CITA:

"¿Cómo se iniciaban los juicios?


Se pedía al denunciante que aportase pruebas u otros testimonios que avalasen sus declaraciones. De existir al menos tres testigos que no tuviesen ninguna animadversión contra el denunciado se daba inicio al proceso, para lo cual detenían al sospechoso.

Las denuncias eran cuidadosamente revisadas por los inquisidores, quienes disponían investigaciones complementarias. Después de reunidas las pruebas, el encausado era apresado y conducido a las cárceles secretas de la Inquisición, en las cuales se le solicitaba en forma reiterada que se arrepintiese y confesase el motivo de su detención.

Asimismo, se le incomunicaba completamente, no permitiéndosele ningún tipo de visitas, ni siquiera la de sus familiares más cercanos. A los detenidos se les proveía de una ración alimenticia adecuada. Si el procesado tenía recursos económicos se le deducía el valor de los alimentos de sus bienes, los cuales eran secuestrados; en caso contrario, su costo era asumido por el Tribunal.

¿Por qué se pedía al procesado su confesión?

El motivo de la insistencia en la confesión voluntaria se originaba en que el Tribunal no buscaba la sanción del hereje sino su salvación. Para ello, era fundamental el arrepentimiento del procesado, lo que se manifestaría en s predisposición a confesar los hechos que habían dado origen al proceso. En los casos en que los reos se inculpaban a sí mismos las sanciones solían ser benignas (el pago de alguna multa, escuchar misa, realizar peregrinaciones, rezar algunas oraciones, etc.)."



Fuente: "Preguntas más frecuentes sobre el tribunal de la Inquisición en Lima"

Museo de la Inquisición y del Congreso (Perú)









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