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Tema: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

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    Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Eugenio Montes

    20 -X- 1936

    LA FALANGE ESPAÑOLA

    Fue en abril de 1931 cuando, a semejanza de la estación, con el orden numeroso del calendario y el rito justo de los ciclos cósmicos, un grupo de intelectuales españoles nos decidimos a consagrar la primavera. Aquellas primeras citas tuvieron todo el pudor, todo el amor y el encanto de las iniciaciones. Sin que lo buscásemos, nos envolvía esa atmósfera trémula, impaciente y metálica de las sinfonías de Stravinski: al fondo, un ruido sordo de descargas, y dentro la música acordada que traíamos.

    Era en la casa de Rafael Sánchez Mazas. Por la ventana abierta se veían los collados de la Moncloa […]

    Pero los caminos existen para ir y volver. De esta suerte, tras un recodo de trescientos años, el Occidente torna de nuevo a descubrir el Mediterráneo y descubrir América, o sea, a la política de unidad nacional de Isabel y Fernando –que tanto admiraba el fascista Maquiavelo- y a la gran codicia cesárea e imperial, que voló sobre el orbe con el águila heráldica de los Austrias. Gran mérito del general Primo de Rivera fue haberlo instituido por un secreto pálpito de su corazón de raza. Gran culpa de Manuel Azaña fue ignorarlo, partiendo de la calumnia maniática y rencorosa al pasado de un país que fatigó a la Historia y al cual lo por venir esperaba, amoroso, como espera la materia a la forma y al escultor el barro.

    Evidentemente si hubiese continuado la dictadura, sin poner con el gobierno Berenguer y el 14 de abril las dos premisas de la anarquía, España sería, a estas horas, una gran potencia, quizá superior a Italia. Pero lo que pudo haber sido y no fue, no es tema de políticos sino de elegía. El hecho era éste: que todas las obras del general estaban aniquiladas, todas, menos la obra maestra: su hijo José Antonio, en quien, por raro milagro –por milagro cristiano- se hicieron carne, tomando cabal encarnadura y armadura, todas las virtudes caballerescas, éticas, del padre, y aquellas otras intelectuales o no éticas de las que el general sólo participaba por vislumbre. Pues José Antonio es esencialmente un intelectual, discípulo de Sánchez Román y de Ortega y, como buen discípulo, superador de sus maestros. Por sus gustos, sería un catedrático que profesase en la más severa universidad, o un poeta forjador de medallas en forma de sonetos. Porque él posee por la gracia de Dios, el imperio del idioma y la cadencia exacta del estilo. Nadie dice más en menos palabras, ni con belleza tan clásica y desnuda.

    -Tu idioma es -le dije un día, conforme cruzábamos el campo de Alba de Tormes- de una hermosura absoluta, semejante a la de este paisaje puro de Castilla, sin decoración ni ornatos: tierra y cielo. ¿Para qué más? Así es España.
    - –me respondió-. Quiero un castellano apretado y duro. Por eso odio los resúmenes periodísticos. En cuanto se me abrevia la ya breve expresión, se me quedan las frases en los huesos. Quizá por tal causa –concluyó sonriendo- nadie me traga. Los huesos no se digieren.

    Por sus gustos… Sólo que la milicia es la vida y la servidumbre, que, además de gustos, sabe de deberes. Estos le obligaban a capitanear el futuro español, porque en él –y sólo en él- concurre la integridad de valores de la capitanía. Entre ellos, el personal, el coraje del mando, del riesgo y del peligro. Sé muy bien cuán poco le gustará que yo –yo menos que nadie- aluda a su bravura serena y sonriente. Pero allá va.

    Una tarde estaba citado conmigo en cualquier lugar. Llegó puntual, como siempre. Charlábamos del mayor o menor interés de la escuela de Marburgo. De un tema metafísico. Lo que menos me imaginaba era que dos horas antes había pasado por un grave riesgo físico. Atentaron contra él, pistola en mano. Lo supe por los periódicos. Porque una de sus características más nobles es el pudor. Y no deja de ser admirable esto de que un hombre pudoroso, haya creado, con éxito de fábula, un movimiento de técnica fascista, cuando el fascismo parece implicar grandes dosis de énfasis y retórica. Nosotros acertamos a crearlo con poesía. ¿Pero no escribió España su historia en verso?

    Militarmente y helénicamente bautizamos el grupo con este nombre alejandrino: Falange. Y ¿no fue Alejandro Magno, a quien los árabes españoles llamaban el Bifronte, quien quiso por primera vez en la antigüedad, integrar Europa y Asia, encarnando cultura y armadura? De un modo análogo nos propusimos rehacer la España por una síntesis de los conceptos de nación y trabajo, puestos en marcha para vencer y convencer.

    Tiempos duros, los de la amanecida. La hueste marxista, dócil a las órdenes de Moscú, agredía en las esquinas a nuestros camaradas, flor escolar de entusiasmo y alegría. Y la opaca derecha, creyéndose muy ducha, se burlaba sin gracia de que muriesen nuestros chicos: “Total –decían- por vender una revista literaria donde se habla de Platón”. ¡Como si no fuese más bello morir por hablar bien de Platón que por hablar mal de Jiménez de Asúa! (…)

    ¡Oh, gallos de Castilla, peleadores! ¡Dolor de ver en medio del desierto, cayendo, uno a uno, los falangistas jóvenes! ¡Qué tributo de sangre desde que vino el Frente Popular! Exanguis, non exanimis, reza la tumba de un capitán español en Nápoles. Sin sangre, son sin alma. Mas, ya lo dije antes, no admitimos nada parcial, nada incompleto. Con sangre y alma, pues, a la victoria. Porque el corcel más rápido es el dolor. De este modo, la ejemplaridad del heroísmo falangista preparaba el alzamiento militar. La Falange le devolvió al Ejército la fe en sí mismo y en su misión, y le devolvió a España el sentido guerrero de otros tiempos. Por eso ella es la animadora de este levantamiento por el cual un pueblo se alza, hasta la altura que le señalaron los sueños de sus muertos.

    Predicando en desierto, es posible que el viento se lleve la palabra, o que se entrañe, raíz profética, en la arena. Nos decían que perdíamos el tiempo, que no teníamos dónde caernos muertos, y que no se enteraba nadie. Y eso era verdad, porque teníamos, para morir por ella, toda la triste y espaciosa España, y si no se veía el crecimiento de la Falange era porque le habíamos llegado a lo hondo de Castilla, amiga del silencio y del recato.

    Hasta que, de pronto, calladamente, como una espiga, la patria, ya madura, estalló. El 18 de julio, en la madurez del grano, quiso la tierra castellana amanecer con haz. Los labradores de esos pueblos, que tienen resonancia de epopeya –Olmedo, Tordesillas-, levantaron el brazo con la liturgia falangista, y, abandonando las eras, se fueron al combate. “Yo soy siempre la misma Castilla”, dice un viejo mote señorial. Desnuda, quizás en los huesos, pero siempre alta, siempre meseta. Ahora, bien subida al carro del dolor, marcha hacia el horizonte del destino, cantando el himno que para la Falange compuso Alfaro. Y se va también al compás, ensanchando España, al paso grave y gentil del Romancero.

    (La Nación [Buenos Aires] 20-X-1936)

    Última edición por ALACRAN; Hace 6 días a las 19:37
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Fermín Yzurdiaga


    Fermín Yzurdiaga


    DISCURSO AL SILENCIO Y VOZ DE LA FALANGE (PAMPLONA 1937)

    Gloriosas e ilustres representaciones de Portugal. Excelentísimas Autoridades Militares y Civiles. Falange de Galicia:

    Deseaba, con ardiente deseo, en este Año jubilar, venir en peregrinación por las tierras sagradas del Apóstol, para traeros el amor de un abrazo y la verdad de un testamento. Fué así. Lo recuerdo exactamente. Cuando la España auténtica e inmortal se ponía de pie en un gesto bravo, neto y castrense -aquel 18 de julio que tenía gloria en las Banderas Nuevas, y luz en las Viejas camisas y cruces en los corazones de una juventud sedienta de espiritualismo y de Imperio- aquel día la Falange de Navarra abrazada con el Requeté, convirtió en sangre de heroísmo aquella frontera que había levantado con odio el separatismo vasco, unido ¡qué vergüenza! con gentes que se llamaban católicas. Salió allí para ganar la guerra. Y fué, Falanges de Galicia, como en el resto de España: ¿armamento, municiones, trajes? ¡Nada!... Sólo escuadras de corazones desnudos y valientes que daban el pecho al dolor de la muerte en el choque bárbaro de la revolución comunista.

    De pronto -lo recuerdo muy bien- por las calles de Pamplona que estaban aún ungidas de las oraciones de las canciones, del entusiasmo de la primera hora, pasó rauda, ancha, exacta y formidable vuestra Legión Gallega. Venía con impedimenta castrense, desconocida hasta entonces y con la gloria de la camisa azul, como banderín de audacias y de valentías. Yo falangista me fuí con ellos en la toma de Tolosa, del Burunza y me quedé pasmado en las faldas de la fortaleza de Santa Bárbara. Aquel sábado que precedió a la toma de San Sebastián, desgranó sus horas de ardida metralla sobre el monte: me acuerdo muy bien: le iban bordando los artilleros una peana de bombas a su Patrona la Virgen de los rayos y de las tormentas. Y en la hora del crepúsculo, entre el clamor de los dos fuegos enemigos, un rápido tableteo de las ametralladoras: y en quince minutos vuestra Legión gallega, al levantar la Bandera española con nuestra Bandera rojinegra sobre la montaña, había puesto la llave que abriría en puertas de amorosa liberación la ciudad de San Sebastián. Pero creo con sinceridad, falangistas gallegos, que más fuerte y tensa que esta emoción de la victoria fue esta otra escena emocionada y callada en el remanso de la noche. Porque entre los vítores, los aplausos y las voces se detuvo un camión: -¡un cura!- gritaron: me lancé encima: sobre la tabla, un falangista de vuestra Legión, agonizante: le incorporo: le cierro la vida con la Cruz Sagrada de las Santas Unciones: nos abrazamos los dos en ardor de hermanos: ¡Navarra y Galicia se habían unido para la Nueva España en la verdad trágica de un abrazo con la muerte por la salvación de España! Y, sencillamente, os quería traer este abrazo y el testamento de vuestro hermano que me dijo con la voz de la agonía: "Dí a mi Galicia: ¡Arriba España!"



    REVOLUCION DEL ESPIRITU

    Y entre la alegría de estas malas murmuraciones, puede parecer a muchos que siendo nuestro Movimiento de la Falange revolucionario en su esencia, atentaba contra su misma esencia esta etapa de remanso, de quietud y de silencio. ¡Qué ignorancia, señores! La Revolución tiene una misma raíz, una meta igual, con dos caras y con dos caminos. Hemos vivido la experiencia dolorosa de la revolución bolchevique en España. Desde las alturas del poder, la Ley, que debió ser promulgación del orden que trae la felicidad a todos los ciudadanos, se convirtió en arma ofensiva, se hizo persecución y cárcel para la mayor y mejor parte de los españoles, que éramos parias dentro de nuestra propia Patria. Y después, en la calle que era suya, las pistolas, la gasolina y la bencina, la tea incendiaria que se prende a los monumentos gloriosos, a las maravillas de arte que cincelaron nuestros mejores artesanos, a los santuarios de la Fe y de la Historia: y cuando se ha hundido todo esto en catástrofes espantosas de incendio, yo pregunto ¿qué ha hecho la revolución roja? Ahí lo tenis: la ruina de España…. El espíritu es una llama eterna, sobrenatural, vehemente y violenta -más violenta que la fuerza ciega de las pistolas que ilumina, que mueve, que arrastra el gobierno de los pueblos. Pues la Falange en estas horas augustas de su silencio renueva su vigor entrañablemente con el poder del espíritu. En la primera hora las pistolas nos ganaron el laurel y el campeonato de la valentía sobre el cemento de las grandes urbes, dando el pecho, ensangrentando las camisas azules con las flechas rojas, ganándole al marxismo todas las trincheras de la espantosa revolución de la fuerza. Pero ahora, se mete de voluntad en la fecundidad del silencio para ordenar sus mandos, y sobre todo para levantar con la serenidad de una arquitectura eterna, cueste lo que cueste, contra viento y marea, el Estado Nacionalsindicalista sobre estos tres postulados: la Fe, el Imperio y el Nacionalsindicalismo…

    ¿Cuántos españoles, de buena o de mala fe, ignoraban que nuestra Falange era así de católica, porque llevaba en el alma, hecha llama viva, la Historia de España y la dogmática eterna e inefable de la Iglesia de Roma? ¡Acatólicos y paganos nosotros! Pues tenemos, por fidelidad a nuestra doctrina auténtica, la misión gloriosa de catolizar todas las partes del mundo. Por eso el Punto 25 -este punto tan discutido, tan mal leído, tan mal comprendido, dice así: "Nuestro Movimiento incorpora el sentido católico, de gloriosa tradición y predominante en España a la reconstrucción nacional". Claro es que la Falange parte de este hecho terrible, doloroso, pero realísimo, de tres siglos de nuestra Historia en que el "Catolicismo oficial" ponía cruces en la cúpula de sus coronas, decía y lucía de rimbombantes profesiones de fe, levantó al Cristo sobre el Cerro de los Angeles, sobre aquella montaña que tenía más de dolor de Getsemaní que de Tabor de gloria, porque el corazón y la conducta y la expresión oficial de España estaban muy lejos de ajustarse al verdadero mandamiento y sentido religioso de la Ley de Jesucristo. Y es ahora la Falange la que partiendo de esta realidad de la descatolización de España tiene la ambición y el signo de incorporar el sentido católico tradicional como base de la gloria de la Patria. ¿Y cómo ha de hacer efectiva la Falange Española esta misión de catolizar a la Patria? Lo sabemos muy bien, los de la Vieja Guardia. Lo tenemos grabado en el "Esquema de una Política de Aldea". Y si el Evangelio y la tradición de la Iglesia ponen a la parroquia como centro de toda vida espiritual, decimos nosotros "se empezar por pedir la ayuda de Dios, por la organización del mundo moral, por la elevación del orden religioso…



    NUESTRO SENTIDO DE IMPERIO

    En la segunda afirmación que hace la Falange descansa el gobierno augusto de España: el Imperio… Españoles: que la Patria -este nombre entrañable, inmortal y sagrado- no es la tierra de las regiones, soporte físico de nuestra cuna y de nuestra vida, sino algo espiritual. permanente, y como eterno: la conciencia de la Continuidad moral e histórica en el destino común y universal de que cada uno de nosotros debe sentirse parte. La Tradición, españoles, que no necesita ligarse al soporte territorial del suelo: que es la fe ardiente y expansiva, el nombre del héroe, del poeta y del santo: el laurel victorioso de las batallas: la penitencia desgarrada de los ascetas: la palabra de oro de los Maestros: la Ley, la costumbre, las instituciones seculares más fuertes que el bronce que desmorona el tiempo... y los romances de los caminos, y los cuentos de pastores y de lobos, que desgrana la abuela junto al fuego con su lengua joven y emocionada en torno de la familia. La familia, sí, integral magnífica de la Tradición, es el concepto augusto de la Patria: la gran Familia española ¿Y qué rango tenía la gran Familia española? Pues rango de Imperios. Que no lo olviden los nacionalistas.

    Por eso era, desde el nacer, Tradicionalista la Falange: porque nuestras Flechas son las lanzas imperiales de la Rendición de Breda, de las conquistas de Flandes, de Lepanto y Pavía; v el dardo imperial de fuego enamorado que llagó el corazón de Santa Teresa; y la espada imperial de Felipe II y de Gonzalo de Córdoba y el asta imperial para el estandarte del César Carlos, para el pendón de las Navas... para esta bandera rojinegra que se levanta ahora, con el ansia delirante de ondear a vientos católicos e imperiales. Y junto a las 23 Flechas el Yugo, combo, que es madera española para las quillas imperiales de las carabelas de Colón, que arrancaron mundos al sueño y a la audacia: el Yugo que es puente invencible sobre tierras y mares por donde pasan, en triunfo, nuestra Ley, nuestro derecho, nuestra cultura, nuestra sangre a las gentes bárbaras del mundo: este Yugo de la Falange, que se mete ahora en la tierra eterna de Castilla, como un arado imperial, muy hondo, para que la siembra toque la raíz de España, y junto a la cosecha de las espigas de oro, salte la cosecha imperial de la Patria, del Pan y de la justicia, porque el Imperio es menester de soldados, de artesanos y de poetas.

    Nacionalistas no: Imperiales y españoles: "porque el ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el Mundo"… Fue precisamente un hombre de centro-Europa el que gritó primero la "decadencia de Occidente"; Spengler: mientras Heidegger se entretiene en manosear la angustia del hombre y de la Cultura. Ni decadencia ni angustia. La Fe y la alegría serena del Imperio de la Falange. Desde la rebeldía carnal de Lutero el hombre de Europa fué bajando los peldaños de la escala maravillosa que le unía al cielo: vinieron las terribles negaciones frías del racionalismo y del materialismo de Kant y de Krause. Y las espantosas negaciones sociales del marxismo y del comunismo que hacen del hombre como definió José Antonio "una máquina helada de tedio y de odio". Un momento, españoles, el más trágico, el más estéril y el menos español de nuestra Historia, una pandilla de descastados cobardes e irénicos, quisieron injertar en nuestra Cultura la decadencia y la angustia, el mal materialista europeo. Hemos tenido, para nuestra vergüenza, pensadores enciclopedistas y liberales: Institución libre de Enseñanza: ateneos y clubs de toda laya, casas del pueblo: logias y antros comunistas y las hemos soportado en las alturas del Poder.

    Yo pienso que Cisneros, Carlos V, Felipe II y Torquemada, en el sueño augusto de las tumbas, se esconderían en las alas altivas de las águilas imperiales, dormidas también en el sueño de piedra de las tallas maravillosas. Aquello no era España, porque no era el Imperio. Pero nos quedaba, por lo menos, el nombre del César y su Estandarte: su águila con las garras poderosas llenas de Yugos y de Flechas, que nadie le ha podido arrebatar, su espada, su corazón y su sangre: la sangre española, sobre todo, que siente ahora la llamada de la Misión y del Destino. Vuelve el Imperio espiritual de España a guiar culturas de Luz, de amor y de Paz, sobre la ruina de una edad bárbara de la historia, porque la Falange tiene apóstoles que irán descalzos en peregrinación de evangelio hasta subir a las estepas nevadas de la Rusia soviética y arrancar la hoz y el martillo para plantar el imperio de la Cruz que es imperio de Luz: y Fray Luis se sentará en su cátedra de Salamanca tostada de oros seculares, y con su biblia abierta, al volver a repetir su "Decíamos ayer" sentirán los hombres del mundo despertar de una pesadilla espantosa de siglos, con el refrigerio de su ciencia española. Y volverá Fray Juan de la Cruz a cantar y el Maestro Vitoria a regir y se llenarán los claustros de estudiantes, y las ventas de caballeros y los caminos de poetas, y un día, bajo el sol de oro de la nueva historia, ante el pasmo del Mundo, volverá don Quijote a su locura de enhebrar estrellas, de estrellar rufianes con su lanza y de batir monstruos, castillos y rebaños por el honor de una dama: nuestra Señora España

    LLAMAMIENTO AL IMPERIO

    ¿Que el Imperio es más? Sí. El laurel de las conquistas exteriores territoriales. Y no sabría deciros "por qué" todos esos estrechos nacionalistas sueñan -cuando sueñan en imperial haciendo un esfuerzo de su sueño- con la Hispanidad. En este instante para la América genuina el saludo, brazo en alto, de la Falange Española Tradicionalista, con la llamada sincera y entrañable a la Maternidad generosa de España. Y la voz de una experiencia: que las formas republicanas y democráticas son la tiranía de la libertad del hombre, la ruina de la tierra, la tristeza y el dolor de la vida. Nada más que esto. Y que despierte pronto de su sueño, antes que el comunismo le gane el corazón que es español, que es imperial y católico, como el nuestro.

    ¿Que además el Imperio es expansión territorial? Yo me vuelvo a la mejor historia de España, aquella que tiene un paralelo heroico y exacto con la historia de hoy. En aquel ciclo de la Reconquista subieron hasta las mismas Peñas de Covadonga, desde los despiertos africanos, los hijos del Islam: era nuestra cruzada de la fe y del espiritualismo. La victoria desde entonces nos llevó en el siglo XV a saludar, por primera vez las tierras de Melilla. Ha pasado el tiempo: se han enfriado los rencores religiosos: España cumplió en el desierto africano su misión de protectorado territorial y de cruzada civilizadora. Y ahora, en agradecimiento los hijos del Islam se han puesto la camisa azul y bajo nuestras Banderas Victoriosas han subido hasta Asturias para libertarla de las tiranas infernales del soviet. Y presiento que este Imperio de la Falange, por ser de la Falange tiene la virtud de ser difícil, áspero y doloroso, un Imperio abrasado de sed y de sol en los desiertos africanos. Sí. Volveremos con ellos hermanados en la gloria de la victoria, y saltaremos el Estrecho y bajaremos imperialmente hacia el Sur para buscar entre las arenas ardientes aquella Ciudad de Dios que talló San Agustín, para levantar, a su sombra, nuestra Ciudad del César. Y entonces, en el cántico emocionado de dos razas cristianas se habrá cumplido la realidad gozosa del Imperio Azul de la Falange (...)


    Última edición por ALACRAN; Hace 6 días a las 19:38
    ReynoDeGranada dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Es muy probable que hoy día a Fermín Yzurdiaga primero lo excomulgarían, luego lo echarían de su trabajo, si tuviera cátedras lo expulsarían de ellas, posteriormente lo declararían muerto civilmente, y finalmente lo terminarían recluyendo en un manicomio.
    Eso si, todo ello en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad, e invocando a voz en cuello los derechos humanos.
    ALACRAN dio el Víctor.

  4. #4
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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    España y don Francisco de Quevedo

    9-I-1937

    Don Francisco de Quevedo y Villegas fue uno de los grandes españoles que amó a su Patria con más hondo y resplandeciente fervor. Parodiando la bella frase del Dante amor mi mosse che mi fa parlaro, pudiéramos escribir que el amor a España movió su pluma y le hizo hablar. Hijo de su tiempo rindió tributo a la espada y alimentó la hoguera de los sueños imperialistas. Muchas veces dice que la guerra es el oficio de los españoles. Y hasta tal punto llegó su afición a los temas heroicos que en una de sus páginas más brillantes replica a don Quijote, alzándose contra el discurso de las letras y las armas. Para el egregio autor de Política de Dios y Gobierno de Cristo no están, no pueden estar en el mismo plano las lanzas y las plumas. Las lanzas –viene a decirnos- conquistan los imperios y rasgan los mares; las plumas destruyen los reinos con leyes acomodaticias y constituciones huecas de emoción patriótica. No interesa el debate, que si viene a cuento y plaza es tan sólo para poner como de relieve el temple guerrero, el espíritu militar, la vocación castrense de aquel peregrino ingenio, maestro de tantas galas que llevó sobre su pecho la cruz de Santiago.

    A Quevedo “le dolía España”, como siglos después a otro español, más adicto a los modales literarios que a la formación espiritualista del gran polígrafo y magistral poeta. Por eso en toda su obra chasca y restalla el látigo implacable contra los “autores, cómplices y encubridores” de la “leyenda negra”, forjada por la envidia y esparcida por la ignorancia. Rescató nuestro prestigio, ya entonces amenazado en sus obras políticas. Y así, en “España defendida de los tiempos de ahora”, formidable alegato en pro de nuestra grandeza, vibrante acusación contra los “noveleros y sediciosos” se encara con Mureto, charlatán francés roedor de autores, y con otro escritor, de cuyo nombre no quiere acordarse, que “atreviéndosenos a la fe y a las tradiciones y a los santos, no admite que Santiago hubiese sido Patrón de España, ni venido a ella”. Y más herido en su sentimiento nacional al recordar que algún libelista, oriundo de España, puso en tela de juicio el nacimiento del Cid […]

    Y es que todas nuestras desventuras han de cargarse a la tibieza, a la fatiga y desgana en la profesión y ejercicio de la fe. España fue grande cuando sus hijos comprendieron el infinito valor de la protección divina, cuando en todos los corazones se elevaba un altar a la majestad de Dios. Bien lo expresa don Francisco de Quevedo, que de vivir en estos tiempos hubiera llevado la pompa de su hábito santiaguista a las avanzadas de la guerra:

    Como Dios de los Ejércitos unas veces nos amparó, y éstas fueron muchas con nuestro Patrón Santiago; otras con la cruz que hecha a vencer la misma suerte sabe dar vida a todos los que como estandarte de Dios acaudilla. Milicia fuimos suya en las Navas de Tolosa. La diestra de Dios venció en el Cid, y la misma tomó a gama, y a Pacheco, y a Alburquerque por instrumento en las Indias orientales para quitar la paz a los ídolos. ¡Quién sino Dios, cuya mano es miedo en todas las cosas, amparó a Cortés para que lograse dichosos atrevimientos, cuyo premio fue todo un nuevo mundo? Voz de Dios, la cual halla obediencia en todas las cosas, aquella con que Ximénez de Cisneros detuvo el día en la batalla de Orán, donde un cordón fue por todas las armas del mundo”.

    Batallas, dichosos atrevimientos, protección de Santiago y de la cruz, milicias de Dios… La Historia se repite. Venga, pues, en buena hora el aliento de Quevedo, archicofrade del Apóstol, caballero de Santiago, a remover y atizar nuestra esperanza en estas horas iniciales del año santo. ¡Año de gracia y de victoria!

    J. PORTAL FRADEJAS

    (A B C)
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

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    Víctor de la Serna

    Víctor de la Serna

    9-I-1937

    “PERIODISTAS” ROJOS DE MADRID

    Los que muerden la mano que les nutre

    El órgano de la golfería madrileña, Heraldo de Madrid, propiedad de los hermanos Busquets y dirigido por un antiguo croupier de Barcelona, llamado Manuel de Fontdevila, hoy huido de Madrid, pide que me encarcelen. Agradezco al periódico de los mangantes el compañero de cárcel que me designa: Fernando Luca de Tena, porque el motivo para nuestro encarcelamiento es de ser directores de los dos periódicos fascistas Blanco y Negro e Informaciones (del que se apoderó a mano armada el 18 de julio una banda de maleantes, que no consiguió cogerme a mí, como pretendían).

    Es lástima que los sabuesos del Frente Popular no dieran conmigo durante los 67 días que estuve en Madrid, muchas veces al alcance de su mano y otras tantas desaparecido delante de sus propias narices. No me extraña la petición de Heraldo de Madrid, porque son muy pocos los redactores del periódico maleante que no me hayan dado algún sablazo… Por eso han aceptado el knut de Stalin y lo agradecen más que la limpia plata española que yo les daba por caridad, por compasión hacia sus hijos…

    A estos tipos, escoria de España, casi todos ellos gentes detraquées, chulillos destetados con café con leche, formados en los camerinos de las vicetiples, les molestaban nuestras campañas nacionales, nuestra exaltación de la Patria y nuestro deseo de su redención… Luego tenían que esperarnos a los fascistas, a los carcas, a la puerta de nuestras casas para que les completáramos con unas monedas el presupuesto de la semana.

    Dos días antes de estallar el movimiento nacional, uno de estos tipos me visitaba en mi despacho para pedirme colaboración en "Informaciones", después de asegurarme que él sentía el fascismo en sus entrañas. Diré su nombre: (…). Creo que ahora dirige alguna de sus siniestras hojas, que paga –mal, por cierto- Moscú. Y el hombre modesto y leal, prodigio de simpatía y de bondad, a costa del cual vivía ese sujeto, Manolo Merino, me aseguraron en Madrid que había muerto fusilado.

    Es natural que quieran aniquilarnos. Su propia conciencia les acusa y quieren tranquilizarla quitándonos de su presencia. Padecen el satánico mal del resentimiento. Del resentimiento del vil, que muerde la mano que le da de comer.

    Víctor de la Serna

    Última edición por ALACRAN; Hace 18 Horas a las 18:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Por Gerundio en el foro Historiografía y Bibliografía
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