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Tema: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

  1. #81
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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "Aquellos periodistas de Madrid"


    AQUELLOS PERIODISTAS DE MADRID

    11-V-1937


    En los primeros días del Movimiento nacional, que eran los últimos días de julio, yo circulaba por las calles de Madrid. La calle era más segura que la casa, donde la pieza quedaba perfectamente localizada y a disposición del primer grupo de ojeadores que sintiera la necesidad de agujerear el pellejo del prójimo. En aquellos momentos yo estimaba que el nomadismo a través del plano de la capital era muy conveniente.

    Esto me permitió reconocer, en actitudes inéditas, a muchos periodistas. Eran hombres de El Liberal, de Heraldo de Madrid, de El Socialista, de El Sol y La Voz, etcétera. Ellos no me reconocían a mí; en primer término, porque yo no he sentido nunca la profesión de periodista con ese supuesto entusiasmo gremial que preconizaban los que necesitan apoyarse en la solidaridad para poder vegetar; en segundo lugar, porque yo me he sentido muchas veces más cerca, espiritualmente, de un chino vendedor de collares que de uno de esos “compañeros” casposos, vagos, rinconetes en todas las encrucijadas, graciosos de café con leche, eternos improvisados en las situaciones políticas, merodeadores de vicetiples y atrapadores de duros, allí donde los duros son fáciles relativamente a la extorsión de la picaresca. Ellos no me conocían a mí. Yo sí les conocía porque me había cansado de contemplarles fotografiados en el primer plano de la actualidad. Por ejemplo, cuando una crisis política se hacía exclusivamente para que algunos reporteros se retratasen en la actitud “inteligente” de un hombre, mayor de edad, que va a escuchar las palabras de un idiota llamado por Azaña.

    Y les veía vestidos con el “mono” guerrero de los milicianos, con su gorrito de combatientes y con unos pistolones enormes colgados al cinto. La actitud era terrible. No es posible encontrar nada más fanfarrón en una guerra. El perdonavidas de Flandes era una rama de rosal, tímida y sensible a cualquier cefirillo, comparado con estos hombres, ante cuya actitud tuve ya la seguridad absoluta de que los rojos serían derrotados suntuosamente.

    Y podría citar aquí los nombres de muchos de estos salteadores de la Prensa madrileña, que se aprovecharon del volcanismo de aquellos días trágicos para apoderarse de la Asociación de la Prensa, para delatar a los periodistas de derechas, para intervenir –directamente- en el asesinato de muchos de ellos, para hacerse “coroneles”, para pedir puestos de primera fila en las distribuciones del saqueo y para entregarse al júbilo de pensar que ¡al fin! Se iba a llevar a la Gaceta en suntuosos decretos, una versión de la vida material que no podían practicar antes –aunque la practicaban- sin riesgo de presidio.
    Yo soy un fugitivo, pero no un delator. De cualquier manera, los conoce todo el mundo. La mayor parte de ellos ha abandonado el “mono” y el arma de revolverizar al semejante y han huido de Madrid como liebres. Casi todos están ahora en París, merodeando la embajada de Araquistain y los restorantes, en los que se negocian las compras de armas (con sus comisiones correspondientes), a la rebatiña de lo que dejan los próceres del crimen.

    Pero al mismo tiempo, estos “caballeretes” tratan de ir elaborándose una hoja de servicios que pueda enternecer un día a la España Nacional. Se sienten derrotados. Su única esperanza es ir colocando velos y eufemismos entre su clara actitud de siempre y la nueva España. Se trata de correr en socorro del vencedor. Cuando un español seguro de sí mismo y de su conducta, pasa por París, esta pobre banda de periodistas enternecedores, le sacrifica la ternura entusiásticamente.

    Por fortuna, todo el mundo sabe. Y el día en que volvamos a Madrid, Madrid quizá pueda ofrecernos, entre sus tristezas y su ruina, la alegría de sentirse libre de tanto trepador casposo, de tanto asesino vergonzante como se embocaba en los periódicos de la ciudad

    EL FUGITIVO



    Última edición por ALACRAN; 04/02/2022 a las 14:13
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  2. #82
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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    “Jerarquía”


    “JERARQUÍA”

    MANUEL MACHADO


    11-V-1937

    Mucho admiro el antiguo espíritu democrático español. Pero…

    No lo comparto.

    Nos, que valemos tanto como vos, y juntos más que vos…”

    ¡No! Yo no me hubiera dejado decir eso fácilmente. Para mí no hay más que dígitos. Lo demás son ceros, que si aumentan de valor, es porque se colocan a la derecha del que vale, detrás de él, bajo su mando y conducta.

    En todo caso, ellos son la fuerza ciega, que, sin dirección, no sabe más que destruir y destruirse.

    Para mí, los más no tendrán nunca razón contra los mejores.

    Aquéllos no pretenden sino locuras y desatinos, que la lógica del mismo Perogrullo reducirá en seguida al absurdo…

    Si todos mandan ¿quién obedece? Si todos gobiernan ¿a quién gobiernan?

    ¿Democracia…? Anarquía, confusión y canibalismo.

    ***

    Estas declaraciones no implican el menor espíritu de clase.

    El moderno concepto de un Estado –que establece la comunidad de la nación entera- acaba de borrar los límites que separaban y estancaban las diferentes clases sociales…

    Y abre a todos, cualquiera que sea su origen –Hitler, Mussolini- el camino de la verdadera aristocracia.

    Aristarquía: gobierno de los mejores.

    Pero de los mejores ¿eh? (…)

    ***

    Y ahora, para los melindrosos y remolones:

    El acatamiento de una jerarquía establecida por Dios, es decir, fundamentada sobre el valor, la bondad, el mérito honra a los pueblos. Y no menoscaba en nada la libertad –posible- de los individuos.

    Para los más, la alegría, la tranquilidad y la satisfacción de obedecer.

    Para los mejores, el dolor, la inquietud y la responsabilidad de mandar.

    Para todos, el orgullo de servir.

    Servir: he aquí la única igualdad posible.

    Sirven todos: desde el rey hasta el último campesino.

    Y para servir, se entiende, servir a la Patria.

    Y -sobre todo- a Dios: la suprema Verdad, el supremo Bien, la suprema Belleza.

    Y todavía, y a todos en general:

    El que no ha aprendido a obedecer, no sabrá mandar nunca.


    MANUEL MACHADO



    Última edición por ALACRAN; 04/02/2022 a las 15:44
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  3. #83
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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "Amanecer en Cádiz"


    AMANECER EN CÁDIZ

    12-mayo-1937


    Callejas estrechas de Cádiz que no pisó el talón de Francia el año del ocaso napoleónico. ¡Rusia, tampoco os ha pisado! - Vuestro piso de plata se hizo para la suave llanta de una " victoria", donde tiene su trono una familia dominguera o la juerga inocente rociada con manzanilla de Sanlúcar y ungida con "palmas" y "cantes".

    ¡17 de julio! Tarde calurosa, blancas gaviotas, los puertos dormidos en la clara bahía gaditana. El prestigio de la Infantería —Tercios de Europa— en la calle, al signo imperioso del bilaureado caudillo; la Artillería de Daoiz y Velarde, fiel a la gloria de sus banderas; todo el Ejército unido a la Santa Causa de redención impone su voluntad en la tarde estival, que precede a un amanecer de ansias imperiales. La Falange de Cádiz corre a su puesto de honor.

    Antes, un día antes, el gobernador sectario había celebrado en un pueblo de Cádiz una entrevista, en la que se le prometió por auxiliares de la Armada indignos, que no llegarían las tropas coloniales. En esa seguridad el Gobierno civil resiste.

    i Chispazos rojos han conmovido la población! El asalto a la armería Arcuza, donde dos hermanos se defienden con heroísmo, impidiendo a la turba que se haga de armas en el más crítico instante del comienzo del Movimiento —uno de estos hermanos Arcuza es uno de los que, bajo los auspicios épicos del teniente de navío Mora Figueroa, ha de atravesar el Estrecho cuando la escuadra roja aún domina los mares—.
    ¡El incendio voraz prende en una hermosa manzana de casas! La turba saquea, un grupo de falangistas con el brazal rojinegro patrulla al grito de: "Arriba España!".

    Hay algo en el ambiente pesado como una tarde de estío... sin quererse nadie preguntar, a flor de labios está la pregunta: ¿llegarán las tropas coloniales? ¿Llegarán los barcos?

    Así avanza la tarde, así llega la noche; el ilustre general bilaureado que, con el insigne López Pinto, asume la dirección del Movimiento, de acuerdo con el almirante de la Base Naval, ha establecido su Cuartel General en un domicilio de familia que siempre ha probado su gaditanismo. Ya, a la madrugada, sentado en una butaca, retrata su rostro decidido, heroico, alguna negra ráfaga.

    ¡¡¡Llegarán los barcos!!!

    Esa es la pregunta en todos los labios, en todos los hogares; alguna que otra vez se transmite por los hilos del teléfono: ¡Ya llegan! ¡Ya vienen!... Pero, no llegan; ¡nol

    Situación trágica, comprometida. Una centena de soldados, con Varela a la cabeza, cuerpo a tierra, en la plaza de las Cortes, frente al Gobierno civil; en las calles una patrulla de jóvenes, que gritan: "¡Arriba España!" Sigue el saqueo cuando la plebe halla saciado sus instintos ¡¡¡qué pasará!!!

    ¡Aurora vital la del 18! Ya se divisa en los tonos grises del amanecer el gris de un barco de guerra: ¡El Churruca trae a Cádiz los bravos regulares! ¡Ya se salvó Cádiz, y es posible el Movimiento, porque por Sevilla y Cádiz han de venir, por aire primero por mar después, esas tropas templadas de África para que así no se ahoguen los bravos navarros y castellanos de Mola en el corazón de la inmortal Castilla!

    Pero más tarde, en la prisión de Málaga, han de pagar el crimen de amar a España estos marinos caballeros y esforzados que preguntan ingenuamente a un jesuita antes de morir: "¡Padre, yo no encuentro motivo de arrepentimiento en haberme sumado al Movimiento! " No. ¡Arrepentimiento, jamás!

    Por eso exclamasteis pocos instantes antes de morir, cuando la muerte no acudía puntual a la cita: "¡¡¡Padre, nos llevan robada ya media hora de cielo!!!

    CARLOS MARTEL


    Última edición por ALACRAN; 04/03/2022 a las 13:30
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  4. #84
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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "Sevilla a orillas del Ebro"


    SEVILLA A ORILLAS DEL EBRO

    12- Mayo-1937


    A la orillica del Ebro
    me puse a considerar
    que este Federico es hombre
    que no tiene parigual.

    Así decía, tarareando la copla entre dientes, un matraco que, por las mismas piedras del Coso, iba buscando para su descanso el barrio de la Magdalena, visitado pocas noches antes por aviones rojos.

    Regresaba dicho baturro de escuchar al charlista su muy notable charla sevillana, que llevara por título Dios te salve, Giralda, llena eres de gracia, convertida en un homenaje de nuestro Aragón para Andalucía, oportuno motivo para que a orillas del Ebro ofreciesen los zaragozanos nutrida presencia, en testimonio irrecusable de las simpatías que de siempre se sintieron en la ciudad del Pilar hacia el más preciado florón de la bendita tierra de María Santísima.

    De siempre se recuerdan aquí, a la sombra del templo de la Virgen, los amores del baturro suelo por la sevillana tierra, sin necesidad de que los acompañe música del maestro Caballero, y como indicio de lo bien que casan el mudejarismo de nuestros alminares con la gracia esbelta de las torres que retratan su garbo en aguas del Guadalquivir. Pero esta vez ese calor de afecto entrañable ha vibrado, exaltadamente jubiloso, en respuesta y seguimiento a los temblores de la batuta mágica de ese gran orquestador de nuestros afectos regionales, que en el gran concertante hispano de la actual Reconquista, viene a resultar el levantino García Sanchiz.

    No hace mucho hubimos de ratificar nuestro juicio, ya con pátina de experiencias bien contrastadas, respecto a ser la suya una de las voces más auténticamente españolas con que contábamos en la hora actual para hacernos presentes en los oídos del mundo. Si ayer fué García Sanchiz mago incomparable de la palabra, el brujo que pintaba hablando, cuando nos exponía la historia del baile a través de los tiempos o la vida de una andaluza que llegó a emperatriz, ahora supo dotar a su voz de trémolos nuevos, perfectamente adecuados a los instantes que nuestra Patria vive.

    Ello es debido a que su sensibilidad, fina y delicada cual otra ninguna, ha sufrido en estos últimos meses, al igual que todo escritor español no hermanado en las logias ni vendido al brillo torvo del oro moscovita, las más hondas sacudidas que puede experimentar un espíritu especialmente aguzado para captar emociones. Inteligencia cultivada la suya, rica en modo superlativo y destacado, para recoger, sin pérdidas en tono y matiz, cualquier impresión por difícil de retener que sea, García Sanchiz ha sido no sólo inventor de sus “Charlas”, sino único en el género, y algo tan más allá de toda posible imitación, que nadie hubo lo bastante osado para intentar seguir sus pasos. Si él fuese otro, si su ingénita modestia no le librase de alardes de orgullo, podría exclamar “¡Después de mí... el silencio!”

    La guerra ha proporcionado al instrumento del artista, guzla y cítara, arpa y violín, lira y guitarra, una cuerda nueva. Vibra en ella, y sacude nuestros nervios en tensión restallante, el profundo dolor que conturba su alma, tiritante bajo el huracán de barbarie desatado sobre nuestro país por los Eolos del marxismo. Mas no penséis, por eso, que García Sanchiz se haya convertido en una plañidera. A impulsos de la savia fecunda de su sangre española, sin mestizaje ni extranjerías, su dolor ha florecido, y sobre los escombros de su corazón surge y se afirma la reconstrucción de una nueva España, totalmente arraigada en las más puras esencias raciales.

    Ahora Federico ha venido a Zaragoza, su patria adoptiva, para cantar a Sevilla, como antes fué a Sevilla para cantar allí a Huesca y Teruel, a Zaragoza y a la Virgen del Pilar.

    Con la precisión de matices que le distingue, levantó ante sus oyentes el astil moruno de la torre imperecedera, la gentil y airosa Giralda sevillana, que se recrea saboreando para ella sola todos los secretos del barrio de Santa Cruz. Condújoles a continuación al barrio castizo de San Bernardo, morada de toreros y bailarinas, es decir, zoco alegre de la gente de tronío, y le hizo entrar en la fábrica de Artillería, en que se fundiera el Giraldillo, por donde, como por tantas otras partes de España, transitó un día la gesta laborante del buen hacedor, cuya firma en piedra decía Carolus III. Tendió después sobre los lomos del río que arrastra arenas de oro, el mantoncillo de colores y flecos de seda del puente de Triana, que a los españoles les recuerda los pinceles desenvueltos de García Rodríguez y, como una eterna memoria de los grandes días de nuestro romanticismo, la sombra airosa de Don Alvaro el indiano, y los versos inolvidables de aquel gran cordobés, injerto en sevillano, que se llamó el Duque de Rivas.

    Y luego la romería del Rocío, cuyas esencias de cabalgada andaluza florecieron en Sevilla, en la iniciación del Movimiento nacional, prestando gracia de caballista y marchosidad de jaca jerezana, al grito de Queipo de Llano, en cuyos guantes blancos ponen crema con fresa los labios agradecidos de las mocitas sevillanas. Y, para término de sus evocaciones sevillanas, pidióle prestados sus pinceles a Fortuny, y nos describió el desfile de moros y peregrinos llegados de la Meca para saludar y rendir su agradecimiento al Generalísimo, abriéndose para que ellos penetraran en el Alcázar la puerta del León, sólo abierta para los Reyes. Que así trata España, la auténtica, la invencible, la inmortal, a los que se honra en tener por colaboradores voluntarios en la gesta heroica, tan felizmente desarrollada, contra los traidores de casa y los enemigos del extranjero, contra los marxistas de dentro y de fuera, y aun contra naciones mercachifles que, ante el ejemplo de un país que lucha por la civilización y la paz de todos, no sólo no se muestran indiferentes, lo menos que podrían hacer, sino que auxilian declarada o solapadamente a los que han sembrado el suelo español de ruinas, después de regarlo con sangre de mártires.

    PABLO ARAGONÉS

    Zaragoza, mayo 1937
    Última edición por ALACRAN; 04/03/2022 a las 13:29
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "En la agonía del separatismo"...




    Por un orden lúcido. En la agonía del separatismo

    Pedro LAÍN ENTRALGO (*)

    13-Mayo-1937

    Asistimos a la agonía del separatismo vasco. Los soldados de la Unidad, de la Grandeza y de la Libertad patrias avanzan con regalo generoso de su sangre caliente a través de crestas brumosas y de suaves playas. Desde Bermeo, la que enviaba “arenques et besugos” al inquieto Arcipreste, hasta los talleres de donde sale el hierro, unas veces homicida y otras, civilizador. Más tarde, será el avance entre olivares catalanes, buscando la hispanización final de las costas y los mares por donde nos nace el sol. Conviene meditar en esta hora acerca del separatismo, cuya entraña –me parece así, por lo menos- ha sido vista claramente por sólo muy pocos españoles (…)

    Creo que no se ha pensado bastante en que el separatismo ha recaído precisamente sobre regiones que fueron potentes brazos de nuestro Imperio. Tan cierto es esto como afirmar la influencia de momentos económicos y de diversidades lingüísticas en la constelación separatista. Brazo del Imperio naciente fue la Cataluña de los Rogeres y de Sicilia, que marcó hacia Oriente el camino azul de Gonzalo de Córdoba y de Lepanto. Vasconia dio al Imperio el vuelo sacro y marino de misioneros y navegantes. Y Galicia, desde su punta oceánica, ha enviado a ultramar el río triste y fecundo de la emigración proletaria, último vestigio de auténtica vida imperial que ha conservado España.

    Cuando vino el 98 y se cerró de manera violenta, trágica, la única ventana por la que España miraba al mundo, se produjeron en el recinto de nuestras fronteras dos hechos de hondo significado: en los círculos y peñas del Madrid que leía, pensaba y discutía, la “generación del 98”; en las regiones, el avivamiento de los impulsos centrífugos, el separatismo. El separatismo, para decirlo pronto, es el 98 de las regiones. La ventana al mundo de España, cerrada sobre su rostro por los yanquis, dio lugar a triple reacción. Negación rotunda de los valores españoles en la Historia Universal, esto es, consagración oficial de la leyenda negra. Declaración de la cultura occidental europea patrón único de España: europeización de España. Y retorno pesimista a lo que en España se suponía incontaminado: costumbrismo pueblerino, arte popular, folklore de tipo lagarterano.

    Fue todo como un apogeo de la concepción de España que representó la Institución Libre de Enseñanza, desde Sanz del Río y Giner hasta los hermanos Barnés. Pequeña. Aquellos picadores famélicos y derrotados de Zuloaga, la época del Platero y yo de Juan Ramón, el anarquismo inicial del llorado Maeztu. Unamuno cuando escribió En torno al casticismo y la visión desgarrada de los rincones de España que hizo Baroja, y aquellas visitas a Toledo y a los pueblos de Castilla que hacían los muchachos de la Institución libre, fueron ejemplos de ese retorno al localismo que tiene su ápice en considerar más españoles a Carmen y al Tempranillo que Santa Teresa y a Melchor Cano. Este localismo se hizo en las regiones separatismo. Se comienza por cultivar la “espatadantza” y se acaba defendiendo tiros el “Vizcargui”. Se empieza traduciendo al catalán los clásicos y se va a dar en un 6 de octubre de 1934 (…)

    La reacción del 98, criminal contra España, trajo, sin embargo, consecuencias de orden positivo que hemos de tener muy en cuenta a la hora del triunfo definitivo. Aquel salir hacia Europa nos trajo el afán del detalle exacto, la exigencia de peso y medida, la avidez por la información completa, que tan lejos estuvieron siempre del gusto español. En correspondencia reciente, decía Eugenio D Ors que la Roma- Mussolini había podido cuajar porque fue precedida de una Roma-Croce. Esta es una lección que no hemos olvidado en la España de hoy. Como tampoco el hecho de que las ansias separatistas han dado lugar a realidades tal vez superiores a las que poseía la vida nacional. La Universidad Autónoma de Barcelona, con todas sus lacras, ofrece no pocos aspectos dignos de estudio serio, y lo mismo algunas obras sociales y culturales, como la Fundació Bernat Metge o el “Casal” de los médicos catalanes. Algunas muestras del arte vasco logradas hace poco pueden servir de modelo a la hora de pensar en superarlas con criterio español.

    Estas reflexiones nos muestran el único camino para vencer y desterrar definitivamente el separatismo. Primero -esto no puede discutirlo nadie- el castigo exacto y seco. Pero luego la superación. Es preciso llevar a Bilbao y a Barcelona realidades superiores a cuantas pudiesen lograr vascos y catalanes por obra de su ímpetu separatista. Demostrar con la obra que el resurgir de España oscurece toda actividad regional autónoma. Y luego canalizar los impulsos de las regiones hacia la gran tarea del Imperio. Dar a cada una su misión dentro de la Unidad. Hacer que los brazos fuertes trabajen fuertemente por el Imperio. Entonces España será Grande y Libre por el hecho de ser Una, y el vasco y el catalán sentirán el orgullo de llamarse -otra vez- españoles.

    Pedro LAÍN ENTRALGO

    "Arriba España" (13 V 1937)




    (*) Este "intelectual" entonces falangista, tiempo después renegaría de su pasado bunqueriano, como tantos y tantos, pasando a engrosar la oposición democrática al franquismo.
    Ver: http://hispanismo.org/biografias/278...tml#post174269


    .
    Última edición por ALACRAN; 23/03/2022 a las 15:11
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "Dios protege a España"


    DIOS PROTEGE A ESPAÑA

    14-V-1937


    Las terribles luchas que han sostenido nuestros enemigos de la España roja en Cataluña—y es de esperar que se reproduzcan—son una manifestación más de la protección que Dios viene dispensando a nuestra causa, a través de sinuosidades y contrariedades cuya utilidad no es fácil descubrir sino a posteriori. Si Madrid no hubiera sido una ciudad en la que los trescientos mil energúmenos de las milicias rojas pudieron encontrar enorme botín y sentirse sujetos por la lubricidad, la codicia, el gusto del saqueo y de la orgía, cualquiera que hubiese sido el heroísmo de nuestros voluntarios habría sido desbordado en las primeras semanas en que carecíamos de casi todos los elementos precisos para una campaña seria.

    Hubiéramos resistido—como lo hicimos—en el Alto del León y en Somosierra. No lo hubiésemos podido hacer en las otras puertas de invasión que se abren desde el Sur hacia Castilla la Vieja y Aragón. La masa nos habría arrollado, como arrolló a los bravos defensores del cuartel de la Montaña, en Madrid, y de Gijón. No es la primera vez que un Ejército o una horda—que de tal puede calificarse a la armada roja—pierde una guerra por entretenerse en el pillaje y la diversión en lugar de atender a la batalla. Los mártires que hemos tenido y la pérdida de riqueza económica que implica la situación de Madrid es lo que ha permitido a nuestros generales organizar un Ejército eficiente, tal como España no lo ha tenido jamás, ni por su número, ni por sus medios de acción, y, por consiguiente, que— en la medida humanamente previsible—puede estarse seguro de nuestro triunfo final.

    Del mismo modo Dios ha querido ahorrarle a España el veneno que suponía la existencia de un partido separatista pseudocatólico en las provincias vascongadas. Si ese partido, compuesto por gentes farisaicas, codiciosas y moralmente perversas, hubiera permanecido distante de los comunistas y anarquistas, entrometido en nuestras filas, influyendo taimadamente en nuestras decisiones para contrarrestarlas, coaccionando en cierto modo a nuestros mandos por el temor de "herir a un sano regionalismo", la acción terapéutica radical que suprimirá ese problema del cuadro de nuestras preocupaciones, no hubiera podido ejercitarse. Quedaría la oposición larvada, que no combate pero dificulta, que crea una atmósfera de malestar permanente—semejante a la que creaba a Gobiernos monárquicos la Lliga Regionalista—. Mientras que ahora en las provincias vascongadas supongo que nadie osará hablar de "sanos regionalismos". Ni más bandera que la roja y amarilla, ni más idioma tolerado en la vida pública que el idioma glorioso que hablan veinte naciones civilizadas, ni más himno que el nacional, ni más leyes que las de España. Se acabó para siempre el chantage de los que pretendían tratar de potencia a potencia con el Estado por la presunción de haber entrado a formar parte de él por convenios entre iguales. Ahora las provincias vascas han sido ocupadas por la fuerza. Por y para su bien. Pero por la fuerza. No les queda sino sufrir la ley del vencedor, con el que, cuando las trataba generosamente, se han conducido de modo indigno. Y siendo España el vencedor, es claro que generosamente habrá de seguir tratándolas.

    Pues ahora los milicianos de los Gobiernos rojos de Valencia y Barcelona han peleado entre sí con furor de criminales. Es decir, de lo que son. Y no es posible reprimir la satisfacción ante ese "drama entre rojos". Se pregunta uno la cara que habrá puesto el excelente Mr. Eden al enterarse del modo como practican la fraternidad masónica sus protegidos, y la desolación del repulsivo León Blum al comprobar que todas sus complicidades en el martirio de España no han conducido sino a la lucha entre los verdugos. Por mucha que fuera nuestra sed de justicia hubiera estado atenuada por los sentimientos de honor y de piedad que nos sirven de freno. Infinitos asesinos, a quienes no hubiésemos podido ejecutar por su gran número, lo han sido y seguirán siéndolo por sus propios congéneres. También aquí se ve que la mano de Dios—a quien tanto han ultrajado—elige maravillosamente sus armas. La infrahumanidad va a perecer sin que nosotros tengamos que participar considerablemente en esa empresa sanitaria. La anónima, se entiende. Que en cuanto a sus directores nada nos autorizaría a inhibirnos de su suerte.

    Ahora, una vez más—piensan algunos—, la revolución acaba devorando a sus criaturas, pues que siempre se despeña la anarquía. Entendámonos. Todavía, a pesar de esas batallas, no ha comenzado ese proceso revolucionario fatal, que tendrá lugar cuando hayan triunfado la C. N . T. y la F . A . I ., o sea, para hablar en cristiano, los sindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo y los anarquistas de la Federación Ibérica. Hasta ahora, lo ocurrido no es una lucha entre verdaderos revolucionarios. Porque el Gobierno de Valencia no es propiamente revolucionario. Es tiránico, es criminal, pero revolucionario, no. En efecto está sometido al Zar rojo, a Stalín, que no es sino el jefe de un Gobierno absoluto de tipo asiático con ejercicio de autoridad semejante a la de un khan o capitán de horda tártara. Una especie de Iván el Terrible con aeroplanos, Rusia es un imperio igual al de los Romanof, con la diferencia de que vive peor que entonces. Y el Gobierno de Valencia es un doméstico de ese imperio. Lo que realiza es una labor de exterminio de sus adversarios altos y bajos, de orgía y de pillaje sobre un país conquistado, como una tribu guerrera acampada en tierra enemiga. Pero obra interior revolucionaria no ha hecho ninguna. Como que su única razón de existencia es exterior, la de ser instrumento de la judería universal—como lo prueba el apoyo cínico de Blum—y del imperio rojo de Moscú, que parecen dos cosas diferentes y son una misma.

    Ahora, anarquistas y sindicalistas luchan contra esa tiranía. Ellos son otras dos subespecies de demonios, por supuesto. Pero luchan contra una tiranía. Desde su punto de vista y del que se les había inducido a adoptar para ir a la guerra tienen razón que les sobra. Y para eliminar a los tiranos de Valencia y Barcelona pueden alegar infinitas razones doctrinales. Además de la que ignoran y es fundamental: la de ser instrumentos—que luego habrá que destruir—de la justicia divina.

    JUAN PUJOL



    Última edición por ALACRAN; 23/03/2022 a las 15:11
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    El monárquico Juan Ignacio Luca de Tena (director de ABC) narra cómo escapó vivo de las iras de la chusma republicanoide


    PRIMERA EFEMÉRIDES DE LA REPÚBLICA AUTENTICA

    14- mayo-1937


    Juan Ignacio Luca de Tena (director de ABC)

    10 de mayo de 1931. "¡A la cárcel! ¡A la horca! ¡Mueran los señoritos! ¡Abajo los fascistas!" Unos tiros. Y una lluvia de piedras que con estrépito de cristales rotos cayó sobre los balcones de aquel Círculo Monárquico, establecido en dos pisos amplísimos de la calle Alcalá, cerca de la plaza de la Independencia. Dentro, un millar de hombres habíamos cometido la candidez de encerrarnos con permiso de la autoridad para organizar las elecciones a Cortes Constituyentes que acababan de convocarse, mientras en cierto elegante restaurante de las afueras un auténtico "señorito republicano", flamante ministro de la Gobernación, paladeaba su venganza, encantado de que "los monárquicos almorzaban tarde", sin que su proverbial ligereza pudiera prever entonces que más tarde cenaría él al día siguiente, iluminada su comida por las gigantescas antorchas de los conventos incendiados.

    En aquella jornada memorable quedó patentizado el verdadero perfil de la República, que no podía ser sino lo que ha sido, y la mala fe de algunos burgueses que la trajeron so pretexto de restaurar en España un régimen de libertad y democracia. Porque la existencia de aquel Círculo era debida — ya lo he dicho y el Gobierno lo sabía—a preparar la campaña electoral. Muchos reputábamos indigno y cobarde que los partidarios del régimen secular recientemente interrumpido, forjador de un Imperio, que había dado a la Patria días de gloria y realizado su unidad, asistiesen como simples espectadores pocas semanas después de marcharse el Rey a la formación del Parlamento, destinado nada menos que a constituir un nuevo Estado. Se obtuvo el oportuno permiso del ministro de la Gobernación para inaugurar el Círculo, se anunció durante varios días en las columnas de A B C su apertura, y el 10 de mayo verificóse ésta con todas las de la ley, a presencia de un delegado gubernativo.

    Mediada la sesión para nombrar la Junta directiva se inició "el jaleo" en la calle con la más absoluta complacencia de las autoridades republicanas. Como cinco años más tarde la infame patraña de los caramelos envenenados, se corría por Madrid que al salir yo de la reunión había matado al mecánico de un "taxi", porque se negó a vitorear al Rey. Yo no había salido del Círculo, como le constaba al ministro de la Gobernación, pero sin duda era conveniente hacer correr la bola para provocar "la santa indignación del pueblo contra la provocación de los señoritos monárquicos". El grupo de cincuenta desocupados que en la calle comenzó a murmurar del mentiroso suceso fué engrosando hasta convertirse en imponente motín de "republicanos auténticos" que, después de incendiar nuestros coches y asaltar unos camiones de la Dirección de Seguridad, donde iban presos los primeros que se arriesgaron a salir, muchos de los cuales quedaron malheridos, ya no pararon hasta consumar al día siguiente la quema y saqueo de los conventos. Al principio hubiera podido atajarse todo con dos parejas de orden público, cuando Julio Danvila, secretario del Círculo, telefoneó a Miguel Maura para advertirle lo que ocurría y que no pudiera achacarse a provocación de los que estábamos dentro.

    — No tengáis miedo—fué la respuesta del ministro—. En seguida mandaré la Guardia Civil. Todo quedará reducido a que hoy almorcéis un poco más tarde...

    — No tenemos miedo—le contestó Danvila—. Somos aquí muchos más de los que pretenden asaltarnos. Si bajáramos los arrollaríamos, pero he querido advertirte de lo que sucede para que no se tome como pretexto de cerrarnos el Circulo.

    —¡Os prohibo que salgáis hasta que llegue la Guardia Civil!

    Y en efecto: La Guardia Civil llegó... a las cinco de la tarde. Entre tanto, los cincuenta desocupados del principio se habían convertido en varios miles, que pedían a gritos nuestras cabezas; en la calle se cometían los desmanes ya relatados y un antiguo amigo mío, que a la sazón ocupaba un alto cargo, me llamó por teléfono para proponerme que arrojáramos al populacho desde un balcón la bandera española y el retrato del Rey, que "suponían" presidiendo nuestra reunión, pues "era posible que los amotinados se contentasen con tales prendas y nos dejasen salir tranquilos." Rechacé de plano la indigna proposición y le aseguré que mientras quedase vivo arriba un solo hombre nadie llegaría a profanar la gloriosa enseña ni el retrato.

    Antes de que llegare la Guardia civil, y cuando el asalto al Círculo parecía más inminente, los guardias cívicos, que desde el principio nos humillaban con su odiosa presencia, ordenaron que saliera todo el mundo: todos... menos yo. No podré olvidar jamás la actitud hidalga de los caballeros que soportaban conmigo la primera acometida brutal de la República. Como un solo hombre se negaron a abandonarme y a su enérgica decisión debo quizá la vida. Muchos de aquellos "señoritos" han dado ya la suya por la Patria, frente al enemigo en la guerra, o a manos de los asesinos del Frente Popular: Carlos y Luis Miralles, Honorio Maura, Fernando Primo de Rivera, el doctor Albiñana, Ivan Quirós, Leopoldo Matos...

    A este último lo pasearon medio a rastras por las calles de Madrid, el traje hecho girones, golpeado e insultado por las turbas hasta la Dirección de Seguridad.

    Yo pude salvarme de milagro. Cuando al fin llegó la Guardia civil y nos ordenaron salir a todos, sin excepción, un guardia cívico me detuvo en el portal.
    —Usted es el culpable de todo—me dijo—. Adiviné en sus ojos el propósito de detenerme o señalarme a las turbas, y metiendo mi mano derecha en el bolsillo de la americana, fingí que empuñaba una pistola y le miré fijamente. El hombre vaciló un momento, que yo aproveché para salir a la calle. Por detrás de los caballos de los guardias que, formados en una fila, establecían un pasillo entre las turbas y las casas, logré llegar a la plaza de la Independencia. Allí me reconocieron y se echaron sobre mi, pero me salvó providencialmente un automóvil, al que salté con rapidez a tiempo que embocaba la calle de Olózaga. Su conductor y dueño comprendió en brevísimas palabras lo que ocurría y " a todo meter" desaparecimos por la calle de Villalar y subimos a los altos del barrio de Salamanca.

    Aquella misma tarde las turbas fueron a asaltar el edificio de A B C, á cuyas puertas hubo varios muertos. Y surgió una nueva patraña: la de las flechas envenenadas que, según los periódicos del corro, se habían arrojado desde las ventanas "contra el pueblo indefenso" (que llevaba a la calle de Serrano la inofensiva intención de incendiar nuestra casa).

    Ante los Tribunales se demostró después que las tales flechas eran utilizadas en África por la Aviación para arrojar partes a nuestras posiciones. Las había llevado delante de A B C un célebre mecánico comunista, a quien años antes entregamos muchos miles de duros como producto de una suscripción abierta e impulsada por nuestro diario, para premiar cierta gloriosa hazaña.

    No pude suponer, á pesar de todo, que se me detuviera, pues no había cometido otro delito que asistir a una reunión autorizada legalmente, con fines electorales. Pero me equivoqué. Aquella misma noche Miguel Maura, después de ordenar la suspensión indefinida de A B C y mi detención, exclamaba ante los periodistas: "Yo no tengo la culpa de que un hombre se haya vuelto loco."

    Cuando a la madrugada siguiente ingresé en la cárcel "procesado por homicidio y desórdenes graves", en una pared de mi celda, escritas a lápiz sobre la relativa blancura del yeso, descubrí estas palabras: "Por la Libertad, el Derecho y la Justicia." Las firmaba Fernando de los Ríos. Quién le hubiera dicho seis meses atrás, cuando las escribió, a raíz de suscribir un documento revolucionario contra el Poder constituido, que yo iba a descubrirlas en su celda, "en nuestra celda", siendo él precisamente ministro de Justicia, y a la misma hora en que la flamante República festejaba el triunfo de la Libertad, de la Justicia y del Derecho, con las iluminarias diurnas de las iglesias incendiadas y saqueadas en la más vergonzosa impunidad: porque el día anterior "Luca de Tena había matado a un chofer"; por tales y cuales infamias y calumnias propaladas contra un Augusto Desterrado; porque Mola, en San Carlos, y Berenguer, en Jaca, habían cumplido con su deber. ¡Ah! Y porque todos los conventos de España no valían la vida de un solo republicano.

    JUAN IGNACIO LUCA DE TENA



    Última edición por ALACRAN; 15/04/2022 a las 20:37
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "Un marcado sello eslavo"


    UN MARCADO SELLO ESLAVO

    18-V-1937

    Tenía que sucedemos a nosotros. Los españoles siempre se conducen un poco originalmente, con cierta extravagancia dramática, y esta vez no hay duda que nuestra guerra ofrece aspectos y perfiles inauditos.

    Pero la guerra que hacen los rojos, ¿tiene de veras una característica española? El español, cuando es un malvado o cae en trance de locura, puede matar ferozmente y cometer todas las vilezas y monstruosidades imaginables; pero lo hace impulsivamente, sin continuidad sistemática, sin un método bien calculado. Y en los crímenes y operaciones de los rojos, lo primero que se observa es el método con que se consuman, como obedeciendo a un plan infinitamente frío y cruel que tiene un marcado sello de exotismo.

    Desde el primer momento los rojos han ejecutado la maniobra del paso atrás; su mala suerte les ha hecho ser expertos en la retirada, en la derrota, en la precipitada huida. Pero también desde el primer instante sus procedimientos han sido sistemáticos: resistir lo más posible, para que los daños inferidos a la población civil y a las ciudades sean mayores; incendiar los pueblos, las fábricas y los depósitos antes de retirarse, no dejando detrás sino ruina, soledad y muerte; obligar á los habitantes pacíficos a internarse en la zona roja, como un ganado que se arrea por los caminos de la devastación, y en último caso, como se está haciendo ahora en Bilbao, evacuar los niños y llevarlos en montones al extranjero. Todo esto tiene la inconfundible marca rusa. Todo esto lo habían ya realizado los rusos en su guerra contra Napoleón; dejaban al enemigo un país descubierto y devastado, y le ofrecían al último el espectáculo espantoso de Moscú, presa de las llamas. Pero aquella era una guerra contra un invasor extranjero.

    Esta guerra nuestra pudo haber sido una pugna entre dos interpretaciones del concepto nacional; una lucha de partidos y de dos ideologías hondamente diferenciadas. Pronto se vio que se había convertido en una oposición profundísima entre dos culturas, entre dos mundos y entre dos concepciones de la vida humana. Ahí comenzó a señalarse la irreparable y monstruosa faz de la guerra. Fue cuando Rusia intervino abiertamente, no sólo con sus soldados, tanques, y cañones, sino con su influencia espiritual y sus métodos sistemáticos.

    Ella ha vertido en la España roja el sentido catastrófico y alucinado de la existencia propio del alma eslava; el sentido nihilista y visionario que prefiere la destrucción completa de la humanidad antes que resignarse a la renuncia de su ideal. Y los ideales rusos siempre obran bajo el signo de la ebriedad. Cuando el ruso no está ebrio de alcohol, lo está de utopía marxista o de misticismo sensual y supersticioso, a lo Rasputín, o de siniestras quimeras leninianas. Nunca ha sabido nadie del todo bien qué es lo que hay en el fondo del alma rusa, porque aquello es un mundo humano aparte que por su turbiedad tiene que resultar siempre ininteligible para el hombre de Occidente.

    Sin embargo, los que tratan con rusos no ignoran una de sus más interesantes características: la astucia. El ruso es astuto, y su falacia y perfidia son doblemente peligrosas, porque aparecen en formas que sorprenden la buena fe del hombre occidental. Además, así como el judío entiende que en sus tratos con el cristiano se halla exento de acatar las reglas del honor, porque el honor es cosa de cristianos, igualmente el comunista ruso considera que existen dos formas de moral: la marxista y la burguesa, y que, por tanto, un marxista puede y debe engañar, traicionar, arruinar, matar libre y dignamente a quien no se halla dentro de la comunión proletaria.

    Así es como el espíritu ruso ha logrado en algunos años infiltrarse en el mundo occidental, apoderándose casi completamente de las masas proletarias y captando incluso a bastantes intelectuales y grandes burgueses, las eternas víctimas de la frívola y ociosa curiosidad, que siempre suelen abundar tanto en París y en Londres. En cuanto a los rojos españoles, éstos se encuentran irreparablemente prisioneros del espíritu ruso, y en la redada de los domésticos servidores moscovitas, en la grey de los captados están lo mismo los republicanos sin República de Valencia como los desaforados de Barcelona y como los presuntos sacristanes de Bilbao, esos que podríamos llamar los del timo de las misas.

    Ninguno de esos españoles ha tenido coraje para romper los compromisos que los une a Rusia y al comunismo universal; no se ha dado en todos ellos un ejemplo de viril rebeldía, ni un ejemplo de aseo, ni un ejemplo de vergüenza ante el crimen de la destrucción y la deshonra de su Patria.

    Como sumisos cómplices de esa gran indignidad, asisten en calidad de servidores del espíritu ruso y hacen de coristas dóciles en la terrible tragedia que destroza a España. Ven el dolor y la ruina de España y ninguno de ellos tiene la valentía de protestar con un gesto de decisivo decoro.

    Es porque el alma de Moscú ha obrado sobre ellos como elemento masculino, y ellos se sienten dominados, impotentes, incapaces de voluntad. No hay más voluntad que la de los otros. ¿España? ¿Salvar a España de la catástrofe? ¿Impedir que se pierda miserablemente lo que aún queda de España? ¿Ahorrar llantos y muertes a España?... Pero ellos no pueden ya decidir nada; están condenados a ser hasta el final los cómplices de la gran infamia y a obedecer sumisamente, femeninamente, los planes sistemáticos y el sentido catastrófico del espíritu ruso.

    CAPITÁN NEMO

    Última edición por ALACRAN; 27/04/2022 a las 13:50
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    ...
    Última edición por ALACRAN; 27/04/2022 a las 13:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Antonio Goicoechea (1876-1953), jefe de los monárquicos alfonsinos en la II República


    GOICOECHEA

    (21-V-1937)


    Tuvo que faltarnos la Monarquía para que comprendiésemos la imposibilidad de vivir sin ella. Y desde el 14 de abril de 1931 al 17 de julio de 1936—¡cinco largos años !— hemos vivido muriendo. En esta última fecha se echaron al campo todas las fuerzas de que la España tradicional disponía aún. Tradición de Norte a Sur. Era el peor momento de todos para desenvainar el acero, pero era el último momento de que íbamos a disponer.

    La partida, sin embargo y pese a sus terribles alternativas, estaba ganada. Pero, ¿podíamos afirmar que se ha ganado, únicamente, por la pericia de nuestros generales y por el valor abnegado de nuestros soldados? Asegurar esto sería incurrir en la más lamentable de las frivolidades. La fuerza, una vez más, vencía por haberse puesto al servicio del espíritu. Y el espíritu, nuestro espíritu, estaba enraizado a la vida nacional, se debatía, actuaba sin denunciarlo con signos externos, en virtud de mandatos intraicionables, llegados de lo más remoto de nuestra existencia histórica. Solamente así se comprende que hayamos logrado tomar de revés al enemigo—al enemigo del frente y al de la retaguardia—y el que hayamos llegado de las regiones de la anarquía mental en que nos debatíamos ya con anterioridad al 14 de abril, a esa región serena desde la que ha podido hablar el Generalísimo "en el nombre sagrado de España" y por menester de la "misión divina" a él y a sus colaboradores confiada, de la "posibilidad de instaurar en la nación, el régimen secular que forjó su unidad y su grandeza históricas". Y esta frase del Jefe del Estado, cuya cristalización en una realidad venturosa ha de ser el broche de oro de sus esforzados servicios a la Patria. (…)

    Silueta imperial, romana, como cumple a la hora del mundo que vivimos y hasta, al recuerdo de la región geográfica en que encontró digno asilo nuestra Dinastía, es la del hombre que hoy, en virtud de las palabras magníficas del gran soldado que nos conduce, se retira a disfrutar de un descanso bien ganado, cerrado ya el primer ciclo de sus trabajos y en espera de nuevas empresas que no pueden tardar en serle confiadas. Goicoechea, desaparecido Calvo Sotelo, con cuya intuición popular corregía su sentido aristocrático y cuya visión acuciante de la realidad interna del país complementaba su reflexión serena y armoniosa sobre los problemas de proyección, externa, es, en efecto, el caudillo civil del movimiento nacional por derecho indiscutible, porque todo en su gestación, en su preparación y en su desarrollo, ha pasado por sus manos o ha sido elaborado directamente por su inteligente patriotismo: desde la conciliación de voluntades dentro de España, hasta la captación internacional de simpatías que pudiesen operar, merced a una especie de atracción moral, a nuestro lado. Han sido cinco años de una dramática intensidad, en que Goicoechea, lo mismo cuando llenaba los ámbitos del Parlamento y de las Academias con resonancias doctrinales, servidas por su elocuencia incomparable, que cuando acudía a los sitios de peligro, de los que no ha sabido desertar nunca, parecía realizar las cosas más sencillas al revestir sus actos de una fragante sencillez y al adornarlos con esa cortesía sonriente y fácil con que parece pretender siempre hacerse disculpar, sus altos méritos.

    Amigo entrañable del tradicionalismo—él, personalmente, un tradicionalista más, aunque entroncado política y espiritualmente con el pensamiento de Donoso, heredero de los Balmes y de los Viluma—y admirador de Falange Española, que en sus épocas heroicas recibió inequívocas pruebas de esta estimación, se puede decir que las dos características morales más acusadas en Goicoechea, son su consecuencia y su lealtad con los principios y con las personas que los encarnan y manejan. Por eso aquellas palabras del sr. Gil Robles, a raíz de las elecciones últimas, recogidas por La Nación, de Buenos Aires, fueron tan impremeditadas y tan injustas. ¡Aquellas afirmaciones en que denunciaba al público argentino la táctica suicida de los monárquicos y su cobardía personal, demostrada en su huida casi colectiva al extranjero!

    Goicoechea, jefe de estos monárquicos, no se movió de su puesto de mando. Estuvo en la cárcel, conspiró y llegó al 18 de julio. Y siguió laborando siempre. Producto de estas tareas, resultado de la identificación de la sagrada causa por él representada con los escultores de la nueva España, ahí están bien patentes dos realidades y una promesa: la bandera, el himno y un limpio horizonte de Instauración Monárquica.

    EL MARQUES DE QUINTANAR

    Última edición por ALACRAN; 27/04/2022 a las 14:52
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Bilbao y los bilbainos


    BILBAO Y LOS BILBAINOS

    22-V-1937


    Bilbao era una ciudad distinguida. Tenía el viejo Café Suizo; el que fundaron los Matossi, que eran muy pobres e hicieron el viaje a pie, desde los Alpes hasta la capital vizcaína, alimentándose con la leche de una cabra. El Café Suizo—" y vende licores y refrescos nacionales y extranjeros"—era el café más bonito y el primer Café Suizo de España.

    Bilbao tenía toda la tradición de finura filarmónica, con sus tertulias y "cuartitos " musicales y con su pequeño Mozart, que fué el malogrado Juan Crisóstomo Arriaga.

    Bilbao daba buenos escritores y poetas castellanos, que no hubieran podido brotar sin un clima adecuado, como Miguel de Unamuno, como Ramón de Basterra, como Manuel Bueno, como Rafael Sánchez Mazas, como Fernando de la Quadra Salcedo, como Pedro Mourlane de Michelena—bilbaíno de adopción—, como José Félix Lequerica, como muchos más.

    Daba también sus pintores, sus escultores, sus diplomáticos, sus marinos de estirpe...

    Producía el tipo perfecto de viajero observador e inteligente, por la corteza del globo; y el del aristócrata, maestro en el arte de invitar deleitando y honrando al huésped, que no es de las cosas más fáciles y más desdeñables de este mundo.

    El forastero quizá no encontrara todas estas finuras fácilmente, porque ese Bilbao de verdad y el de las familias de la calle del Correo y de la Sendeja y del Víctor, que le habían dado el tono y el ritmo a través de muchos años, vivía recluido en sus casas y lleno de melancolía o había emigrado a Castilla. Era un Bilbao españolísimo, que le había cantado una bella canción a la Reina Regente, cuando vino a la villa con "el príncipe chiquito". Muchachos—se decía en la canción—, lanzad las boinas al alto en señal de júbilo"

    Estaba avergonzado Bilbao ante la ola" "bizkaitarra" , fabricada a base de ruralismo artificial, de orfeón y de onomatopeyas, que nació en el barrio de Achuri—contacto de Bilbao con la huerta— y entró en el corazón de la villa por la calle Somera , a la que, por ser una serie ininterrumpida de tabernas, se le llamaba la Costa Morada . El "bizkaitarrismo " vino por la ruta del vino y del chacolí y estaba basado en la torpeza campesina, que era de buen gusto exagerar "para hacer raza" .

    Este "bizkaitarra", más o menos declarado—pese a sí mismo, muchas veces—fué el bilbaíno que quedó de repertorio en el resto de España; en Madrid, especialmente.

    Era el bilbaíno ostentoso, del champagne y del whisky, que pretendía sacarse de un fajo de billetes todas las razones de la superioridad de su pueblo sobre los demás pueblos; el coleccionista de escándalos, de una gracia brutal, al que había que sacar violentamente de los teatros de revistas; el del culto a la fuerza y el del desdén a cualquier delicadeza del espíritu; el escalador de montes por sport o mendiqozaile, que se sentía invencible en el dominio de la orografía regional y que habrá visto cómo unos pequeños soldados de Castilla , con una bandera bicolor al frente, les han arrojado a patadas de todas las cumbres...

    Es este bilbaíno, precisamente; este nuevo rico de la política racial, majadero y materialista, que sólo utilizaba la religión para fines sectarios, el que ha pactado con las hordas rojas. Era el único que podía pactar con ellas, estúpidamente; el único incapaz de comprender lo que esto significaba. El bilbaíno improvisado.
    Los buenos bilbaínos han sido asesinados en gran proporción. La flor de Vizcaya fué ametrallada en las bodegas de los buques oxidados de la ría, en las celdas de la cárcel de Larrinaga y de los conventos de Begoña. Otros han huido para salvarse.

    Pero todavía quedan muchos allí, heroicamente, en espera de la llegada de Franco. Es la mayoría. Es el Bilbao que fué siempre de España, el ilustre y trabajador. El de las mejores cunas vascongadas. Los nacionalistas vascos, en contubernio con la hez de la calle de las Cortes—sede de la tunanta y del marxismo—no han podido asfixiar la elegancia de Bilbao; del Bilbao que les desprecia y se burla de ellos con el más fino ingenio, pese a todas las persecuciones.

    Del Bilbao que llama Napoleonchu a esa angula de hombre que es Aguirre. Del Bilbao que sabe que Franco, fatalmente, tiene que llegar en su caballo, como llegan los libertadores, a salvarle de los esquizofrénicos.

    ¡Bilbaínos: Pronto volveréis a lanzar las boinas al alto en señal de júbilo!

    EL FUGITIVO





    Última edición por ALACRAN; 24/05/2022 a las 14:15
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "La conciencia de Inglaterra"



    LA CONCIENCIA DE INGLATERRA (II)

    22 Mayo 1937


    (…) Cuando cayó el Zar, el Times dijo en un artículo de fondo que Rusia —un pueblo donde no hay más que aldeanos—iba a tener un régimen político semejante al de Inglaterra, donde apenas existen campesinos. Según él comenzaba para el mundo eslavo un proceso de europeización. Y lo que en realidad comenzaba era un proceso tremendo de deseuropeización, un retorno a la horda asiática, galopante e invasora. Pese a las evidencias más crudas y terribles, mortales para todo el universo, pero sobre todo para el poderío británico, el Times insiste en considerar a los Soviets como un ¡Estado pacífico y pacifista!, y cada vez que Litvinov acude a Ginebra califica sus viajes de un nuevo paso a favor de la paz y del desarme. Pero si ignorar lo que los Soviets se proponen es prueba de imbecilidad, fingir ignorancia es peor todavía, es prueba de abyección. Quizás las dos cosas, en un grado infinitamente mayor de lo que se piensa, propendan a coincidir y mezclarse. En el caso que nos ocupa, la flaqueza del entendimiento se une a la podredumbre moral.

    Prosigamos el recuento. ¿Qué ideas tiene el hombre inglés acerca del fascismo? Un periodista notorio, el vulgar vulgarizador Wells, pronunció esta frase: El fascismo es bluff y mala educación. Claro que a mí no me sorprende que Wells no entienda el fascismo. Tampoco entiende el cristianismo—que deduce ¡del culto a Mitra! — ni la cultura griega, ni el Imperio romano, ni la colonización española de América, ni la filosofía alemana, ni el Estado prusiano, y no entendiendo nada de eso, escribe una Historia Universal, así, sin darle importancia ni al Jordán, ni al Tíber, ni al Guadalquivir. No me sorprende que el periodista Wells lo ignore todo, pero si es sorprendente—y sensible—que esos inepcios sean dogmas para tantos millones de seres.

    Bluff y mala educación. Como todo el fascismo es puro camelo, la operación del Ejército italiano en Abisinia debe concluir en estrepitoso fracaso. Aun con mucha suerte no llegarán a Addis Abeba en menos de cuatro años, según el cálculo del crítico militar del Times. En efecto, llegaron en casi cuatro meses. Quizás en el propio periódico desconfiaban algo del augurio, por cuanto— otra prueba suprema de inteligencia—desde las mismas columnas querían azuzar como lobos a todos los países, por medio de la Sociedad de las Naciones, contra esa Italia impotente, imaginándose que el mundo entero le haría una guerra, no ya por servir los intereses británicos, sino incluso los errores de los británicos acerca de sus intereses.

    Con todo, las campañas de esa Prensa lograron aplicarle a Italia las sanciones para salvar la exquisita cortesía de los antropófagos etíopes. Sólo que las sanciones no consiguieron su propósito. Hacía falta un riesgo más directo, una guerra cara a cara. Como la guerra no es confortable y el mundo no quiso pelear por la comodidad de los banqueros de la City, los ingleses optaron por rehuir la prueba última. Cuesta menos molestias calumniar y combatir por la espalda que jugarse la vida de frente.

    Ya no vierten sangre los ingleses, vierten tinta. ¡Cuánta se ha vertido en segregar vilezas contra la Alemania nazi y contra Hitler! Pero en ese camino de villanías faltaba la prueba suprema, la última etapa. Ya llegó con la guerra española.

    Desde el primer día, desde el 14 de abril, esta República de maleantes, incendiarios y prostitutas que ha deshonrado a la pobre España, ha sido objeto de la mayor adulación periodística por parte de Inglaterra. Para el corresponsal del Times—justamente zaherido por Luis Antonio Bolín—Azaña dio ya en la cartera de Guerra ejemplo de sus dotes de gobernante, de "estadista esclarecido". Tal vez, si allá en Londres un ministro de Marina licenciase a la mitad de la oficialidad, el Times no aprobase la medida. Tampoco es seguro que le entusiasmase mucho la quema de la Catedral de San Pablo, y quizás aún menos la organización sistemática de diez o doce mil huelgas o la expropiación de los propietarios agrícolas. Pero en España todo eso significaba progreso.

    Con tan mendaz información y con tan perversa estimativa, claro está que tenían que faltar las premisas necesarias para comprender el glorioso alzamiento de julio. Nosotros somos los "rebeldes"; los apaches de la República son el Gobierno legal, el Gobierno legítimo. Porque para esos analfabetos que adoctrinan en Londres, legal y legítimo son una sola cosa, cuando precisamente el más grande tratadista político de Europa, el profesor berlinés Karl Schmidt, hace partir la ciencia del Estado de la distinción entre los dos términos. Para que sea legítimo—con origen legalista o no — es menester que un Estado sea soporte de cultura y se ajuste a las normas de Derecho. Es ilegítimo el Estado—la horda—llamado República, porque hace del asesinato medio y fin.

    Jamás, en miles de años de Historia, hubo matanzas semejantes a las del Madrid rojo. Pero el miserable que representa al Times en la capital sitiada decide no verlas, y en medio de las checas, de la sangre inocente y el terror tremebundo, describe, en crónica publicada hace unas semanas, la llegada de la primavera a Madrid como un cuadro idílico. En una atmósfera plácida, llena de orden y encanto, los madrileños, bajo la angélica mirada de la F. A. I. toman el sol y gozan los encantos de la existencia. Todo es allí paz, dicha y amor. Las niñas cantan romances en las plazas. Los novios enternecen los jardines. Aire de pastoral, página de égloga. Sólo faltan los corderitos con sus lindas esquilas y los gritos desgarradores de los fusilados.

    Pero aún es más villano que su colega de Madrid, el corresponsal del Times en Vizcaya. Fué este sujeto quien, unido al representante de la agencia Reuter en Guernica, mientras los dinamiteros de Gallarta, en uno de tantos actos vandálicos como llevan cometidos, aniquilaban la villa, decidió atribuirle la fechoría a nuestros aviones. En Irún los reporteros mercenarios de Blum no se atrevieron a mentir con tal descaro. Mas para excitar al almirante, al deán, a la miss y a todas las histéricas de Belgravia, esa canalla no repara en medios. Se quería —se quiere—echarnos el mundo encima, provocar una convulsión sentimental que justifique las evacuaciones y la ruptura del bloqueo, para, a pretexto de llevar alimentos y llevarse niños, darle armas al Bilbao agónico. Defender la "República libre de Euzkadi", magnífico protectorado.

    Ante estas villanías, cuyo fracaso no mengua su espantosa abyección, uno se ve obligado a preguntar si, como en el tiempo de Eça, el Times sigue siendo la conciencia de Inglaterra. En ese caso el pueblo de la Biblia dominical y los moralistas campanudos debe tener muy mala conciencia.

    EUGENIO MONTES




    Última edición por ALACRAN; 24/05/2022 a las 14:22
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    El santuario de Santa María de la Cabeza


    EL SANTUARIO DE LOS MONTEROS

    23-V-1937


    ¡Por fin! Dirían los rojos al enterarse del aniquilamiento del Santuario de Santa María de la Cabeza. Y en ese por fin exhala por su negra bocaza la maldad marxista todas-las-heces de su odio.

    No tenía el Santuario valor estratégico alguno, y tampoco importaba a la canalla que la imagen que en él se veneraba tuviera un culto profundamente arraigado en el alma del pueblo. Ellos desprecian estas ternuras.
    Obedientes a la consigna fueron destruyéndolo todo. Comenzaron por desterrar las imágenes de los establecimientos del Estado, a tenor de una ley votada en Cortes, para acabar luego, -de manera definitiva y contundente, con todas las que alcanzaron sus manos criminales.

    El Santuario de Santa María de la Cabeza era uno de los, entre tantos otros andaluces, mimados y queridos por la Naturaleza y por el hombre. Las mañanas de montería en las sierras de su horizonte, allá íbamos los monteros, con ojeadores y escopetas negras, a rezarle a la Santa Virgen la Salve tradicional.

    En las aristas de vieja cantería se afilaba el airecillo mañanero, y por las puertas se colaba cargado de tomillo y de cantueso.

    En las romerías de primavera, ante el altar chispeante de flores serranas, se arrodillaban rabadanes y vaqueros, buhoneros y trajinantes, caseros y leñadores, piconeros y cazadores furtivos, y también el sol y las golondrinas. A bocanadas subían hasta la venerada imagen el incienso y las preces. Y, a bocanadas también, se prendían en el vuelo de su manto, entre los cándidos milagros rumor de las torronteras y el piar de las alondras reales.

    ¡Qué importaba todo esto a la canalla! En el santuario se refugiaron 1.600 personas huyendo de su barbarie, y en él las mujeres y los chiquillos, como polluelos asustados, bajo las haldas de la Virgen aguantaron días y meses el encono de los malvados, que sentían herida su ruin vanidad de cobardes, porque entre sus pueblos, en plena serranía marxista, un puñado de gente rezaba a la Madre de Dios y defendía a tiros el honor de España.

    ¡Cobardes! Conseguísteis vuestra presa: Un objetivo militar microscópico y un cuartel más de gigantesca ignominia para vuestros timbres de bastardos.

    Y ahora, por los mismos días de vuestra hombrada, tiemblan los separatistas vascos por su árbol de Guernica.
    Yo no sé lo que le habrá pasado al árbol tradicional. Me basta con oir al general Queipo de Llano para asegurar que si algo le ocurrió no fue por nuestra culpa.

    Los hombres de bien respetamos todo lo que suponga tradición, porque amamos a la Patria y sabemos que ella no es sino una piña de tradiciones veneradas. Sentimos lo que haya podido ocurrirle al árbol que, en pasados tiempos, cobijó bajo sus ramas a los patriarcales ancianos de Vizcaya; pero... ¡Señor! Tenemos nosotros destruidos los santuarios de las tradiciones españolas, sin otra disculpa de sus destructores que la burla y el escarnio.

    Dicen ellos que al Guernikako arbola lo destruyó una bomba de Aviación. Podría ser cierto si no lo desmintiera mi general; pero en lo que no cabe duda—y valga como muestra—es que al Cristo de Mena lo despedazaron a hachazos. Y... árbol por Árbol, como materia y como símbolo, me quedo con el que habría sus brazos en la iglesia de Santo Domingo, para cobijo de penas y ansiedades de mis antepasados malagueños.

    ¡Empacha ya tanta contemplación y asquean tantas hipócritas lamentaciones sionistas!

    Nunca tan chico ni tan miserable el retablillo que Maese Pedro instalara en el centro de Europa, también con su Don Gaiferos, al que puede coger de nuevo, y no precisamente jugando a tablas, el brazo y la tizona del fuerte y pundonoroso hidalgo que se llamó don Alonso Quijada, y que la fama convirtió en invencible cuando se echó a los caminos del mundo con el glorioso y caballeresco nombre de don Quijote de la Mancha.

    JÓSE CARLOS DE LUNA


    Última edición por ALACRAN; 11/06/2022 a las 14:24
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    "La mano del obispo"

    LA MANO DEL OBISPO

    23-V-1937

    Unas manazas, sucias y zafias, agarraron groseramente la persona del obispo auxiliar de la diócesis de Tarragona, Dr. D. Manuel Borrás—bien conocido por sus virtudes, y que residía en oración en el monasterio de Poblet—, y tras golpearlo brutalmente, lo arrastraron hasta Montblanch y de allí a un recodo de la carretera del Coll de Lilla , donde la chusma que tanto se ha caracterizado—y ha caracterizado a esta guerra—esperaba anhelosa del espectáculo, y violentamente lo arrojaron, con los pies atados, sobre un montón de leña y abrojos.

    La figura alta del pastor de almas se elevó sobre la pira y ésta empezó a arder cuando unos mocetones greñudos echaron sobre ella unos cubos de gasolina y unos fósforos encendidos. La llama terrible empezó a lamer cruelmente las plantas del digno sacerdote, y en el mismo momento éste elevó su mano derecha bendiciendo a aquellos hombres que lo quemaban vivo y a aquella muchedumbre que asistía al martirio entre carcajadas de salvaje y aullidos de fiera, sin que ni un solo hombre ni una sola mujer guardase en el alma un vestigio de caridad que lo estimulase a impedir el bárbaro asesinato.

    Pero eran—aunque no quisieran—los hijos de su diócesis, las ovejas descarriadas torpemente por enseñanzas y doctrinas falsas, y el doctor Borrás les bendecía, trazando sobre sus enloquecidas cabezas, todo el amor del signo de la Cruz.

    Y subieron las llamas, y se desataron los improperios de los blasfemos, y el fuego, implacable, terrible, fué devorando las vestiduras del discípulo de Jesús. Y sus carnes. Y sus huesos... La mano del obispo seguía bendiciendo, con la serena sonrisa del enamorado de su fe.

    De repente, el fuego llegó al corazón, rebosante de pena ante aquel espectáculo indigno, tan ajeno a las limpias directrices de caridad que durante toda una vida ejemplar, había expuesto el santo religioso en sus pastorales y pláticas a aquel mismo pueblo. El martirio había terminado, y con él, la existencia honorable de un elegido del Señor, que en medio de sus tormentos seguía bendiciendo, bendiciendo...

    El cuerpo carbonizado del mártir cayó bruscamente de espaldas sobre la misma hoguera. Con la frente al cielo, con los ojos desorbitados por el dolor físico, pero la mano seguía enhiesta, rígida, quieta ya por la fría caricia de la Muerte, pero siempre en la noble actitud de bendecir.

    Los odios, el satánico furor de un gentío despreciable cayó sobre ella. Unos querían doblar el brazo del muerto; otros pretendían dislocar la muñeca. Todo inútil. La bendición seguía impertérrita sobre sus cabezas...

    Y se aterraron. Y huyeron hacia Montblanch, como aquellos otros, que una tarde de Viernes Santo bajaban horrorizados del Calvario.

    Unos vecinos de un pueblo inmediato»—Lilla—enterraron al obispo sin poder lograr que cediese la mano. Y después de echar el cuerpo destrozado a una fosa improvisada, derrumbaron sobre él tierra, piedra, arena, ramaje, ladrillos, cascotes sucios, cuanto hallaron a mano. Todo inútil. Por entre la broza aparece todavía la mano severa pálida y enjuta, del doctor Borrás, obispo auxiliar de la diócesis de Tarragona, en el firme gesto de bendecir a aquellas gentes que sólo recibieron de él mercedes, y lo habían quemado vivo, cobardemente.

    No ha habido en toda Cataluña bastante tierra, ni bastantes odios, para poder borrar—ni vencer—el gesto misericordioso de la señal de la Cruz.

    P. VILA SAN JUAN




    Última edición por ALACRAN; 11/06/2022 a las 14:32
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    El momento histórico de España y la lucha contra el bolchevismo mundial


    El momento histórico de España y la lucha contra el bolchevismo mundial

    23-V-1937

    EUGENIO MONTES

    Así tituló Eugenio Montes, periodista insigne v fuerte luchador espiritual contra la barbarie que amenaza a España y al mundo, su notabilísima conferencia en el teatro de la Trinidad de Lisboa, lleno de un público, en el que se descollaban los colores verde y marrón de los uniformes de la Legión y de la Juventud portuguesas, organizaciones preliminares , destinadas a constituir las reservas para auxiliar al Ejército contra los enemigos del interior y del exterior.

    También los españoles residentes en Lisboa y numerosas señoras de la colonia acudieron para escuchar el verbo elocuente de nuestro querido compañero, que fué presentado por "el distinguido periodista e investigador portugués don Manuel Murias , como "el escritor español más representativo de su generación" .

    "Eugenio Montes—agregó—por el vigor de su inteligencia,- por la extensión de su cultura, por lo brillante de su expresión literaria , por su formación y por su carácter, representó en algunos momentos—y representa ahora—-uno de los puntos de convergencia más sólidos y constructivos de las corrientes de apariencia diversa que germinan y se inquietan en la España renovada."

    Eugenio Montes—que, además de miembro de la Comisión de Cultura de Burgos, es el director del Instituto Español de Lisboa—vestía la camisa azul de Falange.
    Empezó refiriéndose a los caminos paralelos seguidos por España y Portugal , en demanda del mismo destino histórico. Explicó, admirable y justamente, la diferencia que existe entre Comunidad, Sociedad, y horda, mostrando cómo en la comunidad, agrupación organizada jerárquicamente, la fuerza superior es el Ideal.

    Después hizo una maravillosa evocación de la Historia española a través de los siglos, desde la dispersión de los varios reinos hispánicos hasta realizarse el milagro de la unidad que hizo de España uno de los mayores Imperios del mundo.

    Analizó la formidable misión histórica cumplida por Portugal. Siguió luego el recuerdo de la decadencia (enciclopedismo, escepticismo antinacional), el de las invasiones francesas y el del ocaso del sol napoleónico en la tierra sagrada de la península.

    "Mientras los heroicos montañeses perseguían en los Pirineos a los últimos soldados de Francia, en Cádiz se preparaba una Constitución de modelo liberal... Mientras, por un lado, se vencía al enemigo con las armas, se nos vencía ideológicamente. Los frutos de la Constitución de Cádiz fueron estos: la creación voluntaria de un Estado débil, impotente, que dio origen a las guerras civiles... "

    Dijo que, en el pasado siglo, los hombres perdidos, dentro de sí mismos, habían renegado de la fe y del valor fuerte para vencer. Examinando la época transcurrida desde Cánovas del Castillo hasta la dictadura del general Primo de Rivera, destacó la figura extraordinaria del marqués de Estella, su generosidad, su combatividad y su lealtad sin límites.

    Dibujó un cuadro de la nefasta actividad desarrollada- por los Centros intelectuales de entonces, analizando la psicología y los aspectos, moral e intelectual del anormal Manuel Azaña.

    Trató después del "fenómeno bolchevique", estudiando, para su mejor comprensión, la psicología de! pueblo ruso—gente de la estepa, nómada, que se deja dominar por un millón escaso de maleantes de todo el mundo—; y recordando estas palabras escritas, por Fedor Dostoiewski, en 1878: "Desde que el cosmopolitismo es nuestra idea nacional, todos los hombres del mundo deben hacerse rusos y, sean los que fueren su país y su raza, convertirse en esclavos, entrando así en una nueva humanidad."

    Esta frase es una síntesis de los deseos de conquista que animan a los rusos, deseos probados con los intentos de conquista de Europa, por medio de las armas—que han fracasado en Polonia—y con la invasión a que después dieron comienzo envenenando a los nacionales de cada país mediante una hábil propaganda que explota los bajos sentimientos antipatrióticos de cierta gentuza.

    Habló de la creación de esa nueva aristocracia soberana, que es el proletario, y de la influencia que en ella ha tenido la creación de las grandes ciudades, donde los campesinos han perdido su cultura tradicional, no ganando nada en el cambio.

    Examinó los orígenes de las corrientes revolucionarias y separatistas, destruyendo algunos mitos, que se han creado en torno del movimiento salvador de España:

    "El caso de España es un ejemplo sobre el cual Francia, y especialmente Inglaterra, deben meditar."

    Comparó, emocionadamente las dos actitudes de Inglaterra: la que adoptó ante un falso bombardeo de Guernica por la Aviación nacional; y su indiferencia ante los numerosos ataques aéreos de los rojos, sin objetivos militares, a ciudades indefensas de la zona libertada, a la Catedral de Seo, en Zaragoza; a la Alhambra, de Granada, y a las históricas ruinas del Alcázar de Toledo.

    Las palabras finales fueron de gratitud a Portugal, por la solidaridad moral de su pueblo con la España, que busca libertarse de la "criminal horda roja, que amenaza a toda la península, y a la misma Europa. Y entre vivas entusiastas, a los dos pueblos peninsulares terminó este interesante y oportuno acto de puro nacionalismo, al que la excepcional cultura y la elocuencia de Eugenio Montes prestaron un considerable encanto.

    FÉLIX CORREIA.

    Lisboa, mayo 1937.



    Última edición por ALACRAN; 11/06/2022 a las 14:35
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Los inocentes poetas

    LOS INOCENTES POETAS

    27-05-1937


    ¡Creían que era una broma candorosa! Aquellos lienzos sembrados de ojos, de miembros dislocados, de figuras geométricas, de tejados y de balcones al revés, a los que no faltaba media guitarra ni un trozo de pentagrama, les hacían sonreir, exclamando: ¡Qué colección de perturbados!...

    ¡Y lo mismo con los versitos! Las frases interrumpidas por una desagradable palabrota, las trasposiciones inverosímiles, los enigmas mal sonantes, la ausencia de ritmo y de medida, la deliberada oscuridad, el meditado mal gusto, obligaban a las gentes a exclamar: ¡Qué atajo de locos...! No eran, no, ni perturbados, ni locos, ni ingenuos. Eran, sencillamente, unos criminales. Puntas de vanguardia del judaismo, elegían esos caminos para atraerse incautos, para polarizar ciertos sectores sociales, siempre sensibles a la audacia y al snobismo, para ir tomando posiciones en la conciencia del proletariado y desterrar, poco a poco, de ella, no el gusto de la belleza consagrada, sino hasta los principios de un arte que se le tenía que entrar por la sangre antes que por los sentidos. Por eso, generalmente, detrás de estos esforzados campeones de la estética del porvenir o de cada grupo de campeones, se hallaba un capitalista. Así se patrocinaban aquellas exposiciones y se financiaban aquellas revistas literarias. Así, por ejemplo, funcionaban poetas de la categoría moral de Bergamín, el hombre que no parecía sino la caricatura de sí mismo.

    Y cuando estos poetas descendían de su hermético trono, cuando, por ejemplo, dejaban de escribir:

    El "boulevard" se ha suicidado
    y sangra versos por el costado.
    "Nous aurons, vous aurez, ils auraient

    era para hacernos caer de rodillas ante su inocencia paradisíaca y su franciscanismo cien por cien.

    Uno de los asesinos que con más saña, parece ser, que se ha distinguido en la busca y captura, captura y ejecución de hombres de pluma, en Madrid, ha sido el viejo luchador G. ¡Los sablazos que habrá dado este hombre, en espera de la hora de los tiros! Y siempre usaba para ello un procedimiento conmovedor y certero: el envío de un libro suyo con una dedicatoria, tan saturada de elogios, que lindaba con la adulación más empalagosa. Y siempre, naturalmente, el libro era un libro tan repleto de ideas generosas, humanitarias y liberales, que resultaba imposible el negarle los cinco duros. De este contraste entre la humillación privada y el orgullo cómico que habían de ostentar en público estos forzados de la pluma, resultaba esa hondura fétida de unas conciencias dispuestas, no solamente a todo género de inmoralidades menores, sino preparadas excepcionalmente para la traición y para el crimen.

    Rafael Alberti, poeta de la revolución, rimador de la U. H. P. y demás fugas de vocales, cuya responsabilidad legal se evidenciará en plazo no lejano, era uno de estos hombres que oscilaban en sus producciones, de la máxima complicación mental, a la más dulce simplicidad; que vivía artísticamente con un pie en las cataratas del Victoria y con el otro en uno de esos estanques dormidos de la Moncloa.

    "¿Por qué me miras tan serio,
    Carretero?
    Tienes cuatro mulas tordas,
    Un caballo delantero,
    Un carro de ruedas verdes
    Y la carretera toda,
    Para ti,
    Carretero,
    ¿Qué más quieres? "

    Yo recordaba esta poesía cristiana una noche de finales del 36, oyendo por la radio a Rafael Alberti recitar procacidades ante un auditorio madrileño ululante y blasfematorio. Qué lejos estaba el Alberti actual de aquel otro que reprochaba al carretero su mirada "seria" y que, de paso, le explicaba cómo la fortuna le había favorecido con sus dones. Y es que lo fundamental de Alberti era lo oscuro, lo revolucionario y lo transitorio, o lo deliberado para su plan o su servicio, era lo idílico, lo sereno, lo armonioso. Alberti, como tantos otros hombres de pincel o de pluma, ha resultado un profesional de la ganzúa y de la Star, un esclavo del demonio. Federico García Lorca lo explicó en estos versos:

    "Además, Satanás me quiere mucho
    Fue compañero mío
    En un examen de
    Lujuria . . . "

    EL MARQUÉS DE QUINTANAR




    Última edición por ALACRAN; 18/07/2022 a las 14:15
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Hallazgo de un estilo


    HALLAZGO DE UN ESTILO

    28-05-1937

    La imagen más soberanamente nueva y extraña, con un valor hispánico de literatura, que puede quizá escribirse acerca del sentido filosófico de la tradición de un pueblo, vivida por él con la naturalidad de su destino, es la que he buscado por mi afición clarividente. Repasando para un estudio de fundación de biblioteca, en el siglo XVI, el libro famoso del cronista imperial sevillano Pedro Mexía, magnífico caballero de esta ciudad, obra que se titula Silva de varia lección, en el capítulo trece, que empieza: "Como la sangre del toro", consta de una breve descripción de las costumbres especiales que distinguen al toro en la originalidad profunda de la inteligencia de su vida:

    "Pasce las yerbas este animal diversamente entre todos los animales, porque viene retrayéndose para atrás: quando anda pasciendo: todos los otros van adelante. Así lo dice Plinio. Otra cosa es maravillosa en este mismo animal, que conosce y pronostica quando ay aguas—quiere expresar amago de lluvia—y muéstralo en alzar el rostro: ventando y oliendo el ayre: y encúbrese—entonces—más de lo acostumbrado."

    Me interesa para el comienzo fijar la atención en las primeras líneas del párrafo, que tan curiosamente erudito nos dejó Pedro Mexía... Retrayéndose en las grandezas de los tiempos pasados, se alimentaba espiritualmente e! pueblo español, con un instinto de diversidad de los demás pueblos de Europa: caminaba para atrás, y así pació las yerbas gloriosas, cuando él quería renovar sus fuerzas, y así retroactivamente de su cuerpo robusto salió el ímpetu de los Siglos de Oro. Está descifrada por mí la costumbre taurina en el acervo de la tradición hispánica. Todas las otras naciones decían ellas que iban siempre para adelante, con el dogma del progreso. Cuando anda paciendo su originalidad el pueblo español tuvo una cosa que es maravillosa, y, desde luego, contrariamente a la muchedumbre: come en el campo libre de su naturaleza y genio, desde el terreno de la antigüedad, sembrado de fino césped y de poderosas matas, nutritiva refacción, que no es un avance espectacular ni un retroceso caprichoso, sino la norma genuina de un estilo, en virtud del cual crea luego una propia civilización, que procede de la tierra madre, que se inspira en los antepasados y mayores insignes y que transforma lo muy viejo en novísimo y da a su sangre, desde los aborígenes, la perennísima actualidad, a pleno sol y aire, como el toro en su dehesa de llanura y monte, de pradería y serranía.

    Retrocediendo por los buenos herbales de la edad clásica, en los libros de los filósofos y los mapas de los navegantes, desde Séneca el de Córdoba hasta Alonso Sánchez el de Huelva, su erudición y su aventura, felizmente un día grande—Covadonga ya en Granada—halló sólo ella las Islas del Mar Océano; escogiendo de atrás , volver de sabiduría, lo mejor del Renacimiento tuvo armas peculiares para luchar contra la Reforma; en la pretérita lección de las invasiones, con una guerra de la Independencia, gustando la emoción de aquel levantamiento gloriosísimo, y comprendiendo la engañosa farsa de la libertad constitucional, es como España movió los arrestos morales de su corazón y la residencia física de su cuerpo, nuevamente, para enfrentarse, mérito hidalgo del carlismo señoril, con los enemigos de la Religión y de la Patria en 1833, encontrando para siempre en las verdades recibidas de los predecesores, la defensión necesaria, ley de su vida, anhelo de imperialismo y fuerismo.

    ¡Retrogradando en la Historia! Influida del tiempo anterior, España, en su apartamento de seguridad, asimiladas por el vigor de la herencia las reservas importantes, biológicas, de una manera desviada de todo falseamiento, volviendo a traer su personalidad, royendo aristocráticamente en el limpio pasturaje de sus hazañas, prado natural de espontánea yerba; comunicándose el valor por una lenta relación sucesiva de hechos clásicos, transfiriendo lo observado para lo porvenir en las horas de su remoto esplendor, España se retira y coja, desiste de la friolenta estabulación y no quiere más abrigo y majada que los de sus bienes de propios, la autenticidad de lo sencillo en la tierra calma, el regreso de sus condiciones naturales: prudencia, talento y varonía. ¡Cumple anchamente su destino histórico! De ahí la imagen brava de su Tradición, que yo he formado en carne y espíritu de una semejanza patrimonial. De ahí el gran éxito de sus más sublimes empresas de generoso desinterés y universal acierto: no olvidemos que en la búsqueda de los volúmenes raros, en las cátedras de las Universidades vetustas y de los monasterios sin caminos, leyendo a sus teólogos y humanistas, latinidad y romances, política indiana y mundial, dio con los principios del Derecho Internacional público y privado, la base científica de una Europa unida y en orden, según mi ampliación de las palabras nacionales -que tienen ya solera- del Rey genial don Fernando V.

    Y ahora, en este momento, el más grave de su existencia, solitaria y combatida, reúne España de pronto sus energías doctrinales y su temperamento militar antiguo, logrando con ello la voluntad lozana de una pelea triunfal contra la infame agresión de la extranjera horda invasora en 1936 y 37, sosteniendo guerras que no se parecen a ninguna de las otras guerras del mundo, porque poseen el magno estilo de su reaccionar para la salvación del mundo, en la luz del día, paciendo de su heredad jerárquica, mientras el adversario se agazapa y miente en la sombra de la noche de un cantonalismo anárquico y terrorista, con emisarios frenéticos que salen criminalmente a los campos, desde las tinieblas de los suburbios, con una misteriosa venganza política de antiespañoles, arrasando las dehesas y desjarretado los toros, que dejan y abandonan muertos y destrozados por los caminos, consigna de una rara e inútil destrucción simbólica de operarios de la maldad.

    España forma su ser en el terreno acotado de aquella manera originalísima, que es la Tradición, según dije al principio, apartándose de la común locura y en la plétora o fecundidad de sus regresiones, como la sangre del toro. El parecido ideológico es más exacto aún con el animal indomable, con el toro de casta, en el campo andaluz, castellano y navarro, porque yo quiero decir, por último, lo que todos conocen y se adivina: que la tradición hispánica es una cosa de bravura leal, de coraje étnico, de poder majestuoso y rebeldía santa, arranques latentes en su cuerpo para repeler el mal y luchar contra el engaño. Se alimenta de pastos de los siglos, no de alcáceles de los otoños. Cobra fortaleza y no adelanta aparatosamente como los otros países que son tan nuevos y tan sabios en sus democráticos mitos de la emulsión ginebrina. Pace la verdad y acude al peligro de todos con la nobleza de su valor, y, retrayéndose -como los toros sementales cuando pastan- se llena España, en la centenaria honradez de sus apriscos peninsulares, de una bravía, segura y firme inmortalidad: resumen del juicio de la naturaleza y, sobre todo, premio de su fidelidad a Dios.

    F. CORTINES MURUBE


    Última edición por ALACRAN; 18/07/2022 a las 14:22
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    José María de Areilza (1909-1998), autor del texto cuando era joven falangista furibundo, es especialmente conocido sin embargo, por su afán democratizador de España, en su vejez, siendo ministro de Asuntos Exteriores con el primer gobierno de Juan Carlos, viajando y mendigando, en plan vende-patrias por las cancillerías europeas, credibilidad a las reformas liberalizadoras que entonces comenzaban.

    LA ETAPA NEGRÍN O LA VICTORIA SIN ALAS

    José María de Areilza

    Negrín ha formado gobierno en la roja Valencia. Las dos centrales sindicales del proletariado marxista han sido desplazadas del gobierno de un modo semiviolento, despótico. Largo Caballero, Vayo y la CNT han quedado eliminados a un tiempo de las funciones ejecutivas en la España dominada todavía por los bárbaros. Araquistáin, torpón y venal, ha saltado también de su lujoso despacho de embajador en París.

    Es una ofensiva llevada de mano maestra por el grupo Prieto, que ha sabido englobar a un tiempo el sector de “Claridad” y a los anarquistas, enemigos entre sí a su vez, para derribarlos con estrépito. La maniobra no era posible sin el apoyo o el visto bueno de Rusia, a quien Vayo, sobre todo, estaba vinculado de un modo terminante. Indalecio Prieto ha llegado al Komintern, a través de Francia y de Inglaterra. En el Quai d’Orsay y en el Foreign Office hace tiempo que el diputado por Bilbao era persona de relieve grato. Buenos amigos suyos servían de enlace para sus componendas, entre el Sena y el Támesis. Rusia tuvo que rendirse por fin a la evidencia: la experiencia comunista pura no era viable en España, y el gabinete Largo era una catástrofe para la causa de la España roja y aun para los cabildeos de paz europea tan gratos en estos instantes a la política de Mr. Eden. Moscú aceptó el viraje ordenado por el grupo franco-británico y Prieto remachó la jugada utilizando la persona del doctor Negrín, especie de biólogo economista matrimoniado con rusa, que personalmente por conocer el idioma eslavo era hombre, de relaciones cordiales con los Soviets. Así, todo quedó dispuesto para la jugada.

    Un buen día, porque la barruntaron o porque fueron provocados para ello, los anarquistas catalanes, se insurreccionaron en masa. Largo vacilaba. Prieto intervino dando órdenes terminantes, precisas. El embajador comunista apretó también para que se acabara al propio tiempo con el POUM, disidencias, trotskistas que molestaban bastante. La rebelión fue ahogada en sangre, al parecer. Prieto mando a Barcelona a Pozas, el general traidor y a Echevarría Novoa, gobernador de Vizcaya el 18 de Julio y hombre de su entera confianza, para que dirigiese los servicios de Policía. Después, la crisis, el fracaso de Largo, el doble juego del partido comunista obedeciendo consignas recibidas, y, finalmente, el gabinete Negrín.

    La etapa de la revolución comunista y de la algarada cenetista, simultaneadas con la guerra, parece, por consiguiente, haber sido superada ya. De ella no quedará sino la enumeración interminable y espeluznante de millares de crímenes, tales en refinamiento y crueldad como jamás pudo haberlos soñado la más delirante imaginación humana. Quedará el despojo, la destrucción, el vandalismo, el robo, que han arrasado casi toda la riqueza artística y aun gran parte de la riqueza a secas de la España roja y mártir. Quedará el envenenamiento feroz de las pobres clases inferiores a quienes se ha dado a beber sin tasa en estos diez meses el vino embriagado del libertinaje. Quedará la memoria de bochorno y vergüenza que las bajezas de Vayo, en Ginebra y ante el mundo han motivado al hablar ¡en nombre de España! en el más ínfimo tono servilón que nación alguna haya conocido.

    Y ahora comienza la etapa Negrín. Suponemos que con tramoya jurídica y legal irreprochable y hasta con ficción parlamentaria frecuente para dar motivos de comentario a las agencias afectas, de fuera. En seguida, viraje en lo religioso con apariencia respetuosas externas, clérigos amaestrados de antemano y Dios sabe cuántas complacencias secretas o públicas. Coro general de Prensa inglesa haciendo el elogio de la España “leal”. Ditirambos fervientes en la parisina con las honrosas excepciones de siempre. Discursos de Indalecio a las “fuerzas de aire, mar y tierra” excitándoles a defender la República y la libertad. Insinuaciones habilidosas al extranjero (…)
    Francia, Inglaterra y las Internacionales democrática y masónica aceptan resignadas el triunfo de Franco sobre los caníbales. Rusia no se conforma del todo, por el momento, pero, obligada por las circunstancias, cede los trastos a la diplomacia británica y francesa.

    Se decide en esta guerra la contienda entre dos conceptos sociales, entre dos sistemas de Estado que han de prevalecer en Europa y en el mundo en las futuras décadas. Son los primeros combates de una nueva edad que nace, sin que nosotros, actores de la tragedia, tengamos aún cabal idea de su fisonomía histórica, de su perfil definitivo.

    Una España nacionalsindicalista, formará con una Italia fascista y una Alemania “nazi” el triángulo, no ya militar, no ya político, sino ideológico, que es decir mucho más, que imponga en Europa el ritmo de los nuevos tiempos de un modo irresistible. Si esa España es, además una nación fuerte, heroica, renovada, juvenil. Si asciende de rango a la jerarquía suprema de Imperio. Si tiene de nuevo voluntad implacable de potencia, la faz de Europa se modificará profundamente, como siempre que España ha lanzado sobre el mundo su ímpetu vital.

    Francia e Inglaterra con los pacifistas ginebrinos que garantizan con rúbricas su predominio, no quieren una cosa así, no quieren un triunfo arrollador, entusiasta del Generalísimo con su Falange Nueva. Aceptarían, sí, su victoria. Pero una victoria sin alas, mutilada recortada y modosa que no tenga irradiación ni fervor.

    La experiencia Negrín pudiera ser -creen ellos- el freno de esa triunfal resultante de la estrategia de Franco. Una entrega, una componenda, un pacto, un arreglo con la España roja. Eso desean también Besteiro, Prieto, Giner, Martínez Barrio, Sánchez Román, Miguel Maura, los bizkaitarras.

    ¡Atención, pues, juventudes de España! Juventudes alegres, heroicas, templadas, ardientes. Juventudes de camisa azul y boina roja. Las que soñáis una España resplandeciente sin rodrigones internacionales, sin tutelas humillantes del extranjero. ¡Vigilad atentas! ¡Contra todos los negrines, los de allá y los de acá! ¡Unidas de corazón a Franco, el Caudillo de la Patria.

    ¡¡Arriba España!!

    José María de Areilza (El Diario Vasco, 22- V- 1937)


    Última edición por ALACRAN; 03/08/2022 a las 14:26
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Los cañones ante Bilbao


    LOS CAÑONES ANTE BILBAO

    29-5-1937


    Nuestros cañones de grueso calibre alcanzan ya con sus tiros la ría del Nervión. Todo cuanto existe en esa ría no tiene valor para el espíritu; no hay en sus márgenes un monumento, una obra artística, una creación cualquiera que hable al alma con el delicado lenguaje de la eternidad. Todo es allí, al contrario, confuso y grosero, en un hacinamiento de fábricas y depósitos feos, en una suciedad que trasciende al mismo paisaje y a las propias aguas de la marea. Grasa, humo y sudor de la gran industria. Y, sin embargo, surge de esa ría una especial emoción y una belleza extraña. La belleza de las cien chimeneas humeantes y de los cien cargos maniobrando sus grúas afanosamente; la emoción del esfuerzo y la voluntad del hombre moderno llevados a su tensión suprema.

    Todo ese poderío ha nacido del hierro de Somorrostro. Ha brotado de aquel famoso hierro vizcaíno que en las obras de nuestros clásicos aparece aludido tantas veces con palabras de ponderación, Pero aquél era un hierro modesto para surtir las necesidades de las antiguas ferrerías; de pronto, con el progreso de las industrias mecánicas, el acero se hizo el eje de la vida moderna, y comenzaron entonces a abrirse las montañas y a exportarse el mineral en cantidades fabulosas. Y vino la riqueza. Una riqueza que en menos de dos generaciones transformó la vieja villa arrinconada entre montes, sede de mesurados y provincianos mercaderes, en la población de mayor potencia financiera de España. Una urbe de raro estilo hanséatico o americano. Un foco de atrevidas especulaciones y de enormes riquezas improvisadas. Dio también Bilbao un tipo original de multimillonario, mezcla de ingenuidad vanidosa, de infantil ostentación y de valerosa audacia para las grandes empresas.

    Por entonces, al cebo de los buenos salarios y las fáciles iniciativas, comenzaron a invadir la zona de Bilbao muchedumbre de inmigrantes; unos iban, con su zurrón al hombro, a trabajar en las minas y las fábricas; otros se quedaban en la ciudad, a la expectativa de pingües situaciones. Y surgió lo inevitable: la reacción del indígena contra el forastero desarraigado, pobre y de presencia inferior a quien se mira con desprecio, burla y odio. Para estos inmigrantes, llegados de los cuatro rumbos de la península, el bilbaíno encontró una palabra definidora: maqueto.

    El desdén y el odio al maqueto es la definición bilbaína de la xenofobia. Esta nació de la soberbia de una riqueza improvisada, o sea de ese sentimiento de superioridad casi providencial, de esa arrogancia delirante que suele invadir a los nuevos ricos, los cuales, a fuerza de ganancias fabulosas y éxitos fáciles y consecutivos, llegan a imaginarse que una especie de divinidad particular está velando por ellos. Hay naciones y ciudades con el aire característico del nuevo rico. Bilbao fué una de estas ciudades vencidas por el genio de la soberbia. Y de Bilbao se comunicó la arrogancia a todo el país vascongado, que se veía en pleno éxito económico, mimado por la fortuna y halagado por todas las lisonjas. La teoría de la raza superior vino como un proceso natural, y la consecuencia del separatismo no podía retardarse mucho. En efecto, un pueblo, al que le dicen que es de una asombrosa superioridad, no puede consentir que se le condene a depender de una nación inferior, y España, para la mentalidad simplista del vascongado nuevo rico, era siempre el país de los maquetos que llegan sucios y con el zurrón al hombro. No podían concebir en su ruda simplicidad que España es una cultura, un estilo, una Historia.

    Después, el separatismo catalán se encargó de instruir al separatismo vascongado en el método y la organización de las nacionalidades formadas para la disidencia y la agresión. El fundador del vasquismo nacionalista, Sabino Arana y Goiri, era un mozo de Bilbao, que estudiaba en Barcelona, y allí aprendió cuanto necesita saber un caudillo del separatismo. Y en seguida obtuvo para su campaña la ayuda económica de algunos ricos bilbaínos. Uno de éstos financieros espontáneos fué Ramón Sota, el opulento marino.

    Como ejemplar curioso de hombre resentido, no hay duda que este Ramón Sota lo era de modo interesante. ¿Pero qué razones podían justificar su resentimiento? N o tenía sino motivos de gratitud para con la vida y los hombres. La fortuna le dio grandes riquezas; ocupaba una posición social de lo más respetable; mandaba como amo y señor sobre un Ejército de pilotos y marinos. Sin embargo, en el cielo de su felicidad se atravesaba una sombra. En suma, don Ramón Sota, el opulento naviero, tenía envidia de don Alfonso XIII.

    Le carcomía la rabia cuando en las fiestas de verano venía don Alfonso a presidir en el Abra las regatas de verano, y todos los mejores linajes de Bilbao, todos los príncipes de la Banca y la industria formaban alrededor del Rey un cortejo de admiración y simpática cortesanía. La evidencia de que existía en la vida una superioridad mayor que la de los millones, provocaba en ramón Sota un despecho tan amargo, que al aparecer en el Abara del Nervión el yate real embarcaba el opulento naviero en su yate lujoso y salía ostensiblemente, altaneramente, rumbo a Inglaterra, marcando un desplante del género más grosero. En Inglaterra se hizo conceder el título de "sir" , que usaba siempre con ridícula ostentación, y de su antiespañolismo hacía las demostraciones más miserables. Y lo absurdo del caso es que Sota era originario de la provincia de Santander.

    Pero el resentimiento de este naviero no es único en la historia española del último cuarto de siglo. Semejante complejo psicológico se ha verificado en otros hombres que han actuado directamente en la política cerca de la persona de don Alfonso; Sánchez Guerra, Alcalá Zamora, Bergamín, Miguel Maura, por ejemplo. Hombres que treparon a las alturas de la gobernación, que recibieron del Rey gajes y honores, y que, sin embargo, a la hora en que se pone a prueba la lealtad, le traicionaron cobardemente.

    ¿Era porque su ambición de arribistas no se saciaba bastante con los gajes y honores que les dispensaba el Rey? Pero a este despecho de la insatisfacción debía asociarse acaso otro género de complejo del resentimiento. Desde luego, cierta desenvoltura y familiaridad en el trato corriente hacía que don Alfonso inspirase en quienes le rodeaban una idea de, digamos así, demasiado accesible. Carecía de aquel gesto "distante", aquella expresión de estar en un plano distinto e inaccesible que tiene Felipe II en el impresionante retrato de Pantoja de la Cruz; actitud sencilla y profundamente regia.

    Alfonso XIII se prestaba a veces al contacto excesivamente llano, y los arribistas que le rodeaban iban demasiado lejos en sus familiaridades y osadías; después, cuando necesariamente aparecía el Rey (y Alfonso XIII era un Rey de gran raza), los arribistas sentíanse defraudados, despechados, y su humillación se traducía en odio y traiciones.

    Por último, Bilbao cayó bajo el poder de un maqueto demagogo: el asturiano Indalecio Prieto. Tanto alardear de xenofobia y de superioridad racial, para concluir humillándose ante un mandón forastero. Ahora mismo es Prieto el que maneja Vizcaya y el que tiene en su mano la suerte del cada día más minúsculo Estado euscadiano. Los demás no son otra cosa que pobres hombres incoherentes. Entre tanto, ¡os cañones nacionales apuntan a la ría del Nervión... Y es doloroso que por la crueldad de uno y la incoherencia de los otros no pueda evitársele a Bilbao la triste suerte que la razón de la guerra impone a los empecinados y a los dementes.

    Capitan Nemo



    Última edición por ALACRAN; 18/09/2022 a las 12:59
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Los superintelectuales


    LOS SUPERINTELECTUALES

    29-5-1937

    Durante el largo periodo de descomposición nacional que ha precedido a la guerra civil, uno de los principales banderines de engaño usados por los rojos para enganche de incautos, ha sido el atribuirse la exclusiva intelectual. En sus propagandas han presentado siempre a las derechas españolas como un monstruo de incultura, pronto a aplastar cualquier manifestación del pensamiento.

    A tal extremo llegó este exclusivismo, que, durante algún tiempo, la prostitución intelectual convirtió en condición sine qua non. Para optar al título de intelectual había que ser antes demagogo. Cuántos adoquines de la pluma de buril, del pincel y del pentagrama, lograron cotización e incluso fama por sus alardes revolucionarios. Y cuántos y cuántos verdaderos valores de cualquier disciplina intelectual, influenciados de este ambiente nefasto, sucumbieron a profanar su valía auténtica y positiva con el negativismo de estas galas derrotistas.

    Esta escuela de jeremíacos demoledores, cobijo de todos los fracasos y prostitución de todos los triunfos, fue, además del último trasto viejo de la almoneda del racionalismo francés del dieciocho, el factor más corrosivo en el proceso de descomposición española que hoy se liquida.

    La juventud nacida en ese clima con ansias de aprender, se encontró con casi todos los instrumentos de cultura en sus manos y si no bebió por instinto en aguas más puras, su formación responde exactamente a la talla partidista de esos instrumentos del sectarismo.

    De ahí el desconocimiento rotundo, por un lado, de toda la cultura clásica española; el envenenamiento feroz, por otro, de literatura marxista y la deformación interpretativa de nuestro espíritu y de nuestra Historia. En España había, en estos cinco años republicanos de antesala de la guerra civil, infinidad de gentes que, con ignorancia absoluta de nuestros autores, incluso los modernos, eran catálogos vivientes de literatura derrotista.

    Esta desvirtuación de la verdadera cultura ha dado lugar a dos clases de fenómenos, con el denominador común de no cotización de nuestros auténticos valores culturales: primero, el de los que, por ignorancia supina, no tenían idea ni de la existencia del gran tesoro cultural español de brillos clásicos, y, segundo, el de los super cultos envenenados, que, a causa de su deformación intelectual, sistematizada por snobismo hacia todo lo que suponía demolición de valores tradicionales, sentían un desprecio infinito hacia todos los manantiales señeros del pensamiento español.

    Y si estos dos tóxicos enormes de negativismo se disuelven, como ha ocurrido, en el mar infinito de pasiones primitivas de una masa encrespada de ignorancias, resulta lo ocurrido en todos los pueblos y ciudades españolas que gimieron y gimen bajo la férula roja: devastación de museos, asalto, quema de archivos y bibliotecas, robo y saqueo de colecciones particulares… Total, una ola frenética de muerte y destrucción para todos los núcleos vitales de la cultura española.

    Bajo el imperio de los paladines de la cultura, de los superintelectuales por la gracia de su demagogia, han perecido en España todos los manantiales artísticos de la raza, envidia del mundo entero. Y no se piense en responsabilidades de la masa de ignorantes por ellos enfermada de epilepsia destructiva. A los que hay que exigírselas, juzgándolos y sancionándolos con toda la dureza que su bestialidad requiere, es a esos ateneístas, maestros en bilis de todos los fracasos; a esos superhombres de alcantarilla revolucionaria, cada uno de cuyos chistes y frases de ingenio está costando a España miles y miles de vidas; a esos profesores universitarios, dioses en la camarilla de eunucos intelectuales que les adoraban, que al propio tiempo que se enriquecían de una clientela aristocrática hacían a sus expensas frases mordaces que les hiciera dignos de este o aquel reyezuelo revolucionario. A los mismos que, convencidos hoy de nuestra victoria, nos rondan ya muy ceñidos con serenatas de arrepentimiento y súplicas de perdón, que no son más que el disfraz de su orgullo y de su ambición, que no se resignan a perder.

    F. BONMATÍ DE CODECIDO


    Última edición por ALACRAN; 18/09/2022 a las 13:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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