Los requetés: esos desconocidos
Se ha dicho de mil maneras que los que tratan de olvidarse de la Historia están condenados a repetirla. Se entiende, repetir los errores pasados. Una forma de olvido de la Historia es recordarla de modo parcial y tergiversado. Eso es lo que ocurre ahora con la moda de la Memoria Histórica. Consiste en rescatar los recuerdos de la última Guerra Civil, pero sólo los del lado republicano.
La verdadera Memoria Histórica sería la de recordar los dos lados de la contienda y sus antecedentes. Dado que el esfuerzo actual está escorado hacia el bando republicano, bueno será que echemos una mirada al otro. Después de todo, el lado nacional es el que ganó la guerra. Sin embargo, obsérvense las películas que se han hecho sobre la Guerra Civil en todo lo que llevamos de democracia. Casi todas ellas se narran desde el punto de vista republicano; es decir, el perdedor. Además, todo ese esfuerzo se ha hecho con subvenciones oficiales.
En el bando nacional no sólo hubo militares y falangistas sino monárquicos alfonsinos y gentes de orden o de derechas sin más. Un sector de ese bando injustamente olvidado es el de los tradicionalistas, carlistas o requetés. Es el que dio más voluntarios y uno de los que acumularon más bajas en combate.
Está por dilucidar de dónde viene la palabra requeté. Parece francesa o catalana, pero es estrictamente navarra. Los navarros y aragoneses también tienen muchas palabras agudas. La mejor disertación sobre la misteriosa voz es la que trae el diccionario para un macuto, de Rafael García Serrano, una obra imperecedera. Aun así, sigue siendo confuso el origen, lo cual lo hace más interesante. Para mí, la versión más verosímil es la que hace coetánea la palabra requeté con la época de Zumalacárregui, el gran general de la primera guerra carlista (1833). Lo lógico es que la pronunciara Zumalacárregui como expresión de algo que circulaba por el pueblo. La realidad a la que alude era la de los voluntarios carlistas, sumamente jóvenes (adolescentes, diríamos hoy) y extraordinariamente valientes o arriesgados. Ese encomio o tratamiento superlativo se consiguió con el prefijo requete. Así, esos zagales eran requetevalientes o combatían requetebién. Así pues, pasaron a ser requetés. En la Guerra Civil de 1936, un siglo después, volvió a repetirse el hecho de los tradicionalistas jovencísimos que se alistaban como voluntarios y eran sumamente valerosos.
Por fin tenemos el libro que hace honor a ese episodio tan olvidado de la última Guerra Civil. Se titula Requetés. De las trincheras al olvido. Sus autores son los historiadores Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga. Lo edita La Esfera de los Libros con el patrocinio de la Fundación Ignacio Hernando de Larramendi. Sabemos que Luis H. de Larramendi ha sido el ángel que ha propiciado este libro excepcional. Lo arropan dos hispanistas de postín: Stanley G. Payne y Hugh Thomas. Se trata de un libro modélico (ahora se dice “de referencia”). Es tan voluminoso que se necesita un facistol para leerlo bien y gozar de sus imágenes.
El método de investigación ha sido el de transcribir historias de vida o testimonios personales de los requetés de la guerra civil. Ha sido una labor de años de trabajo, por lo que se han podido recoger los recuerdos de los últimos supervivientes, los que eran más jóvenes en la guerra. Así resulta una verdadera Historia de anónimos, no de epónimos, como suelen ser los textos usuales. Anoto algunos elementos constantes que se derivan de los ricos testimonios recogidos en la obra:
-Cunde la sensación de que la guerra empezó propiamente en 1931, con la llegada de la República.
-La contienda supuso un notable salto en la participación de la mujer en tareas extradomésticas, principalmente en los servicios sanitarios. En este caso, llama la atención la labor de las “margaritas”. De anotarse que esa aportación femenina fue muy notable en los dos bandos de la contienda. Se sabe, además, que ha sido un efecto de todas las guerras contemporáneas.
-La parte gráfica del libro (realmente esplendorosa) nos hace ver que lo del “uniforme” de las tropas fue solo teórico. Más bien había un heteróclito conjunto de indumentaria, que también se dio en las otras fuerzas de los dos bandos.
-Resulta asombrosa la familiaridad con la muerte.
-Más asombro produce la ausencia de resentimiento en los recuerdos de los requetés.
-Estamos ante una guerra de fusilamientos en la retaguardia o como añadido a las bajas en combate.
-Esta Guerra Civil fue también para los requetés una guerra religiosa.
-Muchos requetés combatientes eran menores de edad. (Entonces, la mayoría de edad era a los 23 años).
Los testimonios que recuerdan los requetés pueden parecer lacerantes, pero hay que tener en cuenta que se trata de los supervivientes. Lo verdaderamente trágico es el imposible testimonio de los que cayeron. En resumen, hay que leer este libro.
*Amando de Miguel es catedrático de Sociología.
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