Revista FUERZA NUEVA, nº 522, 8-Ene-1977
Lo que va de un paraguas a Paracuellos del Jarama
(…) En este contexto democrático y como uno de los más conspicuos valedores del mismo, tenemos al presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, don Torcuato Fernández Miranda y Hevia de cuyos restantes títulos y condecoraciones excusamos el lector. Don Torcuato, nombre de varón apostólico y gesto, según algunos, antipático, ha sido objeto recientemente de un desagradable incidente que podríamos llamar la manifestación de los paraguas. Y que ha servido para que algún periódico “El País”, con no demasiado respeto, caricaturizase al presidente de las Cortes y a un no sé si imaginario o real chichón. Vaya también por delante mi desaprobación del chichón, del paraguazo, del insulto o de lo que hubiera.
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¿Por qué quien había sido vicepresidente del Gobierno del Almirante Carrero (Fdez. Miranda) fue objeto de tan poco cordial acogida de quienes habían acudido a un funeral por el alma del asesinado presidente? La explicación es sencilla. Los allí presentes estimaron, con razón o sin ella, que el señor Fernández Miranda representaba en esos momentos todo lo contrario a los ideales de la España del 18 de Julio desmontados desde las Cortes, aunque no sólo desde ellas, que preside don Torcuato. Y reaccionaron violentamente con la voz y con el paraguas. (…)
El 20 de diciembre (1976) hubo tres equivocaciones, aunque parece ser que solo se está juzgando la tercera, que es la más comprensible. Lo que no quiere decir que sea encomiable. La primera equivocación fue la del señor Fernández Miranda al presentarse en un sitio donde evidentemente no era bien querido. Y no lo digo sólo por los que le insultaron, sino porque parece ser que entre la multitud allí congregada nadie salió en defensa del presidente de las Cortes.
La segunda equivocación fue, dado el empeño del señor Fernández Miranda de estar presente en aquel lugar, que no se hubiera previsto por los que tienen a su cuidado el orden público una protección adecuada. Que parece ser brilló por su ausencia.
La tercera fue la agresión verbal y hasta física, si la caricatura de “El País” tiene fundamento. Que no se puede disculpar, aunque si comprender. Hasta aquí lo explicable. A partir de ahora comienza lo ininteligible. Debe ser la famosa “trampa saducea” que nunca nadie logro saber lo que era.
La autoridad gubernativa (Adolfo Suárez) sanciona con dos elevadísimas multas a dos de los asistentes al acto, sin duda por entender que fueron ellos los agresores del presidente de las Cortes (…) ¿Qué pruebas pueden van a alegarse en el caso que se instruya causa a los multados? Cosa que creo y pienso que será por ello no ha sucedido hasta el momento.
Si es así, ¿por qué una multa de tan elevadísima cuantía? ¿No pasará lo mismo que con el gravísimo expediente a los generales de Santiago e Iniesta, concluido, con el descrédito consiguiente, en el reconocimiento de la absoluta improcedencia del pretendido pase a la reserva? Todo esto viene a unirse a las fianzas, también muy cuantiosas, exigidas a los periodistas ("ultras") Manuel Ballesteros, García Serrano, Herminia C. de Villena… ¿Dónde están los privilegios de la extrema derecha tan cacareados por determinada prensa?
Y todo resulta ya absolutamente incomprensible cuando Santiago Carrillo sale de prisión con 300.000 pesetas de fianza. ¿Es que, en el supuesto, que los propios interesados rechazan con toda energía, de que hubieran sido los autores del paraguazo se puede comparar la agresión, rechazable desde luego, al presidente de las Cortes con el historial de sangre más siniestro de toda la historia de España? ¿Tanto vale el señor Fernández Miranda y tan poco los 10.000 asesinados de Paracuellos?
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¡10.000 asesinados por 300.000 pesetas! ¡Qué barato ha resultado! 30 pesetas cada uno. 30 monedas. Igual que Judas. Y los 10.000 fueron a la muerte por Dios y por España por el mismo precio que Jesús. (…)
A Judas más le valiera no haber nacido. Y murió desesperado, colgado, de una encina. Cristo resucitó al tercer día. Con él, en su gloria, hay 10.000 mártires, que también costaron 30 monedas, pidiéndole desde sus cuerpos desgarrados, como el de Cristo, por la metralla de los sicarios de Carrillo la resurrección de España.
Francisco José FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA
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