Habría que ver también qué fue lo que dijo exactamente San Agustín. No se trata de ir a buscar alegremente el martirio, pero si llega, se acepta la voluntad de Dios. Que por debilidad humana se reniega de la fe, Dios siempre puede perdonar, como perdonó a San Pedro, en tanto que estemos verdaderamente arrepentidos. Pero los ejemplos que convienen son los de los héroes, no de los cobardes, y más en épocas en que la fe anda de capa caída. No me parece que convenga dar más valor a la tesis de una película que a las palabras de Cristo: "Si alguno me niega delante de los hombres, Yo lo negaré delante de mi Padre". Además, en una novela hay más lugar para exponer los mil y un recovecos del alma humana, la gran complejidad de los sentimientos y las situaciones, y el lector tiene más tiempo para meditar lo que lee y sacar sus conclusiones, si es una persona formada. Hoy en día casi nadie lee, y los medios visuales se entran fácilmente por los ojos sin dejar apenas tiempo para reflexionar. No me parece que la gran mayoría del público actual, tan mal formado en cuanto a la fe, vaya a extraer una buena enseñanza de la película. El final de la película no fue que San Pedro renegara en un momento en que experimentó una emoción tan humana como el miedo, sino que más tarde sufrió el martirio. Ese es lo que vale el testimonio que dio de su fe.
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