"¡Es la guerra, estúpidos!": los que movieron los hilos "progres"
Fue la escuela creada por un tipo brillante e inteligente la que se empeñó en subvertir la sociedad tradicional con los valores llamados "progresistas". De ahí a Zapatero, una larga batalla.
Un libro ya ciertamente antiguo me hace pensar en que las ideas tienen más consecuencias de las que aquellos que creen normalmente que "las ideas tienen consecuencias" piensan. Ruego me perdonen lo enrevesado de la frase pero tiene más miga de lo que parece. El libro del que hablo fue escrito en 1997 por
David Horowitz, Peter Collier y
J. P. Duberg. Su título,
It´s a war, stupid! (
¡Es la guerra, estúpido!).
Horowitz es uno de los autores neoconservadores más relevantes del panorama norteamericano y, al revés de lo que piensan algunos majaderos del PSOE, por "neoconservador" debe entenderse ciertos miembros de la extrema izquierda estadounidense de los años 60, que adoptaron posteriormente un ideario "conservador" consistente en la defensa acrítica de la política israelí y del neoliberalismo. De hecho,
Horowitz mismo se formó en el ambiente judío cosmopolita de la elite comunista neoyorquina.
Franz Boas fue el desarrollador moderno de la llamada "ideología progresista".
Sea como sea su libro tiene razón en la idea central que expresa: durante el siglo XX, el "socialismo" -"progresismo", que diríamos en Europa- ha librado una guerra unilateral contra la sociedad tradicional. Lo mismo que sucede en cualquier otra guerra, la primera víctima es la verdad y
Horowitz denuncia que muchos defensores de la tradición jamás se han percatado de lo que está sucediendo.
A este respecto, una de las subversiones más importantes producidas durante el siglo pasado tuvo lugar en el campo de la antropología y provocó el cambio paulatino desde una visión del hombre construido por una compleja interacción de factores hereditarios y ambientales hasta un paradigma en el que lo ambiental es todo y, por consiguiente, puede modificarse. Es posible que a algunos les suene a esperanto, pero el caso es que la paulatina modificación de creencias, valores y pautas de comportamiento que aborda el actual gobierno Zapatero tienen su base ahí. Quienes hayan estudiado en alguna universidad española pública -por ejemplo, la UNED- sin estar ellos mismos imbuidos del petulante y mesiánico hedor de la progresía "emancipatoria", sabrán muy bien de qué hablo y comprenderán que
Horowitz señalaría en nuestro país a la casi totalidad del espectro cultural, político e ideológico "conservador" que sigue creyendo que todos nuestros problemas son económicos.
Y es que, en realidad, la guerra venía de muy atrás. Un hombre genial,
Franz Uri Boas, rodeado por gente igualmente de inteligencia extraordinaria, a la par que comprometidos con algo más que una cuota mensual respecto de ideas de calado incalculable, como su mecenas
Abraham Jacobi, se empeñaron en un combate a muerte contra la sociedad tradicional de su tiempo. Gracias a
Jacobi, que además de proporcionar todos sus contactos al recién llegado
Boas, le sostuvo pagando él mismo la mitad de su sueldo durante largos períodos,
Boas consiguió una cátedra de antropología en un flamante departamento universitario de Psicología y Antropología. Desde allí creó escuela e inició su guerra particular contra la sociedad prusiana cristiana a la que odiaba.
Boas esparció sus enseñanzas y sus discípulos que conformaron una parte fundamental del ideario "progresista" de nuestros días. Desde la falsaria y mundialmente conocida
Margaret Mead, alumna suya, hasta su amigo personal
Henry H. Donaldson o su otro discípulo
John Broadus Watson, todos han contribuido a remodelar una psicología y una antropología que busca no comprender la naturaleza humana sino -en palabras de
Watson- "predecir y controlar" el comportamiento.
Pero, ¿por qué invertir tanto esfuerzo en algo aparentemente tan académico y teórico? Pues porque desde la Ilustración el hombre, "emancipado" de cualquier instancia superior, busca dominar la naturaleza y el mundo a través de la técnica. Naturalmente, busca dominar a otros hombres en lo que no es sino una estrategia de poder. El componente innato del hombre, de carácter hereditario, es un formidable valladar que debe ser minimizado en aras de conseguir predecir su comportamiento y controlarlo, como ya expresara el padre del ambientalismo
John Broadus Watson. Lo que se dirime aquí no son unas elecciones europeas más o menos, sino una idea absolutamente estratégica que ha modelado desde la Universidad de Chicago hasta los planes sociales de varias administraciones norteamericanas, desde
Roosevelt hasta
Clinton y
Obama, pasando por la hegemonía total en centenares de departamentos académicos europeos y occidentales en general.
Así, un discípulo de
Boas, Ashley Montagu presidió el comité de la UNESCO que redactó una declaración sobre la "raza", cuyos supuestos manejan el 95% de los periodistas de hoy sin siquiera saberlo.
Keneth Clark, otro boasiano, suministró información falsa al Tribunal Supremo de los Estados Unidos que sentenció en el famoso caso de Brown vs. Consejo de Educación de Topeka, Kansas, y del que derivó toda política "dessegregacionista" de los años 60. Y de nuevo otro boasiano como
Otto Klineberg condicionó durante décadas la política de inmigración norteamericana, sentando las bases teóricas del multiculturalismo como elemento "beneficioso" de las sociedades modernas.
Excede con mucho de un artículo explicar las vinculaciones, absolutamente fundamentales, de la izquierda cultural con la globalización y la destrucción de las sociedades tradicionales. Pero lo que sí que nos gustaría subrayar es que para responder a esa guerra que
Horowitz denuncia como "unilateral" -él sabe muy bien de qué habla-, es necesario poseer gente que conozca los términos reales en los que se da la batalla. Cualquier otra cosa es una rendición por anticipado.
Eduardo Arroyo. (C) El Semanal Digital, 2009.
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