aspiran a perpetuarse indefinidamente, otro rasgo de totalitarismo.

    ¿Esta situación se puede cambiar? Si nos atenemos a lo profetizado en el NT sin duda sí cambiará. Si nos ajustamos al devenir histórico también, pues nada hay sobre la faz de este mundo que sea imperecedero. Pero si lo hacemos desde un frío análisis sociopolítico y económico, el panorama es desalentador. En los dos primeros casos existe la incertidumbre de cuándo sucederán esos acontecimientos que conduzcan a la desintegración del Sistema actual, del que el modelo Estado-nación es parte fundamental. Y si lo pretendemos planificar mediante la argumentación razonada de hipotéticas soluciones o alternativas, nos ahogaremos en un mar de pretensiones inconexas.

    Además, y para empezar a "hacer boca" hay que plantearse cómo se logra el control del Estado. Los métodos se pueden resumir en tres alternativas: mediante su asalto político a través de una fuerza irresistible para las instituciones de dicho Estado; a través de la resolución favorable de un conflicto armado que permite a los vencedores establecer un Estado nuevo sobre unas bases nuevas; y, por último, mediante un proceso revolucionario que sustituya unas estructuras por otras. ¿Cuál es la más propicia para que el tradicionalismo pueda tener suficientes garantías de triunfo?

    Además, no lo olvidemos, tales medidas sólo sirven para los márgenes del Estado, y ¿qué se hace con el Sistema? No cabe duda de que hay que aprovechar los enormes medios que hoy están a nuestra disposición, pero ¿sabemos aprovecharlos? Más aún ¿cuántas "capillas" se tienen que cerrar para que se logre un sentido unidireccional? En efecto, se puede, y muy posiblemente se deba, empezar por los cimientos, por abajo. Pero si una catedral costaba siglos levantarla, ¿cuánto tiempo nos va a llevar esta labor? Por ahora, y en espera de momentos más propicios, lo mejor que nos cabe hacer es difundir, difundir, difundir, el Tradicionalismo entre la gente más joven, es decir, invertir tiempo y palabra en el futuro.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  6. #6
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    Re: La crisis del estado-nación

    Hola Valmadian: ante todo, gracias por tu interesante y extensa respuesta, que paso a comentar.
    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Están en crisis el Sistema y la omnipresencia del Estado en la vida de los ciudadanos. El primero con los problemas de la economía a escala global que demuestran que pueden acabar con el capitalismo imperante.
    Cierto, pero si el capitalismo se va al traste -cosa buena en sí misma-, que más lo sufrirá será la mayoría de expoliados por los propios capitalistas –eso mismo, junto a una obsesión estatalista- es lo que ha decidido a los gobiernos a invertir dineros públicos en los bancos en quiebra.



    Además, como apuntó el propio Belloc, si régimen capitalista naufraga, lo más probable es que, de entrada, se imponga un régimen todavía más totalitario –lo que Belloc llama estado servil y que en lo económico se caracteriza por impedir la propiedad privada de personas y familias, mientras se fuerza a la ciudadanía a trabajar en condiciones esclavistas (cuyos estándares podrían parecerse –o estar incluso por debajo- del proletariado industrial de países como la URSS o China).

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Esto no es malo, al contrario, pero es peor el hecho de que no haya una alternativa , por lo que su colapso definitivo nos podría llevar a la anarquía e incluso a una guerra.
    El coste humano del colapso del capitalismo sería enorme, sin contar ya con lo que vedrá después. El problema consiste en que el “después” es cuestión de tiempo: si no por la vía del colapso, llegaremos al estado servil por la acción conjunta del Mercado y el Estado –en detrimento de la sociedad o, si se me permite el término de Husserl, en detrimento del “mundo de la vida”.

    Por eso hablo de crisis del estado-nación, porque tanto al Mercado como al Estado les conviene substituirlo por algo más eficiente para sus intereses.

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Y tanto el Sistema como el Estado, aspiran a perpetuarse indefinidamente, otro rasgo de totalitarismo.
    Sí señor, aunque yo llamo Sistema a la “confabulación” de Mercado y Estado –que van tan bien de la mano, cada vez más.




    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Además, y para empezar a "hacer boca" hay que plantearse cómo se logra el control del Estado. Los métodos se pueden resumir en tres alternativas: mediante su asalto político a través de una fuerza irresistible para las instituciones de dicho Estado; a través de la resolución favorable de un conflicto armado que permite a los vencedores establecer un Estado nuevo sobre unas bases nuevas; y, por último, mediante un proceso revolucionario que sustituya unas estructuras por otras. ¿Cuál es la más propicia para que el tradicionalismo pueda tener suficientes garantías de triunfo?
    No somos gurús ni pretendemos serlo. Yo no creo en el espadón, acompañado o no de 18 Brumario –la última vez no salió bien. Tampoco creo que el electoralismo solo se baste, aunque a nivel local puede ser una fuerza social y propagandística de primer orden.



    Creo dos cosas: creo que la solución pasa por proponer una España alternativa y convertir ese mensaje en una fuerza social; en segundo lugar –y más polémico, seguramente- creo que no debemos luchar hoy tanto por conquistar las ruinas del estado-nación, sino por constituir las fuerzas sociales que impulsen la España de mañana.



    Confieso que este modelo tiene un poco de revolución burguesa dieciochesca en tanto que creo necesario generar un mensaje alternativo y difundirlo hasta que impregne la sociedad a diferentes niveles, especialmente ante lo que se avecina. Los burgueses liberales usaron primero la falacia, el libelo y la diatriba (todo el XVIII), y sólo después de que una parte de la sociedad creía en sus propuestas tomaron el sable y la pistola: 1789 en adelante, 1820, 1830, 1833/36, 1848, etc.

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Además, no lo olvidemos, tales medidas sólo sirven para los márgenes del Estado, y ¿qué se hace con el Sistema?
    El Sistema es algo muy curioso: permite la existencia de una República Islamica de Irán y de un Emirato de Waziristán, de Transnistria, de un Chipre turco, de Mongolia, Corea del Norte, etc., etc., etc. En pocas palabras: si no te metes con todos a la vez y tienes medios de disuasión te puedes hacer un hueco.

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    No cabe duda de que hay que aprovechar los enormes medios que hoy están a nuestra disposición, pero ¿sabemos aprovecharlos?
    Somos capaces, desde luego. Hay que aprender a luchar por la Tradición en los nuevos tiempos. Monseñor Lefebvre cuenta que primero iba a Gabón en barco y a partir de los 1960 iba en avión; empero, su mensaje seguía siendo el mismo. De lo que debemos olvidarnos es de los modelos del siglo XX, pues no tenemos los medios de esa época, ni la sociedad es la misma (acceso más difícil a la propiedad, lavado de cerebro, medios de masas no impresos, etc.)


    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    En efecto, se puede, y muy posiblemente se deba, empezar por los cimientos, por abajo. Pero si una catedral costaba siglos levantarla, ¿cuánto tiempo nos va a llevar esta labor?
    Yo lo veo como un barco, porque España se hunde poco a poco pero sin remisión. El caso es que mientras el casco podrido que tiene la nao en este momento se va sumergiendo, deberíamos empezar a construir estructuras que permitan a la nación ponerse a flote cuando llegue el diluvio.

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    Por ahora, y en espera de momentos más propicios, lo mejor que nos cabe hacer es difundir, difundir, difundir, el Tradicionalismo entre la gente más joven, es decir, invertir tiempo y palabra en el futuro.
    Muy cierto. Ahí estaremos, espero.

    Un saludo
    ...
    Da patria e religion o fogo santo
    Na gente de Galicia atéa tanto,
    Que morrer só deseja,
    Primeiro que sufrir á negra mingua
    De que os Mouros lle manchen a sua lingua.
    Nin as leis, nin costumes, nin a Igrexa ...

    En toda las edades os Gallegos
    De España muy leales defensores
    Probaron po lo mar e po la terra
    Que non se presentaban nun-ha guerrra
    Soldados mais valentes nin mellores ...

    Non te acòres ti pois, nobre Galicia, ...
    Quizais teus fillos inda che precuren
    Un novo menumento,
    E ardendo no amor patrio que eu che juro
    Resóe traspasando o firmamento
    O nome de Galicia santo e puro.

    D' aqui non nos arrincan herejes nin gentios,
    Nin tod' os protestantes con mouros e judios.
    ---
    A' Galicia - Joan Manoel Pintos, 1861

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  7. #7
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    Re: La crisis del estado-nación

    Muchas gracias por responder y... creo que por dar "esperanzas" sabiendo de dónde vienen ¡ójalá! y pronto.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  8. #8
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    Re: La crisis del estado-nación

    Yo hablare de aquello que me toca más de cerca:
    Cita Iniciado por Cavaleiro Ver mensaje
    Como nota y aviso, creo que deberíamos tener extremo cuidado con las familias, asociaciones o grupos de la Iglesia Posconciliar. A pesar de la entrega y buena voluntad de muchos religiosos, laicos o no, la Iglesia está descuidando el apostolado y la salvación de las almas –que es su primera finalidad– para realizar el programa masónico que ya le asignaban los ministerios de Carlos III: reducir su misión social a aquellas funciones que sean de “utilidad pública”. Así, la Iglesia Posconciliar se ha convertido muchas veces en una ONG –cuando no en un lamentable apoyo ideológico del neoliberalismo, como en el caso de la Conferencia Episcopal. Como vemos a menudo, no por haberse vuelto una ONG respeta más el sistema a la Iglesia, sino que la ataca y debilita todavía más. Por citar ejemplos graves de lo expuesto, ha llegado a mis oídos el caso de sacerdotes –excelentes cristianos- que han desatendido a sus rebaños para procurar vivienda y empleo a criminales oriundos de Colombia o Ecuador, algunos de ellos asesinos convictos o antiguos miembros de las FARC, que maltrabajan tres meses para luego vivir del INEM; al igual que en muchas parroquias se está ayudando a la adopción de niñas chinas por parte de familias españolas. La Iglesia no puede negar su caridad en base a credos, razas o nacionalidades, pero debe administrarla con la justicia y criterio que le fue propio en sus mejores días. La Iglesia no debe ser usada por el sistema como parche a los problemas sociales que el propio sistema genera sin contención alguna. Tal y como en su día la Iglesia denunció los efectos de la proletarización en la Rerum Novarum, la Iglesia debería denunciar la inmigración masiva en tanto que forma de desarraigo y explotación de millones de personas, así como criticar la venta de niños bajo el nombre de “adopción internacional” como lo que es: tráfico burocratizado de seres humanos. Mientras la Iglesia no se ocupe en primer lugar de su verdadera misión, en vez de adoptar contra natura el rol político que le adjudica la Modernidad, pocas serán las voces que desde las parroquias apoyen nuestro mensaje; más bien deberíamos hacer que nuestro mensaje llegue a también a las parroquias, pues es allí tan necesario como en la calle. Es una lástima que tantos sacerdotes comulguen hoy con el credo ideológico de la Modernidad.


    Veo en este parrafo de su artículo, excelente por otra parte, una especie de fobia rara a la Iglesia "postconciliar" que no aunque entiendo, pues hay veces en que las actitudes de ciertos miembros del clero dan motivo a ello, no comparto. La Iglesia no es solo esa pretendida ONG y tengo la seguridad de que algunas de las ideas que ustedes manifiestan, de las cuales estoy yo de acuerdo, serían muy bien recibidas entre los determinados grupos y movimientos que se encuentran en la Iglesia a día de hoy.

    ¿En que plano deberían ustedes de actuar entonces? hay una idea que es cierta y que no podemos dejar pasar: la Iglesia en el día de hoy es aceptada por interes, el teorico respeto que "espabilaos" como Gabriel Albiac, Pio Moa, etc.. le tienen hoy a la Iglesia es uno de esos amigos/enemigos que hoy tenemos porque uno nunca sabe, bueno en realidad si que se supone, si mañana mantendrían ese apoyo si la Iglesia dejara de apoyar a ciertas ideas.

    Cita Iniciado por Cavaleiro Ver mensaje
    Las familias son comunidades, como lo son las parroquias, los oficios, las localidades, las comarcas. Al fin y al cabo, España es una gran comunidad –con un ideal y una misión histórica trascendente que le confieren perfecta unidad y sentido en la Creación
    Creo que este parrafo resume perfectamente los principios según los cuales nos deberíamos de mover, hablaba usted de reformulación y creo que aquí deja usted, por supuesto no siendo el unico, pinceladas de dicha reformulación. Al fin y al cabo nuestros problemas actuales provienen precisamente de desconocer que somos creación de Dios, que estamos llamados todos a una misión superior y que España es heredera y actriz principal de una de las obras más importantes en la línea de los imperios precedentes.

  9. #9
    Avatar de juan vergara
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    Re: La crisis del estado-nación

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    Estimado Cavaleiro:
    Tu esforzado artículo da para un extenso debate; habría que encontrar el modo de desarrollar todo esto, pues, como bien dice LITUS "no podemos seguir siendo espectadores, que, desde el ordenador critican cuanto les rodea como si fuéramos inválidos". (Bravo, Litus!!!Todos deberíamos hacer propio dicho apotegma).
    En lo tocante a la "Crisis del Estado y respuesta política desde posiciones tradicionalistas", teniendo en cuenta que este impío globalismo o mundialismo hiere a todos; no es viable que sea una sola Nación o Estado el que dé la respuesta y los enfrente.
    La cuestión, a mi modesto entender no puede quedar circunscrita solo a España; sino a las Españas o a la Hispanidad.
    La Cristiandad -que es un orden político, cuyo tronco mas fecundo fue precisamente la Hispanidad- ha muerto, y lamentablemente no es ajeno a ello el modernismo, el progresismo, la teología de la liberación y las consecuencias del Vaticano II.
    Cabe recordar que nuestras estirpes provienen del pensar Helénico, del espíritu de aquellos 300 de las Termópilas, que murieron para que su Patria viva; de la concepción política de Alejandro Magno; de la virtud del Homo Conditor Romano; del pensar Ciceroniano, y la poetica de Virgilio; de San Benito, Padre de Occidente, del emperador Carlomagno, del legendario y glorioso Pelayo; del Cid Campeador -que supo ganar batallas después de muerto-; de los Reyes Católicos, que lograron la unidad política de los reinos Españoles para generar un Imperio, y la obra politico misional sin parangón en la historia humana producida en América.
    Con la mención de estos hitos, expuestos a mero título ejemplificativo, no pretendo hacer "angelismo", "ideologismo"; ni maniqueísmo o sectarismo (Dios nos guarde de esas nefastas experiencias). Si las traigo a colación es porque mas allá de las miserias propias de toda obra humana, existieron realmente y nos deben servir como los arquetipos en estos momentos crepusculares.
    Es decir que debemos rescatar, recrear y actualizar nuestras raices. De allí que, como formamos parte de una concepción religiosa que cree en la resurrección; es hora entonces que resucite Don Quijote y rescatemos a Dulcinea.
    En fín, agradezco tu artículo y espero, siguiendo la propuesta de LITUS que se pueda ir de algún modo concretando aquello para no quedarnos en una mera crítica desde el ordenador, y pasar a efectivizar una Militancia como nos pide el Apostol y nos lo recuerdan nuestros Mayores.
    Un abrazo.

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