Revista FUERZA NUEVA, nº 481, 27-Mar-1976
… Enrique de Angulo, periodista de la CEDA nos informaba
«El Debate» era el órgano de Acción Popular de la CEDA, de José María Gil Robles. Durante la II República tuvo en Cataluña un corresponsal notorio, Enrique de Angulo. Todavía hoy se puede leer «Diez horas de Estat Catalá», el más completo reportaje sobre los hechos del 6 de octubre de 1934, en el “oasis de la República”, como califican la situación pública de Cataluña, en aquellos años de desorden y crimen, los antiguos marxistas e izquierdistas…
… Así reseñaba Enrique de Angulo lo vivido en aquellas calendas [1934]:
“Desde hace 40 años [1894] se ha venido incubando el movimiento secesionista, que culminó en la noche trágica del 6 de octubre de 1934. No es la Esquerra catalana la principal responsable del mismo, sin que al sentar tal afirmación queramos exculparla en modo alguno. No lo son los infieles obcecados por las propagandas nacionalistas, que sinceramente y de buena fe odian a España por considerarla explotadora de la que creen su patria única, Cataluña. Tampoco lo son los jóvenes escamots que, fieles a tales principios querían formar en el ejército libertador.
Las responsabilidades máximas pesan sobre quienes crearon un problema ficticio para servir medros y ambiciones políticas.
Hace 40 años [1894] no había separatistas en Cataluña. El arte, la literatura, el intelectualismo catalán, eran típicamente españoles, porque reciamente españoles eran Balmes (m. 1848), Fortuny (m. 1874), Milá y Fontanals (m. 1884), Prim (m. 1870), Monturiol (m. 1885), Pi y Margall (m. 1901), Víctor Balaguer m. 1901), Mañé y Flaquer (m. 1901) y todos los valores desatados en las principales manifestaciones de la vida espiritual y política.
Al alborerar el Renacimiento literario [Renaixença] en Cataluña con Buenaventura Aribáu (m. 1862), siguió la propaganda política del nacionalismo. Las Bases de Manresa [1892] fueron una de las primeras manifestaciones del patriotismo catalán. La actuación de la Lliga Regionalista desde los primeros momentos fue un continuo fomentar de la rebeldía de Cataluña, envenenando la política general de España. En la prensa y en el mitin se menospreciaban las esencias españolas, el Ejército era objeto de continua befa, se tomaba a chacota cuanto tuviera marchamo español.
La Lliga y sus hombres pusieron todo su empeño en acentuar las Bibliotecas de la Mancomunidad y el Institut d’Estudis Catalans, cuyos componentes no titubearon en bastardear el idioma catalán, inventando palabras nuevas a fin de relegar al olvido aquellas que más se pareciesen al castellano. Fomentaron las instituciones culturales que tenían el primordial objeto de acentuar la separación entre la cultura catalana y la española. En las escuelas primarias de la Mancomunidad, fundadas por Prat de la Riba (m. 1917), se enseñaba a los niños una lamentable historia de Cataluña que rezumaba fobia antiespañola; la geografía de Cataluña se estudiaba como algo totalmente distinto de la geografía de España…
Cambó (m. 1947) ha repetido hasta la saciedad, en innumerables discursos, que se debe a la Lliga el despertar del catalanismo en forma no sentida desde hacía más de 300 años. “Quiero más –decía en 7 de enero de 1927- este revivir de la conciencia catalana que cien leyes de autonomía; quiero más una Cataluña sin ninguna libertad, hablando en catalán y sintiendo en catalán, que eso le traerá la libertad, que una Cataluña con los mayores atributos de soberanía política, pero teniendo amortecida su conciencia nacional. Yo me acuerdo cuando salíamos del círculo de la Lliga de Cataluña, en la Rambla de las Flores, durante la Guerra de Cuba, al salir de allí, encendidos de patriotismo catalán, nos sentíamos en la calle como extranjeros, como si no nos hallásemos en nuestra casa, porque nadie compartía nuestras aspiraciones. Y nosotros las hemos infiltrado en todas las clases sociales de Cataluña”.
Y así, merced a esa labor persistente y tenaz, se rompió el sentimiento de solidaridad entre Cataluña y el resto de los españoles. Es de justicia, empero, hacer constar que la Lliga no es separatista. Comprende que Cataluña no puede estar separada de España. pero, cuando se ha sentado la premisa de Cataluña nación, no es de extrañar que las masas que han respirado tales enseñanzas no se detengan en sutiles distingos entre nacionalismo y separatismo y tiendan a hacer que la nación catalana y el Estat Catalá sean una realidad. Por ello, es fuerza reconocer que esa pléyade de exaltados separatistas que odian de verdad a España y llegan a empuñar las armas y lanzarse a la guerra civil, son fruto de 40 años [1894-1934] de labor antiespañola.
La triste realidad nos ha evidenciado la existencia de esas juventudes de Estat Catalá y de Nosaltres sols, de los minyons de muntanya y de los partidos nacionalistas de izquierdas y derechas, que han superado los propósitos de los propagandistas. A la Lliga la desbordó Acció Catalana; ésta se vio desbordada por la Esquerra; la Esquerra se ha visto arrollada por Estat Catalá, que, a su vez, se veía acuciado por Alianza Obrera. Como remate de lucha se hubiera impuesto la FAI.”
Lo que ya sucedió el 19 de julio de 1936. Y, además, la Esquerra y la FAI quedaron sojuzgadas por el PSUC, la sección catalana del Partido Comunista de España…
Más antecedentes de la catástrofe catalanista
Continúa Enrique de Angulo:
“Con la caída de la Dictadura de Primo de Rivera se intensificó la propaganda separatista. Y las elecciones de abril de 1931 tuvieron por consecuencia la proclamación de la República Catalana. Ya el Gobierno Provisional de la República vivió pendiente del pacto de San Sebastián, misterioso pacto concertado entre un reducido grupo de políticos y que obligaba a toda la nación. Pacto que nadie, ni los mismos que lo subscribieron, conocía a conciencia…
Luego, durante el Gobierno Azaña, estuvo éste vendido constantemente a los 50 votos de la Esquerra, imprescindibles para un quorum parlamentario que le permitía disponer del poder a fuerza de concesiones humillantes. Desde el primer momento, emprendió la Esquerra su campaña antiespañola. Todos los actos del Gobierno de la Generalidad, con todas las claudicaciones de los Gobiernos de la República, eran otros tantos jalones que nos tenían que conducir fatalmente a la sublevación que con caracteres de guerra civil fracasó la noche del 6 de octubre de 1934. Tal actitud llegó al desenfreno cuando se hizo pública la sentencia del Tribunal de Garantías Constitucionales anulando la Ley de Contratos de Cultivos, aprobada por el Parlamento catalán el 12 de abril de 1934. El Gobierno de la Generalidad, según es de todos sabido, se rebeló contra la sentencia y contra el Tribunal, negándose terminantemente a dar cumplimiento a sus fallos…
En aquellos días se meditó el plan de la guerra civil, que orilló por entonces Companys, alegando que no era lícito emprenderla a tiros contra un Gobierno que, como el de Samper, encajaba y asimilaba pacientemente todos los desplantes y actos de rebeldía de los separatistas, aún aquellos más intolerables y bochornosos. El ambiente bélico llegó a envolverlo todo… El Gobierno de la Generalidad estuvo durante la madrugada del domingo 17 de junio [1934] estudiando la actitud a adoptar en el caso, que creían inminente, de que llegase a Barcelona el jefe del Estado Mayor Central, general Masquelet, a hacerse cargo del mando de la División y a incautarse del orden público en Cataluña. Hubo quien propuso secuestrarlo al llegar a territorio catalán, y no faltaron voluntarios para ello…
Los periódicos de la Esquerra, y muy especialmente los semanarios separatistas, publicaban exaltadas soflamas guerreras, como si se tratase de excitar el patriotismo del pueblo en vísperas de una gran movilización. Todo esto pudo impunemente publicarse sin escándalo del fiscal y con la resignada tolerancia de los Gobiernos de la República. Hasta en el Boletín Oficial de la Generalidad se reflejaban los preparativos bélicos, pues dedicó en un día siete páginas al nombramiento de 1.066 aspirantes a guardias de Seguridad de Cataluña, todos los cuales tenían uniformes, correajes y armas preparadas.
El episodio más saliente de aquellos días y más eficaz para la causa separatista fue el desarme del Somatén. Se llevó a cabo con una facilidad y sencillez que pone de relieve lo expeditivo de los procedimientos con que obraba la Generalidad y de un modo especial Dencás, Badía y los militares españoles Menéndez, Pérez Salas, Bosch y Guarner, al servicio de los hombres de Estat Catalá. Este desarme general de los somatenistas no adictos a la Esquerra sirvió a los dirigentes de Estat Catalá para incautarse, según relaciones oficiales, de un total de 81.469 armas, de las cuales 17.662 eran pistolas y revólveres y, las demás, armas largas, principalmente fusiles Winchester; había un millar de Mausers. Ni que decir tiene que mientras se daba de baja en bloque a esos millares de somatenistas no adictos, se extendieron a toda prisa los correspondientes nombramientos a favor de los 60.000 rabassaires inscritos como simpatizantes de la Esquerra, proveyéndoles de armas y municiones para su nuevo cargo…
La anual [1934] manifestación conmemorativa del 11 de septiembre se distinguió, como en años anteriores, por el alarde de banderas separatistas y por el furor con que pública e impunemente, en presencia de la autoridad, se rompieron y quemaron banderas republicanas. Las fuerzas de Seguridad y Asalto, al desfilar ante el monumento a Casanova, en presencia de Companys y del Gobierno de la Generalidad, rindieron homenaje a la bandera de la estrella solitaria, en medio del frenesí separatista y de continuados Viscas a Catalunya lliure y mueras a España. Y los Gobiernos de la República lo consintieron todo y, con inconcebible inconsciencia, facilitaron el que, al amparo del traspaso de servicios del orden público a la Generalidad, pudiera ésta preparar descaradamente la rebelión y organizar y armar el ejército que se había de alzar contra la Patria…”
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… Francisco Maciá: militar traidor al Ejército español; separatista rabioso, que en Rusia pactó con los dirigentes comunistas…
Juan Tusquets, en su obra fundamental «Orígenes de la revolución española» (1932), dibujaba así el itinerario político de Maciá:
“El camino político del popular abuelo dista mucho de ser una línea recta. Alfonsino en sus mocedades, simpatizante después con los carlistas, solidario más adelante, decidido separatista durante las campañas de la Lliga, don Francisco Maciá firmó, en vísperas de la Dictadura de Primo de Rivera, el célebre acuerdo vasco-galaico-catalán.
En previsión de lo que pudiera ocurrir, se desterró voluntariamente a Francia y acabó por fijar su residencia en París. El abuelo empezó a actuar por cuenta propia. Se puso al habla con Blasco Ibáñez y otros desterrados españoles; lanzó, desde su pisito de la calle Richelieu, el Empréstito Pau Claris, que obtuvo regular éxito en América y un fracaso completo en Cataluña; y montó, en París, unas oficinas de propaganda y enganche.
Corría el año 1925, Gassol cruzaba Cataluña, amparado por sacerdotes e intelectuales; Massó y Lloréns, recomendado por Blasco Ibáñez, encendía los ánimos de las colonias catalanas sudamericanas; se multiplicaban en las comarcas ampurdanesas y tarraconenses los núcleos del Estat Catalá, y millares de jóvenes sorteaban la frontera para ofrecer a Maciá la sangre que no querían derramar en los yermos campos de Marruecos. Fue la época heroica del movimiento.
Entonces Maciá, quizá aconsejado por Gassol, que prometió en cierta ocasión “volver a Cataluña predicando el comunismo” emprendió un viaje que debía ejercer grave influencia en su actuación posterior: visitó la URSS, donde permaneció nada menos que seis meses, y pidió ayuda a los soviets… Cuando Maciá retornó… afilióse en 1926 a la masonería, al Gran Oriente francés, y con él, Ventura Gassol, Ramins, Fontbernat, Bordes, Carner, etc.
Maciá debe mucho a los soviets y a los masones en el campo político”.
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La penetración comunista y el catolicismo separatista
Es cosa sabida que el comunismo aprovecha los movimientos separatistas para ahondar el odio, fomentar la dialéctica de las contradicciones, que finalizan con la dictadura salvaje del marxismo en el poder. Y entre estos separatistas, no se puede olvidar el papel que hacen los separatistas católicos.
Monseñor Zacarías Vizcarra escribió lo siguiente respecto del nacionalismo vasco, de un documento copiado de una orden de Moscú, en 1933, dirigido a los comunistas de Madrid y que fue interceptado. Los comunistas españoles preguntaban: “¿Podemos permitir el nacionalismo católico?” La respuesta textual de Moscú fue esta: “No solo podéis permitir el nacionalismo católico, es el que debéis fomentar de todas maneras posibles; porque de esta manera conseguimos dos cosas: la primera, dividirles más profundamente, y por lo tanto, vencerles mejor; la segunda y principal, el que así conseguiremos hacer bajar automáticamente el nivel religioso de esa región. Porque , como los primeros en meterse han de ser los curas y frailes, cuando los fieles vean que sus directores espirituales se equivocan en este punto político, juzgarán: lo mismo pueden equivocarse en el religioso. Este es el medio que hemos empleado en Irlanda, y nos ha dado magníficos resultados”.
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Manuel Azaña y el separatismo catalán
Es la máxima necedad tropezar dos veces con la misma piedra. Pero Manuel Azaña, en este aspecto, escarmentó. En sus obras se puede leer la amargura y la desazón que sufrió al comprobar la traición del catalanismo, tan favorecido por él en su obcecación. Entre otras cosas, en sus memorias, hay párrafos como estos:
“Me confesó Tarradellas que el Gobierno de la Generalidad no dominaba en la calle; que las fuerzas estaban en sus cuarteles, pero no las sacaban, porque, sacándolas, habría tiroteo; yo le dije: “Con tal de que no lo haya, consienten ustedes que Barcelona esté en poder de los anarquistas”. Companys me repitió verbosamente los más sobados tópicos del nacionalismo de Prat de la Riba o del doctor Robert. No faltaba ninguno, ni siquiera el de que la Península es una meseta estéril rodeada de jardines; que el pueblo castellano produjo en otros tiempos un tipo de hombre que ha degenerado; y ahora las cualidades cívicas y humanas residen en los nacidos en la periferia…
En Barcelona procuran no pronunciar la palabra España. Yo no he sido nunca lo que se llama patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarán por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero".
Jaime TARRAGÓ («AVUI» ¿normalización o paso en falso?)
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