Revista FUERZA NUEVA, nº 475, 14-Feb-1976
LA MAFIA CATALANISTA (Vuelven los fantasmas)
Es notorio en Cataluña y fuera de ella que el Consell de Forces Politiques de Catalunya se está pasando de rosca. Fuerza situaciones y asume actitudes fuera de las leyes vigentes. Debe contar con buenos arrimaderos en el Gobierno actual, según alardean, pues, de lo contrario, no se explica su desfachatez en ejercicio. Por si fuera poco, hablan con todo desparpajo de “ruptura democrática” …
En realidad, se trata de un círculo cerrado, tipo mafioso, de suma ambición política, juramentado en los avatares de la clandestinidad, la cárcel y el exilio, que sabe adónde va y lo que quiere. Han empezado por una sistemática campaña de promoción y es raro el día que no aparezcan de figurones en actos públicos y sus declaraciones en la prensa de aquí y de allá. Simulan actitudes diferenciadas, discrepantes entre sí en el espectro político, pero pertenecen todos a una misma clave de férrea disciplina subversiva, que en su forma externa viene cifrada con el marchamo de “obediencia catalanista”. Deberíamos aproximarnos, para tener una somera idea de ello, a sociedades tipo mafia o similares. Tal vez hablar de masonería no sería exagerado. Sería ilustrativo, pues, bucear en el laberinto siciliano “Cosa Nostra”, “Onorata Societá”, etc., tan pródigo en este tipo de contubernios ocultos, para detentar el poder político.
Los individuos que forman el Consell, demócratas integrales, de los de a machamartillo, pues no faltaría más, se han autoelegido a sí mismos. Lo que ya resulta más difícil para una mente despejada es determinar en qué comicios de la tan cacareada democracia lo han sido y por quién o quiénes. Baste aclarar que algunos de ellos, el motor de arrastre, son figuras fantasmales del pasado, cadáveres políticos del año 1936, exhumados a toda prisa, para, así, crear una ficción, la gran logia de la “gran esperanza”. Léase cambio y vuelco subsiguiente.
Para muestra, un botón
Sus nombres evidencian lo expuesto. Se pone por caso, un Pere Ardiaca (PSUC, Partido Comunista Catalán), o un Josep Andreu Abelló (Esquerra Republicana de Catalunya) ...
De ese José Andreu son recientes unas declaraciones (ver «La Vanguardia Española» del 4-1-76, página 23), donde se pronuncia por el olvido de la guerra civil y sus consecuencias. Según él, Cataluña era el Jardín del Paraíso, una pura delicia en la mente de Alá al estallar la lucha intestina, y España, en cambio, era un horno rugiente de odio.
Sin embargo, en el libro «El Alzamiento, la Revolución y el Terror en Barcelona» (Librería Arysel, 1943, Barna.) aparece un tal José Andreu Abelló formando parte del llamado Tribunal Popular de Cataluña. Puede leerse textualmente en la página 151: “El día 1 de octubre comenzó a actuar esta checa, inaugurando sus tareas con tres sentencias de muerte. El día 4 se constituyó de nuevo y fulminó cuatro sentencias capitales. El día 7, otras cuatro. Días después dejó de pertenecer al Tribunal Popular el “magistrado” Andreu, que pasó a encargarse de la presidencia de la Audiencia”, cargo que no dejaría durante toda la guerra civil. Fue una promoción de “mérito”, rápida y afortunada. Pero se ignora u omite ese extremo en la citada entrevista.
Puede uno preguntarse cómo de un paraíso se pasa, por arte de birlibirloque, a la más espantosa de las orgías asesinas. En el «Boletín de Estadística», anexo a la «Gaceta Municipal», de Barcelona, en la página 13 de la sección “Resúmenes demográficos de la ciudad de Barcelona del período 1936 a 1938”, se puede leer:
“La gran mayoría (de asesinados) desaparecían, como fardos inmundos, de los depósitos, siempre atiborrados de cadáveres bárbaramente mutilados y que diariamente habían de desalojarse para recibir la nueva mercancía de estos espantosos almacenes de la muerte.”
Una vez liberada Barcelona, todavía quedaban 2.940 placas (fichero fotográfico) de cadáveres por identificar.
La mecánica oculta
¿Por qué piden con machacona unanimidad todos esos “representantes democráticos” la devolución del Estatuto de Autonomía para Cataluña? Ese Andreu, uno de los tantos, vuelve a la carga en sus declaraciones a la prensa (ver «Diario de Barcelona», «Primera Plana», del 28-12-75, página 3). En primer lugar, ello significaría una plataforma básica y formidable para volver a las andadas. Se posee la experiencia que tan “buenos” resultados diera. Se vienen aplicando los mismos modelos de captación de masas (“el que trabaja en Cataluña es catalán”, de subversión insidiosa (“el Gobierno español vive a expensas de Cataluña”), que se usaron por aquel entonces: catalanismo, igual a separatismo irreversible.
Sólo se pide “tiempo”. Luego, agitación a todos los niveles: vaso comunicante de la prensa, circuitos del periodismo “converso”, premios literarios a determinada mentalidad, mimos a la juventud inconformista, a los políticos e intelectuales “castellanos” maleables, etcétera. La enumeración sería tan prolija que su deslinde nos ocuparía toda la publicación.
Por otra parte, hay una crispada ambición de poder, sacrosanto terreno acotado a los genuinos. Existe la experiencia de un poder autónomo, o sea, la Generalidad, que, contrariamente a lo que su nombre significa, sirvió para practicar la “vendetta” política más espeluznante y el más furibundo de los particularismos. No mereció la confianza que el Gobierno republicano, a fuer de liberal y bobalicón, le otorgara…
No estará de más retrotraer, en el aspecto económico lo que fue la gestión de aquella Generalidad por la que tanto ansían, tan modosillas ellas, esas voces plañideras. Aquello, dicho en castizo, fue un espantoso saqueo a todos los niveles. Se llegó, incluso, al robo innúmero de fondos de particulares, gente de toda condición social, depositados en Bancos. Véase el facsímil de un volante de la Generalidad en ese aspecto. Muy posible, y no es demasía conjeturarlo, que previamente fueron asesinados. Asimismo, pareja solución se dio a las actividades financieras y bursátiles. Las cuentas corrientes quedaron bloqueadas.
Se creó la Comisaría General de Banca, Bolsa y Ahorro, tomándose una atribución que el Estatuto de Autonomía legalmente sólo reservaba al poder del Estado. De un presupuesto legal de 80 millones de pesetas anuales (pesetas de las de aquellos tiempos), que correspondía a la Generalidad, había ya gastado ésta, en los primeros veinte días de periodo “revolucionario”, 60 millones. Se pidió a Madrid: a) un crédito de 50 millones de pesetas; b) otro, pero situado en París, de 30 millones de francos; c) permiso para adquirir divisas extranjeras hasta la cantidad de 100 millones de pesetas.
Como sea que la República se hiciera sorda a tales solicitudes, en represalia “manu militari”, por la fuerza, la Generalidad se entregó a una verdadera bacanal económica. Se incautó de todas las sucursales del Banco de España y de los caudales acumulados en las Delegaciones de Hacienda, e igualmente, de las disponibilidades crematísticas y crediticias de Bancos y Cajas de Ahorro, mientras dejaba al albur de los “revolucionarios” e “incontrolados” la suerte de adinerados, empresarios o enemigos políticos. En el extranjero, cómo no, dijeron que el pueblo tomaba justicia sobre “franquistas”, “facciosos” y “fascistas”.
En este orden de cosas, con fecha 9 de octubre de 1936, la Generalidad obligó a los Bancos y Cajas de Ahorro a que fueran entregados cuantos valores extranjeros o divisas tuviesen. Llevó el despojo a su límite extremo ordenando la apertura de todas las cajas fuertes de alquiler que había en los Bancos para apropiarse del metálico y joyas que hubiese en depósito en las mismas. No fueron ni respetados los Bancos que eran sociedades extranjeras. Todo valor cotizable o pignorable voló. Después del despojo se hicieron valiosísimos envíos al extranjero en joyas y oro amonedado y en barras.
Baste enumerar que, desde el comienzo de la “revolución”, segunda quincena de noviembre del mismo año, la generalidad llevaba “gastados” 208 millones de pesetas.
En su obra «La Revolución y guerra de España», Diego Abad de Santillán cuenta:
“La audaz política de Tarradellas consiguió vencer los obstáculos de los primeros meses mediante las incautaciones llevadas a cabo en los establecimientos bancarios de Cataluña; pero estas incautaciones tenían un límite, y llegó el instante en que hubo que recurrir, para hacer frente a las necesidades urgentísimas, a las emisiones propias, de las que no respondía el Gobierno nacional” (léase la República).
Ese Tarradellas o Terradelles, apellido normalizado ya en catalán químicamente puro, es el que piden con tanta insistencia, en retorno de su exilio, los del Consell, a fin y efecto de que presida, como muy honorable señor presidente, la “nueva” Generalidad.
¿Espíritu cívico?
Aquí hay un desliz formal, pues donde dice “cívico” querrá decir cínico. El ya citado Andreu Abelló, que fue presidente de la Audiencia en aquella feroz época, cargo de tremebunda responsabilidad, en la aludida entrevista de «La Vanguardia» manifiesta su civismo, el que le preocupa la legalidad actual: “Creo que la legalidad debe acomodarse a la realidad, y si esto no se hace se puede caer en la anarquía.” Pide y urge que se concreten cambios en los textos legales que, a su vez, sean simultáneos a la realidad. ¿De qué realidad habla? ¿De la realidad orquestada por los maestros cantores del cambiazo? ¿La realidad que está creando la prensa protestataria y pulsada en tantísimos casos por los circuitos de una componenda más que ducha, y que nunca da la cara?
Sólo Dios sabe con qué turbios fondos se cubren una serie de actitudes y contumacias, que llevan a esa tenaz labor de zapa contra los logros generales tan penosamente alcanzados. Fueron la enemiga constante de España hasta lograr el veto de toda ayuda extranjera. Con ello decían castigar al gobierno, pero a quien saboteaban y reducían a la penuria fue al pueblo español, al verdadero, el de aquí, el de cada día.
Porque si uno se retrotrae a la legalidad que imperaba cuando estos “demócratas” de tanta solera detentaban el poder, un auténtico fascismo de izquierdas, el ejemplo fue horripilante. Baste recordar a los ahora poco avisados, para que no se quejen luego, un juicio. (El juicio, cuya traducción viene en recuadro, que reseñó la «Publicitat», periódico barcelonés de aquella época y correspondiente al 14 de abril de 1937.) Ni que decir tiene que en el extranjero nadie abrió la boca, ni se “enteraron”.
También en ese juicio, bajo la égida de esos “demócratas”, sonaron las palabras de amnistía e indulto, tan caras a los vociferadores y orquestadores de ahora, que tanto nos la urgen y piden.
Se comprende que muchos, aparte de querer recuperar a sus cabecillas, para un inmediato futuro activista, quieran lavar un pasado de tan incómoda y atroz memoria.
Que tanta sangre no sea una burla
El Evangelio, a los cristianos, nos obliga al perdón, pero de ninguna manera nos alecciona sobre el olvido. En cambio, la historia sí, y nos instruye sobre ello. Nos dice que hay olvidos suicidas, que a los pueblos olvidadizos la historia se les presenta de repente en el mismo lugar, cualquier madrugada asesina.
|
Marcadores