Gracias por tu contestación, estimado Irmão de Cá.
Yo también me he planteado esas mismas cuestiones que tu planteas sobre el fenómeno del "caudillismo", así como sobre la monarquía. Es cierto que uno de los males del caudillismo puede ser que cuando se marcha el caudillo, con él pueden irse también sus principios, y eso (como tu muy bien apuntas) si no los "olvida" o los sustituye por otros "nuevos" , aún en vida. Es verdad lo que dices, y la historia, generalmente, así lo ha demostrado. Nada resulta ser eterno, y mucho menos unos principios a los que hoy día la gente gusta de denominar con el término "valores" (que suben, bajan y se sustituyen por otros nuevos... como sus homólogos en la bolsa). El ejemplo que pones, haciendo referencia a los años finales del régimen de Salazar, es apropiado y comparto lo que dices.
Pero, dejando a un lado a la "realpolitik" de este régimen del que hablamos (el salazarista) y que contrastó o incluso contradijo finalmente, "las bonitas palabras" iniciales del discurso que he pegado, también podría caber la posibilidad histórica, como tu apuntas... de que un caudillo re-instaurara un régimen monárquico tradicional que permitiera asegurarlas (en caso de que una monarquía tradicional realmente las pueda asegurar en nuestros días, y en caso de que ésta fuera posible...). Pero una cosa también siempre me he preguntado (y quizás sea solo por mi desconocimiento), ¿cómo podemos asegurar la "continuidad" solamente con la sangre y con el ejercicio del poder regio, si no se crea algún tipo de mecanismo que "ate" firmemente los principios en los que se pueda basar cualquier régimen, sea éste monarquico o no lo sea...?. ¿Y si el hijo del monarca, por poner un ejemplo estúpido, sale "rana" y deja de someterse a Dios o a su juramento?, ¿Se le destrona sin más..?, ¿y quién lo haría, los denominados "cuerpos intermedios"?, ¿y qué garantizaría que la corrupción no haya llegado también a ellos?, ¿qué papel jugaría entonces la Santa Sede (la de nuestros días y no otra imaginaria...), que si no me equivoco es quien debería poder velar por el cumplimiento de lo prescrito...?, ¿podríamos confiar también en ella, cuando ésta ni siquiera ya es una auténtica monarquía?. ¿Donde estarían las "garantías" de continuidad de un régimen monárquico, por muy tradicional que éste pretendiera ser en nuestros días?. Una situación en la que el honor y la virtud son prácticamente bonitas reliquias del pasado...?. En fin, son muchas las preguntas que se me plantean sobre este tema, y no es que no admire el régimen monárquico tradicional, sino que no lo veo posible, debido a la crisis moral en que estamos inmersos, en nuestros días. Por eso pienso que... sabiendo con certeza que no voy a encontrar "certezas absolutas", sigo diciendo que, para mi, un discurso así como el de Salazar, amén de suscribirlo letra a letra, éste me empujaría a apoyar al hombre que tuviera el valor de pronunciarlo en su carrera política en la medida de mis fuerzas. En nuestros días no veo que tuviéramos otras mejores salidas, si es que ésta se diera. ¿Qué otra cosa podríamos esperar? (o ni siquiera eso...).
Porque otra cosa es lo que aquí, también, Alejandro Farnesio ha apuntado, en caso de una hipotética conflagración civil en la España de nuestros días... Si el conflicto surge, como sería de preveer, entre demócratas-liberales y comunistas-anarcoides, o similar... Entonces, mi punto de vista sería el mismo que suelo adoptar frente a la falsa dicotomía que se nos plantea cada cuatro años, en las sucesivas consultas electorales... es decir, la equidistancia mas auténtica y absoluta entre ambos bandos. Me importaría un rábano cual de las dos opciones saliera victoriosa, porque continuaría sintiéndome en las antípodas de cualquiera de ellas. Mi guerra no pasaría por la defensa de ninguna.
Un saludo
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